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Vieques: La imagen de un pueblo en pie de lucha

Desobedientes en Vieques. Foto Archivo CLARIDAD

 

CLARIDAD

 

Claridad publicó este escrito poco después de cuando pudimos reaccionar a lo que había sucedido en Vieques. Este año se conmemora los 20 años de la salida de la marina y tres años de la violencia perpetrada contra el pueblo que se unió para terminar con la violación de nuestros derechos humanos y comenzar con otras estrategias y confrontaciones que pondría fin a 40 años de ocupación y bombardeo.   

Roberto Rabin Foto Alina Luciano

Despertar en la madrugada para ser testigo de las imágenes de un pueblo asediado y violentado fue el comienzo del día 4 de mayo de 2000. Periodistas y camarógrafos de todos los canales locales, pero especialmente TeleOnce, nos presentaban a viejos, jóvenes, mujeres, hombres, religiosos con su vestimenta, figuras de la estatura de Lolita Lebrón, legisladores como Velda González, Vizcarrondo, Faz Alzamora, el alcalde de Carolina José Aponte, luchadores de toda una vida como Luisa Guadalupe, individuos que han crecido con el tiempo, madurado con la experiencia y desarrollado tenacidad y paciencia ante el atropello como Roberto Rabín, todos con ojos soñolientos y con la tranquilidad del que sabe que defiende la verdad, la paz y la justicia.

El despertar se produjo frente a la entrada del campamento militar García, por más de un año espacio rescatado por la comunidad viequense, renombrado como la Plaza de Justicia y Paz y convertido en un lugar de encuentro, de fraternización, de juego y tertulia. La entrada de la fuerza de choque, mujeres y hombres con vestimenta de agresión, el bloqueo de todos los caminos conducentes a Camp García, la salida/entrada de militares con vestimenta de combate para anunciar con megáfono que los que habían transformado un espacio de guerra en una esperanza para la paz, eran unos transgresores que por más de un año habían estado violando la ley, y que tenían que abandonar los predios inmediatamente o serían removidos a la fuerza, introdujeron el elemento disidente en este espacio.

Hubo mediadores con los militares que instaron a los pacifistas a irse del lugar sin más consecuencias. Vimos cómo una agente intentaba con mucha calma convencerlos de la conveniencia de escoger esta alternativa. Pero lo que nunca entendieron los militares, los mediadores y especialmente la policía de Puerto Rico, es que esta decisión no se tomó el día anterior, ni siquiera el año pasado después de la muerte de David Sanes Rodríguez. Este pueblo ha resistido silenciosamente, y a veces airadamente, el desalojo de sus tierras y la migración de sus familias desde hace cuarenta años. Por eso tener la oportunidad de rescatar por más de un año parte de esas tierras que le fueron arrebatadas en el pasado, transformar ese suelo en espacio de paz y tranquilidad, comenzar así la recuperación de lo perdido, fue un proceso de fortalecimiento que los llevó a resistir amenazas, daño físico, traiciones de políticos, y cualquier miedo a enfrentarse a las fuerzas armadas estadounidenses.

Respondieron a las palabras claras y precisas de los militares–están violando el acuerdo que el Presidente Clinton y su gobernador Pedro Rosselló firmaron–con rezos y cánticos, con abrazos y lágrimas entre ellos. Y así, rodeados por armas y vestimenta de violencia, desfilaron esposados hacia los camiones dentro de Camp García para ser transportados en barcazas a la otra base militar, ese otro espacio invadido, Roosevelt Roads en Ceiba. Pero no estaban solos. Al cruzar la carretera y la muralla formada por la fuerza de choques y los carros de la policía de Puerto Rico, familiares, compañeros de la lucha, amigos y conocidos los saludaban para darles fuerza a resistir este atropello.

Pero la violencia no cesaba ahí. De inmediato comenzaron a destruir todo lo que por un año sirvió para dar la bienvenida a todos los que transitaban por este lugar, todo lo que constituía ir a la vigilia los sábados en la noche, todas las facilidades-construidas con materiales donados por personas anónimas de la comunidad-que sirvieron para cobijar y alimentar a las miles de personas que pernoctaron, pasaron horas o minutos dando testimonio y defendiendo la transformación de unos portones que significan muerte a un mar de cintas que simbolizan la paz. Y para asegurarse de no volver a perder un espacio que reclaman como suyo, construyeron una barricada con tubos y alambre de púa para luego edificar una verja que sólo los militares controlen, y que esa población ni se le ocurra acercarse nuevamente a una instalación militar.

Estas fueron las imágenes captadas por la televisión ese 4 de mayo en la mañana. Mientras tanto se daba el otro operativo, el más peligroso por la cantidad de personas, la amplitud del terreno, el difícil acceso, y las manifestaciones de todos los ocupantes de no abandonar el espacio rescatado voluntariamente. Aquí no habría fuerza de choque, sólo militares, agentes del F.B.I. y U.S. marshalls. Todo el despliegue de las fuerzas del «orden» de los Estados Unidos. Pero no se nos permitió ver estas imágenes en vivo. Lo primero que hicieron las fuerzas represivas al llegar a la Yayí fue tumbarle la señal a todos los canales haciendo su labor de cubrir la noticia más importante en Puerto Rico y los Estados Unidos prácticamente imposible. Escuchábamos los intentos de los periodistas, que por días habían estado viviendo en los campamentos, de por lo menos describir las imágenes que no podían salir al aire. Pero aún eso les fue intermitentemente imposibilitado. Tuvimos que esperar hasta después que ocurrió el desalojo, para ver cómo líderes religiosos-sacerdotes, ministros, monjas, seminaristas-, y ocupantes de todos los campamentos de desobediencia civil eran alineados, rebuscados sus pertenencias y transportados en camiones hacia un destino desconocido en ese momento. Bajo los estatutos democráticos de los Estados Unidos, la prensa tiene la libertad de cubrir cualquier noticia-excepto cuando las fuerzas armadas deciden que su «seguridad nacional» está en peligro. Entonces la censura y la represión son admisibles.

