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La lenta oscuridad que se avecina en In a Violent Nature y Longlegs

 

 

Especial para En Rojo

Desde que en el 2022 un grupo de críticos en Sight & Sound nombró Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (dir. Chantal Akerman, Bélgica y Francia, 1976) como la mejor película del cine, muchos argumentan que esta le robó el reconocimiento a otras joyas como Citizen Kane (dir. Orson Welles, EE. UU., 1941) o Vertigo (dir. Alfred Hitchcock, EE. UU., 1958) por políticas de identidad. Ellos explican que en estos tiempos woke, la película sobresale porque en ella domina la perspectiva de una mujer (Jeanne Dielman, actuada con una sutileza fascinante por Delphine Seyrig), porque la directora era abiertamente queer y/o porque era feminista. El punto es que estas personas no pueden entender cómo una película tan lenta, donde la cámara sigue a Dielman haciendo sus rutinas diarias en silencio por casi tres horas y media, puede ser tan valiosa como otros clásicos. Muchos de los filmes que me han marcado como cinéfilo llevan un ritmo sumamente lento y sobresalen porque permiten que el espectador habite un lugar y coexista entre personajes que se sienten reales por su profundo desarrollo. En Jeanne Dielman, nos detenemos al lado de la protagonista mientras ella cocina, limpia la casa, hace sus compras y se sienta a la mesa a comer en silencio con un joven que parece ser su hijo. Pero Dielman gradualmente se derrumba. El acto final es impactante precisamente porque rompe con la narrativa visual y por la pausada actuación de Delphine Seyrig. Esta es una película que persiste y su gloria se debe mayormente a su parsimonia.

El cine, tanto como el arte en general, siempre desafía la narrativa convencional y repetitiva. Un cineasta (y uso la palabra de manera inclusiva como el concepto teatrero, que identifica a cualquier miembro de una producción sin importar jerarquías de poder o roles) innova a su manera sobre una película dentro del área en la que trabaja. Por ejemplo, en el cine de género, contamos con unos lugares comunes que cada película comparte para así identificar por esas conexiones su molde ya sea de horror, de comedia o de acción, entre otros. Sin embargo, un buen cineasta (libretista, director, músico, actor, fotógrafo, editor, etc.) expande en el género para dejar su huella. Los que somos fanáticos del cine de terror, hemos visto obras poderosas que van desde la joya navideña, Black Christmas (dir. Bob Clark, Canadá, 1974), donde una sororidad es asediada por un asesino movido por su violencia misógina; a The Texas Chainsaw Massacre (dir. Tobe Hooper, EE. UU. 1974), donde un grupo de jóvenes entran en la casa de una familia caníbal en la que brilla el imponente Leatherface. Ambas películas popularizaron tropos que vemos florecer de maneras particulares en la más reciente In a Violent Nature (dir. Chris Nash, Canadá, 2024). En esta última, sentimos la desesperación de las víctimas, pero tan solo a través de los ojos del monstruo. La cámara siempre se mueve un paso detrás de la criatura. Durante la película, cuyo final debilita la maravillosa innovación sobre el género del terror al devolverle la narración a la víctima, el monstruo vaga por largos momentos a través de los sonidos de la naturaleza con una poderosa ausencia de diálogo. En silencio, se acerca a cada uno de los jóvenes que violentan la calma de la campiña para destazarlos sin un ápice de emoción. In a Violent Nature no solo reta la tensión del genero del terror, que tradicionalmente se construye al privilegiar la voz de la víctima, sino que también prioriza el ritmo narrativo lento mientras el asesino se acerca a su próxima presa.

El cine de Oz Perkins también brilla por su andar despacio ya que el director construye cuidadosamente la atmósfera de sus historias. En I Am the Pretty Thing That Lives in the House (dir. Oz Perkins, Canada, 2016), Lily (Ruth Wilson) cuida una paciente encamada con demencia que fue escritora de literatura de horror. Lily comienza a experimentar sensaciones raras que la llevan a leer una de las novelas de su paciente. Poco a poco, la realidad comienza a desaparecer y el ambiente de la casa se torna en una pesadilla. El filme no es perfecto ya que su final es algo apresurado y Perkins nunca llega a desarrollar las proporciones espeluznantes hacia las que apunta la historia. Sin embargo, la película se siente como una oda oscura a una casa vieja donde otras vidas han dejado su presencia. Esa energía que persiste se siente en los huesos, en los celajes que casi se ven y en los libros de una escritora que ya no está presente. Aunque muchos críticos rechazaron I Am the Pretty Thing…, la película encierra al espectador en una casa iluminada con algunas sombras que nos observan desde las esquinas.

