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El próximo martes y hace medio siglo : Una historia personal de las elecciones

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En Rojo

Desde niño me interesó aquello de lo que mi madre no hablaba y mi padre comentaba en voz baja: la política. Más bien, la historia política. Fue a los nueve años. Me impresionó conocer a través de la prensa escrita y televisada cómo había muerto Antonia Martínez (1970). No tenía idea clara de la situación. Sabía que había guerra en Vietnam y que algunos estaban en contra de la guerra. Solo entendí el abuso y la injusticia.

Las movilizaciones posteriores a la muerte de Antonia en la Universidad de Puerto Rico me hicieron desear ir a estudiar allí. No sabía qué, pero para mí, por intuición, aquello era “la historia”. Era algo relacionado con la emoción más que la razón. Pocos años después (1974) las fotos de la fuerza del Partido Socialista Puertorrique˜õ (PSP) en Nueva York, convocados en el Madison Square Garden me hicieron pensar que la independencia era posible antes de mi mayoría de edad. Había imágenes del apoyo de figuras como Angela Davis y Jane Fonda. Tocó Ray Barretto en aquella magna asamblea. Muchos ídolos juntos. Comencé a leer sobre la historia nacional.

En el 1975 me identifiqué con el Partido Independentista Puertorriqueño cuando escuché a Rubén Berríos. La social democracia, la resistencia pacífica, estaban más acordes con mi crianza cristiana. Luego vino el asesinato, en 1976, del hijo del candidato a la gobernación por el PSP entonces, Juan Mari Bras. La muerte de Santiago(Chagui) Mari Pesquera me golpeó como si lo conociera. Pero entonces la derecha cubana asesinó a Carlos Muñiz Varela o los esbirros cometieron la vileza del Cerro Maravilla. Ya entonces estaba decidido a ser independentista.

Entre las cosas que debía decidir como joven independentista estaba votar o no votar.

Mi primer voto fue por el candidato sindicalista del Partido Socialista Puertorriqueño, Luis Lausell. Me llamaba la atención por dos razones. Primero, era el único candidato que no era abogado. Segundo, era el único candidato que pertenecía a la clase obrera. Corría el año 1980. Me decepcioné con el apoyo al PPD para “detener la estadidad”. Voté en el 84 y en 88 por el PIP. Entonces decidí no participar más en aquellos procesos eleccionarios. Hasta estos últimos cuatro años en los que los procesos han sido más amplios y las discusiones más concretas y prácticas.

Digamos que al día de hoy abordo el tema de las elecciones desde una perspectiva crítica. Las elecciones democráticas son un mecanismo que, si bien permite cierta participación ciudadana, a menudo está limitado por las estructuras del capitalismo y las ideologías dominantes. Y en una colonia el asunto de lo “democrático” se hace más problemático. ¿Las elecciones pueden ser vistas como un ritual que da la ilusión de democracia, mientras que en realidad las decisiones importantes son tomadas por fuerzas económicas y políticas que operan fuera del control de los ciudadanos? ¿Las elecciones por sí solas son suficientes para garantizar una verdadera democracia, o sirven para legitimar sistemas que perpetúan desigualdades y limitan el cambio social? Las respuestas a esas interrogantes pueden ser afirmativas. Sin embargo, ¿es mejor no participar?

No creo que miento si digo que quienes son candidatas y candidatos de la Alianza (PIP/MVC) en esta coyuntura reconocen que la democracia no es solo la celebración de elecciones periódicas, sino también la participación activa y crítica de los ciudadanos en la política y en la sociedad. Abrir esos espacios. Crearlos.

Me parece que en estas elecciones está claro que se pone en crisis la sensación de participación y control ciudadano precisamente porque el gobierno del PNP ha hecho -y hará- todo lo posible por impedir un proceso claro y transparente. Además una de las discusiones de este proceso ha sido que las decisiones cruciales que nos afectan a menudo son tomadas por elites políticas y económicas que operan fuera del ámbito democrático. Por eso, entonces, hay que ocupar cualquier resquicio que permita alguna agencia, alguna acción en beneficio de los intereses de la mayoría.

