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Nuestro “indie” tiene voz de mujer

Zoraida Santiago en el tributo a Irvin García, Festival de CLARIDAD 2023. Foto Archivo CLARIDAD

 

Rosa Vanessa Otero

Especial para En Rojo

 

En la escena musical puertorriqueña actual hay mujeres que adelantan con sus voces un camino en construcción y de ellas será la gloria cuando se reconozca que en Puerto Rico hay una gran veta de cantautoras y productoras que están a la vanguardia del llamado indie-folk o música alternativa local.

Del bolero a la nueva canción

Ha pasado un siglo desde que Sylvia Rexach (la Julia de Burgos del bolero puertorriqueño) dejara sus letras impresas en nuestra memoria colectiva. Entre ella y las voces actuales media una genealogía de compositoras pioneras en distintos géneros. Las de su época privilegiaron el bolero y el filin (Puchi Balseiro y Ketty Cabán, por ejemplo), aportando una perspectiva femenina (no siempre feminista) a unas narrativas musicales hasta entonces contadas por el varón. Un caso aparte es Myrta Silva, quien además del bolero cultivó la el humorismo a través de la guaracha.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, las cantautoras matizan el tema amoroso e incorporan, dentro del amor, la política y dentro de la política el amor. Como el resto de intérpretes de la nueva canción y la nueva trova, Zoraida Santiago y María Gisela Rosado encuentran en la poesía y en la tradición musical y folclórica del continente hispanoamericano sus referentes principales. Sin dejar de aportar sus letras originales, ambas se ocupan de divulgar poemas de la región dándoles forma musical. Es obligado aquí recordar que mucho de lo que se conoce popularmente de la poesía de Puerto Rico dentro y fuera del archipiélago llega al público a través de las versiones de Zoraida como solista o en colaboración con Roy Brown (“Aires Bucaneros”…). A María Gisela se deben también versiones musicales de poemas de la región centroamericana.

Entre el walkman y Spotify

Las del setenta y ochenta son las compositoras de entresiglos que más cambios han atestiguado en los medios de producción musical. No han pasado cincuenta años entre la aparición del walkman (1979)  y de Spotify (2008) y estamos en una época totalmente distinta en la manera de relacionarnos, intérpretes y público, con este animal lustroso que es la música.

Pasar del vinilo al casete durante los años sesenta y al CD en los ochenta hizo más portable la música sin alterar demasiado su forma. Pero el salto del estudio de grabación comercial al doméstico GarageBand, o de la transmisión radial regulada a la popularización del podcasting de libre acceso, nos mudó de repente a un nuevo ecosistema sonoro. Basta con explorar la web para descubrir un repertorio mucho más variado y complejo del que conocíamos quienes nacimos durante la transición.

Es cierto que la oferta musical, tanto como el sonido en sí, puede fluctuar entre el aficionismo y el arte, lo rudimentario y lo elaborado, la mediocridad y el virtuosismo, o el calco y la singularidad. E incluso habrá muchas variantes intermedias. Lo que no puede negarse es que la liberalización del acceso a los medios de producción y divulgación ha favorecido el despegue de una música alternativa que se desea y se piensa independiente y globalizada. En este contexto florece un indie puertorriqueño de gran calidad en el que las mujeres están sobresaliendo.

La mayoría de las jóvenes que abren camino a las de mañana son nativas de la era digital y tienen la edad del streaming (c. 1993). Y ya deben estar circulando en la red otras creadoras, contemporáneas de Facebook (2004-).

Insistir en las fechas me interesa, no porque me importe la edad cronológica de una artista, sino porque mi medianía de edad me impone leer y escuchar este presente sin desconectar de lo que precedió. El entusiasmo ante lo nuevo es más placentero cuanto más informada se está acerca de lo que sonó, lo que suena y prepara el oído para lo que sonará.

Alternativas e independientes

Con la notable excepción del estrellato de Kany García en el pop durante los tempranos años 2000, la música que componen nuestras artistas no se produce bajo contrato con las grandes disqueras. Generalmente, quienes se dedican al arte duro de escribir, componer y cantar su propia música también se hacen cargo de producirla. Su creatividad prospera primero fuera del circuito dominante y masivo y avanza de manera independiente en las plataformas digitales. La adopción por un sello, si llega, ocurre después.

Las voces del nuevo siglo ganan un público fiel y selecto que sabe cómo buscarlas en la red. …Y ellas salen al encuentro de ese público lo mismo mediante el live virtual que el espectáculo presencial, sin sobre exponerse a los medios de comunicación comerciales.

