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Abrazo fuerte y solidario

La Junta Directiva y el Colectivo de Trabajo CLARIDAD le envía un fuerte y solidario abrazo a nuestra compañera de labores, la fotoperiodista Alina Luciano Reyes ante la muerte de su hermano, Wilfredo Martín Couvertier(BB)

Reciban Génesis, Alina, Carlitos, Tico,Iván y demás familiares nuestros deseos de mucha fortaleza y tranquilidad ante la pérdida.

La Casa de los Contrafuertes: trama de la belleza

 

En Rojo

fotos suministradas

 

Sé que uno no anda por la vida dándole valor simbólico a todas las cosas. Sin embargo, hay objetos y estructuras que te exigen una percepción más allá de la superficie. Así, por ejemplo, amo las ruinas. Como si en la arquitectura se creara un alma que pesara tanto que hace caer las cornisas. El árbol que crece en donde antes hubo un balcón o los helechos en las grietas. Un ruina es un balance precario. Como la vida. Pero entonces, a veces, se habitan las ruinas y se les va dando cariño y se transforman en una casa.

¿Tendría que hablar del valor simbólico de la casa? Digamos tres: símbolo de seguridad, protección y pertenencia. Eso es, para muchos artistas, La Casa de los Contrafuertes en el Viejo San Juan, a la que le dan vida Ana Rosa Rivera y Charles Juhasz . Desde la rehabilitación del espacio, con trabajo duro y constante este es un refugio seguro para el arte, la literatura y el diálogo.

Allí, por años se ha constituido una familia extensa que se reúne, se crea y recrea y comparte. Esta es una casa de comunidad. Cuando visito La Casa de los Contrafurtes siento que es un espacio de identidad y sentido de pertenencia, precisamente por la comunidad que se forja con la estabilidad y dinamismo de la variada actividad cultural que allí se lleva a cabo.

Además, habitada y hermoseada por artistas (Rivera y Juhasz) se puede uno activar y descansar, relajarse y ser uno mismo. Pintura, fotografía, danza, música, performance, entrevistas, homenajes, presentaciones de libros, congresos de literatura, seminarios, talleres, diálogos, fiesta, ágape, exhibiciones, esa es la vida que se respira, el aire que refresca en esa Casa de los Contrafuertes.

Hace una semana estuve en dos exposiciones simultáneas allí. La primera, José Morales. Instalación y dibujos. Llama la atención que la instalación de la primera sala es creada a partir de la acumulación de cientos de carritos plegables desechados, recolectados por Morales. De camino hacia su taller en la 106 en el Barrio (NY) el artista le da otro significado y valor a objetos desechados o encontrados para crear obras de arte. Los materiales se transforman en una pieza de arte provocativa, cuestionando el concepto tradicional de belleza y valor artístico. Si queremos -yo quise- podemos darle una dimensión crítica y social, al presentarnos de manera abrumadora el detritus del consumismo, lo cual nos hace reflexionar sobre la sostenibilidad de esa máquina de producción de desechos que es el capitalismo hoy.

Pienso no sólo en el recogido sino en la disciplina y rigor para desarmar, reorganizar piezas y volver a ensamblar en función de crear la obra. Y en como se vuelve a hacer ese proceso para trasladarla del Barrio a San Juan.

El propio Charles Juhasz, anfitrión de la Casa, nos ha dicho: “José reutilizó todo el material para hacer las tres obras que componen la instalación ubicada en la sala de entrada de los contrafuertes. Una plataforma sobre ruedas que carga una torre de carritos plegables desechados, amarrados a presión con cinchos industriales sobre las estibas de sus ruedas. Junto a este carruaje, dos murales en relieve elaborados con el resto de los herrajes de los carritos plegables. Las tres obras que componen la instalación Barrio Express, esbozan desde el primer encuentro una representación paradójica de la cotidianidad urbana y el ingenio necesario para sobrellevar las dificultades, en ciudades siniestras como Nueva York, animando reflexiones sobre ls fenómenos de movilidad, autonomía, desapego, basura, anonimato, y lo multitudinario de una ciudad que en ocasiones puede ser tanto tierna como boricua”.

En la sala contigua hay seis obras al óleo sobre papel junto a dos polípticos trazados sobre mylar. Allí se refleja otra vez el rigor del oficio artístico y la mirada oscura, paradójicamente humorística de la cotidianidad citadina.

Por otro lado, en el primer piso, se muestra la colectiva La trama, compuesta por Ivelisse Jiménez, Ana Rosa Rivera y Kristine Serviá.

