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Ramón López en la diáspora puertorriqueña de Chicago

Suplemento Especial

 

El término “diáspora” se refiere a aquellos grupos de seres humanos que por una o más razones dejan su lugar de origen para asentarse en otro lugar distinto, manteniendo su identidad, costumbres, cultura y otros elementos que los caracterizan como grupo. Mayormente, cuando hablamos de la diáspora nos referimos a ese grupo de seres humanos ya establecidos en ese otro lugar. Son muchos los elementos, y bastante complicados en extensión y contenido, que se deben considerar para un análisis profundo del concepto. Pueden considerarse el hambre, las guerras, el nivel de desempleo, la persecución política, el estatus político, la decadencia de algunas regiones, los fenómenos atmosféricos y un largo etcétera. Por tanto, no pretendemos aquí, por el limitado espacio, hacer los juicios y análisis que se requieren para entender comprensivamente el término “diáspora”. Hacemos estos comentarios para poner dentro de un contexto el tema que nos ocupa en este escrito: la presencia de Ramón López en la Comunidad Puertorriqueña de Chicago.

La diáspora puertorriqueña de Chicago, que es lo mismo que decir la comunidad puertorriqueña de Chicago, como muchas otras comunidades boricuas a través de los Estados Unidos, se fue formando por razones del estatus colonial de la Nación Puertorriqueña. Allí establecida, desde sus primeras confrontaciones para darse a respetar, se fue organizando como una comunidad de lucha y resistencia, que al sol de hoy se mantiene y se sostiene con y de los principios de identidad cultural, idiosincrasia y principios nacionalistas de su Puerto Rico de origen. 

En el 1994 llegó a esa comunidad el antropólogo, artesano, artista y polifacético creador a muchos niveles, Ramón López. Inmediatamente se integró a la comunidad para contribuir de múltiples maneras y con un gran compromiso ayudando a reforzar los fundamentos esenciales de esa diáspora puertorriqueña. 

Además de artista y artesano y de su preparación académica como antropólogo, Ramón contaba con una fuerte vocación por la educación popular para servirle a los sectores marginados de las comunidades. Su ideología política fundamentada en la liberación de Puerto Rico del yugo colonial y su conciencia cultural e identidad la puso al servicio de la diáspora puertorriqueña de Chicago. 

Ricardo Jiménez, exprisionero politico en el recibimiento en la Casita Pedro Albizu Campos.

Fueron muchas las contribuciones de Ramón López durante el tiempo que permaneció como miembro activo de esa comunidad. Entre estas, se pueden mencionar su participación y liderazgo en la conceptualización y construcción física de la Casita de don Pedro, la documentación etnográfica del Paseo Boricua y su simbolismo dentro y fuera de la diáspora puertorriqueña de Chicago. Fueron varios los ensayos que escribió relacionados con el surgimiento del Paseo Boricua. Se le atribuye, también, haber bautizado con ese nombre a ese espacio donde está ubicada la comunidad puertorriqueña. Ramón López trabajó, además, en la instalación de las dos banderas monumentales de Puerto Rico, esculturas que demarcan el espacio de la comunidad puertorriqueña en Humboldt Park. Fue Ramón quien identificó e interpretó la instalación de esas banderas como un acto de soberanía espacial y de afirmación cultural de la diáspora.

Ramón López fue el creador de las pulseras y collares de cuentas, conocidas como “dijes de mostacillas”, con la bandera de Puerto Rico, convirtiéndolas en un símbolo artesanal de la puertorriqueñidad en la diáspora. De la misma forma, colaboró con el Periódico Boricua, periódico mensual del Puerto Rico Cultural Center (PRCC), del cual fue uno de sus fundadores. Trabajó como educador y creador curricular en la escuela Dr. Pedro Albizu Campos y en ASPIRA, ayudando a conformar una educación culturalmente pertinente por medio de la integración de la historia de Puerto Rico, la producción artística cultural y el activismo comunitario.  Fue organizador clave de la Parada de los Reyes Magos, de 1994 al 2002, ayudando a entrelazar las raíces afrotaínas, la bomba y la pedagogía popular en esas fiestas de Reyes. Como defensor del simbolismo cultural a través de las artes visuales, ofreció talleres en los que explicaba la importancia de ese concepto y publicó ensayos sobre la resistencia cultural en la diáspora. Fue Ramón el compositor de La bandera más grande, composición que se considera el himno del Paseo Boricua. Todas estas y muchas otras fueron contribuciones de Ramón López que de una u otro forma contribuyeron y siguen contribuyendo al desarrollo de la diáspora puertorriqueña en Chicago, a la que este servidor, por gratitud y por los méritos más que ganados por esta comunidad, ha querido nombrar, sin ninguna autoridad, pero con mucho corazón, el pueblo número 79 de Puerto Rico.

