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Cezanne Cardona, cronista neobarroqueño

 

 

Especial para En Rojo

Terenciano Mauro, un gramático romano casi completamente olvidado hoy quien vivió entre los siglos segundo y tercero de nuestra era, apuntó en el único libro suyo que conocemos – y lo conocemos muy mal porque estuvo perdido por siglos – una frase que ha tenido mejor fortuna que el libro completo:  “Tienen su propio destino los libros.”  Pensé en esa erudita y sabia frase cuando afortunadamente llegó a mis manos el libro de crónicas de Cezanne Cardona, Leer antes de usar (San Juan, Folium, 2024).  Es que durante los últimos años he buscado y rebuscado con fervor las crónicas escritas por Cardona que aparecen en la prensa sanjuanera.  Como no estoy suscrito al periódico donde se publican regularmente dependo de la generosidad de amigos – “I get by with the help of my friends”— que comparten conmigo esos textos que leo con fruición.  Pensé en la sentencia de Terenciano porque es obvio que estas crónicas de Cardona tienen un destino propio.  Por ello llegan a mis manos a pesar de todo, a pesar de las restricciones del periódico donde aparecen, a pesar de la irregularidad con que las puedo leer.  El casi olvidado gramático latino tenía razón: los libros tienen su propio destino.

¿Por qué ese interés mío por estas crónicas de Cardona?  Es que la ingeniosas combinaciones de erudición y de cultura popular, es que los atrevidos saltos ideológicos y las combinaciones estéticas que se dan en ellas, es que los hallazgos de paralelismos entre textos académicos distantes y hechos políticos cercanos siempre me dejan asombrado y hasta boquiabierto por la capacidad del autor de recordar detalles de la vida y la obra de grandes artistas y asociarlos con manifestaciones de nuestra cultura popular y de nuestra política, hechos estos que parecen tan ajenos y lejanos unos de otros.  Cardona produce de ese modo epifanías deleitosas y deslumbrantes.

¿Cómo funciona este autor que recuerda un mínimo detalle, por ejemplo, de una novela Tolstoi o de un ensayo de Walter Benjamin y los asocia, tomemos por caso, con un incidente de la vida de Roberto Clemente o de Muñoz Marín o de su propio padre para así entender y denunciar un hecho político o social del momento?  En una de estas crónicas Cardona nos ofrece una clave para entender su método:  “La primera semana después del homicidio [el hecho que comenta] busqué escenas y versos con paraguas.” (“Metafísica del paraguas”, 149)   Y de inmediato enumera sus hallazgos: Manuel Gutiérrez Nájera, Pablo Neruda, Francisco Oller, Palés Matos, García Márquez, Kirkegaard y Kafka le proveen la evidencia que buscaba.  (Curiosamente Cardona olvidó el magnífico cuadro de Francisco Rodón, “Desnudo con paraguas” que pudo servirle también y mucho.)  Esta es sólo una clave para entender su método que evidencia el carácter enciclopédico de las alusiones o intertextualidades que maneja.  La mente de Cardona parece ser un archivo sacado de la Biblioteca de Babel de Borges.

No es mi propósito – muy lejos de ello estoy – indagar directamente sobre esta sorprendente capacidad de Cardona para relacionar ideas y hechos distantes y aparentemente nada relacionados con los cuales ilumina, después de un sorpresivo salto mortal estético e ideológico, algo tan cercanos a nosotros y que parecería no tener nada que ver con esos datos, con esos hechos, con esos recuerdos a los que recurre.  Esos atrevidos saltos siempre terminan con una nueva y deslumbrante revelación.  Pero este proceso nunca es pedante a pesar del despliegue de su amplia erudición.  Pero mi propósito es mucho más sencillo y menos ambicioso: quiero compartir algunas de mis impresiones y atisbos sobre estas deleitosas e iluminadoras crónicas con la intención de llevar a otros al placer de su lectura y al provecho que se obtiene de la misma.  Para así hacerlo trato de hallar claves en estas crónicas que me ayuden a entenderlas mejor para, así, apreciarlas más.  Me guían en este proceso el recuerdo de unas palabras de la gran comentarista de poesía Helen Vendler quien decía que escribía comentarios críticos para aclararse a ella misma lo que leía.

