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Haciendo Punto en la Iupi

Silverio Pérez, Josi Latorre y Nano Cabrera. Foto por Valeria Santiago Cotto

 

Haciendo Punto en Otro Son volvió al teatro de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, esta vez, en un recorrido-homenaje a 50 años de lucha estudiantil.

En 1975 nació en el café-teatro La Tea del Viejo San Juan, lugar que acogía e impulsaba a jóvenes artistas con propuestas alternas a la corriente comercial, un quinteto que incluyó en su repertorio versos musicalizados de poetas puertorriqueños, canciones de folkloristas latinoamericanos y composiciones de la Nueva Trova cubana: Haciendo Punto en Otro Son. Esta nueva presentación de Haciendo Punto en la Universidad ha sido un recorrido por marcados eventos de la historia de la nación puertorriqueña y ha rememorado acontecimientos como la lucha contra el ROTC y el asesinato de la estudiante Antonia Martínez. Un momento de gran intensidad emotiva en el concierto fue escuchar y cantar la canción de Antonio Cabán Vale, El Topo, dedicada a Antonia.

El repertorio de estos 50 años de juventud comprometida con su patria incluyó, entre muchas piezas, décimas de Juan Antonio Corretjer, así como de Silverio Pérez; poemas musicalizados por Roy Brown; la hermosa Yolanda, de Pablo Milanés, y Oda a mi generación, de Silvio Rodríguez. Mercedes Sosa se hizo presente en la canción Que vivan los estudiantes, que es el tema que les ha servido de motivo y les ha acompañado.

A Tony Croatto se le recordó en sus canciones, algunas de ellas interpretadas amorosamente por su hijo Alejandro. De Irvin García, fueron distinguidos su poderosa voz, su talento musical y su contribución desarrollo del grupo. Antonio Cabán Vale, quien impartió belleza a nuestras penas, nuestras luchas y nuestra identidad, también fue recordado. Su canción —nuestra canción—, Verde Luz, se escuchó en las voces de todos estos jóvenes, que desde hace 50 años, puestos de pie, la honramos.

Jossy Latorre. Fotos por Valeria Santiago Cotto
Silverio Pérez

Jossy y Nanp.

El concierto contó con la participación de conocidos integrantes de Haciendo Punto, como Jossy Latorre, Silverio Pérez, Nano Cabrera, José Remi Vega y un coro de las hijas de los integrantes originales, además de un equipo técnico y musical excelentes, compuesto en su mayoría por mujeres. Un reconocimiento especial fue hecho al joven iluminador, que ha sido el mismo desde que se fundó el grupo.

En una nota al calce, Silverio denunció que un agente encubierto le había advertido sobre la presencia en el concierto del presidente de la FUPI de los años 70. La noticia originó una ovación cerrada a Florencio Merced Rosa.

Haciendo Punto en Otro Son ha iniciado una nueva gira del “triunfo de la poesía sobre la represión” desde la Universidad de Puerto Rico a varias ciudades puertorriqueñas al otro lado del charco. Esperamos que regresen pronto y nos inviten nuevamente a cantar con todos los estudiantes.

De introducciones y muñecas rusas

 

Presentación del libro de Efraín Barradas, Introducción a Nilita Vientós Gastón(2024)

¿Qué hace un intelectual sino mirar, apreciar, cuestionar y proponer: ver? Esta presentación no será más que una matrioshka, o muñeca rusa, en acción. Lo primero que verán, y sirva referirlos a la portada para ello, será a Nilita Vientós Gastón viendo, mirando, apreciando, cuestionando y proponiendo mientras dentro, Efraín Barradas la ve, la mira, la aprecia, la cuestiona, y propone acercamientos a su obra que yo, ahora, lectora –y novata, en comparación con las demás personas que me acompañan– veo, miro y presento, como el mayor de los honores.

