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Tiburoncito

 

Leonardo Delgado Navarro

 

En el 2011, le escribí este cuento a mi sobrino Alonso. Tendría diez años en ese entonces.  La idea del cuento nace después de leer “Mi vida con la ola” de Paz. Años después, leyendo un libro de cuentos de Eduardo Galeano me topé con el cuento “El Bagre”.  Ese día le empecé a “dar casco” al “inconsciente colectivo” de Jung que hasta ese momento me parecía pseudociencia.  Aquí les dejo el cuento que escribí para Alonso.

LDN

Pescando atrapé un tiburoncito. Pequeñito de algunas 20 pulgadas. Hermoso.  De un color gris tirando a verde y de ojos blancos enigmáticos. Justo cuando sacaba el anzuelo de su boca, lo miré detenidamente y percibí en ese instante que entre el tiburoncito y yo existía un pasado en común.  Le miré a los ojos y pareció entenderme.  Le pedí que se fuera conmigo y asintió.

Al principio fue difícil. Tenía tanques con agua por toda la casa.  Lo cambiaba de uno a otro según él me iba indicando. A veces, en la mañana lo ponía en el tanque al lado de la mesa y así desayunábamos juntos; cuando me marchaba, lo dejaba en el tanque del balcón entre las papayas, el limón, y las guanábanas. Le encantaba estar allí. Siempre dejaba el radio encendido en 89.7FM, Radio Universidad, y así aprendió nuevas palabras y descubrió la música, de la cual se apasionó locamente.

Sucedió que oyendo la radio aprendió sobre una cosa llamada “Teoría de la Evolución”.  Entonces, me comunicó que quería aprender a vivir fuera del agua.  Propuso un extraño experimento.  Cada día yo debía sacarlo del agua hasta que casi (hay que resaltar el casi) muriera de asfixia. Era su teoría que según pasara el tiempo, aguantaría más tiempo sin necesidad de volver al agua. Con mucho temor comenzamos el experimento.

Todas las mañanas lo sacaba del agua y lo dejaba afuera hasta que desfallecía. Entonces yo, muerto de miedo, lo metía al agua y lo movía colando agua por sus branquias hasta que revivía.  Era tanto mi temor que aprendí a orar a los dioses del mar. Oraba fuertemente mientras lo sacudía para que respirara.  Le rogaba a Mama Kalunga, a Yemayá, a Olokum que me lo devolvieran.  Siempre recobró el aliento.

Así pasamos meses hasta que aquello comenzó a funcionar.  Cada día tiburoncito pasaba más tiempo fuera del agua.  Al cabo de un mes podía estar unas horas.  Al cabo de un año, no necesitó más el agua para respirar.  Entonces, se adueñó de la casa, aprendió a cambiar el radio de estación y aprendió tantas palabras que, a veces, se me hacía imposible seguirle el rastro a una conversación.

Como pasaba el día solo, se aburría, y cuando regresaba yo del trabajo me exigía que le compensara las horas de silencio que él pasó con conversaciones. En mas de una ocasión, nos amanecíamos hablando.  Él estaba loco por entender la naturaleza humana.  Sospecho que me volví su sujeto de estudio.

Un día, le hablé de mi niñez y lo mucho que amo la mar.  Como un chiquillo, él se entusiasmó y me pidió que lo llevara a la playa.  Planificamos ir temprano en la mañana, rayando el amanecer.  Cuando llegamos al mar se estremeció de la emoción.  El amor de él hacía el mar superaba el mío. De repente, en un ataque de pasión corrió al agua y se zambulló.  Yo lo observé  nadar pegado al fondo. Desde la orilla yo podía percibir su emoción. Nuevamente se encontraba con las algas, las caracolas y los peces que en un pasado fueron sus compañeros. Al rato lo vi flotando.  Me estuvo cómica la forma en que lo hacía por lo que decidí meterme al agua y acompañarlo.  Nadé hasta alcanzarlo.  Cuando llegué a su lado estaba tieso. Se había ahogado.

