Inicio Blog Página 258

De Adjuntas Pueblo Solar a Ciudad de México: el encuentro de Casa Pueblo con Claudia Sheinbaum

 

Especial para Claridad

 

A pesar de que Puerto Rico se encuentra en una de las zonas más afectadas del planeta por el cambio climático, nuestra subordinación política nos coloca en una nueva encrucijada de vulnerabilidad. El gobierno de Estados Unidos, que se impone sobre nuestra isla-nación, reincide en un negacionismo retrógrado al retirarse, por segunda ocasión, del consenso global alcanzado con el Acuerdo de París (2015). Y aunque los procesos internacionales a veces luzcan estériles y resulten frustrantes por su lentitud y burocracia, la crisis global exige soluciones locales con un enfoque transgeneracional e internacional.

Ante el vacío dejado por uno de los países que más contribuye a la huella de carbono planetaria, los gobiernos de México y Brasil asumieron un rol distinto al convocar a los 33 ministros de ambiente y recursos naturales de América Latina y el Caribe. De ellos, 22 países participaron en la Reunión Ministerial para la Implementación de la Acción Climática Regional, celebrada el pasado 25 y 26 de agosto en Ciudad de México, donde se alcanzaron acuerdos impensables de cara a la COP30 que tendrá lugar en noviembre en Belém, Brasil. Aunque esos acuerdos no están exentos de contradicciones y limitaciones para enfrentar la economía de los combustibles fósiles, representan un paso que reafirma la necesidad de que los esfuerzos contra el calentamiento global, para ser justos, duraderos y efectivos, cuenten con “la participación plena de las comunidades locales, de los pueblos indígenas y afrodescendientes, y en especial de las mujeres y las juventudes”.

Este posicionamiento incorporó voces de la sociedad civil como la Red Indígena Bribri de Costa Rica, el Colectivo Madreselva de Guatemala, el Congreso General de la Juventud Guna de Panamá, la organización Derecho Ambiental y Recursos Naturales de Perú, Geledés – Instituto de la Mujer Negra de Brasil, el Proceso de Comunidades Negras de Colombia, además de varias organizaciones mexicanas, latinoamericanas y Casa Pueblo de Puerto Rico. El reclamo es claro: una transición justa que coloque a la gente y sus comunidades en el centro, reconociendo a quienes han sido y continúan siendo los custodios históricos de la naturaleza con saberes y prácticas ancestrales, cuya ética ambiental supera por mucho al capitalismo extractivista —incluso en su versión “verde”.

Por nuestra condición colonial, estamos a expensas de lo que Estados Unidos dicte como política pública en torno al medioambiente y al cambio climático. Peor aún, la administración de Donald Trump inició el desmantelamiento de las agencias con injerencia en este tema. Puerto Rico no solo carece de poder para definir su propio rumbo, sino que padece de forma desproporcionada las consecuencias nefastas de esa política pública anticiencia, antihumanitaria y antiplanetaria.

Sin embargo, la invitación de Alicia Bárcena, del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales de México, y de André Corrêa do Lago, presidente designado de la COP30 de Brasil, para participar en la reunión regional demostró que ese panorama puede transformarse. Casa Pueblo tuvo la oportunidad de compartir su experiencia en la construcción de una transición energética justa desde la base comunitaria en Adjuntas, al tiempo que recogió valiosos aprendizajes de las y los líderes con quienes intercambiamos.

Durante la ceremonia de apertura en el Palacio Nacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, concluyó su intervención subrayando la urgencia de acciones concretas. Desde la tarima, pudo ver la bandera puertorriqueña entre un centenar de personas —ministros y representantes comunitarios— y no dudó en hacer un gesto repetido e inequívoco para que me acercara. No fue un llamado personal, sino un reconocimiento de que, entre todas las banderas oficiales allí presentes, faltaba la del pueblo puertorriqueño, atrapado en su condición colonial.

Al acercarme, tuve el privilegio de agradecerle su gesto de reconocimiento. Y en lugar de entregarle la bandera patria, llevé la encomienda adjunteña de obsequiarle y explicar a todos el símbolo de la bandera de la insurrección energética comunitaria de Adjuntas. Diseñada con la contribución de la artista Verónica Aponte, esta bandera acompaña la lucha por una transición energética justa desde la autogestión, frente a un poder colonial que impone la gasificación de Puerto Rico y del Caribe. La nuestra, en cambio, representa la Marcha del Sol como un acto de liberación.

