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¿Hacia dónde debe ir el caso de Puerto Rico en Naciones Unidas?  (2)

 

Especial para CLARIDAD

Luego de la adopción de la resolución 1514(XV) por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1960, y el establecimiento del Comité de Descolonización en 1962 las fuerzas independentistas estuvieron 10 años reclamando la atención del Comité de los 24 al caso de Puerto Rico y la afirmación de la aplicabilidad al mismo de la resolución 1514(XV).

Desde que inició su examen del caso de Puerto Rico cuando representantes de países del campo socialista miembros del Comité ayudaron a conformar en el mismo una correlación de fuerzas que favoreció votaciones a favor de sus decisiones y resoluciones sobre Puerto Rico, el mismo ha reclamado la solución a diversos problemas en Puerto Rico que emanan de su condición colonial como fueron la presencia de la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques y los presos políticos, entre otros. Ha exhortado a Estados Unidos a asumir su responsabilidad de promover un proceso que permita que el pueblo de Puerto Rico ejerza plenamente su derecho inalienable a su libre determinación e independencia de conformidad con la resolución 1514(XV). Además, ha solicitado a la Asamblea General que examine la cuestión de Puerto Rico.

Entre las transiciones políticas en Puerto Rico mencionadas en la Parte 1 de este escrito ahora también debemos mencionar que hace varios años estas incluyeron la disolución del Comité de Puerto Rico en Naciones Unidas (COPRONU). Este Comité cuasi autónomo abarcaba un equipo de trabajo que aseguraba algunos elementos de la presentación del caso, tenía finanzas autónomas, celebraba actividades políticas de temas relacionados y recaudación de fondos, y allegaba recursos externos para su trabajo.

Con alguna regularidad COPRONU publicaba un boletín para las delegaciones diplomáticas entre otros, “¡Puerto Rico al día!”, que dio continuidad a otros como el boletín de la otrora Oficina de Información Internacional sobre la Independencia de Puerto Rico. Organizó dos exhibiciones de arte de Puerto Rico junto al arte venezolano.

Tengamos en cuenta que la mano de la inteligencia estadounidense está siempre presente. Se explotan diferencias en perspectivas y personalidades y errores específicos cometidos. Con la entrega de las carpetas de independentistas que acumuló la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico no terminaron los distintos métodos del trabajo contra el independentismo buscando como dividirnos y socavarnos.

En todo caso desde el lugar donde estamos actualmente debemos intentar llevar el trabajo en Naciones Unidas a un nivel superior. Este tiene que ser unitario y amplio como lograron en su momento la Organización de la Liberación Palestina, el Congreso Nacional Africano de Sudáfrica (ANC por sus siglas en inglés), la Organización del Pueblo del África Sudoccidental de Namibia (SWAPO por sus siglas en inglés) y más recientemente el Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Rio de Oro del Pueblo (Frente Polisario del Sáhara Occidental) que tuvieron representaciones en Naciones Unidas como tuvo el Partido Nacionalista antes de la Revolución de 1950.

Sería de la mentalidad colonial pensar que no podemos lograr algo así. Pero para ello la presencia en Naciones Unidas debe ser continua. Debemos lograr una mayor unidad y convergencia en el trabajo, y una mayor amplitud en nuestro trabajo sobre el terreno entre las delegaciones ante Naciones Unidas y con ello ninguna organización tiene que perder su personalidad propia. Además, todo esto requiere recursos que hay que allegar. Además, solo así podremos emprender el enorme trabajo que implica que la Asamblea General adopte el tema de Puerto Rico.

Recientemente, un esfuerzo importante para el trabajo es la sección a cargo del trabajo en Naciones Unidas del Instituto Puertorriqueño de Relaciones Internacionales (IPRI) el cual debe consolidarse.

Estamos en un momento en que el Estado Libre Asociado está cada vez más deteriorado, y en que habido cambios políticos en Puerto Rico. Estamos en un momento en que han surgido nuevas fuerzas y voces conscientes de lo nefasto para el pueblo de Puerto Rico del estatus colonial, voces a favor de la descolonización, y a favor de la independencia. En un momento como este los esfuerzos de convergencia también tienen que reflejarse en las Naciones Unidas y otros foros del trabajo internacional.

Lo contrario es lo que más conviene a los intereses de Estados Unidos: que nuestro trabajo internacional en particular en Naciones Unidas sea disperso. Por eso tenemos que seguir luchando para poner al día nuestro trabajo en Naciones Unidas. De nosotros depende. No del Comité de Descolonización, no de Cuba, no de los No Alineados – siempre con esa solidaridad de nosotros depende el intento de conducir mejor y de manera relevante nuestro importantísimo trabajo internacional en particular en lo relativo a la presentación de nuestro caso colonial en Naciones Unidas.

