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Isabel:trayectoria de una revolucionaria

Isabel Rosado Morales. Foto Archivo CLARIDAD

 

Isabel: la historia de Isabel Rosado Morales (2025) es un libro de carácter biográfico que narra la vida y la lucha de esta líder nacionalista que falleció recientemente a los 107 años. Ada Torres Toro, la autora, ha publicado varias novelas de tema histórico entre las que se destacan:

Amores innecesarios (2021), Absenta dulce (2022) y Conticinio (2025). En ellas predomina el protagonismo femenino y, especialmente en Absenta dulce, los eventos históricos se presentan desde las vivencias y las perspectivas de las mujeres. Resulta complejo encasillar Isabel en un género particular puesto que no es una biografía tradicional. Torres Toro opta por emplear la primera persona gramatical para relatar los acontecimientos históricos que vivió larevolucionaria nacida en Ceiba, Puerto Rico, como si fuera ella misma quien los contara. Podría afirmarse que es un libro de memorias rescatadas por Toro. En él, Isabel narra su historia a un receptor anónimo; sin embargo, el final hace un llamado a la juventud para que resista por la patria, tal como ella lo hizo en su momento. La obra está estructurada en un prólogo, trece capítulos y un epílogo. Además, cuenta con una sección de textos dedicados a Isabel. Al final, también se incluyen varias biografías de mujeres nacionalistas. Junto a los sucesos históricos más relevantes para Puerto Rico y para la vida de Isabel, la obra presenta valiosas fotografías, fragmentos de cartas, poemas y biografías de otras mujeres revolucionarias que lucharon por la independencia de Puerto Rico. De esta manera se establece la historicidad de los hechos narrados frente a la ficción de que es la propia Isabel quien cuenta su vida.

Torres Toro hubiese podido enunciar este discurso utilizando la tercera persona gramatical ypublicar una muy ilustre biografía de Isabel. Sin embargo, al seleccionar la primera personagramatical el efecto es distinto. El lector recorre la vida de Isabel como si ella misma se la contara y así se identifica aún más con su lucha y sus vivencias. La autora recurre al archivo de documentos históricos —entrevistas, fotografías, relatos orales y cartas para asumir la labor de una especie de ghostwriter, como se conoce en inglés. No obstante, en este caso conocemos a la autora que construye la voz de Isabel. Esta voz no es solo la de estarevolucionaria, sino que se convierte en el testimonio de todas esas mujeres que lucharon, igual que Isabel, por la patria, pero que sus nombres fueron omitidos de los libros de historia. En medio de la conmemoración de los primeros veinticinco años del siglo XXI, los nombres de estas mujeres silenciadas por la historiografía oficial hoy aparecen en la portada de Isabel para recordarnos que la historia también fue protagonizada por mujeres.

De esta manera el libro también narra la historia de Puerto Rico desde la década del treinta hasta la primera década del siglo XXI desde una perspectiva novedosa, mediante el intimismo de la voz de Isabel. Aquí es una mujer quien rememora los eventos históricos de los cuales ella misma fue partícipe. Como bien establece Diana Fuss, «since women as historical subjects are rarely included in “History” …, the strong feminist interest in forging a new historicity that moves across and against his-story is not surprising» (95).1 El esfuerzo de Ada Torres Toro por darle voz a mujeres como Isabel responde a la necesidad de forjarnos nuestra propia historia. Se trata de una historia en la que las mujeres son sujetos activos y no son relegadas a ser meras espectadoras, lo cual también ocurre en sus novelas. Hoy más que nunca autoras como Torres Toro se muestran conscientes de la necesidad de rescatar la otra cara de la historia para cuestionar las versiones patriarcales e integrar voces y experiencias femeninas.

Aquí, el lector tiene la oportunidad de conocer la versión personal de Isabel sobreacontecimientos que marcaron la historia de Puerto Rico como la construcción de la base militar Roosevelt Roads, la Revolución Nacionalista, el encarcelamiento y las torturas a las que fueron sometidas las nacionalistas y la lucha más reciente por sacar a la Marina de Vieques. Estos relatos demuestran que la vida de Isabel representa una historia colectiva de lucha y deresistencia. De esta manera, el libro no es solo una biografía, sino que se convierte en un pedazo de la memoria de quienes experimentaron la historia desde adentro y muchas veces fueron marginados.

Cabe resaltar que la obra no solo detalla la vida de Isabel, sino que menciona otros nombres de mujeres que lucharon por la libertad de la isla y estuvieron encarceladas por ello. Entre quienescompartieron vivencias con Isabel en la cárcel sobresalen Carmen María Pérez, Olga Isabel Viscal Garriga, Blanca Canales, Doris Torresola, Leonides Díaz, Monserrate Valle y Juanita Ojeda. También, hay un espacio dedicado a la reconocida figura de Lolita Lebrón. En el capítulo V titulado “Lolita”, se narra que, gracias a las presentaciones de Isabel en la ONU y las manifestaciones organizadas por Lolita Lebrón, Pedro Albizu Campos fue liberado de prisión. Se destaca también la participación de Lolita en el tiroteo al Congreso de los Estados Unidos en 1954. Aquí Isabel reflexiona sobre este evento: «Luego del ataque al Congreso, Muñoz Marín le prometió al presidente Eisenhower y al Congreso que sacaría mollero para liquidar a los“criminales irresponsables”. ¡Imagínese! ¡Llamar crimen a la lucidez de aspirar a la libertad!»(33). Contar la historia de esta manera subraya que la participación de las mujeres en momentos históricos fue clave y legitima las opiniones que ellas pudieron tener sobre los líderes políticos del momento.

