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Cientos vuelven a marchar en la Habana contra la homofobia y la transfobia

 

Corresponsal de CLARIDAD

 

La Habana, Cuba-Cientos de personas marcharon por las calles de La Habana en la celebración de la tradicional Conga Contra la Homofobia y la Transfobia, una de los eventos más importantes que tienen lugar en el país para concienciar a la población sobre los derechos y responsabilidades de la comunidad LGBTIQ.

La marcha, que recorrió varias calles de la capital cubana el pasado 13 de mayo, forma parte de una jornada más amplia de eventos –simposios, charlas, encuentros culturales e intercambios– que organiza cada año el Centro de Educación Sexual (Cenesex) de Cuba en varias ciudades del país.

Si bien la iniciativa, originada hace 16 años, surgió entonces de la necesidad de reclamar espacios y derechos para las personas LGBTIQ+, la edición de este año se enfocó en la reciente aprobación del nuevo Código de las Familias, que, entre otras cosas, hizo legal el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“Es una celebración distinta porque ahora ya no es para abogar por el reconocimiento de los derechos, ahora es para celebrar y dar a conocer que tenemos que seguir trabajando, educando, para que se transforme la cultura patriarcal que hemos heredado de los sistemas coloniales y neocoloniales; y eso no se va tan fácil”, expresó Mariela Castro Espín, diputada cubana y Directora del Cenesex.

Desde la aprobación del Código de las Familias a finales del año pasado, han contraído matrimonio unas 745 parejas del mismo sexo, de ellas 462 parejas de hombres y 283 de mujeres; una cifra que a juicio de Castro Espín demuestra que “había muchas personas necesitando ese derecho reconocido”.

Miembros de la comunidad LGBTIQ+ opinan que la nueva Ley –aprobada en referéndum popular– es un paso de avance para la sociedad cubana y la Revolución, pero reconocen que aún queda trabajo por hacer para erradicar la cultura del machismo y la homofobia en el país.

“La aprobación [del Código] hay que llevarla a la práctica. Somos un país muy prejuiciado, eso no se borra ni en un año ni en dos años, eso lleva un proceso educativo. Claro, ya por Ley está aprobado el matrimonio [homosexual], esa es una cosa que los gays ya tenemos a favor de nosotros”, sostuvo Felipe Mirabal, quien asistió a la conga.

Además de elevar a rango constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo, el Código de las Familias –que para muchos es ya uno de los más avanzados de la región– abrió las puertas a un amplio abanico de legislaciones que incluye los derechos y responsabilidades de los menores de edad, los derechos de las personas mayores y la adopción de hijos en parejas homosexuales, entre otros.

En su momento, quienes abogaron por su aprobación e implementación, aseguraron que se trataba de la punta de lanza con la que Cuba habría de atemperarse a los tiempos que corren en todo el mundo, en términos de alcance de los derechos para todas las personas.

Después de cinco años de no haberse celebrado por distintos motivos, entre ellos la pandemia de la COVID-19, la conga regresó este mes de mayo a las calles de La Habana. En el pasacalles participaron importantes personalidades como Lis Cuesta, esposa del presidente Miguel Díaz-Canel, y autoridades del Ministerio de Salud de Cuba. Bajo el lema “Por todas las familias, el amor es Ley”, la marcha atrajo también a grupos religiosos identificados con el mensaje.

Jorge González, miembro del Movimiento Estudiantil Cristiano, subrayó los avances que supone para el país la implementación del Código de las Familias, pero resaltó que se debe seguir trabajando para ganar espacios de inclusión en la sociedad.

“Tiene que ver con un cambio cultural que no es solo en Cuba, es en América Latina y en el mundo […] La apuesta por la construcción del Socialismo y de una Cuba mejor tiene que ver también con que haya cada vez más derechos reconocidos para las personas LGBTIQ [y] construir espacios de mayor inclusión”, aseveró.

En la misma línea recalcó Mariela Castro que la transformación del proceso revolucionario y socialista que atraviesa hoy Cuba pasa por llegar a comprender los cambios culturales que se requieren.

“Cuando se hace Socialismo las cosas no cambian por decreto, hay que construir consenso, hay que educar y lograr una profunda transformación cultural”, sentenció.

 

 

 

 

 

Félix Ojeda Reyes intelectual de primer orden

Reconocimiento a Félix Ojeda Reyes. Al micrófono Florencio Merced Rosa, detrás Madeline Ramirez, Ernesto Ojeda Rivera, Alida Millán y Carmen Ortiz Abreu. Foto. Víctor Birriel.

Buenas Noches:

Los independentistas somos muy duros los unos con los otros. Es como si la neurociencia colonial nos hubiese convencido de que somos culpables de no haber logrado aún la independencia patria.