De otra manera los intentos por la descolonización se mantendrán en el marco de la deforme política colonial partidaria y de los intereses de Estados Unidos a través de legislación de su Congreso.

 

Recetas peligrosas: de la mantequilla, los tejedores y el cooperativismo

 

 

 

Especial para En Rojo

A la doctora Elba Echevarría Díaz, pionera del cooperativismo alimentario en Puerto Rico

Sabemos la mantequilla.  A fuego lentísimo se decanta para ser base de las cremosidades de guisos indios. Se dora hasta colores oscuros y luego se reconstituye con el batido furioso a mano hasta emulsificarlla salsa más deliciosa del mundo. Sabemos la mantequilla. El pan criollo es su sintaxis perfecta. Sabemos la mantequilla. Y por ello, sospechamos.Como sospechamos del placer y la alegría, del amor y del talento, parece ser coherente que sospechemos de la mantequilla. Como desechamos en los rincones de la desmemoria la posibilidad de hacer una mejor sociedad, por supuesto, olvidamos la mantequilla.

No siempre hemos desentendido el placer de la obligación social y del buen estar, me consuelo. A los tejedores de Rochdale, la tienda del patrón les sustituyó la mantequilla por margarina. Quien haya probado tal unto bien puede entender que la tal margarina les supo a 12 horas de trabajo sin interrupción, a brazos destruidos por las máquinas, a niños de seis años, tísicos. La mezcla de sebo, ubre molida y suero de leche que se llamó margarina, les llevó a la mesa pobre el sabor de la injusticia materia constitutiva de la primera tienda cooperativa, una de las respuestas más contundentes al capitalismo craso. En sus veladas en que servían té con azúcar, panecillos de harina de trigo con mantequilla, galletitas de avena con leche de vaca, escribieron los fundamentos del movimiento cooperativo, todavía hoy vigente .

Crearon su tienda en donde vendían azúcar, harina, avena y mantequilla. Dividieron las ganancias, a partes iguales y no aceptaron que se les diera un producto de ínfima calidad como la margarina. Lo que no sospecharon estes luchadores fue que la industria alimenticia (liderada por la danesa Jergens) invocaran falsamente la nutrición y la salud para mantener ese unto de grasa y suero en el mercado. Que invocaran la salud justo este amasijo grasa con colorantes artificiales que en nuestro siglo se vinculara con problemas intestinales, cardiovasculares y renales. Que la nutrición como ciencia crecerá bajo el ala protectora de la industria de alimentos enlatados, vitaminados y con saborizantes. Que se repetirá con el mismo éxito esta estrategia con el gluten, proteína vegetal del pan, la leche de almendras, vinculada a la extinción de las abejas y otras fantasías del capitalismo tardío y su entusiasta sustitución de lo falseado por lo auténtico . Que serán los liberales y los librepensadores, sus herederos, los más entusiastas deste código.

La cronología esta vez nos auxilia. La mantequilla sea batida a partir de leche de búfala o de oveja, lleva sobre la mesa más de 4000 años. La margarina fue inventada en 1869 por el químico francés Hippolyte Mège-Mouriès en respuesta a un concurso lanzado por Napoleón III. El emperador buscaba una alternativa barata a la mantequilla para alimentar a las tropas y a las clases trabajadoras. En tiempos de guerra y hambruna buscaba reservarse la escasa mantequilla para las clases altas.

El químico, Mège-Mouriès mezcló sebo bovino (grasa animal) con suero de leche, creando una sustancia untuosa que llamó «margarina», derivada del griego «margaron» (que significa perla), debido a su apariencia rosa perlada. El amarillo se logró con colorante el sabor no era necesario. Mas tarde, la hambruna de la entreguerra les posibilitó a la familia danesa Jerguens revivir el producto: cuando había sangre en las calles, supieron que era la hora de llevar la margarina (y el luncheon meat otras delicacies) a las mesas empobrecidas y crean su cartera millonaria de inversiones. Pronto unirián desfachatadamente el clamor de un alimento accesible al de un alimento saludable, falsamente saludable, conviene aclarar. A inicios del siglo XX, se desarrolló la técnica de hidrogenación, que permitía convertir aceites vegetales líquidos en grasas sólidas a temperatura ambiente. Este avance tomado de las petroleras permitió el uso de aceites vegetales en la producción de margarina, reduciendo la dependencia de grasas animales. Gracias a ello, se impulsó la falsa ilusión de un unto saludable.