Y aunque no había imágenes en Yayí ni en Monte David, Cyd Marie Fleming de TeleOnce nos transmitió la voz via celular de Tito Kayak. Escuchar a este joven tan valiente, que nunca ha dudado de poner su cuerpo sobre la línea para defender su posición vertical sobre la defensa del ambiente, fue una experiencia tan emotiva que ninguna imagen visual pudiera captarla. Su voz firme explicándole al marshall por qué estaba allí, por qué no podía moverse del lugar, y su actitud tranquila al no saber cuán violenta pudiera ser su remoción, fue un testimonio único ese día 4 de mayo que nunca este pueblo podrá borrar de su memoria.

Por qué el Sixto Escobar

 

Primera parte

Puerto Rico siente orgullo por todo el acontecer deportivo que tuvo lugar en el parque Sixto Escobar. En estas instalaciones quedó demostrado que tenemos lo que hace falta para alcanzar las más altas conquistas individuales. Este es un conocimiento importante que aporta ingredientes de confianza y orgullo al carácter nacional. Y ello es necesario para poder marchar como pueblo”. Jaime Córdova

Los deportes

El parque Sixto Escobar se inauguró en 1932. En él han ocurrido acontecimientos deportivos y políticos que forman parte de nuestra historia. Su nombre original fue Parque El Escambrón.

El beisbol fue introducido en Puerto Rico en 1896 por un cubano llamado Braulio Sánchez. En 1932 se inaugural el parque El Escambrón y su contrucción acelera el desarrollo de ese deporte. La primera actividad que se celebra allí es un juego entre Camden y los White Stars, equipo que contaba con un lanzador de 17 años llamado Hiram Bithorn.

En la década de los 30 jugaron en El Escambrón Satchel Paige, Joshua Gibson, Leon Day, Buck Leonard, Raymon Brown, Martín Dihigo, los hermanos Fernández y Tetelo Vargas. A esta época se le conoció como la época de las temporadas extranjeras. La presencia de esas estrellas, en especial de las Ligas Negras, acrecentó el entusiasmo por el beisbol y contribuyó al desarrollo de peloteros puertorriqueños.

Ya en 1933 en El Escambrón se celebraban competencias escolares de pista y campo que popularizaron ese deporte y sirvieron de antesala a los Juegos Centroamericanos de El Salvador en 1935.De 31 atletas que envió Puerto Rico, 15 obtuvieron medallas. Nuestros primeros medallistas de oro del deporte internacional fueron Fernando Torres Collac en pesa, Ebert Sabater en pértiga y Juan Luyanda en salto a lo alto. El recibimiento del pueblo a los atletas fue tan entusiasta que comenzó en el muelle de San Juan y terminó en el parque El Escambrón. En todo el trayecto, el velocista Frank Cepero cargó la bandera a pesar de que estaba prohibido. Blanton Winship era el gobernador de Puerto Rico.

En adelante, hasta el 1940, la pista del Escambrón fue el escenario principal del atletismo puertorriqueño. En ella se destacaron Filiberto Kelly Correa, Lalo Villodas, Eugenio Guerra, Muñeco Quiñones y Rubén Malavé.

En 1938 se instala el primer tablero de baloncesto en El Escambrón. Fue en 1940 cuando nuestro torneo de Baloncesto Superior primero utilizó un tablero. Entonces se jugaba al aire libre. A partir de entonces comienzan las series internacionales y, posteriormente, los torneos de Baloncesto Superior. Se llegaron a celebrar dos series contra Long Island y una contra Cuba. Algunas de las figuras de aquella época que se destacaron fueron Fico López (padre), Víctor Mario Pérez, Arquelio Torres, Juan Elías y Pepo Talavera.

En el parque El Escambrón también se celebraron más de 160 carteleras de boxeo profesional. Allí, en 1936, Sixto Escobar le ganó por nocaut a Al Gilette. En 1937 derrotó por decisión en 15 asaltos a Lou Siaca, siendo Jack Dempsey el árbitro. En 1938, Escobar recupera en El Escambrón la corona que antes había perdido frente a Harry Jaffra en Nueva York. Es a partir de ese triunfo que los cronistas deportivos y el pueblo comenzaron a llamarle Parque Sixto Escobar a las instalaciones del Escambrón.

En noviembre de 1938 comienza el beisbol profesional en el ahora Parque Sixto Escobar. Los primeros campeones fueron Los Brujos de Guayama, con un equipo que contaba con Perucho Cepeda, Cefo Conde, Tetelo Vargas, Radamés López y Alejandro Oms.

El beisbol AA inicia en 1940. Ese deporte se afianza como el más popular y con ello incrementa la participación internacional de Puerto Rico. Competimos contra Cuba, Venezuela, Colombia y Estados Unidos. Algunos de los jugadores destacados fueron Weico Becerril, Mapepe Kuilan, Alfonso Gerad y Monín Cabañas.

En 1945 Hiram Bithorn y Luis Olmo juega en el mismo equipo, siendo la primera vez que un equipo de la zona metropolitana conquista el campeonato.

Ya para 1940 Sixto Escobar se había retirado del boxeo profesional. Sin embargo, en su campo aparecieron nuevas atracciones como José Basora, quien se enfrentó a Jake La Motta y a Ray Robinson.