Esta independencia, sin embargo, no suele ser un proceso en solitario, sino solidario. La colaboración entre pares distingue muchos de los trabajos alternativos.

A esta independencia se suma la libertad en el manejo de la imagen. Algunas exponentes podrían hacer desesperar a maquillistas y fashionistas de agencia: se visten, peinan y maquillan o desmaquillan como quieren. No van a negociar un branding contrario a su carácter individual.

La experimentación audaz con tantas formas musicales como les sean útiles para expresar su contenido es uno de los frutos más importantes de esta libertad.

No hay una canción ni una cantautora idéntica a la otra. Incluso cuando integran ritmos o sonidos conocidos, de la mezcla surgen combinaciones inéditas.

Llamarle indie-folk a lo que este tipo de artista hace es ajustarse por fuerza a unos términos acuñados por la industria de la producción musical y el sistema de los motores de búsqueda en las plataformas digitales. Se trata de emparejar así lo que es, de suyo, heterogéneo e  inclasificable. Hay en esta corriente alternativa muchas expresiones familiares con las que podemos conectar y, precisamente por esto, la extrañeza nos sorprende cuando de la combinación surge algo desconocido.

Notas para un playlist

En lo que va de siglo XXI, la cantera de talento es impresionante. El archipiélago está dando artistas dotadas con voces y mentes musicales a la altura de las ancestras y maestras del sur latinoamericano como Violeta Parra o Mercedes Sosa, por mencionar algunas de las fuentes que las alimentan.

La variedad de temas pasa por lugares poco transitados por la canción comercial. Practican un feminismo de sentido más político y colectivo que relacional o individual. Unen a la contemplación de la naturaleza la conciencia ecológica y la autorreferencialidad. Promueven una narrativa autóctona sobre la raza. Se asumen como cuerpos e identidades disconformes. Y tratan la música como arte y comentario cultural…

MiMa

Foto tomada de 80grados

Durante la primera década sobresale Yarimir Cabán (n.1967), cuya primera producción independiente lleva su nombre artístico: MiMa (2005). A esta sigue El pozo (2011), en la que colabora la cantante y escritora dominicana Rita Indiana.

En su viaje de dieciocho años como solista, MiMa transita por múltiples parajes musicales. Se pasea entre el reggae, la música electrónica y el dub; suena a África, al gran Caribe y a Brasil; últimamente versiona a Palés, interviene la bachata o le somete a la décima espinela. Los sencillos Ñam-Ñam, Dos Amores, La máquina patinaba, Bachaqué y El Arca de MiMa son algunos de sus trabajos más recientes.

Ya sea en solitario o en junte con el grupo IFÉ de Otura Mun o el International Dub Ambassadors, por la voz y el ingenio de quien fue corista de Cultura Profética canta un juglar audaz y performero que provoca los sentidos y el sentido. Sus letras son un comentario cultural llevado con humor y destreza expresiva. Su sonido revela una vocación por el experimento y la síntesis y en sus letras se aprecia una valoración entrañable por la historia poética y musical del país.

(Un artículo aparte merecen las innovadoras de los géneros autóctonos que coinciden cronológicamente con el relevo generacional del XX al XXI. En la trova campesina sobresale Chabela (María Isabel Rodríguez González, 1977). Y en la nueva canción, la finada guitarrista y cantautora Ivania Zayas (1976-2015), una figura que pudo haber dado continuidad a dicha corriente.)

Nore Feliciano

foto tomada de todaspr

En la segunda década se suman a nuestro indie otras voces notables. Entre estas, destaca la tecladista, guitarrista y productora musical Nore Feliciano, quien se presenta en 2013 como cantautora con el álbum que lleva por título su nombre. La también integrante de “La Banda Acústica Rodante” de Tito Auger y Walter Morciglio, cultiva un cruce de pop rock con jazz moderno.

Andrea Cruz

En 2014, surge el primer proyecto de Andrea Cruz con el título Amapola. A este debut siguen Tejido de laurel (2017) y Sentir no es del tiempo (2020). Su música bebe de la tradición folklórica sudamericana, a la que añade una creatividad poética muy orgánica, en una voz que fluye de modo natural del susurro al clamor poderoso y abierto en las notas altas. Andrea ha participado en la prestigiosa serie “Tiny Desk Concerts” de la National Public Radio de los Estados Unidos (NPR) en 2019 y ha obtenido reconocimiento internacional por su sencillo Véngole, grabado con la colaboración de la guatemalteca Gaby Moreno.

iLe

En 2016, ya con gran notoriedad por su trabajo como vocalista de Calle 13, iLe (Ileana Mercedes Cabra Joglar, 1989) inicia una nueva etapa como solista y compositora con su EP Ilevitable, por el que obtiene un premio Grammy y el reconocimiento de la revista Billboard. A este siguen Almadura (2019) y Nacarile (2022). La crítica sociopolítica que distingue sus letras la ubica a la vanguardia de la canción de activismo feminista y anti colonialista dentro de una expresión urbana que incorpora en su lenguaje sonoro las tradiciones musicales latinoamericanas y antillanas actualizándolas con sentido crítico y metafórico.