De ahí la importancia de que el Festival de Claridad, bajo la dirección inspiradora de Carmen Ortiz Abreu, Presidenta de la Junta de Directores del periódico y de Madeline Ramírez Rivera, Presidenta del Comité del Festival continúen con la práctica de rendir reconocimiento y homenaje a seres extraordinarios

Este Festival se le dedica a la compañera Josefina Pantoja Oquendo. El jueves pasado en esta tarima se compartió con Josie. En el Programa del Festival se recogen múltiples mensajes de felicitaciones y solidaridad por su trayectoria.

Esta noche se le rinde homenaje a una persona que llana y sencillamente se lo merece: Félix Ojeda Reyes

No hay tiempo ni espacio para resumir aquí su larga lista de trabajo investigativo y sus publicaciones. Baste con decir que dedicó más de 40 años a escudriñar la vida y obra de nuestro Ramón Emeterio Betances y publicar en 15 volúmenes las Obras Completas del Prócer, bajo el Sello de Amazon y Zoom Ideal. Un intelectual de primer orden. Pero antes que eso un militante y combatiente de primer orden.

Félix Ojeda Reyes es hijo de Félix Ojeda Ruiz y María Reyes Casillas. Dice el refrán que quien lo hereda no lo hurta, pero a veces lo hereda y lo pierde. Este no es el caso. Don Félix Ojeda Ruiz fue por muchos años Secretario General del Partido Comunista de Puerto Rico y nuestro Félix lo honró comportándose toda su vida como un verdadero comunista.

Félix tiene dos hijas y dos hijos Haydée y Vilma, Ernesto y Gabriel. Vive con su compañera Alicia Pausada, intelectual por derecho propio. Félix trabajo por muchos años en el Instituto de Estudios del Caribe, Facultad de Ciencias Sociales. Todo lo anterior lo hace merecedor de este homenaje.

Pero hay otro Félix que nos toca más de cerca. A sus 81 años se me antoja nombrarlo el mayor de los muchachos y muchachas de Juan Mari Brás. Es el Félix que se incorpora a la Federación de Universitarios Pro Independencia {FUPI) en el 1959. Es el Félix que el 25 de julio de 1960 irrumpe en la celebración del estado libre asociado junto a Junior lrizarry, Narciso Rabell y Milton Baigés Chapel, todos miembros del Comité Ejecutivo Fupista, ante más de cien mil populares presentes, en un acto de carácter suicida, para denunciar el fraude que hoy todo el País reconoce.

Félix Ojeda Reyes nunca dejó de elegir bien. Después de la FUPI ingresó a la Juventud del Movimento Pro Independencia (MPI). Luego de la Juventud del MPI ingreso al Movimiento Pro Independencia y más adelante al Partido Socialista Puertorriqueño. En todas esas instancias ocupo cargos de dirección.

A finales de los años sesenta cuando nuestro periódico se imprimía quemando plomo y con linotipos, en la calle 11 de Barrio Obrero en la planta baja del local del patriota don Luis V. Pino, un joven intrépido, muy atrevido, se adelantó a la leyenda de Domingo Vega y se estrenó como Administrador de Claridad: Félix Ojeda Reyes. A ello siguieron años de trabajo en la redacción del periódico y hasta el sol de hoy múltiples colaboraciones.

Hoy Félix Ojeda Reyes libra una batalla por su salud. Y cuando le pregunto, por qué había que decirlo, como hago para dejar saber que fuiste combatiente de muchas acciones donde arriesgaste vida y libertad. Se sonríe y me dice: «Comunícale que está por salir mi próximo libro: «La Protesta Armada 1960 -1970 – La Historia de los Comandos Armados de Liberación (La CAL}.

En ocasión del reconocimiento a Felix Ojeda Reyes en el 48 Festival de Apoyo a Claridad, 7 de mayo 2023.

Esta semana en la Historia

Foto Alina Luciano

 

11 de mayo de 330

Bizancio es capital de Imperio Romano de Oriente

Constantino el Grande nombró a Bizancio (Constantinopla, actualmente Estambul, Turquía) nueva capital del Imperio Romano de Oriente y la rebautizó con el nombre de Nueva Roma. Hasta el surgimiento de los estados marítimos italianos, fue la primera ciudad comercial, así como la ciudad principal de lo que fue hasta mediados del siglo XI la potencia más fuerte y prestigiosa de Europa. (www.muyhistoria.es)

