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Estados Unidos criminalización y represión del migrante

 

Especial para CLARIDAD

Los asesinatos a mansalva a comienzos de año, con solo días por medio, de Renee Nicole Good y Alex J. Pretti, dos ciudadanos sin antecedentes penales, residentes en la ciudad de Minneapolis por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) son los más recientes de los muchos actos de represión que agencias del gobierno llevan a cabo cotidianamente en sus despliegues policiales por ciudades y pueblos de todo el país.

Tales acciones siembran el miedo y producen indignación entre los migrantes y vecinos, pero a su vez generan frecuentes protestas como las que, por estos días, se han extendido desde Minneapolis a los bastiones demócratas de Nueva York, Boston, Portland y otras urbes. El frío extremo no impidió que unas 50,000 personas marcharan por el centro de Minneapolis. En respuesta, las fuerzas del orden desplegaron gases lacrimógenos y granadas aturdidoras para dispersar a la multitud. El alcalde de la ciudad acusó al gobierno de Trump de aterrorizar a su ciudad.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza están invadiendo numerosos ciudades, acosando y deteniendo a personas sin el debido proceso por su color de piel, idioma, acento o lugar de residencia.

Durante sus dos mandatos el presidente Donald Trump ha desarrollado una política particularmente represiva y extrema contra los inmigrantes, que le sirve para consolidar el apoyo de varias decenas de millones de sus seguidores. Las redadas arbitrarias y la represión por parte de ICE atrajeron la atención nacional por la frecuencia con la que agentes federales enmascarados invaden lugares públicos y persiguen a trabajadores por su color de piel, tipo de trabajo e idioma. También la Patrulla Fronteriza tiene arraigadas actitudes xenófobas y un modus operandi violento.

Como es sabido, las últimas elecciones fueron interpretadas como una suerte de mandato que los votantes le habrían dado al presidente Trump para llevar a cabo la mayor deportación de inmigrantes ilegales en la historia de Estados Unidos. La aplicación de esa política ocasiona con frecuencia victimas de asesinato y la más brutal represión.

No son solo indocumentados quienes resultan brutalizados, separados de sus familias, retenidos durante largos períodos en condiciones horrendas en las penitenciarías de ICE y, finalmente, deportados. Ya hace algún tiempo que esa agencia comenzó a arrestar e intentar deportar a personas que cuentan con estatus migratorio legal

Los asesinatos durante los operativos de los agentes del ICE ya no son hechos aislados, y se evidencian marcados sesgos racistas y clasistas en la persecución y los arrestos que llevan a cabo. Se repiten los casos en los cuales agentes de inmigración han disparado contra civiles dentro de sus vehículos u hogares, y en su escalada represiva utilizan armas de fuego, gases químicos y realizan detenciones arbitrarias.

Se produce una mutación peligrosa del rol de esa agencia, que ejerce funciones de seguridad doméstica. ICE ha recibido una inyección masiva de fondos, duplicado su personal hasta unos 22 000 hombres, y está entre las fuerzas policiales mejor financiadas del gobierno federal. Buena parte del nuevo personal contratado son ex militares y veteranos de guerra, que ahora desatan su furia y frustraciones.

Estados Unidos es una nación de inmigrantes, quienes han hecho y hacen un significativo aporte a la economía y a la cultura del país. Durante décadas los inmigrantes han provisto al país de una mano de obra barata y para los más duros oficios, en ramas tales como la construcción, la minería, los ferrocarriles, y luego, como fuerza de trabajo barata o temporal en labores agrícolas, las empacadoras de carne, y toda una gama de servicios, oficios de alto riesgo. Traer temporeros o deportarlos devino rasgo de la política migratoria.

Como indocumentados, muchos han sido presa fácil para ser sobre-explotados en sus lugares de labor, criminalizados y sujetos a ser deportados cuando ha resultado conveniente. Esa ha sido la práctica de sucesivos gobiernos, tanto demócratas como republicanos. Se instalan estereotipos negativos y caricaturizan a los inmigrantes relacionándolos con la criminalidad y el narcotráfico. En 2019, furioso por la continua «invasión hispana» en Texas, un supremacista blanco condujo más de mil kilómetros hasta El Paso, en el oeste de Texas, y mató a tiros a 23 personas en una tienda Walmart.