En la década del treinta, el Dr. Cornelius Rhodes se expresó sobre los puertorriqueños y escribió: «“los puertorriqueños, son sin duda la raza más sucia, más vaga, más degenerada y más ladronaque jamás ha habitado este planeta. Da asco habitar la misma isla con ellos.”» (51). Estas palabras están recogidas en el capítulo VII de Isabel. Pudiésemos pensar que los años treinta del siglo XX son tiempos definitivamente pasados igual que las palabras del doctor Rhodes, pero tan reciente como en el 2024, el comediante Tony Hinchdiffe vociferó en un evento de la campañapresidencial estadounidense de Donald Trump lo siguiente: «Hay una isla flotante de basura en medio del océano en este momento. Creo que se llama Puerto Rico». La historia se repite. Parece cíclica. Y nuestras autoras, cada vez más, les hacen frente a las versiones excluyentes y coloniales. Dentro de este contexto, obras como Isabel de Ada Torres Toro cobran mucha relevancia y demuestran que la historia nos pertenece y merecemos una manera más justa de contarla.

Notas

1 Véase mi traducción de la cita: «dado que las mujeres como sujetos históricos rara vez se incluyen en la «Historia»…,no es de extrañar el fuerte interés feminista por forjar una nueva historicidad que trascienda y se oponga a la «historia de él» (Fuss 95).

Bibliografía
 Fuss, Diana. “Getting Into History.” Arizona Quarterly: A Journal of American Literature, Culture, and Theory, vol. 45 no. 4, 1989, p. 95-108. Project MUSE,
https://dx.doi.org/10.1353/arq.1989.0001.
Navagovitch, Paola. « Puerto Rico responde a los insultos del mitin de Trump: “Basura es lo que salió de la boca de Tony Hinchcliffe”». El País, 2024, https://elpais.com/us/2024-10-
28/puerto-rico-responde-a-los-insultos-del-mitin-de-trump-basura-es-lo-que-salio-de-la-
boca-de-tony-hinchcliffe.html
Torres Toro, Ada. Isabel: La historia de Isabel Rosado Morales. Vena Creativa, 2025.

“Ritos de agua”: Homenaje a Ismael Guadalupe por Agua, Sol y Sereno

 

 En Rojo

 

Son las 5:40 de la tarde el viernes 17 de julio y estamos en este teatro natural creado por el conocido grupo teatral puertorriqueño Agua, Sol  y Sereno en los predios del Café Arenamar del balneario de Sun Bay de Vieques. “Ritos de agua” es su homenaje al recién fallecido líder viequense Ismael Guadalupe, uno de los arquitectos principales del movimiento que, en 2004, después de décadas de lucha, logró despejar a Vieques de la Marina de Guerra estadounidense.

Este teatro al aire libre improvisado me parece muy digno y absolutamente apropiado al contenido casi mítico del espectáculo-homenaje: cuenta con líneas de visión claras; aprovecha del atardecer para dejar el público en sombra sin que el sol ciegue a los actores; define su espacio escénico con una sombrilla para los músicos y esculturas de telas imprimidas que,  además de su belleza, crean bastidores para cambios de vestuario y personajes; está marcado por altas estatuas rituales de multicolores con cabezas de papel maché; y debajo de todo, se sitúa en arena playera, con palmas y otros árboles, el movimiento de vientos y a sesenta metros el mar que se extiende desde allá al resto del caribe barlovento hasta llegar a Cabo Verde.

La lucha (todavía inconclusa) de Ismael empezó hace siete décadas; Agua, Sol y Sereno ha compartido esta tarea de amor y compromiso durante las últimas tres décadas, diciendo presente en Vieques constantemente a través del desfile anual de Carnaval, talleres con la Alianza de Mujeres Viequenses y participaciones particulares dentro de protestas y otros eventos políticos y culturales. A mi saber ningún otro grupo artístico-cultural puertorriqueño ha forjado ese tipo de conexión de alma y gestión comunitaria enraizada en la cotidianidad viequense.  Su teatro siempre lanza un acto tanto personal como político; es tanto una expresión de resistencia a la violencia de dominación colonial como una estética teatral multidimensional que asombra por su hermosura de cuerpos y objetos en movimiento dentro del espacio escénico, ya sea la calle durante un desfile o marcha de protesta o un teatro físico.

El montaje de “Ritos de agua” muestra elementos que han marcado la producción creativa de Agua, Sol y Sereno desde su formación en los años 90: la sinergia de creación colectiva, la coreografía del movimiento grupal, la armonía de actor-bailarinxs de experiencias compartidas, la libre dramaturgia del reparto, las máscaras y cabezudos de papel maché, las brillantes telas pintadas de los vestuarios y las piezas esculpidas de escenografía, y siempre lxs zanquerxs que dan altura, balance y ritmo mientras también bailan al ritmo de tambores.