En boxeo aficionado surgieron los Guantes Dorados, una empresa estadounidense a la que se asoció el periódico El Mundo. Francisco Colón García y Juan Evangelista Venegas fueron campeones Guantes Dorados en dos finales celebradas en Nueva York. Posteriormente, Juan Evangelista ganó medalla de bronce en las Olimpiadas Mundiales de Londres de 1948, mientras que Francisco Colón García se dedicó al profesionalismo. En 1947, Francisco Colón se enfrentó a Diego Sosa, quien figuraba entre los primeros 10 del mundo, y perdió. Pero en el 48 ganó  la revancha a Sousa por decisión. Ambas peleas se escenificaron en el Sixto Escobar.

En 1948 se instala alumbrado eléctrico en el Parque Sixto Escobar y comienza el beisbol nocturno. Ese año la asistencia total a los juegos fue de 711,638. En febrero, los Yankees jugaron allí 5 partidos: dos contra las Estrellas Nativas y tres juegos sencillos contra San Juan, Caguas y Ponce. Su pelotero más popular fue Phill Rizzutto .Aunque Joe Di Maggio acompañó al equipo, no pudo jugarpor una lesión.  Otro que vino a jugar al Sixto Escobar, con los Dodgers de Brooklyn, fue Jackie Robinson

En 1949, los equipos de baloncesto superior aprovecharonla instalación del alumbrado y se mudaron al Sixto Escobar. La asistencia a los juegos, en especial de las mujeres, se multiplicó y surgieron nuevas estrellas: Raúl Feliciano, Fufi Santori, Johnny Baéz, Lulo González, Rafael Valle, Norberto Cruz, Pachín Vicéns y Dicky Cruz. Hasta el 1962 esa fue la cancha más importante del baloncesto puertorriqueño.

A su vez, Puerto Rico se convierte en una importante plaza de baloncesto. Nos visitan los Globetrotters,la Universidad de Kentucky, y por primera vez se celebra una serie contra Brasil, que  también es transmitida por primera por televisión.

Fue en el Parque Sixto Escobar donde en 1950 se celebró la primera Justa Intercolegial de Puerto Rico. De allí surgieron representantes del atletismo mundial, como Iván Rodríguez y Pochi Oliver. Las Justas continuaron celebrándose por 43 años en ese recinto, hasta que en 1993 fueron trasladadas a Ponce.

Tomado de Parque Sixto Escobar, fragua de ovaciones.

 

 

 

 

 

 

Un elogio de Trump a Bolsanaro

 

Por Eric Nepomuceno

Algo rarísimo ocurrió por esos días: una voz importante elogió, aunque sin nombrarlo, al desequilibrado ultraderechista Jair Bolsonaro, presidente de Brasil entre 2019 y 2022. Esta vez no se trató de un seguidor o aliado político, sino de Donald Trump, ex mandatario de Estados Unidos.

En un reportaje transmitido por la CNN, Trump elogió la política armamentista de Bolsonaro. Olvidó mencionar, desde luego, que el incentivo a las armas hizo aumentar sensiblemente el número de crímenes en Brasil, y que muchísimos fusiles adquiridos legalmente fueron desviados a pandillas del narcotráfico. Al revés: mintió al decir que la criminalidad había bajado.

Mientras duró la presidencia del ultraderechista, el número de armas adquiridas por la población se multiplicó por casi cinco. Habrá sido, en todo caso, el único motivo de alegría para Jair Bolsonaro. Porque todo lo demás indica de manera palpable que se aprieta el cerco, no solo sobre él, sino también sobre Carlos, uno de sus hijos y el más desequilibrado de todos. Es concejal en Río de Janeiro y pasa la mayor parte del tiempo en Brasilia, a más de mil kilómetros.

La semana pasada Bolsonaro vio cómo el teniente-coronel del Ejército, Mauro Cid, su ayudante de órdenes en la presidencia e íntimo amigo, fue detenido por fraguar el certificado de vacunación de su mujer, sus hijas y el mismo ex mandatario y su hija de doce años. Otros asesores directos suyos también fueron llevados a la cárcel. Como consecuencia, la casa de Bolsonaro fue allanada, su celular aprehendido y logró salvar el pasaporte porque estaba en otra dirección. Es difícil creer que el ex presidente no estuviese al tanto de que Mauro Cid hubiese falsificado su certificado de vacunación y el de su hija para ingresar y permanecer en EE.UU., donde se refugió tras la derrota electoral.

La Policía Federal investigó al militar detenido y encontró transferencias que, sumadas, alcanzan al menos 90 mil dólares, realizadas a nombre de una de las amigas más cercanas de Michelle, esposa de Bolsonaro. No es la primera vez que depósitos misteriosos son direccionados hacia la ex primera dama o a su amiga.

El ultraderechista ya suma 16 acusaciones en el Supremo Tribunal Federal y en el Tribunal Superior Electoral. Ahora tiene otra más. Para martes está previsto que el ultraderechista comparezca ante la Policía Federal para ser interrogado sobre el falso certificado. A esta altura, hasta su agrupación política, el Partido Liberal, considera que Bolsonaro será condenado por el Tribunal Superior Electoral y declarado imposibilitado de participar en elecciones por los próximos seis años.

Con uno de sus más íntimos colaboradores preso -el ex ministro de Justicia Anderson Torres pasó cuatro meses en la cárcel y fue liberado el pasado jueves con severas restricciones y uso de tobillera- y con muchos amigos más en la misma situación, crece el temor de que alguno recurra a la “delación premiada”.

Tal figura jurídica permite que alguien detenido cuente lo que sabe a cambio de una reducción de la eventual condena o, según el caso, liberación. Si alguien cuenta la mitad de lo que sabe de Bolsonaro, éste estará liquidado. Y aunque nadie abra la boca, su destino será gris. De nada valdrán elogios de Donald Trump. Ni de nadie.

