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Huracanes, deuda pública y coloniaje (2)

 

 

 

Especial para CLARIDAD

En su edición del 29 de septiembre de 1932 el periódico El Mundo ofreció una descripción inicial del impacto devastador del huracán San Ciprián en Puerto Rico. El rasgo distintivo de este meteoro fue la concentración de su efecto destructor a largo de la ladera norte de la Cordillera Central, así como en la costa de Fajardo a Aguadilla. El sur y el oeste del país apenas sufrieron daños. Mientras que los cultivos de café y frutas fueron arruinados por entero, la caña de azúcar, por estar concentrada en el sur, sufrió daños menores. El sistema de riego, por ejemplo, no experimentó problemas. De hecho, en 1932 el valor de las exportaciones de azúcares no refinados en la isla alcanzó un nivel extraordinario, sobrepasando los 55 millones de dólares. Pero las exportaciones de frutas y café cayeron estrepitosamente. El Gobierno federal se rehusó a ayudar. Las escuelas públicas se convirtieron en refugios para la población afectada. En Nueva York y Boston la diáspora organizó actos de recaudación de fondos de emergencia, casi siempre en la forma de conciertos. La Cruz Roja también prestó ayuda. Mientras tanto, los bancos extranjeros aceleraron la expropiación de hogares y las fincas pequeñas. El imperio buscó, en medio de la dificultad creada por San Ciprián, agudizar la penuria y dependencia de la población. Faltaban pocas semanas para las elecciones generales del 8 de noviembre de 1932.

El nacionalismo ante la crisis creada por el ciclón, Parte II, por Manuel Rivera Matos

En mi primer artículo comentaba la primera medida sugerida por el Partido Nacionalista para que la Legislatura en su sesión extraordinaria decrete una moratoria legal de la deuda pública, a fin de que el país destine ese dinero a su propia rehabilitación sin necesidad de recurrir a las limosnas imperiales. Hay que desistir del criterio de mendicidad que informa a nuestros políticos y remediar los infortunios colectivos de la patria con las fuerzas económicas que aún restan a la nacionalidad. Combatía, asimismo, la política de los empréstitos porque representa una nueva hipoteca sobre el país y recargaría el peso contributivo que hoy asfixia al contribuyente nativo. La idea del empréstito la apoya el gobierno interventor porque conviene a los financieros imperialistas de Estados Unidos ya que el dinero que prestan se reinvierte nuevamente a sus arcas, debido a que somos tributarios forzosos de su mercado.

La segunda medida rehabilitadora que propone el Nacionalismo al efecto es la siguiente: “Se impone el levantamiento inmediato de las restricciones aduaneras que imposibilitan la entrada de gasolina, maquinaria, productos alimenticios, medicinas, y materiales de construcción no procedentes de Estados Unidos de Norteamérica. Estas restricciones las ha impuesto el poder interventor norteamericano para monopolizar nuestro mercado, monopolio que le está costando la vida económica a Puerto Rico.”

La esclavitud económica la advierte un pueblo cuando sus aduanas son controladas por un poder extranjero. El imperio retiene siempre el poder arancelario que regula la vida económica de los pueblos para imponer sus mercaderías y suprimir la competencia internacional en el mercado de la nacionalidad oprimida. Tal es el caso trágico de Puerto Rico durante la presente intervención norteamericana. Cuando las tropas yanquis ocuparon el territorio nacional, Puerto Rico por virtud de la Carta Autonómica que le otorgara la Madre Patria podía legislar en materia de aranceles. Este derecho que define la soberanía de un pueblo le colocaba en condiciones de concertar tratados reciprocidad comercial con potencias extranjeras y abrir su mercado a la competencia del mundo. La primera obra humanitaria de Estados Unidos fue destruir ese privilegio al revocar la Carta Autonómica con el propósito imperialista de ejercer un monopolio exclusivo sobre nuestra vida económica y aislar nuestras relacionas comerciales con el resto del orbe, lo cual le ha costado al país una formidable suma de millones y es la causa matriz de su pobreza. Esta condición esclavista hace que el jíbaro nuestro que gana el jornal del hambre pague por los productos de primera necesidad los mismos precios que pagaría el millonario de Wall St.

Como somos compradores forzosos de sus mercaderías Puerto Rico se ha convertido en el zafacón del mercado norteamericano. Los productos de calidad procedentes de otras naciones adquieren en nuestro país un precio subido debido a la guerra arancelaria que le hace Estados Unidos en Puerto Rico. Y este aislamiento económico nos obliga a consumir por la fuerza muchas mercaderías que no tienen salida en ningún mercado.

Roto temporalmente él férreo grillete de las restricciones aduaneras ese depósito de cinco a seis millones que se destina para la amortización de la deuda pública duplicaría o triplicaría su valor adquisitivo. Comprando los alimentos, materiales de construcción y medicinas en los mercados más baratos se promovería la obra rehabilitadora del país con menos egresos para el sufrido pueblo de Puerto Rico.

El Nacionalismo quiere darle una oportunidad al poder norteamericano para demostrar su cacareada protección. Ellos tienen la obligación de “aflojar las amarras” como muy bien afirmó “El Imparcial” si realmente velan por nuestro bienestar. Sabemos de antemano que esa medida protectora no se otorgará, pero la Legislatura tiene la iniciativa de fijar responsabilidades y desatar el nudo gordiano de nuestra explotación económica. Otra medida de emergencia que contiene el trascendental documento del Partido Nacionalista es la siguiente:

“El hogar debe estar libre de ejecución por falta de pago por contribuciones, y debe ser nula toda contratación que permita la ejecución de deudas personales o hipotecarias. Esta exención debe extenderse a una cantidad que no exceda de cuatro mil dólares.”