El grupo ha desarrollado una estética híbrida que incorpora técnicas del famoso Bread and Puppet Teatro de Vermont, las máscaras y vestuarios de fiestas populares del Caribe y América Central y otros ritos y gestos mundiales. Sin embargo, es una gestión teatral cien por ciento puertorriqueña que complementa sin costuras la naturaleza del teatro al aire libre frente al mar de Vieques. Todo es parte de la misma tela pintada de colores de agua, tierra, aire y fuego y la misma acción de la no violencia y del amor y respeto a lxs prójimxs que era central a la vida de Ismael Guadalupe y el movimiento que sacó la marina de guerra estadounidense de Vieques.

Ismael aparece primero en la forma de un cabezudo. Sin embargo, es su presencia a través de la actuación de Kenneth Salgado que capta y proyecta el sentido de su impactante desarrollo político y cultural. La transformación de niño-adulto Ismael se enfoca en  el texto físico-hablado que constituye un ensamblaje de narrativas en que la isla y vida y cuerpo de Ismael son casi isométricos.

Entra una bella tortuga para conversar con Ismael del daño del bombardeo y la contaminación a la vida marítima y silvestre. Se cuenta de los abusos de los infantes de la marina, de la pesca casi desparecida, de cómo la sociedad viequense pierde su poder generar formas de sustento económico más allá del turismo y la venta de propiedades. Otras narrativas interceden y amplían el cuento: en 1979 hay arrestos, incluyendo a Ismael, y asesinan a Ángel Rodríguez Cristóbal en la prisión federal en Tallahassee.

La lucha continúa y la información fluye de las voces-visiones definidas de las generaciones de tortugas, peces y pájaros que van desvaneciéndose. Se destacan los cuatro personajes enmascarados con colores de agua-mar, aire-cielo, tierra-arena y fuego-sol, cada uno levantando su máscara para contar su parte de la historia.

Las bailarinas-diosas, arropadas en vestuarios de colores impresos en blanquín, mueven a una coreografía colectiva que refleja las mismas potencias. Igual que a Ismael y los enmascarados, cada ninfa contribuye su narrativa a la composición global sobre Vieques, las resistencias, la vida cotidiana viequense, la contaminación, las promesas incumplidas de limpieza y ayuda social y también de dignidad y orgullo — tal vez las más memorable vienen de la boca de la bailarina Tania Adorno Vigo que incorpora – si tengo razón — un poema de Norma Torres, poeta viequense, compañera y ahora viuda del desaparecido Ismael Guadalupe. En total diez – si cuento bien – voces-visiones de perspectivas diferentes de Ismael-Vieques/Vieques-Ismael.

Entre bombardeos, arrestos, encarcelamientos, asesinatos y la contaminación que continuará por décadas, “Ritos de agua” nos presenta la humanidad de Ismael y Norma y la dignidad de Vieques como ejemplo de lucha y como un espacio en que la belleza natural sobrevive a pesar de los abusos coloniales.

Y finalmente aceptamos la invitación del director Pedro Adorno, un nieto en sus brazos, de andar con Norma Torres, el reparto y el público presente, varixs con bastones u otras ayudas, parar andar los 60 metros de playa para ofrecer flores de flamboyán a las olas del mar Caribe – flores de amor, de paz, de justicia y de memoria – “Ritos de agua”.

Gracias a Pedro Adorno, su compañera y co-directora Cathy Vigo, las tres hijas-bailarinas Adorno Vigo y sus compañeros, los colaboradores-actores-zanquerxs de muchos años de experiencias con Agua, Sol y Sereno, los músicos y especialmente en este caso los participante-zanquerxs de la Escuela Montessori Adrienne Serrano.  Y al Café Arenamar por acomodarnos en un espacio tan hermoso.

 

 

Hostos, precursor de la República pensante

 

 

Les presento una reflexión sobre la liberadora gesta educativa con que Hostos encaminó en el siglo XIX a la República Dominicana a nuevos parámetros y niveles de desarrollo social.
Debemos estar de acuerdo en que la educación que a sus discípulos sólo dicta datos orientados en el dogma, normaliza la ignorancia y lanza al abismo de la inercia, hasta con persecución expresa, todo esfuerzo que propicie el desarrollo del pensamiento como patrimonio libre y liberador de una sociedad. Es una educación que sistemáticamente subvalúa el potencial de los seres humanos, que segrega por creencias, y hasta por género, y que frena.
En contraste, la que guía, la que inspira a sus discípulos a explorar sin prejuicios las fuentes del saber y a alimentar con cada hallazgo las bases teóricas y prácticas de su pensamiento crítico, es una educación que democratiza el conocimiento, lo crece horizontal. Con ello, esa educación se convierte en partera de una sociedad cualitativamente nueva, en la que la ciudadanía en general, y no solo una élite, toma en sus manos, con protagonismo responsable y sentido de justicia, el desarrollo social.

El Maestro Eugenio María de Hostos fue determinante en hacer ver a toda una nación la necesidad de separar la paja del grano sobre el desastre sagrado que imperaba en el sistema de enseñanza y emprender, con sentido de urgencia, la ejecución de su propuesta revolución educativa, que dio cuerpo y alma a un nuevo sistema basado en la ciencia y la razón en la República Dominicana.

Con ese nuevo sistema educativo, con énfasis en la inclusión igualitaria de la mujer, el País comienza su transición de ser una República independiente fundada por grandes pensadores, encabezados por el patricio Juan Pablo Duarte, a ser una República pensante, de la cual fue Hostos su determinante precursor.