Sin duda alguna Ramón López es uno de los mentores más importantes y significativos para las nuevas generaciones de puertorriqueñas y puertorriqueños que son trabajadores culturales y activistas, no solamente en la comunidad puertorriqueña de Chicago, sino también en otras comunidades boricuas en los Estados Unidos y en la propia Nación Puertorriqueña. Está prohibido olvidar a este importante personaje de las luchas libertarias y culturales en y fuera de Puerto Rico. 

Carlos Quiles, escritor y poeta. Foto suministrada

 

Entrevista con Ramón López en el Paseo Boricua (audio)

Foto: Alina Luciano

 

Los Reyes Magos según the Puerto Rican Youth of Chicago

Que ondeee sola. Fotos suminstradas

Suplemento Especial

Vienen de tierras lejanas a visitar la ciudad de los vientos. Vienen convocados por la gente que insiste en reyar a pesar del frío y por las cartas que todavía reciben de niños puertorriqueños. Vienen Melchor -el inconfundible- y Gaspar y Baltasar, intercambiables. De todas maneras y a pesar de todo, vienen y son reconocidos con alegría por la población boricua. Ojalá tengan tiempo de observar unas imágenes que produjeron l@s estudiantes de varias escuelas para participar en un certamen de arte.

Es@s muchach@s, habitantes de comunidades migrantes que surgieron hace más de medio siglo, ya no reciben regalos el 6 de enero. Su conocimiento de los Reyes Magos es vago y nebuloso y forma parte de una identidad puertorriqueña que sobrevive en una adolescencia de romances acelerados, cambios de tono de voz, sonidos hip-hop y salseros, gangas en cada esquina, riesgo de SIDA, tentación de droga e identificación con bandera monoestrellada.

El proceso del certamen fue un retorno visual a una imagen de sus tiempos infantiles que ha caído en desuso en su tiempo presente. El retorno fue muy breve: durante una hora escucharon una charla sobre los Reyes Magos, mientras miraban imágenes artesanales, láminas de libros y tarjetas de felicitación.

Su participación en el concurso, tras el estímulo inicial de la charla, fue un redescubrimiento, una nueva mirada con ojos adolescentes. L@s muchach@s trabajaron sin volver a consultar los modelos que vieron al principio. Así, produjeron imágenes en las que el recuerdo viejo y la mirada reciente se expresaron intervenidos por la actualidad. De hecho, surgió una expresión de los Reyes Magos que incluye la cotidianidad que l@s jóvenes viven hoy en Chicago. El resultado es una muestra visual en la que se entrecruzan tradiciones, actualidades e innovaciones. Se puede demostrar, sin embargo, que la inquieta variedad de Reyes Magos que l@s muchach@s produjeron tiene una coherencia que trasciende las incidencias del azar.

Lo de inquieta variedad merece un comentario aclaratorio. Los muchachos afirmaron su atrevida juventud y se negaron a seguir instrucciones. Se les convocó a un concurso de pintura y se reglamentó el tamaño de las obras. Los entusiastas concursantes produjeron trabajos en pintura, dibujo, medio mixto y collage. Trabajaron con carbones, pasteles, marcadores, acuarelas, crayones, papeles, textiles, plásticos y polvos de brillo. Sometieron piezas de muchos tamaños. Para completar, acogieron la participación de dos afroamericanos y un asiático. 

Provocaron una pesadilla de decisiones riesgosas a los miembros del jurado pero gozaron con sus propios sueños de noche estrellada.