Desde ese reconocimiento a Puerto Rico como un pueblo colonizado, consideramos fundamental impulsar que otros de la sociedad civil puertorriqueña puedan representarnos en los foros internacionales que se avecinan, como ocurrió en Ciudad de México. Con toda la responsabilidad, el rigor y el honor que ello implica, podemos afirmar que este archipiélago caribeño cuenta con el capital humano necesario para asumir esa tarea.

 

 

Ensalada Deportiva

 

 

Especial para CLARIDAD

CLARIDAD felicita a los Campeones Nacionales del Béisbol de Pueblo, la Doble A, los Mulos de Juncos, quienes conquistaron este pasado viernes su undécimo campeonato de la Liga de Béisbol Superior Doble A al blanquear 4-0 a los Leones de Patillas ante más de 4 mil fanáticos en el Estadio Mariano “Niní” Meaux. La histórica franquicia junqueña es la única con 11 títulos nacionales conquistados en las temporadas 1947, 1948, 1952, 1964, 1983, 1985, 1989, 1990, 1991, 2019 y 2025.

Tras el partido, el presidente de la Federación de Béisbol de Puerto Rico, doctor José Daniel Quiles, entregó el trofeo de campeones al apoderado de los Mulos, doctor Jeovhanni Nieves, acompañado por el director ejecutivo Efraín Williams, además estuvo presente el alcalde de Juncos, Alfredo “Papo” Alejandro.

Posibles logros históricos en el 2025 en MLB

(Tomado de MLB, todas las estadísticas son hasta el 1 de septiembre)

  1. Shohei Ohtani persigue 400 bases totales y 150 carreras anotadas

Con su histórica temporada 50-50 en 2024, Ohtani se convirtió en el primer jugador en alcanzar las 400 bases totales desde 2001. Ahora, tiene la oportunidad de ser el primer jugador en hacerlo en temporadas consecutivas desde Todd Helton en 2000 y 2001. Al entrar el viernes, estaba en ritmo para 373 bases totales. Pero una buena racha podría volver a encarrilarlo para las 400 bases.

  1. Cal Raleigh en busca de la histórica marca de 60 jonrones

Raleigh parece hacer historia de jonrones cada vez que entra en la caja de bateo. Se convirtió en el primer receptor en batear 50 jonrones, y se está acercando al  récord de Mickey Mantle (54) para la mayor cantidad de jonrones de un bateador ambidiestro. Pero también está en camino de alcanzar esa marca sagrada de 60 cuadrangulares. Raleigh estaba en ritmo de 60 al entrar en los últimos 25 juegos de la temporada. Lo que lo empataría con Babe Ruth en la tercera mayor cantidad de jonrones en una temporada en la historia de la Liga Americana. También lo convertiría en el séptimo jugador en llegar a 60 jonrones en una temporada, y sería solo la décima temporada de más de 60 jonrones en general.

  1. Corbin Carroll tras la marca de 20 triples en la temporada

Carroll siempre ha sido una máquina de extrabases, dadas sus herramientas de poder y velocidad. Ha tenido cierta afinidad por los triples, habiendo liderado la MLB en triples la temporada pasada y la Liga Nacional en 2023. Está de nuevo en ello esta temporada, y podría ser el primer jugador en llegar a 20 triples en una temporada desde que Curtis Granderson (23) y Jimmy Rollins (20) lo hicieron en 2007. Está en ritmo para poder lograr esta marca. Ya tiene CUATRO juegos de dos triples esta temporada, por lo que otro par de ellos ciertamente aumentaría sus posibilidades. Tiene 16 al 1 de septiembre.