Por otro lado ¿que las elecciones en el sistema capitalista y colonial están condicionadas por intereses económicos, lo que significa que las opciones disponibles a los votantes son frecuentemente limitadas y no reflejan verdaderamente una variedad de alternativas políticas? Pues eso se está discutiendo. Es ganancia.

Además, que el proceso electoral se ha convertido en un ritual donde el acto de votar se presenta como el único medio de participación, deslegitimando otras formas de activismo y compromiso político que podrían ser más efectivas para generar cambios significativos ya lo sabemos. De hecho, hace apenas cinco años una asamblea popular permanente sacó a un gobernador de Fortaleza. Es ahora que estamos viendo los frutos de esa movilización.

En estas elecciones se ha dejado de simplificar la complejidad de los problemas sociales y políticos, reduciendo las dinámicas complejas a opciones binarias o a una serie de promesas que a menudo no se cumplen. Se acabó el bipartidismo. Al menos, se milita en contra de ese nudo ideológico.

No sé lo que va a pasar el 5 de noviembre de 2024. Se lo que tengo que hacer después. Seguir en esto de pensar y practicar un país mejor. Una mejor relación entre nosotros. Una mejor organización contra quienes atentan contra nuestra vida digna. Todos los días. Incluyendo ese martes.

 

Reflexiones sobre Muere Riggs de Rafael Acevedo.

Rubén Maldonado Jiménez

A propósito de 74 aniversario de la Revolución nacionalista de 1950 en Puerto Rico, quisiera compartir algunas reflexiones sobre la novela corta de Rafael Acevedo titulada Muere Riggs, publicada por “Secta de los perros” en mayo de 2024. Antes de hacer algunos comentarios al respecto, es importante destacar que ha habido un viejo debate entre los límites de la historia y la literatura, un tema fascinante que ha sido objeto de discusión durante mucho tiempo. La historia busca acercarse a la verdad mediante la recopilación y análisis de hechos verificables a través de documentos y evidencias. Es la función del historiador intentar reconstruir y explicar los hechos o la realidad de la manera más precisa posible con las fuentes accesibles y a su alcance.[1] Sin embargo, la literatura es una forma de arte que se basa en la imaginación o  ficción y la creatividad. Los escritores pueden tomar libertades con los hechos y crear narrativas que, aunque pueden estar basadas en eventos históricos, no están obligadas a ser fieles a la realidad.[2] Reconociendo sus diferencias, pienso que la historia y la literatura no deben verse como opuestas, sino como disciplinas complementarias que, cuando se combinan, pueden ofrecer una comprensión más completa y enriquecedora de nuestro pasado y presente.

En algunas instancias del proceso narrativo parece que Rafael Acevedo (Rafah) invita a los historiadores a profundizar sobre algunos sucesos de la década de 1930 en Puerto Rico. Uno de ellos está relacionado con Carlos Torres Morales, fotógrafo del periódico El Imparcial, quien supuestamente tomó dos fotos al momento del arresto de Beauchamp. La primera de ellas es la famosa foto de Elías Beauchamp poco después de ser arrestado por ajusticiar Elisha Francis Riggs, jefe de  la Policía Insular de Puerto Rico y quien había sido protagonista de la Masacre de Río Piedras en 1935. Acerca de la segunda foto, no se sabe su paradero. Al referirse a Torres Morales para cerrar la primera parte, se menciona que le quedaba poco tiempo de vida y dice al respecto: “Ustedes tienen que buscar aquella otra instantánea” y al decir “ustedes” parece ser un emplazamiento a una investigación más profunda sobre los hechos.

De la misma forma al cierre de la tercera parte de su novela, se refiere al nacionalista Carlos Marchand Paz, testigo de la Masacre de Río Piedras y acusado y convicto por haber agredido con su propio rottén al policía Orlando Colón. Marchand Paz, solicitó por segunda ocasión un nuevo juicio. En palabras del narrador “…esa vez sí le concedieron un nuevo juicio. Quedan cabos sueltos. A mí no me corresponde atarlos”. Buena tarea por cierto para los historiadores.