La coherencia plural de estos trabajos se capta si reconocemos primero la vibrante energía de su individualidad. Los Reyes Magos de l@s muchach@s de Chicago se manifiestan como tres vagabundos callejeros, tres misteriosos encapuchados, tres solemnes y antiguos señores, tres portadores de regalos puertorriqueños, tres encarnaciones del Amor, la Fe y la Alegría, tres barbudos cabizbajos y ricamente vestidos, tres jóvenes de pantalón y chaleco, tres jinetes a caballo vistos de espaldas, ¡tres mujeres bailarinas!, tres guerreros musculosos de rostros hostiles y amenazantes, tres figuras sonrientes cuyo género es incierto, tres esbeltos caminantes bajo un gran cielo rosado, tres coloridos barbudos de facciones orientales, tres difusos personajes frente a tres hojas enormes, tres muchachos que son reyes y se miran uno al otro, tres hechiceros fantásticos de animación de TV, tres visitantes nocturnos en establo iluminado… (tres puntos suspensivos en honor a los que dejo sin mencionar). 

La coherencia plural de estos trabajos se origina en una identificación muy específica entre la autoimagen de l@s jóvenes y la imagen de los reyes. Primero que nada, la vida de l@s muchach@s y el viaje de los reyes tienen en común una prominente festividad, una celebración colectiva de la alegría. La fiesta de los reyes y el party de l@s muchach@s comparten la naturaleza del gozo: reyar es algo que suena familiar porque se parece a to have fun. Segundo, mirar a los reyes nos obliga a lo mismo que mirar a l@s muchach@s: a notar enseguida y antes que nada la importancia de la vestimenta como uso premeditado y gozoso del color. Para l@s jóvenes, vestirse apropiadamente-según la edad, la moda o la ganga- es tan definitorio de la identidad personal como para los reyes: ambos dicen quienes son según lo que llevan puesto. Tercero, la presencia de los reyes y de l@s muchach@s en Chicago es en los dos casos un venir de tierras lejanas, es decir, una migración o viaje. Los reyes viajeros y l@s jóvenes migrantes son encarnaciones visibles de la diversidad cultural. 

Este sistema de identificaciones tiene efectos directos en la expresión plástica de l@s muchach@s. En sus trabajos predomina un juego placentero con las posibilidades de los colores y los materiales. El gozo visual de la imagen que crean es tanto que les permite escapar de los estereotipos y producir una variedad de Reyes Magos irreverente y divertida. Esto es así a pesar de que en ciertos casos los reyes asumen expresiones de seriedad y agresividad. El hecho de transgredir la imagen tradicional de solemnidad bondadosa es una provocación en tono de gufeo. Además, esta violación de la tradición es a la vez una incorporación de la cultura urbana que los muchachos viven y que contiene grandes dosis de violencia. 

En estos trabajos aparecen dos tendencias contradictorias que coexisten, no sólo en la muestra de las obras, sino en la formación cultural de l@s muchach@s. Una es la recurrencia de temas visuales que ilustran la puertorriqueñidad: banderas, güiros, palmas, garitas y un insistente rey negro. Otra es la intervención de derivaciones visuales procedentes de los cómics y los cartoons violentos de la televisión: guerreros míticos, hechiceros superpoderosos y viajeros espaciales. Estas imágenes son parte del aprendizaje visual de los niños a nivel transnacional. De hecho, estos personajes, convertidos en juguetes de moda, son precisamente parte del repertorio de regalos que los Reyes Magos y Santa Claus dejan a los niños del mundo, incluso a los niños de Puerto Rico.

En ánimo de contrarrestar el efecto totalizador de las generalizaciones anteriores, quiero resaltar la fuerza individual de dos trabajos de gran impacto.

El primer trabajo es un dibujo a lápiz de color, demasiado pequeño según las reglas del concurso. El autor se negó a producir otra versión más grande y el trabajo gustó mucho entre sus compañeros, de manera que transamos por ponerle un amplio marco de cartón para exhibirlo. Al principio a muchos les pareció una dulce y bonita representación de la adoración de los reyes. Además, los regalos de los Magos -güiro, garita y bandera- añaden una puertorriqueñidad visible y estimulante. Sin embargo, una mirada detenida y atenta produce una sensación de perplejidad. Veamos.