Con la afluencia de inmigrantes hispanos y asiáticos, Estados Unidos es cada vez más diverso en cuanto a etnicidad y cultura. En los últimos años, los inmigrantes representaron el 50 por ciento, o más, del aumento de la población estadounidense.

La historia del trato inhumano que se les ha dispensado está plagada de tragedias, exclusión, represión violenta, arrestos, expulsiones, muertes y todo tipo de abusos a los derechos humanos. Este es uno de los temas más polémicos en la actualidad en el país, propicio para la demagogia y las posturas populistas y demagógicas tanto de republicanos como demócratas, y que redundan en la adopción de las medidas más duras.  En los últimos años, se ha avivado el sentimiento anti inmigrante, su utilización como chivos expiatorios por los problemas internos de Estados Unidos, y la habilitación de una respuesta predominantemente militarizada a la inmigración.

La cantidad de incidentes y ataques con víctimas mortales alimentados por el odio se han disparado durante la última década, impulsados en parte por esos extendidos sentimientos antiinmigrantes y teorías conspirativas de invasión y temores de “gran reemplazo” de la población blanca. Solo en 2020, esta política resultó en más de 13 480 incidentes de asesinato, torturas, secuestro u otros ataques violentos en la zona fronteriza. Un número superior son cotidianamente obligados a regresar a México. Otros cientos de personas han desaparecido cruzando la frontera.

La discriminación racial y la xenofobia, profundamente arraigados en Estados Unidos – y lo propicio que resulta el tema para su manipulación por los políticos -, son factores que trascienden la compleja problemática inmigratoria, a lo cual debemos sumar la mercantilización y el creciente papel de intereses corporativos privados en la aplicación del programa de control fronterizo.

La militarización de la frontera ha devenido un negocio particularmente lucrativo. Estados Unidos ya gasta más dinero para la aplicación de sus medidas migratorias que el destinado en conjunto al resto de los demás programas federales de aplicación de la ley. Es uno de los sistemas e infraestructura tecnológica de vigilancia y patrullaje más sofisticados del mundo.

Las empresas proveedoras de vigilancia y seguridad fronteriza están imbricadas o son filiales de los grandes fabricantes de armas contratistas del Pentágono y se benefician con los altos niveles de gasto militar estadounidense.[1] Además, están en expansión empresas de prisiones privadas, como CoreCivic y Geo Group, que son actores importantes en la prestación de servicios de detención de inmigrantes.

Mediante sus contribuciones a las campañas y su constante interacción con funcionarios gubernamentales estas corporaciones de seguridad fronteriza y sus aliados gubernamentales han formado un poderoso complejo fronterizo-industrial que es un gran impedimento para una respuesta humana a la migración.

De modo que la militarización de las fronteras ha sido afianzada por las corporaciones que prosperan gracias a ella. Las medidas de control fronterizo se extienden 100 millas tierra adentro, no solo en la frontera con México y áreas costeras del país. Estos gigantes de la seguridad fronteriza ejercen una fuerte influencia sobre políticos y funcionarios en puestos estratégicos en el ejecutivo y la legislatura, así como en puestos clave en los medios de comunicación.

Los presupuestos para el control fronterizo, allá por 1980, eran del orden de $350 millones. En la actualidad, solo para el ICE, se destinan casi 29 mil millones de dólares (el triple que en 2024). Este crecimiento fue acompañado por un crecimiento similar en la patrulla fronteriza de 4000 agentes en 1994 a 21 000 en la actualidad. Bajo su agencia matriz, la CBP (Custom and Border Protection, hay otros 60 000 agentes.

El muro y las medidas anti inmigrante aumentaron durante el gobierno del republicano George W. Bush, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, y un demócrata, Bill Clinton, les dio plena continuidad.  Se materializó de diversas formas: barreras –en algunos tramos hasta de 9 metros de altura-, vallas peatonales, vigas ancladas al suelo en forma de X, paneles de acero rellenos de concreto y obstáculos, como alambre de púas, en el río. Hoy es un sistema que suma alta tecnología —hay más de 465 torres de vigilancia con sensores e iluminación, drones de observación, rastreo de celulares y aplicación de inteligencia artificial, todo ello acompañado del empleo de helicópteros y aviones teledirigidos.

