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Los conflictos teatrales del Vaticano en Conclave

Especial para En Rojo

 

Los historiadores argumentan que las raíces más antiguas del performance radican en antiguos ritos religiosos egipcios representados en el Ikhernofret Stela, un texto grabado en piedra que documenta una ceremonia en honor a Osiris en el 1864 a. C. Así como el teatro se origina en el evento religioso, creo que mi interés por el teatro comenzó en mi aburrimiento con la iglesia católica. Recuerdo tener que ir a misa cada domingo porque serví de monaguillo en la iglesia Fátima de Hato Rey. Esa hora se sentía como una eternidad. Para pasar el rato, me fijaba en toda la belleza visual bizarra que me rodeaba en la iglesia: las representaciones sangrientas y oscuras de la pasión de Cristo; los vestuarios de los sacerdotes; los ritos que me parecían hechizos; la inmensidad del espacio que siempre olía a madera y a velas; y el altar y toda la utilería sacra que incluía campanas, crucifijos de todos los tamaños y el cáliz dorado. Todavía siento que cuando nos congregamos para ver una obra de teatro, hay algo religioso y mágico en la decisión del espectador en creer con cierta fe en una realidad alterna que se abrirá dentro del espacio escénico. Los escenarios y teatros son indiscutiblemente templos. La más reciente película de Edward Berger, Conclave (Reino Unido y EE. UU., 2024), resalta la teatralidad y el poder visual de la iglesia. No quiero decir que la película es como una obra de teatro. El poder del arte escénico está en su fisicalidad y en los mundos tridimensionales que se construyen para el público. Pero Conclave demuestra la fascinación visual que tiene Berger con la iglesia y la capital del catolicismo, el Vaticano. El director acentúa la espectacularidad de la sede de la iglesia católica, que nos recuerda a los teatros de ópera de Amadeus (dir. Milos Forman, EE. UU. y Francia, 1984) y las intrigas míticas en The Lion in Winter (dir. Anthony Harvey, Reino Unido y EE. UU., 1968). Ambas películas que menciono son adaptaciones fílmicas de obras de teatro (la primera escrita por Peter Shaffer y la segunda por James Goldman). Estas películas reflejan cierta teatralidad en los golpes visuales en las actuaciones tanto de Tom Hulce (Mozart) y F. Murray Abraham (Salieri) como de Peter O’Toole (Henry II) y Katharine Hepburn (Eleanor); en los ambientes coloridos y dinámicos de los teatros de ópera vieneses del siglo 18 y los grises castillos medievales; y en los fabulosos vestuarios de ambas películas. Aunque Conclave está basada en la novela homónima de Robert Harris, Berger también explora en su película la monumentalidad teatral del Vaticano y las míticas intrigas de palacio en el marco épico de lo que se siente como una obra de Shakespeare.

En Conclave, el cardenal Lawrence (Ralph Fiennes) es el decano del Colegio Cardenalicio del Vaticano. Cuando muere el papa, Lawrence, junto al comité de cardenales, es responsable de llevar a cabo las elecciones para escoger al próximo sumo pontífice. Los candidatos para la posición incluyen al aparentemente humilde pero ambicioso Bellini (Stanley Tucci), al nervioso y poco confiable Tremblay (John Lithgow), al tradicional y prejuiciado Wozniak (Jacek Koman), al posiblemente virtuoso Adeyemi (Lucian Msamati) y al misterioso arzobispo mexicano de Kabul, Benítez (Carlos Diehz). La trama gira alrededor de los conflictos políticos entre las figuras principales mientras Lawrence trata de llegar al fondo de algunos secretos que tiñen la reputación de varios candidatos. La película es la batalla mas pasiva-agresiva entre religiosos que rara vez pierden la chaveta, pero que son tan venenosos como un nido de serpientes. Dentro de este mundo de hombres pulula la hermana Agnes (Isabella Rossellini) con una cara de constante preocupación que presagia el descubrimiento de algún grave secreto que impactará las elecciones.