EL POCO AVANCE DESDE PROCLAMADA LA INDEPENDENCIA

Al momento de emprender este camino de la independencia imprescindible, la misión transformadora se lanza como ruptura con el estado de estancamiento social.
Con un proyecto de nación minuciosamente diseñado desde la Sociedad Secreta la Trinitaria —fundada por Duarte en 1838—, el movimiento patriótico emprende la ofensiva contra la ocupación haitiana iniciada en 1822, sellando la victoria con la proclamación de la República el 27 de febrero de 1844.

Sin embargo, en medio de un extenso periodo de luchas entre facciones y caudillos, de traiciones, de exilio y fusilamiento de patriotas, de anexión de la República a España en 1861 y su rescate con la Guerra de la Restauración el 16 de agosto de 1863, el País transcurrió hasta 1879 sin el registro, constatable, de un avance social significativo. Y esa falta de avance tenía su génesis en la ausencia de un sistema educativo apremiante, pertinente, positivo, capaz de formar generaciones de ciudadanos solidarios, conscientes de sus derechos, pero más conscientes aún de sus deberes.

Por muchas décadas, se dedicó casi todo el tiempo y los recursos a las luchas intestinas, y muy poco, o nada, se destinó a la educación transformadora, que es el más importante esfuerzo, que es la verdadera fuente de la libertad y que es la principal herramienta sociopolítica de la construcción nacional, del desarrollo y la identidad.

Pero, como antítesis del atraso, «La revolución desarrollada por Hostos en la educación dominicana no solo supuso una transformación en el campo pedagógico, sino que constituyó una revolución total de la conciencia, una revolución intelectual, una revolución humanística, una revolución de los métodos de enseñanza y aprendizaje, una revolución en el plano ético-moral y una revolución racional, sin renunciar a los sentimientos y las emociones que se derivan del diario vivir. Esto implicó una transformación integral de las formas tradicionales de enseñanza y de la conciencia dogmática que había prevalecido en el País desde finales del siglo XV hasta finales del siglo XIX, con la preponderancia ideológica de la filosofía escolástica», según lo describe el Historiador y profesor universitario Juan de la Cruz, en su ensayo «La concepción de Hostos en torno a la historia y sociedad dominicanas del siglo XIX».
Y esa revolución se emprendió, con éxito, porque fue un esfuerzo continuo, permanente desde entonces, lo que debió haber sucedido sin parar desde el 1844, para que la Independencia hubiera devenido, mucho antes, en libertad para el pueblo dominicano.
Porque, como muy bien distingue las cosas nuestro ilustre mayagüezano, el Ciudadano de América, según citado por mi Hermano Alejandro Torres Rivera en uno de los ensayos de su obra «El Pensamiento Hostosiano – Su vigencia en el siglo XXI», «La independencia es una cosa, y la libertad es otra cosa; la independencia se conquista con las armas en la mano; la libertad es obra del derecho; independencia es substracción del yugo; la libertad es multiplicación de esfuerzos; el yugo se arroja en una brega más o menos larga; los esfuerzos que reclama la libertad son perpetuos». Y en esos esfuerzos perpetuos que nos enseña Hostos para construir sociedades pensantes y liberadas, figura la educación en espacio primordial.

PEREGRINAJE POR LA REVOLUCIÓN EDUCATIVA

El 1875 fue el año en que llegó Hostos por primera vez a suelo quisqueyano. Entró por la atlántica provincia de Puerto Plata donde fue recibido por el general Gregorio Luperón, amigo clave de Ramón Emeterio Betances. Fueron muchos los proyectos dialogados y conspirados entre ambos próceres gestores de la Confederación Antillana, hasta la salida del puertorriqueño en abril de 1876. Es a su regreso en marzo de 1879 que Hostos presenta la propuesta de instauración desde cero, no de una reforma, sino de un sistema educativo responsivo a la realidad histórica del momento y a las exigencias de construcción de un futuro distinto.
El proyecto por entero fue acogido y, pese a la encarnizada oposición y conspiraciones del sector oligárquico y del Clero Católico, que le declararon la guerra y tildaron a Hostos como «un extranjero» que intentaba insertar en la educación dominicana «ideas inmorales», «ideas pecaminosas» con una «escuela sin Dios», en mayo de 1879 el Congreso Nacional acogió y aprobó como Ley 1776 la estrategia educativa, creando, en virtud de la misma, la primera Escuela Normal de Varones. Un hecho significativo es que, aunque la Ley fue promulgada el mismo mes de su aprobación por Cesáreo Guillermo, entonces presidente de la República, esa primera Escuela Normal en Santo Domingo, dirigida por Hostos, fue inaugurada el 10 de febrero de 1880, ya bajo el gobierno provisional del general Luperón, de quien siempre se ha afirmado que fue el que solicitó a El Sembrador que elaborara y llevara allí un proyecto de cambio en la filosofía y la práctica de la docencia. Otros grandes desafíos que enfrentó la escuela hostosiana en ese momento ya en curso, fueron los presentados por el gobierno despótico de Ulises Heureaux «Lilís», que rigió de 1882 a 1884, alineado con los mismos sectores extremistas religiosos y oligárquicos que lanzaron la fracasada ofensiva contra la instauración de los nuevos paradigmas pedagógicos.