Introducción a Nilita Vientós Gastón de Efraín Barradas, publicado en el 2024 bajo el sello de Ediciones Callejón, es un homenaje en marcha a Nilita, desde el epígrafe citando a Henry James hasta su última línea, en la que se enmarca el deseo de que no se nos olvide esa niña que ella decía haber sido y nunca haber dejado de ser. El libro es un homenaje, en la medida en que es también una puesta en práctica de aquello que, según Barradas, era su modo de acercarse al mundo. En palabras del autor “Nilita lee y escribe sobre lo que lee y sobre lo que le atrae o le llama la atención o lo que cree es importante para sus lectores” (13) y, él, según mi apreciación, “lee y escribe sobre lo que lee y sobre lo que le atrae o le llama la atención” o, utilizando sus palabras y añadiéndole las mías, “lo que cree es [una posible ruta de estudio para quien quiera acercase, como él, a la obra de Nilita]”. Nilita escribió Introducción a Henry James para “compartir con otros, […], su entusiasmo por James” y Barradas, con una justa mirada crítica, comparte con nosotros su aprecio por la obra, y la vida, de Vientós Gastón en su Introducción.

El libro está divido en nueve ensayos que se acercan de maneras muy diversas a Nilita y a su obra. El primero, “Para nombrar a Sin Nombre, para nombrar a Nilita”, es un artículo que, comisionado por la propia Vientós Gastón, Barradas escribió para lo que sería el último número de la revista Sin Nombre. En él vemos a un joven Barradas que reconoce la importancia de Vientós Gastón en su vida desde que era aún más joven y como pequeño acto revolucionario, la veía por la televisión, sin imaginar jamás, que años más tarde ella aceptaría publicar las reseñas que él escribiría. En este artículo juguetón, como más tarde lo llamará él, queda en evidencia que no es necesario revestirnos de falsas seriedades para aportar al mundo intelectual pues no es solo una celebración de la labor de Nilita y su revista, sino una propuesta velada sobre la importancia e impacto de la reseña como género discursivo. Es un texto que le habla a cualquiera que esté interesado en acercarse al arte de la lectura como oficio: es fácil, desde este acá lector, reconocerse en sus palabras. Hago una pausa consciente, y les pido permiso para compartir lo que fue para mí una de las líneas más humanas y, por qué no, tiernas, de ese ensayo. Y claro, pido el permiso porque al igual que Bad Bunny, a quienes relacionan más con la generación Z, pero realmente es un late millenial como yo, este asunto de la autoreferencialidad me atrapa y, además de tirar todas las fotos que he querido, para luego no arrepentirme, también me tomo muy en serio lo que leo y termino viéndome en las palabras de otros como estas de Barradas en las que se pregunta “¿Habrá leído alguien lo que yo he publicado en Sin Nombre con el fervor y la fe con que yo leía esas cartas de Bayón y las mil otras cosas reveladoras que publicaba Nilita en Asomante? ¿Tendrán los otros lectores de sus revistas la misma falsa impresión que me dominaba cuando las leía: esto fue escrito exclusivamente para mí?” (21) Y yo, en este acá lector, en esta autoreferencialidad de la cual no me puedo escapar, no podía más que responder un gran sí, mientras le contaba a sus palabras que, además, cuando él me llamó para presentar su libro había sentido la misma emoción que sintió él cuando Nilita aceptó publicar su ensayo: no en vano, la imagen de la matrioshka para iniciar esta presentación.