El carácter represivo y violento de las políticas en materia migratoria se ha evidenciado con mayor crudeza durante el segundo mandato de la presidencia de Trump, quien ha afirmado que inmigración es igual a inseguridad y que por ello el territorio estadounidense se encuentra “bajo asedio”.

El ICE, la antes mencionada agencia federal a cargo de inmigración y aduanas, ya no opera únicamente como una agencia encargada de hacer cumplir la ley migratoria. En la práctica, funciona como una fuerza federalizada intimidatoria y represiva cuyos agentes, apertrechados militarmente, irrumpen en centros laborales y ocupan secciones enteras de grandes ciudades.

Es un patrón que empieza a consolidarse el uso por el gobierno de Trump de la política migratoria como herramienta abusiva de control político interno. Las operaciones de primera línea del ICE consisten en arrestar a inmigrantes y trasladarlos a los centros de detención. Para ello se despliega fundamentalmente en el interior del país, con gran énfasis en ciudades gobernadas por alcaldes demócratas, comunidades con tradición liberal y espacios donde el rechazo al trumpismo es abierto y organizado. Junto a otras agencias, se refuerza un control migratorio indiscriminado en todo el país.

Trump hizo campaña con la deportación masiva, prometiendo que expulsar a inmigrantes indocumentados sería la máxima prioridad de su administración, que se ha fijado la meta de un millón de deportaciones al año.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) deportó a casi 200 mil personas en los primeros siete meses de la administración Trump. Los arrestos en el interior del país han fluctuado entre 1000 y 2000 arrestos diarios, a la par que ha aumentado la capacidad de los centros de detención migratoria. Según datos internos, esas detenciones están por debajo del objetivo de la Casa Blanca de 3000 arrestos diarios.

No es casual que esta expansión represiva coincida con un crecimiento exponencial del aparato de vigilancia, de los contratos millonarios con empresas tecnológicas, la mercantilización y el creciente papel de intereses corporativos que lucran con los fondos federales para esas esferas de control represivo.

Dada la sensibilidad que este asunto genera en la sociedad estadounidense, tanto el Partido Demócrata como el Republicano han seguido enarbolando posturas oportunistas sobre este asunto, atacándose mutuamente para ganar más votos de la población blanca y ciertas minorías étnicas y se hace difícil la adopción de cualquier reforma migratoria importante, aun cuando se evidencia en parte de la sociedad un fuerte rechazo a la política en curso de abusos contra los inmigrantes.

Un interrogante principal refiere a cuando las causas del flujo migratorio en sus países de origen podrán ser atendidas. Mientras tanto, no se visualiza cuando las tensiones y la extrema militarización fronteriza puedan dar paso a un régimen menos violento y de mayor respeto a la integridad de las personas.

Es algo que está condicionado por los intereses creados, el referido boom de los negocios de la militarización y en las funciones del control migratorio, lo cual, junto a los aumentos presupuestarios para esos fines, estimula la continuidad del curso represivo en las fronteras del país.

 

 

[1] Más que un muro. La especulación corporativa y la militarización de las fronteras estadounidenses, Transnational Institute (Ámsterdam): 16 de septiembre de 2019. https://www.tni.org/en/publication/more-than-a-wall

 

 

 

 

Será otra cosa-Ora pro nobis

 

 

Especial para En Rojo

El domingo bautizamos a la niña. Estaba linda y feliz, vestida de blanco. Mi amiga cubana me retó: “Ana, no, cómo vas a hacer eso, si tú no eres religiosa”.  Otros ocultaron su sorpresa con más discreción. Para mí no había contradicción alguna. Mis papás nos bautizaron y nos apuntaron en colegio católico (eran los mejores en el viejo Santo Domingo). Yo desfilé por primera comunión con alegría y entusiasmo. Luego me sentí curiosa al observar que los otros parecían sentir algo que yo no sabía que era: el fervor. Ya para sexto grado me había dado cuenta de que no creía en lo que los otros creían, y comencé a investigar la cuestión en la sobremesa familiar. Descubrí boquiabierta que Papi y Mami no iban a misa, no porque les daba pereza, sino porque no creían en Dios. ¡¿Que ustedes no creen?! ¿Y por qué no dijeron nada?  ¿Y para qué nos bautizaron?  Nos explicaron que el nuestro era un país católico, y que era mejor que creciéramos en el medio común, y que de grandes seríamos libres cada uno de escoger nuestro camino. Me pareció oír en esa respuesta el antiguo miedo a ser identificado como enemigo del régimen.

