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La huelga en Suiza  Dairy

 

 

CLARIDAD

El conflicto huelgario en la empresa Suiza Dairy se ha prolongado desde el pasado 11 de junio y continúa hasta la fecha de esta publicación. Se trata de una huelga en la que en apariencia parecería ser una clásica disputa obrero patronal sobre encontrar un punto de acuerdo en cuanto a la aportación patronal al plan médico.  Sin embargo, detrás de esta disputa existen varios niveles de análisis que ayudan a entender las acciones  tanto de los trabajadores agrupados en la Central General de Trabajadores, como de la del patrono que aunque opera bajo el nombre que todos conocemos, se trata  del Grupo Gloria, una empresa con sede en Perú que participa en la industria de productos lácteos en todo el continente sudamericano, además de tener ramificaciones internacionales en industrias del cemento y la construcción y fondos de inversión.

En el centro de la controversia está sin duda el reclamo de los trabajadores de un aumento a la aportación patronal al plan médico. A inicios del 2013, las partes suscribieron un convenio colectivo en donde el único punto que quedó pendiente a negociar fue la aportación al plan médico para el segundo y tercer año del convenio. En vista de ello, el patrono solicitó tiempo para someter una propuesta. Por lo que el convenio dispuso para retomar este cabo suelto en marzo de este año. La unión procedió a someter su propuesta inicial consistente en un aumento a la aportación de $125. Sin embargo, a pesar de varias reuniones, el patrono nunca presentó una contraoferta. El momento en que más cerca estuvieron de presentarla fue el jueves 30 de junio cuando se comprometieron ante el Secretario del Trabajo a someter una oferta al siguiente día. Contrario a lo indicado, al siguiente día procedieron a informar del cierre de operaciones de manera parcial y temporera, dejando sin empleo a sobre 480 trabajadores principalmente del área de producción y ventas.

La contraofensiva del patrono de ejecutar un cierre patronal es muestra de la intensidad del conflicto. Lo cierto es que la huelga ha tenido el efecto desde el primer día de paralizar la totalidad de la producción de la principal planta de Suiza, localizada en Río Piedras. Esto le ha provocado grandes pérdidas que ya sobrepasan por millones los reclamos de los trabajadores. Entonces, cabe preguntar las razones de la obstinación patronal de no ceder o al menos intentar encontrar un punto medio que permita la reanudación de la producción. Para responder a esto, debemos entrar a los demás niveles de análisis que explican el conflicto.

En primer lugar, se trata de una postura ideológica de clases. Sí. El patrono está muy conciente del impacto que una derrota patronal tendría en las mentes de los trabajadores y trabajadoras del sector privado si una huelga militante que logró paralizar la producción logra vencer. Ante este escenario, su conciencia de clase patronal y capitalista les obliga a “jugar pal equipo” y asumir la contraofensiva aunque le represente costos inmediatos. El 2 de julio se efectuó una primera prueba de fuego en ese conflicto ideológico. Y es que, a la vez que continúa la huelga, la CGT prevaleció en unas elecciones sindicales en Conwaste de Carolina con sobre el 75% de los votos. Esta elección estuvo matizada por la campaña de terror del patrono ayudada por el Municipio de Carolina en la que achacaban el cierre de Suiza a la huelga y militancia de la CGT. Los trabajadores de Conwaste superaron estos intentos de intimidación y abrazaron  a la organización sindical.

Por otra parte, se trata de un conflicto que lleva años dilucidándose en donde Suiza ha reclamado que la intervención de la Oficina de Reglamentación de la Industria Lechera (ORIL) ha impuesto costos de manera ilegal a la industria, afectando la capacidad de generar ganancias.  Según Suiza, estos alegan públicamente que la razón del cierre se debe fundamentalmente a la intervención de ORIL y al alegado incumplimiento con una sentencia dictada por el Tribunal Federal en 2013. En este conflicto está en juego la capacidad de regulación del estado de esta industria y los controles de precio. Es una batalla que transcurre públicamente en el marco legal, pero que se mueve en el ámbito del cabildeo político para obtener mejores condiciones de negocio. Este lamento de Suiza ante los supuestos abusos de ORIL contrasta con el hecho de que Suiza ha sido por años la primera empresa de productos lácteos del País, controlando consistentemente sobre el 60% del mercado. Mercado, que cuenta con apenas otros dos competidores de importancia siendo estos Tres Monjitas y la Cooperativa de Productores de Leche de Puerto Rico, conocida comercialmente como Indulac.