Sin embargo, la mantequilla siguió su ceremonial existencia. De leche de cabra en Etiopía, recién batida es parte de la solemnidad comunitaria del café, de yak en Nepal es añadida al arroz en un plato sustancioso gustado por monjes para auxilio de su meditación, De búfala de aguas en India con chapati y cardamomo una maravilla que se prepara para las fiestas de la luz. Siempre sabrosa, festiva, iluminadora.. Curiosamente ,su existencia promovía la posibilidad de la margarina.

La cremosa indigesta sustancia le llenó a la boca de preguntas a Roland Barthes. Y a Guy Debord de respuestas. A Baudrillard del certezas. Resulta que en una untada la margarina resume el capitalismo: tomar la simulación por lo real es posible porque no se oculta su falsedad. Antes bien se proclama su patraña y se mercadea su infundio. Esta proclamación de lo falso permite ponderar la sustancia sebosa como superior a la primigenia, estrategia que se usará en los centros de poder con otros asuntos más grasosos y menos untuosos. Lo veremos suceder una y otra vez. La lecha, la esclavitud, el pan, la xenofobia, y otras tantas sustancias derramadas por quienes desde el poder parecen crearnos un banquete propicio para nuestro apetito mortal de creer.

No deja de parecer contradictorio que la meta de la margarina sea parecer mantequilla y su valor en le mercado es que no lo es. Como la de la soya desea ser bistec encebollado pero esta beyond meat. che. La industria de la salud y de la nutrición se convierten en brazo del producto comercial. El comensal es repensado en las coordenadas de consumidor/ espectador, y supondrá un mercado de alimentos sustitutos de billones de dólares.

Los tejedores de Rochdale sabían que sustituir la mantequilla implicaba crear un valor sustitutivo del cuerpo humano. La explosión poblacional en las ciudades hizo claro que un humano era fácilmente sustituible por otro. Te venden la sustitución, pues eres sustituible: tú y tu humanidad. Los cuerpos atados a la caverna no distinguen   entre margarina y mantequilla, esa certeza guiaba a los científicos napoleónicos. El tardo-capitalismo no distingue quien eres, de otra manera que sea un espectador, un consumidor. La sombra proyectada en la pared es de nuestra ignorancia, cada vez más entusiasta con lo facsímilar, con el conocimiento insustancial y frívolo de los expertos. Ese ente es quien puede ser sustituido por formas ratifícales de producción de conocimiento.

En Operación Margarina, Barthes iluminado como siempre, nos presenta cómo ante nuestro esencial de desear de lo verdadero, aceptamos la sustitución falseada, por considerarla más verdadera. Sin embargo, la propuesta del francés es todavía más devastadora, pues es de orden no ya epistemológica, sino del ser. El canje de lo sustituto es ingeniosamente usado por Barthes para recordarnos que al margarina ser anunciada por sus horrores, los tales horrores se convierten en sus virtudes. El no ser mantequilla es el resumen de su bondad, y su horror. Que la margarina es una grasa barata hidrogenada no se oculta y al declararlo se vuelve un sabor palatable y su éxito en este mundo donde la verdad esta ala venta en el mismo estante que lo falso. .

Así, la mantequilla representa nuestra incapacidad para distinguir ente lo factual y lo verdadero. Lo factual es una serie de datos que se acumulan y nos dan la falsa idea de lo veraz. Es la esencia de lo canjeable en oposición a lo consagratorio. Nuestra propia carnosidad y nuestros miedos hidrogenados, sintetizados y enlatados.

En medio de la revolución industrial, los tejedores de Rochdale decidieron crear una contestación tenaz ante el incipiente modelo capitalista ,que crecía alimentado de los muñones de hombre mujeres, de los cuerpos tísicos de los niños. Exigieron mantequilla.( y azúcar pero esto lo pensaremos en otro lugar) La respuesta de las industrias danesas, herederas de la execrable formula naole®onica, fue crear la salud como una nueva mitolología, en que este cuerpo necesita el artificio de no ser mortal. Paladeamos solo sustituciones, la triste leche de almendras, la hendidura existencial que es ausencia del pan, la imposibilidad de la alegría del azúcar. Nunca como ahora se nos hace mas urgente este pedido, frente a una nueva revolución: pásame, la mantequilla por favor .

Recetas : Durante la Revolución Industrial, los Pioneros de Rochdale y otros hogares en esa época habrían utilizado mantequilla en una variedad de recetas tradicionales. A continuación, se presentan algunas recetas comunes de la época que utilizaban mantequilla:

 

  1. Pan de Mantequilla

El pan casero era un alimento básico. La mantequilla se utilizaba tanto en la masa como para untar en las rebanadas de pan recién horneado. Todo lo bueno. Todo lo prohibido.

