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Justicia reproductiva, autonomía y valor de las mujeres

Yanira Reyes Gil. Foto Christian Medina Rosado

Buenas noches. Agradecida de esta invitación y encantada de estar aquí discutiendo este tema que tanto me ocupa. Me ocupa tanto este tema porque, entiendo que las restricciones sobre el aborto, las leyes de protección fetal y las limitaciones a la justicia reproductiva significan un entendido sobre la naturaleza de la participación política de las mujeres, sobre nuestra capacidad para tomar decisiones, sobre la necesidad de controlar nuestros cuerpos y al final de cuentas sobre nuestro valor en la sociedad. Trataré de explicar a qué me refiero.

Legislaciones que limitan derechos

En el cuatrienio pasado, se presentaron más de una decena de proyectos dirigidos a limitar el derecho al aborto. Muchos de esos proyectos fueron presentados por legisladoras del Proyecto Dignidad. Ninguno de los proyectos fue aprobado, gracias al trabajo constante de resistencia que presentamos diversos grupos de defensa de los derechos de las mujeres y derechos humanos. En este cuatrienio, el Partido Nuevo Progresista, en una evidente estrategia de atraer los votos del sector conservador ha tomado la batuta en esta estrategia de imponer una visión religiosa.

En este cuatrienio se han aprobado varias leyes que crean un andamiaje jurídico para la eventual prohibición del aborto y el control absoluto de nuestras vidas. Entre estas se encuentra la Ley 122-2025, firmada en octubre de 2025, que exige el consentimiento parental obligatorio para menores de 15 años no emancipadas. La ley establece protocolos estrictos que imponen a las clínicas el deber de hacer referidos al Depto. de la Familia y Justicia aún en los casos en que exista el consentimiento.

Al final de la sesión legislativa pasada también se aprobó la Ley 183 de 2025, mejor conocida como ley del nasciturus. Esta ley enmienda 3 artículos del Código Civil para darle personalidad y capacidad jurídica al no nacido desde el momento imaginario de la concepción. También se aprobó la Ley 166 de 2025 mejor conocida como la Ley Keishla Madlane. La ley enmienda los artículos 92, 93 y 100 del Código Penal para clasificar como asesinato en primer grado cuando se da muerte al concebido no nacido como resultado de una agresión a una mujer embarazada. Públicamente sus proponentes plantearon que la intención era reconocer como doble asesinato cuando la mujer asesinada estuviera embarazada. Sin embargo, un aspecto que no se discutió plenamente es que el inciso h del artículo 93 incluye la muerte del concebido sin depender del feminicidio. Por lo que el cuerpo de la mujer se distancia del feto en cuanto al establecimiento de la conducta criminal, incluso poniéndole en riesgo de ser procesada criminalmente. En febrero de este año se aprobó la Ley 18-2026, que enmienda nuevamente el Artículo 92 del Código Penal de Puerto Rico para incluir al concebido en cualquier etapa de gestación como «ser humano» a efectos del delito de asesinato.

Estas leyes, aunque no impactan directamente el derecho al aborto, colocan a las mujeres y personas en edad reproductiva en una especie de suspensión de sus derechos durante el término del embarazo, les sujeta a una situación de vigilancia extrema, limitan la autonomía para tomar decisiones y pone en riesgo el acceso a servicios de salud.

El control de nuestras decisiones y violación de derechos

Limitar o prohibir el aborto implica obviamente que las mujeres con embarazos no deseados serán forzadas a completar su embarazo y parir. Aunque se trata de un procedimiento médico (en PR todos los abortos legales se realizan en oficinas médicas), las mujeres no tenemos el mismo derecho que el resto de la población de tomar decisiones de salud. En Puerto Rico, se reconoce como un derecho constitucional fundamental que las personas puedan rechazar tratamiento médico, aunque eso implique incluso la muerte[1]. Sin embargo, a las mujeres no se nos ,reconocería ese derecho. Por otro lado, y es algo que debemos desarrollar mejor, ¿no debemos exigir también el consentimiento para el embarazo y el parto? ¿por qué el sistema de salud exige consentimiento informado para abortar, pero no para continuar un embarazo y parir, aun cuando se trata de procesos médicos invasivos, riesgosos y con severas implicancias para la salud integral de niñas y adolescentes?[2]

Esto puede partir de varias premisas: por un lado, entender que los derechos de los no nacidos, fetos, cigotos van por encima de los derechos de la mujer; y, por otro lado, entender que las mujeres no tomamos decisiones éticas o razonables, lo que en esta visión requeriría que intervenga el estado, la legislatura, el marido, el tercero para controlar nuestras decisiones.

La autonomía para tomar decisiones sobre nuestro cuerpo y nuestra reproducción está anclada en varios derechos constitucionales. Entre estos, el derecho a la dignidad que garantiza que toda persona sea reconocida como ser humano y tenga la posibilidad de disfrutar todos los derechos reconocidos a las personas y no como una mera incubadora. El derecho a la intimidad protege y garantiza la libertad para tomar decisiones sobre la vida privada, la vida familiar, cuándo y con quién formar una familia, si tener o no tener hijos, el derecho a tomar decisiones sobre el propio cuerpo y sobre el tratamiento médico. El derecho a la igualdad y la prohibición del discrimen por razón de sexo, también se ve restringido por estas limitaciones. Las leyes que reconocen personalidad fetal colocan a las mujeres y a las personas con capacidad de gestar en una posición de tercera categoría frente al resto de la sociedad, su cuerpo y ejercicio de la razón se convierten en aparatos para la reproducción de la especie al servicio de los intereses del Estado, de instituciones y estructuras sociales ajenas a su voluntad. Ningún otro proceso reproductivo o de otra naturaleza que ocurre en el cuerpo de los seres humanos está sometido a una intervención estatal semejante.

En fin, las prohibiciones al derecho al aborto y las políticas que limitan nuestras decisiones reproductivas violan varios derechos constitucionales. De manera, que somos ciudadanas con menos derechos reconocidos. Esto limita la posibilidad de que las mujeres puedan participar de manera equitativa en la vida económica y social del país.

 

Cargamos con la responsabilidad sobre el remplazo poblacional

Ya la compañera Alice Colón abordó el tema del remplazo poblacional como argumento para controlar el derecho al aborto. Este tema se ha utilizado consistentemente por los legisladores y gobernantes para justificar estas restricciones. El gobierno de Puerto Rico y otros sectores de nuestra sociedad adjudican la responsabilidad en las mujeres y se nos responabiliza y culpa por los efectos sociales y económicos de la baja poblacional. Recientemente, por ejemplo, el Alcalde de Arecibo dijo públicamente “las mujeres no quieren parir pero pueden comprarse un carro y viajar”[3]. Esta dinámica de responsabilizarnos y culparnos lleva a funcionarios a proponer políticas públicas que tienen el efecto de forzarnos a la reproducción.