La importancia de la industria lechera tanto para la economía como para el consumo del País, sumado a la realidad de un mercado dominado por solo tres empresas, requiere sin duda alguna una regulación especial por parte del estado. De lo contrario, tanto la calidad como los precios se verían afectados en detrimento de la gente.

La movida de Suiza es una manera de estremecer el mercado y presionar al gobierno para que cedan a sus reclamos. Esto se combina con la radicación de un nuevo pleito en el tribunal federal contra el gobierno y ORIL. El poder económico de Empresas Gloria le permite el lujo de realizar este tipo de movidas que de primera instancia parecería un golpe auto infligido, pero que a la larga apuestan a domesticar a sus empleados y amoldar las normas del mercado a su antojo.

Ciertamente, para los trabajadores el reto es sumamente grande. Hasta el momento, el ánimo en la huelga ha sido extraordinario y han asumido la respuesta patronal como un acto desesperado ante la efectividad de la huelga. Por lo que la calma y la disposición de mantener la presión se han convertido en su mayor virtud.

La movida del patrono no contó con la postura de voces de la CGT y del País que han levantado el reclamo de que la empresa pase al control del gobierno o directamente de los trabajadores. En el caso de los trabajadores, estos han aprendido en el proceso huelgario, la importancia crucial de su labor tanto material como intelectual y su potencial capacidad de correr la empresa con una visión de brindar un bien al pueblo a la vez que se reparten las ganancias de manera más justa. Si bien esta discusión aún está comenzando, la misma abre puertas a un abanico de posibilidades  y de ensayos que nos permitan repensar una economía dirigida por los y las trabajadoras.

Finalmente, este conflicto debe enmarcarse en el contexto de la crisis inflacionaria en que vivimos. Por un lado, se aumenta el salario mínimo y por el otro aumentan todos los productos de la canasta básica, la luz y el agua, por mencionar algunos renglones. Este escenario históricamente se ha resuelto principalmente  de dos maneras: pasándole la factura al pueblo, llevándoles a un mayor estado de empobrecimiento o, provocando una redistribución de las riquezas tanto en el renglón de los recaudos gubernamentales como en el del aumento de salarios y beneficios. Es por ello que la solidaridad con la CGT y los huelguistas es estratégica para alterar los objetivos de quienes pretenden resolver la crisis con más medicina amarga para el Pueblo.

 

El camino difícil de Orlando “Peruchín” Cepeda

 

 

CLARIDAD

 

Cuando ya Orlando “Peruchín” Cepeda se destacaba como jugador de los Gigantes de San Francisco y Roberto Clemente era uno de los principales jugadores de los Piratas de Pittsburgh ocurrió un incidente que dice mucho de lo que ambos debieron enfrentar durante su carrera en las llamadas Grandes Ligas del béisbol de Estados Unidos. Los Gigantes visitaban a los Piratas y había juego por la noche donde los dos boricuas serían rivales, pero antes del partido se juntaron para ir a almorzar. Aun cuando estaban en una ciudad del norte estadounidense donde, además, Clemente era ya muy conocido como jugador del equipo local, en el restaurante que escogieron se negaron a servirles porque eran negros. También habían llegado al restaurante hablando en español, lo que agravó su situación.

La anécdota se la escuché al propio Cepeda en 2012 cuando fue el orador invitado a la Cena Gala en beneficio de CLARIDAD celebrada en el hotel La Concha de San Juan. Al siguiente día del evento fui con Pablo Rivera a visitarlo a su apartamento de Isla Verde para agradecerle su apoyo al periódico y allí, mientras departíamos, escuché de sus labios esa y otras historias de su vida como pelotero en Estados Unidos.

No recuerdo si Cepeda mencionó el año de aquel encuentro con Clemente, pero debió haber sido en la primera mitad de la década de 1960 porque jugó con los Gigantes entre 1958 y 1966. Para esos años ya la lucha del pueblo negro estadounidense contra el racismo había alcanzado algunos logros, pero el discrimen y el abuso racial seguían siendo la norma. Para la fecha del incidente en Pittsburgh apenas habían trascurrido 15 años de que se permitiera el primer pelotero negro en un equipo de las Grandes Ligas y la gran mayoría de los jugadores seguían siendo blancos formados en un ambiente de odio racial.