Ingredientes:

  • Harina
  • Agua
  • Levadura con un chin e azúcar para despertarla
  • Sal
  • Mantequilla

Preparación:

  1. Mezcla la harina con la levadura y la
  2. Añade agua tibia y amasa hasta obtener una masa
  3. Deja reposar la masa hasta que doble su tamaño.
  4. Incorpora mantequilla en la masa durante el amasado
  5. Hornea hasta que esté dorado y
  6. Scones de Mantequilla

Los scones eran populares en el Reino Unido y se servían a menudo con té.

Ingredientes:

  • Harina
  • Polvo de hornear
  • Azúcar
  • Sal
  • Mantequilla
  • Leche o nata

Preparación:

  1. Mezcla la harina, el polvo de hornear, el azúcar y la
  2. Corta la mantequilla fría en la mezcla hasta que tenga la textura de migas
  3. Añade leche o nata hasta que la masa se
  4. Forma discos y hornea hasta que estén

En Reserva-De urna en urna hasta la victoria final

 

 

 

Especial para En Rojo

 

A Juan Carlos Rivera Ramos

Me refieren un libro titulado “Ortodoxia”. Lo empiezo a leer, pensando que es sobre el marxismo ortodoxo, al que me adhiero (ortodoxo en el sentido que le da Lukács: no como sinónimo de dogma, sino como énfasis en el método). Rápido me doy cuenta de que la obra en cuestión sigue otros modelos. Su ortodoxia, dice: la cristiana. Entonces me fijo en el autor: G.K. Chesterton, el escritor inglés. Tipo excéntrico, para ponerlo de manera sencilla. Sin embargo, la lectura pudiera ayudarnos a entender una tendencia que se ha ido acrecentando en Puerto Rico en las últimas décadas: la participación de los muertos en las elecciones del país.

En su clásico “Ortodoxia”, Chesterton afirma que la democracia, es decir, “la humanidad autogobernada”, es guiada por el principio de que “las cosas comunes a todos los hombres son más importantes que las cosas peculiares de cualquier hombre”. Requiere, por tanto, la mayor participación posible de la humanidad.

Así, poco a poco, Chesterton nos va llevando a la muerte. Chesterton incorpora a la teoría sobre la democracia la preocupación sobre la tradición, que define como “la democracia prolongada a través del tiempo”. Ese “a través” no solo implica futuro, sino también vida pretérita. La tradición, por tanto, debería velar que el pasado intervenga en los procesos democráticos.

Ante esto, Chesterton propone: “Tradición, significa dar votos a la más oscurecida de todas las clases: nuestros antecesores. Es la democracia de los muertos. La tradición rehúsa someterse a la pequeña y arrogante oligarquía de aquellos que casualmente, andan por ahí”.

Sería, hasta cierto punto, discrimen cósmico, para Chesterton, negarles el voto a nuestros muertos. ¿Por qué la democracia objetaría la participación de personas nada más por el hecho accidentado de que ya no viven? Todo lo contrario: la democracia debería velar porque participen todos los seres, vivos y muertos. “Los antiguos griegos votaban en piedras; estos, votarán en lápidas. Todo es perfectamente oficial y correcto, puesto que muchas lápidas, como muchas papeletas de votar, están marcadas con una cruz”.

(Chesterton, por tanto, no estaría de acuerdo con Don Perpetuo, el personaje de la novela “Póstumo, el Transmigrado”, de Alejandro Tapia y Rivera: “las ideas nuevas”, dice Perpetuo, “han menester cerebros nuevos que, por no tener sobre sí la enorme piedra de las tradiciones, puedan comprenderlas llevándolas a cabo”. Tapia entendía que la tradición, así entendida, es un obstáculo al progreso. “La Eternidad”, dice Perpetuo, “no puede caber dentro del tiempo”.)

La idea de Chesterton estaba, sin embargo, limitada en su época. Después de todo, ¿cómo lograr que los muertos votaran a finales del siglo XIX? Su propuesta abarcadora, si bien ambiciosa como estrategia, tenía en aquel entonces como única táctica el asumir el conocimiento folclórico, de mitos y leyendas, como parte de una sabiduría que rebasara la vida individual del presente.

¿Cómo asegurar que nuestros muertos participen de las elecciones? Esa es la pregunta que tenían los partidos tradicionales de Puerto Rico frente a sí. Ante la realidad objetiva (biológica y social) de que todo lo que nace, muere, habrán de buscar la manera en que sus electores confiables puedan continuar apoyándolos, independientemente de la lamentable condición de no-vida. Seguramente, hicieron una encuesta para sondear los médiums en Puerto Rico, que revelase que no existen suficientes Juntas de Inscripción Ocultistas como para permitir la participación en las elecciones de cada uno de nuestros muertos por estas vías. Un proceso radical de educación en el arte de comunicarse con otros planos de existencia tampoco parece ser una opción viable, menos con los dramáticos recortes del presupuesto de la Universidad de Puerto Rico.