En su película previa, All Quiet on the Western Front (Alemania, EE. UU. y Reino Unido; 2022), Berger nos da una poderosa experiencia inmersiva en la Europa de la Primera Guerra Mundial. La película nos sumerge en las trincheras grises, polvorientas y llenas de muerte donde el protagonista, Paul Bäumer (Felix Kammerer), lucha por sobrevivir. James Friend, el director de fotografía de All Quiet on the Western Front, retrata un mundo que estalla en violencia y que devela el colapso interior del protagonista. Paul tanto como Lawrence en Conclave, se enfrentan a sus entornos con una inocencia que se desquebraja a medida que progresa la acción. El director de fotografía de Conclave, Stéphane Fontaine, también sumerge al espectador en un escenario de sotanas negras, puertas selladas con lazos rojos y cuartos escondidos que encierran confesiones oscuras. Fontaine retrata a los personajes resaltando sus proporciones colosales en una lucha que nos aleja progresivamente de la presencia de dios. Es precisamente este contraste entre el grandioso conflicto humano que oscurece ese mítico reino celestial donde la película triunfa. Para Berger, la fe y la divinidad se redefinen en la complejidad de la realidad.

Conclave es una película de suspenso e intriga efectiva. Las actuaciones y la construcción detallada de un universo ordenado por jerarquías eclesiásticas demuestran la genialidad de Berger como director. Aunque me parece que el personaje de Isabella Rossellini pudo ser desarrollado tanto como los hombres que la rodean, Conclave es una experiencia visual que debe verse en la pantalla grande para sentir su potencia. No se la pierdan.

 

 

 

Cada voto cuenta

Mariana Nogales Molineli frente a la Comisión Estatal de Elecciones. Foto por Alina Luciano

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Los cinco comisionados electorales determinaron por unanimidad la mañana del 14 de noviembre aprobar la tabulación de todos los votos por nominación directa, lo que dejó sin efecto la directriz de la presidenta interina de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), Jessika Padilla, de no contar los votos de nominación directa para el encasillado número 4 de representante por acumulación.

La determinación de la presidenta interina fue denunciada por la candidata por nominación directa licenciada Mariana Nogales, quien se manifestó frente a la CEE para exigir que se contaran los votos.

Aunque la instrucción de la presidenta interina de la CEE fue verbal en declaraciones a diversos medios de comunicación, esta confirmó que los votos no se iban a contar, y entre sus argumentos para justificar su decisión, estuvieron que el Código Electoral así lo dispone y que no se justificaba el recuento ya que los números no cambiarían el resultado electoral.

Nogales Molinelli, en entrevista con este medio frente a la CEE, en donde permanecía desde horas tempranas de la mañana del jueves, fue enfática al indicar que la papeleta con la nominación directa es la misma papeleta que se está escrutando para el Senado por acumulación y las últimas tres posiciones de la Cámara por acumulación, debido a que están muy cercanos los votos de candidatos por el Partido Nuevo Progresista (PNP); a lo que cuestionó que, si se hace un recuento sobre esas tres posiciones en la Cámara, por qué entonces no registrar los votos de nominación directa al mismo puesto.

La actual representante a la Cámara por el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) destacó el hecho de que siempre se ha registrado ese tipo de voto, y reiteró su cuestionamiento de por qué ahora no se va a registrar el voto para el cual se hizo una campaña que estuvo en todos los medios, en las redes sociales y de la cual la CEE estuvo notificada desde el 9 de junio. Trajo a la atención, además, que aun la decisión del Tribunal Supremo de Puerto Rico, que resolvió en su contra y de otros tres miembros del MVC descalificando sus candidaturas, hizo la salvedad de que los electores estaban protegidos mediante el mecanismo de la nominación directa. “Hemos visto que es todo lo contrario. Tan es así que hay problemas con los observadores de las mesas. Me lo han dicho tanto funcionarios del MVC como observadores de Eliezer Molina”. Este último también candidato por nominación directa.

Hasta el momento de la entrevista ,a 10 días de las elecciones, las máquinas de escrutinio solo habían contado 29 mil votos de nominación directa, pero –indicó Nogales Molinelli– existen dos universos de cerca de 100 mil votos cada uno. Uno registrado como papeletas en blanco, papeletas no votadas y papeletas mal votadas y otro con 100 mil papeletas de voto ausente y voto adelantado que están sin adjudicar.