Lo primero que hallo en estas crónicas, no escondido aunque sí expuesto de manera indirecta, es el reclamo de una genealogía en la que Cardona quiere colocarse y colocar su obra.  El autor esboza la misma porque siente que sus crónicas forman parte de esa corriente.  La llama “nuestro verdadero barroquismo” (“Gracias por el funeral”, 158) y lo ve funcionar en “Perfume de gardenia”, la estupenda película de Macha Colón.  Pero son los comentarios sobre cuatro escritores boricuas – Palés Matos, Tomás Blanco, Emilio S. Belaval, Luis Rafael Sánchez – los que le sirven para identificar esa corriente estética, esa genealogía que reclama para su obra.  Me temo que habrá quien piense que manipulo la evidencia que obtengo de estos textos para sustentar mi propuesta de ver en nuestras letras y en nuestras artes visuales una corriente estética neobarroca que he llamado “neobarroqueña” o sea, un neobarroco puertorriqueño.  Pero las observaciones de Cardona sobre estos cuatro escritores evidencian su reclamo de pertenecer a esa corriente estética en la que su obra cabe perfectamente bien y de la cual se nutre.  Su libro sustenta mi tesis.  Esto se hace evidente cuando asevera que desde muy temprano aprendió la gran lección estética e ideológica “de la ironía mordaz de Belaval, tal vez el primer escritor que se atrevió a parodiar, con puntería cruel y milagrosa, este turismo tormentero nuestro” (“Contra la meteorología”, 14).  Y ese turismo que ve como objetivo de la sátira de este gran cuentista es una sinécdoque que engloba toda nuestra realidad social y política.

Como Belaval y Sánchez, especialmente como este último, Cardona defiende el empleo “del humor corrosivo” (“Figuraciones en el mes de julio”, 63) para denunciar nuestros males sociales.  Pero declara que, contrario a toda una fuerte tradición en nuestras letras que confía plena y ciegamente en que la obra de arte sirve para alterar la sociedad, esta “no está hecha para cambiar manuales de conducta, sino para encender corazones” (“Parábola del pelo malo”, 138).  En otras palabras, la literatura afecta la sociedad pero lo hace indirectamente.  A esta conclusión llega partiendo de un texto de Sánchez, escritor a quien obviamente admira y de quien ha aprendido mucho.

Por ello y al igual que estos autores que veo como sus progenitores, especialmente como Sánchez, Cardona juega con el lenguaje y se vale de nuestra lengua de todos los días para crear palabras o para adoptar términos que un escritor que siga las limitantes y rancias normal lingüísticas no se atrevería emplear y hasta denunciaría por aparentemente no seguir las reglas gramaticales.  Esto no quiere decir que su manejo de la lengua sea descuidado o incorrecto.  No, muy al contrario, Cardona es un maestro de la lengua y la enriquece con sus creaciones y préstamos que lo retratan como un artista con pleno dominio de su instrumento.  Pero estos juegos verbales tienen un propósito; tienen un profundo sentido.  Por ello, en “Los libros descongelan mejor”, el mayor homenaje que le rinde a Tomás Blanco en este libro, Cardona explica por qué emplea un adjetivo que es un calco del inglés, desfrisada, adjetivo cuyo empleo se podría ver como una falla léxica y hasta una traición política.  Pero Cardona usa muy consciente y orgullosamente “… ese anglicismo conjugado que se me antoja por su parecido a ese otro verbo transitivo: descifrar” (7): Desfrisar/Descifar.  Ese aparente insignificante juego léxico evidencia su conciencia lingüística y su agilidad verbal que conlleva una función estética y política.

Estoy seguro que habrá lectores que se sorprendan negativamente por las frecuentes alusiones que pueblan estas columnas y hasta lleguen a condenar el frecuente empleo de esta técnica.  Es que si se abre cualquier página de Leer antes de usar aparecen referencias múltiples y constantes: a Víctor Hugo, a Ernest Hemingway, a James Joyce, a Annie Ernaux, a Albert Camus, a René Marqués, a Shakespeare, a Carlos Monsiváis, a George Steiner, al Marqués de Sade, a Álvaro Enrigue, a Frank Báez, entre muchísimos otros.  Las referencias a Homero son constantes y tienen un sentido muy especial.