Si bien ha sido una práctica recurrente en las últimas décadas, el Partido Nuevo Progresista, guiado por su especialista en búsqueda de vidas (sean vidas de vivos o muertos), Edwin Mundo, ha dado un paso adelante. No debe resultar sorprendente que la persona encargada de dirigir estos esfuerzos tenga como apellido precisamente lo que busca trascender.

¿Cómo permitir que los muertos voten? La respuesta resulta tan sencilla que es difícil entender cómo no se hubiese descubierto antes: hay que, sencillamente, permitir que los muertos permanezcan en la lista de votantes elegibles después de fallecidos. ¡Ya está! Como si de un árbol cayera un sobre de voto ausente y adelantado sobre la cabeza de Edwin Mundo, un descubrimiento sobrenatural se hizo realidad.

Todavía hay ciertos misterios del proceso (¿hacia dónde llega el sobre del voto ausente? ¿se tramita como “Elector Viajero”, según las categorías actuales?) que todavía no se han revelado al público realmente existente. Suponemos que esperan afinar los detalles antes de incorporarlos a un nuevo Código Electoral. De lo que no queda duda es que se haya puesto en acción el plan: los muertos, en Puerto Rico, tienen derecho al voto.

De esta nueva posibilidad, no ya de vida-más-allá-de-la-muerte, sino de voto-más-allá-de-la-vida, hay, sin embargo, un gran vacío en normativas y reglamentos. Habiéndose concedido el derecho al voto a los muertos, ¿tendrían derecho, también, de participar como candidatos?

Se dice frecuentemente que, por los grandes procesos migratorios, hay una mayor cantidad de puertorriqueñxs fuera de Puerto Rico que dentro de Puerto Rico. Lo que no se dice tanto es que hay más puertorriqueñxs muertos que vivos. Algunos países, como México, incluyen entre sus diputados representantes de sus migraciones o diásporas. Pudiera emularse en Puerto Rico, e incluir representación de nuestros muertos. Quizás un empleado fantasma de la actual legislatura pueda ascender, de esta manera, de empleado a legislador.

Preocupan, también, detalles sobre el derecho al voto en sí. ¿Podrán votar solo en la papeleta ejecutiva y en las posiciones legislativas por acumulación, o tendrán derecho al voto regional y municipal, de acuerdo con donde quede ubicado la residencia principal de los restos? La realidad es que incluso espacios como la Organización de Naciones Unidas carecen de respuestas ante estas interrogantes.

Albizu decía que, en las elecciones, a través de las múltiples urnas (“La urna, la urna, la urna”) “los muertos enterraban a los muertos”. Los significados plurales de esta frase lapidaria se revelan con mayor claridad al ver al partido de la tradición promover el derecho de los muertos a votar.

Pero hay que ir más a fondo. ¿Qué es lo que muere y qué es lo que vive con la participación de nuestros muertos en las próximas elecciones?

Un punto de vista ciego en todos estos análisis es la gran heterogeneidad de nuestros muertos, que incluyen, sí, antiguos partidarios de las tradiciones, de las instituciones tradicionales, pero también sus grandes víctimas. De la dialéctica no se escapa nadie. Incluso Don Perpetuo, en su obstinada visión de la necesidad de la muerte, insistía en que las nuevas ideas fueran llevadas a cabo por los vivos; no que los muertos no las apoyaran.

Nuestros muertos siguen con detenimiento nuestras vidas. Walter Benjamin tenía razón cuando, en sus “Tesis sobre la filosofía de la historia”, reconoce que “ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence. Y ese enemigo no ha cesado de vencer”.

Como espectadores, como participantes, nuestros muertos pudieran ser grandes aliados, si se desatara su furia contra la tradición existente. Además, si estos temen las consecuencias de la vida, quienes viven y obran mal deberían tener más presente que, cuando todo este mundo material concluya para ellos, será con los muertos que tendrán que convivir. Y los muertos no olvidan.

Será Otra Cosa-Cabo Rojo, la esencial relación

 

Especial para En Rojo

 

“. . . una posición ético-política que no puede ser demostrada, sino vivida en sus implicaciones prácticas y políticas. Desde la posición ético-política del pluriverso, la vida es profundamente relacional, desde siempre, a todo nivel y en todas partes —todo es interrelación e interdependencia.”