(Nota: Cheo Cruz tiene marca de 80 triples en su carrera, lo que es un récord de los Astros ( All-Time Astros Player Hitting Stat Leaders | Houston Astros)

  1. Matt Olson persigue 162 partidos jugados por cuarto año consecutivo

Olson es el actual “Hombre de hierro (Iron Man) del béisbol, habiendo jugado en 754 juegos consecutivos antes del viernes. Si continúa la racha hasta 2025, eso le daría cuatro temporadas consecutivas de 162 juegos jugados, y lo convertiría en el primer jugador en tener cuatro o más temporadas consecutivas de 162 juegos desde que Juan Pierre lo hizo en cinco temporadas consecutivas de 2003 a 2007 (Miguel Tejada tuvo un tramo simultáneo de seis temporadas de 2001 a 2006). También convertiría a Olson en el séptimo jugador en hacerlo desde el advenimiento de un calendario de 162 juegos en 1961.

  1. Aaron Judge persigue un OPS+ de 200 por tercera vez

Judge está en camino de ser reconocido como uno de los mejores bateadores de todos los tiempos, habiendo registrado ya cuatro temporadas con un OPS de 1.000 o más, y en buena posición para un quinto esta temporada. También está causando una gran impresión con OPS+, que toma el OPS de un jugador y lo normaliza en toda la liga, teniendo en cuenta factores externos como los estadios, y luego ajusta la marca promedio de la liga a 100. El OPS+ de Judge al entrar el viernes era de 202. Eso significa que su producción ofensiva ha estado un 102 por ciento por encima del promedio de la liga. También significa que Judge está compitiendo por una tercera temporada con un OPS+ de 200 o más, lo que lo convertiría en el segundo bateador en hacerlo en la Era de Expansión (desde 1961), y el primero desde que Barry Bonds lo hizo seis veces entre 1992 y 2004. Judge, además, batea para .324, 43 HR y 97 RBI

  1. Paul Skenes persigue una efectividad por debajo de 2.00

Skenes ha sido lanzado espectacularmente e histórico través de sus primeras 50 aperturas en la MLB, registrando la segunda efectividad más baja (2.02) durante ese lapso en la Era de moderna en MLB (desde 1921). Su efectividad de 2.05 al 2 septiembre lidera todo el béisbol, y tiene la oportunidad de ser el primer lanzador en terminar la temporada con una efectividad por debajo de 2.00 desde Justin Verlander en 2022. Y aunque Skenes no calificó para el título de efectividad en su temporada de novato, cuando registró una efectividad de 1.96 en 23 aperturas, una segunda temporada consecutiva por debajo de 2.00 lo convertiría en el primer lanzador en hacer eso mientras hace al menos 23 aperturas desde Clayton Kershaw en 2013 y 2014.

  1. Garrett Crochet y Tarik Skubal persiguen la Triple Corona de Pitcheo

Skubal ganó la Triple Corona de Pitcheo, liderando en victorias, efectividad y ponches, la temporada pasada, ya que fue el ganador unánime del Premio Cy Young de la Liga Americana. El zurdo de los Tigres tiene la oportunidad de hacerlo de nuevo, pero esta vez tiene compañía. El zurdo de los Medias Rojas, Crochet, también está compitiendo por el liderato en las tres categorías relevantes, lo que podría ser una racha dramática para ambos lanzadores, y emocionante para los fanáticos. Al 1 de septiembre, Skubal (12-4; 216 K’s) lidera solo en efectividad (2.28 frente a 2.40 de Crochet), mientras que Crochet lidera en victorias (14) y ponches (214).

  1. Tres o más jugadores persiguiendo más de 50 jonrones

No hemos tenido tres o más jugadores que alcancen los 50 jonrones en una temporada desde 2001, y nunca ha habido una temporada con cinco jugadores para hacerlo. Pero uno o ambos podrían suceder en 2025. Al entrar el viernes, hay cinco jugadores que ya han bateado más de 40 jonrones, incluidos Raleigh que ha conectado hasta hoy 50 cuadrangulares. También están Kyle Schwarber (49), Ohtani (45), Judge (43), y Eugenio Suárez (42). Schwarber tiene gran probabilidad de llegar a los 50, mientras que Ohtani también parece que podría lograrlo. Eso nos daría tres jugadores con más de 50. Pero si Suárez y Judge tienen buenas rachas, entonces podríamos ver una temporada histórica.