Cabe preguntarse por qué emplea tan asiduamente este técnica.  Veo en este empleo dos razones que se complementan.  En primer lugar creo que Cardona se vale de estas referencias para colocar lo nuestro en un amplio contexto, en ese que desafortunadamente muchos llaman “universal”.  Con esas referencias, que nunca son mero “name dropping”, parece revisar la vieja polémica a la que alude en una de estas crónicas, la polémica entre “occidentalistas” y “puertorriqueñistas”.  Cardona sabe que, como salomónicamente probó Nilita Vientós Gastón, esa disputa es falsa.  Pero no por ello quiere dejar de apuntar que pertenecemos a un mundo que es ancho, pero no ajeno.  Por ello, creo, su contextualización de nuestras letras en un amplio marco cultural tiene ese claro propósito.

En segundo lugar creo que Cardona, hijo de nuestros tiempos, ya no parte de la falsa ilusión de que se puede crear una obra de arte a partir de cero.  Sabe, como fiel lector de Borges, que toda creación parte de otra, de otras, de múltiples.  Esta idea nutre la estética neobarroca que postula que toda creación es una relectura.  Cardona hace esto más que evidente con el empleo de estas referencias.  Pero no por ello sus textos se convierten en un mero juego de erudición, en un vano listado de nombres, en un “name dropping” sin sentido.  Por ello en el prólogo del libro nos ofrece una síntesis de su labor que describe paradójicamente como “[s]alvación y condena, presión y pasión, periodismo y literatura, rabia y ternura, fuego y fuga, indignación y nostalgia, fondo y forma” (xiv).  La alusión a esos términos privilegiados por la ya vieja estilística – “fondo y forma” – demuestran que Cardona sabe muy bien qué herramientas usa y por qué las emplea.

Mucho más habrá que decir sobre este rico libro.  Apunto aquí estos breves atisbos críticos que guiaron mi lectura de Leer antes de usar y que me sirvieron para aclararme lo que leía porque espero que estas páginas sirvan para llevar a otros lectores a este imponente, inteligente e importante libro.

The Old Oak de Ken Loach: sigue cautivando con su mirada políticamente humana

 

En Rojo

 

Director:Ken Loach; guionista: Paul Laverty; cinematógrafo Robbie Ryan; elenco: Dave Turner, Ebla Mari, Claire Rogerson, Trevor Fox, Chris McGlade, Col Tait, Jordan Louis, Chrissie Robinson, Chris Gotts, Jen Patterson.

Gracias al Festival Internacional de Cine de este año (29 de agosto-4 sep), el público pudo ver el + reciente filme del director inglés Ken Loach, quien comenzó hacer su cine independiente en 1967 con Poor Cow y desde entonces no ha cambiado su temática: los desafíos de la vida diaria de la clase trabajadora tanto en el Reino Unido como el resto de las sociedades occidentales capitalistas. Algunxs dirán, pero dale con el mismo tema, pero lo que no entienden es que cada filme es una historia tan humana y real que nos conectamos de inmediato. Algo que hasta los que habitan el reino del cine en Cannes valoran al invitar la participación de 15 de sus filmes y premiar dos de ellos con el Palm d’Or (2006, 2016) y el Premio del Jurado (1990, 1993, 2012), otro Mejor Actuación (2000), otro Mejor Guion (2002) y ganar los premios  FIPRESCI Y ecuménicos y del público en casi cada festival. Ha participado, sido nominado o ganado, a través de su extensa carrera, el César de Francia, el Goya de España, el Coral de La Habana, San Sebastián, Berlín, BAFTA, Venecia y Premio Mejor Filme de Europa.