11 de mayo de 868

Fecha de impresión de El sutra del diamante

El chino Wang Jie autorizó la impresión y distribución del libro impreso más antiguo del que se tiene conocimiento, que se estampó casi 600 años antes que la Biblia de Gutenberg. El sutra del diamante no es el primer texto impreso de la historia, pero sí el más antiguo que se conserva hasta la fecha. Un sutra es un texto que recoge las palabras de Buda. (historia.nationalgeographic.com.es)

11 de mayo de 1867

Independencia de Luxemburgo

El pequeño país tuvo que luchar contra Francia, Bélgica y Países Bajos para lograr su independencia, en más de una ocasión. Con unos 640 mil habitantes, es una de las economías más pujantes de Europa. Tiene un salario promedio de 80 mil dólares EUA y un coeficiente de desigualdad económica (Gini) de entre 30 a 35; mientras que el salario promedio de Puerto Rico es de 35 mil dólares con un índice de desigualdad de 55 (mientras más alto el Gini, mayor la desigualdad).

11 de mayo de 1930

Albizu electo presidente del Partido Nacionalista

Ese día se llevó a cabo la asamblea general del Partido Nacionalista Puertorriqueño. El juramento tomado al final de la asamblea da una idea de la nueva orientación que habrá de imprimirle su recién electo presidente, Pedro Albizu Campos: «Juramos aquí solemnemente que defenderemos el ideal nacionalista y que sacrificaremos nuestra hacienda y nuestra vida, si fuera preciso, por la independencia de nuestra patria».

12 de mayo de 1898

Armada de EUA bombardea a San Juan

Los Estados Unidos iniciaron sus acciones hostiles contra Puerto Rico con el bombardeo a la población civil de San Juan, causando 7 muertos, 53 heridos y grandes daños a edifcios y residencias. La población de la Isla rechazó la invasión y se organizaron diversos grupos de resistencia.

El 25 de julio, invadieron por Guánica. Las tropas invasoras fueron detenidas en Asomante, Aibonito; pero España se rindió a EUA.

12 de mayo de 1927

Lucha nicaragüense contra invasión

Augusto César Sandino empieza en Nicaragua su lucha contra la invasión estadounidense.

13 de mayo de 1829

Nace Segundo Ruiz Belvis

Abolicionista y conspirador junto a Betances en el Grito de Lares. Hizo sus estudios primarios en Aguadilla y se graduó como Bachiller en Filosofía en Caracas (Venezuela). Luego pasó a España para comenzar estudios de Derecho en la Universidad Central de Madrid.

Junto a José Julián Acosta y Francisco Mariano Quiñones, presentó a las Cortes su proyecto de abolición de la esclavitud con o sin indemnización. Murió en Valparaíso en 1867, en el transcurso de una misión para obtener el apoyo del gobierno chileno a la independencia de Puerto Rico.

13 de mayo de 1846

Estados Unidos arrebata territorios a México

Con el pretexto de que «México ha cruzado la frontera de los Estados Unidos y derramado sangre americana en suelo americano», el presidente James Polk desató la guerra expansionista que despojaría a México de los extensos territorios de Texas, Nuevo México, Arizona y Alta California.

Empezaba a cumplirse el anhelado sueño imperialista de extender las trece colonias desde la faja costera del Atlántico hasta el Pacífico. El despojo iniciado en esta fecha culminaría con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo en febrero de 1848.

13 de mayo de 1981

Intentos de magnicidio

Cuando el turco Mehmet Ali Ağca, intenta asesinar al papa Juan Pablo II en El Vaticano, y es calificado de terrorista. Cuando justo un año después, el 13 de mayo de 1982, en Portugal, Juan Fernández Krohn intenta lo mismo, es descrito como “sacerdote español anticomunista …”

14 mayo 1524

Llega carimbo para esclavos

El hierro real enviado desde España, llega a la Nueva España (actual Centro América) para marcar ignominiosamente a los habitantes originarios que eran capturados y convertidos en esclavos en la nalga, pierna, brazo o rostro, y que se denomina “hierro de rescate”.

14 de mayo de 1801

Arrían bandera de EUA en Medio Oriente

En Libia, el sultán Yusuf Karamanli, el primer jefe de estado que declaró la guerra a los recientemente independientes EUA por sus actos imperialistas, hace arriar la bandera del consulado estadounidense en Trípoli tras EUA negarse a pagar derechos de aduanas que el pachá exigió.

 

14 de mayo de 1955

Se funda el Pacto de Varsovia

Encabezados por la Unión Soviética, países comunistas europeos reunen sus capacidades militares para hacer frente a la OTAN.

14 de mayo 1964

EUA aprieta Bloqueo contra Cuba

El presidente de EUA, Lyndon Johnson, prohíbe que cualquier país del mundo venda medicinas y alimentos a Cuba. Al día siguiente, un editorial del New York Times señala: “No es esta la manera de ganar la Guerra Fría contra Cuba ni el modo de presentar al mundo una imagen de un Estados Unidos civilizado”.