Uno de los planteamientos de la charla sobre los Reyes Magos que más interesó a los muchachos fue la preferencia y distinción a Melchor el rey negro en la tradición puertorriqueña. El autor de este dibujo, un gang-banger que dirige una sección de 20 hombres en su vecindario, tiene una particular aversión contra los negros miembros de gangas rivales que ya ha expresado en dibujos anteriores, a pesar de que él mismo es un mulato boricua de plena ascendencia africana. Así las cosas, no es extraño que el regalo más importante y visible de su estampa de adoración -la bandera puertorriqueña- no esté en manos del rey más oscuro sino empuñada por otro rey que está de pie y nos mira de frente. Esta es la misma bandera con asta en forma de lanza que en otro dibujo suyo para otro proyecto de arte provoca el incendio de un carro patrulla de la policía. En ese dibujo anterior, la bandera incendiaria estaba en manos de un muchacho boricua que representaba al propio dibujante. En este nuevo dibujo, el rey que sostiene la bandera está vestido de verde y negro, los colores emblemáticos de los Cobras, la ganga a la que pertenece el autor. Como si no quisiera dejar dudas, la punta de lanza del asta también tiene un tono verde y tiene forma de diamante alargado, el emblema de la ganga Cobras. Todavía no acabamos, lector. El rey-cobra-autor tiene un gorro o turbante en vez de corona. ¿Por qué? Porque las coronas son emblemas de los Kings, una ganga rival. Para ser todavía más consistente, las coronas de los dos reyes están pintadas de amarillo y negro, los colores de la ganga enemiga Kings. 

Hasta aquí, hemos reconocido unos elementos de identificación puertorriqueña y gansteril que confluyen en la misma persona, el autor. Pero hay algo más profundo. El mundo social de las gangas funciona mediante férreos principios de violencia, desconfianza, hostilidad y competencia. En cualquier situación en que coinciden miembros de gangas rivales, a lo más que se puede aspirar es a una tensa y frágil tolerancia que a la menor provocación se convierte en confrontación abierta. En esta adoración no hay convocatoria ni paz sino tensión y peligro. Cada uno de los cuatro personajes –tres reyes y un niño- mira para un lado distinto. El niño Jesús no logra traer la paz a las gangas de Chicago. ¡Cuánta complejidad y sensibilidad artística hay en este pequeño dibujo! 

Cuando por primera vez se explicó la naturaleza del certamen a l@s jóvenes escolares, una muchacha se puso a pensar con mucha seriedad y anunció que sus tres reyes serían three bums, because although they are bums, they still have something to offer. Días después, me trajo un dibujo a lápiz. Para decirlo en Spanglish, los tres kines son tres bones: sus ajadas vestimentas y sus facciones sufridas son más que elocuentes (*). Uno ofrece de regalo una botella de vino y otro una hogaza de pan. Están de rodillas. El tercero está de pie, sujeta un cofre en sus manos y exhibe abundantes dreadlocks. Este es el Melchor vagabundo, rasta y pobre pero siempre generoso. El niño luce calmado, la estrella ha bajado a verlos y la composición se refuerza con un pórtico y dos tiestos que hacen ámbito de triángulo. Digo más. El pan y el vino, expresión típica de la miseria y la nota del vagabundeo, se trascienden a sí mismos y se hacen expresión de la espiritualidad más sublime: son las imágenes religiosas del sacrificio de Cristo, la Eucaristía que se renueva cada vez que se repite una Misa en conmemoración de la Última Cena. Esta enorme carga de sentido es congruente con la imagen de los reyes vagabundos. Aunque la visión estereotipada de los bums los cataloga de fracasados, derrotados e inservibles, en realidad estos personajes conocen la calle mejor que nadie porque ahí han vivido siempre. En la ciudad, la calle es el eje de la supervivencia y para sobrevivir hay que saber muchas cosas. Ese rico conocimiento inadvertido por los que tienen empleo y casa propia está guardado en el cofre de Melchor, el de los dreadlocks. Junto al pan que mata el hambre y el vino que mata la pena, forman un regalo de buena voluntad para que el niño Jesús -que significativamente está solo- pueda sobrevivir en la cruel ciudad de Chicago.

El pan y el vino. El nacimiento y la muerte. Lo primero y lo último. El arte puede florecer completo en una muchacha boricua y pobre de una escuela de Chicago. Three Wise Men=Street-wise men. ¡Que vivan los reyes! 

(*) En el Spanglish de Chicago, kines es el plural de king. Una de las precauciones que tomé durante la organización del concurso fue evitar traducir tres reyes a three kings porque Kings es el nombre de una de las gangas de la ciudad y se considera enemiga en el territorio de los participantes del certamen. El uso de nombres, colores, emblemas y demás signos de identidad gansteril está intensa y detalladamente ritualizado, de manera que se excluyen unos a otros con la mayor rigurosidad. Three Wise Men es un término neutral que no provoca animosidades. 