Maricelis Nogueras

Ya en 2022, estrenan los sencillos Nuevo calendario y Te buscaba, de Maricelis Nogueras. Sus composiciones aportan un nuevo acercamiento al pop rock en español. Su sonido puede apelar a un gran público por la cercanía y fluidez de su lenguaje poético y musical, cuyo timbre y estilo recuerda el de la española Rosana. Su primera colección, Donde no puedas amar estrenó en 2023.

Julia Inés

Durante este mismo año incursiona Julia Inés (Laura García, 1996), autora del sencillo Un huequito y el EP Con el corazón en la mano. Sus canciones tratan experiencias y emociones fuertes o incluso devastadoras, que en su voz aterciopelada y serena adquieren una suavidad inusual. En su trabajo musical hay resonancias de la música country norteamericana así como de los sonidos andinos tradicionales.

Esta cantautora, quien además es trabajadora social, emplea algunas de sus letras en talleres de prevención y recuperación del abuso sexual y la violencia por género. En sus vídeos y presentaciones incorpora visualizadores y lenguaje de señas para personas con diversidad funcional.

Fabiola Méndez

La primera persona en graduarse de Berklee College of Music con el cuatro como instrumento principal funda bajo su nombre el grupo The Fabiola Méndez Trío. Entre sus seis producciones musicales se encuentra Afrorriqueña, una colección de poemas escritos por mujeres puertorriqueñas afro a los que Méndez da forma musical. La cuatrista y cantante discurre con agilidad entre el jazz moderno y la música autóctona boricua, así como entre el inglés y el español. Artista polifacética, produce la serie audiovisual de literatura oral “Negruras” en la ciudad de Boston.

Tanicha López

La cantautora y productora afro boricua Tanicha López, quien colabora asiduamente con las bandas Cultura profética, Pincel y Misa e´Gallo, exhibe un estilo híbrido entre jazz experimental, reggae, neo soul, gospel y otros géneros musicales. Con un marcado gusto por la improvisación vocal, Tanicha ejecuta su canto con gran libertad interpretativa tanto en inglés como en español. Su respetable trayectoria de presentaciones en vivo la ha llevado a interpretar su música en el Kennedy Center. Es la artista invitada del quinto episodio del canal virtual de música independiente Tranquilo Quieto Sessions. Estrena Protesta a la Propuesta en 2022 y La burla en 2023.

Alisa Amador

La ganadora en 2022 del Tiny Desk Contest de la NPR es una joven puertorriqueña bilingüe criada y radicada en Boston. En la página web de Alisa Amador (n.1996) se describe su música como “una síntesis de los muchos estilos que ha absorbido con voracidad: rock, jazz, funk y folclor alternativo, todo envuelto por el espíritu de la música latina con la que creció”. Amador se da a conocer en 2021 con el EP Narratives, por el que obtiene una excelente acogida de la crítica. Se destaca, entre otros aspectos, el poder evocador y emotivo de la vocalización, la cercanía de una voz delicada que contrasta con la agudeza de las letras y la precisión técnica en el uso de la guitarra. Aunque la producción es mayormente en inglés, la cantautora incluye algunas piezas en español.

“Celebremos Nuestras Voces”: una temporada especial en Alapoesía

Valga esta extensa aunque incompleta nota a nuestro indie para anunciar una pequeña muestra de artistas que formarán parte de la primera serie especial “Celebremos nuestras voces” que se transmitirá a partir del 27 de diciembre de 2023 hasta el 17 de enero de 2024 en el programa radial y podcast Alapoesía de Cadena Radio Universidad de Puerto Rico.

La temporada inaugural consta de cuatro episodios con la participación de: Andrea Cruz (27 de diciembre), MIMA (3 de enero); Maricelis Nogueras (10 de enero) y Julia Inés (17 de enero). Co producen las entrevistas Diana Bernard, Niva Milagros de Jesús y Rosa Vanessa Otero, con la dirección técnica de Fidel Arocho Santiago.