“Puerto Rico está padeciendo un gobierno interventor, que es el único poder en la tierra que se atreve a poner en pública subasta el hogar de los ciudadanos que dice querer proteger.”

Proseguir la ejecución de hogares por razones contributivas es acentuar él nomadismo del pueblo portorriqueño que a la pérdida de las tierras no resiste la pérdida de los hogares. Antes del ciclón nos acongojaba la lista trágica de las viviendas puestas en ejecución por pequeñas sumas de dinero. Son muchos los hogares destruidos por esta catástrofe, y el gobierno no puede continuar la obra ciclónica del San Ciprián rematando hogares en pública subasta. Destruir el hogar es destruir la patria. Tolerancia gubernamental exige la angustiosa situación que padece nuestro pueblo hasta tanto las cosas tornen a su normalidad. Las contribuciones son excesivas, el trabajo escasea y no hay dinero en circulación. Actuar de otro modo sería acrecentar la legión de los desamparados que son la mayoría, los cuales no tendrían ni suelo para extraer su subsistencia, ni techo para amparar su desagracia.

La hora amarga que sufre el país reclama que el poder norteamericano haga una tregua cristiana en su obra demoledora, y garantice la protección de los débiles que no son culpables de su agonía.

 

*El Mundo, 17 de octubre de 1932, pp. 2 & 4. Los artículos reproducidos en esta serie son de la autoría de Manuel Rivera Matos, miembro de la Secretaría General del Partido Nacionalista de Puerto Rico.

Municipios se suman al reclamo en contra de más aumentos a la luz para pagarles a bonistas de la AEE

 

 

 

Los municipios de Barceloneta, Comerío, Hormigueros, Juana Díaz, Isabela, Manatí y Vega Baja dieron a conocer  que  aprobaron resoluciones municipales rechazando cualquier aumento a la tarifa de luz para pagar a los bonistas de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) e insistieron en que se priorice la reparación del sistema eléctrico.

Las resoluciones surgen en un momento en que un grupo de bonistas de la AEE, liderado por GoldenTree Asset Management, está insistiendo en que se le pague la totalidad de los $8.5 mil millones de la deuda en bonos de la AEE a través de aumentos en la tarifa de luz durante los próximos 35 años o más. Como mencionan las resoluciones, GoldenTree decidió comprar los bonos de la AEE en 2018, después del inicio del caso de quiebra y del paso del huracán María.

Este pasado 8 de octubre, la jueza Laura Taylor Swain, que atiende la quiebra de la AEE por la Ley PROMESA, mantuvo la paralización del caso y concedió otro plazo hasta el 13 de noviembre para que las partes continúen la mediación. El proceso de mediación, por orden de la jueza en julio de este año, es uno confidencial.

Las resoluciones aprobadas por los municipios bipartitas resaltan la situación crítica del sistema eléctrico en Puerto Rico y enfatizan en la necesidad de reparar el sistema en vez de desviar miles de millones de dólares al pago de los bonistas de la AEE.

La resolución aprobada en Barceloneta delinea problemas del servicio eléctrico en el municipio, que incluyen bajo voltaje, postes con declive, postes partidos, focos fundidos, vegetación invasiva y árboles entrelazados en el tendido eléctrico, interrupciones seguidas del servicio eléctrico y equipos eléctricos averiados, entre otros.

De igual forma, el Gobierno municipal de Isabela detalló que en ese municipio la falta de energía y la fluctuación de voltaje afectan el bombeo de agua. En el municipio de Isabela, se queda el 30 % de la población sin agua en la zona rural cuando se va la luz.

En la resolución aprobada por la legislatura municipal de Manatí se destacó el impacto en los servicios de salud. “Manatí cuenta con varios hospitales centrales, muchas oficinas de médicos, laboratorios y centros médicos de estudios especializados, y los continuos apagones en nuestra jurisdicción afectan estos servicios en gran medida”, reza el documento.

“Nuestros residentes y comerciantes se han visto afectados por los problemas con el servicio energético provocando cierre de comercios, daños a equipos eléctricos, inventario dañado y limitación de servicios que afectan la salud socio emocional de los ciudadanos,” enfatizó también el Gobierno municipal de Vega Baja en su resolución.

De manera similar, la resolución de Comerío resalta el impacto de los apagones constantes en la comunidad de envejecientes y en personas con discapacidades: la de Juana Díaz enfatiza los daños ocasionados por las fluctuaciones de voltaje y la de Hormigueros menciona una subestación que sirve los pueblos de Cabo Rojo y Hormigueros que ha fallado varias veces en los últimos años.

Por su parte, la portavoz del Junte Multisectorial No Más Aumentos a la Luz, Cathy Kunkel, destacó la importancia de que los alcaldes y los gobiernos municipales se hayan unido al reclamo multisectorial y que se hayan enviado las resoluciones municipales a la jueza Swain y a la JCF “para que tengan consciencia de los impactos nefastos que podría tener un acuerdo de reestructuración de la deuda de la AEE que no permite la reconstrucción del sistema eléctrico”. El Junte Multisectorial  está integrado por organizaciones religiosas, comerciales, industriales, profesionales, educativas, sindicales, comunitarias, ambientales y otras, que se oponen a los aumentos a la luz propuestos para pagar la deuda en bonos de la AEE.

Todas las resoluciones municipales destacan que los municipios sirven como primera línea de defensa cuando pasan huracanes y ocurren otras emergencias.

“Es inaceptable que el sistema eléctrico esté más vulnerable de lo que era antes del huracán María, hace siete años. El desvío y la utilización de miles de millones de dólares para el pago de la deuda en bonos perpetúa un sistema eléctrico deficiente y sin oportunidad para su rehabilitación,” concluyen las resoluciones.