“O sea, que los números podrían estar ahí, hay 200 mil papeletas, por lo que es una inferencia razonable de que sus números pudiese cambiar”, dijo en relación a sus resultados.

De todas maneras –expresó– que aún si tuviese los votos aproximados que hacen falta para llegar a un escaño, o no se tienen, eso debe quedar registrado y que el voto de la gente cuente. Observó que eso ayuda al análisis político no solo de ella, sino de los otros candidatos y partidos, considerando que es un hecho histórico que debe registrarse. “Por eso he estado haciendo mucha alusión a la novela El Misterio de la verdad que decía qué era lo que se iba a registrar y qué no del pasado, para que la gente desconociera qué era lo que en realidad ha ocurrido”.

 

 

Los derechos culturales en Puerto Rico: una conversación necesaria

 

 

La existencia del ser humano está delimitada en las sociedades contemporáneas por una serie de “principios” o derechos. Derechos que se deben conocer, divulgar y exigir para una mejor calidad de vida que trascienda las limitaciones del tiempo. Conviene señalar que exigir esos derechos desde el presente nos permite honrar a los hombres y a las mujeres del pasado que lucharon, precisamente, para que el bienestar y la justicia social tuvieran su lugar en las sociedades del futuro que soñaron.

Expresado lo anterior, debo advertir que es cierto que las arbitrariedades de las autoridades, o del poder, en ciertas ocasiones –o las más de las veces– acechan y transgreden nuestros derechos. Derechos por los que la humanidad –todas las personas que históricamente han estado al otro lado del poder– ha tenido que esperar tanto; e incluso morir por ellos. No obstante, el conocimiento [de esos derechos] permanece como luz en el camino en este devenir del ser humano en sociedad. Y en ese devenir del ser humano, los derechos culturales tienen un rol protagónico. Conocerlos y exigirlos es necesario. Los derechos culturales se integran a la base de los derechos humanos.

En primer lugar, ¿qué se ha discutido con respecto al tema? El Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) nos ofrece los cimientos de esta discusión:

Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten. / Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le corresponden por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Una conversación amplia sobre los derechos culturales en Puerto Rico, a 76 años de esta declaración como parte de los derechos humanos, es necesaria. La UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization / Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha permitido que esta conversación en torno a los derechos culturales evolucione:

  • 1966 –Artículo 15 del «Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales»
  • 1972 –La «Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural»
  • 2001 –«Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural»
  • 2003 –La «Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial»
  • 2016 –«Los derechos culturales y la protección del patrimonio cultural».

Por consiguiente, en la actualidad, ya son varios los países los que se han insertado en esta conversación. México, por ejemplo, es uno de los más activos y a partir del año 2009 los Derechos Culturales se «constitucionalizaron» en este país. Costa Rica, Perú y algunas regiones de España también se han interesado por esta discusión.

¿Cuánto se conoce en Puerto Rico sobre el tema? En el caso de Puerto Rico –una colonia de Estados Unidos– es poco lo que se conoce sobre estas conversaciones entre naciones. Es por ello por lo que debemos tener la iniciativa de insertarnos en lo ya discutido e incluso proponer ideas al respecto. Y nos incumbe tomar acción a los que trabajamos en el ámbito cultural puertorriqueño. Para ello, es menester preguntarnos: ¿Qué son los derechos culturales? ¿Cómo me atañen estos derechos?

Primero, debemos tener una idea clara respecto a lo qué es cultura. Por lo que me abocaré de inmediato a un intento de definición que surge de una meditación que aún continúa. La cultura es nuestro entorno –todo lo creado por la humanidad en épocas y escenarios determinados– y también lo que acontece en nuestro interior: conocimientos y creencias. En esa interacción del ser humano –su raciocinio y espiritualidad– con su ambiente, es que la cultura ocupa su espacio protagónico. Es en esa relación que se crea la cultura: una cultura que atañe tanto a lo colectivo como a lo individual y es nuestra manera de comunicarnos con nosotros mismos y con los demás. Esto nos permite interpretar nuestras vivencias y el entorno que le da acogida, además de asignarle valor a nuestras relaciones familiares y comunitarias. Sin duda, la cultura es diversa en el mundo e incluso en nuestra comunidad y es por ello por lo que reconocer esa diversidad nos permite abrazar la solidaridad, la empatía, la paz y la justicia. También es identidad. Una identidad con múltiples lenguajes que nos facilitan elementos para comprender nuestra existencia y la de otros. La cultura es todo lo anterior y más, pues, es un «todo complejo» (Edward Burnett Tylor 1871). Sí, la cultura es inmensa, al igual que su fuente de origen: el ser. Y la historicidad del ser es lo que, en efecto, ha dado paso a ese «todo complejo» que nos define como humanidad. Para el barcelonés Antonio Monegal, «la cultura es el marco ineludible de nuestra existencia» (2022).