Reproducido de www.pagina12.com.ar 

 

 

Otros Betances: intersecciones y fronteras

 

 

Fronteras

En su libro El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (1949) Fernand Braudel llamaba la atención sobre la relevancia de la “fronteras culturales”1. Aquel no era un concepto vacío o divorciado de la materialidad. Braudel, un escritor excepcional y un maestro de la interpretación socioeconómica, las figuraba como un lugar con ramificaciones geoambientales, registro sobre el cual apoyó muchas de sus indagaciones, que fijaban los límites entre dos espacios precisos. En su libro evaluaba la función de ciertas “fronteras físicas” en la edificación de las “fronteras culturales”. El proceso era complejo: elementos de la materialidad y la inmaterialidad se combinaban en la arquitectura de esos confines imaginados y ambiguos. Aquellos eran lugares de cruzamiento y mestizaje cuyo resultado siempre era problémico, celebrado por unos y condenado por otros. Ocasionalmente las calificó con el adjetivo de “cicatrices”.

 

En su modelo Braudel marcaba el papel de los ríos Rin y Danubio como linderos entre dos Europas distintas por la voluntad de la discursividad histórica de una de aquellas: Europa Occidental y Oriental. A las distinciones en cuanto al lugar que ocupaban cada una de las Europas en relación con el amanecer y el ocaso, se agregaban otras que diversificaban el contraste y la oposición entre el “yo” y el “otro”. La “mismidad” y la “otredad” son lugares cargados de equívocos, siempre relativos a la situación del que mira y enjuicia. Las “fronteras culturales” precisaban la posición entre “nosotros” y “ellos” a la vez que saciaban ciertas necesidades espirituales y simbólicas a la hora de la definición de una identidad colectiva egoísta.

Las discrepancias de los mundos marcados por el Rin y el Danubio provenían de la Antigüedad, habían sido sugeridas por la retórica de Heródoto mismo, y se reafirmaron a partir de los Descubrimientos Geográficos y la Reforma Evangélica. Después del 1949, cuando Braudel escribía, adoptarían tesituras ideológicas vinculadas a dos modelos económico-sociales opuestos. Lo cierto es que Occidente y Oriente siempre han sido concepto transeúntes, tornadizos y frágiles: si en la Edad Media se distinguían por una peculiar formulación del cristianismo (heterodoxos y ortodoxos), durante la Guerra Fría chocaron a la luz de su organización material (capitalistas y socialistas).

Todo sugiere que aquellas fronteras, lindes o límites nunca fueron impermeables. El historiador cultural Peter Burke ha sido insistente en cuanto al asunto de que el hibridismo horizontal y vertical siempre ha sido ineludible.2 La evitación del impacto del “otro” en el “yo” y la protección de la castidad es una quimera. A pesar de la voluntad puritana y maniquea que ha animado a numerosos observadores en la evaluación de los contrastes que se hacen visibles en las fronteras, la penetración de los valores y prácticas de uno en otro, voluntaria o impuesta, deseada o rechazada, siempre ha sido significativa y, en cierto modo, enriquecedora para los involucrados. La absorción total de una parte por la otra, así como la subsistencia pura y prístina de aquellas es una utopía. La dinámica de las culturas lo impide.

El hecho de que el algún momento ciertos elementos de las partes motejaran el cruzamiento como una patología maligna o un contagio del “yo”, no desmiente la afirmación. Las oposiciones imaginadas, antinómicas para algunos, nunca imposibilitaron el hibridismo. Los historiadores culturales aceptan que las “fronteras culturales” son lugares de encuentro o “zonas de contacto” ideales para la elaboración de prácticas “híbridas” de todo tipo. El hecho de la inevitabilidad del mestizaje no lo hace democrático. Algunos rasgos integrados son resultado de la “libre selección” mientras otros son impuestos de manera jerárquica y adoptados a regañadientes. Con eso en mente quiero mirar brevemente el lugar las fronteras en el imaginario de Ramón E. Betances Alacán (1827-1898).

Otras fronteras: 1898, España, Las Antillas

El 1898 es una de esas “fronteras culturales”, es decir, un punto de “encuentro” entre dos culturas asimétricas materializado a través de una guerra. La confrontación entre el decadente Reino de España y el emergente poder de Estados Unidos no comenzó en el 1898 ni fue una eventualidad inesperada. La historiografía tradicional, geopolítica y socioeconómica del conflicto así lo ha reconocido. El interés hegemónico de Estados Unidos en el Gran Caribe como frontera con el mundo Hispanoamericano, debía mucho a la Doctrina de James Monroe (1823) y a la consolidación de las independencias políticas de las Repúblicas del Sur entre 1829 y 1833. Según he aclarado en un escrito en torno a la figura de Antonio Valero de Bernabé (1790- 1864), los intereses estadounidenses y británicos tuvieron mucho que ver con el olvido del “compromiso bolivariano” con la separación de las Antillas.3 El realismo político de aquellas limitó el respaldo a la soberanía de las Antillas españolas.

Un elemento que pospuso la materialización del control de Estados Unidos fue el reto de la expansión hacia el oeste, un proceso iniciado con la compra de Lousiana en 1803 y que culminó con la cesión mexicana de 1848 y la adquisición de La Mesilla en 1853. Con ello se combinaron las exigencias de una nueva fase de su revolución industrial iniciada tras la Guerra Civil (1861-1865) cuando la urbanización y el crecimiento del sector financiero, así como la inmigración, repuntaron. Curiosamente Estados Unidos recibía numerosos inmigrantes procedente de la otra Europa señalada por Braudel, la que estaba más allá del Rin y el Danubio.