Al final, de los cuatro hijos, una va a misa, a otra le gusta todo lo New Age, y los otros dos somos ateos de los que no creen en las cuatro paredes de su casa.  Yo encontré la epifanía en la gaveta especial de Papá. Ahí escondía de mi voracidad de lectora los libros que pensaba que era muy joven para leer, cosas variadas como El PadrinoEl Capital y el Kama Sutra. Con esa puntería que tienen los muchachos con lo prohibido, la gaveta era el primer lugar donde yo miraba. Un día me encontré con Porque no soy cristiano, de Bertrand Russell. Y como dicen, en el principio está el verbo. Las palabras del matemático inglés me permitieron nombrar ese universo vacío en que existo. Validaron la intuición de que hay reflexión moral fuera de la clase de catecismo.  Poco después, me llevé los razonamientos de Russell a la hora de religión. Que si la religión era buena, cómo nos explicábamos el papel ambiguo de la iglesia en los años de la colonia. Y que tal con la complicidad de la iglesia con la crueldad y la opresión durante la era de Trujillo, y con su continuación en los años de Balaguer que estábamos viviendo. Que si todos los hombres son hijos de Dios, por qué hay tan pocos curas negros en nuestro país. Que por qué muchos sacerdotes dicen una cosa en misa, y hacen otra en su vida. El maestro era un cura joven y buena gente, mal preparado para tal ataque frontal. No era él sino otros, los sacerdotes que llevaban relojes de oro, camisas caras, y tenían queridas. Me quedé siempre con la duda de si la discusión lo había dejado con migraña, o con crisis de identidad.

Los caminos del señor son misteriosos.  Ni los años, ni las dificultades, limitaron mi convicción de que somos partículas minúsculas en un universo vasto, al que no le importa si somos carne o polvo en un día cualquiera.  No es que los ateos trivialicemos el mundo. Es que podemos tenerle reverencia sin incluir lo supernatural. Hay en la ciencia tanta oportunidad para el misticismo como en la fe. Pero la ciencia tiene limitaciones. En un momento difícil se me hizo obvio que el método científico, que tanto ayuda a buscarle respuestas a los misterios de la naturaleza, no se puede aplicar a los temas que más nos preocupan a la gente: la vida y la muerte, el bien y el mal, la enfermedad y la vejez, y el por qué y para qué de nuestras vidas. Por eso acabé yendo al centro zen, a practicar una religión que no te exige que creas en nada, pero sí que te sientes calladita y te lo pienses todo bien.

A mis hijos mayores los dejé que escogieran.  El primero salió religioso y quiso hacer la primera comunión, y se la celebramos. El segundo no quiso ni colegio ni nada, y ahí anda por el mundo, moro, morito, como decía mi abuela. Al adoptar mi tercera hija, y comenzar a oír las cosas que se dicen  y se hacen los niños de primaria, llegué a la conclusión de que en su caso la religión no iba a ser opcional.  A los niños de ahora los ha educado el internet. Pensémoslo bien: ¿Por qué las inteligencias artificiales salen racistas, crueles y pornógrafas? Obvio: se preparan con materiales tomados de la red, donde no son la bondad y la sabiduría lo que domina. Y uno ve a esos papás que le pasan el celular hasta a los niños de dos años.  Esto presta una nueva urgencia a la crianza, aún más exigente en el caso de adopción, como el nuestro, donde la intimidad familiar se hace tan corta.

Los padres que conozco tratan, pero poca fuerza tienen contra el humor de los tiempos. En la escuela, con la mejor intención, les dicen a los niños que son únicos y especiales. Que todos los puntos de vistas son válidos. Se enseña que no hay que hacer bullying, pero no se reflexiona sobre cómo evitar ser un bully. El mundo de hoy se caracteriza por un solipsismo necrótico, dijo Victor Rivas, poeta venezolano. Nuestros niños no han ni oído hablar de la reciprocidad (como dice la versión criolla de la regla de oro: si no quieres que te dé, no le des), ni de la generosidad incondicional (haz bien sin mirar a quien). Hablando de los conflictos en la escuela, le pregunto: «¿Qué quiere decir que algo sea justo?”  Me contesta: “Bueno, como que, si una me empuja, yo la empujo más fuerte”. Trató de explicarle que si todo el mundo cree en el “si me das, te doy” va a haber más cachetadas que cachetes, y sin modo de parar. Después de una de estas conversaciones, admito, de todo corazón, que necesito ayuda, alguien que me refuerce otros mensajes, lo que sea, hasta intervención divina. Recordé que William James decía que toda religión comienza con un pedido de ayuda.  Auxilio, socorro, Virgen de la Altagracia, ampárame esta muchachita para que no se me le llene la cabecita de esta toxicidad que estamos respirando.