Para quien escribe, La trama, es la estructura narrativa de una historia, que describe la secuencia de eventos y acciones que ocurren a lo largo de la historia. Y yo me encuentro tratando de hacer precisamente eso, establecer mi propia secuencia a través de los materiales dados. Lo mejor es que ha cada paso entre la obra de Jiménez, Rivera y Serviá reinicio , reconstruyo el desarrollo y renuevo el desenlace de la “historia”. Me propongo los giros argumentales y hasta resoluciones que se presentan.

Pero es con el trabajo de Ana Rosa Rivera que recupero la metáfora de la costura y el tejido como el conjunto de hilos que se tejen horizontalmente a través de los hilos verticales llamados urdimbre. Estos hilos de trama se entrelazan con la urdimbre. Me deleito con eso.

Veo en las proporciones soporte y estructura, colores y espesores que se me hacen inesperados. , dependiendo del tipo de tela que se esté creando.

Jiménez tiene una larga trayectoria desde su primera exhibición individual en el ICP (1996). Su obra ha sido exhibida desde Dinamarca a España pasando por New York y el espacio de La Casa. Sus instalaciones, ensamblajes y medios mixtos, se logran a través de materiales que sirven de lentes de difuminación de luz y color obligándonos a la mirada más detenida y a descubrir un lenguaje artístico que pone en juego nuestro modo tradicional de percepción.

Serviá -en su trama- propone- progresiones secuenciales que aunque visuales se me hicieron patrones de acompañamiento musical. Yo vi y escuché flechas descendientes, escalas. Me llevó a pensar en Las ciudades invisibles de Italo Calvino, con la abstracción geométrica convertida a mis ojos en arquitectura flotante. Y esa capacidad de abrir las puestas de la ensoñación siempre se agradece.

Dejo a los críticos de arte los comentarios más sesudos. Desde el corazón, estas palabras son solo mi saludo entusiasta a otra casa abierta en este espacio y mi agradecimiento a Ana Rosa Rivera, Ivelisse Jiménez, Kristine Serviá y José Morales por esta trama de belleza.

Morales

Un cuento y un poema que no desentonan

 

Especial para En Rojo

 

La guillotina

Al principio todas las personas tenían el mismo tamaño de manos y de pies.  Se saludaban, se despedían, intercambiaban alimentos, medían los objetos usando sus dedos y las distancias con sus pies. Entonces, en el grupo, surgió una idea, y se dieron cuenta de que tenían cabeza.

Compartían todavía, pero dejaron de saludar y despedirse. Aparecieron individuos que sólo miraban sus pies y manos con las cuales palparon sus cabezas. Como no la podían ver, se hacían de ilusiones hasta el punto en que se enamoraron de esa extremidad redonda. Tomando decisiones y burlándose decían: ¡cabezadura! ¡no tiene ni pies ni cabeza! ¡cabeza hueca! ¡cabizbajo!, lo que les causaba un gran dolor de cabeza.

Decidieron dividirse entre quienes ordenaban y quienes seguían instrucciones.  A consecuencia de lo anterior, los cabezas grandes desarrollaron pies y manos pequeñas, y bocas grandes para imponer sus grandes ideas. No querían compartir por igual. Los pies grandes usaban sus pies para ir y venir de los trabajos que los cabezas grandes habían inventado, y las manos grandes, para cargarle las cajas de sombreros enormes que requerían los cabezones. Los manos grandes, por su parte, evolucionaron un corazón con el que sentían amor y temor y tristeza y toda suerte de sentimientos que cargaban en su pecho.  A los cabezones, bocones, de manos y pies pequeños se les empequeñecieron las orejas y no escuchaban a los de enormes corazones, de manos y pies grandes.
Rara vez se dieron la mano.

Hablaron de justicia y de injusticia; de «yo me gano mi vida con mis manos y mis pies y mi gran corazón, y tengo ojos para ver las grandes distancias que nos separan y que yo tengo que caminar». A lo cual los bocones, cabezones, de pies y manos pequeñas (que ya habían dejado de ver porque con ellas se tapaban los oídos) contestaban que ellos se ganaban la vida quemándose sus pestañas.
Por motivos de brevedad, y porque como el tiempo es oro y no tenemos mucho de ninguno, recordemos aquí a quienes han pertenecido las cabezas que cayeron (algunas por su propio peso) que a lo largo de la historia han rodado y siguen por ahí dándole vuelta a algunos malos pensamientos.