Para los puertorriqueños, igual que para otros latinoamericanos al racismo se unía la barrera del idioma. “Como muchos jugadores latinoamericanos, Cepeda no hablaba inglés”, dice el periodista deportivo Chris Haft, en un artículo publicado en MLBN.com tras el reciente fallecimiento de Peruchín; “tampoco entendía las racistas leyes Jim Crow vigentes en la mayoría de los pueblos sureños, incluyendo Salem, Virginia, a donde los gigantes inicialmente lo enviaron.”

En el artículo de Haft se narra otro incidente, esta vez con un compañero del equipo de los Gigantes a quien el periodista no identifica. En un momento en que Cepeda hablaba con el también boricua José Antonio Pagán, un lanzador del equipo les gritó que como estaban en Estados Unidos no podían estar hablando en español. La reacción de Cepeda fue hablar en inglés, que ya había aprendido, pero para lanzarle una andanada de malas palabras al gringo.

Cepeda, Clemente, Víctor Pellot, Rubén Gómez y otros jugadores boricuas que comenzaron sus carreras a mitad del siglo XX pudieron jugar en Grandes Ligas porque en 1947, con Jackie Robinson, había comenzado a descorrerse el velo de la segregación racial en ese deporte, pero igual que los jugadores negros estadounidenses, su camino al estrellato en el deporte estuvo repleto de obstáculos que no tuvieron que enfrentar los jugadores blancos.

A diferencia de los otros jugadores latinoamericanos que desde Cuba, Venezuela o República Dominicana llegan al beisbol de Estados Unidos, los boricuas son “ciudadanos americanos”, pero esa condición sólo les sirve para no tener que gestionar una visa para entrar a territorio estadounidense. Todo lo demás era y sigue siendo lo mismo. Igual que los otros latinoamericanos sufren en el mismo discrimen étnico, el mismo rechazo por desconocer el idioma y se enfrentan al mismo odio racial. A mediados del siglo XX, cuando el rechazo era abierto y hasta “legal”, las condiciones que enfrentaron fueron terribles. Luego mejoraron, pero las barreras no desaparecieron.  Recientemente, en pleno siglo XXI, el pelotero puertorriqueño Carlos Beltrán, junto a otros jugadores latinoamericanos, dio una batalla para que los jugadores recién reclutados pudieran tener acceso a un intérprete, beneficio que se les estaba otorgando a jugadores provenientes de Japón.

Enfrentando el rechazo étnico y racial, jugadores como Cepeda y Clemente se desarrollaron hasta llegar a ser estrellas del beisbol estadounidense convirtiéndose, de paso, en auténticos héroes de los puertorriqueños. Cuando se escriba la historia de la nacionalidad puertorriqueña a lo largo del crucial siglo XX, habrá que reconocer el deporte como uno de los elementos que ayudaron a su consolidación. A lo largo de ese siglo, tan reciente y próximo, nuestra nacionalidad creció y se consolidó mientras se enfrentaba a deliberados intentos de destrucción. Nuestros héroes deportivos, llenándonos de orgullo patrio, contribuyeron y contribuyen a esa cohesión.

 

Hablan de Dylcia Pagán

Foto Alina Luciano

 

 

 

La partida de la patriota Dylcia Noemí Pagán nos deja un legado de lección de una mujer luchadora, en todo el sentido de la palabra. Los testimonios sobre su persona de aquellos que la conocieron, que compartieron con ella sus afanes, tanto en la lucha por la liberación de la patria, como personalmente nos dan prueba de su grandeza.

 

Dylcia cumplió con nuestra patria
Edwin Cortés/ ex prisionero político

 Conocí a Dylcia en el centro correccional de Chicago durante uno de sus tantos traslados de prisión a prisión. Nuestra abogada Jan logró reunirnos en un visita legal junto a Alberto Rodríguez y Alejandrina Torres. Fue un visita muy emotiva e inspiradora para nosotros porque estuvimos esperando juicio en ese entonces y pudimos tener un diálogo necesario e importante.