  1. Cinco o más jugadores persiguiendo una temporada 30-30

En la historia de MLB nunca ha habido cinco jugadores en llegar al club 30-30 en el mismo año, pero eso podría cambiar esta temporada. Al 1 de septiembre, había 11 jugadores con más de 20 jonrones y más de 20 bases robadas. Solo un jugador en esa lista ya ha llegado a los 30 jonrones (Juan Soto) mientras que solo dos ya han llegado a los 30 robos (José Ramírez y Pete Crow-Armstrong). Crow-Armstrong es el que más cerca está de unirse al club 30-30, con 28 jonrones y 31 robos, seguido de Ramírez, con 26 jonrones y 36 robos. Pero con aproximadamente 25 juegos para el final de la temporada, los otros en la lista: Corbin Carroll, Randy Arozarena, Jazz Chisholm Jr. , Francisco Lindor, Zach Neto, Julio Rodríguez, Trevor Story y Kyle Tucker, tiene la capacidad, además de talento y son capaces de alcanzar esta marca.

Boricuas que se destacan en el 2025 MLB

(Estos son solo algunos de los Boricuas en MLB)

  1. Francisco Lindor, está teniendo una temporada muy exitosa tanto defensivamente como a la ofensiva. Batea para promedio de .260, con 25 cuadrangulares y 75 carreras empujadas.
  2. Edwin “Sugar” Díaz, se ha convertido en uno de los mejores cerradores en las mayores. En la temporada del 2025 ha participado en 51 juegos con un ERA de 1.87 (3.52 en 2024) 81 ponches, 6 juegos ganados, 2 juegos perdidos en 53 entradas lanzadas. Una excelente temporada.
  3. Javier Báez, ha jugado muy bien incluyendo el cambio al jardín central y ser seleccionado al Juego de Estrellas en esa posición. Báez ha tenido problemas desde el receso del Juego de Estrellas, registrando un promedio de bateo de .235, OPS de .577 y solo un jonrón en sus últimos 25 juegos. Batea .261-11 HR 51 RBI
  4. Heliot Ramos jugando muy bien el jardín izquierdo de los Gigantes de San Francisco. Batea para promedio de .267, con 16 cuadrangulares y 58 carreras empujadas. Ha jugado muy bien a la defensiva también.
  5. Seth Lugo ha lucido muy bien con Los reales de Kansas City. Ha ganado 8 juegos y perdido 7, con un ERA 4.15 y 125 ponches.
  6. Víctor Carartini está luciendo muy bien en la posición de segundo receptor de los Astros de Houston y bateador designado. Batea para promedio de .262 con 11 cuadrangulares y 43 carreras empujadas. Acaba de ser incluido en la lista de lesionados.
  7. Carlos Correa está teniendo una temporada discreta. Cambio de los Gemelos a los Astros antes de la fecha de cambio y se ha convertido en un factor importante en el equipo que lo vio crecer y establecerse como jugador estrella en las mayores. Batea para promedio de .291 con 3 cuadrangulares y 14 carreras empujadas.
  8. José Berrios es uno de los lanzadores que puede ayudar a los Azulejos de Toronto en la post temporada. Tiene 9 juegos ganados y 5 perdidos con 129 ponches y un ERA de 3.95.

No olvidemos que hay un gran número de Boricuas en distintos roles en las Grandes Ligas como Alex Cora, Joe Espada como dirigentes, además de Joey Cora, Ramon Vázquez, José David Flores, Alex Cintrón entre otros como entrenadores. Hay otros Boricuas en MLB que laboran como oficiales de Prensa o en estadísticas y otros aspectos de la liga.

Bagaje Genético

 

 

Mi cabra es muy humana.

Si le lanzo un mazo de hierba fresca que corté del otro lado del terreno, se acerca y tranquila, se lo come a mi lado. Pero si comienzo a formar otro fajo de pasto con la intención de arrojárselo, deja esta de comer y se me queda mirando, en la expectativa de que así lo haga y, al verlo finalmente caer en su cercanía, de inmediato abandona lo que no había terminado, aún cuando el nuevo puñado fuese tan grande como el que deja y formado por la misma jugosa yerba del primero.

La repetición, una y otra vez de la misma rutina, nos consumió toda la mañana.

Mi humanidad es muy cabra.