15 de mayo de 1629

Batalla de Las Cangrejeras

Mapuches derrotan imperialistas en lo que hoy día es el sur de Chile.

16 de mayo de 1997

Gobierno yanki admite experimentos genocidas

El presidente Clinton “se disculpó” con supervivientes del experimento Tuskege que dejó morir a negros, tal como Rhoads hizo en Puerto Rico (ver: elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-06-24/experimento-tuskegee)

17 de mayo de 1979

Angel Rodríguez Cristóbal

Humillación y desquite de la Marina en Vieques

Un grupo de pescadores y activistas logró interrumpir las maniobras militares por el mar, interrumpiendo con sus lanchas y cuerpos los navíos de la armada yanki.

Ángel Rodríguez Cristóbal, del barrio Pozas de Ciales, fue uno de los arrestados y más tarde asesinado en su celda en la penitenciaría de Tallahasse, Florida.

 

17 de mayo de 1980

Protestas contra crímenes racistas en Miami

El 17 de diciembre de 1979, un grupo de policías de Miami mató a Arthur McDuffie, negro, vendedor de seguros y cabo de lanza del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. McDuffie fue asesinado a golpes por los agentes después de una parada de tráfico. Las protestas causaron motines que fueron los más grandes desde la década de 1960 y siguieron siéndolo hasta los de 1992 en Los Ángeles, doce años después.

17 de mayo de 2017

Excarcelación de Oscar López Rivera

Tras casi 36 años de prisión, 12 en solitaria, liberado de la cárcel en enero, al fin en esta fecha se decreta la excarcelación oficial del héroe de la lucha de nuestra independencia.

Fuentes utilizadas: https://www.hoyenlahistoria.com/, facebook.com/dariow.ortizseda, Calendario nuestros mártires, 2020; efemerides20.com, telesur.net, historia.nationalgeographic.com; canalhistoria.es/hoy-en-la-historia; Calendario 2022 Latinoamérica y El Caribe; efemeridespedrobeltran.com; Calendario Histórico Nuestros Mártires 2024; y otros calendarios consultados por José M. Escoda.

 

Al calor de mi “Conversación en la Neblina” con Glendalys Marrero

 

Especial para En Rojo

Esa empatía que puede llegar a inspirar quien despliega su alma al producir una obra literaria, al punto de lograr convertir al lector en su cómplice en el proceso de entender y consentir confidencias gestadas en el epicentro de quien escribe, es algo no tan fácil de lograr en la literatura. Hay unos pocos artistas de la palabra que, sin embargo, logran agenciarse esa complicidad del lector. Y en ese selecto grupo se encuentra Glendalys Marrero, quien derrama sobre el lector un torrente de bellas e inteligentemente articuladas confidencias en “Conversación en la Neblina”, título del primer libro publicado[1] de esta talentosa puertorriqueña oriunda de Barranquitas. Este pueblo montañoso emerge en la topografía isleña ataviado en el más sutil velo blanquecino de la neblina, sin que su gélida temperatura y clima de misterio mitigue en lo mínimo el colorido y brillantez de una pujante labor artesanal que permea la vida del pueblo. En medio de ella, creció Glendalys, nutriéndose de la prodigalidad y bondades naturales de la vida campestre, a la vez que degustaba la buena lectura inculcada por una madre maestra y una tía bibliotecaria.

En dicho entorno, la autora llegó a la conceptualización de la palabra como objeto artesanal. Su disfrute de festivales de artesanía la llevaba a la absorta contemplación de objetos tridimensionales que cargaban el imprimátur de la privilegiada destreza de manos de artesanos curtidos en el noble ejercicio de su quehacer artístico, posibilitados por una tecnología que, sin embargo, no podía prescindir del intelecto y la emoción humana. Estos elementos, en sus dosis apropiadas, delinearon y conformaron la mujer y escritora que es Glendalys Marrero, desembocando en el finísimo destilado de arte literario que es “Conversación en la Neblina”, en que la palabra se torna bello objeto de apreciación no solamente por su contenido, sino por su forma, como pintura de ricos matices y texturas o escultura escritural digna de ser admirada en varias dimensiones, conjugando la reflexión en el contenido con la belleza de la incógnita.

“Barranquitas fue un crisol para mi escritura en el sentido de la artesanía. Mis experiencias de vida me llevaron a ver la palabra de manera objetivada, como un elemento con el cual trabajar; como materia prima”, explica elocuentemente la escritora.