En el segundo y tercer ensayo, “La monja hace el hábito: Nilita Vientós Gastón, la moda y el dandismo” y “Nilita ante la cámara”, respectivamente, hay un acercamiento que modela las posibilidades de estudio que, como críticos, podemos hacer. En ellos, un tema aparentemente banal, como lo sería su estilo de vestir y las fotos que le tomaron, se convierte en eje central de un estudio que no solo problematiza su figura y las complejidades que pueden haber detrás de una persona, sino que sirve de manifiesto en contra del proceratismo. De “La monja hace el hábito” hay dos asuntos que me interesan destacar: (1) la intención de presentar la vestimenta de Nilita como una herramienta más para visibilizar aquello en lo que creía y (2) el vínculo que logra crear en la sección “Para muestra un imperdible basta” con aquellos que, más o menos traviesos, nos acercamos a estos espacios en los que reina, sobre todo, la seriedad. En este ensayo vemos a Barradas, el crítico, que establece que no solo en los proyectos intelectuales de Nilita era posible identificar su ideal de cosmopolitismo, sino también en su ropa. Sin embargo, también vemos al Barradas estudiante, que con traviesa curiosidad, deja de atender todo lo que le rodea para fijarse de manera puntillosa en ese “imperdible” que le bastó a él para ver a Nilita de otras formas, y a mí, para verlo a él en pleno ejercicio intelectual, viendo lo que otros no ven, y prestándole atención. Por otro lado, en “Nilita ante la cámara”, Barradas exalta la labor de Ruth Vassallo en su libro Nilita Vientós Gastón, una vida en imágenes mientras va vinculando las fotos que aparecen en el libro con datos que recoge tanto de otros libros escritos por Nilita -como El mundo de la infancia- como de otros que fueron escritos por estudiosos de su vida y obra. Así pues, entre fotos, textos y conocimientos de primera mano, Barradas nos presenta acercamientos como este “Me atrevo a decir, al observar esta foto clásica de Nilita, que ese collar de perlas esconde explosivos, que esta es una guerrillera disfrazada de gran dama. O mejor, que esa gran dama, como tal, es más peligrosa que muchos jipis y punks” (53). No obstante, y que nadie se llame al engaño, también en este texto el autor logra con gran destreza destruir esa inclinación que se suele tener de enaltecer al punto de la beatificación a aquellos a quienes admiramos, y con cuidadoso detalle nos presenta a otra Nilita, una más humana: real. Lo mismo logra con “Dos mujeres, una ruta: Alicia Alonso y Nilita Vientós Gastón”, en donde, a partir de una de las fotos que aparece en el libro de Vassallos, analiza a ambas mujeres, desde la humanidad que encarnan, desde sus esencias: bien fueran los libros y la lectura, o el baile, para terminar resaltando que, en el caso de las dos, la mayor lección que se aprende es la misma “rigor y dedicación a lo que se hace” (61).

Los capítulos “Nilita lectora: Notas sobre la unidad de su obra”, “Nilita viaja a Europa”, “El Henry James de Nilita” e “Índice cultural / índice personal: Nilita Vientós lee a Albert Camus” son un acercamiento al modo en que Nilita lee, no solo las palabras de los otros a quienes lee sino a los contextos en los que se encuentra y los países que visita. Mientras leía los primeros dos, no podía sacar de mi cabeza las siguientes preguntas, “¿El reseñista, al final de la carrera, no hace más que presentarse a sí mismo? ¿No es la objetividad un gran disfraz que solo logran ponerse aquellos que con suma destreza maquillan todas las frases y palabras que dejan al descubierto sus subjetividades? ¿No es aquello que recordamos y plasmamos en el papel lo que justamente nos parece importante?” Este libro, si bien homenaje, no pretende ser una oda. En estos ensayos queda más que evidenciado y se ve con mayor profundidad en los ensayos sobre su libro sobre Henry James y sus lecturas sobre los textos de Albert Camus. En ellos queda claro que Nilita, humana, es la que escribe desde sus propias complejidades, pero que es precisamente esos matices, ese pensar y razonar como eje de todo proceso de redacción lo que la hace tan importante para quienes estudiamos su obra.

El libro concluye con el ensayo “Otra (pequeña) página para Nilita”, texto escrito a petición del periódico Claridad, ante la noticia de su muerte. En él, un Barradas más adulto se encuentra con el joven Barradas que escribió para el último número de Sin Nombre. En él, reitera la importancia del rescate de lo trivial que puede haber detrás de la figura de Vientós Gastón como mecanismo para huirle al deseo de hacer próceres de las figuras importantes del país. En él humaniza a Nilita, deja establecido que detrás de todas esas columnas y libros que tanto respetamos había una mujer de carne y huesos que fue niña, y por tanto, un ser humano como cualquier otro. Barradas, a través de todo el libro, le apuesta a todo aquello que parece trivial, como una forma de ver de manera distinta eso que todos ven, pero que muy pocos son capaces de descifrar. Introducción a Nilita Vientos Gastón propone ver esos detalles en los que nadie se fija, aquellos que parecen no ser importantes para que, nosotros desde este acá lector, hagamos con ellos nuestro análisis, nuestro juicio valorativo, nuestro cuestionamiento, nuestra propuesta. La Introducción a Nilita Vientós es una puesta en práctica de un homenaje que hace precisamente lo que ella hacía y proponía hacer: el libro se fija en ese imperdible imprudente que solo alguien que mira con razonada claridad es capaz de analizar.