Epílogo
Al final, sólo se salvaron quienes tenían la cabeza en las nubes, las manos generosas, los pies en la tierra y el corazón en su sitio.

 

El poema del búho

Silencio

gira su cabeza el búho

vuelan sus ojos
redondos como su trino
adonde el sonido nace
adonde el sonido morirá

depredador
saborea su presa de antemano

su vuelo es silencioso

mientras tú recuerdas
las magdalenas de proust
el búho desgarra la noche
picotea migajas
consumió los huevos indispensables
mencionados en las recetas
que pasan de mano en mano
de boca en boca

como los libros censurados
hacen nido en la fogata

 

De Un silencio incómodo (en proceso)

 

En deterioro acelerado la biblioteca Lázaro del recinto de Río Piedras

Biblioteca Lazaro

 

Especial para CLARIDAD

 

Entre la burocratización de los recursos, la austeridad creciente y los cambios demográficos en la comunidad estudiantil, las estructuras de la institución sufren de un deterioro.

 En los conductos del aire acondicionado de la Biblioteca José M. Lázaro, uno de los centros más acaudalados en información de Puerto Rico, el polvo filtrado está disperso por los plafones con huellas de por donde sopla el abanico. Por los pasillos de todo el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR), consignas de protesta como “Muerte a Netanyahu”, “Palestina y Puerto Rico serán libres” pintan paredes que, con un vistazo, evidencian un deterioro progresivo. A 120 años de su fundación, y a dos semanas de que termine el año académico, el descuido y las obras a mitad se propagan por el primer centro docente del país.

“Tú puedes ir, no te lo tengo ni que decir, puedes ir por ahí, ver espacios y preguntarte ‘Adiós, ¿pero y este espacio?, ¿Por qué está así?’ Y está así hace años. Ese es el caso de lo que se llama la Sala de Diversidad Funcional”, reveló la directora de la Sala de Colección y Referencias de la Biblioteca Lázaro, Sylvia Solá Fernández.

El espacio al que alude Solá Fernández, un centro de información desmantelado para una remoción de asbestos, tiene guindalejos de metal, cableado regado y la mayoría de sus losas arrancadas para el mantenimiento del espacio. “Entonces, después no tienen chavos para poner los pisos”, añadió Solá respecto a la sala, que lleva aproximadamente siete años clausurada.

De acuerdo con la docente, que lleva más de 20 años en Colección y Referencias, se trata de un problema de “priorización” en tiempos precarios. Por ejemplo, el tercer piso de la biblioteca, que albergó a la Escuela Graduada de Ciencias y Tecnologías de la Información (EGCTI), quedó desocupado cuando la EGCTI se fusionó con la Escuela de Comunicación Pública (COPU) en la nueva Facultad de Comunicación e Información.

“Ese espacio que quedó ahí y nosotros miramos con ojos golositos como que lo íbamos a recuperar, de pronto, la gente de DECODE (Departamento de Consejería para el Desarrollo Estudiantil) tenía, también, una situación insostenible en el edificio donde estaban, y se los habilitaron, entre comillas. Porque si les preguntas, también te hablarán de las coladeras y la humedad”, explicó Solá Fernández

El descuido está proliferado por los techos sin tablas de plafón, donde, en ocasiones, el agua cae como “río de agua viva”. La dejadez, huérfana de quien la corrija, tiene el taller de encuadernación y otras secciones del histórico edificio, construido en 1953, en aparente relego. Según Solá Fernández, la administración del recinto achaca el asunto, que lleva fraguando desde hace más de una década, a la situación presupuestaria de la universidad.

En 2013, el Comité de Salud y Seguridad Ocupacional del Edificio José M. Lázaro y del Sistema de Bibliotecas de la UPR catalogó al edificio como enfermo. La falta de control en la temperatura, que causa humedad y otros problemas de la planta física, data de hace más de diez años. De hecho, en algunas partes de la biblioteca universitaria hay pinturas enormes acomodadas en las esquinas, cuyos dueños no han reclamado en años.

“Ya no deben valer nada, o por el deterioro o porque no son originales”, bromeó Solá Fernández, quien recalcó que estas condiciones no son únicas del edificio Lázaro.

“[Si vas] a cualquiera de los otros edificios, todos vamos a estar quejosos. La verdad es que es cierto: ¿quién determina las prioridades? Yo sé que no somos nosotros. Nos hemos sentido un poco desatendidos”, aseveró la directora de la sala.