Luego de exponer una reflexión acerca de lo qué es cultura, puntualizo que nos urge esta conversación: hablar de la cultura como ámbito esencial de toda sociedad, y de cómo los derechos culturales se relacionan con nuestro bienestar y desarrollo social. Un bienestar y un desarrollo que no depende de valoraciones cuantitativas, sino de proveernos las herramientas apropiadas para la expresión, la comunicación, el cuestionamiento, e incluso para una “potencialidad” en nuestra calidad de vida. Una calidad de vida que se ha visto trastocada en el transcurrir de los años y que mucho tiene que ver con nuestras experiencias y expectativas, entusiasmo en lo que hacemos, inquietudes ciudadanas y mucho más. Ese devenir en la potencialidad de nuestra calidad de vida tiene su puesta en escena en el ámbito cultural por todo lo hasta ahora expresado en favor de la cultura. La significación de la cultura mantiene un vínculo muy fuerte con la calidad de vida de la humanidad y es en ese vínculo donde tiene lugar el derecho. Y es menester el diálogo acerca de cómo ese derecho a la cultura es, en efecto, nuestro legado ancestral –material o inmaterial– y como legado que es, ahí está a nuestro alcance para el desarrollo de nuestras aptitudes humanas, además de nuestra sensibilidad y solidaridad.

¿Cómo trasladar esta reflexión a la realidad de la sociedad [colonial] puertorriqueña? En otros foros propios de la escritura ya he subrayado que el derecho a la cultura toma en cuenta, en primera instancia, a los habitantes del país –de todas las edades– para que todos se sumen a la divulgación de la memoria colectiva, a la apreciación de las artes, al disfrute de las diversas expresiones culturales; y al diálogo y la discusión en torno a la preservación y conservación del patrimonio. La instituciones educativas, culturales y turísticas de Puerto Rico deben unirse y crear agendas “correlativas”, además de proyectos “curriculares” para todo el país. Agendas “abiertas” y dinámicas que no se queden en tinta y papel. La comunicación entre estas instituciones –públicas o privadas– debe ser clara y constante. Estas instituciones deben repensar una y otra vez su rol en el colectivo al que pertenecen. El derecho a la cultura en Puerto Rico requiere de alianzas.

Hasta este momento, he intentado proponer que la conversación sobre los derechos culturales es necesaria. Y es necesaria por la correlación [natural] de la cultura con la humanidad. Esta conexión o relación recíproca ha redundado a través de los años en la creatividad o inspiración humana tanto en el ámbito artístico como científico. Hablar sobre derechos culturales es historiar siglos de ingenio humano.

Ahora bien, así como en Puerto Rico no se dialoga respecto a los derechos culturales, es decir, no se ha tomado en cuenta la perspectiva del derecho al momento de apreciar o analizar nuestro acervo cultural, de manera paralela las autoridades nos han trastocado esos derechos. Esa falta de diálogo no nos ha permitido percibir con claridad la agresión tan consistente por parte de grupos elitistas capitalistas o de círculos de poder en Puerto Rico.

Como ya se conoce, nuestro patrimonio cultural se ha visto amenazado por el gobierno colonial. No tenemos acceso a lugares históricos que deberían estar abiertos al pueblo. Lugares diversos en todo el archipiélago puertorriqueño que son un reflejo de nuestra diversidad cultural y, por lo tanto, debemos protegerlos para el acceso, precisamente, a esa diversidad que nos caracteriza y que nos permite sensibilizarnos aún más. Somos testigos del abandono de teatros y museos: espacios [aún] vivos que son potencialmente idóneos para la circulación del conocimiento y la solidaridad cultural. ¿Y qué podemos decir del cierre de escuelas públicas y del abandono de estructuras o edificios que han sido catalogados como «estorbo público»? Este «estorbo público» ha sido otro negocio más.