Esas dos instancias, aparte de la subjetividad que puedan contener, nos invita a reflexionar sobre sobre varios asuntos acerca de la investigación del nacionalismo albizuista en Puerto Rico. Se podría interpretar como una exhortación a los historiadores a investigar, expresando su insatisfacción con los que tocan de oídos el tema y aparentan ser grandes teóricos de la disciplina.

Aunque el autor aborda de manera detallada el contexto político de la muerte de Elisha Francis Riggs, jefe de  la Policía Insular de Puerto Rico, por los nacionalistas Elías Beauchamp y Hiram Rosado el 23 de febrero de 1936, cerca del mediodía en el Viejo San Juan, mientras viajaba en su automóvil oficial a una cuadra  del Correo en respuesta a la Masacre de Río Piedras, ocurrida el 24 de octubre de 1935, donde la policía, bajo el mando de Riggs, mató a varios nacionalistas,[3] en Muere Riggs hay varios temas que abre la puerta para ir más allá de lo cotidiano. Entre ellos, se encuentran en el contexto histórico más amplio  que caracterizó a la década del 1930. Como son, el ascenso de regímenes totalitarios, como el nazismo en Alemania y el fascismo en Italia, incidieron en la Segunda Guerra Mundial; el ascenso de Francisco Franco al poder durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y su impacto en Puerto Rico, La década del 1930 fue, por lo tanto, un periodo de grandes desafíos que moldearon el futuro de Puerto Rico.

Otro asunto que el narrador menciona son los eventos que se desarrollaron en Utuado. Además, de presentar algunas incongruencias con relación al nacimiento y asesinato de Hiram Rosado Ayala. Despacha los sucesos de Utuado diciendo: “en Utuado siguieron los disparos cuando el sol se dirigía al oeste”. Precisamente cuando el sol se dirigía al oeste fue asesinado en Utuado, Ángel Mario Martínez Ríos, uno de los tres nacionalistas asesinados en Puerto Rico el 23 de febrero de 1936. Dos de ellos eran utuadeños: Elías Beauchamp Beauchamp, asesinado en San Juan, y Martínez Ríos en Utuado. El tercero  Hiram Rosado Ayala, era natural de Quebradillas. Este de acuerdo con el censo de 1920, residía en Añasco con su mamá[4] y en el 1930 en Yauco.[5] Es muy probable que de este pueblo se trasladó a Arecibo, en donde residía al momento de su muerte conforme con su certificado de defunción.

Según se desprende de sus respectivos certificados de defunción, Beauchamp y Rosado fueron torturados y acribillados a balazos, mientras que Ángel Mario fue asesinado a quemarropa. Ángel Mario falleció a las 3:00 de tarde en Utuado, una hora después de Rosado Ayala. Este murió a las 2:00 de la tarde del 23 de febrero de 1936, media hora después de la muerte de Beauchamp, en la calle Tanca, esquina Tetuán en San Juan.[6] La principal causa de muerte fue una “hemorragia interna por herida de bala que perforó ambos pulmones”.[7] Otra causa importante que contribuyó a la muerte fue “otra herida de bala que fracturó la mandíbula inferior”.[8]

Según el certificado de defunción de Rosado Ayala, murió en la calle Tanca, esquina Recinto Sur. La principal causa de su muerte fue “hemorragias internas producidas por dos heridas de bala que perforaron el pulmón izquierdo y el hígado”.[9] Además, recibió “otras heridas de balas” según certificó el Dr. A. Martínez Álvarez.[10] Sin embargo, según prensa de la época, la policía se proponía llevarlo herido al Hospital Municipal de San Juan, que estaba ubicado en la Avenida de Diego en Santurce.[11] Esta dirección parece contradecir la que aparece en el certificado de defunción de Rosado Ayala, lo que cuestiona la versión de fue llevado al hospital municipal de San Juan.

Tal vez la contribución más importante de la novela corta Muere Riggs de Rafael Acevedo, se encuentra en su capacidad para contribuir a mantener viva la memoria colectiva y estimular su investigación académica y el debate público sobre el nacionalismo albizuista. Además enriquece la literatura puertorriqueña al abordar temas de identidad, resistencia y lucha por la independencia, contribuyendo al diálogo cultural y político en la isla.