En su más reciente Longlegs (Canadá y EE. UU., 2024), Perkins cuenta la historia de Lee Harker (Maika Monroe), una agente federal que persigue a un asesino en serie obsesionado con el ocultismo. El sospechoso principal es Longlegs (Nicolas Cage), un hombre misterioso que puede estar relacionado a los asesinatos, aunque se desconoce de qué manera. Perkins es un director con un toque único. El personaje de Longlegs sale muy poco en la película y, por eso, la extraña actuación de Cage combinada con su bizarra apariencia visual son una alucinante explosión de presencia. La actuación exagerada de Cage contrasta la frialdad del personaje de Harker, que esconde un trauma que puede tener conexiones a los asesinatos. Lo interesante del trabajo de Perkins es su concentración en lo atmosférico. En Longlegs predomina el punto de vista de Harker, un detalle que la cinematografía de Andres Arochi enfatiza por su uso de grises y de una tenue luz solar. Estamos en un mundo casi en sombras y marcado por la violencia. De hecho, todas las películas de Perkins, que también incluyen The Blackcoat’s Daughter (Canadá y EE. UU., 2017) y Gretel & Hansel (Irlanda, Canadá y EE. UU., 2020), son historias donde sus protagonistas mujeres confrontan entes oscuros con los cuales cada una interactúa de maneras muy particulares. Este conflicto se desarrolla en ambientes marcados por las luchas internas de las protagonistas y por el avance lento hacia una resolución que tan solo funciona en los impasibles parajes de Perkins.

In a Violent Nature, que pueden alquilar en cualquier plataforma; I Am the Pretty Thing That Lives in the House, que pueden ver en Netflix; y Longlegs, que se exhibe en las salas de cine de la isla, no son experiencias fáciles ni perfectas. Sin embargo, ambas se toman su tiempo para explorar textos de maneras únicas. Ambas son precisamente el tipo de cine que busco por sus propuestas extraordinarias.

 

 

 

Editorial-Gracias por todo Topo, te ganaste la inmortalidad  

Foto Alina Luciano

 

Antonio Cabán Vale, el Topo (1942-2024)

Desde hace años, nuestro pueblo instaló a Antonio Cabán Vale, el Topo, entre los grandes poetas y cantores de la patria puertorriqueña. Se ganó ese sitial a través de su impresionante carrera de cerca de 60 años como uno de los artistas más inspirados e inspiradores que ha producido Puerto Rico. Su obra musical emblemática, Verde Luz, ha adquirido estatura de himno nacional para nuestro pueblo. Su poético canto al verdor de nuestro mar y nuestros campos funde a todo nuestra gente en una sola voz. Solo un gran poeta puede logar esa emoción colectiva. Y Antonio Cabán vale fue, sobre todo, un extraordinario poeta y la poesía fue la primera manifestación del enorme caudal de dones con que la naturaleza lo dotó.

Fue en la Universidad de Puerto Rico donde este hijo del sector Caraima del Barrio La Cruz de Moca, Puerto Rico encontró su voz poética como miembro del Grupo Guajana, un colectivo de poetas jóvenes,  de gran valía y obra profunda, que surgió para los primeros años de la década del sesenta del siglo pasado. Fue allí también donde uno de sus compañeros poetas lo llamó Topo, apodo con el cual se consagró – tanto dentro como fuera de Puerto Rico-  como una de las más importantes figuras de la llamada Nueva Canción.

El Topo dejó su huella en la poesía con dos importantes poemarios: Un lugar fuera del tiempo y Penúltima Salida, obras que recogieron su voz poética durante esos primeros años de gran crecimiento intelectual y patriótico para nuestro cantor. En 2009 publicó su más reciente poemario, Lluvia del Este.