Por otro lado, ¿y la venta del antiguo Seminario Conciliar de San Juan? Esta venta debe catalogarse como un crimen y tanto el gobierno como la Iglesia deben responder por esta acción. El Seminario Conciliar de San Ildefonso le pertenece al Pueblo. Este lugar histórico ha sido espacio de evolución intelectual, símbolo de nuestra identidad puertorriqueña y de lucha por una educación accesible en Puerto Rico y, por lo tanto, debe permanecer abierto como parte de nuestros derechos culturales. El periodista, político, maestro, científico e historiador José Julián de Acosta y Calbo, en sus  Notas  de 1866, ya resaltaba la significación de este edificio y promovió desde entonces su preservación y conservación gracias a su texto –la escritura histórica como elemento esencial del patrimonio, además de que es igualmente patrimonio–. Acosta pertenece a una generación historiográfica de puertorriqueños que nos legaron una escritura de la historia crítica y una identidad cultural que precisamente cuestionaba las imposiciones de un poder arbitrario. ¿Cómo es posible que haya prosperado esta venta funesta? El Seminario Conciliar es patrimonio cultural de Puerto Rico y su venta ha sido una agresión a la dignidad humana de los habitantes de Puerto Rico.

Sin duda, nuestra memoria colectiva se encuentra amenazada; nuestros derechos culturales están en juego. El que no se hable de los derechos culturales en Puerto Rico no quiere decir que no existan. Debemos cuestionar las prácticas irresponsables, irrespetuosas, violentas y criminales por parte de las autoridades con relación a nuestro patrimonio construido. El patrimonio construido puertorriqueño continúa en venta.

Reitero que nos urge promover esta conversación y reflexionar acerca de los derechos culturales como uno de los elementos principales para el ejercicio y la constancia de los derechos humanos en nuestras comunidades. Los derechos humanos de las personas no están completos si no se toma en cuenta el rol de la cultura en el devenir de cada sociedad. Son diversas las personas y las organizaciones que trabajan por el derecho a la cultura en Puerto Rico. Organizaciones, artistas, historiadores y abogados que han unido voluntades para hacerle frente a la ignorancia y a la violencia continua de los gobiernos de turno liderados por el bipartidismo “PNPPD”; y a un poder estadounidense que lo único que ve es “basura” en la diversidad cultural más allá de sus fronteras. Organizaciones y portavoces de la cultura puertorriqueña de los que muy pronto conocerán su plan de trabajo colectivo para la defensa de los derechos culturales de todos los habitantes de Puerto Rico.

 

 

Múltiples irregularidades en las elecciones 2024

Al centro Annette Martínez Orabona Foto suministrada.

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

Un informe preliminar de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, en inglés) capítulo de Puerto Rico en conjunto con el Colegio de Abogadas y Abogados de Puerto Rico (CAAPR) sobre su ejercicio como observadores del proceso electoral de este 2024 recoge  fallas e irregularidades habidas en el proceso que abonan a una actitud de desconfianza hacia el trabajo de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).

Las organizaciones dividieron sus hallazgos en cinco categorías que confirman muchas de las denuncias hechas por ciudadanos, medios de comunicación e incluso por algunos funcionarios de colegio.

El primero de los hallazgos preliminares se refiere a impedimentos a la función de los observadores, a quienes en una, coordinadores y funcionarios impidieron la entrada a los colegios, aun cuando los observadores estaban debidamente  identificados y acreditados. En otra instancia, los coordinadores de la unidad electoral les exigieron a los observadores salir del colegio una vez cerrado, contrario a lo que establece el mismo protocolo de la CEE. También se denunció de casos donde los funcionarios interaccionaron de manera agresiva con los observadores.

El segundo hallazgo tiene que ver con deficiencias en los centros de votación, como falta de acceso para las personas de diversidad funcional, falta de papeletas en sistema braille o lupas y falta de servicio de agua potable.