Instrucciones imprecisas para ser un vejigante

Suplemento Especial

Ser un vejigante no es lo mismo que vestirse de vejigante. Cualquiera puede colocarse el disfraz y disfrutar de la libertad de esconder la identidad personal en lugares de festejos públicos. En este caso, vestirse de vejigante es como vestirse de Mickey Mouse o de vampiro: el disfraz es un carapacho de identidad falsa y prestada, un mero ocultamiento del cuerpo para fines divertidos.

Ser un vejigante es algo más complicado. Se trata de asumir la identidad de un personaje histórico -lleva con nosotros casi cinco siglos- pero a la vez imaginario -desaparece al quitarnos el disfraz- que forma parte de los símbolos visuales de la cultura puertorriqueña. En este otro caso, vestirse de vejigante es el inicio de una convocatoria sobrenatural: una memoria cultural que se hace presente con propósitos ceremoniales.

El verdadero vejigante es un personaje de la calle, no del escenario. Su asunto es la libertad de movimiento, no la coreografía.

Vejigante a la bolla.
Foto suministrada

En la tradición puertorriqueña, los vejigantes son criaturas de carnaval, figuras de transgresión, travesura y exceso que animan festividades anuales como el Carnaval de Ponce y la Fiesta de Santiago Apóstol en Loíza Aldea. Su ropaje es un mameluco muy ancho y de vibrantes colores que frecuentemente tiene aletas laterales. La máscara es netamente afrocaribeña: facciones horripilantes, colores oriundos de Africa Occidental y materias primas tomadas de la cotidianidad de las comunidades populares: coco, higüera y cartón-piedra.

En el Puerto Rico de hoy, se nota cierta decadencia en la aparición pública de vejigantes carnavalescos. Los disfraces de personajes comerciales del cine, la televisión y Halloween han invadido las comparsas de vejigantes, diluyendo su función de reencontrar la tradición afroboricua en la fiesta callejera. Además, algunos empresarios han convertido a los vejigantes en vanos personajes que añaden colorido y variedad a las coreografías del folclorismo mercantil.

A la misma vez, la imagen del vejigante se ha difundido por toda la isla como representación de la cultura afroboricua y como tema esencial de la identidad nacional puertorriqueña. No es extraño que también haya abordado el trayecto de la guagua aérea y muestre su mueca de gozo y terror entre los boricuas de Estados Unidos. 

Todo lo anterior es una aclaración pertinente a este texto, donde usted encontrará indicaciones necesarias y sorprendentes para montar una comparsa de vejigantes en municipios puertorriqueños de clima templado como New York, Philadelphia, New Jersey y, claro está, Chicago.

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Aproveche su calendario. Los vejigantes salen pocas veces a la calle. Por lo general su tiempo es el carnaval, una vez al año. En este lado del charco, es frecuente que el carnaval municipal isleño se transforme en Desfile Puerorriqueño y/o Semana Puertorriqueña. Estos son los festejos públicos más llamativos e importantes donde los vejigantes son bienvenidos y necesarios. Recuerde que treparse en una carroza a coger calor y sol es solo vestirse de vejigante. Para ser uno de verdad, hay que tirarse a la calle, propinar vejigazos, asustar niños, cambiar la voz, entonar cantos y mantenerse enmascarado: nadie debe saber quién está dentro del disfraz.

Busque costurera con tiempo. Aquí en Chicago se nos hizo un poco tarde, de manera que Celia -la que cose forros plásticos para muebles- dijo que no; Lily -la que cose ropa de niños con diseño de bandera puertorriqueña- estaba muy ocupada y Lourdes -la que cosió los trajes de los Reyes Magos- tenía otros compromisos. A fin de cuentas, una costurera mexicana, creadora de trajes de payaso a partir de un patrón marca Simplicity, hizo los mamelucos con tanto ingenio y esmero que quedaron excelentes y genuinos. Claro, nuestra amable artesana es devota Pentecostal, así que tomamos la precaución de no mostrarle las máscaras, que según esa religión son manifestaciones del culto al demonio.