La autora acomete su compromiso literario con ese sentido de propósito de quien tiene plena conciencia de que ha recibido una investidura de la más alta estirpe, consciente del peso que cada palabra encierra. Álex Grijelmo, en su obra “La Seducción de las Palabras”, expresó que cada palabra tiene un aroma; está perfumada; y encierra una historia que la interrelaciona con otros vocablos que inciden en su peso. Glendalys conoce las tradiciones de las palabras de nuestro vernáculo, y bien sabe cómo utilizarlas. Las maneja con la intensidad de a quien se le va la vida en ello.

La apreciación de Glendalys por ese objeto creado con manos humanas viene acompañada del temor de su desaparición. “Un objeto no es producido por el ser humano con el propósito de que se destruya. Ha sido hecho con la intención y voluntad de que se perpetúe en el tiempo; para que pertenezca al futuro”, plantea. Su idea de objetos que trascienden en el tiempo es ricamente elaborada en “Pájaros”, relato con que Glendalys lanza al vuelo su “Conversación en la Neblina”.

Ya en las entrañas de un cálido faro al que pudieron llegar el narrador de la historia y su moribundo amigo Dazai luego de una lucha a muerte con el mar, el narrador describe el espacio interior del faro, lleno de objetos diversos, en los siguientes términos:

“Siempre pensé que los objetos tienen un reloj interno. Un tiempo propio para ocupar la memoria o el tiempo. Porque el tiempo del objeto funciona en más de siete dimensiones. Un mecanismo que hace trasladarnos a una escena. Pero hay escenas en ese objeto, o en la historia de ese objeto que muchas veces ignoramos, como por ejemplo algo imaginable, la ontología del objeto. Y es así. Asumimos el pensamiento humano, las manos puestas en el objeto, la posibilidad de la idea, la ideación del objeto y la toma del objeto del tiempo que es su uso. Pero ya habíamos atravesado la era del objeto, ahora estábamos ante el séptimo estado de la materia. Ahora la libertad era adentro. Afuera, los pájaros habían creado pánico”[2].

Esos pájaros que “habían creado pánico” eran hechura humana que se había descontrolado y lanzaban toda su furia destructora activados por la voz humana. Hay una profunda melancolía de la escritora al ver el tiempo, “[c]ómo se deshace, su delicada estadía en el ser. La fragilidad”. Es por ello que lamenta “[p]or qué hubo un tiempo de álbumes y memorias cuando íbamos directo al paisaje de la ruina”[3].

En la descripción del interior del faro, la autora transmite la sensación de un tiempo suspendido, lo cual queda acentuado con la imagen de una pared llena de relojes que, según el narrador del relato, “[d]aban la sensación de que en aquel lugar se marcaba un tiempo remoto”[4].

De ese modo en “Pájaros”, como a través de los diversos relatos y poemas en “Conversación en la Neblina”, la autora plantea la elasticidad del tiempo e instaura la atemporalidad como período en el cual se desarrolla su narrativa y su poesía. Al sumergirse en la lectura, el lector advierte dicha sensación de atemporalidad, pues los relatos y las personas parecen indistintamente de cualquier tiempo. Las arquitecturas y estructuras que describe, aunque desoladas, transmiten de algún modo la vida que una vez habitó en ellas y que, en cierta forma, persiste, pues para la autora el ser humano, con sus aspiraciones, sueños y el desarrollo de su quehacer, elaboró objetos y lugares con visos de permanencia, sin plantearse su destrucción u olvido. El ejercicio mismo de leer “Conversación en la Neblina” activa en la mente la idea de un tiempo diferente, más pausado, lo cual contrasta con el tiempo a un compás más acelerado en que se encuentra inmerso el lector en su cotidianidad. Basta con leer “Bizarro”, relato que presenta a la narradora que, al expresar su voluntad de salir “para olvidar”[5] y “escapar de sí misma a través de su propia piel”[6], se internó en una cueva musical en que ella flotaba como en una especie de paroxismo y, al tensarse en el baile, “todo comenzaba a ocurrir como una película sin sonido”[7]; “[c]omo cuando uno se hunde en el agua y no puede captar la propia voz[8]. Ya fuera de ese estado de estupor, al salir de la “cueva”, se comunicaba con el filósofo Zier en “un pensamiento levitante que se transmite telepáticamente”[9]. Toda esa mezcla de ideas y sentimientos que late en “Bizarro” es un paisaje abstracto y onírico a la vez, con pinceladas ambientales de film noir. “Bizarro” es, a la vez que sensual, hipnotizante, un ensordecedor grito callado de a quien “[s]e inundaba el cuarto más oculto de su mente”[10].