Concluida su carrera universitaria trabajó como maestro, pero continuó labrando su vocación de poeta y patriota con nuevos proyectos e iniciativas. Estuvo entre los fundadores del Grupo Taoné, surgido en 1969, un extraordinario taller colectivo de creación artística, musical y patriótica que representó un vuelco en el escenario musical puertorriqueño. Taoné abrió un nuevo nicho para la canción patriótica y de protesta social, y dejó un profundo impacto en nuestro pueblo y en las nuevas generaciones de poetas, cantantes y músicos.  Con Taoné, El Topo pudo llevar su poesía a todos los rincones de Puerto Rico y otros países, en forma de canciones únicas que han trascendido en el tiempo y se han convertido en poemas cantados que todo nuestro pueblo atesora.  De esos años fueron Verde Luz, el himno al suelo libre y la estrella sola, Solina Solina, a la que Cupido le dio una flor, y Antonia, en la cual su voz poética y política se funden para cantarle a la mártir estudiantil, afirmando que “los pueblos no perdonan” y llamando a nuestro pueblo a seguir presente “para mostrarle al mundo la luz que nace en ti”.   Antonio Cabán Vale fue siempre una voz viva y lúcida, no sólo para cantarle a los mejores sentimientos humanos de amor, ternura y solidaridad, sino también para denunciar el colonialismo, las injusticias y afirmar su amor y fidelidad a la Patria Puertorriqueña.

Por su labor excelsa como poeta, cantor y patriota, se le dedicó nuestro 38vo. Festival de Apoyo a CLARIDAD, celebrado en febrero de 2012, ocasión que congregó a miles de familias puertorriqueñas para honrar su obra y trayectoria. La dedicatoria del Festival estuvo a cargo del dirigente independentista y abogado, José Enrique Ayoroa Santaliz, quien resumió las cualidades de Antonio Cabán Vale de esta manera: “Este Topo denso, intenso, profundo…este Topo saudádico, melancólico, lírico, poeta con letra “P” mayúscula, está a la altura de los más grandes cantores de América de todos los tiempos. Y pese a esa objetiva grandeza, no hay uno más llano y más humilde. Con palabras simples, pequeñas, cotidianas ha hecho una obra inmensa, sin jamás sacrificar en su canto el compromiso socio político.”    

Dentro del amplio registro poético de Antonio Cabán Vale  hay temas de amor como el poema El cuerpo es un camino. Hay otros poemas de contenido social como Hoy soy el desterrado; y otros de encendido compromiso político como Hay ciertos nombres. En éste honra a nuestras y nuestros grandes patriotas diciendo:

“Ellos y muchos otros
-héroes resplandecientes-
son la corteza, faja de tierra fértil
donde echará raíces el árbol de la patria”.

Este Topo- poeta y cantor-  fue un hijo predilecto de ese frondoso “árbol de la patria”, un trabajador incansable del verso que sale de su amor profundo al suelo en que nació. Su Canción del Pueblo resume su ideario: “Esta canción es diferente. Tiene pasión y tiene fuego. Es libre como el agua y como el viento. Esta canción viene del  pueblo. Esta canción es diferente. No siembra soledad entre la gente. Es un grito de amor, es un encuentro del hombre de la calle con sus sueños.”

Hoy, decimos hasta siempre a ese cantor de versos sencillos y alma profunda. Al  “hombre de la calle” que se encontró con su sueño de ser poeta y de cantarle a su pueblo y, a través de su arte, hacernos mejores a todas y todos los puertorriqueños. Gracias por todo, Topo. Te ganaste la inmortalidad.

Parte de la Junta de CLARIDAD le hace Guardia de honor al patriota. Foto Félix Guayciba

Reciban su hijo, hijas y demás familiares- y nuestro amado pueblo puertorriqueño-  nuestra más sentido abrazo  y cariño desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña.

 

El Topo: “Tomando partido hasta mancharse”.

De izq. a derecha: Andrés Jiménez, Roy Brown, Pepe Sánchez, Carlos Lozada, Flora Santiago y el Too. Tahone en Cuba. Foto: Archivo CLARIDAD

 

CLARIDAD

“Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural de los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse…

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto adentro llevamos.”

Gabriel Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro.

