Ya no era la joven de 16 años, quien le reclamaba a Hostos por haber tomado unas hojas de la monografía de su amiga Ángela Rosa Silva, sobre la novela La gaviota, de Pardo Bazán, para hacer un barco de papel. Era lo que Maílla, su hermana de 5 años, le pedía a su padre. En aquel momento, Hostos se sintió impulsado a navegar, a inventarse un viaje a un lugar imaginario, el lugar en que por aquellos días se centraban sus esfuerzos y preocupaciones: la Cuba libre. Ese cuento se tituló, precisamente, En barco de papel y es uno de los más hermosos de nuestra literatura. Eso fue en 1897, en Santiago de Chile, cuando los cubanos luchaban aguerridamente por su independencia.
De eso hacía tres décadas. El padre y la madre habían fallecido. Samelia (Luisa Amelia), quien llegó a Puerto Rico poco después de la muerte de Hostos, con su madre Belinda de Ayala (Inda) y el resto de la familia, irían a vivir a Monte Llano, en Cayey, pues su hermano mayor, Eugenio Carlos, se desempeñaba como militar en la base estadounidense de Henry Barracks.
En el 1910 la familia se mudó a San Juan, a la calle Tanca núm. 9. Con la entrada de los Estados Unidos a la 1ra Guerra Mundial, sus dos hermanos, Eugenio Carlos, que era militar de carrera, y Adolfo José, que fue reclutado por el ejército estadounidense para el esfuerzo bélico, fueron asignados al Canal de Panamá. En uno de sus escritos, Luisa Amelia menciona las angustias que que le produjo esa situación a su madre: Mi madre tenía dos hijos en el ejército americano y las angustias y el dolor consiguientes concluyeron con su vida, pero antes de morir soñó con una “Liga Universal de Madres por la Paz”, sabiendo que, puesto que las madres son una fuerza incontrastable, desparramada por el mundo entero, al fin concluirían con las guerras, si se empeñaran (“Florece un lirio a su lado”). Inda murió de un fallo cardíaco, en el 1918, a los 51 años.
Sabemos poco sobre lo que hizo Samelia en Puerto Rico, sólo que, desde el 1917, habría de unirse a las mujeres que luchaban por su derecho al sufragio. Los dirigentes políticos se aferraban al monopolio de sus privilegios. Las mujeres decidieron cambiar de estrategia: llegar al centro del poder para cabildear a quienes lo detentaban y buscar el apoyo de otras mujeres, que comenzaban a ejercer su influencia, y así neutralizar la misoginia de los legisladores isleños. La Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas enviaba una comisión a Washington y en esa delegación iba Luisa Amelia.
Hay una foto emblemática en la que aparece Luisa Amelia con un ramo de flores, poco antes de salir para Washington con la delegación de féminas boricuas a reclamar sus derechos. Es una foto venerable. La encontró el amigo David Cortés en el Puerto Rico Ilustrado.
En pocos meses, las mujeres que habían luchado junto a ella tendrían oportunidad de expresar cuánto le apreciaban ante su pérdida irreparable. El 31 de julio de 1928, cuando residía en el 520 West 114th Street, en Nueva York, Luisa Amelia se quitó la vida, incinerándose. Tenía 38 años.
Publicó su libro Mi pequeño cine parisino el año anterior, en 1927. Su paso por las letras dejó, en ese libro, que es de otra época, planteamientos que interesan porque hablan de la necesidad de un esfuerzo mundial contra la guerra y para proteger a la niñez. Heredó de su padre una inclinación por el pensamiento visionario. En diversos escritos discutía ideas y proyectos que pudieran contribuir al mejoramiento de la humanidad. Tampoco vio el fruto de sus luchas, aunque seguramente lo intuyó. Su muerte a destiempo nos privó de una voz generosa.