En “Pájaros”, la escritora expresa su frustración ante una tecnología fallida, que no cumplió las expectativas humanas. El supuesto “pájaro perfecto” construido por el ser humano una vez se extinguieron “los pájaros del mundo”, en realidad “nunca pudo ser controlado”[11].

En su pensamiento del mundo ideal, sin embargo, la autora plantea la telepatía sistematizada como consecuencia del desarrollo tecnológico y cómo esa posibilidad de comunicación podría operar a un nivel superior al dolor que provoca el quebrantamiento físico humano. Aunque de cara a su deceso material, Dazai dialoga con el narrador mente a mente, con una asombrosa serenidad y lucidez, teorizando sobre el tiempo y el origen de los miles de pájaros que amenazaban al ser humano que creía haberlos hecho perfectos. El narrador advierte cómo, en su lecho de muerte, la mente de Dazai se encuentra asediada por “[l]a interposición de los recuerdos, la memoria en desorden, la precariedad del recuerdo…”[12]. Se apodera del narrador, sin embargo, “[u]n pavor circundante por debajo de mi piel”[13], tanto por saberse expuesto en su pensamiento, como por conocer a cabalidad el pensamiento de Dazai.

La narrativa y poesía de Glendalys se presenta hasta cierto punto como la manifestación literaria de la teoría de los cristales del tiempo (“time crystals”), del físico Frank Wilczek, quien fuera laureado en 2004 con el  Premio Nóbel y quien, en 2012, causó revuelo con dicha teoría. Wilczek aseguró tener prueba de la existencia de cristales del tiempo, concepto que formuló en atención a que, de ordinario, se piensa de manera simultánea en el tiempo y el espacio. Según el científico, así como los cristales interrumpen la simetría del espacio, debe haber interrupciones similares en la simetría del tiempo, generándose en éste un movimiento perpetuo. Este concepto retador ha estimulado la imaginación de muchos, al punto de teorizarse sobre la posibilidad de viajes en el tiempo. Han explicado estudiosos del tema que en un cristal del tiempo, los átomos se encuentran en el espacio a diferentes puntos en el tiempo, cambiando direcciones como si una fuerza los disparara.

En su escrito titulado “Could these crystals help us travel through time?”[14], Stav Dimitropoulos entrevista a Vladimir Eltsov, quien se dedica a la disciplina de la Física Aplicada en la Universidad Aalto en Finlandia, y quien, en mayo de 2018, con otros dos colegas, llegó a transformar un cuasi-cristal del tiempo en un superfluido cristal del tiempo. En la entrevista a Eltsov, éste, si bien no pudo descartar en principio la posibilidad del viaje en el tiempo, explicó que entender dicha posibilidad requeriría inmensas densidades de energía, que son imposibles de producir en un laboratorio ahora o en un futuro previsible[15].

La anterior digresión, si para algo sirve, es para que se pueda apreciar la fecunda imaginación de Glendalys, quien cuenta con las densidades necesarias de energía para reflexionar y regodearse en el tema y, tomándonos de la mano, llevarnos de paseo por esos mundos alternos creados en su exquisita literatura.

Glendalys misma reconoce las fluctuaciones temporales en su narrativa y su poesía, y el misterio respecto al contexto temporal en que se desenvuelve su libro, siendo el aire de lo desconocido posible por ser muy del pasado o muy del futuro en el tiempo, rompiéndose una simetría que puede lanzar los relatos y las imágenes en cualquier dirección. Explica la autora: “El mismo libro se va revelando ante el lector como algo inaprensible que, por inaprensible, pareciera algo que viene de lo ignoto, o del futuro”.

Ahora bien, ese cristal del tiempo literario que arroja la trama en cualquier dirección, conlleva también un sentimiento de cierto desasosiego y decepción por el futuro mismo, pues como expresa la autora en “Pájaros”:

“Uno hubiese pensado el futuro con todos los sesgos de futuro, lo lejano, lo remoto. Pero lo cierto es que estábamos allí, décadas luego sin nada de aquello del futuro que se había presagiado en las revistas o en los periódicos. El futuro es ese lugar que imaginamos sin olor. Estábamos ante el futuro mismo, pero con ojos truncos. Era cosa de no saber de lo que estaba hecha la vida. Repentinamente en el paso del tiempo se nos imponen modos, máquinas, velocidades, métodos para hacer las cosas que nos arrojan a una época. Ya esa sensación de pertenencia al mundo estaba fuera de contexto”[16].