Topándose con un escrito que encuentra imprescindible, luego de leer el título y alguna que otra oración del primer párrafo, decide guardarlo para profundizar en su lectura en algún punto del futuro, ante la expectativa de ver que más puede haber disponible.

La repetición, una y otra vez de la misma rutina, nos consumió toda la tarde.

 

Será otra cosa-El hombrecito de azul pasea por Kados, el planeta marino

 

Especial para En Rojo

Dios es un gato que nos mira
de acuarela es su reino.
Es plomo a momentos,
de madera casi siempre
cuando boga sin sentido
por un río de azufre escarlata.

Hugo Margenat, «Dios es bueno»

 

Ya habrán escuchado ustedes a alguien diciendo en estos días, como Mafalda, detengan el mundo, me quiero bajar. Lo tremendo parece suceder a la misma velocidad con la que nos enteramos y tan cerca como las imágenes que nos alcanzan. Las voces que escuchamos, acabadas de salir de las bocas, conservan la tibieza del aliento. Apesadumbradas, nos desplazamos, como si nos moviéramos en el mar, buscando las corrientes más frescas, un descanso al vaivén del día. Escribo esto y me recuerdo flotando en el mar.

Así, flotando suave por las corrientes virtuales, doy, no sé ni cómo, con un titular que captura mi atención y me promete sosiego provisional: han descubierto a ciento veinte años de distancia un planeta que podría ser habitable, que podría estar habitado. Leo con cierto escepticismo, consciente de que puede ser el fruto de un periodista fantasioso, como la columna que estoy escribiendo esta tarde, pero cedo a la tentación de una esperanza para el futuro. Veamos.

El planeta es enorme y dicen que posiblemente esté repleto de algas marinas y criaturas acuáticas microscópicas. Si esto llegara a ser cierto, según los científicos, querría decir que el resto de la galaxia lejana podría estar habitada. Afortunadamente para elles, los terrícolas estamos suficientemente lejos como para no intervenir con sus vidas, por el momento. A juzgar por lo que sucede aquí, nada bueno vendría de estos lares. Sigo leyendo.

Es lindo que sea un planeta marino. Las partes más frías puede que tengan el suelo firme por el hielo, y bien podría haber vida en esas superficies adaptada a las bajas temperaturas como las focas, los pingüinos, los osos polares y los esquimales. Discúlpeseme la falta de imaginación e información zoológica.

Dicen los que saben que todo esto podría ser cierto, pero son cautelosos y declaran que todavía no hay pruebas contundentes. Lo único que sí ha concluido nada menos que la Universidad de Cambridge (y esto suena a sabiduría comprobada) con cierta certeza es que «debe estar cubierto por un océano cálido, rebosante de vida». ¡Agua, mucha agua, y más vida! El estudio se acaba de publicar en Astrophysical Journal Letters, posiblemente una de esas publicaciones científicas que tiemblan al escuchar las ocurrencias de Casa Blanca. La constatación, comentan en el artículo, necesitará de muchas complejas y parsimoniosas investigaciones. En resumidas cuentas, de que la cosa va para largo, sin contar con los obstáculos que podrían enfrentar los investigadores por falta de apoyo económico, desmantelamiento de universidades, etcétera.

Kados Dieciochobé se llama el planeta. Hace unos años, en el 2017, ya lo habían descubierto unos astrónomos canadienses desde los telescopios chilenos. Leo que se trata de planetas subneptunos, es decir, planetas casi tan gigantescos como Neptuno. Se conjetura que están cubiertos de océanos de agua tibia, en atmósferas ricas en hidrógeno, metano y compuestos de carbono: enormes esferas oceánicas suspendidas en el universo.

Es lindo también lo que se dice del movimiento del planeta subneptuniano, este K2-18B visto desde acá. Cuando planetas como éste pasan delante de su «sol», su atmósfera se ilumina y, avistados desde la Tierra, por el telescopio terrenal, parecen estrellas que cambian de color. Qué alegría. Así se enteran los científicos de la composición química de su atmósfera. Hace unos pocos años, descubrieron de este modo en Kados sulfuro de dimetilo, que a mí me suena como un héroe griego, pero realmente es un compuesto de azufre, carbono e hidrógeno. Lo maravilloso de ese descubrimiento es que supondría la presencia de vida, pues sólo un ser vivo como las algas produce el sulfuro de dimetilo, el olor característico del mar. Al menos, eso fue lo que entendí.