La periodista y feminista Ángela Negrón Muñoz, su compañera de luchas, la describió con palabras que son un testimonio de verdadera admiración: En su siquis se habían dado cita los sentimientos más altos de patriotismo, lealtad, bondad. Tenía una sola trayectoria: el bien, la verdad, la belleza. Iba hacia un solo fin: el ideal de perfeccionamiento y libertad humana.[1]
En mi libro, Hostos sanjuanero, se abre un espacio para escuchar la voz de Luisa Amelia y se reproduce más de una docena de sus escritos. Rescatamos su inteligencia, su espiritualidad, su optimismo, su compromiso y su amor por nuestro país.
El autor es co-coordinador de la Comisión Nacional Hostos 180 y estudioso de la obra de Hostos. Su libro Hostos sanjuanero, estará próximamente en las librerías del país.
[1] Ángela Muñoz Negrón, Mujeres de Puerto Rico, Imprenta Venezuela, 1935, p. 93.
Además del terrible riesgo de que pueda desatarse una Tercera Guerra Mundial provocada por las agresiones, amenazas e intimidación imperialistas de Estados Unidos hacia otros gobiernos y pueblos del mundo, en el propio corazón de dicha nación también late la amenaza de una Segunda Guerra Civil, cuyo detonante podría ser la extrema polarización política de su población en torno a la estrategia de deportaciones masivas de inmigrantes del gobierno de Donald Trump, el Partido Republicano y el Movimiento MAGA.
La «frontera quebrada» que nunca pudieron arreglar los gobiernos de Barack Obama y Joe Biden se convirtió en un insuperable tema de campaña que impulsó el triunfo de esta segunda administración Trump, la que ha puesto en marcha su anunciada agenda xenofóbica y excluyente que alimenta el odio racial y exacerba las diferencias políticas, religiosas, ideológicas y de toda índole dentro del espectro de la sociedad estadounidense. El Movimiento MAGA y el gobierno de Donald Trump son la expresión contemporánea de la ideología que combatió y derrotó a la sociedad homogénea («melting pot») que una vez aspiró a ser Estados Unidos, y que fracasó desde su origen cuando se fraguó el desplazamiento de sus pueblos originarios y se estableció una economía basada en la esclavitud de personas secuestradas en África, traficadas en Europa y vendidas como mercancía en este lado del mundo.
Minnesota, estado del medio oeste estadounidense, es el epicentro de la lucha que enfrenta hoy a activistas progresistas y pro derechos humanos con las fuerzas cuasi militares de la Agencia de Control de Inmigración (ICE) y la Patrulla Fronteriza ( Border Patrol), ambos parte del Departamento de Seguridad Interna ( Homeland Security) de Estados Unidos. Esas fuerzas progresistas son las mismas que por tradición se vuelcan a favor de la paz, la concordia y el buen vivir, y contra la brutalidad policíaca, la segregación racial, las armas nucleares y las guerras de agresión. Son las mismas fuerzas que marchan por los derechos civiles y humanos de trabajadores, mujeres y sectores vulnerables de la sociedad estadounidense.
Minnesota es un estado de larga tradición liberal, y como en otros lugares similares, las fuerzas de ICE y la Patrulla Fronteriza están confrontando la creciente resistencia civil de los ciudadanos a las redadas de deportación, a la continua violación de los derechos humanos de los inmigrantes y a los métodos violentos utilizados durante las mismas. Esa resistencia pacífica, pero valiente y firme, de la ciudadanía de Minnesota no le ha sentado bien a los agentes de las llamadas fuerzas de «ley y orden», que han arremetido violentamente contra los manifestantes.
En dos incidentes separados, uno el pasado 7 de enero y el otro, hace apenas unos días, dos ciudadanos estadounidenses, la artista Renée Good y el enfermero intensivista, Alex Pretti, ambos de 37 años, fueron asesinados a tiros por agentes del ICE. Esta creciente espiral de violencia Federal sobre grupos de ciudadanos residentes de un estado de la Unión empieza a costarle al gobierno de Donald Trump, particularmente en su punto electoral fuerte que fue la lucha contra la inmigración.