A lo largo de todo el siglo 19, desde 1815 hasta 1868, la relación entre el mercado español y el estadounidense a través de Cuba y Puerto Rico, estimuló a ciertos sectores del capital criollo a especular sobre la posibilidad de separarse de España para ponerse bajo la protección o ser plenamente anexados de aquel país. Abonada por las relaciones materiales, había florecido una afinidad ideológica, llana o profunda, entre las elites que pronto desembocaría en la discursividad separatista anexionista. El republicanismo, uno de los proyectos más significativamente modernos del siglo 19, fue clave para la radicalización del anexionismo puertorriqueño. Pero también limitó mucho su alcance en un Puerto Rico en el cual una parte importante de la clase criolla seguía siendo monarquista de buena fe aún después del 1898.

Las partes involucradas en el 1898 no eran desconocidas la una para la otra. La clase criolla y los sectores de poder hispanos y extranjeros conocían a los estadounidenses a través de sus representantes de negocios y cónsules. La gente común comía harina y carnes saladas estadounidenses e, incluso, construían sus casas con maderas procedentes de aquel país. En Puerto Rico la retórica integrista conservadora española, utilizada en sus escritos por Pedro Tomás de Córdova desde 1831, tenía dos rostros. Por una parte, advertía al gobernador Miguel de la Torre cuánto debía cuidarse de ellos. Por otro lado, insistía en que la permanencia de las Antillas en manos españolas era resultado de los logros administrativos de aquél. Al ensalzar el éxito, la eficacia y la promesa de progreso cumplido que la hispanidad representaba para la isla, reconocía en el gobierno de Estados Unidos y sus aliados locales, los separatistas independentistas y anexionistas, un adversario al cual había que temer.4

Lo que compartían aquellos sectores era un anti españolismo radical que tuvo en la retórica de Betances Alacán el ejemplo más obvio. El intelectual de Cabo Rojo no solo desconfiaba de la capacidad de España para estimular un proyecto modernizador justo para Puerto Rico y Cuba sino que también abogaba por la desespañolización de su cultura y sociedad. Al evaluar su actitud muchos comentaristas se equivocaban. El anti españolismo betanciano no significaba que estuviese dispuesto a tolerar el control estadounidense de su país, postura de la cual lo acusaron durante la década de 1860 los conservadores al interior de Puerto Rico para los cuales la Insurrección de Lares había sido un infundio auspiciado por los “americanos”. Aquella representación fue retomada por un segmento de la intelectualidad unionista y republicana a principios del siglo 20 cuando los restos de Betances Alacán fueron traídos de París y homenajeados en 1920.5

No cabe duda de que su convicción separatista independentista no le impedía reconocer que Estados Unidos era una entidad más “progresista”, en el sentido que ello tenía en el siglo 19, que España. Pero por ello, también era potencialmente más peligrosa para los intereses materiales de los antillanos. La desespañolización que proponía no era un callejón sin salida romántico o una consigna vacía. La lectura de sus textos y la revisión de su praxis política sugiere que el proceso de desespañolización era el preámbulo de una (re)occidentalización de la cultura y la sociedad antillana más allá de lo que el decadente Reino de España podía garantizar. Después de todo, España no podía dar lo que no tenía. Pero también quedaba claro que ello no significaba dejarse seducir por Estados Unidos.

Betances Alacán, esta es una lectura plausible, coincidía con el novelista Alejandro Dumas (1824-1895) para quien, como para tantos intelectuales de la Europa Central, “África comenzaba en los Pirineos”. En términos culturales una “España africana”, en un sentido estricto, era una España morisca, arabizada. Su menosprecio a la hispanidad se sostenía, sin embargo, en un severo juicio político-cultural en torno al autoritarismo monárquico acorde con el espíritu de 1789. En la década de 1870 Betances Alacán, un crítico educado, asumía que si se quería “progresar”, Alfonso XII debía ser el Luis XVI de España. Nada más amenazante a pesar de que el tiempo de las guillotinas había pasado. Tácitamente reconocía la existencia de una Europa verdadera y otra falsa y asumía una “frontera cultural” cuya “frontera física” coincidía con el límite oeste del Imperio Carolingio o la vieja Marca Hispánica: los Pirineos que servían de pretexto a Dumas.

El reino que sojuzgaba a las Antillas no era parte de la Europa moderna y, bajo su control, las puertas del “progreso” estarían cerradas para ellas. Por el contrario, España se ajustaba más a la atmósfera social de dos entidades jurídicas retrógradas que ni siquiera eran europeas: el Imperio Ruso y el Turco.6 El europeísmo u occidentalismo del puertorriqueño se alimentaba por igual de un secularismo radical que desconfiaba del poder que poseían el discurso católico, ortodoxo e islámico en el engranaje de aquellos sistemas de gobierno. Las alianzas entre la clerecía y la aristocracia, frenaban el desarrollo de una conciencia ciudadana moderna.

Entre el proyecto modernizador estadounidense y el de la verdadera Europa el cual, a pesar de sus reservas durante la Era del Imperialismo, identificaba con Francia e Inglaterra, Betances Alacán sentía más simpatías por el segundo. Por lo menos eso sugiere su respaldo a un proyecto de inversión de capital de origen británico y francés para el desarrollo de la península de Samaná en oposición a cualquier plan análogo que dejara aquella estratégica región de la vieja Española en manos de inversores estadounidenses.7 El europeísmo u occidentalismo betanciano, una noción clave para su figuración de la confederación antillana, no era otra cosa que un arma contra la intervención de las fuerzas armadas y el capital estadounidenses en las islas.