El tercer señalamiento de las organizaciones  es de máquinas de escrutinio que no funcionaron o funcionaron de manera incorrecta. Esto incluyó la ausencia de baterías para en caso de que fallara el servicio de energía y la falta de suficientes máquinas de reemplazo, solo una máquina por colegio.

El cuarto señalamiento se refiere a la tardanza de la entrega de materiales a los colegios y la cantidad insuficiente de funcionarios. La tardanza en la entrega de materiales provocó que muchos colegios comenzaran los trabajos pasadas las 10 de la mañana, algunos pasadas las 10:30.  No en todos los colegios hubo funcionarios de todos los partidos y funcionarios que no eran de la unidad ni coordinadores no aparecieron en el sistema, por lo que no pudieron registrarse para votar.

En quinto lugar, denunciaron el CAPR y la ACLU, se violentó el derecho al voto secreto, debido a que las casetas no tenían cortinas y además su colocación no permitía la privacidad del voto.

En cuanto al trabajo en la Junta Administrativa del Voto Ausente y el Voto a Domicilio (JAVAA), los observadores documentaron que, en efecto, las papeletas que se utilizaron para calibrar las máquinas estaban impresas con los recuadros ennegrecidos, lo que puede explicar la razón por la cual las máquinas de escrutinio no estaban leyendo de manera adecuada la X de los votos adelantados. La instrucción de rellenar el cuadro y no marcar con una X se dio apenas dos días antes de la elección general.

Más allá de estos hallazgos preliminares, la ACLU y el CAAPR señalaron en su informe los obstáculos que representó lograr que la CEE los certificara como observadores, comenzando con que  no fue hasta el 8 de octubre que la CEE  contestó la acreditación  de ambas entidades, lo cual hicieron a inicios de septiembre y que para que les facilitaran el protocolo de los observadores, tuvieron que acudir al tribunal. Este fue aprobado después del 8 de octubre. No se les proveyó el protocolo ni adiestramiento.  Por el contrario, la CEE gastó $80 mil dólares de su presupuesto (aprobados por la Junta de Control Fiscal) para invitar a observadores internacionales a quienes les cubrieron transporte aéreo, alojamiento, comidas y adiestramiento, lo cual no estuvo a disposición de los observadores del patio.

Por su parte, la ACLU y el CAAPR  reunieron 31 voluntarios y les adiestraron para servir de observadores. Entre ellos hubo abogados y abogadas, universitarios, ministros religiosos y servidores públicos. La falta de atención por parte de la CEE al servicio a ofrecer por parte ACLU y el CAAPR incluyó la entrega de las credenciales como observadores a las 7:14 de la noche del día anterior a las elecciones, lo que provocó que tuvieran que enviar las credenciales vía fotografía a sus celulares.

De acuerdo al informe preliminar, cubrieron 40 unidades electorales de 20 precintos en12 municipios, que incluyeron San Juan, Bayamón, Toa Baja, Carolina, Caguas, Cayey, Río Grande,  Las Piedras, Cabo Rojo, Guaynabo, Guayanilla,  Coamo  y la JAVAA.

 

 

 

Empresarios, elecciones y  lucha de clases

Screenshot

 

Ha llamado mucho la atención de estudiosos y analistas de la política puertorriqueña la fuerte incursión en esta pasada elección general del 5 de noviembre, de un sector organizado de la clase empresarial de nuestro país que decidió usar su mollero y su dinero para lograr  resultados electorales que favorezcan sus intereses económicos. La forma agresiva en que lo hicieron- o sea, colocar una millonaria inversión en medios pagados, la publicación de una lista de sus candidatos y candidatas favorecidos, y la expresa advertencia de que no apoyarían a ningún candidato o candidata de la Alianza de País entre el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) ni del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC)- sorprendió a mucha gente. Bajo el nombre engañoso de «Democracia y Prosperidad», el susodicho grupo empresarial se organizó en un  SUPER PAC que invirtió millones con un solo objetivo: impedir cualquier cambio en la gobernanza de Puerto Rico que, según ellos, pueda interferir con el trato especial y los privilegios de que disfrutan por su condición de ricos y poderosos. «Que nada amenace lo mío» pareció ser el grito de guerra lanzado al ruedo electoral por esta camada de dueños y no tan dueños de empresas y sectores del comercio al por mayor y al detal, la construcción y la importación y distribución de alimentos, licores y otros productos de consumo. A estos se unieron jugadores menores de otros sectores económicos y, por supuesto, los principales oficiales (empleados) de las organizaciones que agrupan la llamada «libre empresa», que no perdieron oportunidad para demostrar que son más firmes y leales «libre empresarios» que los patronos millonarios que les pagan el sueldo.