Como excelente director que quiere transmitir la realidad de la calle a la pantalla grande para que las supuestas pequeñas historias se conozcan por el resto de las poblaciones, The Old Oak/El viejo roble comienza con una escena reconocible en Europa: la llegada de refugiados en su mayoría provenientes del cercano Oriente y países africanos a ser acogidos temporeramente en pueblos pequeños y muchas veces despoblados de habitantes europeos. En el condado de Durham al noreste de Inglaterra, pueblo próspero de minas de carbón que una vez fue, los jóvenes, adultos y viejos que todavía permanecen porque es el lugar donde nacieron y crecieron, ven a los refugiados como sus enemigos. Este discurso puede sonar muy parecido al trumpiano y sus seguidores: el gobierno no puede controlar sus fronteras y utiliza el presupuesto para proveerle a ellxs lo que no se dignan hacer con sus propixs ciudadanxs. Lxs ven como inferiores, mendigxs, posibles criminales y aprovechándose de un gobierno liberal/socialista/comunista. Loach ofrece un cuadro muy diverso de los residentes de Durham y dedica una gran parte de su filme a explorar el pasado del pueblo y en el presente el resentimiento y frustración de los residentes. Interesantemente, los que expresan su negatividad para aceptar cambios y para ver a los recién migrados como seres humanos con + necesidad que ellos mismos, son los hombres.

 

Las mujeres no parecen tener tiempo para ir al ‘pub’ The Old Oak a recordar los viejos tiempos—que nada de bueno eran porque había que trabajar duro y pasar por muchas frustraciones para conseguir algo suyo—o quejarse en grupo de los migrantes y el gobierno y repetir las mentiras que fluyen por el internet. Mientras tanto, Laura y otras mujeres del pueblo se unen a una ONG para proveerle lo básico a los migrantes, otra trabaja par de horas en el ‘pub’ y están + abiertas a conocer + de la condición de estas familias desplazadas por la guerra, en este caso específicamente de Siria. La historia gira alrededor de TJ Ballantyne, dueño del ‘pub’, que heredó de su padre y que se ha propuesto que permanezca abierto—al menos la parte principal de la barra—a pesar de no tener dinero para arreglos esenciales. Respeta el código de los bares locales de servirle la cerveza y los tragos a los clientes, escuchar sus conversaciones, afirmar con la cabeza cuando le preguntan su opinión y nunca involucrarse en temas divisivos. Por eso su ‘pub’ sigue siendo el centro de reunión de los que todavía permanecen aquí y recuerdan cómo formaron su comunidad.

Loach nos presenta algunos de los problemas + severos del pueblo: viviendas devaluadas, desempleo, falta de incentivos para los jóvenes estudiar, dependencia gubernamental, estancamiento e inhabilidad de imaginar un futuro mejor. Pero sí existe una historia de hombres trabajando en las minas, formación de colectivos, experiencias serias y violentas de huelgas e intervención gubernamental y una comunidad que se apoyaba en cada crisis para mejorar sus vidas. Lxs espectadorxs descubrimos esto cuando la joven Yara, la refugiada siria que se enfrenta a cualquiera que le falte el respeto e intente hacerle daño a ella, su familia y sus nuevas amistades, reconoce la sinceridad de este hombre extraño y solitario que está dispuesto a ayudarla y defenderla. Nada de esto es heroísmo, sino descubrir que todxs son seres humanos que con ayuda mutua todxs avanzan y ganan.

Conocemos a la comunidad de Yara—su familia inmediata de madre, hermanxs y padre desaparecido y conocidxs sirios—con sus historias de vivir el terror de un bombardeo continuo, arrestos y desaparecidos, falta de vivienda y modo de sustentarse. Aunque el filme recoge la situación siria desde la guerra de 2011 y acrecentada desde entonces por intervenciones tribales y de otros países, es casi como si nos refiriéramos a Gaza ahora mismo. Yara será la voz informativa de la situación política y social de la que provienen y esa violencia que narra contrasta con el empecinamiento de esta comunidad de crear un sentido de normalidad que les permita prevalecer. Tanto Yara como TJ tienen la experiencia y buscan puntos en común de cómo crear un sentido comunitario en tiempos de crisis. Como es la costumbre de Loach, la mayoría de los intérpretes, tanto sirios como ingleses, no son actores sino participantes de un proyecto que cuenta sus experiencias.