 

El autor es profesor retirado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

[1] Desde esa perspectiva Enriqueta Vila Vilar discute este tema en  Historia y Literatura: un largo debate para un caso práctico en https://doi.org/10.4000/nuevomundo.52533
[2] Una buena lectura es Xulio Ricardo Trigo, “Los límites entre la historia y la literatura” en https://lamaletadeportbou.com/los-limites-entre-historia-y-literatura/
[3] Claridades: Ejecución de Elisha Francis Riggs, febrero 19, 2020.
[4] «United States Census, 1920», FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:X97H-FLC : Sun Mar 10 13:08:09 UTC 2024), Entry for Ramona Ayala Y Rivera De Rosado and Hiram Rosado Y Ayala, 1920.
[5] «United States Census, 1930», , FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:V683-35D : Sun Mar 10 21:22:14 UTC 2024), Entry for Pedro Rosado Arce and Ramona Ayala de Rosado, 1930.
[6] «Puerto Rico, Registro Civil, 1805-2001», FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:QVJS-SYQ7 : Fri Mar 08 10:23:57 UTC 2024), Entry for Elias Beauchamp Beauchamps and Francisco Beauchamp, 23 Feb 1936.

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] «Puerto Rico, Registro Civil, 1805-2001», FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:QVJS-SYQ6 : Fri Mar 08 23:11:15 UTC 2024), Entry for Hiram Rosado Ayala and Pedro Rosado, 23 Feb 1936.

[10] Ibid.

[11] Ver Enrique Vázquez Quintana, “Hospital Municipal de la Capital: Trayectoria gloriosa y oportunidad real” en https://www.galenusrevista.com/Hospital-Municipal-de-la-Capital/

MÁSCARAS: Confesiones de un tallador secreto: en Guatibiri del 7 al 20 de noviembre

 

EN Rojo

 

El libro “MÁSCARAS: Confesiones de un tallador secreto” comenzó como una presentación “power point” de fotos mías de las máscaras que yo había tallado de maderas duras desde más o menos 2005. Varias máscaras de uva playera, caoba y mangó – principalmente cosechada de árboles caídos después de huracanes en el patio de mi casa en Vieques – aparecieron en exposiciones colectivas del grupo Máscaras de Puerto Rico en Ponce, Manatí y Vieques entre 2015 y 2019, pero la mayoría quedaba guardada en las paredes de mi casa. El “power point” me permitía viajar con mis máscaras y mostrarlas “secretamente” a amigos y familiares del Caribe, España y Estados Unidos.

Por más de dos décadas yo había trabajado al lado del extraordinario fotógrafo profesional Herminio Rodríguez en las Fiestas de Santiago Apóstol en Loíza. En ese tiempo, él también participó con sus fotos en exposiciones y publicaciones que yo dirigía y escribía sobre las Fiestas. Sin embargo, no recuerdo precisamente cuando Herminio vio por primera vez mis máscaras de madera. No obstante, afirmó inmediatamente que quería fotografiarlas para una publicación en papel.

En ese momento dos vertientes se juntaron: aunque varias personas habían querido comprarlas, yo no tenía mucho interés en vender mis máscaras. Pero llegó el punto en que ya no había espacio para colgar tantas. Por eso, decidí publicar el libro con las brillantes fotos de Herminio (más otros materiales sobre máscaras) como un catálogo y montar una exposición. Entonces dos otros amigos se integraron en el proyecto: José Luis Figueroa de Librería Isla y la editorial Tiempo Nuevo y el diseñador, artista gráfico y poeta Iván Figueroa. Más tarde Annette Guevárez se uniría como la editora del texto escrito. Ya el libro estaba en marcha.

Yo concebía la exposición como una itinerante de tres paradas o estaciones. Por la fuerte inspiración de los Vejigantes de coco y los Viejos de cartón, comenzaría en Loíza durante las mismas Fiestas de Santiago Apóstol con una amplia representación de máscaras locales: Vejigantes de Raúl Ayala, Pedro La Viera, Carlos Ayala Calcaño, Orlando Tomasini, Teddy Vásquez y Awilda Cruz y Viejos de Daniel Lind Ramos, entre otros. Sin embargo, fue imposible llevar a cabo ese primer eslabón por los múltiples e irremediables problemas técnicos de infraestructura que se nos presentaron. La exposición en Colobó tenía la intención de repagar parte de mi deuda intelectual y cultural al pueblo de Loíza por las tres décadas en que he podido documentar y escribir sobre sus Fiestas y artistas. Ese proyecto espera otro momento.