Esta incursión del sector empresarial en la política electoral puede resultar sorpresiva para muchos pero no es así. A lo largo de nuestra historia, abundan los ejemplos de incursiones similares, sobre todo en momentos de crisis económica y social como los que se viven actualmente en Puerto Rico. Durante los años treinta del siglo pasado, y tras el impacto de la Gran Depresión de Estados Unidos sobre la empobrecida población de Puerto Rico, hubo un largo período de tensión entre empresarios de la caña, el tabaco y otros sectores agrícolas – representados en el Partido Republicano Puertorriqueño de entonces, y los trabajadores de esas industrias, que eran la base económica del Puerto Rico de principio y mediados del siglo veinte.

Fue un abierto conflicto de clases y,  para proteger sus intereses, el Partido Republicano hizo una Coalición con el Partido Socialista de Santiago Iglesias Pantin, un anarquista español exiliado en Puerto Rico que proclamaba defender a los obreros. La llamada Coalición se repartió la representación legislativa mayoritaria en Puerto Rico por los últimos años de la década del 1930-1940, bajo todos los gobernadores estadounidenses de la época, pero nunca los salarios ni las condiciones de los obreros mejoraron. Sin embargo, la Coalición seguía obteniendo mayorías, utilizando prácticas electorales ilícitas tales como la coacción y el transporte de trabajadores a los lugares de votación, el encierro de los más reacios en almacenes o sótanos para que no pudieran ir a votar, la compra de votos a cambio de alimentos, ropa o zapatos, o la abierta amenaza de cesantía  en medio de los momentos de peor miseria. A muchos de sus adversarios, el fuego «misteriosamente» les consumía sus cosechas o sus sembradíos.

La actitud y comportamiento ilícitos de aquellos hacendados y sus mayordomos en los años 30, se acercan peligrosamente a las declaraciones y acciones intimidantes de los empresarios y portavoces del  SUPER PAC » Democracia y Prosperidad» en el Puerto Rico del 2024. Algunos de los actuales  llegaron al extremo de hostigar e intimidar a sus empleados por escrito para impedir que votaran por los candidatos y candidatas de La  Alianza de País, una acción de dudosa legalidad.

No hay duda de que tanto los de antes como los de ahora actúan de esa manera porque se han sentido protegidos y cobijados por la impunidad, esa vara exclusiva con la que se mide a los poderosos y que les coloca por encima de las leyes y normas de ética y decoro que aplican a los demás miembros de una sociedad.

Las acciones de estos empresarios, en el marco de una elección histórica en Puerto Rico, demuestran que la lucha de clases sigue siendo una ley inexorable de la historia tanto ayer, como hoy y lo será también mañana. El rostro de un nuevo Puerto Rico se asomó con fuerza tras los resultados electorales del pasado 5 de noviembre. Y aunque los mismos de siempre lograron mantener el poder político, y conservar sus privilegios e  impunidad por un tiempo adicional, quedó claro que la mayoría de nuestro país reclama un cambio y que está dispuesto a movilizarse para lograrlo, un cambio que nos permita comenzar a salir de la crisis económica y social, y avanzar en la construcción de un nuevo país con oportunidades para todas y todos. Los que lograron mantenerse a la cabeza del gobierno, y los empresarios que los respaldan solamente ganaron un tiempo adicional. Ellos y ellas representan al «viejo» Puerto Rico, carcomido por la parálisis del coloniaje, el cáncer de la corrupción, y la enfermedad de la dependencia, la ineptitud y la avaricia.

Como dicta la ley de la historia, de esas ruinas emergerá el Puerto Rico nuevo que ya asomó con fuerza y esperanza su rostro durante la pasada contienda electoral. De entre esas manos, nos saldrá la Patria Nueva. Que no les quepa duda.