En otro esfuerzo contra los aumentos que conlleva el Plan de Ajuste de Deuda de la JCF, la campaña No Más Aumentos exhorta a los ciudadanos a escribir a la jueza Swain para decirle que Puerto Rico no tiene capacidad de pagar lo que los bonistas están reclamando: https://actionnetwork.org/letters/jueza-swain-no-hay-mas-dinero-para-los-bonistas-buitre/

 

 

La ONU acusó a Israel de irrumpir en una de sus bases del Líbano

Al sur del Líbano, Israel intensificó los bombardeos y continuó los combates con Hezbolá. En respuesta, el movimiento islamista libanés lanzó ataques con drones sobre el norte israelí, dejando al menos 67 heridosLas fuerzas de paz de la ONU en el Líbano denunciaron ataques israelíes sobre sus bases de operaciones, las que el Benjamin Netanyahu pidió retirar de la «zona de peligro» luego de atacarlas este viernes.

Un total de 51 personas murieron, y otras 174 resultaron heridas en los últimos ataques israelíes sobre el territorio líbanés, según un nuevo balance ofrecido este domingo por el Ministerio de Salud Pública. A los bombardeos se les suma el combate entre las tropas israelíes y los militantes del Hezbolá al sur del territorio. El movimiento islamista indicó este domingo mediante un comunicado que sostenia enfrentamientos armados con tropas israelíes en al menos cuatro aldeas.

Con estas cifras, se elevan a 2.306 los fallecidos y a 10.698 los heridos desde la intensificación de la ofensiva israelí, el pasado 8 de octubre.

Ataque con drones

El grupo Hezbolá reivindicó como propio un ataque con drones que impactó en la zona de Binyamina, al sur de Haifa, dejando al menos 67 heridos, según reportó el periodico The Times of Israel haciendo uso del relevo realizado por United Hatzalah, el servicio de emergencias israelí.

El organismo de salud reportó que cuatro de los heridos se encuentraban en estado crítico, y otros cinco en condiciones graves, mientras que los demás presentaban heridas leves. La mayoría de los afectados fueron trasladados al centro médico Hillel Yaffe, en la localidad de Hadera, y los demás fueron derivados a hospitales de Haifa, Tel Hashomer y Netanya.

La publicación israelí Haaretz informó que el ataque eludió las alarmas antiaéreas de Israel, por razones que el ejército está investigando.

Fuerzas de paz o «escudos humanos»

Como parte de los ataques del domingo, se produjo un altercado tras el cual las fuerzas de paz de la ONU en el Líbano (FINUL) denunciaron que dos tanques israelíes destruyeron la puerta principal y entraron por la fuerza en uno de sus puestos cerca de la frontera, en una ocupación sostenida que bloqueó la operación de los cascos azules y causó algunos heridos.

Este domingo, el organismo de la ONU exigió «explicaciones» al ejército israelí por irrumpir en una de sus posiciones, luego de que Israel instase a retirar los cascos azules de la frontera con el Líbano.

En medio de los combates contra Hezbolá, a raíz de la incursión terrestre de las fuerzas israelíes, uno de los espacios operativos de la FINUL cercano a Meis el Jabal fue invadido por el ejército israelí, que acusó a la misión de la ONU de ser «escudos humanos» del grupo proiraní, luego de que cinco cascos azules fueran heridos en los ultimos tres dias.

La FINUL señaló que el bloqueo israelí les impidió realizar un «movimiento logístico crucial» en lo que calificó como una «escandalosa violacion» a la normativa internacional.

El Ejército Israelí, por su parte, acusó a la organizacion islamista de lanzar alrededor de 25 proyectiles desde posiciones cercanas a los puestos de los cascos azules en el ultimo mes.

En un comunicado castrense, se refiere a estos ataques como el motivo de la muerte de dos de sus soldados este domingo. Israel sostuvo que su incursión está dirigida contra Hezboláno contra los civiles libaneses ni la FINUL.

El comunicado recuerda que este organismo fue desplegado para implementar la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que previene la presencia de operativos armados cerca de la frontera entre ambos países, pero denuncia que tanto el Estado del Líbano como la comunidad internacional fallaron en su implementación.

Según lo expresado, el allanamiento de la base de la FINUL se debe a esta falla, luego de que un ataque de Hezbolá proveniente de la zona hiriera a una veintena de sus soldados.

Netanyahu desafió las críticas internacionales subrayando que el Ejército israelí había pedido en repetidas ocasiones la retirada de la FINUL de las zonas de combate.

«Lamentamos que los soldados de la Finul hayan resultado heridos», declaró Netanyahu el domingo, a lo que añadió que «la manera más sencilla y evidente para garantizar que cosas así no ocurran es simplemente sacándolos de la zona de peligro».

«Su rechazo a evacuar a los soldados de la Finul los convierte en rehenes de Hezbolá», sentenció el primer ministro israelí, dirigiéndose al secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

Franja de Gaza

Más de 300 palestinos murieron al norte de Gaza en los últimos días, a raíz de la nueva incursión terrestre del Ejército israelí, que comenzó el pasado 6 de octubre.

Este domingo, las autoridades del enclave denunciaron «una ola de asesinatos sistemáticos y un asedio total contra civiles, especialmente niños y mujeres» al norte de la Franja, en donde aún residen unos 400.000 gazatíes, según detalla el comunicado que señala las zonas de YabaliaBeit Lahia Beit Hanoun como las más afectadas por la invasión.