En las conversaciones que sostienen TJ y Yara, se puntualiza la importancia del ‘pub’ como lugar central de reuniones, celebraciones y guardador de la historia del pueblo. Por eso puede deteriorarse todo a su alrededor, pero tanto TJ como la comunidad siguen asistiendo al lugar, riéndose y lamentándose, expresando su ira y frustración por los cambios que nunca esperaron, por su estancamiento económico, por no visualizar un futuro de esperanza. Esto precisamente es lo que aprenden todxs cuando se ven como seres humanos hermanadxs en el sufrimiento y en la esperanza siempre presente de otro mundo mejor. Loach escoge un perrito como Marra—que significa “mate”, amigo de por vida—para en una sola escena revelar la vida de un hombre “cualquiera”, con sus sueños y logros, pérdidas y avances que se levanta cada vez que cae y que no teme revelar sus debilidades. Por eso su historia de familia de mineros, la unidad que eso significó es un enlace con la historia de los refugiados con sus desplazamientos, supervivencia, unidad familiar y vecinal y la convergencia en los momentos de pérdida.

 

El cine documental de Tito Román Rivera

 

En Rojo

 

0.El cine documental tiene sus raíces en los primeros días del cine, a finales del siglo XIX. Las primeras imágenes en movimiento de los hermanos Lumière, capturaban la vida cotidiana y eventos reales. Podríamos decir que eso sentó las bases para el género documental. Digamos que en 1895, se filma uno de los primeros documentales: La salida de los obreros de la fábrica Lumière. Ellos no se lo plantearon de ese modo pero se estaba marcando el inicio de una nueva forma de contar historias.

Durante las décadas de 1920 y 1930, el cine documental comenzó a desarrollarse como un género más distintivo. El movimiento del «documental de propaganda» floreció, especialmente con obras como El hombre de la cámara de Dziga Vertov, que exploró la relación entre la realidad y el cine con lo que podemos establecer como un estudio sobre el movimiento en cuerpos y objetos. Este periodo también vio el surgimiento de documentales más narrativos y estilizados.

En la década de 1960, el cine documental experimentó una revolución con el movimiento del «nuevo documental», que se centró en la realidad social y política. Directores como Frederick Wiseman y el grupo de cineastas del Direct Cinema en Estados Unidos promovieron un estilo más observacional, utilizando técnicas como la grabación en tiempo real y la ausencia de narración -lo cual no era nada nuevo porque, en fin, Vertov-.

A lo largo de las décadas siguientes, el cine documental continuó evolucionando, incorporando nuevas tecnologías y estilos. En los años 90 y 2000, el uso de la tecnología digital permitió a mas cineastas crear documentales de forma independiente, aumentando la diversidad de voces y temas. Documentales como Bowling for Columbine de Michael Moore y Super Size Me de Morgan Spurlock alcanzaron gran popularidad, en un público no necesariamente aficionado a los documentales.

 

  1. Tito Román Rivera es uno de nuestros documentalistas contemporáneos. Cineasta con clara dirección a los asuntos políticos y sociales, sus dos obras, El Antillano y la más reciente, Psiquis: un giro decolonial, lo convierten en uno de nuestros realizadores más conocidos. Psiquis continúa el formato y la capacidad para informar, provocar y conmover con el lente, lo que convierte su trabajo en una parte esencial del panorama cinematográfico contemporáneo nacional y en el modo de crear un discurso sobre nosotros y nosotras.

Conversamos con Román Rivera a solo días del inicio de la exhibición de su documental en los cines comerciales.

Tito está claro:  a diferencia de la ficción, los documentales se centran en eventos, personas y temas reales, buscando representar la verdad y la realidad de manera precisa. Y en Psiquis: un giro decolonial, el propio Román es sujeto de la puesta en el lente. La transformación ideológica -que continua- es protagonista del film. La perspectiva del cineasta es parte de la interpretación del material.

Tito Román

Claro, se incluyen entrevistas  a figuras como el delirante vocero de la reunificación con España o doña Miriam, esa caricatura del asimilismo, cuyas posturas de manera paradójica, pretenden ser anticoloniales. Eso le da un ritmo divertido al documental en el que, por otro lado, muestra que hay una considerable investigación y recopilación de datos, lo que permite una representación informada y fundamentada del tema y, a la vez, una excelente edición.