Este libro es una introducción a Nilita, pero es también una introducción y guía para todo aquel que desee hacer estudios dentro del campo de la literatura y las humanidades. Es un modelo sobre cómo mirar, apreciar y cuestionar, antes de proponer. Es una compañía honesta, y muy humana, ante aquel que comience en estos caminos. Es también un mapa con diversas rutas de estudio para quien interese estudiarla y un acervo de recuerdos valiosos para quienes, como él, la conocieron. No obstante, para mí, este es uno de sus mayores valores: en tiempos de tanta violencia vil hacia aquellos que nos dedicamos a estos oficios humanísticos, que todavía existan personas levantando un lápiz o tecleando en una computadora, apostándole a que sus textos sirvan de ejemplo y sean punto de partida para el trabajo de otros, me parece un acto de fe infranqueable que no merece sino que más muñecas sigan saliendo de esa gran matrioshka que empieza con Nilita, continúa con Barradas, y espero, continue con muchos otros estudiantes más, interesados en el arte de mirar, apreciar, cuestionar y proponer, como punto de partida y única ruta posible para el cambio y la movilidad social.

 

 

El cine de Sonia Fritz: faros y orillas-Parte 2

Sonia Fritz

 

En Rojo

 

En este 2ndo segmento sobre el cine de Sonia Fritz, destaco dos de sus documentales que recogen las temáticas principales de su producción cinematográfica: su enfoque en la historia cultural de Puerto Rico y los efectos de las migraciones, especialmente de las mujeres.

 15 faros: historia y belleza (2015; cinematógrafo Carlos Zayas)

Desde las primeras imágenes, la hermosa fotografía capta el silencio y la lejanía de los faros que rodean a Puerto Rico, Vieques y Culebra. Son lugares apartados de los poblados con una deslumbrante vista al mar: ese mar tan hermoso y que parece tan tranquilo, pero que todxs sabemos la ferocidad que puede desarrollar en muy poco tiempo. La mirada nocturna de los faros es todavía más misteriosa por la incertidumbre de esa oscuridad que el faro trata de alumbrar. Le sigue a esa imagen de la isla la toma de un faro en particular—que en este caso comienza con El Morro por tener dos que se considera como los más antiguos. Es interesante cómo la historia de los faros no tiene ruptura: comienza con la construcción española, los perdidos o averiados por la invasión estadounidense y el terremoto de 1918, la reconstrucción o abandono bajo la jurisdicción del ejército de EU, o su transferencia al gobierno federal, hasta los fideicomisos formados para preservarlos como patrimonio nacional.

Nuestros guías son historiadores como Walter Cardona, arquitectas como Beatriz del Cueto, guías/historiadores/narradores como Efraín López y habitantes de los faros como torreros y sus familias que se convertían de inmediato en asistentes de limpieza para obtener el visto bueno de las agencias federales que le habían encargado su cuido. El tener unos referentes tan amplios hacen de esta historia de los faros una humana, relevante e íntima. Aprendemos del diseño de los faros a través de documentos de la época, muy preservados e investigados por archivistas, el cuido que reciben los faros cuando estos eran habitados por familias encargadas de su mantenimiento y ahora por la Guardia Costanera, y la utilidad que tienen los que siguen activos. En el presente los pescadores ven la luz del faro como ese punto necesario para orientar su distancia ya que salen a pescar antes del amanecer. Para los que recuerdan la furia de los vientos huracanados el faro era un refugio por su estructura y solidez.

Los datos históricos de historiadores, biólogos y arquitectos nos ubican en tiempo y lugar, pero lo que arranca aplausos y da mucho sentimiento en los recorridos de 15 faros a través de la isla son las memorias que relatan los que vivieron en esos faros en especial las mujeres. Ellas no tenían el título del puesto de “torrero” pero son ellas las que formaban familia en esos lugares tan apartados de los vecindarios conocidos; son ellas las que limpiaban y brillaban todo para que el marido torrero pasara con cuatro estrellas la inspección de los federales; son ellas las que cuidaban y enseñaban a los hijxs y formaban lazos de amistad con la otra familia que usualmente ocupaba el faro; son ellas la luz interna que normalizaba la vida del marido y lxs hijxs por todos los años que vivieron allí. Así nos cuenta Elba Rodríguez Rodríguez del faro de Cabezas de San Juan; Haydée Kleinschmidt de Culebrita donde pasó sus primeros años hasta ir a la escuela; Etanislá Clausell de Punta Tuna con un pasado de 92 años. Esos testimonios no los olvida nadie.