Resulta, según los experimentos, que Kados puede que tenga una cantidad mucho mayor que la Tierra del sulfuro de dimetilo. ¿Estará más vivo que nuestro planeta? Sería un mar rebosante de vida, dice el reportaje. Un lugar ansiado para los agonizantes terrícolas del futuro próximo, digo yo.

Hasta aquí llega mi entendimiento. No sigo leyendo porque se ponen muy técnicos, pero supongo que estos estudios de a poquito son los que logran grandes descubrimientos. Al final del artículo del NYTimes, Joshua Krissansen-Totton, astro biólogo de la U de Washington, expresa su preocupación por el estado de las cosas bajo el gobierno de Trump. Recuerdo entonces a mi amiga científica que perdió el trabajo y está deprimida, no tanto por su crisis personal sino porque, me dice, el ataque es contra su disciplina.

Por mi parte, como no sé de ciencias y leí muy rápidamente, me quedé con la impresión de un planeta gigante, ocupado solamente por un océano profundo que exuda un fuerte olor a algas. Qué cosa tan linda e imponente debe ser ese planeta sin orillas.

Ahora mismo la gata duerme, que es a lo que se dedica todo el día con gran entusiasmo. Yo creo que cuando los gatos duermen, viajan. Abandonan su cuerpo blando y suave sobre la colcha y se transforman en otras criaturas que deambulan por sitios como Kados, el planeta a ciento veinte años luz de la tierra, ese que huele a mar y sólo dejar ver la luz que se refleja. Cuando duermen tan plácidamente es que visitan ese lejano planeta que sólo puede verse desde el telescopio chileno. Lo examina desde acá un científico indio de pelo muy negro que siempre viste de azul. Esto no es parte de ningún sueño, esta tarde lo escuché en un vídeo hablando con mucho entusiasmo de este mismo planeta. Sus ojos estaban fijos en la cámara mientras lo entrevistaba un invisible periodista. Sé que estaba vivo porque un insecto pequeñito, como una mariposita o una polilla, exploró la solapa de su chaqueta hasta que se cansó del paseo. No sé si este señor sólo mira a los cielos lejanos y no al azul de su chaqueta.

Imaginé también que dios, si es que anda por ahí, se cansará a veces de este planeta desquiciado, de sus guerras, de los tiranos y hasta de los científicos, y soñará acurrucado como mi gata, y nos abandonará para visitar las algas de Kados. De vez en cuando, como dice el poeta, nos mira, pero de lejos, cuando su planeta pasa frente a su sol y destella su luz. De vez en cuando el hombrecito de azul lo divisa por el telescopio y se sorprende, se queda muy quieto, como si durmiera también, para que no escape el momento, para no echar a perder esa mirada, y sólo entonces la mosca se pasea por su chaqueta y da acá una señal de vida.

 

Encontrado en las redes- Rue des Patriarches: en busca de Betances

Norman Ramírez Talavera

 

En nuestro primer viaje a París —y a mis sesenta y ocho años— no iba como un turista común ni por simple azar. No buscaba postales ni vitrinas, sino huellas. Iba a ver lo que otros no ven, con una encomienda emocional: una misión sencilla, pero profunda. Quería honrar al Padre de la Patria puertorriqueña en la ciudad que lo acogió en su exilio final.

Desde que planeamos el viaje, supe que debía ir a esa dirección: rue des Patriarches, un nombre que parecía inventado para alojar memorias fundacionales. Pero no iba solo. Me acompañaban las presencias que convierten un gesto en historia. Mi hija primogénita, Beatriz Libertad, que lleva en su nombre la promesa de lo que aún no hemos logrado. Mi esposa, Lydia, con quien he recorrido tantos caminos. Y nuestra amiga Sincia, quien estaría a cargo de las fotos, testigo comprometida de aquel momento.