Volvimos a encontrarnos en nuestra patria amada después de nuestra excarcelación el 10 de septiembre de 1999. Siempre con chistes y regaños hacía sentir su presencia.

Dylcia cumplió con nuestra patria y el pensamiento Corretjeriano que los boricuas – no importa donde nazcan seguirán siendo puertorriqueños. Dylcia fue parte de la tercera generación de boricuas acusados de conspiración sediciosa. ¡Patriota, mujer ejemplar, ejemplo a emular! Te extrañaremos. Sé que Elizam te recibió con los brazos abiertos. Descansa en poder. Seguirás marchando a nuestro lado.

Dylcia trasciende la historia como combatiente revolucionaria
Rita Zengotita/Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico

Decía don Pedro Albizu Campos, el Maestro, que allí donde reposa el mayor número de muertos ilustres radica la más vigorosa dignidad nacional. Dylcia trasciende la historia como una combatiente revolucionaria, que aceptó el legado que nos dejaran nuestras heroínas nacionalistas para darle continuidad a una lucha inconclusa pero irreversible, la de la independencia patria y de justicia social. Aportación de valor incalculable.

Hija de migrantes puertorriqueños obtuvo una exquisita preparación académica. Fue exitosa en su carrera profesional habiéndose destacado por sus significativas aportaciones al mundo de las comunicaciones y las artes. Aún siendo así, optó por poner su inteligencia al servicio de la lucha de liberación patria y se entregó sin reservas a las filas de las Fuerzas de Liberación Nacional (FALN) organismo independentista clandestino, de lucha armada. Fue amenazada de si encontraban a su hijo, casi bebé, lo reventarían contra el piso, lo que la obligó tener que lidiar con la drástica y dolorosa decisión de aceptar que este fuera sacado fuera de EU; que siempre había sido el entorno de lucha de ésta y así proteger su vida. Poco más de una década, vivió bajo el temor y la incertidumbre de lo que le pudiera pasar; sin contacto alguno físico -visual. Pasaron más de diez años para que se diera el momento para tan ansiado encuentro. A pesar del dolor de madre, de las diferentes formas de tortura a la que fue sometida, incluyendo la larga sentencia a cumplir en prisión, Dylcia no claudicó. Nunca cedió un ápice y trascendió dejando el mayor ejemplo de valor, perseverancia y dignidad patriótica. Como mujer puertorriqueña y compañera de ideales y luchas de Dylcia, digo que trascenderá nuestra historia dejando una huella indeleble de entrega y sacrificio, los cuales vivió con alegría contagiosa y a su manera.

Como dice mi compañero José M. Martí Nieves (Cheo) en verso: La Muerte perseguidora// que aún no logra darme alcance// me golpea tantas veces// cuantas mata a un ser querido

Gracias por todo lo que has dado a la patria
Carlos Alberto Torres/ ex prisionero político

Siempre me encontraba a Dylcia en las ferias artesanales donde yo montaba mi cerámica. Era cuando yo aprovechaba dejar la mesa e irme a caminar con ella. Conversábamos de lo nuevo o recordábamos lo ya pasado. Podia ser una conversación seria, o nos perdíamos entre los chistes y descargas políticas. Todo dicho en son de humor y picarda. Quiero recordar siempre su humor y su forma cariñosa de ser. Pues, es imposible olvidarnos de su arte, su conciencia política y enorme sacrificio. Hoy, Dylcia está unida en espíritu a esos otros seres queridos que ya se han ido. Descansa en paz compañera, gracias por todo lo que has dado a la patria.

 Su militancia la definió su amor inquebrantable por nuestra patria.
Lucy Rodriguez/ ex prisionera política

La lucha de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional me dio la oportunidad de vivir experiencias transformativas al lado de Dylcia. Su militancia la definió su amor inquebrantable por nuestra patria.

Fue evidente su capacidad de ganarse el cariño de muchas personas no sólo puertorriqueñas, sino de muchas culturas diferentes. Dylcia vivió libremente dentro de los principios claros de lo que es la libertad.

Eres parte integral de nuestra familia revolucionaria
Alicia Rodríguez/ ex prisionera política

Querida Dylcia, tu fuerza, compromiso y devoción a la lucha por la independencia de nuestra nación Puerto Rico perdurarán para siempre. Eres parte integral de nuestra familia revolucionaria. Te extrañaremos. Que descanses en paz.