Por ejemplo, el proyecto de ley de la cámara 715 (que luego se convirtió en la Ley Keishla Madlane) establecía en su exposición de motivos lo siguiente: “[E]ste nuevo paradigma penal es necesario entre otras razones, ya que, desde el informe presentado por el gobernador en septiembre de 2013 por la Junta de Planificación, se nos advierte que el envejecimiento poblacional en Puerto Rico pone en peligro, según algunos escenarios, la supervivencia de nuestra raza puertorriqueña, y entre las razones de ese envejecimiento es el calo alarmante de la natalidad. Ese calo solo puede ser revestido con políticas públicas, también en el ámbito penal, que protejan y promuevan una mentalidad social sobre la vida, que nos libere del reduccionismo legal del naciturus al ámbito de la terminación del embarazo, y nos abra el horizonte legítimo del Estado en la promoción de la vida por nacer”[4].

El mensaje de la exposición de motivos es claro. No es solo culpar a las mujeres, sino incluso criminalizarlas cuando tomen decisiones sobre su cuerpo.

La tendencia del gobierno de limitar los derechos sexuales y reproductivas como alternativa para atender el reto demográfico no es única de Puerto Rico. Este tipo de legislación que se ha implementado en Estados Unidos, provocan la criminalización de la actividad y la conducta de las mujeres. Estas medidas entonces construidas bajo la premisa de que somos las únicas responsables del remplazo poblacional, buscan que las mujeres sean forzadas a reproducirse.

 ¿Decisiones libres?

En la alternativa, muchas personas, incluyendo grupos defensores de derechos y feministas, pregonan la decisión libre sobre la reproducción. Se plantea el problema como uno que distingue entre la defensa de la vida vs la defensa de la elección. “Mi cuerpo, mi decisión”. Esta postura presenta la reproducción como un asunto voluntario, individual, de preferencia. Sin embargo, hay que cuestionarse si estas decisiones son realmente libres.

El informe Estado de la Población Mundial 2018, de las Naciones Unidas, titulado El poder de decidir: Derechos reproductivos y transición demográfica concluye que ningún país puede afirmar que sus ciudadanos gozan de derechos sexuales y reproductivos y que pueden tomar decisiones libres sobre la reproducción.[5] Esta aseveración pone en perspectiva que las decisiones reproductivas son complejas y no dependen solo de la voluntad de las personas concernidas.

La capacidad de tomar decisiones reproductivas está profundamente afectada por otros factores externos como las condiciones socio económicas. De manera particular, las mujeres pobres que no tienen acceso a métodos de control de natalidad, tienen una capacidad decisional realmente reducida.[6] Este informe expone que, “[l]a mayoría de las parejas no pueden tener el número de hijos que desean porque carecen de los medios para controlar los embarazos o del apoyo económico y social necesario para mantener el tamaño de familia que desean”.[7] Incluso, según el informe, el tamaño de las familias está estrechamente relacionado con el ejercicio de los derechos reproductivos y otros derechos, como el derecho a la salud, la educación, la no discriminación y tener acceso a ingresos adecuados.

Más allá de la voluntad o la decisión propia de la mujer, debemos mirar otros criterios como (1) carencia de servicios de atención de salud; (2) dificultad de acceder a tecnologías de reproducción asistida; (3) educación sexual integral escasa y de mala calidad; (4) barreras económicas; (5) condiciones de trabajo con salarios precarios o sin posibilidad de tiempo para el cuidado; (6) desigualdad de género institucionalizada; (7) violencia de género; (8) pobreza; (9) estatus migratorio; (10) responsabilidad del cuidado; y (11) respeto por los derechos sexuales y reproductivos.

Criminalización y vigilancia

Las leyes que reconocen personalidad fetal colocan los derechos y la libertad de las mujeres y de las personas con capacidad de gestar en suspenso durante el embarazo. Al concederle personalidad jurídica al concebido no nacido, se prioriza el bienestar del feto por sobre el bienestar de la persona embarazada. Leyes que conceden personalidad fetal exponen a las mujeres a la criminalización y a la vigilancia permanente.

La criminalización de mujeres a partir de leyes de protección fetal no es una especulación exagerada. Hay evidencia clara y documentada de que la criminalización de mujeres por decisiones reproductivas, pérdidas de embarazo y conducta durante la gestación ha aumentado significativamente desde la revocación de Roe v. Wade en 2022, en el caso Dobbs v. Jackson.

En los primeros dos años post-Dobbs (junio 2022 a junio 2024), se documentaron 412 casos de criminalización del embarazo en 16 estados por conducta vinculada al embarazo, pérdida gestacional o parto, según el estudio de seguimiento de Pregnancy Justice[8]. La mayoría ocurrió en Alabama (192 casos) y Oklahoma (112), seguidos por Mississippi, Ohio, Carolina del Sur y Texas. Todos tienen lenguaje de “personalidad fetal” incorporado en sus leyes[9].

Según Pregnancy Justice[10], cuando el lenguaje de personalidad fetal está incorporado en los códigos penales, puede usarse y es usado para investigar y criminalizar a personas embarazadas y a sus proveedores médicos. Este fenómeno afecta de manera desproporcionada a mujeres negras, latinas e indígenas debido al racismo sistémico.

Esto se repite alrededor del mundo. En los países donde se criminaliza el aborto o se reconocen derechos al no nacido, las mujeres y sus médicas son criminalizadas. Según un estudio[11] publicado en 2023, que analizó datos de 182 países, en 134 países se penaliza a la mujer que busca un aborto, en 181 países se penaliza a los proveedores de servicios, y en 159 países se penaliza a quienes asistan en el procedimiento.

El Salvador es el caso más grave. El Salvador criminalizó totalmente el aborto en 1997 y en 1999 modificó su constitución para reconocer el “derecho a la vida” desde la concepción. Esto significa que cualquier embarazo que termine antes del nacimiento puede convertir a una mujer en criminal, incluyendo eventos relacionados a emergencias obstétricas. En algunos casos, esto conlleva acusaciones de homicidio agravado con hasta 50 años de prisión[12].

En total, El Salvador ha enjuiciado al menos a 181 mujeres que experimentaron emergencias obstétricas en las últimas dos décadas, según el Grupo Ciudadano para la Despenalización del Aborto. Al menos 65 mujeres encarceladas han sido liberadas con ayuda de la organización y sus aliados. «En todas partes del mundo se entiende que hay pérdidas de embarazo por razones naturales… Aquí, eso se castiga,» dijo Morena Herrera, directora de la organización[13].