Para el gobierno local, esta operación forma parte de un «plan de desplazamiento» de la población del norte del territorio, así como un «claro crimen de exterminio» que tiene particular incidencia sobre el campamento de refugiados de Yabalia, ocupado por más de 200.000 desplazados.

«La ocupación israelí busca erradicar, quemar y destruir todos los sectores vitales» de Yabalia, dijo el Gobierno gazatí en su comunicado.

Al menos cinco palestinos murieron en la zona oeste del campamento este domingo, a raíz de un bombardeo israelí, según informó la agencia de noticias del enclave WAFA.

Basem Naim, miembro del buró político de Hamas, denunció en un comunicado emitido este domingo que las masacres diarias contra el norte del territorio buscan desplazar la población con el fin de «implementar el plan de los ‘generales’, que busca desplazar a la población para el reasentamiento de israelíes en la zona», según argumentó el representante.

«Todos, políticos, profesionales de los medios de comunicación y activistas, deben ejercer toda la presión posible y concienciar al resto para detener esta masacre y los esfuerzos ilegales de reasentamiento», añadió Naim.

Sin embargo, los ataques continúan en otros sectores de la franja, con bombardeos impactando las zonas centricas del enclave.

Este domingo, al menos 19 palestinos murieron luego de que la artillería israelí impactara contra una escuela, en la que se albergaban cientos de familias desplazadas, localizada en la zona de Al-Mufti, al norte del campo de refugiados de Al Nuseirat. Las autoridades denuncian que al menos 70 cuerpos permanecen tirados en las calles sin que los equipos de emergencias puedan acceder a ellos debido a los constantes ataques.

Desde el comienzo de la ofensiva israelí contra Gaza, luego del ataque terrorista del 7 de octubre, más de 42.200 personas han muerto y otras 98.400 han resultado heridas.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

El umbral de Sofía

 

 

“Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada”.

Marguerite Duras, Escribir

 

Aún no encuentro la metáfora espacial perfecta para hablar del más reciente libro de Sofía Irene Cardona Colom, Todo pasa, publicado por Editora Educación Emergente. Ella construye su escritura recurriendo a la alegoría espacial desde la primera oración del libro: “A veces un libro es esto: un lugar, una esquina a la que va a parar el polvo, una lengua de arena adornada de sargazo, una gaveta, una página, una fantasmagoría que llega de madrugada.” (11), nos dice. Así, Cardona se suma a la gran tradición de escritoras y escritores que hacen del oficio de escribir un espacio, una habitación, un lugar de encuentro entre quien escribe y quien lee.

Es Virginia Woolf quien, quizás mejor que nadie, ha trabajado la metáfora espacial en su clásico A Room of One’s Own (1929), poderoso ensayo que recorre el tránsito del alter ego de la escritora por los espacios de la cultura inglesa-los predios de la universidad, la biblioteca, el salón de comer, el canon- para regalarnos la conclusión de que la habitación propia, con su silencio y su tiempo dedicado al oficio, es imprescindible para que una mujer escriba.

Sofía, por su parte, desde un lugar y tiempo remotos a Woolf, ha hecho suya la metáfora del espacio para proponer su escritura toda. Así lo leo desde los títulos de algunos de sus libros; su poemario La habitación oscura (2006), su colección de columnas Desde la quinta nube (2016) y Fuera del quicio (2007).

He visitado ese espacio de escritura. Me han invitado a pasar, me han servido café y vino en la mesa, me han conminado a la conversa en la sala de esa casa de escritura. Muchos de los textos que hoy nos presenta Sofía surgieron del estupendo taller de escritura que ha sido para nosotras la columna del semanario Claridad.  Una casa grande es ese taller, con puertas de pixeles por las que entramos y salimos, con ventanas a través de las que oteamos la escritura de las otras, con rincones y esquinas filosas que nos obligan a la reflexión y confrontación de pensares, decires y formas de articular lo que vemos, sentimos y sufrimos.

Pero una cosa es leer una columna cada mes y otra, muy diferente, es leer esos textos reescritos, perfeccionados, aunados y dispuestos para que su significado se densifique. A esa tendencia a la intensidad, al regodeo en la palabra, a esa espesura del lenguaje a la que llama el libro Todo pasa quisiera nombrarla poesía. Y pienso en Gabriel Celaya, en sus palabras cargadas de futuro, y vuelvo a Sofía quien atraviesa su cotidianidad con la escritura. La poeta sobrepasa a la columnista, digo yo, en su interés de significar su día a día, en su propósito de superar la dispersión, la tristeza, la muerte, el dolor, la nostalgia y el olvido en la escritura.

Aquí, su amiga pesimista se conmueve ante el talante del Yo de estos textos que se levanta todas las mañanas con café en mano, y en compañía de su gata Bengala, a luchar una y otra y otra y otra vez con las palabras. La página o, mejor dicho, la pantalla de su computadora se le vuelve un campo de batalla a esa escritora y sus alter egos. Y no siempre ese lugar es un locus amoenus pues la pantalla es también espejo que agranda, deforma o precisa aquello que no solemos o queremos ver.

A veces los lectores son injustos, creen en la escritura automática, apuestan por la aparición de las musas, confían en los trances de palabras. Pero cualquiera que haya intentado escribir sabe de la dificultad de la empresa. ¿Acaso no es así como Thomas Mann definió al escritor?: aquel para quien escribir es siempre más difícil. O como describió jocosamente Oscar Wilde su escena de escritura (con la que me identifico totalmente): “He escrito todo el día. Por la mañana puse una palabra y por la tarde la quité.”