Además, la también senadora académica del recinto de Río Piedras reveló, a CLARIDAD, que no se asignan fondos para materiales, dada la situación presupuestaria. Por eso, Solá tiene que “mendigar” para adquirir el tóner de las impresoras.

Acomodos de necesidad

 Como parte de una serie de cambios propuestos, el recinto busca habilitar mobiliarios y salones de sonido en áreas de la biblioteca para que el estudiantado descanse, cargue sus dispositivos y estudie con sus propios materiales. De acuerdo con Solá, las 50 computadoras de la Lázaro —acomodadas antes de la pandemia— no son recursos de uso y costumbre entre el estudiantado pospandémico.

Fotos por: Adrián Rodríguez Alicea

“Hace diez años, estábamos muy emocionados por el centro de cómputos. Aquí venían muchos estudiantes con la necesidad de conseguir una conexión estable de Internet; desktops, no laptops. Esas computadoras tenían mucho uso […] pero después de la pandemia se asignaron tantas laptops, que tuvo un impacto casi inmediato en el uso de las computadora”, destacó la profesora Solá, quien afirma que ahora es más común ver estudiantes buscar conexión de Internet en lugar de un dispositivo.

Un problema importante que enfrenta la institución, de acuerdo con la profesora y directora de Colección y Referencias, es el vaivén de la energía eléctrica, tan necesaria para la preservación de los textos y recursos del edificio histórico.

A eso se añade el problema de la fumigación. “Hay que tener unas partidas de presupuesto asignadas para que, en momentos de emergencia, tengamos inmediatamente unos dineros para hacer asperjaciones”, dice Solá. Cada semestre, se aspira a que se realicen dos de estos rociamientos, contó Solá a CLARIDAD. En las postrimerías del año académico, la única que se ha hecho fue después del apagón de abril pasado.

La biblioteca ofrece servicios de lunes a jueves, hasta la medianoche. Según aprecia Solá, el estudiantado comienza a irse “a eso de las 8 de la noche”. Durante las noches, cuando la docencia, muchas veces, debe cobrar doble y no puede “mirar ni moscas”, Solá menciona la llegada, cada día, de varios deambulantes a las instalaciones. “No podemos negarles el servicio. La estructura invita a que entren y usen los baños, las fuentes”, destaca.

Cambio de mando en la presidencia del CGE

 El pasado 15 de abril, el expresidente del Consejo General de Estudiantes (CGE) del recinto, Miguel Marín Fuster, renunció al mando del cuerpo estudiantil. En una carta oficial, que divulgó el mismo día, sostuvo que la representación estudiantil enfrenta una situación que le “amenaza con desvanecerse poco a poco en la penumbra del olvido y la inacción”.

Marín Fuster también denunció que los cuerpos estudiantiles son “escenarios de luchas egoístas y desprovistas de propósito”. Aquí el enlace a Pulso Estudiantil, medio universitario que cubrió la renuncia: Renuncia presidente del Consejo General de Estudiantes de la UPR en Río Piedras (pulsoestudiantil.com).

Actualmente, Fabiola del Valle Marrero, quien ofreció entrevista a este medio tras el período de finales, ocupa la presidencia interina del CGE. A nivel docente, estudiantil y físico, y a diez días para el famoso “cierre del registrador”, el Recinto de Río Piedras hace, de tripas, descorazonados esfuerzos.

 

 

 

 

La vanguardia estudiantil otra vez

 

 

CLARIDAD

Los estudiantes universitarios estadounidenses, enfrentando la policía y arriesgando sus estudios, y sin amilanarse ante la acusación chantajista de “antisemitismo”, están impactando la política de su país mientras dramatizan los crímenes de Israel contra el pueblo palestino. Cuando empezaron los campamentos en los campus, el sello de antisemita ante toda protesta ya sonaba cacofónico, pero todavía lograba intimidar a mucha gente. Después de la rebelión estudiantil, que nunca se dejó acorralar ante el eslogan, el chantaje perdió toda efectividad.

Tan pronto se montó el campamento de protesta en la Universidad de Columbia, en el corazón de la ciudad de Nueva York, el propio presidente Joe Biden levantó de inmediato la bandera del antisemitismo. El término que se incluyó en la declaración que su portavoz de prensa difundió fue todavía más tendencioso: “antisemitic smear”. Desde Israel el primer ministro Benjamín Netanyahu lanzaba similares acusaciones y la estrategia oficialista fracasó.