— Con un hombro menos —
Oscar López y Clarisa López Rivera
Y esa noche la luna sonreía
con su sonrisa amplia y vacía
y las lágrimas se secaron en los más tristes ojos.
Así, que cuando yo muera
la vida seguirá su tremenda algarabía
de coquíes, de niños llenos de alegría
que es la vida misma.
Donde me entierren, los coquíes
cantarán contentos sobre mi tumba…
– Consuelo Lee Tapia de Corretjer-
Compañeros y Compañeras anoche me enteré de la partida física de una de mis camaradas de lucha, la compañera Dylcia Pagán. Inmediatamente recordé el poema de Doña Consuelo del cual citó unas estrofas para acompañar este breve mensaje lleno de amor y energías positivas para el Truki, su amado hijo (Ernesto) y sus amadas nietas. Dylcia fue y será una de las mujeres imprescindibles que dedicó su vida a la lucha de la independencia y soberanía de Puerto Rico.
Gracias compañera, VENCEREMOS!
En Resistencia y Lucha,

 

¡Qué mucho echaré de menos a esa fuerza de la naturaleza que fue Dylcia!
Jan Susler
Abogada de Dylcia

Una pequeña muestra de ese compromiso se desprende de sus acciones en la lectura de sentencia, cuando le dio la espalda al juez para dirigirse a las personas que acudieron para apoyarla, y luego se dirigió al juez para decirle:

“Usted intenta asustarnos con una sentencia de 80 años.  Pues sepa que eso no nos asusta, no nos asusta porque los que estamos dispuestos a tomar las armas por una causa no tenemos por qué temer, porque sabemos el objetivo y sabemos que la causa es justa y acertada.  Senténcieme a los 80 años, que los serviré con honor y dignidad, porque es un honor poder servir con dignidad a la causa en la cual tan firmemente creemos”.

Mientras el juez hablaba sobre su sentencia, ella cantaba en español.  El juez le dijo: “Debo decir en su defensa que creo que William Morales es tan responsable por sus acciones [las de Dylcia] como el que más,” a lo que ella respondió, “Ay, por favor.  Usted trata de decir que yo no tengo opiniones propias. Escuche bien, por favor, no siga poniendo en evidencia toda la ignorancia que ha demostrado hasta ahora.” El juez la condenó a 55 años de prisión, añadido a los ocho años que ya cumplía en prisiones de Illinois.

Tanto en las prisiones estatales como en las federales, Dylcia luchó por mejorar las condiciones carcelarias de sus hermanas prisioneras y la de los niños que las visitaban, hizo todas las gestiones posibles para reconectarse con su querido hijo Ernesto, desarrolló sus destrezas como artesana, y se convirtió en mentora política de los y las jóvenes puertorriqueños/as que la visitaban… todo ello mientras seguía vistiendo a la moda y poniéndose su “lipstick” rojo furioso.

Luego de su excarcelación, adquirió su casa en Loíza, la cual convirtió casi en un museo, rodeada de arte y artesanía puertorriqueña, algunas piezas hechas por ella misma.  En cada una de sus causas, fuese su participación en las campañas por la excarcelación de sus compañeros aún en prisión, su labor como documentalista, o su participación en organizaciones políticas, continuó siendo una fuerza de la naturaleza, llena de energía, pasión y entrega, a veces temeraria y hasta chabacana, siempre fiel a su profundo compromiso con la libertad de Puerto Rico, y siempre vestida a la moda y con su característico “lipstick”.

¡Qué mucho echaré de menos a esa fuerza de la naturaleza que fue Dylcia! No puedo evitar pensar que ahora Elizam y ella están bailando juntos, celebrando su encuentro, y sonriéndonos desde allá arriba.

 

 

 

 

Viva Cepeda

Jaime Córdova y Peruchín

 

Los senadores cantaban En mi Viejo San Juan
y los cangrejeros bailábamos con Cortijo.