Es obstinada esta amiga escritora. Abjura de la vagancia como creyente de la religión del lenguaje, insiste en burlar la angustia de escribir. Parecería banal, nimio, inconsecuente, pero el acto físico de levantarse y aperturar el espacio de la escritura todos los días es una zaga de voluntad, disciplina y esperanza. Escribir es un acto de fe, créanme, es muy fácil convencerse de la futilidad de la faena; ¿Para qué escribir? Así comienza el lamento borincano de los escribientes, y continúa: si no merece la pena, es un voto de pobreza, total, no digo nada nuevo, ya lo han dicho tantos, no hay suficientes editoriales, y no pensemos en la distribución, y el colmo es que nadie lee en este país. Podría estar horas rezando la letanía de los incrédulos. Sofía, por el contrario, desafía al cuerpo y al desorden habitual de las cosas que trágicamente ya hemos naturalizado: el ruido, la universidad, el país y sus trampas. Le gana a la desidia, “al diablo errante de la melancolía”, como la llama, porque escribir es su tabla de salvación, su página-salvavidas.

Enternece la valiente honestidad de esa sujeta de escritura, nunca mejor dicho -sujetada a la escritura- en su proeza diaria. Todo pasa es una reflexión extendida sobre la escritura y el arte de escribir. El libro trata del pasar por la casa de la escritura, de donde sale airosa.

Dividido en cinco partes (Escribo, Cuerpos, Resacas, La brega: crónicas pandémicas y Todo pasa) y con bellísimos prólogo y epílogo, el libro nos asoma a la tristeza, dolor y alegría de la cotidianidad de la poeta y narradora. Así leemos sobre su lucha con la acedia y la procrastinación, sobre sus rituales de escritura, sus viajes, la caducidad del cuerpo, la enfermedad, la muerte y el duelo por ‘su muerto’. Repasamos con Sofía una verdad simple y rotunda: “el cuerpo no es un asunto secundario cuando se habla de felicidad,” como bien ha señalado Bifo. Como leer es una hermosa y paciente forma de escuchar, la acompañamos por los corredores del hospital cuando cuida a “su muerto” o se siente extraña en su propio cuerpo.

En otras columnas, explora el peso de aquellas pequeñas cosas que nos provocan resacas emocionales. Esos objetos inoportunos, esos almacenes de memorias como son los papelitos de notas, la ropa y los ganchos, que nos sumergen en la falta de los queridos. La narradora afanosa los combate “sacando la muerte de su casa”, “para salir más livianita por ahí”. O, por el contrario, también acontece el tiempo de las bellas experiencias medidas en attosegundos. Porque sabe que lo grande se encuentra en lo pequeño, Sofía escribe odas a la solidaria gata, a la silla, a los juegos de luces del atardecer que le regala la terraza de su apartamento. También la columnista escribe sobre la nueva cotidianidad que nos impuso la pandemia del Coronavirus con sus implicaciones en la educación y las nuevas e imposibles formas de vincularnos sin el cuerpo.

Comentario aparte merece la inclusión de esas fotos familiares que desgarran por su calidad de evanescencia. Aportan una callada, pero elocuente historia familiar en las imágenes en blanco y negro de los rincones favoritos de esta casa de escritura: Carlos, Irene, Esteban y la propia Sofía. Todo ha pasado, todo se ha ido: los cuerpos que aparecen en las fotos ya no están, se los ha llevado la muerte o los ha transformado el tiempo. Al final, cuando el cuerpo traicione, venza o lleve a descansar, lo único que quedará de nuestra existencia serán las memorias en los otros. Sofía se asegura de recordar a lo extinguible en el aquí, en este lugar del todavía.

No me malinterpreten, esta reunión de sentires no tiene tono lacrimoso. Aquí el dolor se nombra con valor; la muerte y la enfermedad se soban como destino humano, trágico, pero humano e ineludible. Quien escribe lo hace como quien ha tocado fondo algunos días y se sacude del dolor como de un aguacero. Cuesta sacudirse, pero qué viva está la página-salvavidas.

Mientras atravesaba los corredores de este edificio que es el libro, pensaba en lo poblado de imágenes arquitectónicas que está el ámbito de la escritura, con sus zapatas, columnas, estructuras, bloques, puentes, zaguanes y cuartos propios. Por un momento creí que la palabra pasillo, al que alude el título Todo pasa, sería la justa metáfora para hablar de estos textos (y de hecho, habría que pensar en el título de otro libro de Sofía junto a Mari Mari, No pasa nada). Sin embargo, se me antoja pensar que umbral es la imagen exacta para un libro que se piensa en el tráfico, en el pasar, en el entre de tantas fronteras: adentro/afuera, pantalla de computadora/realidad, pasado/futuro, enfermedad/salud, vida/muerte. También pensaba en el sentido que tiene el vocablo umbral como punto de inicio de algo, como eje de tránsito a otro estado.

El umbral se da en el tiempo del aquí, del aún. Sobre él filosofó la española María Zambrano: “Hay un instante de tránsito que es el todavía…la duración, resonancia de este tiempo fluido que parece remansarse antes de estancarse. Porque es el tiempo, las diferentes maneras como es sentido y vivido, lo que marca las diferentes situaciones de la vida humana…”

No hay que tenerle miedo a la escritura, nos dice Sofía. Y si a veces se muestra temerosa de la tristeza y el olvido en su sigiloso movimiento felino por la escritura, sabe, que este espacio “nuevo y desconocido” que es la página, será el umbral para el gozo, allá al que se empeña en llegar.

Entonces voy corriendo a su poemario, La habitación oscura, y leo:

A un tiro de la sombra, crece la luz.
Divaga entretenida al umbral de las salidas.
Allá asoma su frente, su perfil,
La nuca adormecida en donde roza
Anunciando sus líneas, sus imágenes,
La habitación de un pájaro de fuego.