Y aunque la secretaria de Homeland Security ha intentado justificar las actuaciones de sus agentes en ambos sucesos, cada vez crece más el clamor popular porque se investigue la legalidad de la actuación de los agentes, y se señalen y castiguen por los asesinatos y la violencia desatada. Por otro lado, también aumenta la presión ciudadana contra las actuaciones de ICE que son violatorias de los derechos humanos de los migrantes y los manifestantes.
En este momento, Estados Unidos se encuentra simultáneamente al borde de una confrontación en dos frentes, hacia adentro y hacia el exterior, lo que podría significar que cualquier error de cálculo o provocación por parte del actual gobierno, desate otra guerra mundial o una segunda guerra civil en su territorio.
La lucha contra el autoritarismo, la violación de derechos humanos y el uso de la fuerza y la violencia del estado contra ciudadanos que ejercen su derecho a la protesta, requiere valentía como la que demuestran hoy los manifestantes de izquierda y progresistas de Minnesota frente a la brutal ofensiva represiva desatada por el Departamento de Homeland Security, y las fuerzas de ICE y Border Patrol.
La volátil situación de violencia xenofóbica desde el gobierno federal hacia el interior de Estados Unidos, junto a las repetidas provocaciones y agresiones imperialistas hacia otros grupos y países, nos recuerdan otras etapas oscuras de una historia no tan remota. En todas esas etapas, incluso cuando la existencia misma de la humanidad ha estado en riesgo, millones de personas del mundo entero se han movilizado, han luchado y se han sacrificado para detener la barbarie y encaminar el mundo hacia el diálogo y la convivencia civilizada entre los seres humanos.
Es certera la apreciación sobre la posibilidad de una Segunda Guerra Civil en Estados Unidos provocada por la combinación de extremas tensiones geopolíticas y la creciente polarización política y de toda índole hacia el interior de dicho país. Esta sería otro signo más del descenso hacia el abismo de un imperio estadounidense que una vez se consideró invencible.
En una situación como la descrita, podrían ser enormes y terribles las implicaciones para Puerto Rico, preso entre dos aguas como durante toda nuestra historia. Por un lado, colonia del imperio y por el otro un pueblo distinto, noble y de paz.
PRESENTACIÓN LIBRO MUERE RIGGs. Foto Alina Luciano
Especial para CLARIDAD
Rafael Acevedo Rodríguez es quizás más conocido como poeta (Libro de islas, Instrumentario, Elegía franca). O como novelista, creador de literatura especulativa (Exquisito cadáver). O como fundador de la editorial independiente La Secta de Los Perros, quizás. Quizás, digamos, sean menos obvias sus contribuciones al trabajo periodístico, en particular a la tradición del “periodismo cultural” en la dice que se inserta su obra. Y, sin embargo, hoy recibirá el Premio Bolívar Pagán de Periodismo que concede el Instituto de Literatura Puertorriqueña. El laudo indica que se le otorga “por sus trabajos publicados en el periódico digital CLARIDAD
El mismo Rafael Acevedo ha escrito recientemente que “lo que hago hace 30 años en el medio en el que trabajo es periodismo cultural. La cultura es nuestra identidad. Plural y diversa. Sobre eso escribo.” Pero igual, “periodismo cultural” quizás sea una etiqueta demasiado estrecha para lo que hace Rafah en CLARIDAD. Como editor de En Rojo, sobre todo, no hay duda de que ha buscado la manera de promover las artes, sobre todo la literatura, en un país y en una época cuyas instituciones culturales (públicas, privadas, burguesas) han estado en franco deterioro. Promover, dije, pero también desarrollar, en su polifacética carrera editorial, sea desde La Secta o desde En Rojo. En ambos proyectos editoriales, hay que señalar que le ha dado a la juventud una importancia destacada Muchas primicias en las letras puertorriqueñas han pasado por sus ojos. (Primer paréntesis autobiográfico: por Rafah llegué yo a En Rojo, cuando me publicó una reseña, que quisiera yo olvidar, en el 2012, y desde entonces siempre he estado aquí, ahora bajo la columna rotativa En Reserva.)