 

Este breve texto es para el compueblano Antonio Cabán Vale, quien ya anda volando en el recuerdo de sus versos. Pero, con su permiso, también escribo pensando en otros creadores de su generación que se le adelantaron: Edwin Reyes, Andrés Castro Ríos, Vicente Rodríguez Nietzsche, Ángela María Dávila, Juan Sáez Burgos, José Manuel Torres Santiago … Y también escribo pensando en otros creadores y poetas de la misma generación que siguen con nosotros: Roy Brown, Flora Santiago, Andrés Jiménez…

Cuando pienso en ellos inevitablemente viene a la memoria el poema citado de Gabriel Celaya, cuyo nombre escuché por primera vez de los labios de Andrés Castro Ríos allá por el año 1965. Los versos del poeta vasco -que vivió y creó “a golpes” durante los años que el franquismo victorioso llenó de cárcel y sangre- resumen muy bien el enfoque creador de aquel grupo al que Antonio Cabán Vale se integró cuando llegó a Río Piedras cargando la timidez con la que salió de Moca. (Todavía no era El Topo porque fue precisamente allí, en el Grupo Guajana de jóvenes poetas universitarios, donde Juan Sáez le puso el apodo. Juanito lo hizo como una de sus frecuentes bromas, pero a Antonio le gustó y se quedó con él para siempre.)

Los de Guajana no fueron los primeros creadores puertorriqueños que concebían la poesía como “un arma”. Julia de Burgos, la tía de la que Juan Sáez Burgos heredó sentimientos, lo había hecho antes; y por aquellos mismos años otros creadores, de la literatura y de la plástica, llenaban su producción artística con la realidad dolorosa y combativa de la patria sometida al coloniaje. Pero para los integrantes de Guajana, no se trató sólo de un tema que se reflejaría con frecuencia en su producción literaria. En aquella inolvidable década de combate y compromiso, cada uno de ellos se concibió como un integrante de la nueva lucha que nacía y, como decía Celaya, había que tomar “partido hasta mancharse”.

Contrario a lo que decían algunos críticos puristas (que en su purismo realmente escondían otro compromiso porque la neutralidad casi siempre es, además de cómplice, falsa) la calidad literaria de aquel grupo de jóvenes nunca se afectó con su militancia, más bien lo contrario. Antonio Cabán Vale siempre fue, de hecho, un vivo ejemplo de la capacidad de aquellos creadores para juntar el compromiso patriótico con la buena literatura. Precisamente por eso, por la calidad poética y musical de sus creaciones, hasta los detractores de la lucha que él siempre enarboló, terminaron también cantando sus canciones. Lo mismo había pasado antes con la poesía militante de Julia y los versos encendidos de Llorens.

Tahone en Cuba 1973. Foto Archivo CLARIDAD

Cabán Vale llegó a Río Piedras con la sensibilidad ganada en la Moca de su infancia y una aptitud musical que venía de familia. En la ciudad universitaria juntó ese bagaje con la formación literaria obtenida en las aulas y el compromiso patriótico ganado en la calle. Junto a Edwin Reyes, amigo inseparable hasta que la muerte temprana le llegó al poeta cialeño, abrazó el Movimiento Pro Independencia. Allí se juntaría con Roy Brown, Andrés Jiménez y otros compañeros artistas para formar el Grupo Tahoné que por varios años recorrió el país como un instrumento de poesía, música y lucha.

Tal vez algún día alguien pueda historiar aquellos esfuerzos que juntaron lo mejor de las artes con la lucha patriótica, aquilatando su aportación al fortalecimiento de la conciencia nacional que se produjo en Puerto Rico. A la música de Tahoné se unieron actores y actrices en lo que algunos llamaron “teatro guerrilla”, para llevar buenas obras a las comunidades, mientras artistas plásticos (Cervoni, Homar, Tufiño, Carlos Raquel, Osorio y muchos otros) aportaban obras que enriquecían una exposición rodante por municipios y comunidades. Simultáneamente, desde las páginas de Claridad llegaba la contribución de otros escritores.

¿Cuánto aportaron esos esfuerzos al fortalecimiento de nuestra nacionalidad y en la derrota de todos los intentos por desfigurarla? ¿Cuánto aportó la poesía militante de Guajana y las amorosas y profundas canciones del Topo? ¿Cuánto sumó y siguen sumando Roy Brown y Andrés Jiménez?

El rescate de la nacionalidad puertorriqueña a lo largo del siglo XX, acosada por todo lo que venía y se conspiraba desde Estados Unidos, fue el resultado de muchos esfuerzos. Entre todos ellos, la aportación de nuestros creadores artísticos fue determinante, sobre todo, la de aquellos que como Antonio Cabán Vale tomaron “partido hasta macharse”.