La inversión de capital en la península de Samaná y la Mole de San Nicolás, había sido objeto de negociación por dos funcionarios anexionistas: el dominicano Buenaventura “El Jabao” Báez (1812-1884), presidente entre 1868 y 1874; y el haitiano Sylvain Salnave (1827-1870), presidente entre 1867 y 1870. En medio de la inflexión del 1868 y cuando aún no había madurado el confederacionismo antillano como un artefacto de la identidad colectiva y una alianza geoestratégica interinsular, aquellos estaban de acuerdo en ofrecer al capital estadounidense privilegios comerciales tanto en Samaná como la Mole de San Nicolás por consideraciones muy prácticas. La inversión de capital redundaría en el “protectorado” de Estados Unidos a las frágiles soberanías, la “media independencia” si reinvierto la retórica betanciana, de ambos países.

La situación era muy embarazosa. Las tensiones de República Dominicana con España, por cuenta del empeño en restaurar una parte de su imperio perdido durante la era del Romanticismo Isabelino; y las de Haití con Francia por razón de la deuda externa de la república con la vieja metrópoli, así como la emergencia de movimientos antigubernamentales liberales en ambos territorios, forzó a aquellos gobiernos a solicitar el socorro interesado de Estados Unidos. Las decisiones de ambos fueron hijas de la necesidad y no de la irracionalidad o afinidad emocional enfermiza con la cultura sajona. Pero así funcionaban las ideologías: las urgencias de seguridad en un momento dado, se reformulaban alrededor de un discurso que acababa por equiparar una alianza desigual con un pacto entre iguales, y la intervención interesada del otro con una forma de la libertad.

Aquellas negociaciones que al fin y al cabo no condujeron a ninguna parte, afectaron los intentos rebeldes de Yara y Lares en 1868. Al recabar apoyo para su causa en República Dominicana y Haití, Betances Alacán tuvo que negociar con la oposición en cada caso: Gregorio Luperón (1839-1897) y Nissage Saget (1810-1880), los cuáles poco podían hacer en nombre del estado nación que los había proscrito. Cuando aquellos ascendieron temporeramente al poder ya era muy tarde para la revolución en Puerto Rico.

Para Betances Alacán, europeísta y occidentalista convencido, las conexiones con el capital europeo constituían una garantía para la libertad que el capital estadounidense no podía asegurar: desconfiaba de la estrecha relación entre el capital y las fuerzas armadas en aquel país. Bueno, si acepto lo que afirman los materialistas históricos, el capitalismo es egoísta independiente de su vinculación nacional pero, después de todo el médico de Cabo Rojo no era materialista histórico. La postura de Betances Alacán, en cierto sentido cándida, sería insostenible en el presente. El pensador asumía que la independencia de las Antillas debía construirse a pesar de la opinión estadounidense, en contra de su grandes intereses hegemónicos y su intención de “absorberlas” económicamente, una de las puntas de lanza de los separatistas independentistas al criticar el anexionismo.8

Las Antillas debían favorecer las ambiciones de los antillanos, sus legítimos dueños. Ello requeriría alcanzar su soberanía por sí mismas con unión, fuerza y libertad, según el modelo discursivo de la “Joven Italia”. Para ello habrían de elaborar alianzas estratégicas fuera de la esfera del dólar y de los intereses militares estadounidenses. Desde la perspectiva cultural, las Antillas debían dejar de ser españolas y, en lo posible desespañolizarse a fin de redimirse de los rasgos retrógrados heredados de su metrópoli histórica. Pero el proceso tendría que asegurar que siguieran siendo europeas con el fin de evitar caer en las redes de la voracidad del capital estadounidense. El respeto a Estados Unidos como signo de progreso que Betances Alacán nunca ocultó, terminaba cuando ponía en riesgo la soberanía futura de las Antillas. Su lógica al tratar la táctica y estrategia de la cuestión antillana demuestra que para este pensador, si uso el lenguaje de Braudel, las Antillas constituían una “frontera cultural” marcada por una “frontera física”: el Mar de las Antillas y la cadena de islas.

Betances Alacán, vale la pena aclararlo, no era un romántico político. Reconocía el fracaso parcial de las soberanías de aquellos países pero rechazaba como solución la anexión neta o el protectorado de Estados Unidos. Los problemas que traía la “media independencia” haitiana y dominicana, podían solucionarse por medio de una racional y bien articulada confederación antillana, según maduró el concepto en el seno de las vanguardias antillanas posteriores al 1868 en medio del Sexenio Democrático español (1868-1874).

La confederación se refinó como teoría con varios fines. Primero, para mantener a Puerto Rico en la carrera por la separación e independencia dado el hecho de que Lares no había tenido los efectos de Yara. Segundo, para aplacar la injerencia estadounidense en las Antillas y el crecimiento del anexionismo o el proteccionismo neocolonial en las huestes separatistas y en las medias independencias. Y tercero, para devaluar las esperanzas de los liberales reformistas y autonomistas de que la relación de Cuba y Puerto Rico con España, dada la actitud de la Primera República, podía repararse.

Su pragmatismo lo distinguía, pero no lo oponía, a las concepciones el sociólogo krausopositivista Eugenio María de Hostos (1839-1903) y del poeta José Julián Martí Pérez (1853-1895). La Confederación de las Antillas debía constituirse como una “frontera política y cultural” eficaz entre el norte y el sur que excluyera la hispanidad por el bien de las islas y del hemisferio. La visión geopolítica betanciana, ausente de ilusiones, era transparente en ese sentido.

La consistencia de Betances Alacán en cuanto a ello fue notable. Entre los años 1882 y 1884 fungió como 1er. Secretario de la Legación Diplomática Dominicana en París ad honorem bajo la presidencia del dictador haitiano Ulises “Lilís” Hereaux (1845-1899). En medio de encargó visitó la República Dominicana en 1883 donde conservaba una rica relación política e ideológica con Monseñor Fernando Arturo de Meriño (1833-1906) y el General Luperón. En aquel contexto adquirió la ciudadanía dominicana y fue considerado incluso para la presidencia de la nación por los “azules”.