Gracias a Neisha Ramos, directora cultural, y el personal del Fuerte del Conde de Mirasol, tuvimos otra suerte con la segunda parada en Vieques. Para enfrentar unas restricciones temporeras del Instituto de Cultura Puertorriqueña, hubo una apertura-desayuno el 9 de agosto. Pero casi inmediatamente el Fortín regresó a su horario normal hasta que hubo el cierre-desmontaje con un taller demostrativo de tallar el primero de octubre en que el público ayudó a bajar las máscaras y empaquetarlas para su viaje a Río Piedras.

Cualquier decepción de no poder exhibir las máscaras en Loíza se sanó por la amplitud del espacio visual y la entusiasta recepción del montaje en Vieques. La sección sobre Loíza quedó reducida, aunque todavía significante, con Vejigantes de Carlos Ayala Calcaño, Teddy Vázquez y Wilda Cruz y fotos de Viejos.

La última parada está programada para le galería Guatibiri de Rubén Malavé en la calle González en Río Piedras del jueves 7 de noviembre al miércoles 20 de noviembre. La galería abre ese día a las 6:00 pm, pero el acto inaugural será una comparsa de máscaras y personajes enmascarados de las 7:00 a las 7:30 antes de una charla sobre la exposición de 29 máscaras de este servidor, fotos de Herminio Rodríguez, varias otras máscaras y el libro “MÁSCARAS: Confesiones de un tallador secreto”.

Listxs para GUATIBIRI, la comparsa y la exposición de máscaras talladas de maderas duras puertorriqueñas.

El horror de la duda y la sonrisa en Smile 2

 

Especial para En Rojo

 

¿Qué hay en una sonrisa que aterra? Como una persona que sonríe demasiado, entiendo el impacto. Una sonrisa refleja amistad, empatía y entendimiento. Una sonrisa inspira a una invitación a un trago o a un café porque interpretamos una conexión en el gesto. Puedo sonreír, aunque este destruyéndome por dentro, refleja calma. Me podrían quitar todo, pero la paz interior y la felicidad son emociones subversivas en un mundo que se nos cae. Y espero que mi sonrisa exprese este sentimiento. Sin embargo, una sonrisa también puede esconder la oscuridad. Un asesino con una sonrisa es el terror mismo porque corrompe todo lo que el gesto evoca en el que la ve. Es una paradoja tan horrible como un padre aparentemente amoroso que abusa de sus hijos o un niño que refleja inocencia, pero que detesta a su madre. Este es el golpe que siente el espectador en oscuras maravillas como The Shining (dir. Stanley Kubrick, Reino Unido y EE. UU., 1980) y We Need to Talk About Kevin (dir. Lynne Ramsay, Reino Unido y EE. UU., 2011).  Estamos familiarizados con ciertos signos culturales, pero cuando su significado se altera, la realidad se corrompe y se vuelve de cabeza. Esa es la maravilla del Guasón en cualquier historia de Batman. Mientras el héroe anda rodeado de la noche y blindado de su seriedad férrea; el Guasón y su eterna sonrisa irrumpen llenos de color y armados de juguetes peligrosos. Batman nunca mata la raíz del trauma de su pasado, pero el Guasón, entre risas, asesina a cualquier inocente. Lo familiar se torna en lo bizarro. Esta es precisamente la sacudida que nos promete la excelente Smile 2 (dir. Parker Finn, EE. UU. y Canadá, 2024).