Y para demostrar tanto el compromiso como la calidad literaria termino este artículo con unos versos en los que Topo evoca a Alfonso Beal, nombre de guerra del jefe de los Comandos Armados de Liberación:

“Nunca sabremos tu nombre
labriego de la esperanza.
La flor violenta que canta
sabrá el camino del hombre.”

Actos fúnebres en honor a Antonio Cabán Vale(El TOPO)

Actos organizados en su honor:

Lunes 29 de julio

Velatorio

Lugar: Instituto de Cultura Puertorriqueña

Dirección: Calle del Morro, Viejo San Juan

Horario: 11:00 am – 9:00 pm

Martes 30 de julio

Misa

Lugar: Catedral de San Juan Bautista

Dirección: Calle del Cristo #151, Viejo San Juan

Horario: 9:00 am

*10:00 am Salida hacia Moca, siguiendo el cortejo fúnebre

 

Velatorio

Lugar: Coliseo Dr. Juan Sánchez Acevedo en Moca

Dirección: Calle Monseñor J. Torres, Carretera 110 Km. 112

Horario: 2:00 pm – 9:00 pm

Miércoles 31 de julio

Sepelio

Lugar: Cementerio Los Sauces Memorial Park en Moca

Dirección: Carretera 110 Km. 11.7

Horario: 8:00 am

 

 

Las versiones y perversiones del Caso Maravilla

 

En Rojo

 

El Caso del Cerro Maravilla, el asesinato de Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado a manos de un escuadrón de la Policía de Puerto Rico, generó una polémica discursiva que duró treinta años. Trataré de explicar esta afirmación.

Los hechos son muy conocidos: Soto y Rosado, alegados defensores radicales de la independencia de Puerto Rico fueron asesinados el 25 de julio de 1978 en el Cerro Maravilla, donde supuestamente planeaban sabotear una torre de retransmisión de una estación de televisión comercial.

Acompañando a los jóvenes en la misión estaba un agente encubierto, Alejandro González Malavé, quien alertó a la policía y a su supervisor -Carmelo Cruz- sobre el presunto plan. Según los informes oficiales del Gobierno, la policía vigiló el área y se vio obligada a matar a Soto y Rosado cuando se negaron a obedecer una orden de rendirse e intentaron resistir disparando. Ese fue el primer relato sobre los hechos. La primera vez que lo escuché fue el mismo día, ese 25 de julio de 1978, de boca del entonces gobernador, Carlos Romero Barceló, un rabioso defensor de la estadidad. Los que vimos – por curiosidad morbosa- los actos oficiales de conmemoración de la fundación del Estado Libre Asociado podemos ser testigos. Alguien se acercó al primer mandatario con un papel. Mi recuerdo es que fue el flamante Secretario de Estado, Reinaldo Paniagua. Segundos después, vociferante, Romero Barceló anunció que unos policías habían logrado repeler un ataque terrorista y dos facinerosos habían sido neutralizados. Los policías eran unos héroes.

Desde el primer día aquella versión oficial estaba llena de problemas, vacíos y contradicciones. Sin embargo, la prensa comercial se hizo eco de aquel relato estrafalario. El periódico CLARIDAD publicó declaraciones de Juan Mari Brás que ponían en duda el testimonio policial. Dos días más tarde, el San Juan Star, el único periódico en inglés del país, publicaba una entrevista al señor Julio Ortiz Molina, un chofer de carro público -taxista, si quieren- que había sido secuestrado por Soto, Rosado y el agente encubierto, el notorio González Malavé. El señor Ortiz Molina, con una humildad enternecedora y una voz suave pero segura, apareció más tarde en un programa noticioso de la televisión en el que afirmó que se agachó debajo del tablero del automóvil después de que los tres hombres en cuestión se bajaron del automóvil y vio a «10 hombres armados» acercándose.

Cuando fue sacado a la fuerza del automóvil, vio a los tres hombres vivos. Dos de ellos, Soto y Rosado eran golpeados por los hombres armados. Más tarde supo que aquellos hombres armados eran policías y que uno de los secuestradores era un agente encubierto. Siempre se refirió a los jóvenes asesinados como “los muchachos”.