 

 

 

 

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Habitar lo imposible: Danza y experimentación en Puerto Rico

San Juan: Editorial Beta-local, 2022.
Susan Homar y Nibia Pastrana Santiago, editoras.

Pocos libros logran ser tan completos, tan bien documentados, tan accesibles y, a la vez, tan táctil- y visualmente atractivos como Habitar lo imposible. Desde su carpeta de cartón dura, su lomo abierto cosido hasta el diseño de espacios cuadrados y texto en negro que enmarcan las fotos e ilustraciones tanto en blanco y negro como a colores, las 348 páginas – casi un ladrillo de papel de alta calidad – del libro impresionan y hasta asombran por su inclusividad, por un lado, y la intensidad de su enfoque, por el otro. Se siente bien en las manos y pasar las páginas de textos e imágenes es un placentero viaje histórico, cultural y estético.

Susan Homar y Nibia Pastrana Santiago son lxs motores detrás de este desvelo de lo que puede haber parecido un campo artístico puertorriqueño menor, pero en realidad, que se retrata como de la misma categoría de las otras artes de historias y prácticas mucho más extensas. Susan, doctorada en Literatura Comparada y la “decana” de los estudios de danza en Puerto Rico y Nibia, performera-artista corporal-directora y también profesora de danza, comienzan Habitar lo imposible al presentar sus propósitos de base: “Este libro surge de la ausencia de una publicación que recoja la historia vital de la danza experimental en Puerto Rico”. Cubre las últimas cuatro décadas del siglo pasado y hasta la fecha de publicación, años en que el “foco ha sido el carácter transgresivo de la danza en Puerto Rico al encarnar narrativas que promueven una mirada transformadora y una actitud participativa como actos estéticos y ético-políticos”. El cuerpo es político, es estético, es transgresivo y es transformador.

Las seis partes de libro son casi volúmenes en si mismas. Tres ensayos componen la primera: “Historias, cuerpxs y alteridades”. En “¡Fuera del medio, que llegamos para quedarnos!”, Susan Homar provee el contexto histórico-político-cultural “[d]e cómo forjaron un nuevo campo en la danza de Puerto Rico” y lo hace de manera detallada, comprensiva y comprometida y a la misma vez con una precisión y objetividad cristalina. Así presenta no una opinión sino la realidad de una lucha anticolonial que se filtra en cada rama de la vida cotidiana puertorriqueña, y especialmente en lo estético-cultural.

Adriana Garriga López, antropóloga cultural, poeta y una vez principiante y ahora tanto cuerpx practicante como voz teórica del arte de performance, en “Cuerpxs insurrectxs” reinventa nociones de interacciones fronterizas y la inter-polinización que conectan la creación colectiva cultural de danza y performance y la cultivación orgánica de nuevas colectivas agrícolas –trabajos de cuerpxs y tierras, una manera de transversalidad visceral que florezca en los márgenes de la sociedad. “Lxs bailarinxs, artistas performativxs y agricultorxs radicales cuir/feministas puertorriqueñxs crean lugares y otorgan significado a espacios comunes y corrientes jugando con ‘formas de nombrar’” y medios de producción creativos capaces de desarrollar transformaciones económicas, culturales y políticas.

En “Contra la borradura, a favor de la rareza y recuerda” nibia pastrana santiago nos trae la experiencia dura del cuerpo en la línea entre espacios concretos y espacios estéticos. Es la narración de su engranaje dentro de la historia de la danza experimental en Puerto Rico a través de reflexiones de sus mentores — muchxs de lxs cuales son lxs sujetxs de las otras cinco partes del libro — , y de su auto-descubrimiento-gestión-aprendizaje-práctica. Como indica el subtítulo del ensayo, la creatividad caribeña nunca ha sido un mito. Aún sus mitos siempre han sido contrapesos a la invasión, la opresión, la explotación, el dolor corporal y la lucha para liberarse de ellxs. El ensayo de nibia es un puente al futuro. Basada en las prácticas y lxs practicantes de una primera generación, su trabajo busca nuevas generaciones de bailarinxs y performerxs.

Las otras partes del libro fluyen del contexto de los primeros ensayos. La parte II concentra en especificidades de la danza local. Alma Concepción escribe sobre Gilda Navarra y el Taller de Histriones, todavía la colectiva de mayor impacto estético en la historia del teatro puertorriqueño. Como participante en el proceso, Alma detalla la creación de Navarra en los 1970s y 80 de un grupo profesional de teatro-pantomima, teatro-danza que rompió con casi cada concepción anterior para crear una expresión corporal-teatral sin palabras en que las imágenes hablan por si mismas. Así Navarra estableció las bases para otra experimentación futura.

El dramaturgo y crítico Nelson Rivera escoge cuatro momentos dentro de los últimos sesenta años para contar y diversificar la historia de danza en Puerto Rico: 1) la fuerza del conjunto de  Ballets de San Juan –Gilda Navarra, Ana García, Irene y Jack Delano, entre otrxs y cuentos de Ricardo Alegría y Tomás Blanco –durante los 1950s para crear ballets puertorriqueños; 2) montajes como Binomio (1988) del Grupo Número Tres (Sunshine Logroño, Iván Martínez y Nelson Rivera); 3) la colaboración del bailarín Miguel Alum con el Taller de Histriones en la creación de la obra casi desaparecida Al pan, pan . . . (1985); y 4) el estilo único del bailarín y artista plástico Oscar Mestey Villamil. Los logros y fallos de Ballets de San Juan resultaron después en los grandes éxitos del Taller de Histriones. Histriones dejó huellas a través de décadas y hasta en una de las obras, tal vez poco conocida y más impresionantes de la segunda década del siglo 21: Anoxia (2018) del grupo La Trinchera –Beatriz Irizarry, Cristina Lugo y Marili Pizarro con el dramaturgo Joaquín Octavio González.