En Smile (dir. Parker Finn, EE. UU., 2022), el director establece los cimientos de la maldición que persigue a los personajes de la película. Sin dar muchos spoilers de la primera película, Rose (Sosie Bacon) es una psicóloga que cae en las garras de la maldición sonriente por presenciar el suicidio de su paciente. Desde ese momento, figuras sonrientes la acechan y alteran su percepción de la realidad llevándola a hacer actos que ella nunca hubiese hecho en su sano juicio. La única manera de escapar es suicidarse o matar a otra persona frente a un testigo. Así, el que observa, hereda la maldición y el maldito original es liberado. Smile 2, tanto como su precuela, comienzan siguiendo a una protagonista que se infecta; vemos cómo su vida gradualmente se transforma en un infierno; luego buscan una manera de contrarrestar la maldición; y, finalmente, ambas enfrentan la amenaza en el conflicto final. El director, Parker Finn, utiliza una premisa sencilla para explorar el horror del trauma y cómo este nos posee alterando la manera en la que navegamos nuestras realidades. En la primera película, la protagonista no solo presencia el suicidio de su paciente por la maldición, sino que también sufre en su juventud la muerte de su madre por una sobredosis de droga. Sus intentos de explicar la aflicción bizarra que la persigue son recibidos por quienes la rodean con desconfianza por su fragilidad emocional. La maldición sonriente y el descenso a la demencia de la protagonista son una metáfora de la duda con la que se reciben las consecuencias del trauma y la seriedad de la salud mental.

En Smile 2, Skye Riley (Naomi Scott) es una artista pop famosa que sufrió un aparatoso accidente de carro. Riley lucha por su sobriedad y con las heridas que marcan su cuerpo y su siquis cuando se topa con la sonrisa maligna. En una referencia a los problemas que afectaron la vida y carrera de Britney Spears, Riley lucha con la presión de la madre (Rosemarie DeWitt) que la mantiene trabajando sin parar. Ella no puede ni considerar que tiene un problema, porque la madre le recuerda sus obligaciones. La sonrisa demoníaca representa la angustia de Riley al procesar sus traumas bajo el escrutinio público. Cada vez que la maldición altera la percepción de Riley llevándola a alguna acción devastadora, sus colapsos son vistos por miles de personas. Sin embargo, nadie realmente escucha su explicación y tanto Riley como Rose, la protagonista de la precuela, se encuentran atrapadas en una celda desesperante que nadie más puede ver.

Smile 2 es una secuela sólida. Esta expande efectivamente en la amenaza del monstruo, que se hace más grande y sus consecuencias más extremas. Al mismo tiempo, la película continúa explorando las frustraciones de estas mujeres ante una sociedad que duda de su experiencia y silencia su voz. La música del compositor chileno, Cristóbal Tapia de Veer, agranda la sensación agobiante de una realidad virada al revés por la maldición monstruosa. De hecho, permanezcan en la sala durante los créditos finales ya que la música combina los gritos de la protagonista haciendo la banda sonora una extensión del horror de la película. Aunque los sustos o jump scares me parecen un recurso sonso para aterrar al espectador, tanto Smile como Smile 2 utilizan muy bien el efecto para sumergirnos en la experiencia de sus protagonistas ante la presencia depredadora y una sociedad que prefiere ignorar sus llamados de ayuda. Pueden ver Smile en diferentes plataformas de streaming y no se pierdan Smile 2 en los cines de la isla. Pero les advierto, es una película de horror y el gore no puede faltar.

 

Puerto Rico en el Madison Square Garden (1974 y 2024): 50 años desde dos mundos distintos 