Y ahí me la llevo a Santa Brígida, donde conocía a un grupo de voluntarios con los que trabajé en un programa de abrigo para los desposeídos de la ciudad en invierno que cerraron durante la pandemia. Primero la llevé al coro, y finalmente a preparación para los sacramentos.   En la sesión de orientación, el cura habló de contrición, de aprender a admitir cuando estamos en el error, de la compasión, del dar a la comunidad, y apoyarse en ella. El padre Ernesto toca muchos de los temas que me mantienen despierta de noche, de esas cosas que le faltan a este mundo que leo a diario en el celular.  Cada mañana, rebusco ansiosa las noticias, esperando una señal de que el mundo no se está yendo al carajo. Pero no: por todos los canales se repite la última payasada maligna de la amenaza naranja. Y me encuentro rogando por que la sensatez recupere su anterior prestigio. Un poco así como en el chiste de los exilados republicanos cuando Franco, que decían que los podías reconocer fácilmente porque tenían el pulgar derecho más corto que el izquierdo. Lo tenían así porque cada año nuevo, al repicar las campanas de medianoche, se daban un trago y golpeaban la mesa con el pulgar apuntando hacia abajo “Es que este año cae”.

La iglesia estaba repleta. El padre invitó a los niños a hacer preguntas. ¿Y cuándo me bauticen, me van a echar al agua? ¿Cuántos bancos tiene la iglesia? ¿Y lo que decimos en confesión, no se lo va a decir usted a nadie, ni siquiera a mi mamá?  Los adultos presentes hacemos un esfuerzo, y nadie rompe en carcajadas.

 

Rombos

 

 

  1. Esta mañana, en el trabajo. Voy al carpool a encontrarme con la brigada de trabajo con la que trabajo, y que por esta semana soy líder. El edificio del carpool es una hermosa construcción Spanish Revival. Me recuesto en uno de sus balcones, y miro a la distancia. Mis ojos topan con la palabra Alameda. Un vuelco en el pecho. Qué es esto. Ante mí regresa el 1976, cuando mi infancia discurrió en muchas casas, en muchos lugares, pero sobretodo en Tierra Santa y los condominios Alameda Towers. Lo vi todo. El Hospital Metropolitano con el Dr. Circuns. La iglesia Fuente de Salvación, donde fui obligado a ir los domingos cuando lo que quería era ver los reruns de Mazinger Z. El Supermercado Vélez. La panadería La Viequense, donde mi mamá me zumbó un bofetón cuando me agarraron robando un segundo carrito, ya había robado el primero. La casa misteriosa a la que siempre quise entrar. Estoy en el balcón de esa casa. Trato de explicarlo a una compañera de trabajo, me mira sin entenderlo del todo.
  2. Oya, jecuajei yanzán, su bendición, Señora. Entré al cementerio. Pedí perdón por entrar con ropa negra. Busqué tu tumba. Tengo 48 años. Es la tercera vez que te visito. No encontré tu tumba. Tres hombres desyerbaban el cementerio. La memoria afectiva trató de encontrar tu tumba. El niño de 10 me toma de la mano, andamos por donde creí caminar el día de tu entierro. Excepto en la fantasía, ningún mapa promete la exacta repetición de pasos. Nos perdimos.

Decidí hablarte desde donde creo que estás. Dudé un momento. ¿Estará aquí? Fue un suicida, se supone que no entren al cementerio. Pero en alguna tumba en Pazzis, innombrado, descansa Federico de Onís. Pistoletazo en la cabeza, trauma súbito craneal dice el reporte forense; el visado para entrar a la ciudad de los muertos. En esa ciudad Federico de Onís es lo que se dice un hombre ilustrado, mi padre un marrano con suerte.