Entre el ensayo de Alma Concepción sobre Gilda Navarra y el Taller de Histriones y de Nelson Rivera de iluminar el campo pre-Histriones – “la zapata” – y los rincones frecuentemente olvidados de la experimentación danza-performance, aparece un ensayo particular para esta edición, pero crucial a sus perspectivas fronterizas, anti-coloniales e internacionalistas. Teresa Peña Jordán escribe de la precariedad corporal de e/inmigrantes cruzando fronteras y mares. Sus cuerpos, vivos y muertos, son archivos de imágenes transmitidas por la poesía, el testimonio y la danza. La migración es un performance de circunstancias de vida y muerte, y aun el cuerpo muerto se transforma en una imagen viva y hasta viral en su alcance que rompe y transforma los limites estancados de percepción y convención normativa. Y otra vez, la imagen es transgresora, es luchadora, es política anticolonial.

Parte III “Quehaceres descoloniales” se compone de tres ensayos que abren el campo de la danza experimental a enlaces teóricos, académico-investigativos, sociales y mediáticos. Lydia Platón Lázaro emplea la “improvisación” en su recorrido de danzantes y performerxs claves como Petra Bravo, Awilda Sterling Duprey, Viveca Vázquez y Merián Soto para ampliar la intertextualidad danzada entre espacios caribeños y la danza moderna (EUA e internacional). Arnaldo Rodríguez Bagué provee un informe sobre su proceso de establecer el Foro Permanente de Performance dentro del programa de Estudios de Mujer y Género en la Universidad Puerto Rico. Así nos propone un mapa de desarrollo y curaduría para poder archivar y preservar actos y gestos de danza y performance que son vivos pero efímeros e inmateriales. Esta sección cierra con un ensayo de Ramón H. Rivera Servera, actual decano de la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Texas en Austin, que sigue las ondulaciones de performance de los movimientos feministas/cuir en Puerto Rico. Para hacerlo, utiliza la noción del “procomún”, o cómo la danza y arte corporal experimental sale a la calle y entra en un discurso público. En los carnavales caribeños hasta las marchas políticas hasta los actos independientes transgresivos, “danzar en las calles” como hacen nibia pastrana santiago, Pó Rodil y  Edrimael Delgado Reyes (entres otrxs), como indica Rivera Servera, “vemos una irreverente interarticulación de estéticas dancísticas experimentales y populares, reclamos políticos y performance del placer feminista y cuir, erótico o no”.

Con la Parte IV “Habitar(se), escribir(se), mover(se)” comienza el deleite mayor de Habitar lo imposible. Once bailarinx-performerxs a través de escritos personales y fotos ponen sus autogestiones en la página. Son de una diversidad de generaciones, edades, preparaciones y estilos, pero del mismo ambiente creativo-cultural-transgresivo-político que es Puerto Rico y elementos tanto caribeños como diaspóricos. Son Alicia Díaz Concepción, Oscar Mestey Villamil, Ñeguí González Martínez, teresa hernández, Jésus Miranda Santiago (Pito), Awilda Rodríguez Lora, Jeanne d’Arc Casas Panouze, Javier Cardona Ortiz, Noemí Segarra Ramírez, Karen Langevin y Pepe Álvarez Colón. Es el cuerpo principal de la danza experimental actual en Puerto Rico. Vienen con trasfondos diferentes: ballet, danza moderna, teatro, performance, música, artes plásticas. He colaborado con varixs de ellxs – pienso en teresa hernández y Javier Cardona — en proyectos a través de tres décadas, y también he escrito reseñas de obras y montajes de ellxs y otrxs. Pero todxs merecen este espacio de reflexión – y reconocimiento — que reciben para auto-identificar y expresarse como artistas del cuerpo y la palabra.

En la Parte V, “MAPA: Cartografías originarias”, Habitar lo imposible llega a su cima y deja su huella mas clara. Alejandra Martorell, bailarina y también estudiosa del baile, después de un impresionante ensayo sobre ellas y el proceso, deja que hablen en entrevistas públicas “cinco exploradoras del baile escénico”: Petra Bravo, Merián Soto, Myrna Renaud, Awilda Sterling Duprey y Viveca Vázquez. Son las danzante-performera-maestras fundacionales del campo de danza experimental en Puerto Rico. Si al crear el Taller de Histriones, la maestra de maestras Gilda Navarra dio a Puerto Rico un nuevo lenguaje corporal para contar historias con imágenes sin palabras, estas cinco artistas se apropiaron de ese lenguaje y otros lenguajes corporales — de Cuba, de África, de danza moderna, del arte de performance –para traducir y transformarlo en diversas expresiones únicas y a la vez compartidas.

No intentaré resumir sus vidas. Habitar lo imposible incluye pequeñas biografías de todxs lxs particpantes.  Como lo hacen en el libro, decidí que era mejor que ellas, aún si brevemente, nos cuenten algo sobre sus carreras.

Es imposible subestimar el impacto de Petra Bravo, proveniente del entrenamiento riguroso del Ballet Nacional de Cuba, sobre danza y performance en Puerto Rico. Petra responde a una pregunta sobre “la/s técnica/s” y cómo pondría nombre a la clase de danza moderna que enseñó por muchos años en la Universidad de Puerto Rico de la siguiente manera: “Yo lo considero adentrándome en tu cuerpo. Un estudio de tu cuerpo a través de unas orientaciones mías. [. . .] Esa es la técnica. ¿Qué es una técnica? Saber el control de tu cuerpo, entiendes, para manifestarte. Es lo que a mí me parece que uno debe hacer cuando uno va a hacer una producción. Estudiar el cuerpo. [. . .] ¿Tú sabes cuál es el trabajo sucio? El trabajo sucio es que tú no llegaste, que tú no me penetraste, que tú no tocaste mi manera de ver las cosas. Y en eso soy bien honesta. ¿Tú sabes? Puedes tener un talento bien terrible y todo, pero hay que trabajar.”