Rafa e Inés Mongil.Junto a Luis Rafael Sánchez en una visita a CLARIDAD. Foto Maribel FrancoCelebrando el 60 aniversario de CLARIDAD.Foto por Víctor BirrielRafa, Jorge Lefevre y Maia Sherwood en la presentación el libro Debi Tirar Mas Fotos. Foto Christian Rosado MedinaVisita de los martes de Rafael Cancel Miranda y Angie Vázquez. Foto por Maribel FrancoOscar López Rivera a su regreso en CLARIDAD. Foto Alina Luciano
Pero sus escritos son, también, en la mejor tradición del ensayo latinoamericano y caribeño, incitaciones. Reflexiones, controversias, comentarios, que llegan a los límites de lo que aguanta la página de un periódico. En lenguaje ágil, a veces, poética, en otras ocasiones, o en una combinación de ambos registros, pero siempre en sus características oraciones breves, cortantes. (Segundo paréntesis autobiográfico: estilo que, consciente o inconscientemente, tantas veces he replicado en mi escritura).
Toda esta obra está enmarcada en un proyecto claramente político. Y político ha sido la mejor tradición periodística puertorriqueña, razón, quizás, por la que el premio que recibe lleve el nombre de un dirigente del Partido Socialista histórico, y por la que el Día Nacional del Periodista en Puerto Rico sea el día en que se conmemora el natalicio de César Andreu Iglesias.
Quien mejor lo ha apalabrado hasta ahora ha sido Rafah: “Llevo 36 años haciendo periodismo. Y aunque colaboré con el periódico de burguesía criolla par de años, siempre lo he hecho con CLARIDAD. Es ese semanario, que según algunos amigos es extremista, en el que he trabajado como redactor, colaborador y ahora como director del En Rojo”.
Humildemente, y a nombre del equipo de CLARIDAD y En Rojo (del que he formado parte un lustro de veranos, como bateador emergente de Rafael Acevedo), escribo esta nota en reconocimiento del premio a Rafah, un reconocimiento, también, a la necesidad apremiante de un periodismo comprometido, no dogmático, que cuide la palabra y el gesto, que apueste por el futuro.
El “conflicto” (ocupación) entre Palestina e Israel tiene raíces anteriores a 1948, forjadas durante el Mandato Británico de Palestina (1922-1948) y aun antes bajo dominio otomano. En este texto recopilo el proceso histórico previo a la creación del Estado de Israel en 1948, examinando documentos desclasificados (británicos, estadounidenses e israelíes), estudios antropológicos sobre la sociedad palestina pre-1948, evidencia arqueológica utilizada en narrativas territoriales, y documentos históricos de las primeras organizaciones sionistas. Se presentan citas de fuentes primarias y secundarias (en español e inglés), mapas y cronologías para contextualizar los hechos clave, junto con observaciones críticas sobre la fiabilidad de dichas fuentes.
Contexto histórico hasta 1948
Tras la Primera Guerra Mundial, el Imperio otomano perdió sus provincias árabes y Gran Bretaña ocupó Palestina en 1917. La Declaración Balfour de ese año, emitida por el canciller británico Arthur Balfour, prometía apoyar “el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”, ignorando los derechos políticos de la mayoría árabe palestina.
En 1922 la Liga de las Naciones formalizó el Mandato Británico de Palestina, otorgando a Gran Bretaña la administración del territorio. El mandato no fue neutral: los británicos incorporaron la Declaración Balfour en los términos del Mandato, comprometiéndose oficialmente a facilitar el proyecto sionista. Esto se tradujo en políticas que favorecieron abiertamente la inmigración judía y la colonización agrícola judía, a la vez que negaban a la mayoría árabe instituciones representativas reales. Como resume el historiador Rashid Khalidi, el mandato británico fue “un regalo extraordinario” al movimiento sionista, permitiendo la creación de una protoadministración judía paralela apoyada por Londres. Mientras tanto, a los palestinos se les negaba la autodeterminación y el autogobierno democrático en su propia tierra.