Llevaba en un sobre, cuidadosamente doblada, la bandera verde con machete y estrella roja. La misma que, en la clandestinidad, ondearon quienes siguieron el ejemplo de Betances. Habíamos hablado con Juan Segarra Palmer, compañero de lucha, y él nos ayudó a contactar a su hijo Amílcar, que vive en París. Quería que fuese él, junto a mi hija, quien desplegara la bandera frente a la casa donde vivió y murió el patriota. No era un gesto simbólico: eran ellos, Beatriz Libertad y Amílcar —nacidos de la lucha, herederos de la dignidad— quienes debían sostenerla.

Cuando llegamos, me invadió un temblor. No de frío —era verano parisino— sino de historia. Miré el número grabado en la puerta, las piedras antiguas, los balcones sencillos. ¿Cuántas veces habrá salido Betances por esa puerta con una carta en la mano, una idea encendida, o el alma dolida por la patria lejana?

Me acerqué a la tarja de mármol con letras en francés. La leí despacio, casi en voz baja, luego en silencio absoluto. Allí decía que ese fue el hogar de Ramón Emeterio Betances: médico de los pobres, abolicionista, patriota antillano.

Cerré los ojos. Y al hacerlo, traté de imaginar el París que le tocó vivir.

Ese París no era de postales. Era el de los desterrados. El de la Comuna herida, los cafés revolucionarios y las imprentas clandestinas. En ese París de exiliados, Betances envejecía entre libros, cartas, ideas y urgencias. Vivía entre estudiantes, anarquistas, obreros. No era un hombre retirado, sino activo en la lucha desde su escritorio: embajador en París del pueblo antillano levantado en armas por la soberanía de Cuba y Puerto Rico. Luchaba con el alma rota por la distancia con Borinquen.

Allí, en el barrio latino, a pasos del Jardín de Plantas y de la Facultad de Medicina donde una vez estudió, Betances conspiraba con tinta y corazón. Había visto caer imperios y levantarse repúblicas. Había sido testigo de los días y consecuencias de la Comuna de 1871. Sabía que la libertad no se mendiga: se organiza.

En 1898, ya enfermo, vio desde su escritorio cómo un nuevo imperio se preparaba para ocupar la patria que tanto amó. Con la misma claridad con la que había denunciado al colonialismo español, escribió con dolor y rabia, pocas semanas antes de morir en septiembre de ese año:

> “¿Qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan?”

Ese clamor sigue ardiendo. A mí me llegó como un trueno mientras imaginaba su rostro entre esas paredes. No era un grito del pasado, sino una pregunta viva. Urgente. Incómoda. Ineludible.

Y entonces, llegó el momento. Amílcar y Beatriz, en representación de las nuevas generaciones de puertorriqueños y puertorriqueñas, desplegaron la bandera de la resistencia frente a la puerta. La sujetaron con solemnidad, con ternura. La estrella roja brillaba tímida bajo la luz gris de París. Fue un gesto sencillo, pero cargado de siglos. Una señal entre generaciones, entre luchas, entre quienes se fueron y quienes aún estamos.

Me costó hablar. Sentí un nudo en la garganta. Allí, de pie en esa acera, entendí que la lucha no es solo acción ni historia: es también memoria, gesto, continuidad. Que viajar no siempre es moverse, sino llegar al corazón de lo que uno es.

Tomamos fotos, sí. Pero lo más importante quedó en el alma.

Antes de irnos, me acerqué a la puerta. Respiré hondo. Le di tres toques suaves. No eran golpes al azar. Eran tres, como él los conocía. Libertad, Igualdad, Fraternidad. No esperaba que se abriera. No hacía falta. La toqué con respeto, como si al otro lado aún viviera un viejo médico, pluma en mano, escribiendo cartas a su patria lejana. Como si la historia pudiera oírme.

Nos fuimos en silencio. Pero no con las manos vacías. Llevábamos algo invisible pero intacto: su ejemplo. Betances no es solo un nombre en una calle de París ni una estatua en bronce. Es una pregunta que sigue retumbando. Y lo repito porque se hace necesario, como en 1898, cuando el nuevo imperio se acercaba a nuestras costas y él escribió desde aquí:

> “¿Qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan?”

Hoy, esa pregunta aún arde. No como reproche, sino como llamado.