La vigencia de leyes que penalizan de forma absoluta el aborto en El Salvador ha derivado en un patrón sistemático de criminalización contra mujeres que enfrentan emergencias obstétricas, tales como abortos espontáneos o partos extrahospitalarios. Esta realidad se manifiesta de forma aguda en casos de mujeres en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica, quienes, tras sufrir complicaciones médicas, son procesadas bajo el cargo de homicidio agravado y condenadas a penas que oscilan entre los 30 y 40 años de prisión[14]. Ejemplos terribles de lo anterior son los casos de Teodora del Carmen Vásquez y Mayra Figueroa, quienes cumplieron más de una década de prisión antes de que sus penas fueran conmutadas tras intensas campañas de defensa y presión internacional[15].

Sin embargo, el caso más trascendental es el de Manuela, quien falleció en prisión tras ser condenada injustamente. En 2008, “Manuela sintió un fuerte dolor pélvico y abdominal. Se dirigió rápidamente a una letrina que quedaba a unos metros de su casa …En ese momento, mientras creía sufrir indigestión estomacal, tuvo una emergencia obstétrica: expulsó un feto y se desmayó. Su madre consiguió pagarle a un vecino para que la llevara al hospital, donde ingresó con una fuerte hemorragia y síntomas de preeclampsia.” [16]

En el hospital el personal médico, en vez de atenderla, la acusó de provocarse un aborto para esconder una supuesta infidelidad y llamaron a la policía. Manuela fue condenada a 30 años de prisión por el delito de homicidio agravado. Dos años después, en 2010, murió de cáncer, esposada a una cama de hospital. El caso de Manuela culminó en una sentencia histórica de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual determinó que el Estado salvadoreño es responsable por la violación de derechos fundamentales al tratar una emergencia de salud como un hecho delictivo[17].

La criminalización y vigilancia también afecta a proveedoras de servicio. Ya han ocurrido casos concretos de médicos y médicas que han tenido que enfrentar consecuencias penales, administrativas y civiles por ejercer la medicina. Solo por mencionar un ejemplo, me refiero al Caso de la Dra. Margaret Carpenter. Este es el primer caso en el que se imponen cargos criminales contra un médico por recetar píldoras abortivas a pacientes en otro estado. La Dra. Margaret Carpenter, cofundadora de la Abortion Coalition for Telemedicine, fue procesada penalmente en Louisiana por recetar medicamentos abortivos a pacientes en otro estado[18]. En Louisiana, se le acusó formalmente por violar la prohibición casi total del estado. La ley de Louisiana permite que los médicos condenados por practicar abortos —incluyendo con píldoras— sean sentenciados a hasta 15 años de prisión y multados con hasta $200,000.

Incluso sin procesamientos formales, el miedo a la criminalización está cambiando radicalmente la práctica de la medicina. En un estudio se entrevistaron a 22 proveedores de salud reproductiva en Tennessee en los seis meses posteriores a la implementación de la prohibición total de aborto en 2022. Los profesionales de la salud describieron la necesidad de protegerse de la responsabilidad penal y dijeron que eran cada vez más reacios a brindar la atención que sus pacientes necesitaban.[19]

Aunque hasta ahora ningún médico o médica ha sido formalmente condenado y encarcelado exclusivamente por practicar un aborto, el panorama muestra investigaciones, multas, amonestaciones de juntas médicas, cargos criminales interestatales, y un efecto paralizante que está transformando la práctica médica, reduciendo el acceso a atención de emergencia obstétrica y provocando una fuga de médicos de estados con prohibiciones totales.

Esto ya lo advirtió en Puerto Rico el Colegio de Médicos Cirujanos. Ante la aprobación de la Ley del nasciturus, más de 300 médicos advirtieron que esta ley afectará la relación médico-paciente, “podría criminalizar a mujeres y médicos en eventos de pérdida de embarazo por causas médicas, creando un ambiente de incertidumbre y miedo en la práctica clínica”[20]. Esto al final afecta el acceso a la salud de las mujeres y personas con capacidad de gestar.

Para concluir

Hay muchas otras razones por las cuales las políticas públicas y leyes que restringen nuestros derechos sexuales y reproductivos me preocupan y ocupan tanto. No me da el tiempo para contarles todo. Quizás en otra ocasión podemos conversar sobre la manera antidemocrática en que se aprueban estas leyes a espaldas de las opiniones expertas y de la participación ciudadana. O cómo se justifican con interpretaciones equivocadas y colonizadas del derecho. O el ataque conservador a las izquierdas y los feminismos (solo por mencionar un ejemplo, recientemente en una actividad celebrada en una escuela de derecho, una psicóloga aseveró que “que el feminismo es un mecanismo de control del comunismo” y que “la educación pública gratuita también es una conspiración feminista para que las mujeres entren a la fuerza laboral a ser esclavizadas y los niños sean indoctrinados”). O cómo se instalan discursos religiosos conservadores que atentan no solo contra nuestros derechos, sino contra los derechos de todas las personas que defendemos la justicia social. Pero no tenemos suficiente tiempo. Por eso, esta conversación debe continuar y vincularse nuestra lucha con la defensa de todos los derechos que se ven amenazados por los conservadurismos y el autoritarismo fascista que avanza en los espacios de poder.

Los cuerpos de las personas con capacidad de gestar no son territorios de conquista. Son tierra soberana. La autonomía sobre nuestros cuerpos, nuestras decisiones y nuestros futuros se defiende en las clínicas, en las legislaturas, en las calles y en cada conversación como esta.

Ponencia presentada por la autora el 30 de abril en el conversatorio en CLARIDAD, Justicia reproductiva.