Hablé en dirección adonde creo que estás enterrado. Si no removieron tus restos antes. Que yo sepa, nadie cuidó de tu tumba. Me consta que yo no lo hice. Hablé, y dije con una sensación en el pecho de estar en grado cero. De estar en el epicentro donde entró un niño y salió una sombra. Hablé, y dije: soy tu hijo. No sé qué hago aquí. Estoy bien. Dos matrimonios fracasados. La certeza de que no habrá tercera vez. Un niño de siete años. Es un buen niño. Hay gestos que se parecen a los tuyos. A veces tengo que aguantarme, porque me molesto y siento que creces dentro de mí, y me da miedo de lastimarlo. Él está bien. Ahora corremos patineta. Antes le enseñé a correr bicicleta. Yo estoy bien. Estoy bien. Estoy bien. Cuídate.

Doy media vuelta. Camino hacia la salida del cementerio, busco cincuenta centavos. Sin mirar hacia atrás, deposito las monedas a la entrada. Susurro un perdón por vestir de negro, Madre.

 

Series sobresalientes del 2025

 

En Rojo

Aunque en 2025 vi muchos filmes buenos y buenísimos, la mayoría de mi tiempo dedicado al cine fue a través de las plataformas que producen o distribuyen los largometrajes que una vez fue el gran atractivo de las producciones hollywoodenses y sus equivalentes del cine nacional de otros países. Por eso dejo el escogido de “mejores filmes” del año a Juan Ramón Recondo que siempre tiene acceso a las salas de cine dentro de su entorno. Así que quiero enfocar en las series producidas o distribuidas por estas plataformas que tienen un alcance + global ya que incluyen series hechas en una gran diversidad de países. La oferta es inmensa y unx tiene la libertad de comenzar una serie y dejarla a mitad por las razones que sean y comenzar otra y hasta “leer/ver” varios libros/series a la vez.

Aquí va mi selección de las series que comenzaron en 2025 y que pueden o no continuar en 2026. En otros escritos, incluyo las continuaciones que se dieron en 2025 y los que descubrí de años antes y que siguen sobresaliendo en este formato.

The Agency: Central Intelligence” (10 episodios, renovado 2026)

Este es un ‘remake’ de la serie francesa “The Bureau” de Eric Rochant. Comenzó en noviembre 2024 y terminó finales de enero 2025. Cuenta con un elenco masculino de 1era: Michael Fassbender, Jeffrey Wright, Richard Gere, John Magaro; un elenco de mujeres que mueven la parte externa e intentan balancear tanta masculinidad: Jodie Turner-Smith, Saura Lightfoot-Leon, Katherine Waterston, Harriet Samson-Harris. Excepto por ‘Martian’ (Fassbender), todos los hombres parecen encerrados en el andamiaje creado por oficinas y espacios ocultos donde se planifican los secuestros y asesinatos que le dan un inmenso poder a “la agencia”. Las mentiras sostenidas son el éxito de sus misiones y el escudo para no dejarse llevar por sus sentimientos y poder completar su misión. Aunque nada iguala a la serie británica “MI5” (2002-2011), esta serie tiene personajes muy bien desarrollados, aunque solamente contemos con pedacitos para descifrar lo que sucede al interior de la agencia y en el plano mundial.

“Dept. Q” (9 episodios, renovado para 2026)

Basado en la serie danesa del mismo nombre del escritor Jussi Adler-Olsen; adaptado por Scott Frank y Chandni Lakhani. El protagonista es el detective Carl Morck (Mathew Goode), quien regresa a su puesto luego de haber sido tiroteado en una emboscada donde su amigo y compañero detective, James Hardy (Jamie Sives) queda parapléjico por las heridas recibidas y un joven oficial muere. Todxs, incluyendo Morck, saben que este astuto y sobresaliente detective no está listo para ser activado. Algunos compañeros prefieren no trabajar con él porque, no importa el nuevo caso que estén investigando, Morck siempre va a querer saber la verdad y buscar a los culpables de la emboscada que sostuvo. Tanto la superintendente como la fiscal prefieren que Morck no se integre, pero al no poder detenerlo legalmente (ha cumplido—a regañadientes—con visitas periódicas a la psiquiatra), deciden alejarlo del depto. al asignarlo a “cold cases” (casos sin resolver de hace varios años) y acomodar a su equipo por formar lo + lejano posible de las oficinas centrales: un sótano en desuso que necesita de todo. Su grupo—casi sin presupuesto ya que la idea es apartarlo de los casos activos—lo compondrán personas muy especiales: Akram Salim (Alexej Manvelov), expolicía sirio que busca trabajo desesperadamente, Rose Dickson (Leah Byrne) a quien se le hace difícil trabajar en grupo y puede desplomarse emocionalmente y James, que ha decidido que es mejor estar en una silla de ruedas y ejercitando la mente que en una cama en el hospital sintiéndose inservible.