Orlando Cepeda

Estoy escuchando este apellido desde 1942. Estos son los tiempos en que los padres no se equivocaban y el mío decía que Cepeda era el mejor bateador de la pelota puertorriqueña. Por supuesto, se refería a Pedro Aníbal Cepeda, padre de Orlando, a quien vi jugar en 1943 y 1944. Para entonces ya tenía treinta y ocho años y cuando estaba de buen humor daba un salto mortal en el terreno, igual que lo haría Ozzie Smith décadas más tarde. Al batear, casi colocaba su hombro izquierdo sobre la esquina de adentro y luego agitaba su bate rojo en preparación para el lanzamiento estilo Garry Scheffield. Contar esto me hace sentir algo viejo; pero lo cierto es que yo observaba a los niños de la escuela Goyco en mi barrio de la calle Loíza imitar a Perucho Cepeda y hoy, 65 años más tarde, veo niños en las Pequeñas Ligas de Luquillo imitar a Scheffield sin saber ellos que esta forma de batear posiblemente se originó en Puerto Rico.

En los primeros tres torneos de beisbol que se celebraron en Puerto Rico, comenzando en 1938, hubo un solo líder en carreras empujadas: Perucho Cepeda. Y en esos años, su promedio al bate fue .465, .383 y .421. Ahora llegamos al Sixto Escobar de 1945. Es la inauguración de la temporada y San Juan derrotó a Santurce 10 a 5. Ganó el juego Johnny Davis y perdió Luis Raúl Cabrera. Nosotros los cangrejeros celebramos como si hubiéramos ganado porque en la séptima entrada Perucho Cepeda conectó un cuadrangular que se comentó en Santurce por varias semanas. El batazo fue sobre la verja del izquierdo, algo raro en Cepeda porque él dirigía la mayor parte de sus batazos por el derecho central. El viejo fue bateador de puntos muertos, pues como saben los mayores, las distancias en el Sixto Escobar de aquel tiempo no estaban marcadas, pero eran distantes al extremo de que había pinos dentro del terreno y no molestaban para jugar. En la calle Loíza medían la distancia de los batazos de otra manera y por allí decían que el jonrón de Perucho era un viaje en taxi de siete dólares.

La última vez que vi a Perucho Cepeda fue en 1951, en el antiguo parque Nicolasa Rivera de Juncos. Él actuaba como dirigente de este equipo en el Torneo de Beisbol Superior. Luego de perder un doble juego contra Humacao, se quedó sentado en el banco, solo, asimilando su doble derrota. Me acerqué, tal vez algo irrespetuosamente, pero es que quería ver “al mejor bateador de Puerto Rico”, según lo aprendido de niño. Allí estaba recogiendo algunas cosas. El domingo de Juncos terminaba en su maletín y la piel chamuscada del viejo dejaba ver que luchaba contra algo más difícil que un juego de pelota. En este año de 2006 se cumple un siglo del natalicio de Perucho Cepeda. El deporte puertorriqueño no puede ignorar un acontecimiento de tal magnitud.

En el mismo parque Sixto Escobar donde vi a Perucho Cepeda por primera vez, una noche de 1955 miraba a un grupo de novatos correr desde el bosque central hasta el derecho en unos ejercicios prejuego. Entre ellos, el que siempre ganaba las carreras era uno que corría medio cojo, pero generaba velocidad con un braceo poderoso y gran determinación. Su nombre: Orlando Cepeda. Yo no sabía que hacía solamente dos o tres años había tenido que ser operado de ambas rodillas para poder caminar. No para correr o jugar pelota, sino para caminar. Hay más ejemplos que ilustran esta competitividad y determinación.

Orlando se hizo pelotero en Santurce. ¿Saben cuántas ligas o terrenos para jugar pelota había en Santurce desde la Parada 11 en Miramar hasta el puente de Martín Peña, incluyendo la 15, la 18, Barrio Hoare, Minillas, Calle Loíza, Villa Palmeras, Barrio Obrero y parte de Cantera? Ninguno. No había dónde jugar. El único lugar era El Canódromo en Puerta de Tierra, que tenía tres ligas, y aquí se acomodaban todos los peloteros de la Zona Metropolitana y se celebraban todos los torneos. Desde cualquier punto de El Canódromo se divisaba imponente, lejano, como un castillo en las nubes, el Parque Sixto Escobar, donde queríamos jugar los aspirantes a pelotero. El Sixto Escobar de Luis Rodríguez Olmo, de Juan Evangelista Venegas, de Rubén Gómez; el Sixto Escobar de Tetelo Vargas, Raúl Feliciano; el Sixto Escobar de Roberto Clemente, Filiberto Correa y de tantos soldados soñadores sin nombre que forjaron el beisbol boricua y, que no se nos olvide, el Sixto Escobar que se llenó de puertorriqueños la tarde del 15 de diciembre de 1947 para recibir al maestro Pedro Albizu Campos.

