Especial para En Rojo
…Y dijo Dios:
Produzcan las aguas criaturas que se mueven y tienen vida,
y aves que vuelen sobre la tierra,
en el firmamento abierto de los cielos.
Génesis 1:20
…Y dijo Dios:
Produzca la tierra seres vivientes según su género,
bestias y reptiles y animales de la tierra según su género.
Y fue así. Génesis 1:24
…Y los bendijo Dios; y les dijo Dios:
Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla,
y señoread sobre los peces del mar,
y sobre las aves de los cielos y sobre todas las bestias
que se mueven sobre la tierra. Génesis 1:28
La separación es el pecado original. El señor se aleja del siervo, la ama de la esclava. A esa distancia, no logran escucharse las plegarias, el dolor, ni las alegrías. Los seres vivientes hablan todos: ¿Seremos capaces de escucharlos?
Los Hadzas de Tanzania hablan con los pájaros
Al norte de Tanzania, en lo profundo de los bosques, viven los Hadzas, la última tribu del África que no practica la agricultura. Viven de la caza y el forrajeo. Dan Saladino, en Eating to extinction, cuenta la peculiar adaptación que encuentran entre esta tribu y las aves señaladoras (Indicator Indicator), también llamadas guías de la miel. El cazador les murmura a los pájaros, y los pájaros le gorjean de vuelta. El tema de la conversación son las colmenas. Los humanos buscan la miel, pero es difícil encontrar las colmenas. Las aves desean la cera, pero temen que las abejas las piquen. Los hombres saben usar el humo para calmar las abejas y así poder quitarles parte del panal sin ser atacados. Después de ponerse de acuerdo, los pájaros conducen al cazador al lugar correcto, y el cazador toma una porción del panal, se chupa la miel y le escupe la cera al piso para dejársela al pájaro, que espera su recompensa. Los cazadores que hacen los ruidos tradicionales llegan a las colmenas tres veces más frecuentemente que los que no lo hacen.
El grito de la langosta
Estamos en un banquete chino, despidiendo al maestro de Taichi. La gente habla y come, y los platos pasan y pasan. La sopa de alas de tiburón, más carne. Las espinacas chinas. Más carne. Arroz frito con camarones. Más carne. Yo estoy sentada cerca de la entrada. El camarero empuja un carrito. En el centro de la bandeja una langosta negra, enorme, con las muelas amarradas. “Esa tiene por lo menos 20 libras”, dice otro huésped. “Es un banquete importante”, aclara el camarero. “Con ese tamaño, debe tener casi ochenta años. Una pena. Esas son las paridoras, que más huevos ponen”, añade mi marido. Creció pescando en la costa del Atlántico Norte, y sabe mucho acerca de las langostas. Pero tiene alma de campesino, y lo primero que piensa es cómo proteger la cosecha.
La langosta me mira fijamente. Con sus ojos brillantes como bolitas de azabache me pide auxilio. Es el fin, me dice. El camarero vuelve y se la lleva, y desaparecen tras las puertas del salón de banquete. No tengo la menor duda, me pidieron ayuda, y no hice nada. En ochenta años, hasta una langosta puede adquirir conciencia.
Ensalada de desayuno
Phyllis se levanta una mañana y mira por su balcón, y se da cuenta que sus lirios hostas no están en el jardín: han desaparecido. Voltea la cabeza y se encuentra cara a cara con un alce. Es un animal imponente: media tonelada de peso y siete pies de altura, y con un paso mecánico de animal prehistórico. Se miran sorprendidos, y el alce se da la vuelta y se va tranquilo, media hoja de lirio colgándole de la boca.
En las carreteras de Terranova
Los accidentes cuando chocan carros con alces son casi siempre fatales, para ambas partes. En las carreteras en Terranova hay letreros donde anuncian las fatalidades de cada estación. “Alces, 3. Humanos, 0”. Hace poco más de cien años los introdujeron a la isla, con la intención de alimentar a los pobres. Trajeron cinco. Hoy en día la población es de unos ciento veinte mil. Se han propagado sin freno porque no tienen predadores, y están haciendo destrozos con los bosques boreales. Se ha propuesto importar lobos para ver si devuelven el balance a la naturaleza.
Intimidad
Mi cuñada vive con sus animales. Se ofende cuando digo que los caballos tienen mirada profunda, con conciencia, pero que las vacas no parecen tener inteligencia. Me responde que las vacas también son muy listas, y tienen personalidad y sentido del humor, pero tienes que observarlas por mucho tiempo para poder discernirlo.
Sojuzgada
Lily mordió otra vez a un perro. Yo estaba subiendo calle arriba, y era día de ventas en el barrio. Todo el mundo saca una mesita y pone sus cucuruchos y libros y ropa usada en venta. Viene gente de otras calles, y todo muy animado. Una mujer con su perro de correa muy suelta se acerca, y su perro viene a curiosear a la mía. La Lily le saltó al cuello y no quería despegarse. Como yo tenía al otro perro mío y no quería acercarlo a la pelea, solo podía sacudir la correa de Lily. Yo gritaba, la otra dueña gritaba, hasta que al final soltó al otro animal. Después de revisar a su perro para ver si había herida abierta, la mujer comienza a vocearme: “¿Y qué hace usted trayendo un perro agresivo a una actividad del vecindario?” “No la traigo a la actividad, la llevo para la casa”. “Mi perro tiene trece años, cómo se atreve”, como si hubiera sido yo quien le mordió la perro. “Y la mía doce, y mal genio,” le contesto. Llego a casa malhumorada, encuentro a mi marido de estupendo humor: vendió sesenta dólares de CDs usados a coleccionadores de música, un dólar cada uno. Solo le quedan dos cajas más. En la casa, le quito la correa a la perra, y la miro mal. Me mira, y con los ojos me dice: “¿Pero que querías que hiciera? Era un pug.”