Tuve la suerte de estar en Vieques cuando se presentó en la plaza de Isabel II, un sábado después de la misa de la noche. Los astros y los seres espirituales se apiadaron de nosotrxs y, aunque había llovido torrencialmente el día antes, no cayó ni una gota de agua esa noche. La gente se acomodó en bancos y sillas para ver 15 faros y aplaudir fervorosamente cuando el bote animado del documental llegó a Vieques. Hermosa noche con un hermoso filme.

Documentar el dolor de lo perdido: Después de María: las 2 orillas (2018; cinematógrafxs Carlos Zayas y Brendaliz Negrón)

La cineasta Sonia Fritz nos tiene acostumbradxs a observar nuestros alrededores con miradas renovadas. Por eso descubrimos una Isla de Mona de la que leíamos y nos contaban los amigos que se atrevían a llegar y faros existentes en uso o desuso a través de Puerto Rico, Vieques y Culebra. También nos lleva a vernos como una población “en tránsito”: mujeres viequenses, mujeres dominicanas en Puerto Rico y Nueva York, puertorriqueñas y mexicanas en Nueva York y “Puertorriqueñas de aquí y de allá”. Y extendiendo este tema Fritz nos presenta, Después de María: las 2 orillas, con los testimonios de grupos que después del catastrófico evento del 20 de septiembre de 2017 tomaron la decisión de quedar en ese Puerto Rico destrozado, pero siempre amado, o de comenzar otra etapa de vida en otro país o de los residentes puertorriqueños “de afuera” que se sintieron vulnerables también a pesar de no estar en el medio del desastre.

Fiel a su título, las imágenes que se presentan de Puerto Rico son de después de María y la mirada no es en lo destruido sino en lo reconstruido y renovado. Su enfoque no es en cómo el gobierno o entidades gubernamentales respondieron a la emergencia sino en cómo la gente se levantó y echó a andar. Es la reconstrucción de lo aparentemente destruido y la continuación del quehacer cotidiano—techo, casa, comida—y a veces la reinvención de lo que éramos antes de María. Cada persona entrevistada evalúa sus decisiones y hace camino con una mirada renovada de lo que es la vida. El eslabón que une a todos es el sentido de puertorriqueñidad, con sus múltiples definiciones, no importa el lugar que habiten. Y por eso las dos orillas.

En Puerto Rico, Fritz escoge dos de los lugares más abatidos: la montaña con sus curvas, caminos estrechos, arboleda frondosa y destructiva, distancia entre viviendas y fragilidad del alumbrado; Punta Santiago como costa que perdió muelles, embarcaciones, viviendas a manos del viento y el agua que inundó todo a su alcance. Son sus habitantes los que narran el qué hacer una vez el huracán siguió su camino: asegurarse que ellos y sus vecinos estaban vivos, crear caminos para llegar a los incomunicados, limpiar y recoger, unir esfuerzos para crear comedores comunitarios y ambulantes que servían comidas a los que llegaban y transportaban comidas a los que apenas podían moverse de sus casas. Vemos esas caras de agradecimiento de los recipientes y de satisfacción de las que cocinaron y llevaron a los necesitados.

Pero ¿cómo lidiar con el después? ¿con la decisión de los hijos, familiares y vecinos de emigrar para poder encontrar una normalidad que no fuera el estado de emergencia creado por María? Fritz entrevista a miembros de una misma familia que se separan geográficamente, pero a través de la edición del documental establecen una conversación continua para aminorar el dolor de la separación. Y siempre queda claro que no es una ruptura sino un distanciamiento que, al menos con visitas, llamadas y las redes sociales, la cercanía siempre está ahí. El documental entonces explora los puertorriqueños que hace algún tiempo decidieron mudarse a Orlando y sus alrededores para probar su suerte o porque en un momento dado la familia decidió trasladarse. Son ellos los que mantienen el enlace con los residentes y los venideros para crear un solo país, una sola cultura que crece por su diversidad y que apenas cambia de un lugar al otro. A pesar de la queja de algunos residentes no hispanos de Orlando, que se creen originarios del lugar, sobre la no asimilación cultural de los nuestros, es precisamente su firmeza en ir en busca de sus raíces isleñas a través de sus vivencias, recuerdos o a través de las historias contadas por abuelos, padre o madre lo que define quiénes son.