Orlando Cepeda encontró la manera más rápida de llegar al Escobar. Sencillamente, saltó del beisbol Clase A al nivel profesional. Nadie más lo ha hecho. Lo comparo con empezar la escuela en tercer grado sin haber estado en primero y segundo. Vivía de reto en reto. Comenzó su carrera profesional en Estados Unidos, en lugares llamados Salem y Kokomo, áreas conocidas como la cuna del Ku Klux Klan. ¡Por lo que habrá pasado!

Cuatro años completos estuvo en las Ligas Menores. Cuando lo subieron, se estableció casi inmediatamente como el primer jonronero latino de la historia. Orlando cambió la percepción que prevalecía entonces de que los peloteros latinos solo podían desempeñarse en el juego rápido. En este sentido fue un revolucionario, porque transformó esa visión y abrió camino para quienes llegaron después. Mientras tanto, Puerto Rico contaba sus jonrones uno a uno. La noticia deportiva de todos los días era qué hizo Orlando anoche. Lo adoptamos, pero luego de adoptarlo comenzamos a exigirle. Si conectaba 25 jonrones, considerábamos que debieron haber sido 35. Si lograba 46, queríamos 56, y si bateaba menos de 46, entonces decíamos que “Orlando no está alcanzando su potencial”. Todavía estoy esperando que alguien explique cómo se fijan “los potenciales” La verdad es que lo evaluamos mal. Lo simplificamos a la mínima expresión. Fue convertido en algo así como “un niño con talento”.  Todos sus apodos fueron descriptivos de precocidad juvenil: El Bambino Boricua, The Baby Bull, Cha Cha, Peruchín y, por supuesto, El hijo de Perucho. Con toda la fuerza que tiene la ignorancia, nunca fuimos capaces de reconocer sus mejores cualidades, entre otras, la nobleza y el afán por encontrar la verdad.

La primera vez que entrevisté a Orlando fue en 1974 cuando yo trabajaba para Claridad Diario. En aquella ocasión hablamos sobre beisbol, pero también sobre asuntos personales. Recuerdo que le llamaba la a atención mi trabajo y me comentó: “Tú has encontrado una dirección para tu vida”. Él estaba a punto de retirarse del beisbol. “No puedo más con estas rodillas”, nos dijo. Resultaba obvio que que Orlando se encontraba en un momento difícil, importante. Buscaba respuestas y, como sabemos todos, a la vida no le gusta contestar preguntas sin cobrar peaje.

Pasaron 32 años y tuvimos que hacerle una nueva entrevista publicada recientemente. Nos  sentimos contentos de ver que Orlando proyectaba aplomo y felicidad. Como dicen los creyentes en el budismo  —y Orlando es uno de ellos—, había convertido el veneno en medicina. Poco faltó para que no pudiera estar con nosotros esa noche. Tuvo que reasignar un compromiso anterior para ayudar a un amigo. Después de la entrevista que le hicimos, fue al presidio a ofrecer apoyo y solidaridad a varios grupos. Me enteré por una mutua amiga de que en estas Navidades visitó Manuel A. Pérez, Las Gladiolas, Quintana, López Sicardó y otros lugares.

Y este es Orlando Cepeda. Esta noche hemos querido que lo conozcan un poco mejor.

*Palabras para presentar a Orlando Peruchín Cepeda en la Cena de Gala del Semanario CLARIDAD en enero de 2006.

Estadistas intentan “redefinir” el caso de Puerto Rico como el de una minoría en EE.UU.

 

 

 

Especial para Claridad

 

ONU, Nueva York – Tras reiterar que lenguaje utilizado hasta la fecha por el Comité de Descolonización (C-24) de las Naciones Unidas en sus resoluciones sobre el caso del estatus de Puerto Rico “no ha cambiado nada” desde que éstas se vienen emitiendo, el exgobernador de Puerto Rico Ricardo Rosselló retó al comité durante su pasada sesión a asumir una idea radical; arriesgarse y atreverse a cambiar el texto de su resolución este año.