Esa fue la “otra versión” a la que poco a poco se le fueron añadiendo detalles. En aquel momento, presionado por los artículos en CLARIDAD, las investigaciones de Manny Suárez y Tomás Stella, entre otros,  el gobernador Romero Barceló ordenó dos investigaciones por parte del Departamento de Justicia. Por supuesto, las investigaciones exoneraron a la Policía. El Departamento de Justicia de Estados Unidos también investigó el incidente en dos ocasiones sin llegar a conclusiones de ningún tipo. El FBI, aún seis años después, no sólo había aceptado el relato policial, sino que había redactado varios memorandos afirmando que las declaraciones de inconsistencias, de encubrimiento y violación de derechos humanos, eran un plan de elementos independentistas de la prensa para hacerle daño al gobierno pro estadista.

El 4 noviembre de 1980, poco más de dos años después de los asesinatos en Cerro Maravilla, se celebraron las elecciones generales. Fue una contienda cerrada. El gobernador Romero Barceló sabía que los sucesos de Cerro Maravilla habrían de debilitar su campaña. Estaba claro que la oposición realizaría una investigación en caso de prevalecer en la gobernación o la legislatura. Para mayor ansiedad, Carlos Gallisá y Juan Mari Brás, eran candidatos a la legislatura y parecían tener bastantes posibilidades a partir de los votos mixtos. Esa noche, cuando el conteo de votos colocaba a  Rafael Hernández Colón en la delantera, ocurrió un apagón en el área donde se realizaba el conteo general. Fallaron las computadoras. Se inició entonces un recuento que duró semanas.

Una búsqueda en los periódicos comerciales de la época -El Mundo, El Nuevo Día- nos permite leer titulares y diagramaciones perfectas para estudios semióticos e ideológicos. Por ejemplo, el miércoles 5 de noviembre, la primera plana del periódico El Mundo anunciaba que CRB y RHC (Rafael Hernández Colón) reclamaban la victoria. En una nota redactada por Bienvenido Ortiz, Romero Barceló afirmaba “que aparentemente los puertorriqueños escucharon las prédicas engañosas del PPD en cuanto al Cerro Maravilla y otros isssues importantes” . Sin embargo, el gobernador alegaba tener -a las 11:30 pm del martes- una ventaja de 40,000 votos. En esa misma primera plana, la redacción de El Mundo señalaba que la Comisión Estatal de Elecciones, en la madrugada del miércoles, le daba una ventaja de unos siete mil votos a Hernández Colón (46.9%) sobre Romero (46.2%).

Dos días después, ya estaba claro que el PPD tendría mayoría en las cámaras legislativas. El impasse en la gobernación continuaba. Los votos “mixtos” a los candidatos legislativos del PSP estaban en ascuas. El sábado 8 de noviembre, el titular de El Mundo rezaba: Partido Socialista Puertorriqueño pide al Supremo controle el conteo. En esa misma primera plana una nota curiosa: Policía le da ventaja a CRB por 198 votos.

En la página cinco reaparece el Caso Maravilla. Una nota de Associated Press (AP) reseña que el chofer de carro público, Julio Ortiz Molina, que presenció el tiroteo dijo al fiscal especial Antonio Villanueva que la Policía “pudo salvarle la vida” a los jóvenes independentistas Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví. La afirmación, según la nota de prensa, la hizo en el lugar de los hechos. “Básicamente le dije al fiscal Villanueva todo lo que anteriormente he manifestado a la prensa”. “Ambos jóvenes quedaron con vida tras el primer tiroteo y luego a mí me llevaron hacia una de las torres de comunicaciones y escuché un segundo tiroteo” dijo Ortiz Molina al fiscal Villanueva. La nota termina de manera claramente sesgada ideológicamente: “Ortiz Molina dijo que en las pasadas elecciones votó por Hernández Colón porque siempre he sido Popular” .

A fin de cuentas, semanas después, Carlos Romero Barceló fue proclamado ganador por un margen de 3,000 votos, pero su partido perdió el control de la Legislatura.  Como era de esperarse, el proclamado presidente del Senado, Miguel Hernández Agosto, ordenó una investigación legislativa de Cerro Maravilla. En noviembre, tres oficiales de policía que testificaron después de recibir inmunidad de enjuiciamiento dijeron, en resumen, que los dos jóvenes -Soto y Rosado- habían sido prácticamente  fusilados por un pelotón policial cuando estaban de rodillas en control de la policía. De manera casi obscena, uno de ellos -ni siquiera voy a mencionar su nombre- alegó que Darío era un cobarde porque pidió clemencia y que Soto era valiente porque habría dicho: “dispárame a la cabeza que solo estoy herido”.

El gobernador Romero Barceló anunció posteriormente que el Departamento de Justicia llevaría a cabo otra investigación.