Notas

[1] Véase el caso Lozada Tirado v. Tirado Flecha 2010 TSPR 009
[2] CI-con-anexo-final-.pdf
[3] https://www.metro.pr/noticias/2024/11/08/alcalde-de-arecibo-dice-que-las-mujeres-no-quieren-parir-pero-pueden-comprase-un-carro-y-viajar/
[4] https://sutra.oslpr.org/SutraFilesGen/138646/PC0715.doc
[5] El poder de decidir: Derechos reproductivos y transición demográfica, disponible en: https://www.unfpa.org/sites/default/files/pub-pdf/UNFPA_PUB_2018_ES_SWP_Estado_de_la_Poblacion_Mundial.pdf
[6] Supra, Capítulo 6, pp. 123.
[7] Id., Cap. 6, pp. 26.
[8] https://www.pregnancyjusticeus.org/post-dobbs-pregnancy-criminalization/
[9] https://missouriindependent.com/2024/10/01/200-women-faced-criminal-charges-over-pregnancy-in-year-after-dobbs-report-finds/
[10] https://www.pregnancyjusticeus.org/post-dobbs-pregnancy-criminalization/
[11] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10030558/
[12] https://futuroinvestigates.org/investigative-stories/from-pregnancy-to-murder-charge-living-under-a-total-abortion-ban/how-el-salvador-incarcerates-women-with-obstetric-emergencies/
[13] https://www.nbcnews.com/news/latino/salvadoran-women-jailed-decades-miscarriages-stillbirths-warn-us-abort-rcna33035
[14] Agrupación Ciudadana para la Despenalización del Aborto Ético, Terapéutico y Eugenésico. (2021). Del hospital a la cárcel: Impactos de la penalización absoluta del aborto en El Salvador. San Salvador.
[15] Amnistía Internacional. (2015). Separadas, aisladas y encarceladas: Mujeres encarceladas por complicaciones relacionadas con el embarazo en El Salvador. Índice: AMR 29/004/2014.
[16] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-56360875
[17] Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2021). Caso Manuela y otros Vs. El Salvador. Sentencia de 2 de noviembre de 2021 (Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas). Serie C No. 441.
[18] https://www.cnn.com/2025/02/23/us/abortion-margaret-carpenter-new-york/index.html
[19] https://theconversation.com/doctors-are-preoccupied-with-threats-of-criminal-charges-in-states-with-abortion-bans-putting-patients-lives-at-risk-240524
[20] https://www.elnuevodia.com/noticias/locales/notas/sobre-300-medicos-exigen-a-jenniffer-gonzalez-que-no-firme-el-proyecto-que-reconoce-al-no-nacido-como-persona-natural/

Será otra cosa-El día en que le nacieron hebras a las vejigantas

Hebras. Reproducido de la página del Museo.

Columnista Invitada

El 27 de marzo llegué al National Portrait Gallery del Smithsonian con la expectativa habitual de quien entra a un templo de imágenes consagradas. Estoy en Washington, además, por una semana intensa de conferencias sobre ancestralidad y negritud en University of Maryland donde soy Keynote speaker, invitada por el Dr. Miguel Valerio, cuya obra investiga los procesos de la dicha —ese “joy” que él mismo nombra como práctica política y espiritual en sus estudios sobre cultura y literatura afrocentrada. Su libro Sovereign Joy explora la performatividad festiva de reyes y reinas negres en comunidades afro-mexicanas entre 1539 y 1640, proponiendo la alegría como una forma de soberanía y libertad.

El mármol del Smithsonian impone silencio. Las pinturas vigilan. Las esculturas parecen custodiar una historia que, demasiadas veces, nos ha dejado fuera. Camino entre pasillos donde la solemnidad se respira, donde cada retrato parece fijar una versión oficial del mundo.

Entonces ocurre.

Me detengo frente al rostro de la emblemática pintura de Toni Morrison, y en ese gesto íntimo de reconocimiento —de escritora a escritora— algo se abre. Más adelante, aparecen nombres que dialogan con mi memoria cultural: Diógenes Ballester y Tite Curet Alonso. Hay una genealogía dispersa allí, pero presente. Sin embargo, nada me prepara para el choque que viene después.

Doblo una esquina y me topo con el portal de Hebras y Vejigantes.

No es un encuentro leve. Es un golpe de electricidad. Ya lo he dicho, un portal, una simulación cuántica donde les cuerpes negres boricuas se salen con la suya. Es una sacudida que atraviesa la piel y se instala en el pecho. En medio de la institucionalidad del museo, la obra no se acomoda: irrumpe. Reclama. Respira.

La pieza —creada por Gloriann Sacha Antonetty Lebrón y Juan Pablo Vizcaíno Cortijo— forma parte de la exposición Outwin 2025 y ha sido reconocida con el Premio del Público. No es un dato menor. Es una señal de que algo se está cuajando desde la mirada colectiva.

El video, de cinco minutos, entrelaza la poesía de Antonetty Lebrón con la tradición visual del vejigante/vegiganta de Vizcaíno Cortijo. Pero describirlo así es quedarse corta. Lo que sucede en pantalla —monitores gigantes — es otra cosa: una coreografía de identidades negras que se afirman, que se miran, que se saben. Rostros, peinados, máscaras, vestimentas —todo estalla en una paleta de colores que no pide permiso.

Las imágenes no solo muestran: interpelan. Bailan, giran, parpadean.

En ese instante, mi propia trayectoria reciente entra en diálogo con la pieza. Llevo poco tiempo relacionándome, trabajando a la vejiganta como elemento cultural. Durante décadas, el vejigante varón fue la norma, una figura central del imaginario festivo puertorriqueño que reproducía, incluso sin proponérselo, ciertas jerarquías de género. Sin embargo, desde la publicación del “Libro de las Afrodivinidades Cüiruba”, en 2025 mi curiosidad se ha desplazado hacia otras encarnaciones: vejigantas femmes, femeninas o feminizadas, que ocupan con nuevas narrativas del cuerpo y la máscara.

Pienso, por ejemplo, en la obra de Carely Pizarro Cortés, particularmente en Dolores (2023), una pieza en coco, acrílico y textil (7” × 22” × 6.5”), donde la materialidad misma parece respirar una feminización del mito. Esa línea de trabajo resignifica la máscara no solo como símbolo festivo, sino como territorio de género, como archivo vivo de otras posibilidades identitarias.

Para mí, gestora del proyecto #YoResucitoAncestras y afirmada en un posicionamiento afrofeminista, la existencia de la vejiganta —no del vejigante anclado en la raíz masculina— implica una reconfiguración profunda de la epistemología cultural caribeña. La vejiganta abre una grieta en el archivo colonial del saber y permite la emergencia de epistemes afrocentradas donde los afrosaberes mujeriles, cuirizados y ancestrales no son apéndices, sino núcleos de conocimiento. En ella se conjugan cuerpo, máscara y memoria como tecnologías de resistencia, pero también como portales de re-existencia. Nombrarla, producirla y reconocerla es disputar quién tiene derecho a encarnar la tradición, quién puede habitar el mito y desde qué corporalidades se narra la historia. La vejiganta no es una variación: es una insurgencia epistemológica.

Por eso, al enfrentar Hebras y Vejigantes, no solo observo: reconozco. Hay una continuidad, una conversación abierta entre estas prácticas. La obra no solo visibiliza; también expande.

Recuerdo entonces mi vínculo con la poesía de Sacha. Soy lectora de su poemario Hebras, desde que fuera publicado en 2016. Desde entonces, su palabra ha sido una forma de tejido: memoria, tenacidad, cuerpa y negrura. Escuchar ahora su poesía dentro de esta instalación es como si aquellas hebras iniciales hubieran encontrado una expansión inevitable, — un crecimiento, como el de las pasas en el cabello —una encarnación visual que desborda la página. La página es ahora sonoridad, ruido, tambor y mapa de escape.