—Aníbal Quijano (a partir de conceptos y luchas de comunidades negras, indígenas y campesinas en Colombia, así como del movimiento zapatista en México), “Territorios de diferencia: la ontología política de los ‘derechos al territorio’,” 109[1]

 

“A lo largo de mi trayectoria académica-profesional he visto de cerca los sacrificios personales, la generosidad y entrega de quienes tienen claro que sólo somos en tanto ecodependientes e interdependientes y por eso dedican sus días y esfuerzos a su defensa. […] Ojalá algún día se haga innecesario acudir al conocimiento jurídico que aquí se expone; que quede patentemente claro y consensuado que sin lo que sostiene la vida en el planeta no hay economía, ni vida posible.”

—Érika Fontánez Torres, El derecho a lo común: bienes comunes, propiedad y justicia climática, 33-34 

 

Se vende. Se vende. Se vende. Se vende. Se vende. Se vende. Se vende. Se vende.

Propiedad, cosa apropiable, mercadeable, vendible y comprable, reclamable como posesión del mejor postor, tomable como un candado que se cierra, desechable como la llave para abrir el cerco o el bolígrafo de tinta agotada tras la firma de tantos cierres.

No debería resultarnos cotidiano, salvajemente “normal,” pero junto a la galopante emergencia climática, los letreros del SE VENDE se multiplican más que el rating de Maripily. Así ha sido diseñado por el “Un Mundo” del capitalismo imperial neoliberal contra los “muchos mundos” del mundo (los conceptos son zapatistas). Avanza el descuartizamiento del paisaje, de una orilla, un manglar, una arboleda, un solar, y con ellos, de todas sus criaturas vivientes, sintientes, nosotras incluidas. A cada hora, el renovado asedio. Otra verja. Otro muro. Otro portón. Otro vagón. Otro díguer. Otro NO PASE. Otra ristra de candados de combinación. Otro cajón de cristales ultrachic igualito al cajón de cristales ultrachic del lado y del otro lado, donde los afortunados exclaman, oh, what a beautiful sunset, sin haberlo visto nunca fuera de una pantalla hecha con minerales extraídos a sangre y fuego en África y en América Latina, y se toman sus selfies sin salir del aire acondicionado y sin que los piquen los majes, parados sobre una losa de lujo que se desplomará mañana porque todo es un robo al mar.[2] Y sin importar cuán beautiful sea el sunset, a las fotos les harán enhancements y les pondrán filtros antes de subirlas con el calce, Paradise in Puerto Rico, post al que miles le darán corazoncito corazoncito corazoncito. Y muchísimos de esos miles serán boricuas. Y boricua también será un importante por ciento de quienes se toman los selfies en el cajón de cristales sin que los piquen los majes. ¡Ah!, las casas de los famosos…

Es contundente, innegable, avasallante la evidencia de que se nos arrincona, se nos ahoga, se nos remueve el suelo bajo los pies, el olor a mar, el río y sus corrientes, la imagen de un horizonte que hace temblar, imposible de instagramear, la gruesa o fina textura de la arena, la tierra en la que hundirse, el almendro bajo el cual cobijarse, el sueño de un común, un nosotras, un aquí porque fuimos, un ahora porque seremos. Y nuestro “nacionalismo cultural” —por más persistente, ingenioso, francamente alucinante, que sea, que ha sido, que será— no nos basta. Nunca nos ha bastado ni nos bastará. Y la “nación imaginada,” tampoco. El trasiego emotivo, físico, espiritual con eso que llamamos Borikén, Borinquen, Puerto Rico, estemos en las islas o en cualquier otro lugar del mundo, quedémonos o vayámonos o vaivenámonos o lunémonos, requiere nuestro territorio maritorio.[3] Sin lugar en el mundo, nuestro lugar de volcán y agua, ¿cuál “puertorriqueñidad”?

A mí, de hecho, me importa muchísimo más mi-nuestra caribeñidad, mi-nuestra antillanía, así que no hablo de un afán de lugar en tanto éste nos “distingue” o nos “hace únicos.” No. Porque eso no es lo que hace un lugar, entramado inexorablemente con todos los lugares de todas las comunidades del planeta. Un lugar reúne, convoca, vincula, relaciona. Un lugar en el mundo no se defiende por “mío” según dicta el capital. Un lugar en el mundo se defiende porque la vida cósmica persiste sólo en cuanto se entrelaza, se eslabona, se junta, desplegándose en espacio y tiempo. Un lugar en el mundo se defiende porque al reconocerlo nuestro, reconocemos los de los demás y viceversa. Lo que vive en las montañas, vivirá en las desembocaduras. Si el árbol vive, vivirán los pájaros. Si el hongo se esparce, vivirá la tierra. Si Puerto Rico vive, viviremos sus animales de compañía. Y recíprocamente.