Durante las décadas de 1920 y 1930 crecieron las tensiones. La población judía aumentó por sucesivas olas migratorias (especialmente de Europa oriental) facilitadas por el Mandato, y las organizaciones sionistas adquirieron tierras (a menudo a terratenientes ausentes) desalojando a campesinos árabes.
CONTEXTO:
En 1920, se compraron más de 10.000 acres en Marj Ibn Amir (Valle de Jezreel), expulsando a más de 700 familias campesinas palestinas. El caso fue tan conflictivo que generó revueltas locales, pues los desalojados no solo perdían sus casas, sino su medio de subsistencia.
Prohibición de trabajo árabe:
El Yishuv (comunidad judía en Palestina) tenía una política explícita de “conquista del trabajo”, promovida por la Histadrut (central sindical judía), que prohibía contratar árabes en tierras o fábricas judías.
Esto no solo aisló económicamente a los palestinos, sino que llevó a reemplazar comunidades árabes enteras por colonos judíos, creando enclaves cada vez más segregados.
Acuerdos de exclusividad étnica:
Las tierras compradas por el JNF incluían cláusulas que prohibían su reventa o arrendamiento a no judíos. Esto reforzaba la lógica de limpieza étnica por vía legal-administrativa mucho antes de que existiera un ejército sionista formal.
Desalojos con protección británica o mediante presión:
Aunque los desalojos eran “legales” en términos de compra, la resistencia de los palestinos fue reprimida por las fuerzas coloniales británicas.
En muchos casos, la policía británica acompañaba a los funcionarios sionistas para forzar los desalojos, generando odio hacia ambas estructuras coloniales: la sionista y la imperial británica.
La mayoría palestina, que ni estaba ausente ni vivía en un “desierto” como alegaba la propaganda sionista, resentía la doble política colonial: ocupación británica y apoyo a la colonización judía. Ya en 1920-21 y 1929 ocurrieron disturbios y choques sangrientos entre árabes y judíos en Jerusalén, Jaffa y Hebrón. La situación desembocó en la Gran Revuelta Árabe de 1936-1939, un levantamiento nacional palestino contra el mandato británico y la inmigración judía masiva. Gran Bretaña respondió con una dura represión militar: ley marcial, detenciones y ejecuciones de rebeldes. Esta revuelta obligó a Londres a reconsiderar sus promesas. En 1937 una comisión real (Comisión Peel) propuso por primera vez partir Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, e incluso recomendó la transferencia forzosa de 225.000 árabes fuera del futuro estado judío. Los líderes sionistas aceptaron tácticamente la idea de una partición parcial, viéndola como un paso inicial, mientras que los árabes palestinos y los países vecinos la rechazaron frontalmente.
En 1939, antes de la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña emitió un Libro Blanco que limitaba la inmigración judía y prometía la independencia de Palestina en 10 años con mayoría árabe, tratando de aplacar a los árabes dado el contexto prebélico.
Esta política indignó al movimiento sionista. Grupos armados judíos clandestinos como Irgún (Etzel) y Lehi (grupo Stern) tacharon a los británicos de traidores y comenzaron campañas terroristas contra las autoridades británicas (atentados con bombas, asesinatos de funcionarios) durante los años 1940-47. Tras la Shoá (Holocausto), aumentó la presión internacional para encontrar solución al problema de los refugiados judíos; los sionistas intensificaron la inmigración (legal e ILEGAL) a Palestina, provocando choques con los británicos. Agotada y económicamente debilitada tras la guerra, Gran Bretaña decidió poner fin al Mandato y pasó la cuestión de Palestina a la recién creada ONU en 1947.
La ONU propuso la Resolución 181 (Plan de Partición) en noviembre de 1947, recomendando dividir el territorio en dos estados independientes –uno árabe y otro judío– con Jerusalén internacionalizada. Los líderes sionistas aceptaron públicamente el plan (aunque los sionistas revisionistas, como Menájem Beguin del Irgún, lo rechazaron abiertamente, calificándolo de “ilegal”), mientras que los palestinos y los estados árabes lo denunciaron por injusto. Palestina tenía unos 1.3 millones de árabes y 600.000 judíos en 1947; sin embargo, el plan otorgaba al futuro estado judío más de la mitad del territorio (incluyendo zonas con población mayoritariamente árabe). Esto, sumado a que no se consultó a la población nativa palestina sobre su propio destino, hizo inviable la solución diplomática.