Mientras El Antillano se exhibía ya el también activista pensaba en este otro trabajo. En ese primer abordaje a la nave del cine, la figura monumental de Betances es el centro de las reflexiones. Román entonces pensaba en la posibilidad de darle forma a una reflexión interna, más cercana a los asuntos de como el coloniaje moldea nuestros modos de pensar. De ahí que la lectura de Albert Memmi (Retrato del colonizado) y posteriormente de Frantz Fanon (Los condenados de la tierra) le abrieron nuevas perspectivas de analizar el mundo y a sí mismo. Y la idea fue madurando mientras realizaba el proyecto inicial.

Román Rivera no deja de señalar que le debe su desarrollo como cineasta a sus maestros en la escuela del barrio San José, que le alentaron a participar en talleres de cine que dirigía Jacobo Morales en varios residenciales públicos alrededor de la isla. A partir de esa experiencia decidió que eso era lo que haría con su vida: trabajar en el cine. Y otra de sus maestras, Ana María García, en la Escuela de Comunicaciones, se convirtió en mentora.

No quiero contarles el documental, solo les remito la entrevista en el enlace a continuación y que pueden ver en nuestras páginas electrónicas.https://youtu.be/a-6I0xyQlUE?si=hhQw6d4eeSAOi-wx

Psiquis: un giro decolonial  es un trabajo que hay que ver. Román nos va acostumbrando a usar imágenes de archivo, fotografías, gráficos , animación, poesía y música para enriquecer la narrativa y captar la atención del espectador. Es un modo ameno de informar, educar y concienciar al público sobre temas sociales, políticos o culturales. Vayan a verla.

 

 

La invasión de Ilión de Max Resto

 

 

Una de las características que definen la literatura es la intertextualidad, es decir, la relación de un texto con otros mediante varios procedimientos y el uso de esos textos en una obra literaria. Éste es el caso de la novela Ilión (2024) del escritor puertorriqueño Max Resto que desde su título hace referencia a la ciudad de Troya de la epopeya clásica La Ilíada atribuida tradicionalmente a Homero. Ilo es el fundador mítico de esa ciudad (Ilión/Troya) que se convierte en la capital de los troyanos, una ciudad anatolia de Turquía situada en el emplazamiento hoy conocido como la colina de Hizarlik (colina dotada de fuerza en turco). Todas estas referencias se hacen eco en la novela de Resto en este lado épico, paralelo a La Ilíada, mediante el cual se establece el marco del conflicto entre una fuerza policial corrupta como la unidad de operaciones tácticas de la policía militar y el mundo del narcotráfico en la Isla de Puerto Rico con la política de “mano dura contra el crimen” de la década de los años 90 durante la gobernación de Rafael Hernández Colón (1985-1993) y Pedro Roselló (1993-2001).

Hasta cierto punto recuerda la emblemática novela La guaracha del Macho Camacho (1976) de Luis Rafael Sánchez y su relación con el cuento «La autopista del sur» de Todos los fuegos el fuego (1966) de Julio Cortázar en su dimensión intertextual. Así como Sánchez sigue de cerca el cuento de Cortázar en su novela, Resto relee y recontextualiza la tradición épica de una manera lúdica en su novela Ilión, de unas 310 páginas, publicada en la Colección Narrativa Breve “Susodinho Araujo DaSilva” de Yagunzo Press International con ilustraciones tomadas de The Story of Iliad de Alfred John Church hechas por John Flaxman y una última imagen de la muerte de Aquiles hecha por Alexander Rothaug en Alemania. En otras instancias de la narración se retoman técnicas narrativas del Boom hispanoamericano reescribiendo la icónica primera oración de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez donde el Coronel Aureliano Buendía recuerda la tarde en que su padre lo lleva a conocer el hielo: “Muchos años después frente al umbral de la muerte, el adorado cacique Héctor había de recordar aquella tarde remota en que Príamo lo llevó a conocer el hielo” en el momento en que llega el primer encargo de droga para ser distribuida: “varios bloques de dos kilogramos de una cocaína que le hacía brotar pelo a los pectorales más lampiños”.