A Borikén la “llevamos en el corazón,” por supuesto, y solemos decirlo como un exiguo consuelo ante el saqueo. A nuestros corazones, sin embargo, los bombea la sangre de la memoria, de la historia, de un fondo y una superficie cenagosos, existentes, entrecruzados de raíces voladoras como manglares. Los bombea el terr-mar-itorio, con todo su “cargamento.” ¡Y claro que me lamento! Pero las carretas son para juntarlas. Para encadenarlas en móvil barricada y llevarlas a donde sea preciso. No pasarán.

*

En un kayak que rememora la canoa, me he deslizado privada de palabras entre los canales pasmosos de la esquina donde vivo y sobrevivo, cuya belleza ha sido con exactitud nombrada: Cabo Rojo. En su Boquerón, desde donde, en la noche cerrada, enfermos y aterrados, huyeron Betances y Ruiz Belvis de la persecución española, he nadado junto a corales muertos y pelícanos cuidándome la espalda. He visto tijeretas surcar un cielo preñado de nubes como vasto salpullido de lluvia prometida. En un recodo de mangle, he visitado un viejo y pequeño altar pescador a la Virgen del Carmen. Pececitos plateados me han mordido los pies con tierna urgencia. Garzas parsimoniosas han mirado con un ojo mi extraño bipedismo de alas perdidas. El agua, el agua, el agua, que allí nunca he surcado con motores, ha recibido mi cuerpo exhausto, entregado, casi acabado, desplegando, para mi descanso y sin pedírselo, la cama descomunal de su leve ondulación llamada Mar Caribe. Allí es tan fácil sentir, vivir de veras, la neurálgica definición indemostrable de la palabra (y del prefijo) eco, la “posición ético-política del pluriverso.” En ese paisaje, tantas veces me he dicho en un susurro, aquí, aquí, aquí está mi-nuestro país, recuérdalo, y nunca olvides que continúa, libre, en cadenas de montañas submarinas uniéndose, siempre, siempre, al mundo…

No existen las esencias exclusivas. Lo esencial es lo relacional, lo común que se respeta. En Cabo Rojo no se pondrá ni un bloque de Esencia.[4] Aquí nuestras esencias son antillanas, betancinas. La de ustedes, “inversionistas” del patio y más allá, con sus dos mil millones de la muerte, es criminal. No pasarán.

 

[1] Agradezco ésta y varias de las referencias directas e indirectas de este texto a las transformadoras lecturas y discusiones como parte del reciente seminario Ecologías políticas del agua en clave caribeña y latinoamericana, convocado por el puertorriqueño Alejandro Torres Abreu y la colombiana Denisse Roca Servat, junto a un gran equipo de la UPR, recintos de Humacao y otros. Las aguerridas y brillantes personas con quienes tomé el seminario, además, son una fuente inagotable de esperanza.
[2] Debo esta inmejorable explicación a la gran artista puertorriqueña Carola Cintrón, quien me la ofreció una tarde en que también me contó muchas cosas hermosas sobre la escucha de la tierra y del agua, así como de su arte a partir de la recolección de barros nuestros. “Puerto Rico,” declaró la artista de memoria, “tiene diez de los 12 órdenes de suelo del mundo y alrededor de 120 series en las que se subdividen los órdenes.”
[3] “El concepto de maritorio aborda dinámicas territoriales en contextos archipelágicos, de mar protegido o mar interior […], donde la presencia marítima se confunde con la terrestre de manera intersticial, y en la que la actividad humana demuestra un comportamiento transicional y no disruptivo, por lo que pareciera prescindir de las fronteras que convencionalmente se han impuesto al territorio en el continente. Esta situación es visible en el Archipiélago de Chiloé [en Chile], y en referencia a ello se acuñó este concepto a inicios de los años setenta.” (Ricardo Álvarez et al., “Reflexiones sobre el concepto de maritorio y su relevancia para los estudios de Chiloé contemporáneo,” 116).
[4] La noticia del atroz proyecto propuesto salió a la luz en la prensa comercial la semana pasada, pero según indica en redes el caborrojeño Guarionex Padilla Marty, asambleísta municipal y co-conductor del reconocido podcast Plan de contingencia, el asunto “lleva ya varios intentos desde la década del 70” y las administraciones municipales lo han favorecido. La investigación está en curso, tanto como nuestra oposición. Destaco, para comenzar, el artículo “La Esencia de Cabo Rojo” de Cynthia Burgos López, divulgado el 28 de mayo en el importante medio Marea Ecologista.