Sus gestiones económicas en Europa en nombre de la República Dominicana fueron consistentes con la evaluación que acabo de comentar. El diplomático y representante de negocios, Betances Alacán favoreció la fundación de un Banco de la República o Nacional. La idea chocaba con los intereses de los comerciantes y refaccionistas dominicanos y la “Juntas de Crédito” que controlaban el mercado prestatario en la “media independencia” con prácticas análogas a las que realizaba esa clase en el Puerto Rico colonial español. Un sistema monetario estable serviría para frenar su voracidad y, probablemente, para abaratar el costo del dinero y acelerar la circulación de capital y la inversión sanando el mercado dominicano. Su meta era asegurar la estabilidad monetaria y la autonomía del capital local ante los financistas extranjeros y los refaccionistas locales.

No solo eso. En una movida arriesgada, sugirió la utilización de la Bahía de Samaná para fundar un “puerto franco” y la ciudad comercial de San Lorenzo, que sirvieran de intermediario entre Europa y América a la luz de la futura apertura de un canal interoceánico por Panamá que entonces interesaba al capital francés. Para poblar la zona, además de la movilización de dominicanos, insistió en que se animara la emigración de extranjeros con capital, la fórmula mágica de la Cédula de Gracias de 1815, y se autorizara la creación de una colonia judía, una minoría perseguida en la Europa de su tiempo, en la región. A esos fines, fundó con Fereol Silvie, residente en el 11 de la Avenida de Villiers en París, una compañía que obtuvo una concesión por 99 años para crear el “puerto franco” y la ciudad de San Lorenzo en Samaná. Betances Alacán estaba claro en que sólo una burguesía estable comprometida con la nación y la antillanidad, aliada en condición de iguales con los adversarios del capital comercial y estadounidense, podrían moderar la presencia de aquel poder en las Antillas.

Aquella empresa era por demás interesante. En 1886 terminó el periodo de gracia para Betances y Silvie y el proyecto se canceló. Pero ese es un asunto al cual dedicaré una reflexión en otro momento.

 

1Fernand Braudel (1981) El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (México: Fondo de Cultura Económica): 158-159.

2Peter Burke (2016) Hibridismo cultural (Madrid: Akai) : 64.

3Mario R. Cancel (1990) “El proyecto independentista de Antonio Valero de Bernabé” en Héctor R. Feliciano Ramos, ed. Antonio Valero de Bernabé: Soldado de la libertad. (San Germán: Universidad Interamericana): 113-145.

4Mario R. Cancel Sepúlveda (2011) “Historia oficial: Pedro Tomás de Córdova, Miguel de la Torre y el separatismo (1832)” en Puerto Rico entre siglos URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2011/03/20/historia-oficial-pedro-tomas-de-cordova-miguel-de-la-torre-y-el-separatismo-1822/

5Mario R. Cancel Sepúlveda (2021) “Otros Betances: representaciones de un revolucionario en la prensa de principios del siglo 20” en Puerto Rico entre siglos. URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2021/09/24/otros-betances-representaciones-de-un-revolucionario-en-la-prensa-de-principios-del-siglo-20/

6Ramón E. Betances Alacán (1876) “La culta España” en Haroldo Dilla y Emilio Godínez Sosa (1983) Ramón Emeterio Betances (La Habana: Casa de las Américas): 183-185. Versión digital en URL: https://documentaliablog.wordpress.com/documentalia-ramon-e-betances-alacan/

7Félix Ojeda Reyes (2001) “Betances en los documentos de la Colección Giusti” en El desterrado de París. Biografía del doctor Ramón Emeterio Betances (1827-1898) (San Juan: Puerto): 265-290.

8Todo sugiere que el tema de la “absorción” por el otro, fue objeto de debate entre separatistas independentistas y anexionistas a fines de la década de 1860 y principios de la de 1870, asunto que discutiré en otro momento. Véase “Documento N. 214. Gobierno Superior Civil de la Isla de Puerto Rico. Dirección de Administración. Número 224. Reservado. En A. H. N. Ultramar. Leg. 5110, Exp. 26, Doc. 14. (Mic. en C. I. H.).A. H. N. Ultramar. Leg. 5110, Exp. 26, Doc. 14. (Mic. en C. I. H.)” URL: https://documentaliablog.files.wordpress.com/2018/01/pavia_1868.pdf

 

En Reserva-La UPR del aguante

 

Especial para EN Rojo 

La semana pasada tuvimos una reunión de facultad del área de Artes en un recinto hermoso de la UPR, donde nos explicaban la cruda realidad de la baja estudiantil y los programas (como el mío de Estudios Hispánicos) que estaban en peligro de desaparecer. Fue una reunión muy bien intencionada para motivarnos a cambiar estrategias de reclutamiento y así atraer más estudiantes. Nos motivaban a renovar currículos para atender rezagos y buscar maneras de retener al estudiantado en nuestros programas académicos y en nuestro recinto. Hubo diálogo y algunas propuestas, incluso salimos con algunas actividades en mente durante el verano, para atender la crisis de la baja estudiantil en varios recintos del área.

Salimos con un peso gigante sobre los hombros que se mezclaba con la sobrecarga laboral que tenemos: los tantos comités en los que participamos, todo lo que hay que corregir al final de semestre y la continua preocupación de si tendremos trabajo y retiro al final del camino. Mientras hablaba con otras compañeras sobre lo abrumadoramente frustrante que es la situación que vivimos en la UPR, empezamos a explotar. Estamos llenas de trabajo, preocupaciones y deudas. Ahora se nos pide también mayor creatividad académica, se nos pide asumir tareas adicionales de reclutamiento “de gratis” o “por amor”. Definitivamente sentimos amor por la UPR y tenemos vocación, pero este aguante es demasiado. Nos reímos por no llorar. Nos sentimos menos culpables de coincidir en el análisis. El problema es que seguimos en el aguante, manejando la crisis en lugar de ir directamente a la raíz del problema.