“Task” (7 episodios, renovado para 2026)

Serie creada por Brad Ingelsby y protagonizada por Mark Ruffalo como Tom Brandis, agente del FBI y anteriormente sacerdote católico. Como sucede en “Dept. Q”, nuestro protagonista ha sufrido una gran pérdida recientemente y ha estado inactivo durante un tiempo. Su trabajo ahora es reclutamiento de agentes en el condado de Delaware en Pennsylvania donde reside. Vive apartado de otras casas y prefiere mantenerse aislado. Todo esto cambia cuando se le asigna una tarea/’task’—al parecer sencilla—y se le asigna un equipo de jóvenes con adiestramiento desigual. Deben investigar los robos de dinero a casas que esconden y luego venden drogas. Ya conocen el área y los sospechosos. Pero, por supuesto, todo se complica porque los robos suben de categoría cuando también incluye una gran cantidad de fentanilo. Mientras tanto, el grupo de Brandis no logra cohesión por sus grandes diferencias y por entender que alguien es un informante. Aparte del caso como tal, las heridas de familia que lleva Brandis son tan complejas que prefiere esconderlas sin aceptar o rechazar lo sucedido.

“Down Cemetery Road” (8 episodios; renovado para 2026)

Basado en la novela de Mick Herron y adaptado por Morwenna Banks con la presencia inconfundible de Emma Thompson, que no es la protagonista, se desarrolla una historia de una pareja algo dispareja que comparte su vecindario con personas afines en gustos, aunque con diferencias de ingresos e ideas sociales y políticas. En otras palabras, pueden compartir juntos una buena cena o pasadía o actividad comunitaria, pero en el interior de cada hogar son muy diferentes. Sarah Trafford (Ruth Wilson) es conservacionista de arte en uno de los museos de la comunidad de Oxford, casada sin hijos con Mark (Tom Riley), un banquero que parece siempre estar en busca de inversiones para sostener el nivel de vida que lleva. Sus vecinxs + cercanos son Denise (Sinead Mathews), que quedó atrapada en el “new age”, su marido + reciente, Rufus (Ken Nwosu) y dos hijxs. Una noche se produce un fuego en su entorno y perecen los miembros de una de las familias cercanas, excepto una niña de cinco años, Dinah (Ivy Quoi), que queda bajo la custodia de otros vecinos. Sarah se siente muy cercana de esta tragedia porque fue la que vio las llamas y dio el aviso y porque una niña que de pronto es huérfana le rompe el corazón. En días siguientes, intenta averiguar dónde está Dinah para darle un dibujo y abrazarla, pero nadie sabe su paradero. Deambulando—como suele hacer a pie o en bicicleta—ve el rótulo de “investigador privado” y conoce a Joe Silverman (Adam Godley) a quien le pide encontrar el paradero de Dinah. Y aquí, por fin, llega Zoë Boehm (Emma Thompson), la esposa algo distante de Joe y con experiencia y curiosidad para investigar todo lo que le parezca sospechoso. Entre Sarah y Zoë buscarán el rastro de la niña y la razón por la que debe desaparecer. El elenco es tan impecable como la Thompson: Fehinti Balogun (el poeta en la serie “A Gentleman in Moscow”), Nathan Stewart -Jarrett, Darren Boyd, Adeel Akhtar, Gary Lewis, Joshua James y todos tienen espacio para lucirse entre drama, risas, crímenes y complots dentro y fuera del muy ordenado y legal gobierno.