Alapoesía es un espacio de encuentro y expresión para artistas de la palabra fundado en 2019 por la autora de este artículo. Los episodios se transmiten todos los miércoles a las 3:00 p.m. por las frecuencias 89.7 FM San Juan y 88.3 FM Mayagüez y streaming digital desde las plataformas de www.wrtu.pr. Los podcasts quedan alojados permanentemente en Spotify y otros servicios en línea.

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Comentarios a: rosavanessaotero@gmail.com

alapoesiaradio@gmail.com

 

Inocencia y Martí. La investigación de Josefina Toledo

 

 En Rojo

Tengo en mis manos un libro: Dos mujeres y una historia, de Josefina Toledo. Les resumo el comentario de contraportada: Una hija de españoles en el siglo XIX decide casarse con un mulato puertorriqueño, Sotero Figueroa. El mulato, además, tiene ideas socialistas. Viaja, lucha por el derecho al sufragio de la mujer, se integra al proyecto revolucionario cubano y, casada aún, alimenta el rumor de una posible relación con José Martí. No. No es una novela.

El libro de marras es resultado de una ardua investigación en el Archivo Nacional de Cuba y en la Biblioteca Nacional José Martí. La mujer que motiva la investigación es Inocencia Martínez Santaella. Se sugiere, a partir de los materiales documentales, que incluyen cartas, que esta tuvo una relación carnal con el Apóstol Cubano.

Además, el texto incluye una excelente nota biográfica de Mercedes Varona González, mártir de la independencia cubana, cuyo nombre ostentó el primer club femenino del Partido Revolucionario Cubano.

La autora, Josefina Toledo Benedit, es doctora en Ciencias Históricas e Investigadora Titular Jubilada del Centro de Estudios Martianos, con larga experiencia como Profesora Titular de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana, y como Profesora del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana. Dos mujeres y una historia puede leerse con fruición porque Toledo asume la narración histórica con la eficacia de una escritora de literatura -que lo es, de hecho-.

El trabajo historiográfico de Toledo hace énfasis en los personajes femeninos. Lola Rodriguez de Tió, Marta Abreu Arencibia, Paulina Hernández, son otras mujeres que ha estudiado. En una entrevista realizada por el periodista Alejandro Jiménez Schroeder (Lapislázuli, 2014), afirma que esos estudios biográficos en los que ha trabajado mantiene un punto de vista integral: “el pensamiento de la mujer estudiada, su contexto de época,  familiar, humano, su espiritualidad. Para mí cada personaje es muchísimo más que las fichas de contenido que elaboramos en los archivos; es una persona que vivió y actuó, con una psiquis y una personalidad irrepetibles; con virtudes, defectos, incoherencias y pasiones. Siempre digo que no escribo hagiografías”.

El modo en el que Toledo nos relata el proceso de investigación muestra una narradora consumada. Desde su interés por la figura de Inocencia a partir de “las herejías” que le contaba su profesor y amigo, Gonzalo de Quesada y Miranda; hasta las incidencias de cómo localizó al nieto de la biografiada, Mario “Mayito” Figueroa González tienen la estructura del género detectivesco. ¿Qué es la investigación histórica sino un proceso de detección de documentos, testimonios, fuentes variadas, hasta llegar a una conclusión?

Gracias al nieto de Inocencia tuvo en sus manos los papeles de Inocencia, atados en unas cintas de seda azul. Toledo pudo leer páginas en las que reconoció la letra de José Martí, con papel timbrado del Partido Revolucionario Cubano, «documentos tan importantes que casi me infarto cuando desenrollé uno de aquellos pliegos y reconocí la letra de José Martí, y el papel timbrado del Partido Revolucionario Cubano. También cartas de Ramón Emeterio Betances -delegado del partido en París-, de Estrada Palma y las actas de varios asuntos relacionados con las organizaciones femeninas del partido o la venta de bonos, entre otros».

El libro es además un importante registro de la emigración revolucionaria de Nueva York al seguir los pasos del matrimonio Sotero Figueroa e Inocencia Martínez. El establecimiento de la Imprenta América por parte de Figueroa supone un centro de encuentro e intercambio cultural y político. Entre los asiduos visitantes del local y del hogar del matrimonio está, por supuesto, José Martí.

Otra asunto pertinente en el trabajo de Toledo es la dilucidación de la participación femenina en las filas del Partido Revolucionario Cubano.  Sin embargo, a mí como lector me sedujo el apartado ¿Reconstruir el pasado idílico? ¿Recrear la realidad según sus sueños más entrañables? (72) Ahí Toledo, como sagaz investigadora, desentraña todas las argucias de Inocencia Martínez al publicar una nota en homenaje a Martí en el periódico El País casi medio siglo después de haberlo conocido: 1937. La lectura pormenorizada de Toledo es digna de un thriller y le dan al libro otro ejemplo de cómo interesar al lector en seguir la historia. Aquí el rigor de la historiadora está en perfecto maridaje con el de la magistral narradora.