A. introvertido Z. valiente

Especial para En Rojo

“La poesía es la venganza de los introvertidos”, dijo Adam Zagajewski en una conferencia sobre el poder de la poesía. Lo conocí personalmente el 12 de junio de 2019 (recuerdo la fecha porque fue un día antes de mi cumpleaños), en la librería Karakter de Cracovia, cuando presentó Substancja nieuporządkowana (Una sustancia desordenada), su último libro de ensayos, aún sin traducir. Me pareció una persona introvertida cuando lo vi llegar y al escucharlo: pronunciaba las palabras despacio y su tono era moderado, muy agradable. Al terminar la lectura, luego de estar en las sillas del fondo y de conversar brevemente con una pareja islandesa (éramos los únicos que no hablábamos polaco) me puse en fila con uno de sus libros traducido al español y esperé mi turno para que lo firmara. Como apenas comenzaba a aprender el idioma, atiné a decir un “dzień dobry” (buenos días) y le di el libro. Puso cara de sorpresa, me preguntó, en inglés, de dónde era y, tras contestarle “Puerto Rico”, si estaba allí como parte del programa Erasmus. Cerca de dos años después, el 21 de marzo de 2021, justo en el Día Mundial de la Poesía, falleció.

Todavía no logro descifrar el lugar que ocupa Zagajewski en Polonia. Da la impresión de que no se trata, por ejemplo, de los poetas románticos, a quienes estudian en las escuelas desde temprana edad y entre los que se encuentra Adam Mickiewicz (quien cuenta con varias estatuas en las principales plazas de Polonia); de Wisława Szymborksa, conocida tanto por quienes son asiduos lectores de poesía como por quienes no; de Zbigniew Herbert o de Tadeusz Różewicz (ese, todavía, gran desconocido en nuestra lengua), por mencionar a algunos que no ganaron el Nobel. Ignorado por varios poetas de las nuevas generaciones, y también por sus contemporáneos que no pertenecían al grupo de Nowa Fala (Nueva Ola), a veces parecería que es más reconocido en el exterior que en su propia ciudad. En ocasiones juzgado por utilizar las palabras espiritualidad, inspiración, fervor o alma, Zagajewski fue el poeta capaz de pensar más allá de las ideologías y de los dogmas. En sus poemas se une lo biográfico con lo histórico, la belleza con lo trágico; son versos que parecen ser enunciados por una voz también introvertida, pero no por ello menos valiente y audaz. Zagajewski siguió un camino solitario, en el cual se juntaron la melancolía (una pérdida heredada por Lvov, actualmente Lviv, la ciudad en la que nació y que tuvo que abandonar apenas algunos meses después por el cambio de fronteras luego de la Segunda Guerra Mundial) y las revelaciones cotidianas. Su poética tal vez se resuma en el verso “La poesía es búsqueda de resplandor” y en unos cuantos ensayos y memorias como los de En defensa del fervor y Una breve exageración.

Con Xavier Farré, su traductor al español y catalán, recuerdo conversar sobre algunos lugares de la ciudad de Cracovia que le gustaban: la calle donde vivió, uno de sus restaurantes favoritos (Mięta, en la calle Krupnicza), o el jardín botánico de la Universidad Jaguelónica (que tiene una sección de palmeras, tal vez la que inspiró el poema con ese título: “Jardín de las palmeras”). Recuerdo que Ariel rosé, poeta con quien he compartido encuentros en Cracovia, Varsovia y un viaje a Lviv, mencionó que Adam era la persona con quien hablaba de música clásica y de quien recibió unos pocos, pero fundamentales consejos para su poesía. También recuerdo pasear por Planty, el parque rodea el casco antiguo de la ciudad (antes una muralla), y entre los muchos árboles ver uno identificado como el “árbol de la poesía” en honor a Adam Zagajewski. Un árbol introvertido, podría decir; no se lo identifica a simple vista, sino que es necesario un esfuerzo o una casualidad para encontrarlo.

En junio de 2023 se organizó en una sección de la Biblioteca de Cracovia una lectura en su memoria. Leyeron sus traductores y también compañeros de generación como Ryszard Krynicki o Ewa Lipska. La sala estaba abarrotada. Al final, hubo varios entremeses y espacio para compartir. Volví a ver a Xavi, a Ariel y conocí a Maja Zagajewski, su viuda, entre otra gente que estaba allí que era cercana no solo al poeta, sino al familiar, al vecino y al amigo. Ese fue el caso de Daria, una señora que describió a Adam como “a mellow guy”. También me dijo que ella no leía mucha poesía, pero que para Adam eso no era un problema y que se encontraba varias veces con él al comprar el pan.