Justo en ese momento
Voy en bici y me cuelo por la calzada, para no llegar tarde a mi próxima reunión. De un arbusto sale un mapache joven. Tiene un pelaje castaño claro, muy lindo. Algo no anda bien con éste, apenas puede sostenerse. Habrá perdido la madre y estará desfallecido de hambre, o tal vez enfermo. La rabia y el distemper o moquillo son endémicos en la población de Mapaches. Me mira desamparado; sabe que va a morir. Tal vez no quiere morir sólo.
La muerte.
“La ola”, obra cumbre del artista japonés Katsushika Hokusai, muestra un tsunami gigante. Si te fijas bien, verás que hay tres botes en la imagen. Y si te fijas aún más (me tomó dos décadas darme cuenta) en cada bote hay cabecitas representando los marineros de los botes. Pero no están pintados como gente, sino como cráneos de calaveras. El grabado no representa el peligro de la naturaleza, como había yo pensado todos estos años, sino el momento en que te das cuenta en que te vas a morir, y te sabes ya hueso descarnado.
Señoreando
Le hablaba a mi gata y hoy le hablo a la perra. También me contestan. Una vez le pedí a unos ratones que se mudaran de la casa, para que no cayeran en la trampa nueva que había comprado Bill. Y me hicieron caso, y se fueron, después de habernos jorobado la paciencia por ocho meses. Mi tío, que tampoco es muy cuerdo, decía que no eras loco si oías voces, sólo si les contestabas. Por ese criterio, estoy completamente rematada. Me habla la perra, el mapache bebé, y hasta la langosta. A veces me hablan hasta los árboles y el pasto. A todos los seres vivientes les contesto. Lo que nunca he logrado, es obedecer el mandato de las Escrituras de señorear sobre ellos.






“Vera” (2011-2023, 12 Seasons)
Una vez que termina la exitosa serie de NBC, “The Good Wife” (2009-2016), estrena en su nueva plataforma de streaming, CBS All Access (ahora Paramount+), la continuación de la serie, reteniendo algunas de sus integrantes (Christine Baranski, Gary Cole, Cush Gumbo, Sarah Steele, Michael Boatman, Zach Grenier, Nyambi Nyambi) y añadiendo otras (Audra McDonald, Rose Leslie) y otros (Delroy Lindo, Paul Gulfoyle, John Slattery) donde los dos temas principales son la mujer como profesional que a la vez sostiene y resiste los roles sociales impuestos de esposa y madre, y la representación racial en un bufete de abogados que se precia de haber sido fundado por afroamericanos para representar a esa misma comunidad; propósito que no puede cumplir si quiere ser un bufete de renombre que genere millones de dólares representando a clientes sospechosamente culpables. La serie confronta todas estas situaciones, conflictos y posibilidades de cambio sin la censura vigilante de los grandes auspiciadores de los canales televisivos comerciales. Se plantean, discuten y resuelven en parte el que una mujer blanca sea socia principal de esta firma (está ahí porque trae una línea de clientes que invierte miles de dólares en el bufete y por ende, todos los socios se benefician); que se descubra que el fundador afroamericano y conocido por su defensa de los derechos civiles fue un hostigador de mujeres; que los dos socios principales afroamericanos fueron amantes en la universidad cuando ella era la mejor estudiante de él; que el padre de una de las nuevas socias sea responsable directo de inversiones hechas ilegalmente y del apropiamiento de dinero de pensiones; que el marido de una de las socias sea un insider del círculo Republicano y de la familia Trump por su manejo y defensa de las armas. Cada uno de los personajes tiene su historia—pasada y presente—que influye en los casos que lleva a corte o resuelven en sus oficinas con acuerdos algo cuestionables. Todxs lxs actorxs son maravillosxs y cada episodio está escrito para mantener el interés de lxs espectadorxs con una temática variada y con atrevimientos imposibles de hacer en “daytime TV”.
Esta serie (que hay que verla con subtítulos a menos que unx sea irlandesa) comienza en 1992 y concluye en 1998 con la votación del “Good Friday Agreement” que finalizó el período llamado “The Troubles” en Irlanda del Norte que duró casi 40 años con un saldo de más de 3,500 asesinatos, 52% civiles. Este período de guerra civil, también es el centro del filme dirigido por Kenneth Branagh, Belfast. Pero como escribí en la reseña de Belfast, en “Derry Girls” la visión es desde la adolescencia con un sentido de humor para ofender o defender a todos los grupos involucrados. Erin Quinn (Saoirse-Monica Jackson), su prima Orla McCool (Louisa Harland), sus amigas y compañeras de clase en el colegio católico Our Lady Immaculate College, Michelle Mallon (Jamie-Lee O’Donnell) y Clare Devin (Nicola Coughlan) y ahora incluido el primo de Michelle, criado en Londres, James Mcguire (Dylan Llewellyn), forman un grupito que representa la inseguridad y atrevimiento de su edad que también tienen que lidiar con divisiones que apenas comprenden. Se sienten protegidas por sus familias—aun con madres y padres ausentes o despistadxs—, supervisadas por la principal de su escuela, la madre superior George Michael (Siobhán McSweeney, divina en su papel de monja que no respeta a la jerarquía masculina de la iglesia), pero con suficiente libertad para meterse en líos en que, por lo general, salen airosas. En ningún momento eluden lo que sucede en el país, aunque lxs chicxs lo perciban de manera muy diferente de los adultos. Las imágenes televisivas en la casa de los Quinn y las discusiones entre adultos establecen muy claramente lo que existe fuera de sus propias realidades.
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