En 1884 se graduó la primera clase de normalistas, con quienes, en todos los campos sociales, del saber, tomó cuerpo la revolución educativa. Ese mismo año alcanza la cima de la misión inclusiva con la formación del Instituto de Señoritas, dirigido por la insigne pensadora y poeta nacional Salomé Ureña de Henríquez.

Desde entonces ha primado entre conocedores el consenso de que las mujeres fueron las principales intérpretes, y epicentro, de la ejecución visionaria del proyecto educativo.
Como énfasis en el principio de equidad que movió todo este proceso, y según citado por el historiador Emilio Rodríguez Demorizi en su obra Hostos en Santo Domingo, el puertorriqueño explica que «se aplicó a la educación de la mujer la misma reforma que había fecundado el entendimiento de la juventud masculina y dos establecimientos de educación femenil dieron al progreso el empuje que le falta cuando el primer iniciado en sus ventajas no es la mujer. Este vivo sentimiento del deber de la civilización no se centralizaba en la capital, Santo Domingo, sino que se manifestaba en casi todas las capitales de las provincias; y, para inspirar más confianza, aparecía acalorado por las municipalidades».
A ellas advirtió Hostos lo siguiente, y cito: «Vais a ser institutrices de la verdad demostrable y demostrada, formadoras de razón sana y completa, escultoras de espíritus sinceros, educadoras de la sensibilidad, para enseñarla a sólo amar lo bello cuando es bueno; educadoras de la conciencia para doctrinarla en la doctrina de la equidad y la justicia, que es la doctrina de la tolerancia y la benevolencia universal en cuanto somos hechuras del error, y la doctrina del derecho y de la libertad en cuanto somos entidades responsables».
Entonces, con todas estas herramientas de educación positivista; con toda esta estrategia de empatía para formar, no habitantes instruidos, sino ciudadanos conscientes, responsables y comprometidos tanto con el progreso de su país como con el mejoramiento de la Humanidad; con toda esta ofensiva del bien que, aun discretamente, se amparó en postulados de Libertad, Igualdad y Fraternidad, fue que Eugenio María de Hostos, hombro con hombro con el liderazgo nacional encabezado por Gregorio Luperón, se convirtió, como he sostenido, en el precursor de la República Dominicana pensante. Y así trazó el camino a una cultura de «esfuerzo permanente» desde la educación para colectivizar el pensamiento y desterrar los vestigios del colonialismo que permanecían en una nación que, aunque en lo formal políticamente independiente, en lo general no contaba con una docencia que educara en los deberes, en los derechos, y que, por tanto, no podía forjar una estirpe de ciudadanos con conciencia de ciudadanía ni de íntegro amor propio ni de apego apoderado a la República que, casi cuatro décadas antes, con empeño, devoción, amor y sangre habían proclamado. Hostos, por tanto, descansa por derecho propio en el Panteón de la Patria en Santo Domingo, su otra patria.

Nuestra América, en sus urgencias de cambios sustanciales, revolucionarios, necesita nutrirse de Hostos hoy; utilizar lo que nos dejó como legado, no para citarlo como «bonitas» enseñanzas del pasado, sino como propuestas vivas, con entera vigencia, para abrirles a los pueblos un horizonte de autosustentabilidad política y social, de soberanía sin mácula y de internacionalismo humanista y solidario en las relaciones con los demás.

Su revolución educativa, como ejecutada en Dominicana y como propuesta universal; su Moral Social, como hoja de ruta para una sociedad de derechos, deberes y justicia social, y como propuesta universal; su visión política de libertad del individuo y libertad de las naciones para toda Nuestra América, y como propuesta universal, nos demuestran que nuestro Venerable Hermano Eugenio María de Hostos no es solo nuestro, no es solo de Nuestra América, es universal.

Por eso, sintiendo, conociendo, viviendo la figura y la realidad hostosianas, el insigne intelectual Federico Henríquez y Carvajal, al pronunciar el panegírico en los actos fúnebres de El Maestro el 12 de agosto de 1903, en Santo Domingo, reprochó la internacional ingratitud social, intelectual, del momento y expresó: Oh, América infeliz, que solo sabes de tus grandes vivos cuando ya son tus grandes muertos.

Hostos es, y tiene que ser, inolvidable. Nos entregó todo y merece, por nuestro bien, que su ejemplo esté presente en la discusión de hoy, en la práctica de hoy, en las luchas de hoy, en las revoluciones de hoy.

He sostenido que es inmedible el agradecimiento que siente de Hostos, y siempre sentirá, la nación dominicana. Y por eso proclamo que soy un dominicano agradecido. Y ningún dominicano agradecido puede querer para Puerto Rico nada menos que lo que quiso Hostos para su Patria.

El autor es miembro del Gran Oriente Nacional.

El nuevo macartismo no detendrá la marcha de los pueblos

Foto: Archivo CLARIDAD

 

 

Es para mí un privilegio compartir los mensajes de hoy con la juventud que admiro y que nos da la certeza de que la antorcha de la lucha está y continuará en buenas manos.

Me honra, además, que se le dedican estos actos a William Pérez Vega, y no sólo por todo lo que hace William, sino que es un reconocimiento a la poesía, a la importancia de las letras, las artes, la cultura, como escudo de defensa de nuestra nación, de afirmación antillana y nuestra bandera ante el Mundo.