De igual valor documental e histórico es la nota biográfica de Mercedes Varona González aunque he resumido mi comentario a la figura de la ponceña. Sin duda, Dos mujeres y una historia. Inocencia Martínez y Mercedes Varona publicado en la colección Nuevos cuadernos del Ateneo Puertorriqueño (San Juan, 2018) es un libro que llena las expectativas de lectores amantes de la historia y de aquellos que se placen en leer literatura. Agradezco a la socióloga, Liliana Cotto Morales, creadora del proyecto Mapa Ruta Betances, su entusiasta invitación a leer el libro de Toledo. Comparto ahora la admiración por la historiadora cubana cuyo interés académico estrecha y mantiene el lazo que une a nuestros países caribeños.

To’ pa’llá na’pa’ acá

 

 

Con el paso de los años he aprendido a mejor seleccionar mis amigos virtuales y, luego de un antiguo inicio donde la cantidad insistió en mostrar su falso encanto, me agotó la repetición del reducido grupo que persistía en mi página, diminuto e invariable, y sostenido por un inmenso fantasmal de personas que nunca o casi nunca interaccionaban conmigo. Me tomó un tiempo borrar tan grande carga, y mientras me preguntaba cómo había sido tan fácil añadir tantos nombres y ahora era tan largo y pesado eliminarlos —algo así como las libras del cuerpo— también me sorprendía como me había dejado arrastrar por la ilusión del gran público oyente, que de escuchador tenía poco. Así creé para mí la regla de que quien anda por mis redes buscando solo que lo lean pero jamás se digna en considerar lo que yo tenga que decir, se transforma inmediatamente en un peso que solo parece reducir dramáticamente lo que mi página me muestra. En fin, que el “to’ pa’llá y na’ pa’ca” me resulta altamente desagradable, a menos que —y aun quedan en mi lista algunas de estas muy contadas excepciones— lo que usted tenga que decir sea de una calidad tan enorme, que yo le perdone el no hacerme caso. Pero hay muy buenos escritores a los cuales no le he soportado su silencio —y alguna que otra falta— como respuesta al entusiasmo que muestro en la lectura y reflexión de su trabajo, y he decidido eliminarlos. Lo cual para nada quiere decir que no procure sus libros y que continúe aprendiendo de la grandeza que reconozco sus escritos puedan tener; pero eso tampoco quiere decir que tenga que cargarlos como amigos virtuales, pues en realidad no lo son.

Por ser la literatura mi pasión, más allá de familiares y compañeros de la juventud, solo de lectores y escritores está hecha mi lista de amistades electrónicas que, por tener el aditivo de que me leen tanto como yo los leo a ellos, han hecho de mi decisión una muy gratificante y deleitosa. Podría mencionar algunos ejemplos, pero no quisiera abusar de su confianza e invito a quien esté interesado, a mirar mi lista de amigos, la cual es pública. Pero para ejemplo un botón anónimo basta.

En estos días leía con mucho placer el post de una reciente amistad que compartía la edición de una revista en la cual se incluía uno de sus ensayos. El número está dedicado a la obra de Hebe Uhart y todos los trabajos, incluyendo el de mi nueva amiga, se desarrollan alrededor de la escritora. Esto de por sí me pareció significativo, pues de entrada no estaba frente a algún escritor desesperado por promover su oscuro escrito, sino que la obra de la autora que se discutía era el centro y cada ensayo, solo una pieza de un rompecabezas mayor. Más interesante aun, pues es aquí donde se prueba la belleza de tener buenos amigos virtuales, la escritora discutida era desconocida para mí, habiendo pocas cosas que disfrute más que aprender sobre una buena letrada de la que, a pesar de haber amasado una colección de más de siete mil volúmenes, jamás había escuchado. De inmediato me di a la tarea de investigar las publicaciones de Hebe Uhart y en poco tiempo fue evidente que me hallaba frente una de las más reputadas y maduras escritoras argentinas. Conseguí entonces varios de sus títulos y de puro azar me concentré en una colección de tres novelas breves, inéditas hasta el 2021 y enseguida me sumergí en la lectura de la primera.