Esa ilusión de futuro no materializada, que, mientras mantiene en sopor al ser humano pareciera vendarle sus ojos e impedirle ver de qué “estaba hecha la vida”, exige un despertar; que el ser humano haga honor precisamente a su naturaleza humana, pues como expresa Glendalys:

“Las quimeras no estuvieron nunca descifradas. Lo que se supone trajera el futuro nunca llegó a ser, los robots con alma, los robots que sudan, la máquina humanizada. Eso jamás llegó para quedarse. Mientras el ser humano mecaniza, automático, despojado de su humanismo, de su tiempo. Luego de la era de la tecnología fallida había que enfrentarse al mundo otra vez, tal cual lo habíamos dejado, si para algo servía la vida era para eso”[17].

Y con “enfrentarse al mundo otra vez”, se impone de manera inevitable el careo del ser humano con su mortalidad. Así lo expresa Glendalys de manera muy lúcida y dolorosa a su vez:

“¿Qué queda después de todo? Cuando no hay mente aledaña, un universo de ideas antepuesto a otro, cuando la profundidad del ser es infinita, cuando se acaba el contraste de las cosas, las ideas y la humanidad es lanzada a diseñar su propia precariedad, sus miedos, sus algoritmos, su automatismo del deseo. Qué es un ser humano solo en medio de la nada, sin gestos, sin espejos que nos acompañan, las conversaciones, las diatribas, la literatura, el amor, la matemática, la geometría, los mitos, los diálogos, la ira, el silencio, la música, arte, preguntas, teorías, maravillas, extrañezas, la imaginación, los miedos, la ciencia, la risa y la estupidez”[18].

En lo personal, ese pensamiento recurrente que compartimos los seres humanos, ha afianzado mi fe en Dios, pues ¿qué sentido tendría llegar equipados con la capacidad de generar tantos estímulos que se desbordan de lo material si a fin de cuentas todo se extinguirá con la materia? ¿Puede acaso algo tan concreto, orgánico y sensible a los sentidos como es un corazón que bombea acompasadamente, o el sistema respiratorio humano, determinar la trascendencia de lo que nos hace humanos: la capacidad de llorar, reír, amar, odiar, disfrutar del arte, de la vida, de sostener una conversación alma a alma con otro ser humano, angustiarse sobre qué hay después de la muerte? ¿Quién colocó en primera instancia esos sentimientos en el ser? Me resisto a pensar, y aceptar, que algo tan concreto y corruptible como es el cuerpo, dicte los caminos del alma. Otros tendrán diferentes explicaciones a la mía, pero lo cierto es que todos siempre nos planteamos la pregunta que lanza la escritora: “¿Qué queda después de todo?”

Y con su pregunta, y la angustia que la misma entraña, se activa la imaginación y nos planteamos cómo lograr succionar el alma y la mente de cada ser humano y archivarla de manera permanente, no solamente sus recuerdos y sentimientos, sino sus procesos pensantes y emotivos, esto es, llegar al punto en que no tuviéramos que adoptar una actitud resignada ante la inevitabilidad de la desaparición de esa savia emocional e intelectual que conforma a cada ser humano. Y no me refiero a perpetuar una persona en el recuerdo y en el corazón, que es el recurso que siempre utilizaremos para no dejar morir del todo a los seres entrañables al alma. Mi deseo es poder preservar todo eso tan perfecto y maravilloso que entiendo no es lógico que desaparezca con el deceso de la materia.

“Pájaros” es un tratado existencial de contundencia; una punzada al alma que inquieta y duele, pues la escritora nos encara con los temas fundamentales que muchas veces, en el deseo de ignorar la precariedad de la existencia, preferimos no ver. Recuerdos, memoria, sueños, vida, muerte, vacío existencial, temor ante el dejar de ser, o llegar a “no ser”, dentro de un clima gélido, oscuro, son temas que Glendalys plantea sin timidez y con la urgencia de encontrar respuestas.

“Pájaros” puede haber recibido su estímulo inicial, o quizás el decisivo, en ese viaje a Salinas desde Aibonito del que habla la autora, por un camino que era “una gran piedra agarrada de la nada”[19]. En Dopplegänger, como en otros relatos en su libro, Glendalys muestra el ambiente frío, oscuro y misterioso de la montaña, acentuado su tenebrismo en horas de la noche, cuando la mente suele producir monstruos goyescos. Es una especie de determinismo geográfico matizado más por el efecto del frío que por el calor que encontró determinante en el temperamento del habitante de la Isla la Generación del 30 de Puerto Rico. Quizás ello explique que ante la recriminación lanzada al (la) narrador(a) de “Dopplegänger” por no haberse detenido luego de golpear a un gato en la carretera, surja la pregunta de: “¿Sabes de qué está hecho el mundo a esa hora? ¿Sabes de qué está hecha la mirada de un gato a esa hora?”[20].