Mirarnos en el espejo y ver lo que fuimos en el pasado. El clan en cimarronaje, la tribu que resiste la colonia, la trata, el racismo y otros ‘ismos’…”, dice su poema.

Y allí, en Washington, ese verso no es metáfora: es presencia.

Ser afroboricua en ese espacio transforma la experiencia. No estoy simplemente observando una instalación; estoy siendo atravesada por ella. Pienso en las conversaciones sostenidas durante la semana en Maryland y en la propuesta de Sovereign Joy: la dicha como práctica insurgente, como archivo vivo, como gesto de poder. Comprendo entonces que Hebras y Vejigantes también encarna esa soberanía: una celebración que no evade la historia, sino que la enfrenta con color, soberanía y victoria, y que abre espacio a estas otras corporalidades —las vejigantas— que hoy reclaman su lugar.

La pieza no está expuesta: está en resistencia.

A mi alrededor, el público se detiene. Observa. Se queda más tiempo del habitual. Hay algo en esa energía que convoca, que no permite la indiferencia. El People’s Choice Award no sorprende; confirma lo evidente: la obra conecta, transforma.

Salgo de la sala con el pulso alterado. La solemnidad del museo ya no pesa igual. Algo ha sido desplazado. Algo ha sido nombrado… mostrado. Visibilizado.

El 27 de marzo, en Washington, las hebras no solo se mostraron: se alzaron. Y en su alzamiento, nos recordaron que el epistemicidio negro quedó en el pasado. Este es un presente que insiste, que exige, que crea, que también goza —como insiste Valerio— y que reclama su lugar, incluso en los espacios donde antes no se le permitía transitar.

 

La autora nació en Guaynabo, Puerto Rico. Dirige el Programa de Escritura Creativa de la Cátedra de Mujeres Negras Ancestrales desde 2015. Ha recibido los premios PEN (2006, 2012, 2018, 2024) Instituto de Cultura Puertorriqueña (2012) y Letras Boricuas (2022.) Su publicación más reciente es Las Negras (Penguin Random House, 2025). Su obra se ha traducido al alemán, francés, italiano, inglés, portugués, húngaro y kreyol.

Luis Rafael Sánchez recibe llave de la Caja de las Letras

Luis Rafael Sánchez. Foto Christian Rosado Medina

 

El reconocimiento ocurrió en el Centro Bellas Artes, en Caguas

En Rojo 

La verdadera riqueza de una comunidad es su cultura, dice el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero. La mejor forma de comprometerse con su futuro –añade frente a una audiencia atenta– es sabiendo escoger las mejores herencias de su pasado. Por eso la organización preserva el legado de poetas y escritores como Federico García Lorca, Miguel de Unamuno, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Y ahora, por primera vez en su historia, preservarán la obra de un autor puertorriqueño: Luis Rafael Sánchez.

Desde el Centro de Bellas Artes de Caguas, el novelista recibió la llave de la Caja de las Letras 1,208. Los rostros ansiosos de los oyentes comparten las más desorbitantes loas. Los rostros se vuelven a la mano que porta la llave, la gracia, el son de hechura casera. Un guau pincha y revienta los silencios descolgados. Hay una ovación que dura once segundos y un poco más.

“La alegría y el honor de ese compromiso con el futuro que es la obra de Luis Rafael se resume en una cita de Angélica Varela Llavona… Desde su icónica novela La guaracha del Macho Camacho hasta sus ensayos, cuentos y obras teatrales, ha construido un universo literario en el que el Caribe no es solo un escenario, sino un personaje vivo que respira, canta y se rebela”,  compartió García Montero.

El director continúa diciendo qué bien es entenderse en español desde Bogotá, Buenos Aires, Salamanca y San Juan. Cuenta que los español conforman el 9 % de los hispanohablantes a nivel mundial, y que resulta imprescindible respetar la diversidad de cada manifestación de la lengua. Lo contrario sería imperialista y ridículo, agrega aludiendo a ciertos gobiernos autoritarios de la época corriente. Un aplauso de ocho segundos intenta destronar la ovación del autor.

Fotos por Christian Medina Rosado

“Es un escritor que, como todos los grandes escritores, no solo representa su identidad, el lugar donde aprendió a vivir, sino que representa un diálogo transnacional. Fue a Nueva York muy joven, volvió en 1963. Ha representado un diálogo transnacional donde se aprende a defender lo otro, pero no para negar, sino para entender con lo otro en una conciencia amplia”, continuó el director.

García Montero recuerda a Julio de Burgos cuando lee a Sánchez, cantarte a ti tan solo me despierta; recuerda a Luis Palés Matos, en la clara bahía de tu cuerpo por los soles del trópico bruñido; recuerda el desinglés, desholandés, desfrancés, el sofritado español que condimenta la flor del desfolclor de José Luis Vega.

“Por eso, es un honor para mí traerle aquí, a su tierra, la llave de la Caja de Depósitos 1,208, donde vamos a custodiar y a cultivar su herencia como compromiso para el futuro”, remata el crítico literario. Un último aplauso de dieciséis segundos vence a los demás. El maestro sonríe antes de hablar.

“La palabra puertorriqueñidad invita al debate. Unos detestan su significado por considerarlo fatuo. Otros aplaudimos su significado por considerarlo honroso. Algunos rechazan dicha palabra disque por rotular imprecisiones. Son imprecisas otras palabras con las cuales puertorriqueñidad semánticamente: italianidad, vietnamidad, mexicanidad, ucranianidad, dominicanidad, norteamericanidad. No lo sé. Unas y otras aspiran a precisar las cualidades intrínsecas de un país, de resumirlas en una palabra que satisfaga a cuantas allí vayan y a cuantos de allí proceden. Ni palabreja, ni palabrucha ni palabrota. La palabra puertorriqueñidad sintetiza la emoción saludable y el razonamiento fértil que auspicia el lugar donde se nace, donde se crece, donde se principia la juventud y encarrila la adultez”, declaró Sánchez.

Para el autor de La guagua aérea, La pasión según Antígona Pérez y otras más, la patria es un punto de partida y referencia en toda su obra. «Como si algo nos abrazara con zeta y nos abrazara con ese». Continúa citando a Hostos, a El Topo, Ana Lydia Vega y otros escritores del país y compartió su esperanza en generaciones nuevas de autores como Xavier Valcárcel y Cezanne Cardona. Con diez obras de la literatura local que le agradan, el maestro concluyó el discurso que tituló País mío, país nuestro.