Ilión es ese “impenetrable lugar fuertemente fortificado”, epicentro del tráfico de drogas, de la París pura (cocaína) codiciada por todos (“la más pura de todas las puras jamás pensada”), lugar al que deben invadir y desmantelar las fuerzas del gobierno para aparentar el “triunfo” fallido contra el crimen y apoderarse del negocio de la cocaína para continuarlo de modo clandestino dominado por las fuerzas del poder en la isla. En un acto de narrar que copia y continúa el lenguaje formular de la épica, así como la técnica de catálogo de las Naves, donde se detallan las fuerzas que participan en el conflicto, y el narrador se embarca en una historia que hace una excelente radiografía de los dos ejércitos o fuerzas enfrentadas en esta lucha por el control del poder y el narcomenudeo. La geografía de una ciudad llamada San Juan, entre la ciudad amurallada, el Barrio La Perla, los caseríos o residenciales de la zona de Santurce, el antiguo barrio Cangrejos durante la Colonia, está el escenario en el cual los personajes con nombres de héroes y dioses griegos, muchos con apellidos criollos, se desenvuelven a sus anchas: Doña Hécuba, Elena Pardo de Gracia, Don Poseidón Náter Plaza, Aquiles Flores, Ulises Parés-Iriarte (el periodista), Don Atreo Gracia, Menelao Gracia, Héctor, Antíloco Crespo, Hera, Atenea, Néstor Pérez, Agamenón Gracia, etc.

La estructura de la épica (inicio, desenlace y fin) como estipuló Aristóteles en su Poética se cumple a cabalidad en los cuarenta y siete capítulos de Ilión. Los veinticuatro cantos de La Ilíada de Homero se reescriben desde la perspectiva isleña y sus conflictos modernos en los capítulos de la novela desde la peste y la cólera hasta el rescate del cadáver de Héctor pasando por el sueño de Agamenón y la Beocia, los juramentos y Helena en la muralla, la violación de esos juramentos y revista de las tropas, la gesta de Aquiles, la gesta de Agamenón, el combate en la muralla, el engaño de Zeus, la gesta de Patroclo y la gesta de Menelao, entre otros sucesos claves. Cada una de estas historias clásicas se recuentan y reescriben en el escenario del Viejo San Juan, el Barrio La Perla (Ilión) y la zona metropolitana de la capital en sus espacios de comunidades especiales llamadas residenciales o caseríos con nombre ficticios de corte mitológico, como Las Briseidas (de Briseida, viuda de Tróade que fue raptada durante la guerra de Troya por Aquiles) o Los Licios (de Licio, el Aquiles romano) así como otras barriadas aledañas como Barrio Bermejo. Y en este sentido, el espacio de la ciudad es también uno de los personajes centrales de la trama.

Con una maestría excepcional Max Resto restaura para el imaginario boricua la época de conflictos políticos de los años 90 que marcaron lo que fue la política puertorriqueña hacia finales del siglo XX sin necesariamente hacer una novela histórica documentada sino una especie de épica novelada de nuestra formación como nación fracturada por la colonia y sus secuelas. La invasión de Ilión es la metáfora del poder consolidado de las autoridades que participan de la corrupción en el juego sucio de la política que promueve lo que prohíbe y, en una hipocresía atroz y mezquina, disfraza las supuestas fuerzas de la ley y el orden apoderándose de los márgenes para mover los hilos por detrás como si nada hubiera pasado. La redada final es una farsa para recibir “las bondades del perdón cuando se le cumplan las breves promesas del olvido” en esta preclara reescritura criolla de La Ilíada de Homero que es Ilión de Max Resto.

 

 

En la colonia el estatus siempre está en «issue»

 

Una de las preguntas recurrentes que tiene que contestar Juan Dalmau en sus múltiples comparecencias públicas como candidato a Gobernador por la Alianza de País en las elecciones generales del próximo 5 de noviembre, está relacionada con la perenne discusión sobre el estatus político de Puerto Rico. Al asunto se le trata como al llamado «elefante en el salón», un tema particularmente espinoso que es imposible ignorar, pero que nadie- en especial los políticos- quieren tocar «ni con una vara larga».  En esta temporada eleccionaria en particular, el asunto ha estado bien presente en la palestra porque la candidatura del independentista Dalmau ha cobrado una fuerza inusitada, lo que aprieta el botón de la alarma en los enemigos tradicionales de la independencia para Puerto Rico.