Mucho se ha dicho y escrito desde este pasado domingo, cuando un comediante racista e imbécil, de nombre Tony Hinchcliffe, se refirió a Puerto Rico como «una isla flotante de basura» durante su presentación en el anunciado mítin de cierre de  campaña del candidato del Partido Republicano de Estados Unidos, Donald Trump, en el icónico Madison Square Garden de la ciudad de Nueva York. Trump eligió el «Garden» para su mítin por la importancia histórica del lugar como símbolo de la metrópolis que millones de personas  consideran como «la capital del mundo», y de la que él se cree uno de sus dueños. 
El insulto hacia nuestro país desde la plataforma de Trump en el Madison Square Garden es una señal de la imagen negativa que de Puerto Rico y las y los puertorriqueños comparten millones de estadounidenses, y que Trump encarna y hábilmente explota con propósitos electorales.
Es la prueba irrefutable de que si la mitad de la gente de Estados Unidos no acepta a las y los puertorriqueños, cuyo país invadieron, ocupan y controlan desde hace 126 años, mucho menos estarían dispuestos a hacerlo  con los millones de inmigrantes del resto de los países no blancos del mundo que llegan a Estados Unidos en busca del mal llamado «sueño americano».
La ideología y visión del movimiento MAGA ( «Make America Great Again») deja fuera a todos aquellos que no son considerados dignos de formar parte del grupo de «hombres creados iguales» que inspiró a los llamados «padres fundadores» de la nación estadounidense. Eso nos incluye a nosotros y nosotras.
Lamentablemente para Trump y su gente,  Nueva York y el «Garden» también son símbolos importantes para nuestro país y nuestra gente. Desde que la Gran Migración de Puerto Rico se convirtió en la válvula de escape de la pobreza y el desempleo en esta, la principal colonia de Estados Unidos en el Caribe, y nuestra gente comenzó a desembarcar de los buques Carolina, Coamo o Marine Tiger en los principales puertos de la metrópolis, con solo un billete de ida, la ciudad de Nueva York se convirtió en el principal destino y primer asentamiento de nuestra diáspora, ahora dispersa por todo el continente.
Por eso, no fue casualidad que hace exactamente 50 años- el domingo, 27 de octubre de 1974- el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP), que muy temprano en su historia ya se había convertido en una importante fuerza política en Estados Unidos, celebrara un gran acto multitudinario en el Madison Square Garden.
Salvando la distancia y las abismales diferencias ideológicas, el acto del PSP fue igual de grande y masivo que el de Trump. Los boletos de entrada se vendieron a 3 dólares, y todas las casi 20,000 butacas fueron ocupadas y miles de personas más abarrotaron la acera procurando entrar, en lo que quizá fue la demostración más grande y solidaria que jamás se hizo en suelo de Estados Unidos para reclamar la independencia de Puerto Rico y la excarcelación de los prisioneros políticos nacionalistas, que ya llevaban más de 20 años en las peores condiciones en prisiones estadounidenses. La energía fue electrificante. Dentro del «Garden» una gigantesca bandera de Puerto Rico, con su triángulo azul celeste y su estrella solitaria, servía de telón de fondo para el estelar desfile de personalidades boricuas y de Estados Unidos que allí se presentaron. La solidaridad de los  grupos de la izquierda estadounidense fue completa. Hubo representación de todo el espectro: afroamericanos, mujeres, pacifistas, socialistas, estudiantes, sindicalistas, activistas de los derechos humanos, académicos e intelectuales y «celebridades» de la estatura de Ray Barreto, Angela Davis y Jane Fonda, solo para mencionar algunas. La danza de la libertad protagonizada por un grupo de nativos americanos del liderato del «American Indian Movement», con su vestimenta ceremonial y sus hermosos plumachos, fue el toque emotivo que desbordó el ánimo y entusiasmo de la delirante audiencia. Fue una fiesta real y la Nación Puertorriqueña de las dos orillas brilló con luz propia aquella tarde espectacular en las mismísimas «entrañas del monstruo.»
Recordar con orgullo y celebrar aquella gesta de hace 50 años el mismo día en que se nos llama «isla flotante de basura» desde aquel mismo escenario, y en vísperas de una elección en Puerto Rico que promete ser histórica, demuestra claramente que nuestra nación y nuestra lucha libertaria siguen tan vivas como siempre y que nuestra gente sabe cómo remontar sin miedo sobre todos los insultos y la violencia de los que son amparados por el poder. Por eso, desde la certeza de quienes somos y qué nos merecemos, aquí va nuestra respuesta para quienes nos desprecian: «La moraleja se cuenta sola. Como diría el poeta Antonio Machado, ‘Hoy es siempre todavía’. La violencia hacia Puerto Rico desde el poder en Estados Unidos es la de siempre. Las lógicas del racismo y la exclusión que mantienen a nuestro archipiélago colonizado hoy son las mismas que, en su versión más extrema, posibilitan un genocidio televisado desde Palestina, territorio igualmente colonizado, pero asediado por una guerra desigual.
El arquetipo de la violencia es el mismo: colonización, racismo, violencia de Estado, exclusión.

Ayer, hoy y siempre, Viva Puerto Rico Libre. Vivan los pueblos del mundo en resistencia».