Ambos esperaban que la imputación resonara en las protestas y, al menos, redujera el apoyo a los estudiantes que iniciaron el campamento. Sin el apoyo de la masa estudiantil y del entorno comunitario neoyorquino la protesta se hubiese reducido al activismo de unos pocos, fácilmente controlable por las autoridades universitarias, sin que el aparato represivo del estado o de la ciudad tuviera que intervenir. Pero ante la firmeza estudiantil la protesta creció.

Después de lo que el pueblo judío sufrió en Europa en las primeras cuatro décadas del siglo XX, particularmente entre 1933 y 1945, la acusación de “antisemitismo” adquirió un enorme poder. Fue precisamente el odio racial y étnico lo que alimentó el nazismo y las poblaciones judías de todo el viejo continente cargaron con las peores consecuencias. El Holocausto fue tan real y brutal que, a pesar de que han trascurrido más de ocho décadas de aquella terrible experiencia, todavía se perciben sus efectos en las ciudades que más los sufrieron. Recientemente, visitando Berlín, vi y sentí por distintas partes de la ciudad onerosos recuerdos de aquel periodo.

Sin embargo, a partir de 1948 ha sido otro pueblo, el que había vivido durante milenios en Palestina, el que ha estado sufriendo un nuevo holocausto, producto también del afán de conquista, la limpieza étnica y el odio racial. Todo comenzó cuando en ese año los nuevos dueños del mundo tras la Segunda Gran Guerra, particularmente Estados Unidos y Gran Bretaña, decidieron crear el estado de Israel en la tierra de los palestinos. Resumir lo que ha pasado desde entonces no es el propósito de este artículo. Basta decir que, desde su forzada creación en 1948, Israel ha ido expandiéndose hacia lo que quedaba de Palestina, arrinconando y diezmando a su pueblo.

Pero si lo sucedido a los palestinos desde 1948 ha sido terrible, lo que ha estado ocurriendo desde el pasado mes de octubre ha llegado a niveles que superan lo imaginable. Ese mes se produjo un ataque del grupo islamista Hamás contra algunas comunidades de Israel. A partir de ese instante el gobierno israelí se creyó autorizado, no ha perseguir y atacar a Hamás, sino a arrasar toda la franja de Gaza, demoliendo estructuras e infraestructura y matando a su gente. Desde octubre el mundo observa impávido la destrucción de ciudades y el asesinato de sus habitantes por parte del ejército de Israel, armado y financiado por Estados Unidos y la Unión Europea.

A pesar de la evidente barbarie, trasmitida en directo en muchas ocasiones, ni Estados Unidos ni la UE han realizado un esfuerzo mínimo por contener al carnicero Netanyahu. Con ese apoyo incondicional de sus potencias amigas, la protesta de muchos gobiernos y de los movimientos que llenan las calles de muchos países, particularmente de Europa, no han hecho mella en la campaña genocida de Israel. En Estados Unidos se veían algunas protestas en la calle, pero toda la estructura de poder permanecía unida en apoyo acrítico a Netanyahu. Cuando aparecía alguna voz disonante la acusación de “antisemitismo” la silenciaba.

La rebelión estudiantil en apoyo a Palestina, como ocurrió en el pasado siglo durante la guerra contra Vietnam, está cambiando el panorama. Que el movimiento naciera en Columbia tiene mucha importancia porque se trata de una universidad emblemática, de la elite, parte de la llamada “Ivy League¨, vinculada a los grandes grupos empresariales donde los inversionistas judíos dominan. Esa condición hizo la protesta más llamativa. Desde allí la mecha se ha extendido por otras universidades del mismo grupo, como Yale y Harvard, y por todo el país.

Una vez el grito de antisemitismo dejó de tener efecto y la rebelión se extendió, el problema político para Biden y todo el entramado Demócrata se tornó evidente, por tratarse de un año electoral y por su debilidad ante el candidato Republicano Donald Trump. Sólo si logran una movilización masiva del voto juvenil y de los sectores progresistas tienen alguna posibilidad de victoria. Si la indignación ante el genocidio que se comete en Gaza con la colaboración entusiasta de Biden, margina a esos sectores, sus probabilidades de reelección desaparecen.

Las últimas noticias indican que Israel por primera vez está considerando aceptar un alto al fuego, pero mientras escribo no hay ninguna confirmación de ese hecho y con el carnicero Netanyahu al mando resulta difícil esperar buenas noticias. No hay duda, sin embargo, de que la jefatura estadounidense está vacilando gracias a la solidaridad hermosa de los estudiantes que, sin dejarse chantajear siguen luchando.