Tras la aprobación del plan de la ONU en noviembre de 1947, estalló la guerra civil en Palestina entre las milicias sionistas y las fuerzas árabes palestinas. En los meses previos a la retirada británica (que se fijó para el 14 de mayo de 1948), los combates se intensificaron. Las organizaciones terroristas judías –la Haganá (fuerza principal afiliada a la Agencia Judía), el Irgún y el Lehi– pasaron a la ofensiva con la implementación del Plan Dalet (Plan D) en la primavera de 1948. Este plan militar estratégico contemplaba asegurar el territorio designado al Estado judío e incluso controlar áreas adyacentes mediante la limpieza de poblados árabes considerados “hostiles”. En la práctica, durante abril-mayo de 1948 las fuerzas sionistas desalojaron ciudades de mayoría árabe (Tiberíades, Haifa, Safed, Jaffa, etc.) y decenas de aldeas mediante bombardeos, masacres selectivas y expulsiones para sembrar el pánico. Un caso infame fue la masacre de Deir Yassin (9 de abril de 1948) cometida por Irgún y Lehi, donde más de 100 civiles fueron asesinados; noticias de esta matanza precipitaron el éxodo en masa de palestinos atemorizados.
El 14 de mayo de 1948, los líderes sionistas (bajo David Ben-Gurión) declararon la independencia del Estado de Israel en Tel Aviv, al vencer el Mandato. Al día siguiente, tropas de estados árabes vecinos (Egipto, Transjordania, Siria, Irak y otros) intervinieron, alegando defender a la población palestina –dando inicio formal a la primera guerra árabe-israelí (1948). Sin embargo, para entonces alrededor de 700.000 palestinos ya habían sido expulsados o habían huido de sus hogares durante la fase civil de la contienda (lo que los palestinos llaman Al-Nakba o “La Catástrofe”). Las mal equipadas fuerzas irregulares palestinas colapsaron rápidamente; los oficiales británicos mismos reportaron a Londres a inicios de 1948 que los árabes de Palestina “habían sufrido derrotas abrumadoras” y que huían “por miles”, quedando su única esperanza en la intervención de los ejércitos regulares árabes. La guerra de 1948 concluyó a inicios de 1949 con la victoria de Israel, que amplió su control al ~78% de la Palestina del Mandato (más allá de los límites de la ONU propuestos). El resto del territorio quedó bajo control de Transjordania (Cisjordania y Jerusalén Este) y de Egipto (Gaza). No se permitió regresar a la mayoría de refugiados palestinos, consolidándose así la limpieza étnica originaria de la ocupación.
En la próxima parte presentaremos una cronología de eventos claves.
El día que Elianette Marrero Torres escuchó a Ivy Queen por primera vez, la escuchó desde un MP3 con diseño de los juguetes Bratz. Un primo le había equipado el artilugio con un sinnúmero de canciones que se dividían en dos archivos: A y B. En el primero, le contaron a los padres de Marrero, estaban los sencillos incluidos con el dispositivo; en el segundo, nada. Pero lo cierto es que el archivo B tenía “todas las canciones” que se escuchaban en Puerto Rico para entonces.
Fue uno de los muchos hitos que marcaron la mirada artística de Marrero Torres, quien creció tocando percusiones y cantando en los altares de una iglesia episcopal, en su natal Morovis. A los 12 años, cuenta como quien revela un detalle clave de su vida, la poesía llegó para darle nombre a aquello que le afectaba.