La actividad continuó con una discusión del estado y el quehacer literario en el mundo hispanohablante. Manolo Núñez Negrón moderó la conversación en que ambos autores destacaron los cambios tecnológicos, la producción de obras en países como Colombia y la integración del habla popular en la literatura. Al final, el Municipio de Caguas obsequió a los conferenciantes con canastas y otros detalles.

 

 

 

 

 

 

¿Un modelo autoritario para Puerto Rico?

 

Notas sobre el libro El Salvador de Bukele

Jesús E. Vélez Méndez

Nayib Bukele, presidente que aparece en videos con una vestimenta a lo Tony Montana en la película Scarface, milenial hijo del hombre que trajo la primera franquicia de McDonald al El Salvador, joven exdueño de una inmensa discoteca llamada CODE. Ex alcalde de Nuevo Cuscatlán (2012-2015) y de San Salvador (2015-2018) y ex miembro del Movimiento de Liberación Farabundo Martí (FLM). El 1 de junio de 2019 se convierte en presidente de El Salvador con el 53% de los votos bajo la insignia de Nuevas Ideas. Hoy, muchos lo reclaman desde Argentina, Costa Rica, Honduras y hasta Puerto Rico como el autor de un modelo de gobierno autoritario neoliberal exportable a otros países.

En esta columna de opinión me dedico a reseñar un libro publicado por la editorial Tinta Limón de Argentina titulado El Salvador de Bukele. Intento describir qué significa en la realidad el modelo Bukele. Entendemos que tanto Bukele como las maras (MS) son dos caras de una misma moneda, de una misma violencia estructural y de una biopolítica de la muerte que no le hace justicia a las comunidades históricamente aterrorizadas por las pandillas y por el Estado.

 

 Comentarios comunes en redes sociales pidiendo a un Bukele para acabar con la corrupción de Puerto Rico. Coinciden las narrativas de Bukele como salvador con el mito histórico anticorrupción.

 

El libro citado sugiere que la emergencia de Bukele como presidente se debe en parte a las pandillas. En una publicación reciente, el prestigioso medio El Faro (2025, mayo 1) reseñó el testimonio de miembros de la pandilla Barrio 18. En la entrevista describen la forma en que Bukele ha pactado con las pandillas desde su llegada al poder en San Salvador hasta la llegada a la presidencia en 2019.

Durante la pandemia el “dictador más cool del mundo” se hizo famoso por sus presentaciones en redes sociales jugando el rol de protector de los salvadoreños con discursos emocionantes. En medio de la pandemia, entre el 25 y 27 de marzo del 2022, 87 personas fueron asesinadas en El Salvador. Al parecer los asesinos eligieron sus víctimas al azar. El periódico El Faro (Carlos Martínez, 2022, mayo 17) divulgó que la masacre fue producto de la ruptura de un pacto entre el Gobierno de Bukele y los MS. Se documentó que los asesinatos de ese 25 a 27 de marzo fueron producto de una retaliación por un arresto que realizó el gobierno a unos miembros de MS que iban camino a reunirse con funcionarios públicos (Carlos Martínez, 2022, mayo 17).

El acuerdo era simple: Las pandillas, a las que Bukele ahora llama ratas, prometieron apoyar al partido de Bukele, Nuevas Ideas, en las elecciones legislativas y reducir el número de homicidios a nivel nacional. A cambio, el gobierno garantiza una serie de privilegios a las pandillas entre estos: no poner pandillas rivales en la misma celda, mejorar la comida de la cárcel, permitir visitas, reducir persecución, entre otros acuerdos.

Una versión sin pruebas, pero con detalles y hechos importantes que lo respaldan, señala otra cara de la historia (Martínez, 2023, noviembre 9). Elmer Canales Rivera, alias el Cruk de Hollywood, uno de los “doce apóstoles del diablo” que fundaron el MS-13, fue llevado junto con su novia de manos de un aliado de Bukele, Carlos Marroquín (Director de Reconstrucción del Tejido Social), hasta Guatemala meses antes de la masacre. Hay quienes aseguran que Bukele pactó con Canales Rivera para ejecutar la masacre que justificaría el régimen de excepción que vendría a continuación (Gibler et. al. 2025, p.44).

El sábado 26 de marzo Nayib Bukele declaró un régimen de excepción. Se suspendieron las garantías constitucionales al libre tránsito, libre asociación, libertad de expresión, el derecho al detenido a saber la razón de su detención, de ser consignado ante un juez competente durante el plazo de 72 horas. ¿Cómo esto funcionaba en las calles? La policía y el ejército podían entrar a de madrugada a una casa, parar cualquier vehículo en la calle, revisar cualquier negocio, confiscar, revisar el contenido de las comunicaciones y archivos de teléfonos, desvestir en plena calle a un peatón, usar la violencia para someter a quien sea, tomarles fotografías a esas personas desvestidas y sometidas y publicar las fotos en cuentas oficiales, incluida la cuenta de redes sociales del presidente. En fin, se podría llevar a una persona, cualquiera, a la cárcel, acusado de “agrupación ilícita o/y terrorismo”, sin pruebas, sin derecho a la visita y a la atención médica (Gibler et. al. 2025, p.35). Peor aun, sin permitirle si quiera hidratarse con agua. Este delito de agrupación ilícita se castigaría con pena de 20 a 30 años y a quienes reproduzcan algún mensaje que venga de las pandillas con una pena de 10 a 15 años.

El perfil de los presos de Bukele es de jóvenes entre 16 y 37 años. No son necesarios los tatuajes, aunque en la cárcel se les trata peor a los tatuados, sino su juventud y el contexto de empobrecimiento en el que viven. Si juzgamos los datos de la Organización No Gubernamental (ONG) Socorro Humanitario, la mayoría de los arrestados son inocentes. Aseguran que, del total de muertes en las cárceles de El Salvador durante el régimen de excepción, al menos el 90% no tenían perfil de pandilleros (Agencia EFE, 2026, abril 14). Pero si nos preguntamos ¿Cuántos muertos hay en las cárceles?  Se conocen 500 muertes durante el régimen de excepción (2022-2026), pero no lo sabemos con claridad porque este régimen de excepción restringe el derecho al acceso a la información permitiendo al gobierno mantener secreta la información. Todos los protagonistas de las historias narradas por John Gibler (2025) en el libro viven en una zona históricamente asediada por el ejército, Guarjila y son narrativas de personas evidentemente inocentes, jóvenes, nietos, esposos, hijos trabajadores con familia, comunidad e incluso propósito de vida.