No confunda la tradición con la pureza. Las tradiciones populares son agregados de diversas influencias culturales y están en constante cambio. Lo que las distingue de las imposiciones culturales extranjeras es que son resultado de la iniciativa popular de conservar costumbres compartidas a las que se incorporan innovaciones según los medios disponibles. Así que no se abochorne de ir a Minnesota Fabrics a comprar las telas porque gran parte de los vejigantes de la historia de Puerto Rico se han vestido con telas extranjeras que no se producen en la Isla. Tampoco se desanime si no consigue una etnográfica tripa limpia y seca para inflarla y convertirla en vejiga de dar golpes. Hay alternativas criollas como las medias rellenas y las bolsas de papel. Además, las botellas plásticas de medio galón de su refresco favorito son excelentes para golpear sin herir. Los vejigantes usan guantes: utilice los del invierno pasado.

No use máscaras de pared. Aunque usted consiga máscaras de coco de Loíza o de cartón-piedra de Ponce, la mayoría tendrá los ojos mal puestos y el tamaño equivocado porque no las fabrican para vejigantes sino para adornar paredes. Si es posible, encárguelas a un artesano que conozca bien su oficio o escójalas con cuidado si las compra en una tienda. Mándelas a buscar a la Isla, o haga como nosotros: sígale la pista a un artesano de Chicago que las hace pero se mudó y no dejó el nuevo número de teléfono. Si nada de esto resulta, hágalas usted mismo siguiendo modelos tradicionales, aunque tenga que experimentar con materiales nuevos. Así, su identificación con el personaje será más profunda.

Ejerza su orgullo nacional. En nuestro desfile se juntan los vejigantes de Ponce y Loíza y ambos representan lo mismo: la identidad nacional puertorriqueña. No se escandalice si encuentra un vejigante patriótico que en vez de aletas tiene dos banderas puertorriqueñas en su traje, o si en vez de vejiga carga bandera en palito. Este encuentro simultáneo de significados dispares es una característica esencial de la vida cultural que hacemos en estos lares migrantes.

Publique un texto sobre el asunto. Así provocará una controversia como la siguiente: Albizu tiene que ser lo que los puertorriqueños somos. Tiene que decir todas las palabras de nuestra protesta y asumir todas las formas de nuestro clandestinaje. Por eso, puede elevarse a Cristo según Lolita Lebrón o a violinista según Elizam Escobar. Esclarecido maestro según el maestro Lorenzo Homar= subversivo Charlie Chaplin según Dennis Mario Rivera. Albizu tiene que ser muy capaz en el uso de todas nuestras imágenes y camuflajes. Por eso, si lo necesitamos Rey Mago es Melchor junto a Betances y Corretjer; o junto a Cofresí y Agüeybaná. Por eso, dentro del Museo de Historia y Cultura Puertorriqueña Dr. Pedro Albizu Campos en Chicago, Albizu es, en estos días, un vejigante. Con sus manos alzadas, su refulgente atuendo amarillo-violeta y su espeluznante máscara negro-amarillo, este Albizu es una redefinición cultural.

Déjese llevar por la magia. Así aprenderá y se convertirá en maestro de los vejigantes del año que viene. Si tiene dudas, pregúnteme. Yo seré el vejigante rojo-amarillo, a menos que sea otro y no se lo diga a nadie. Ver entrevista a Ramón sobre los vejigantes en este enlace:https://youtu.be/4tkKvoOE4Ww?si=fdghUSA_JBZctuxJ

En busca de nuestras banderas

Suplemento Especial

 

Esta publicación nació mientras Ramón ejercía como director de la Escuela Secundaria ASPIRA, cuando propuso una idea a un grupo de estudiantes empleados en trabajos de verano. El texto ofrece una mirada panorámica al Proyecto del Portal de la Calle División, destacando la creación de dos monumentales banderas puertorriqueñas de 55 pies de altura, erigidas en la intersección de la Avenida Western y la Calle División en Chicago. Estas banderas señalan la entrada y salida del Paseo Boricua, un corredor de una milla de extensión diseñado para evocar la atmósfera del Viejo San Juan, con símbolos culturales y elementos ornamentales que rinden homenaje a la herencia puertorriqueña.

Construidas en acero y tubos de cobre, las banderas representan un emblema de esperanza y resistencia para la comunidad boricua. Diseñadas por la firma arquitectónica DeStefano+Partners, el proyecto fue impulsado por el profundo vínculo de la comunidad con su bandera nacional, visible en ventanas, murales y balcones del barrio. Más que una estructura monumental, las banderas actúan como símbolo unificador que celebra la historia colectiva, reafirma la identidad y proyecta las aspiraciones de un pueblo que, aún lejos de su isla, mantiene viva la memoria y la dignidad de su origen.