 

 

«Descubrir el tesoro musical de Liuba María Hevia: ramillete de impresiones de un concierto memorable» 

Concierto Liuba María Hevia en Teatro UPR abril 2024

 

Especial para En Rojo

Comparto varios comentarios sobre el Concierto de Liuba María Hevia presentado por Pro Arte Musical en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico el 6 de abril de 2024 y llamo en particular la atención a la experiencia de quienes la descubrieron durante esta presentación. www.liubamariahevia.com

I. Maribel Delgado (Cuatrista y profesora de música)

Dijo una buena amiga sobre Liuba: «La gente nace para algo especial, ella nació para cantar». Añado que la interpretación es solo uno de sus dones porque es maravillosa en el arte de la composición de letras y melodías. Acepté muy honrada la petición de acompañarla con el cuatro puertorriqueño. Aunque conocía muy poco la música de Liuba, sus canciones me cautivaron desde que comencé a estudiar las partituras.

Fue un privilegio compartir la tarima con músicos tan talentosos como Olga Juliá (violín), Raúl Barrios (bajo y guitarra) y William García; Emilia Guerra Montenegro (chelo) y la espectacular tresera Yusa, junto a los coristas Zulma Salvá Asencio y Tito Iván Soto Ramos, bajo la dirección vía internet desde Cuba de Arnulfo José Guerra, su director artístico. Liuba, además de su gran talento, es muy simpática y comprometida con su música. Esperamos su regreso.

II.Zoraida Santiago (Cantautora y profesora universitaria)

Tuvimos el privilegio y la suerte de poder ver y escuchar el concierto de Liuba. Desde el comienzo, estableció conexión inmediata con un público ávido de sus canciones y su voz, al confesar la emoción que estaba sintiendo de poder, al fin, cantar en Puerto Rico. Ese diálogo continuó a lo largo de la noche, mientras cantaba y tocaba la guitarra con maestría, acompañada de un conjunto de músicos, puertorriqueños en su mayoría. El resultado de este trabajo de equipo fue muy hermoso, evidenciando la sintonía lograda entre los músicos durante los ensayos.

Las canciones de Liuba contienen, además de un gran trabajo melódico y armónico, un nivel poético de excelencia. Conmueven, llaman a la reflexión, seducen y enamoran. Con su voz brillante y melodiosa, nos llevó a través de un repertorio bien escogido, tarea difícil dada la amplitud de su producción. Agradecemos haber sido testigos de este evento.

III. Karen Schneck Malaret (Directora ejecutiva de Pro Arte Musical)
Liuba… una poeta virtuosa musical. Filosofa con corazón de niña… a veces traviesa, siempre luminosa.  ¡Y ahora amiga!  Fue un gran privilegio trabajar con ella, los músicos y el equipo de producción. En momentos así se crean lazos importantes que nos tocan muy profundamente y que no pueden dejar de cultivarse. ¡Un abrazo enorme que nos dure toda una vida! ¡Que vivan los abuelos!

IV. Orlando Laureano (músico y profesor en el Conservatorio de Música de PR)
Oír un concierto de Liuba es un deleite. La variedad de sus composiciones nos hacen reír, sentir nostalgia, profundizar en pensamientos y hasta a llorar. También nos divertimos con sus canciones infantiles, que muestran mucho rigor en su composición. Viajé a través de sus canciones, muchas desconocidas por mí, por lo cual tuve una experiencia inusual y fascinante.

Liuba trabaja y compone melodías que si se les quita la letra parecen piezas de los grandes clásicos. A eso se añade la calidad de la letra. Qué bueno haber tenido la oportunidad de entrevistarla en Radio Universidad. Ahora voy a estudiar con mucho detenimiento todo el caudal de su música, para  apreciar un tesoro tan valioso. ¡Brava!

V. Edil González Carmona (Profesor universitario y músico)
Apenas conocía su música hasta que la vi en vivo. ¡Qué grato descubrimiento! Para comenzar, Liuba es una poeta. Elabora sutiles imágenes, profundiza en sus reflexiones y sabe cómo sacar partido a la sonoridad de las palabras. Es una artista culta que toma como base para su creación la música campesina tradicional. Es compositora de canciones muy conmovedoras que, además de melodiosas, exhiben interesantes progresiones armónicas y diversidad de matices. También es una guitarrista que se basta a sí misma y se acompaña con soltura a solas, como toda buena trovadora. Me agradó que la mayoría de los músicos fueron boricuas, con la intención de apoyar nuestra clase artística. Los arreglos musicales me agradaron de tal forma que en ocasiones me distrajeron de la letra.

Tratándose de su primer concierto aquí, fue una carta de presentación. Complementó el espectáculo con la proyección en el telón de fondo de algunos de sus videos y fotos de distintos momentos de su vida, así como de algunos de los grandes artistas con los que ha colaborado. En fin, acabé la noche con la euforia de haber descubierto más música con la cual embellecer mi existencia.