“Yo consumía mucho lo urbano. Yo veía mucho la película del reguetón. Yo me crié escuchando reguetón. De momento, el reguetón para de estar sonando ¿y qué es lo que estamos escuchando? Trap. Los Trap Kings, Bad Bunny, que si Bryant Myers, Anonimus, Darkiel, Almighty, Lary Over. Yo me los sé todos”, narró en exclusiva con En Rojo.
El descubrimiento de los traperos entroncaba con el que, a los 13 años, hizo de la diva, la potra y la caballota, Tego Calderón, Arcángel, Residente y otros exponentes del género urbano. Estas figuras, que tenían “un palabreo” que Marrero usa, la inspiraron a seguir ese estilo. Y a los 16, habiendo afinado el tintero, decidió organizarse para tener una carrera profesional como artista. Ahí nació ELIA.
Para la cantautora, su oportunidad surgió cuando logró entrar en contacto y relación con Rimas Publishing. Con decenas de piezas como “Cacica”– la más reciente– circulando en plataformas como YouTube, Apple Music y Spotify, la cantautora se ha presentado en eventos multitudinarios como SXSW y califica su experiencia actual como una “montaña rusa”. A sus 23 años, está abierta a la dirección en que corra esa montaña rusa.
“El primer heartbreak (desamor) de la vida es de los 1 a los 5 años porque es uno de los primeros actos de conciencia. Así es mi música ahora mismo. Cuando yo tomé conciencia de las cosas que estaban pasando en el mundo y empecé a hablar de ellas. Antes de eso, nunca tuve los cojones de decir que esto está pasando”, comentó con relación al giro que ha tomado su letra en tiempos recientes.
En esa línea, ELIA comparte que la pandemia supuso uno de los retos más fuertes para su carrera porque le privó de una graduación normal de la escuela superior y, en términos prácticos, le puso un alto a sus aspiraciones musicales. Esa depresión, explicó, penetró en sus relaciones y el contenido de ese tiempo. Algo similar le impulsó, el año pasado, a moverse y ofrecer conciertos clandestinos– esporádicos, en espacios públicos– para quienes estuvieran en el área.
Elia. Foto suministrada
“Hace tiempo, yo tenía un party todos los fines de semana. Aquí en Cerra, en Ponce, en discotecas de yo no sé dónde. Lo estuve haciendo por un montón tiempo. Era el joseo de necesitar que me vieran, quiero que me vean, necesito que me vean. De momento me vieron y fue como..”, contaba con un dejo de agobio.
“Entonces hice tres conciertos. Solo iba a ser uno en la calle Cerra, y fue una decisión para que fuera flow (al estilo de) Nueva York. Ese fue viral, el segundo fue más viral todavía y el tercero tuvo problemas. Hay gente y hay gente. La gente ve eso en PR y dice qué mal, pero va a Nueva York y dice qué cool, qué aesthetic (estético). No lo entiendo, si Puerto Rico es la isla mágica de la música”, mencionó, catalogando como hipócrita aplaudir estas actividades fuera de Puerto Rico y repudiarlas aquí.
Desde entonces, ELIA ha decidido “tocar base” con el público y defender el derecho de la juventud a ocupar espacios artísticos y desarrollar sus carreras. A juicio de la cantautora, los artistas emergentes deben recibir el apoyo de la comunidad y el Estado. Para “jugar el juego”– es decir, cantar sin confrontar la ley– no deben ser juzgados o condenados por solo buscar espacios donde presentarse.
Por otro lado, la artista también guarda fidelidad a su lado músico. En varios sencillos, violines o tambores acompañan la melodía mientras un coro canta la lírica con ELIA. Detalló con En Rojo que esas combinaciones rítmicas resultan de su hogar cuando pequeña, donde Olga Tañón y Gilberto Santa Rosa competían con música sacra para sonar desde la bocina.
“Vale la pena creer en una sola cosa hasta la muerte. Y si tengo que hablarte urbano y tirarme lo urbano, lo voy a vender bien. Eso lo tengo manga’o. Ahora estoy viendo cómo le hablo al adulto, y ahí voy a tener otra cosa manga’. La idea es incluir a todo el mundo en el carrito para que coman todos”, concluyó.