Como ya estamos acostumbradxs en la obra fílmica de Sonia Fritz, nos sorprende y maravilla las imágenes captadas, el movimiento de cámara, el acercamiento a los ambientes naturales (devastados o florecidos), espacios (en este caso) semi-urbanos y el encontrar algo particular y atractivo en las imágenes y las palabras de cada uno de los entrevistados.

 

Encontrado en las redes- Los vuelos de la peor especie

 

 

Un amigo publica un vídeo que muestra el avión que trasladó inmigrantes detenidos en EEUUA y luego enviados a una cárcel en otro país que amablemente accedió o fueron obligados a acceder, a mantenerlos en sus cárceles.

¿La justificación para ese despreciable acto? Dice EEUUA que esas personas son criminales que entraron o viven de forma ilegal en el país. Realmente, moral y legalmente, aún siendo criminales de la peor especie, según disponen las leyes más avanzadas logradas en la historia de la humanidad, esas personas por ser persona, tienen un derecho humano básico. Ese derecho es a la libertad de la que no se le puede privar sin que esa privación la determine un Juez en un Tribunal.

Ese derecho incluye otros igualmente importantes, eso es que para acusarle tiene que haber una ley que especifique los actos prohibidos en el delito que se le imputa. Claro, que la ley que describe el delito tiene que especificar la pena que se le imponga. O en la alternativa, tiene que decir cómo se determinará esa pena. No importa de qué país sea ciudadano esa persona, esa máxima protección bajo la ley llamada constitución o no en muchos si no todos los países, específicamente protege a las personas de un acto arbitrario de parte del estado. O sea, nosotros/as todos nacemos protegidos del capricho o del «porque si», de un gobernante.

Hasta los Nazis de uno si no el mayor grupo de criminales en la historia moderna, hablo de los dirigentes del Reich alemán o gobierno de Hitler, sabiéndose ya en el mundo lo que habían hecho, fueron juzgados en un Tribunal de derecho y ese juicio se celebró publicamente. El juicio de los jefes mayores del estado alemán bajo Hitler, fueron a juicio para cumplir con el requisito de probar ante un juez y bajo la ley vigente, el grado de responsabilidad de cada uno de ellos. No bastó con saber que eran jefes de gobierno y oficiales militares para imponerle un castigo. No bastó que los actos cometidos recibían el repudio de muchos en la fecha en que fueron a juicio. No, en el juicio se alegó y probó el grado de responsabilidad de cada uno de ellos en el crimen llamado holocausto judío.

Detallo ésto para que se entienda la importancia que tiene el ordenamiento, la ley y los procedimientos contra las personas para que eso que llamamos civilización, derechos y seguridad ciudadana sobreviva.

Si, en el ordenamiento que garantiza mi vida, libertad y seguridad, esos seres humanos, no son criminales porque no se les ha llevado ante un juez, no se les ha juzgado y no fueron detenidos según lo dispone la ley sino que fueron secuestrados por la soldadesca obediente de un estado que lleva más de 20 años montando una estructura gubernamental fascista.

No incluyo el montaje de una ideología absolutista y dictatorial porque EEUUA nació con eso. EEUUA es un país que como le llamaron las culturas más avanzadas en el tiempo de su origen, nació en y para la fuerza y la barbarie. EEUUA nace con la semilla del racismo, el poder de los blancos ricos en armas y tierras, se desarrolla desde el mercantilismo del contrabando, para alcanzar su forma final como país capitalista rico, explotador, de oligarcas imperialistas.