“Beni” era el nombre del novio de la voz narradora llamada Luisa. Un joven inestable y soñador que se concentraba en la creación de un inmenso negocio que solo existía en las grandes ideas de su mente y para el cual no tenía capital pero que andaba convencido lo podía conseguir. La seguridad de su futura empresa estaba sostenida por la reflexión que este había hecho sobre las diferentes oportunidades identificadas por el y que, en la ignorancia extendida de los demás, nadie había sido capaz de percibir. Beni no tenía nada y aun así lo sabia y comprendía todo. En seguida supe que Beni era yo cuando joven.

Luisa, mayor que Beni, y por ello con más experiencia en las cosas, veía todo el asunto como lo que era, una mezcolanza de aventuras y aspiraciones que se sostenían más que nada en el deseo. Pero por tenerle cariño era cuidadosa en no contrariar el entusiasmo de Beni, siempre procurando, con mucha paciencia, contribuir un tanto con sugerencias como la necesidad de estudios de factibilidad y “progresos que vienen de la coherencia y la consolidación” y no el mero empuje del pensamiento y la artimaña. Todo esto motivaba mucha admiración y cierta inspiración para Beni, pero que en realidad, por lo menos no en muchos años, los tomaría como puntos de su agenda propia. Luisa en definitiva era yo ya de adulto mayor. Esto lo pude reafirmar con certeza al ir descubriendo que Luisa también tenía sus lecturas pasadas, y quizá aun presentes, a las cuales en ocasiones, en su mente, apelaba para reflexionar sobre lo que veían sus ojos. Así saltaban de las páginas los nombres de Platón, Nietzsche, Sartre y Oscar Wilde, para ayudarse a mejor entender los eventos de su día.

Sin embargo fue el nombre de Epiménides en boca de Luisa lo que más me sorprendió y a la vez lanzó por una vertiente imprevista, como solo un buen escrito es capaz de hacer. Pues viniendo de la más antigua Grecia, lo que sabemos del sabio se encuentra entrelazado con la mística de personajes que aún tenían conexión cercana con los dioses y que por ello representan los orígenes más difíciles de rescatar de la cultura. Heredero y propulsor del pensamiento órfico, pero ya adelantando algunos de los sabores que florecerían con los presocráticos, Epiménides pertenecía a ese mundo de transición que luchaba por apreciar la herencia de un pasado que se iba agotando y que por ello añadía leña al fuego del pensamiento que buscaba en la observación de la naturaleza, la explicación del porqué de las cosas que los dioses ya no eran capaces de explicar.

Yo de pequeño, que siempre veía Los Picapiedras en Puerto Rico y, por supuesto, en español, recuerdo uno de mis episodios favoritos en donde Pedro Picapiedra se queda dormido en las afueras de un pasadía familiar, y no despierta hasta muchas décadas después, ya anciano y con larga barba blanca con la cual, por falta de costumbre, continuamente tropezaba al enredársele con ella los pies. Al encontrar a su amigo de toda la vida, Pablo Mármol, también anciano, le pregunta por su esposa Wilma, la cual no solo está también ya mayor, pero incluso casi sorda. Para quien conoce la historia de Epiménides y veía muñequitos en los años 60 del siglo pasado como yo, le parecerá muy lógica la referencia que hago, pues la tradición nos cuenta que fue este quien se quedó dormido por 50 años en una cueva cretense, indicando lo extensa que es la influencia que la vida de este antiguo sabio ha tenido en la cultura popular. Aun el apóstol Pablo, en su Carta a Tito lo cita, al recomendarle a su discípulo y encargado de la iglesia que había fundado en Creta, que no le hiciera caso a los rumores locales que pretendían apartarlo de la fe pues, como bien dijo uno de ellos mismos, “los cretenses son siempre mentirosos,” lo cual es una conocida frase de Epiménides.

La Carta a Tito es breve y ahora que la releía recordaba como la estudié muchas veces en mi adolescencia pentecostal, sin jamás haberme percatado del tono arrogante y autoritario con el que se comunica Pablo, pues esas son sensibilidades que desarrollé más adelante en la vida. Pero como quien intentaba traer una nueva filosofía a Grecia, al mundo de los filósofos, Pablo de Tarso se ubica en la misma tradición de los presocráticos, —o sea, los Benis de la vida, los eliminados de mi lista, yo cuando mucho más joven— los cuales con autoridad incuestionable pretendían regalarle al mundo la verdad que a solo ellos les había sido revelada y que nadie más, en la amplia ceguera en que se encontraban, habían podido discernir. Un estilo de pensar y hablar filosófico que persiste hasta nuestros días, a pesar de que Sócrates lo hirió de muerte con su postura de que la filosofía era búsqueda continua —llevada a la excelencia literaria en los diálogos de Platón—, y que solo se hallaba en el intercambio de ideas con los demás.