VI. Frank Ferrer (músico y productor de discos y conciertos)
Haber asistido a la velada musical de Liuba fue un viaje de regreso al mejor tiempo de la nueva canción y trova cubana de los años 60 y 70. Su calidad interpretativa y de sus composiciones la sitúan en un lugar preferente entre los grandes de Cuba y Latinoamérica. Como músico y productor de discos y conciertos durante más de cuatro décadas, aprecio el esfuerzo de los organizadores y doy las gracias a Pro Arte Musical por la oportunidad de disfrutar tan exquisito concierto.

VII.  Maribel Franco (gestora cultural y encargada de la «Claritienda»)
Fue un sueño disfrutar en vivo de las canciones de Liuba, cientos de veces oídas en sus cedés, que durante años vendimos en la tienda del Periódico Claridad. Sumarnos a la promoción del evento fue parte de nuestro compromiso con Cuba y sus artistas, especialmente con una de las máximas exponentes musicales. La noche fue pura magia y alegría y lágrimas, todo a la vez. Gracias, Liuba por venir a alegrarnos el corazón. ¡Hasta la próxima!

VIII.  Zulma Salvá (corista y asistente de producción)
Ay Liuba María Hevia, queridísima Liuba… Todavía en nuestra islita te seguimos celebrando y divulgando tu música. Colaborar junto a ti, tanto en la producción y como corista, fue toda una combinación explosiva, una experiencia entre sabor y sutileza, entre energía y paz, entre vivencia y complicidad.  Además, qué manera de reír y pasarlo bonito entre tantas anécdotas y ocurrencias. Recibe un abrazo caluroso. Tienes otra amiga en Borinquen.

Ante el caos: Reinaldo Rodríguez Santana y Viva la Resistencia

 

Especial para En Rojo

 

El arte es una forma de relacionarse con el caos, diría Deleuze, y al momento, pocos son los lugares que reflejan el desastre, el acorralamiento y la muerte como Gaza. Reinaldo Rodríguez Santana, en su exposición Viva la Resistencia, busca hacer presencia de las vivencias de Palestina “Dado a que los medios de información aquí, o dicen muy poco, o suelen decir lo que no es.”, afirma el artista.

Al entrar en la sala principal, se extiende un suelo plagado de papeles arrugados. Puñados de papeles que parecen descartados en una búsqueda frenética de algo que se cree extraviado, pero que nunca estuvo ahí. Se evaden, las pisadas buscan el suelo abierto, y quizás, se tropieza con una obra en el suelo. Una de esta, apoyada sobre cajas, se erige como edificios carcomidos estructuras hechas con pequeñas cajas de cerrillos y acrilico. “Vino una persona” nos cuenta Rodríguez Santana “las chocó y se asustó. Yo le dije que no se asustara, porque en verdad eso es lo que está pasando allí.”, relata Rodríguez. El movimiento, la mutación, el constante cambio de las vías en los ciclos de destrucción y adaptación del día a día en Palestina.

Y es que el cambio, a su vez, es parte de Reinaldo Rodríguez Santana. Para finales de la década de los setentas, como estudiante universitario (de la Universidad Interamericana, Recinto de San Germán) y padre soltero de una hija de tres años ve en la creación de máscaras la posibilidad de generar  un sustento. Sus icónicas máscaras, o caretas de Vejigantes, surgen como resultado de un profundo estudio de la tradición mascarera internacional: Alemania, Oceanía, el caribe, mascaras, mascaras, mascaras. Cultura, cultura, cultura.  Hoy, estas residen en numerosas colecciones museísticas en y fuera de la isla.

En el 2005, pone a un lado su labor artística como mascarero y parte a Nueva York. La diferencia de materiales lo lleva a afrontar una realidad, “O cambio, o me voy.”. Así, aflora en la pintura. Se percibe en esta imperante la dualidad de la máscara en su obra, aplanada y adaptada. El choque de que la mascara puede ser la realidad, el fundamento del ser interior, que si se quita el rostro impera la máscara en el fondo. La verdad que Reinaldo exalta en esta exposición es, no un realismo mimético, sino la expresión del dolor interior. Vuelve a Puerto Rico en el 2020, una semana antes de la pandemia del Covid 19, y luego, a raíz de las inclemencias atmosféricas, sufre una inundación en su taller y vivienda, lo que lo lleva a crear, de manera obsesiva e imparable, un nuevo corpus artístico.