“Prime Target” (S1, 8 episodios)

Creado por Steve Thompson. No tuvo el impacto que esperaba Apple y no ha sido renovado, a pesar de que todo se quedó en el aire. El protagonista es Edward Brooks (Leo Woodall), un estudiante doctoral de matemáticas en la Universidad de Cambridge, algo obsesivo con sus descubrimientos numéricos. Tiene una relación muy estrecha con su mentor, Dr. Raymond Osborne (Joseph Mydell), pero en este momento el Alzheimer interrumpe su capacidad de desarrollar teorías matemáticas. Por eso le asignan a un nuevo director de tesis, Prof. Robert Mallinder (David Morrisey), quien reacciona adversamente cuando Brooks le entrega su investigación. La profesora Andrea Lavin (Sidse Babett Knudsen), antropóloga y matemática y esposa de Mallinder, tiene su propio lugar de investigación en Bagdad, donde el Dr. Akram Nizar (Ali Suliman) será su colaborador con su propia agenda. Una vez se reducen estos personajes a través de muertes misteriosas, entran en escena grupos de espionaje al parecer ajenos a lo que un estudiante graduado intenta hacer con su investigación. Taylah Sanders (Quintessa Swindell) será la joven espía rebelde que se aliará con el supuesto enemigo.

La diversidad religiosa, don divino para la humanidad

 

 

 

Especial para En Rojo

La ONU consagra el 21 de enero como el «Día Mundial de las Religiones». Esta fecha ha cobrado importancia en un mundo cada vez más marcado por la diversidad cultural y religiosa. En la América Latina y Caribe, donde, históricamente, las religiones de origen africano y las tradiciones espirituales indígenas siempre han sido marginadas y hostigadas, aún existen en los medios de comunicaciones y en la gestión política de ciudades actos que contradicen el carácter laico del Estado y revelan prejuicio y violaciones de los derechos de los grupos religiosos considerados minoritarios, principalmente contra religiones y cultos de origen africano. A veces, la intolerancia es clara, otras veces, se camufla bajo el pretexto de protestar contra el ruido de los tambores o contra el sacrificio de animales.

En todo el continente, la cultura vigente aún tiene vestigios de los tiempos en que la religión de los señores blancos era la única aceptada y condenaba las religiones negras e indígenas.  Hoy en día, esto se configura como racismo religioso y debe ser denunciado y combatido. Lamentablemente, en la actualidad, algunos grupos pentecostales y también católicos parecen haber heredado de la antigua cristiandad su legado más negativo y trágico: la pretensión de ser la religión dominante. Algunos grupos cristianos siguen viviendo la fe como una ideología de conquista guerrera que no admite el derecho del otro y del diferente. Querer que el país o la ciudad sean católicos o pentecostales no solo es una violación de la laicidad del Estado que debe ser abierta a todas las formas de creencia, sino que también es contrario a lo que propone la propia espiritualidad cristiana: el amor universal y el profundo respeto por las diferencias.

Según el Evangelio, el propio Jesús advirtió: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas» (Jn 14, 1). En otro texto, aunque al principio lo rechazó, acabó aceptando curar a la hija de la mujer sirio-fenicia que profesaba otra religión y llegó a elogiar su fe (Mc 7, 24-30). Curó al hijo del oficial romano y predijo que muchos vendrían del Oeste y del Este y se sentarían a la mesa de Dios, mientras que algunos que se consideran fieles se quedarían fuera (Mt 8, 11-12).

Todas las religiones predican el amor, la compasión y la misericordia. Sin embargo, cuando se vuelven dogmáticas y autoritarias, se transforman en instrumentos de fanatismo y canales de intolerancia. Confunden la verdad con su forma cultural de expresar la verdad. Absolutizan los dogmas y terminan justificando conflictos y guerras en nombre de Dios.

Hoy en día, la diversidad cultural y religiosa no es solo un hecho que, lo queramos o no, se impone a la humanidad. Es principalmente una gracia divina y una bendición para todas las tradiciones religiosas.

Para que el diálogo entre las religiones sea profundo, cada grupo debe reconocer lo que el Amor Divino le revela, no solo a partir de su propia tradición, sino también desde el camino religioso del otro. En la época del nazismo, desde una prisión alemana, el pastor Dietrich Bonhoeffer, teólogo luterano, escribía: «Dios está en mí, pero para abrirme al otro. En mí, es una presencia débil para mí mismo y fuerte para el otro. Dios está en ti y para mi”. Uno cristiano del siglo IV decía: “Para encontrar a Dios, hay que encontrar el ser humano”.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.