La relación entre Beni y Luisa prosigue uno de los múltiples rumbos que como lector barajaba, cumpliendo la promesa que implica el título de la trilogía, de explorar las insólitas formas que puede tomar el amor. Así como la experiencia de acrecentar amigos virtuales curiosos, estudiosos y abiertos a la comunicación mutua es la explosión misma de inesperados y deliciosos caminos, que vale la pena emprender.

 

 

La despedida de un año glorioso de cine

 

Especial para En Rojo

 Es imposible pensar más allá de mi posición en el mundo. Mis películas favoritas del 2023 marcan mis limitaciones económicas y geográficas. También reseño tan solo películas que me gustan o que encuentro interesantes. Entre el trabajo, la familia y otros proyectos, no pierdo tiempo con el cine que olvido minutos después de los créditos finales. Como resultado, hay varios silencios que persisten en mis reseñas y que afectan esta lista. Mi lejanía de la isla me impide ver películas puertorriqueñas como La pecera (dir. Glorimar Marrero, 2023) y Érase una vez en el Caribe (dir. Ray Figueroa, 2023). Cada vez que leo los artículos de María Cristina sobre películas isleñas, me muerde la diáspora. Otro silencio entre mis críticas son las maravillas que se producen más allá de los Estados Unidos. A pesar de que tarde o temprano doy con ellas, son muy pocas las que llegan a los cines que puedo pagar. Haré referencia en reseñas futuras a películas como Fallen Leaves (dir. Aki Kaurusmäki, Finlandia y Alemania, 2023) y Tótem (dir. Lila Avilés; México, Francia y Dinamarca; 2023), entre otras que espero con ansias. Por limitaciones de espacio, no incluyo Spider-Man:Across the Spider-Verse (dirs. Joaquim Dos Santos, Kemp Powers y Justin K. Thompson; EEUU; Claridad, 6 de junio), Asteroid City (dir. Wes Anderson, EEUU y Alemania; Claridad, 18 de julio), Killers of the Flower Moon (dir. Martin Scorsese, EEUU; Claridad, 31 de octubre), ni The Holdovers (dir. Alexander Payne, EEUU; Claridad, 23 de noviembre) que cuentan entre mis experiencias favoritas del cine este año pero que ya reseñé para Claridad. Tampoco incluyo unas joyas del 2022 que se exhibieron en los cines en el 2023. Entre estas están los sutiles dramas familiares The Quiet Girl (dir. Colm Bairéad, Irlanda; Claridad, 28 de marzo) y L’immensità (dir. Emanuele Crialese, Italia y Francia); la violenta y divertida Sisu (dir. Jalmari Helander; Finlandia, EEUU y Reino Unido); el poderoso mensaje político del thriller, How to Blow Up a Pipeline (dir. Daniel Goldhaber, EEUU; Claridad, 26 de abril); y la excelente consideración de cómo el arte y la vida se entrelazan en Showing Up (dir. Kelly Reichardt, EEUU). Escribo únicamente sobre las cinco películas que más disfrute en el 2023, pero que no pude reseñar.

No hay más grande placer para mí que ver una película que muchos críticos detestan, pero que a mí me fascina. De hecho, aunque la crítica está dividida, Beau Is Afraid (dir. Ari Aster; EEUU, Reino Unido, Finlandia y Canadá) fue una experiencia sin igual. La película sigue al personaje de Beau (bordado por el magnífico Joaquín Phoenix), que en un viaje a través de su siquis enfrenta sus miedos más oscuros hasta llegar a la raíz de todas sus inseguridades. En una épica que dura tres horas, Beau se enfrenta a su aversión a la violencia, a los arácnidos, a encontrarse incapacitado y a su madre (actuada por la divina Patti LuPone), entre otros. Durante su travesía, Beau también se topa con momentos de esperanza que lo mantendrán caminando hacia ese futuro incierto sin quitarse la vida. Entiendo cuán desesperante es el camino de Beau para muchos críticos, pero la exploración de la vida interior del protagonista y el surrealismo que Ari Aster crea combinando momentos de horror, de comedia y hasta de animación, es para mí uno de los logros cinematográficos del 2023.