Comienzo por afirmar que hay momentos en la historia en que el poder corrompido deja de debatir las ideas y comienza a perseguirlas. Momentos en que el imperio corroído comienza a responder con etiquetas, acusaciones y campañas de miedo. Pero también con otro tipo de abusos como la violencia interna, el acoso, las ejecuciones, invasiones, y guerras.

Este es uno de esos momentos.

La historia nunca se repite, pero muchas veces regresa revestida, con discursos viejos enmascarados de presente y con nuevas justificaciones para dominar, saquear, y oprimir.

En la década de 1950, Estados Unidos vivió uno de los períodos más terribles de su historia: el macartismo. Miles de personas fueron perseguidas por sus ideas políticas. Artistas, intelectuales, sindicalistas, activistas, organizadoras comunitarias, fueron señaladas como enemigos por imaginar o defender una sociedad diferente, de valores humanos y justicia, por cuestionar las relaciones de poder, o por defender la paz.

El objetivo no era solamente perseguir individuos.

El objetivo era sembrar el miedo, que es una de las más poderosas herramientas de dominación individual y colectiva.

Cuando un pueblo teme expresarse, deja de participar. Cuando acepta la persecución ideológica, renuncia poco a poco a su dignidad.

Hoy vemos el resurgimiento de esa lógica bajo nuevas formas.

El nuevo macartismo del siglo XXI utiliza el lenguaje de la seguridad nacional, de la lucha contra el terrorismo, y de la defensa de una mal llamada democracia para criminalizar movimientos sociales, organizaciones populares y corrientes políticas de izquierda. Puerto Rico ha sido mencionado de manera clara en un documento de reciente publicación que, por ridículo que les parezca el escrito y quienes lo publican- servirá de guía para la nueva cacería entre nuestras comunidades que luchan, que son críticas, que defienden nuestra independencia, que son solidarias, o las que son de izquierdas.

Vendrán por nuestra vil izquierda que defiende la salud, la educación, el trabajo y el retiro digno. Esa terrible izquierda que le repugna el genocidio contra Palestina; que denuncia las ejecuciones en el Caribe; el secuestro, la invasión, y el saqueo de los recursos en Venezuela; el criminal bloqueo genocida recrudecido cada semana contra el hermano pueblo cubano; que denuncia el ataque a Irán por tratar de controlar el comercio internacional. Esa vil izquierda que defiende los derechos de quienes migran para trabajar; la vil y maldita izquierda que cree en la justicia, en la equidad, en redistribuir riquezas; ¡esta izquierda que no se quita, que no se rinde, que persevera y que vence!

Narco Rubio, el miamense cuya familia huyó de Cuba bajo el régimen dictatorial de Batista, representa una de las expresiones más terribles de esta nueva ofensiva ideológica que se esparce como la espuma, como lo fue antes MacArthur, quien terminó como terminó, que no se le pegaba ni un catarro.

El nuevo macartismo trata de una visión de mundo tecno oligárquica, que quiere compensar con el continente americano toda la influencia que ha perdido en el resto del mundo. Y para ello necesita el camino libre de quienes procuramos sociedades más justas.

Es una visión que sospecha de -y persigue a- cualquier proyecto político que cuestione la hegemonía interna y externa de la ultraderecha fascistoide norteamericana, que tiene sus lacayos en cada rincón. Cree firmemente que la organización democrática de los pueblos es una amenaza. Y ¡claro que somos una amenaza ante esos intentos burdos, plagados de mentira y propaganda! Es un deber humanista detener esa afrenta.

La imposición del nuevo macartismo nos llega con más fuerza gracias a nuestra relación abiertamente colonial con el régimen que la impulsa. Pero la historia demuestra que ninguna nación vive eternamente bajo la imposición de otra. Los pueblos tienen memoria, tienen dignidad y tienen el bendito derecho a decidir en libertad.

Lo acontecido este último año en el Caribe nos obliga a hablar de lo que ocurre contra Cuba y Venezuela, y que es parte de ese renovado plan macartista.

Podemos tener diferencias con sus gobiernos. Podemos debatir sus políticas y analizar críticamente sus decisiones internas.

Pero una cosa debe quedar clara: ningún pueblo debe ser castigado colectivamente por un poder extranjero.

Por 64 años Cuba ha vivido bajo un bloqueo económico cada vez más cruel, que ha limitado su desarrollo, que afecta su economía y crea enormes dificultades para su población. Es un bloqueo genocida, que busca ahorcar tanto al gobierno como a la ciudadanía, que afecta la vida cotidiana de la gente común: a pacientes que necesitan medicamentos, a estudiantes que no pueden llegar a sus escuelas, a quienes intentan construir su futuro con el trabajo; que -igual que aquí por otras razones- les quita la energía eléctrica (porque luz tenemos ambos pueblos). Es un bloqueo que hasta criminaliza la solidaridad humanitaria, tanto la que el mundo quiere darle a Cuba, como la que Cuba quiere darle al mundo.

La política de estrangulamiento económico como instrumento de presión externa, medidas coercitivas unilaterales, son ilegales e inhumanas. Y cuando un país desea romper esas cadenas, lo castigan con aranceles, invasiones, con más de mil sanciones, como hicieron con Venezuela.

Durante años, las sanciones económicas del imperio contra Venezuela, el aislamiento diplomático y las presiones externas fueron presentadas como alegados mecanismos para defender una mal llamada democracia. Pero al final venció la sinceridad: que el objetivo real de la agresión es el saqueo y el robo de los recursos naturales en una vulgar violación de la soberanía nacional.