“He aquí una idea radical… arriésguense y atrévanse a cambiar estos textos repetitivos que contradicen la voluntad del pueblo. Consideren el siguiente texto: el comité especial de descolonización aprobó hoy un proyecto de resolución que reafirma el derecho inalienable del pueblo de PR a la autodeterminación y apoyará la elección del pueblo de PR respecto a su futuro político,” dijo Rosselló a los miembros del C-24 el pasado 20 de julio.

Ricardo Roselló en su intervención. Foto suministrada por el autor.

La abierta intención de Rosselló era conseguir que el C-24 reconociera la fórmula de la estadidad, incluso la de la libre asociación, como alternativas de descolonización.

De acuerdo con Rosselló, el hecho de que el C-24 “prescriba la independencia” como finalidad en sus resoluciones “no es una opción” descolonizadora para Puerto Rico porque en los recientes plebiscitos de estatus la estadidad ha resultado favorecida.

En un tono marcadamente informal el exgobernador cuestionó el por qué el comité habría de “tenerle miedo a esta opción”. Rosselló justificó su propuesta aduciendo que “el Congreso [de EEUU] ya se ha embarcado en esta dirección y los miembros de esta delegación congresional han trabajado incansablemente para que este cambio se produzca”. Como cuestión de hecho, el proyecto presentado en el Congreso este año (“Puerto Rico Status Act”) no parece tener posibilidades de ser aprobado dado que la vista pautada para el día 19 de junio –un día antes de la sesión del C-24– fue cancelada y el calendario legislativo federal es más corto por ser este un año eleccionario.

La deposición de Rosselló confirmó los señalamientos que había hecho más temprano en la sesión el abogado y profesor de derecho Steven Lausell, a los efectos de identificar “ciertos grupos dentro de las clases políticas puertorriqueña y norteamericana han intentado redefinir a Puerto Rico dentro del discurso del derecho internacional no como un pueblo con derecho a la libre determinación, sino como una minoría dentro de Estados Unidos”.

El comentario de Rosselló señalando que el Congreso de EEUU ya se encuentra atendiendo el estatus político de Puerto Rico puso en evidencia la estrategia del exgobernador y los grupos anexionistas que depusieron en la sesión de convertir el caso en un asunto doméstico de Estados Unidos.

Para Lausell las implicaciones de esto son claras.

“Una minoría se considera que ya es parte del estado, y solamente debe aspirar a tener participación equitativa en el gobierno nacional,” dijo el profesor de derecho, quien recalcó que Puerto Rico es un pueblo y así lo han reconocido las Naciones Unidas desde su creación.

Lausell se refirió a la inclusión de Puerto Rico en la primera lista de territorios no autónomos creada por la Asamblea General del organismo internacional, en virtud del Artículo 73 de la Carta de las Naciones Unidas.

“Desde los comienzos de esta organización hace casi ocho décadas ha quedado firmemente establecido que Puerto Rico constituye un pueblo bajo el derecho internacional”, enfatizó Lausell.

“Los pueblos, como acreedores del derecho colectivo a la libre determinación, ocupan una posición altamente privilegiada dentro del derecho internacional. Ese derecho les permite formar parte de la comunidad internacional y tener su lugar en esa mesa en condiciones de absoluta igualdad y dignidad. Pero el primer paso para ello tiene que ser la descolonización y el ejercicio legitimo del pueblo puertorriqueño de su derecho a la libre determinación”, añadió el letrado.

Lausell denunció los esfuerzos para intentar reducir el problema colonial de Puerto Rico a una mera cuestión de derechos de minoría están dirigidos a evitar el proceso legítimo necesario de la descolonización y así inclinar la balanza a favor de la anexión.

Lausell exhortó al comité a no permitir que se cambie el discurso sobre Puerto Rico “ni que se diluya su resolución”.

Tras escuchar a más de 70 representantes de organizaciones cívicas y políticas, y personas privadas el Comité de Descolonización aprobó el pasado 20 de junio una nueva resolución reafirmando el derecho inalienable de Puerto Rico a su libre determinación e independencia.