Todas estas figuras icónicas han trabajado o estudiado larga- o brevemente en Estados Unidos. No obstante, es Merián Soto quien ha provisto el enlace “diaspórico” como bailarina y profesora establecida en Estados Unidos y simultáneamente una presencia en Puerto Rico. Después de un semestre de estudios universitarios en Estados Unidos, ella decidió regresar a Puerto Rico para sumergirse en la experimentación artística de la época turbulenta de los 1970s, hasta que, como ella cuenta, “[m]e doy cuenta de que nunca [por las muchas actividades] me voy a graduar de la Iupi [Universidad de Puerto Rico], así que solicito a [New York University] y me voy para allá”. Explica que en Nueva York estudió con colegas de Martha Graham, Merce Cunningham, con el legado de Isadora Duncan y aspectos de ballet y el teatro musical. “Entro en sus compañías y son mis amigos, [pero] los amigos boricuas en Nueva York, [son] los que me dicen: ‘Mira, ¿qué tú haces haciendo esos ballets pendejos? Ponte a trabajar’. Entonces, la primera pieza que coreografío en Nueva York, Pedacito de cristal, era una deconstrucción de la bomba con un guaguancó cubano, y yo cantaba”. Casi cincuenta años mas tarde, Merián continúa experimentando, enseñado, viajando y haciendo enlaces entre Puerto Rico y la Diáspora.

Personalmente, no conozco a Myrna Renaud. Sus piezas e instalaciones a finales de los 1970 y en los 1980 eran más o menos itinerantes en que se movía de espacio en espacio –azoteas, vitrinas de tiendas, la calle – en vez de escenarios u otros espacios más oficiales. No obstante, dentro de la comunidad de danza experimental, tiene un impacto igualmente fuerte como las otras artistas de esta sección. Además, trae la noción de ser multi-artista, corporal y plástica: “El medio es la danza; mi proceso de creación es plástico: diseño, textura, color y valor, escala, forma, línea, equilibrio, armonía dimensión. Es siempre mi punto de partida. Este movimiento se pone más oscuro aquí, pero sale un color más claro si lo ponemos a temblar. Desde lo plástico entiendo lo que estoy creando. La idea es importante, sí, pero es solo eso: una idea. ¿Cuántas ideas tenemos al día? Muchas. Siempre están, pero la manera de abordar la selección de elementos para el desarrollo de una estética es plástica”.

A mediados de los 1960, Awilda Sterling Duprey entra en la Universidad de Puerto Rico y se encuentra con la bailarina y activista afrxboricua Sylvia de Villard y trabaja en su grupo de danza africana. Su campo fue la plástica, pero bailaba; a través de su vida ha sido artista corporal, de la plástica, del movimiento, de la danza experimental, de la africanía, de la cultura boricua y universal. Ella nos dice, “En el baile-no-baile, como dice Viveca [Vázquez]. En el valor del movimiento por si mismo y qué es lo que quieres evocar desde la experiencia personal. No es que tuviera que haber una historia, pero obviamente si estás trabajando con tu cuerpo, el movimiento va a reaccionar neuralmente y va a hablar de tu historia. Tu creas la historia si quieres o no. En el caso mío. Yo me fui en la abstracción de la sensación. Yo creo que la intensidad y la verdad con la que quien interpreta entra a su cuerpo para escucharlo y seguirlo provoca a quien observa quiera saber qué es lo que está pasando ahí. Y tiene que ver con cómo es que se improvisa”.

Finalmente, Viveca Vázquez: en movimiento constante, haciendo, gestionando, enseñando, dirigiendo baile-no-baile, experimentando en grupos y sola, el taller de Otra Cosa, organizando, descubriendo, la “coreografía del error”, compartiendo; casi la esencia de danza experimental en Puerto Rico. En su entrevista, Viveca responde a una pregunta sobre Rompeforma, el festival experimental de performance, danza y visuales que organizó con Merián Soto entre 1989 y 1996: “Eso fue superimportante porque se añadió a todo esto que hemos hablado. Vino gente de Brasil, Perú, México, Venezuela, Ecuador. Significó empezar a ver otro tipo de disciplina en el escenario: cada vez más depuradas las técnicas, la escritura, no sé si lo quieren llamar la actuación, el tema de género, las luchas del SIDA . . . Y todo esto también agarró el rabo de producción cultural valioso que tuvo la Iupi (UPR-RP). Desde Francis Schwartz que, aparte de dirigir Actividades Culturales, me invitó a bailar en sus eventos de música y montajes experimentales, los Encuentros de Danza Moderna Puertorriqueña de Peta Bravo, que también me comisionó piezas nuevas, y la labor de Ricardo Cobián y Ramón Arroyo Carrión, también directores de Actividades Culturales. Todos apoyaron mis proyectos en la UPR”.

Cinco creadoras impresionantes a través de más de cincuenta años de danza experimental puertorriqueña. La coordinación de las entrevistas por Alejandra Martorell hace una contribución excepcional. El excelente ensayo final “Guía documental y bibliográfica sobre la danza experimental de Puerto Rico” es de Sonia Daubón Aquino. Pero son Susan Homar y Nibia Pastrana Santiago, como editoras y ensayistas, que merecen nuestro agradecimiento profundo por este admirable texto.