Las acciones no pueden ir dirigidas a ver cómo mejor nos adaptamos para soportar la crisis de la UPR, los esfuerzos deben y tienen que dirigirse a resolver el problema principal. De la misma manera que NO solucionamos el problema de violencia doméstica diciéndole a una mujer que endurezca sus abdominales para que soporte mejor los puños que le da su agresor, NO resolvemos la crisis de la UPR siendo creativos con nuestro quehacer académico para atraer más estudiantes y aguantar los recortes de la JCF. Yo no quiero seguir aguantando esos golpes, quiero detenerlos. Quiero salir de esta relación abusiva e injusta. Y sé que todas las personas en esa reunión estaban tan cansadas del aguante como yo.

La crisis de la UPR es presupuestaria, no es académica. La necesidad de renovar currículos y atemperar la oferta académica al momento histórico es importante. Cualquier universidad respetable tiene que evolucionar sus currículos, investigaciones y estrategias de reclutamiento. Pero eso NO resuelve el problema principal. El problema principal de la UPR es la incapacidad de financiar el quehacer académico, la incapacidad de financiar una experiencia académica saludable para el estudiantado, la incapacidad de proveer condiciones laborales justas para quienes trabajamos en el primer centro docente y de salud del país. Los recortes presupuestarios son golpes de un ente colonial regido por banqueros que no creen en la universidad pública ni en el proyecto de país que es la UPR. No importa cuántos diálogos tengamos para discutir estrategias creativas de reforma académica, no importa cuántos diálogos y acciones propongamos para atraer más estudiantes, si no tenemos presupuesto, no hay manera de sustentar la UPR que queremos y merecemos.

 La merma de estudiantes NO es demográfica del todo, es principalmente económica porque el costo por estudiar en la UPR es muy alto y la Beca Pell no da para estudiar y vivir. Si tenemos una baja demográfica, entonces urge hacer de la UPR un lugar más accesible para el estudiantado. Hemos hecho lo opuesto, hemos encarecido la educación universitaria en un 175% desde el 2017. Hemos eliminado 13 de las 16 exenciones de matrícula, hemos cerrado hospedajes accesibles para el estudiantado que ahora depende de hospedajes privados y el alza en el costo de la gasolina. Los aumentos de matrícula han convertido a nuestro estudiantado en parte de la clase trabajadora, a destiempo. Todo esto por imposición de una Junta de Control Fiscal (JCF) que reiteradamente dice que la UPR es un gasto y no una inversión. Si queremos más estudiantes en la UPR tenemos que bajar el costo de estudio y proveer opciones de vivienda digna y accesible, cosas que se logran con la restitución de la fórmula presupuestaria del 9.6%.

Si queremos mayor renovación y emprendimiento en la UPR, necesitamos presupuesto que provea tiempo y recursos, para que quienes trabajamos en la universidad podamos ejercer nuestra creatividad. Hemos sido demasiado resilientes. Nuestra vocación y amor por la UPR ha hecho que sigamos en el aguante, trabajando demás, que sigamos investigando e innovando, que sigamos dando la milla extra porque en el fondo, queremos una UPR para las futuras generaciones. Pero nuestro esfuerzo se queda en aguantar los recortes. Hemos caído en la trampa de hacer más con menos. Y creo que es hora de decir: ¡BASTA YA!

La universidad está llena de gente capaz, creativa y con mucha vocación. Sin embargo, en los foros universitarios oficiales, no estamos hablando de la crisis presupuestaria para accionar. Hablamos del presupuesto para manejar. Son acercamientos bien diferentes. Uno es de aguante y resignación, el segundo es de lucha y defensa. No importa cuanta creatividad, innovación y esfuerzo pongamos en nuestra cátedra y en nuestros programas académicos, sin presupuesto no se puede funcionar. El agotamiento y la ansiedad que se vive en nuestra UPR no es sostenible. No podemos seguir en este aguante.

Entonces mi pregunta es, ¿para cuándo vamos a dejar el diálogo necesario y puntual para organizar acciones concretas en defensa del presupuesto? ¿para cuándo un frente amplio para cabildear en la legislatura y ante la JCF la restitución de la fórmula? No solamente de los gremios sindicales y estudiantiles, pero de todas las esferas de la UPR desde la Junta de Gobierno, Presidencia, Rectorías, Decanatos y del País en general. Es que debemos estar hablando de acciones directas en reuniones departamentales, de claustro, en las aulas, en asambleas estudiantiles y en todos los espacios universitarios.

El 28 de abril los diferentes gremios sindicales de la UPR, Consejos Generales de Estudiantes y otras organizaciones estudiantiles estuvimos en conferencia de prensa, pidiéndole al Presidente Ferrao, a través de una Carta Abierta, un Frente Amplio en Defensa del Presupuesto de la UPR. Hasta ahora no ha respondido a nuestro reclamo, pero seguiremos insistiendo con la esperanza de que allá en Administración Central también se cansen del aguante.

Cuando la UPR se levanta unida, sus enemigos cogen miedo. Es evidente que la JCF es enemiga de la UPR, del país y de la juventud puertorriqueña. La UPR es un lugar diverso, pero si algo nos une dentro es el entendimiento de que Puerto Rico necesita una UPR fortalecida, accesible y de calidad. Nos une el deseo de una UPR con futuro. Abandonemos de una vez esta cultura del aguante, usemos la creatividad para encontrar estrategias reales para devolverle a la UPR lo que le han quitado. Transformemos ese amor en acciones concertadas en defensa de la Universidad de Puerto Rico.