Mas allá de lo reseñado por Luisto Comunica en la CECOT: ¿Qué ocurre con las personas privadas de libertad en las cárceles de Bukele? Un día llega la policía con el típico aire de autoridad que los caracteriza, tumban la puerta de tu casa, piden papeles, inventan una historia “te vamos a detener por poco tiempo”. La acusación es la misma: “agrupación ilícita”. No importa lo que esto significa en teoría, pero en la práctica no significa pertenecer a una pandilla, ni tener tatuajes.  El motor del arresto es la necesidad de cumplir con una cuota de personas arrestadas, “de pandilleros arrestados”. Esta es la “lógica política de la cuota” (Gibler et. al. 2025, p.52). Según Bukele publica en su cuenta, los arrestos pueden llegar a 3000 en tres días, 5000 en una semana, 25 mil en un mes (p.38), una de cada 50 personas. Fue necesario entonces continuar con los arrestos hasta convertir a El Salvador en el país con más personas encarceladas del mundo (Statista Research Department, 2025, febrero 20).

 Países con el mayor número de presos por cada 100.000 habitantes, a marzo de 2026. Fuente: Statista Research Department, 2025, febrero 20.

Se trata de cárceles hacinadas hasta la médula. En donde caben 800 presos tienen ahora 5000, como la cárcel de Mariona. Celdas diseñadas para 60 personas, ahora tiene desde 120 a 260 individuos privados de libertad (Gibler et. al. 2025. p.64). Cuando te arrestan, te sometes a pasar por diferentes cárceles, una más aterradora, hacinada y sucia que la anterior. Los policías te obligan a firmar al menos tres hojas en donde se narra cómo y porqué fuiste arrestado, una declaración de culpabilidad que usaran en tu contra. En la cárcel: “Todos los días por cualquier cosa te golpeaban […] Había celdas de desnutridos flacos …puras calaveras” (p.70). Te meten a la cárcel, te golpean y te raspan el pelo. En el mejor de los casos y con suerte había un catre donde tendrían que dormir dos personas.

En otros casos el hacinamiento era tal que se dificultaba incluso sentarse y no se podía dormir. Las disputas entre reos eran casi inexistentes. Algunos testimonios narran como en la cárcel algunos “reos” morían de sed y los guardias recogían el cadáver de este cuerpo deshumanizado y llenaban su espacio con alguien más. Bañarse es un lujo, hay quienes pasan meses sin agua para bañarse. Los desmayos son recurrentes y la comida si no es extremadamente limitada, como también presume Bukele en las redes, es comida muy acida y dañada. Importante añadir otro elemento biopolítico en el sentido negativo: a la comida le añaden un medicamento para reducir el deseo sexual (Gibler et. al. 2025).

La imagen es fundamental en el fascismo de Bukele, un momento donde el poder “se vuelve capilar”, menciona Gibler citando a Foucault. Se divulgan fotos de personas encarceladas, videos de personas tatuadas siendo arrestadas en la madrugada, cientos de hombres rapados, arrodillados, semidesnudos y en pantalones blancos. Las imágenes buscan deshumanizar, pero también tiene un fin antropológico: subjetivar. Crea una identidad anclada en el mito nacional fundante del estado bukeliano: el pandillero, el terrorista, el marero, ahora reo. Aunque el presidente presente estas categorías como si fueran objetivas no lo son, están cargadas de propaganda y de prejuicios. Me parece muy ilustradora la cita de John Gibler: “Las imágenes de Bukele nos dicen una y otra vez hasta el cansancio, hasta el entumecimiento: los presos son presos porque están presos. Las imágenes son a la vez declaración de culpabilidad a través del sometimiento del reo y una proclamación y alabanza al poder de la figura de Bukele como jefe de Estado” (p.60).

Queda como pregunta retórica: ¿Son los asesinatos de personas privadas de libertad legítimas y necesarias porque son perpetrados por el Estado? Otra pregunta que queda sobre la mesa es si de verdad se trata de una baja de homicidio como resultado de una estrategia represiva de control territorial por parte del Estado o si fue producto del pacto o de ambas cosas. Poco importa porque el resultado ha sido llevar a la cárcel a miles de personas inocentes, llevar al hacimiento, la deshidratación, la hambruna y a la enfermedad a toda una comunidad mientras las clases medias y medias altas se pasean por el escambrón en el panóptico que representa la gran cárcel de Bukele que es hoy El Salvador. Aunque pensándolo bien, la imagen de panóptico no sirve mucho. Si bien es cierto que conviven la libertad y la vigilancia, también va más allá de eso. Libertad y vigilancia conviven con el terror hacia un sector de la población: los jóvenes pobres. Los mismos que sufrían la violencia terrorista de MS. Como menciona la abuela de joven inocente arrestado: “Hoy no se huye de Las Maras no se huye de las pandillas, se huye del Gobierno” (Gibler et. al. 2025).

Es altamente probable que Bukele sea relegado a la historia como un asesino más. El mundo lo arrojará al basurero en donde pertenece Hitler y pertenecerán Netanyahu, Trump, y otros. Las narrativas reseñadas en el libro El Salvador de Bukele, las entrevistas y fotos, así como las experiencias de estas personas encarceladas son las microhistorias que atraviesan las grandes narrativas y desmontan cualquier mito construido desde el poder político de los estados represores. Funcionan en ese sentido como líneas de fuga, al decir de Deleuze.

Referencias
Abri tus ojos. (2021, febrero 16). Este es del pasado que evita hablar Nayib Bukele, su discoteca Code en la Zona Rosa… [Publicación de Facebook]. Facebook. https://www.facebook.com/100076964125460/posts/este-es-del-pasado-que-evita-hablar-nayib-bukele-su-discoteca-code-en-la-zona-ro/1398055317170042/
Agencia EFE. (2026, abril 14). El Salvador: cárceles y muertes. EFE. https://efe.com/mundo/2026-04-14/el-salvador-carceles-muertes/
El Faro. (2025, mayo 1). Entrevista a exlíderes del Barrio 18 [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=ZAdcoYRhr70
Gibler, J, Barbosa dos Santos, L. y Tovar, M. (2025). El Salvador de Bukele. Tinta Limón. https://tintalimon.com.ar/libro/el-salvador-de-bukele/
Martínez, C. (2022, mayo 17). Audios de Carlos Marroquín revelan que masacre de marzo ocurrió por ruptura entre Gobierno y MS. El Faro. https://elfaro.net/es/202205/el_salvador/26175/Audios-de-Carlos-Marroqu%C3%ADn-revelan-que-masacre-de-marzo-ocurri%C3%B3-por-ruptura-entre-Gobierno-y-MS.htm
Martínez, C. (2023, noviembre 9). Estados Unidos captura a Crook dos años después de su liberación ilegal por el Gobierno de Bukele. El Faro. https://elfaro.net/es/202311/el_salvador/27145/Estados-Unidos-captura-a-Crook-dos-a%C3%B1os-despu%C3%A9s-de-su-liberaci%C3%B3n-ilegal-por-el-Gobierno-de-Bukele.htm
Statista Research Department. (2025, febrero 20). Countries with the most prisoners per 100,000 inhabitants. Statista. https://www.statista.com/statistics/262962/countries-with-the-most-prisoners-per-100-000-inhabitants/

El autor es profesor y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma Metropolitana de la Ciudad de México. Ha escrito y publicado sobre temas de partidos, relaciones ejecutivo-legislativo, religión, entre otros.