Desde el techo cuelgan, de manera inestable y precaria, largas planchas de papel. Trabajadas in situ en La sede de la Federación de Maestros en Mayagüez (donde se alberga la exposición), hechas encolando hojas de papel periódico. Pero ninguno de estos dice nada de Palestina. Así, la acción de plasmar las palabras “Gaza” y “Resiste”, el pintar la alucinación de una madre palestina con sus hijos sobre estos, logra establecer una dicotomía, una fuerza dialéctica entre la ausencia y la presencia. Adundan en el espacio el periódico y las palabras que faltan dentro de su gris imperante.

En sala próxima, Rodríguez Santana hace una interpretación del Guernica, invitando a la reflexión del hilo conductor de eventos: Guernica-Vietnam-Gaza. Acorralado entre los cuerpos de mujeres exánimes y afligidas por la guerra, dando la espalda tras un escritorio (y solo visto en el reflejo de un espejo) los ojos del retrato al acrílico de Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. Es un acorralamiento mutuo, un encarcelamiento reciproco dentro de una política de exterminio. Alrededor de este, flotan, como símbolos, empaques de las corporaciones que patrocinan el estado imperante.

La opresión económica, a su vez, permea la creación de Reinaldo Rodríguez Santana. Sus materiales, en su mayoría reciclados, responden a la inventiva, a la necesidad, al brindar un nuevo propósito a lo desechado: cajas de papel extendidas, bolsas, periódicos, cajas de cartón. Se considera a sí mismo como “Artista Obrero”, concepto que carga con el trabajo diario, la lucha por el sustento y la inmersión en la fuerza laboral. Pero un detalle inescapable es la utilidad de las acciones de los obreros. El albañil erige paredes bloque a bloque, se conectan tuberías y por ellas corre el agua. Se pavimentan los caminos para la transportación y se extienden líneas y redes de comunicación: todo hacia un fin útil. Rodríguez Santana labora, con su arte, lo utilitario. Su trabajo es una herramienta de concientización, de demanda y llamado a la acción, al cambio, a la indignación. Un ejemplo vivo es que dicho proyecto, que hoy se manifiesta en Viva la Resistencia, comenzó con letreros plasmados en plazas públicas, en espacios cotidianos, donde aparecían cortos mensajes de resistencia y conciencia.

Al fondo, en una sala iluminada por el amarillo de sus paredes, nos miran mil almas abstraídas, rostros en repetición necesaria y precisa que mezclan el cubismo, la expresión cruda y espontánea del dolor, de la diferencia. En cierto modo, devienen el sentir ajeno, lo hacen propio. “la gente se ha identificado… ha sentido lo que quiero proyectar. Para serte honesto, han llorado.” Nos dice Reinaldo. quizás, florece el síndrome de Stendhal. En este cuarto amarillo, cubren una pared decenas de flores púrpuras de papel, que simbolizan la flor nacional de Palestina: Faqqua Iris. Donde continuaran naciendo, pese a todo, a pesar del sufrimiento, a pesar del desastre y el asedio. Una lluvia de flores en esperanza.

 

Cine de “lo malo:” Late Night With the Devil, Immaculate y The First Omen

 

 

En Rojo

 

Cuando en el título me refiero a cine de “lo malo,” no quiero decir que las películas que reseñaré son “malas.” Por el contrario, estoy muy feliz de haber visto Late Night With the Devil (dirs. Cameron y Colin Cairnes, Australia y los Emiratos Árabes Unidos, 2024), Immaculate (dir. Michael Mohan, Italia y EE. UU., 2024) y The First Omen (dir. Arkasha Stevenson; EE. UU, Italia y Reino Unido, entre otros; 2024) tres sólidas películas de horror que me dan esperanza para el 2024. Una de esas hermanas de la vida, Esther Yanes, siempre dice “cine de lo malo” para identificar películas que tratan sobre temas oscuros, como es lo diabólico. Este es uno de mis subgéneros favoritos quizás porque me crié viendo cine mexicano de horror previo a los 1970, donde todos los monstruos están emparentados con Satanás. Las referencias religiosas y satánicas en el cine de horror son un reflejo de nuestros más profundos miedos y deseos prohibidos. En una de las mejores películas del género, The Exorcist (dir. William Friedkin, EE. UU., 1973), Friedkin explora la pérdida de fe que el personaje del Padre Karras (Jason Miller) atraviesa después de la muerte de su madre. Sin embargo, la presencia demoníaca invade el hogar de Chris MacNeil (Ellen Burstyn), una madre recién divorciada que trabaja como actriz. Su hija, Regan (Linda Blair), es una preadolescente que impacta a la audiencia con sus alusiones y acciones sexuales mientras esta poseída por Pazuzu. La presencia masculina de la Iglesia, representada por Karras y el Padre Merrin (Max von Sydow), entran al hogar para devolver la armonía derrotando al demonio. Una lectura de este texto resalta el terror de una naciente sexualidad femenina durante la adolescencia en el hogar de una madre divorciada. Pazuzu canaliza la amenaza que la casa de MacNeil simboliza para la institución católica. Las tres películas que reseño representan a la mujer como la vía del demonio al mundo, tanto como Eva inició la caída del paraíso para el judeocristianismo.