Todavía muchos recordamos aquellas vistas legislativas en las que el principal investigador del panel del Senado, Héctor Rivera Cruz, trataba de determinar quiénes habían realizado disparos y quién había ordenado encubrir el caso. El 7 de febrero de 1984, a pocos meses de las elecciones, se informaba que 10 oficiales policíacos eran acusados por las autoridades federales por conspirar para encubrir la golpiza y el asesinato de dos jóvenes activistas en Cerro Maravilla. Había 44 acusaciones que incluían perjurio en las dos anteriores investigaciones federales, destrucción de evidencias e intimidar a testigos del Gran Jurado Federal.  Los acusados eran Nelson González Pérez; Rafael Torres Marrero; Luis Reverón Martínez; Nazario Mateo Espada; Angel Pérez Casillas, Jaime Quiles Hernández, Rafael Moreno Morales, Juan Bruno González, William Colón Berríos y José Ríos Polanco.

Los que dispararon a matar, Luis Reverón y Rafael Moreno -con una larga lista de agresiones y con un odio irracional a los independentistas- fueron acusados posteriormente de asesinato.

Aquella versión inicial del relato policíaco, así como el alegato de Carlos Romero Barceló de que aquel “circo político” que resultó en las acusaciones a agentes y funcionarios gubernamentales, fue revivida en la legislatura el 19 de marzo de 1998 en la legislatura. El legislador Sergio Peña Clos, un antiguo legislador del PPD, fogoso defensor de las investigaciones iniciales realizadas por la legislatura en los años 80, se había convertido entonces en un furibundo defensor de la inocencia de Carlos Romero Barceló. Ese día se presentó un largo documento que reescribía la historia de “los sucesos del Cerro Maravilla”. Se trataba, según el récord del Senado, del Informe de Hallasgos (escrito así en el documento) y Concluciones (escrito así en el documento) de la Comisión Especial del Senado de Puerto Rico que Investiga Alegadas Irregularidades, Actuaciones Ilegales o Impropias en las Pasadas Pesquisas sobre los Sucesos en el cerro Maravilla (1981-1992). Aquel largo texto se proponía probar que “el caso del Cerro Maravilla era una conspiración política dirigida a involucrar a figuras públicas que nada tenían que ver con la planificación, muerte ilegal y posterior encubrimiento de parte de la policía de Puerto Rico”.

El debate legislativo posterior a la presentación de dicho informe debe estar en los anales del absurdo tropical. El documento, por su parte, es una reescritura de la historia en la que se absolvía y se rechazaba cualquier posibilidad de que Carlos Romero Barceló -o hasta los policías involucrados-  participaran en la planificación de aquellos asesinatos.

Yo no voy a resumir los alegatos presentados en el delirante informe de Peña Clos. Les dejo un enlace electrónico para que lo lean si les interesa:

https://senado.pr.gov/document_vault/session_diary/1981/document/031998.pdf

Lamentablemente, el intento de crear el espacio para desmentir las conclusiones de varias investigaciones, así como el intento de dejar impunes a los agentes y funcionarios que cometieron delitos, continuó por varios años más. Gracias a una investigación periodística de Rosita Marrero para Primera Hora se supo en el año 2000, que se pretendía excarcelar a Rafael Moreno, el asesino de Soto Arriví, sin cumplir un solo día de cárcel por ese crimen. El vicepresidente de la Junta de Libertad Bajo Palabra, Héctor Martínez Maldonado, visitó al escritor Pedro Juan Soto para informarle de la cuestión Marrero supo que todos los policías implicados en en Caso Maravilla habían sido excarcelados. Gracias a la investigación de Marrero, la entonces secretaria de Justicia, Anabelle Rodríguez, ordenó una investigación, que concluyó con  reingreso a prisión de los expolicías.

Al día de hoy, 24 de julio de 2024, los intentos de escribir historias alternas sobre luchas políticas en Puerto Rico continúan. Conservar nuestra memoria histórica es un deber. El “Caso Maravilla” es solo un ejemplo, trágico y penoso, de cómo todo el aparato estatal en contubernio con medios corporativos es capaz de tergiversar actos de represión. El Caso Maravilla tiene aún aspectos que merecen atención. No para condonar crímenes, sino para conocernos y reconocernos. Para que no vuelva a ocurrir algo semejante. Para estar preparados.