Otra maravilla fue Oppenheimer (dir. Christopher Nolan, EEUU y Reino Unido). Christopher Nolan es de esos directores que, hasta en películas que brillan por sus imperfecciones, no deja de parecerme interesante. En su más reciente película, Nolan se enfoca en la figura que lideró el equipo de físicos que creó la bomba atómica. La película aumenta la tensión con el brillante diseño de sonido de Richard King, la edición de Jennifer Lame y la cinematografía de Hoyte Van Hoytema hasta llegar a la explosión final. Esta no es solo la de la bomba atómica, sino también el desenlace de la lucha de voluntades entre Oppenheimer y Lewis Strauss, el triste académico y burócrata que persiguió al físico. Oppenheimer, con las sonrisas enigmáticas de Cillian Murphy, y Strauss, cuya villanía Robert Downey Jr. llena de una fragilidad del ego comparable con el envidioso Antonio Salieri (F. Murray Abraham) de Amadeus (dir. Milos Forman, EEUU y Francia, 1984), son el centro de la película. Aunque la película deja fuera mujeres que fueron clave en la creación de la bomba, las actuaciones de Emily Blunt en el papel de Kitty Oppenheimer y Florence Pugh, que hace de Jean Tatlock, son presencias poderosas que desafían los espacios masculinos que dominan las películas de Nolan.

Past Lives (dir. Celine Song, EEUU y Corea del Sur) es otra maravilla del 2023. La película sigue a Nora (Greta Lee) y a Hae Sung (Teo Yoo), dos jóvenes adultos coreanos que se reencuentran en Nueva York después de que sus familias se separaron cuando eran niños. Los silencios que marcan la tensión amorosa entre Nora y Hae Sung todavía me emocionan. Nora está envuelta en una relación con Arthur (John Magaro), un hombre que entiende las necesidades de su pareja y cuya confianza en ella demuestra su inteligencia emocional. La despedida final entre Nora y Hae Sung es impresionante, especialmente por la delicadeza que Celine Song logra en su primera película.

No deja de impresionarme que después de la monumental The Wind Rises (Japón, 2014), que supuestamente era su última película, Hayao Miyazaki pudiera superarla con la compleja experiencia que es The Boy and the Heron (dir. Hayao Miyazaki, Japón). En la historia, después de perder a su madre, Mahito (Soma Santoki y, en la traducción al inglés, Luca Padovan) se muda con su padre (Takuya Kimura/Christian Bale) a casa de su familia materna en el campo. Mientras Mahito sufre su pérdida, el niño encuentra un mundo mágico guiado por una extraña garza (Masaki Suda/Robert Pattinson) que le promete traer a su madre de nuevo a la vida. La película es casi imposible de resumir y merece ser vista muchas veces para entenderla completamente. No piensen que por ser una película animada The Boy and the Heron carece de múltiples niveles de significado. Miyazaki crea una narrativa épica al estilo de Akira Kurosawa y una gramática visual incomparable. No obstante, los pericos que comen carne humana son una explosión cómica única de Miyazaki.

Me moría por ver Poor Things (Irlanda, Reino Unido y EEUU) porque soy fanático de su director, Yorgos Lanthimos, y del elenco que incluye a Emma Stone en el papel de Bella y a Willem Dafoe en el rol del Dr. Baxter. Aunque mis expectativas eran altas, la película no me decepcionó. Poor Things logra crear un mundo de fantasía steampunk por la combinación perfecta de la novela de Alasdair Gray y el libreto de Tony McNamara, la cinematografía de Robbie Ryan, la música de Jerskin Fendrix, los vestuarios de Holly Waddington y el diseño de producción de Shona Heath y James Price. En este universo raro inspirado en la época victoriana británica, Bella es un estilo de mujer Frankenstein que su “padre” creó como un experimento. Bella se embarca en un viaje de descubrimiento sexual y de la experiencia humana que culmina en una afirmación poderosa de su propia humanidad. El experimento del Dr. Baxter superó sus expectativas y, por su propio esfuerzo, se tornó en una mujer independiente en control de su destino. A pesar de que una lectura feminista debe cuestionar la manera en la que Bella se empodera a través de una dolorosa objetivación sexual, la película es una verdadera obra de arte.

El 2023 fue un festín de cine inolvidable.

«De vez en cuando hay que hacer una pausa…»

«De vez en cuando hay que hacer una pausa…» En CLARIDAD no estaremos en las oficinas esta próxima semana, regresamos el 8 de enero en el horario de siempre de lunes a jueves de 9 a 5 de la tarde. Pero. pueden visitar nuestra página web: claridadpuertorico.com, porque no dejaremos de publicar y la edición impresa del mes de diciembre estará circulando.
Nos vamos en ese breves receso con la alegria de haber disfrutado de nuestro 2do. parrandón que fue un éxito, gracias a ustedes, nuestra gente, nuestra familia extendida. Aqui fotos de Alina Luciano que recogen parte de lo vivido.
¡Nos vemos en el 2024!
Fotos: Alina Luciano CLARIDAD