Esos son los aires o más bien las ideas que paren hoy estos frutos. Los monstruos tienen y nacen en su contexto histórico e ideológico especifico. No sucede ni crecen por carambola y dando tumbos como ruedan las piedras. Por eso son tan fuertes. Es todo un aparato con coherencia y práctica ideológica consistente. Ese contexto explica el hecho de que aún sus víctimas y oprimidos les respalden. Ésto más importante aún, sigue o debe seguir pronto.

 

El inevitable corte fascista de Milei

 

 

Especial para En Rojo

La deriva represiva y de corte fascista es inevitable en un proyecto como el de Milei en Argentina: La brutal represión con la que el (des)gobierno de Milei respondió a la movilización de jubilados en Argentina es consecuencia lógica del tipo de proyecto que ese personaje representa.

Lo «libertario», como hemos dicho otras veces, no es más que neoliberalismo concentrado. Lo cual, fundamentalmente, implica tres cosas que debemos tener muy en cuenta: economización del Estado, disciplinamiento de la sociedad (darwinismo social) y lógica fascista. Veamos.

El neoliberalismo no reduce ni elimina el Estado como tal, sino que lo reconfigura para que opere en función de determinada lógica económica. Los neoliberales, históricamente, parten de que el Estado democrático producto de las revoluciones liberales del siglo XIX, y atravesado por el consenso keynesino de corte socialdemócrata del siglo XX, no es suficiente para garantizar los derechos de propiedad de los ricos (en su concepción la gente humana y moralmente superior). Por ello, proponen reconfigurar el aparato estatal para que de centrarse en la gestión de lo común y crear bienes públicos, pase a garantizar la acumulación de las élites propietarias y a crear espacios para los negocios de éstas. Y para llevar a cabo esa operación lo que hacen es economizar la política, a fin de que el debate en términos economicistas sustituya la deliberación democrática de sustrato eminentemente político. De ese modo, logran que los privilegios de esas élites se conviertan en «técnica económica». Y, por lo tanto, toda crítica que se les haga sera vista como «populismo», «desconocimiento del funcionamiento de la economía», etc. De ahí el énfasis de autores neoliberales como Milton Friedman (hoy santificados pese a que el resultado histórico de la aplicación de sus ideas ha sido catastrófico) en analizar la sociedad como un hecho fundamentalmente económico.

Por otro lado, para hacer operativa esa economización del Estado se requiere un proceso de disciplinamiento social. El objetivo es que las mayorías asuman el lugar pauperizado que les toca en la configuración neoliberal. Para esto los neoliberales parten del darwinismo social en el que habría personas -pobres, trabajadores no calificados, gente no blanca, migrantes, mujeres, envejecientes, etc.- que serían prescindibles. Por tanto, los derechos históricamente conquistados por estos grupos deben ser eliminados mediante su presentación como gasto o «excesos del populismo». De ese modo se lograría que buena parte de los damnificados de esa lógica acepten la ideología neoliberal y la dominación de los arriba como lo normal.

Detrás de esos recortes (motosierra) de Milei lo que hay, pues, es una lógica de disciplinamiento social a gran escala. Por último, tenemos la demonización del adversario convertido en enemigo existencial de la patria y la «gente de bien». No hay proyecto neoliberal sin una sistemática deshumanización del otro. Desde Pinochet hasta Milei ha sido un sello fundamental de este proyecto. Y esto, pues, los inscribe en la lógica fascista de la que históricamente son herederos. Mussolini y Hitler, nada más llegar al poder, lo primero que hicieron fue «limpiar» sus sociedades de izquierdistas y sindicatos. Eran esos dos grupos las principales resistencias sociales al programa de aseguramiento de los derechos de propiedad privados que el fascismo siempre encarna. El fascismo no es más que una opción de última instancia del capitalismo en crisis. En la movilización de jubilados en Buenos Aires se vieron camiones militares desde donde se les gritaba a los manifestantes «zurdos» y otros insultos ideológicos. Pura lógica fascista.

Sin represión no hay neoliberalismo, esto es, programa “libertario”. Pues es un proyecto que debe asegurar altos márgenes de acumulación y privilegios a ciertos grupos minoritarios; lo cual sin reprimir a las mayorías afectadas no se logra. Por eso los «libertarios» aplican la motosierra a la parte social y de garantías de derechos del Estado. Pero nunca recortan el presupuesto militar ni el de la policía. Más claro ni el agua.