Dolor de pechos

 

Especial para En Rojo

 

Aquel esqueleto gigante de dinosaurio no me decía nada. Tampoco las momias ni los indígenas de peluca tiesa. Qué tan importante podía ser un museo ante el hecho catastrófico de descubrir que mis tetas estaban creciendo.

“¡Ay, so bruto!”

Subíamos la escalinata cuando mi hermano me dio un manotazo sin querer.

“No es para tanto, nena.”

Incrédula, pasé con disimulo la mano derecha por encima de mi camisa violeta. Sentí una bolita dura y dolorosa en el lugar del pezón izquierdo. Y en el derecho también confirmé con espanto. Mis padres y mi hermano, un año mayor que yo, ignoraban mi tragedia. Ellos seguían caminando relajados y felices mirando las réplicas de dinosaurios, imaginando un pasado de animales imposibles mientras a mí se me iba apretando la tripa y la vida me pasaba por delante como una película que no es mía. Dios mío, ahora tendré que usar brasier y todos se van a poner raros conmigo y me van a empezar a decir cosas de “señorita.

Yo no quería tener tetas. ¿Cómo me mirarán mis nuevos primos y primas? Mis tíos y la abuela, que no me ven desde que era chiquita. Conocí a las primeras primas en casa de la abuela. Entraron corriendo descalzas por el pasillo largo de la casa hasta el patio, donde yo ayudaba a tender la ropa que mami había lavado. Me parecieron hermosas, como pequeñas diosas revoloteando en el Parnaso, vestidas con camiseta y pantalón corto blanco. Su casa quedaba al lado. ¿Ellas también me verán bonita? La que era de mi edad ya usaba brasier –corpiño le dicen allí-, y no parecía importarle. Mientras que yo pegaba el pecho contra la pared de losas frías de la ducha y presionaba lo más que podía para aplastar aquellos dos alienígenas. Ahora me vestía en el baño y envidiaba a mi hermano que tenía la suerte de andar descamisado.

Y lloraba.

Lloraba con la cabeza hundida en la almohada como si se hubiese muerto alguien. Como si me hubiese muerto yo.

A partir de ese momento, todo cambió. Había perdido algo, pero no sabía qué. Solo quería seguir jugando a lo bestia sin que nadie me advirtiera de que a una edad ya debía moverme y hablar con más delicadeza y cuidado. Por eso, cuando le canté a mi primo Julio una canción obscena, papi me dio el peor de los regaños: el que duele más en el alma que en las nalgas. Sentí rabia hacia Julito, que era mayor que yo, porque fue él quien me instigó, pero más rabia sentí hacia papi, que ya no me miraba como la niña a la que le había enseñado a eructar aquel verano en Boquerón. Seguro que a mi hermano le hubiese reído la gracia. A la nena le pasa algo, decía. Y claro que le pasaba. La nena quería arrancarse esas dos cosas extrañas que habían comenzado a invadir su pecho como dos hiedras venenosas, agarrar una tijera y cortárselas de raíz para que no volvieran a salir.

Y entonces nos invitaron a la playa. El agua de ese mar era marrón, y el fondo, baboso, pero en la orilla había una arena casi blanca. Aquel mar no era infinito. El mar del pueblo de papi acababa en otra orilla gemela que está al alcance de la vista y pertenece a Uruguay. La idea de llegar a otro país nadando me pareció mágica. Como si el mundo se hubiese plegado de repente y todas las fronteras cupieran en mi mano. Hasta ese viaje, el resto de países eran para mí una entelequia. Nunca imaginé que la orilla de un río podía parecerse tanto a una playa. Ni que la gente se comportara como en las playas de verdad. Solo que allí en lugar de cerveza y pollo, todos van con su mate, una infusión amarga que sabe a tierra. Nunca me quité la camiseta. La noche anterior me desvelé pensando en todas las miradas escrutando mi cuerpo, comentando mi insipiente pubertad como si yo no estuviese ahí.

El día que fuimos con mi tío a navegar al río conocí a las primas grandes de catorce y quince. Yo quería acercarme, pero ellas eran inalcanzables. ¿Qué tendrían que contarle a una prima de nueve años que acababan de conocer? Lo de ellas era tomar el sol en la popa del barco.

No podía evitar compararme. Tampoco entender si la tristeza que sentí al final del día tenía que ver con que odiaba mis simulacros de tetas o porque las envidiaba a ellas.

El domingo, la casa de mi tío el del barco se llenó de tíos y tías con nombres raros, Mingo, Tacho, Mecha… de más primos que no conocía, estaba el cabrón de Julito, y la abuela, que era una especie de espectro de pelo blanco. Yo observaba aquel espectáculo de voces y risas, el trajín de las mujeres en la cocina, a mi tío con un vaso inagotable de fernet controlando el asado. “¿Esta es la tuya? ¡Es igualita a vos!”, le decían a mami…“Andá a jugar con las gurisas…” Los hijos de Eduardo, el que se casó con la caribeña, “Che, ¿y allí todavía andan en taparrabo?” “A ver, decí verde. Velde, amol…”

Era como si papi fuera todos ellos. Lo vi a lo lejos. Hablaba con alguien que acababa de llegar en motora. Salí para ver quién era. “¡¿Y esta también es tuya, tío?!”, dijo otro primo mayor cuando me vio, con una sonrisa enorme y con unos ojos como dos bolas de cielo. Me agarró y me alzó sin ningún esfuerzo y me dio un beso. En ese instante sentí que un rayo me atravesó.

¿Cómo podía ser tan lindo? Tenía puesto un pantaloncito azul muy corto como de hacer deporte y una camiseta mostaza desgastada. Sus piernas parecían de mármol recubierto con una lanilla de pelos muy suaves.  “¿Querés dar una vuelta en moto?”, le ofreció a mi hermano pero él no quiso. Entonces me invitó a mí. Y me agarré con fuerza a su cintura de piedra y pegué mi pecho a su espalda con la misma fuerza que lo hacía contra las losas frías de la ducha.

 

Pero ese dolor me gustó. Entonces ya solo deseaba crecer para alcanzarlo.