Sin embargo, si todos los medios, politólogos y analistas mediáticos fueran competentes, creativos y honestos- la mayoría lo es- el asunto del estatus debería ser un tema impostergable e incisivo, no solo cuando cubren o entrevistan a Dalmau, sino a todas y todos los candidatos de todos los partidos, particularmente aquellos que aspiran a la gobernación y la comisaría residente, posiciones que los convierten en interlocutores directos  con las autoridades de la metrópolis en Puerto Rico, que es la Junta de Control Fiscal, y en Estados Unidos que son el Presidente, el Congreso y el Tribunal Apelativo y Supremo.

Pero esta no ha sido una temporada electoral como las demás. Después de las primarias de los partidos Nuevo Progresista (PNP) y Popular Democrático {PPD), la candidata a la gobernación seleccionada por el PNP, Jennifer González, ha adoptado la peligrosa práctica de evitar comparecer ante los medios y programas de análisis político, así como a los foros y conversatorios que se organizan para escuchar las propuestas de los distintos candidatos y partidos. Igualmente evasivo con el tema del estatus ha sido el candidato del PPD a la gobernación, Jesús Manuel Ortiz. Tal parecería que, en ambos casos,  se trata de una estrategia de auto preservación ante posibles cuestionamientos sobre un tema que no les favorece.

Por tanto, ni han trascendido las preguntas de los periodistas a estos candidatos sobre el tema del estatus político,  ni tampoco los propios candidatos del PNP y el PPD han sido muy proactivos presentando sus propuestas sobre el mismo.

Por supuesto que quieren evadirlo. El tema no les favorece, sobre todo ahora que, después de más de 60 años, los partidos Republicano y Demócrata de Estados Unidos han hablado duro y claro sobre el tema del estatus político de Puerto Rico. El Partido Republicano- al que pertenece la candidata a la gobernación del PNP- le quitó su respaldo a la anexión o estadidad para Puerto Rico, y eliminó dicha opción del programa de su partido. Por su parte, el Partido Demócrata, al que pertenece el candidato del PPD, dejó de respaldar al Estado Libre Asociado (ELA), nombre con que pretendieron por 60 años maquillar el colonialismo puro y duro de Estados Unidos en Puerto Rico.

Por eso Jenniffer González del PNP no quiere hablar del tema, sobre todo ahora que, aún después de la bofetada recibida, su partido se propone celebrar otra consulta falsa de estatus, la tercera consecutiva, para tratar de cargar a su favor la.contienda electoral, con una «estadidad» que  ella sabe que nunca llegará. Otro engaño más para seguir cogiendo de tontos a sus propios votantes. Por su parte, Jesús Manuel Ortiz del PPD tampoco quiere hablar del tema, sobre todo por lo feo que le queda seguir insistiendo en la farsa de un ELA que realmente nunca existió y que solo fue una cortina de humo para Estados Unidos evitar la.condena internacional por mantener un régimen colonial en Puerto Rico.

En las colonias, el tema del estatus político siempre está en «issue» y, por más que se rehuya, asomará sus gigantes orejas y trompa, como el llamado «elefante del salón». Por eso, la Alianza tiene una propuesta madura y clara para atender el tema , conforme al derecho internacional y mediante una Asamblea Constitucional de Estatus con amplia participación de todos los sectores, partidos y tendencias ideológicas no territoriales ni coloniales en Puerto Rico. Impulsar y adelantar ese proceso, en acuerdo y negociación con el Presidente y el Congreso de Estados Unidos, será la única opción para que nuestra nación caribeña y latinoamericana pueda labrarse un rumbo político y económico propio y próspero.

Los partidos de Estados Unidos, que representan a las y los políticos que saldrán electos este próximo noviembre en las elecciones allá, ya se expresaron elocuentemente al respecto,  rechazando las opciones del ELA y la estadidad. Ahora le toca a nuestro pueblo trabajar en serio, sin auto engaños ni espejismos, para trazar la ruta hacia un estatus político final y digno para las futuras generaciones.