Ninguna libertad puede construirse con el sufrimiento de los pueblos. La autodeterminación no puede aplicarse solo a quienes tienen más poder o se favorecen de él. La soberanía es un principio universal a defenderse. O existe para todos los pueblos, -como el nuestro, el palestino, el saharaui- o deja de ser un principio para ser mera retórica.

Frente a esta realidad, hago un alto para reconocer que, aún con los retrocesos que hemos visto en el continente, la América Latina continúa ofreciendo ejemplos de resistencia y organización popular.

La batalla actual del pueblo boliviano, como lo han hecho tantos otros pueblos del orbe, nos recuerda una verdad fundamental: los cambios históricos dependen de pueblos organizados, de comunidades conscientes y entrenadas, firmes y dispuestas. De la clase trabajadora campesina y urbana, estudiantes y sectores populares, de organizaciones profesionales que comprenden que la historia no se escribe por espectadores.

Bolivia demuestra que la participación popular sigue siendo una fuerza transformadora y desde aquí vaya nuestro apoyo al pueblo boliviano en lucha.

Recordamos hoy, pues, a dos de nuestros jóvenes asesinados por el Estado, cuya muerte no sólo los eleva a mártires por la independencia patria, sino que se convirtieron en símbolo de la búsqueda de la verdad, en la memoria colectiva; por eso, la conmemoración aquí en Cerro Maravilla rebasa al independentismo, es de un Pueblo indignado por el abuso y la mentira, justo cuando el nuevo macartismo embustero y abusador comienza a asomarse hoy.

Nuestra historia bien está marcada por la persecución política, por la vigilancia, por las carpetas, por la criminalización de las ideas independentistas, por la violencia, los asesinatos del Estado y desde la derecha. Esa persecución de quienes eran “subversivos” nos deja una lección para entender el neo-macartismo y combatirlo.

Si el neo-macartismo que ya vivimos intenta convertir la solidaridad internacional en amenaza, y la conciencia política en terrorismo, entonces, la respuesta tiene que ser clara.

No puede ser el silencio. No puede ser la indiferencia. No puede ser la resignación ante un poder apabullante.

Necesita ser la organización, la educación política, la defensa firme de los derechos humanos, en especial de los derechos colectivos y de los pueblos.

Los pueblos tienen derecho a existir, a preservar su identidad. A decidir responsablemente sobre sus recursos y modelo de desarrollo, sin aplastar a ningún otro pueblo.

Un pueblo tiene siempre, siempre, derecho a la libre determinación. Y tiene derecho a su independencia. Ese derecho no es una concesión de ninguna potencia, no hay que pedirlo. Es un derecho reconocido por las Naciones Unidas, aunque existan potencias inescrupulosas que lo ultrajan sin consecuencia.

Compas, para combatir el colonialismo que nos afecta y el neo-macartismo que nos está viniendo encima, nos corresponde fortalecer nuestras organizaciones sociales, sindicales, culturales y comunitarias.

Por más debilitadas que estén las instituciones, por más individualismo que sintamos a nuestro alrededor, hay que organizarse: construir una solidaridad activa, educar al pueblo para que conozca su historia (y al pueblo que está en el exilio o la diáspora también), que conozca y reclame sus derechos, que sienta orgullo de sus fortalezas. Bregar y cambiar esa psiquis nuestra de “esperar a que algo pase”; basta de esperar, hay que darle cuerda al camión de la dignidad.

Nos corresponde, entonces, unir las luchas por la justicia social, la equidad, la paz, los recursos naturales, la soberanía y la dignidad humana. Entender que están íntimamente relacionadas.

Y nos corresponde entender que la causa de Puerto Rico no está separada de la causa de la América Latina y el Caribe.

Nuestra historia está vinculada a la historia de los pueblos que han resistido el colonialismo, la intervención y la imposición.

Así, cuando defendemos el derecho de Cuba a decidir su futuro y su modelo de desarrollo, defendemos también el principio de que Puerto Rico debe decidir el suyo.

Cuando defendemos el derecho de Venezuela a resolver sus asuntos sin injerencias externas ni secuestros ni invasiones, defendemos también nuestro derecho a la autodeterminación.

El internacionalismo comienza reconociendo la dignidad de todos los pueblos.

En fin, que cada generación enfrenta pruebas históricas. La nuestra enfrenta hoy el desafío de impedir que el miedo vuelva a doblegar rodillas. Hay que responder con doble fuerza, como el boomerang -y como el amor-.

Al nuevo macartismo hay que darle duro, con más conciencia y comunicación efectiva.

A la división que pretende crear, darle con más unidad en la acción.

A la mentira y la propaganda, darle con la memoria y con la verdad.

A la intimidación, darle con más organización y firmeza.

Pero darle, darle duro. Con la frente en alto, que la vida es una y la oportunidad es nuestra.

El mejor homenaje a quienes le arrebataron la vida por sus ideales es construir un Puerto Rico más consciente, más solidario y más decidido.

Un Puerto Rico que defienda la paz, sin aceptar la injusticia.

Que dialogue, sin renunciar a la dignidad.

Que recuerde en este Cerro su pasado, para construir con valentía su futuro en libertad.