En la divertidísima Late Night With the Devil, Jack Delroy (David Dastmalchian) tiene un show de late night durante los 70 que compite con el de Johnny Carson. Delroy regresa a la televisión después de la muerte de su esposa con un plan para atraer más audiencia. Él le dedica un show completo durante la noche de Halloween a lo esotérico y diabólico. Por esto, trae como invitados a Christou (Fayssal Bazzi), un síquico que conectara con los muertos; Carmichael el conjurador (Ian Bliss), un mago e hipnotizador que se dedica a refutar a ocultistas y farsantes; y Lilly (Ingrid Torelli), una preadolescente poseída por un demonio que viene acompañada de su sicóloga (Laura Gordon). La película cae bajo el género de pietaje encontrado (found footage) ya que la mayoría de la historia se enfoca en el espectáculo de televisión. La pantalla de cine se torna en el televisor por el cual vemos el show. De hecho, en los pocos momentos en que la estructura rompe y presenciamos ciertos intercambios tras bastidores, el ritmo de la película tropieza. Por suerte, estos no son muchos. Los hermanos Cairnes nos transportan de manera efectiva a una experiencia televisiva que se siente auténtica y entretenida con efectos especiales que les recordarán a programas de televisión como Parece increíble (1980). Hay una escena de hipnotismo que marca el comienzo de la segunda mitad de la película donde Carmichael hipnotiza al comodín de Delroy, Gus (Rhys Auteri), junto al público. En este momento, la realidad se desquebraja y es justo cuando uno mismo, desde la butaca de la sala de cine, se cuestiona si estamos bajo el hechizo del conjurador. A medida que progresa el programa, la tensión se acrecienta mientras nos dirigimos a la tan esperada entrada triunfal del invitado principal, Abraxas el demonio.

En Late Night With the Devil, Lilly proviene de un pasado de abuso intenso haciéndola el receptáculo idóneo para el demonio. La inocencia pervertida de la niña la lleva a ser poseída por una entidad demoníaca que identificamos como masculina simbolizando su segunda violación. Diferente a una película como Alucarda (dir. Juan Lopez Moctezuma, Mexico, 1978), donde unas novicias, Alucarda (Tina Romero) y Justine (Susana Kamini), exploran sus fantasías sexuales prohibidas y asociadas a la presencia satánica, la posesión de Lilly es depravada precisamente porque no es deseada por la niña y refleja una revelación oscura del mismo Delroy. Esta violación de un ente bíblico también define los conflictos que confrontan las novicias en Immaculate y The First Omen.

En ambas películas, los conventos reflejan las asambleas de brujas de la Suspiria de Dario Argento (Italia, 1977) y de la adaptación de Luca Guadagnino (Italia y EE. UU., 2018). Como bien dice Eduardo Alegría sobre The First Omen en un comentario de Facebook, “la producción tiene un ‘giallo’ vibe, y por el setting político cultural recuerda un poco a la Suspiria de Guadagnino.” Este comentario me parece muy acertado ya que en The First Omen, la iglesia siente la amenaza de un secularismo que se refleja en las violentas protestas por la justicia social y en contra de Vietnam en las calles de Roma. La institución de la iglesia católica en The First Omen e Immaculate lucha por mantener su protagonismo en la humanidad. Ambas siguen líneas similares en la historia. Una novicia estadounidense llega a un convento italiano. Esta comienza a notar eventos bizarros que la hacen cuestionar la oscuridad que se devela detrás de la devoción de las demás monjas y sacerdotes del convento. Sin embargo, la ejecución de cada una es muy diferente. En Immaculate, Cecilia (Sydney Sweeney) es la monja que gradualmente descubre la amenaza que la acecha. La narrativa sigue una línea más convencional del cine de terror, donde la acción se desencadena lentamente hasta su explosiva conclusión. El director, Michael Mohan, sabe jugar con los lugares comunes del género para terminar con el empoderamiento de la protagonista en un comentario político vigente en los Estados Unidos, donde la mujer sigue luchando por el control de su propio cuerpo. Por otro lado, The First Omen, utiliza visuales más provocadores con elementos bizarros que aluden a las imágenes de las películas del Movimiento Pánico. Los exponentes de este movimiento, entre los que cuentan Fernando Arrabal (Viva la muerte [1971]), Alejandro Jodorowsky (La montaña sagrada [1973]) y Juan López Moctezuma (Alucarda [1978]), bombardean al espectador con imágenes perturbadoras que desafían la dictadura religiosa del “buen gusto” y la moralidad. A pesar de que The First Omen no llega tan lejos, hay momentos impactantes, como cuando después de un accidente automovilístico, Margaret (Nell Tiger Free) convulsa violentamente en una calle oscura de Roma. La cámara se mantiene en ella por más de un minuto en una actuación física que debe haber dejado exhausta a la actriz. Aunque preferí Immaculate, el poder visual de The First Omen la hace una experiencia única en el cine.

Late Night With the Devil estará disponible en el canal de streaming Shudder y tengo esperanza de que será exhibida en la pantalla grande en la isla. Pueden encontrar Immaculate y The First Omen en las salas de cine comerciales. ¡Corran a gozar de lo malo!

Nuestra alma es indígena

 

 

Especial para En Rojo

Según la Agenda Latino-americana Mundial, el 19 de abril es considerado El día interamericano de los pueblos indígenas.  Ligado a este tema, en Brasil, el Consejo Indigenista Misionero (CIMI), organismo de la Conferencia de los Obispos Católicos de Brasil, propone actividades que duran toda una semana. En ese año de 2024, el tema escogido para esa Semana de los Pueblos Indígenas fue la consigna  “somos todos y todas familiares”. El lema es una palabra del Nuevo Testamento: “Motivos de nuestra esperanza” (Cf. 1 Pedro 3, 15).

De hecho, los indígenas se saludan como familiares. Ser familiar significa ser, al mismo tiempo, igual y diverso. Todos se reconocen como una familia de hermanas y hermanos, pero al mismo tiempo, cada persona es diferente. Tiene su propia identidad. En este sentido, podemos decir que los pueblos indígenas viven la Amistad Social como una fraternidad abierta a todos, donde el otro es comprendido, amado y cuidado.

El lema insiste en la esperanza, no como optimismo natural de quienes piensan que las cosas van bien, sino como opción de fe y amor que fundamenta la presencia solidaria, ya sea de las personas que trabajan en la pastoral, que consiste en la inserción amorosa y libre, sin proselitismo religioso, o de compañeros/as de la sociedad civil que quieran sumarse a este viaje de los pueblos originarios en busca de lo que el compañero indígena Ailton Krenak ha llamado el «futuro ancestral», es decir, una nueva realidad que retome las raíces del pasado y avance hacia la utopía posible de una convivencia respetuosa e intercultural, en una sociedad fundamentada en la memoria ancestral y basada en el diálogo, solidaridad y justicia ecosocial.

Cuando el Papa Francisco visitó Perú en 2018, dijo que nunca antes los pueblos indígenas habían estado tan amenazados como están hoy. En el continente latinoamericano, a cada día, ocurren situaciones de violencia contra pueblos indígenas y su derecho a sus tierras ancestrales y a vivir sus propias culturas. En estos días, Davi Kopenawa, Chamán Yanomami, fue recibido en Roma, por el Papa Francisco, que expresó su solidaridad con el sufrimiento de los pueblos de la Amazonia.

Aún en medio a tanta violencia y continua falta de respeto a los derechos de los pueblos originarios, gracias a Dios, podemos ver signos de esperanza. En la sociedad civil y en las Iglesias, crecen sectores solidarios con la causa indígena que, como decía el querido obispo y profeta Pedro Casaldáliga: «es una causa que parece perdida, pero para el mundo entero es necesaria e invencible, es decir, nadie podrá vencerla».

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.