Ante estas cruces, cuando cantamos nuestro himno revolucionario, sabemos que nuestras luchas enfrentan momentos difíciles, contradicciones y algunas derrotas; pero también tenemos el convencimiento de que un pueblo con memoria, dignidad, organización, y valentía jamás será derrotado.

Si hay un pueblo que conoce el lenguaje de la dominación, es el nuestro; como también conoce el lenguaje de la resistencia.

Esa resistencia organizada y firme es la clave para derrotar el macartismo de hoy y llevarnos por el camino victorioso a la patria liberada.

¡Que viva nuestro Puerto Rico libre!

Muchas gracias.

El autor es el portavoz del Comité de Derechos Humanos de Puerto Rico

Mensaje  pronunciado el 25 de julio de 2026 Cerro de los Mártires, Jayuya Puerto Rico

 

Retos del presente por merma del hábito de leer 

 

Especial para En Rojo

Ha mermado grandemente el interés por la lectura. Y, junto a la merma por la lectura, se ha desvanecido el prestigio del que antes gozaban los libros y sus autores. Lo inmediatamente sensorial prima y relega el análisis y el razonamiento lógico elaborado mediante la lectura.

Las señales se pueden enumerar. Las calificaciones de lectura tanto de estudiantes como de adultos han caído respecto a los niveles de hace una década. Es difícil encontrar hoy a un profesor universitario que piense que los estudiantes de primer año llegan a las clases tan preparados como antes para las lecturas. A la gente siempre se le ve en sus teléfonos inteligentes, pero sin estar necesariamente leyendo nada en ellos. Únicamente viendo vídeos.

Estamos en la era de los fragmentos de podcasts y videos cortos. De la cultura de la alfabetización pasamos a una cultura digital de la oralidad y de la comunicación primordialmente visual. Narradores con cierta habilidad o carisma apelan a las emociones con generalidades a sus audiencias en lugar de utilizar una argumentación lógica y citas cuidadosas. En un libro de próxima publicación, el ensayista James Marriott lo define como “la nueva edad oscura”.

Una Encuesta sobre el Uso del Tiempo de los Estadounidenses (ATUS, por su sigla en inglés) de la Oficina de Estadísticas Laborales muestra que menos estadounidenses afirman leer por placer en un día cualquiera. En general, según la encuesta, el estadounidense promedio mayor de 15 años leía 21.9 minutos en un día cualquiera de 2003. Pero en 2010 la lectura era de 18.3 minutos al día. En 2025, la cifra fue de 16.2 minutos al día. Los estadounidenses no leen mucho ahora, pero es que han leído poco durante al menos varias décadas.

El declive de la lectura como un fenómeno masivo abarca únicamente a la presente generación sino a las anteriores. La desinformación podría atribuirse a los efectos de la nueva tecnología en niños y jóvenes y al mal uso de las redes sociales, pero es que el declive en el hábito de leer es un síntoma también de los adultos y los abuelos de la presente generación. The Wall Street Journal declaró hace poco que “los libros para papás son una especie en extinción”.

A lo largo de los últimos años, el tiempo frente a una pantalla, actualmente más habitualmente de un teléfono móvil inteligente, es entre cinco y diez veces más común que la lectura, y a veces incluso más. Y así va muriendo el interés por la lectura, porque en la era digital predomina lo meramente visual y la oralidad como método de comunicación.

En Puerto Rico, la mella en los hábitos de lectura ha alcanzado un nivel crítico, reflejado en que menos del 50% de los estudiantes del sistema público dominan la comprensión lectora. El rezago en las destrezas de lectura sitúa a gran parte de la niñez y juventud en el rango de lo que los expertos denominan «analfabetismo funcional». Los datos del Departamento de Educación y entidades aliadas confirman que la mayoría de los alumnos pueden decodificar palabras en voz alta, pero no logran procesar, analizar ni entender el significado de los textos.El consumo desmedido de contenido digital rápido desplaza el tiempo dedicado a los libros. Hay, además, una carencia de modelaje en el hogar: Los menores no ven a los adultos de su entorno leer de forma habitual.

La prensa escrita se ve cada vez más en dificultades económicas y apenas puede sobrevivir en la actualidad. Las plataformas digitales de la prensa escrita están sustituyendo al periódico de papel. La lectura digital parece ser lo poco que queda del hábito de leer para informarse del acontecer noticioso. Muchas veces son los artículos de análisis y opinión —que son los menos leídos— los que se sacrifican.

Se está estilando en las plataformas digitales de la prensa escrita combinar vídeos integrados que acompañan— por estar relacionados— con las reseñas noticiosas cada vez más cortas como medida de ajuste. Se hace cada vez más difícil para la prensa escrita mantener —a contracorriente— las reseñas analíticas extensas que fomentan en el lector el pensamiento crítico. pese a que siempre habrá lectores para este tipo de artículos de prensa.

No debe morir ante la visualidad y la oralidad del método de comunicación moderna la prensa escrita de papel o digital. Cuando eso suceda, habrá muerto una parte esencial de la civilización y de algo en el ser humano que se hizo parte suya con la alfabetización y la transformación de los sonidos comunicacionales de la oralidad a través de la grafía alfabética agrupada en palabras que acentuó y perpetuó una manera más ordenada y crítica de transmitir los pensamientos.

Sin libros ni prensa escrita la civilización del presente estaría incompleta.