Y, como consecuencia ineluctable del viaje y la incertidumbre de haber o no matado a un gato, con la carga histórica que tal posibilidad podía entrañar, la autora expresa: “No hallaba imaginar cuánto podría durar el recuerdo de aquel frío, la neblina, la carretera”[21]. Sobre el tiempo, reflexiona la autora: “El tiempo es una cosa no fija. No es como los calendarios; se expande”.

El recuerdo y la memoria son pie forzado en las musitaciones literarias de la autora, y no podría ser de otro modo, pues nos acompañan en todo momento, hasta en ese instante en que, de cara a la muerte, telepáticamente el narrador de “Pájaros” descubrió la mente de Dazai asediada por “[l]a interposición de los recuerdos, la memoria en desorden, la precariedad del recuerdo…”[22]. Tan constantes son los recuerdos que no escapan del sueño mismo, que es también una especie de muerte. Los recuerdos se transforman, reconceptualizan y metaforizan en el sueño. En su sublime y rica expresión onírica en “Vitrales”, Glendalys expresa que “[l]os sueños son como libros perdidos que reencontramos y hay una trama que se queda ahí atrapada a modo de lenguaje escrito, críptico e impenetrable… En aquel sueño todo a mi alrededor cambiaba de forma, asumía un nuevo modo de existir. Hay veces que prefiero mantenerme en el sueño. La ilusión de existir en esa manera siempre ha despertado mi interés”[23]. Es en el sueño que la narradora le indica a Dafne que “…la vida se asemeja a lo que sueñas cuando estás cerca del mar”, mientras “[u]na melodía de Satie entraba como una brisa desde afuera de la casa, pero el piano estaba adentro”[24]. Su referencia a Satie añade riqueza y sentimiento a la imagen del sueño, pues el lirismo del francés, como en sus fascinantes Gymnopédies, promueve la introspección y la reflexión, en un sutil minimalismo musical que se asienta en el alma.

Y en ese otro tipo de muerte que es la tarde del viernes (auténtico preludio del ocaso de la semana), pensamientos de raigambre existencial se alojan en la mente con mayor insistencia, como en la imagen de los amantes en “Azogue” que escuchan la virtuosa y sentida ejecución de un Miles Davis que, aunque hoy fenecido, retoma en la grabación la misma vitalidad y sentido de búsqueda que exhibiera tantos años atrás, casi como si se hubiera podido succionar su ser creativo y se hubiera alcanzado con éxito el poder archivar el genio humano, y, en parte, sus procesos. Los oídos quedan en trance absorbiendo la respiración musical, fraseo y la ejecución sublime de un “Blue in Green” de ensueño en esa joya modal de “Kind of Blue” que se renueva cada vez que se le escucha. Conmueve el alma percibir la expresión real de humanidad del músico que dejó registradas sus notas más logradas e inspiradas, e incluso sus más artísticas notas quebradas y vulnerables, en grabaciones que perpetúan en el tiempo esos derroches de musicalidad y sentimiento. Se me antoja pensar cómo, antes de la invención del fonógrafo, el amante de la música elucubraría sobre la posibilidad de grabar a un artista en el pleno despliegue de su virtuosismo musical. Ese momento llegó, pero la esencia de cada ser humano es tan única que la apariencia de la cristalización de dicha aspiración pone al relieve lo cortos que nos hemos quedado de ese objetivo, pues ninguna grabación puede registrar los procesos mentales, emocionales y creativos; sólo un destilado de todos esos estímulos.

“Azogue” nos presenta la hermosura de la posibilidad de la ternura, “cuando esperando que pasaran las horas ella se quedaba dormida recostada junto a mí, el olor de su cabello me fijaba la idea en la cabeza de que nunca el tiempo es de lo perdido sino de la voluntad del geómetra en cada uno de nosotros”[25], esto “[e]s lo inefable de las cosas, su arquitectura de aire”[26].

En la segunda parte de su libro, que Glendalys titula “Nomenclatura Mustia”, breves escritos, cercanos más al género de la poesía, presentan imágenes vívidas, cual si fueran pinturas.

En “Estudio de Figura a la Sombra de un Árbol”, conmueve la descripción de un mundo desacelerado, en quietud, en un sosegado estallido de colores, que hace evocar la icónica expresión plástica neoimpresionista “A Sunday on La Grande Jatte”, de Georges Seurat. Con un delicado puntillismo que hermanó arte y ciencia, Seurat logró perpetuar de manera memorable en el tiempo un paisaje bucólico en que el joie de vivre misteriosamente se imbrica con la melancolía, esto es, el lograr ver “[l]os colores del mundo a través de mosaicos”, sin olvidar que el mismo paisaje invita a que nos fijemos “en ese modo lento que tiene la tristeza. Parece refractar la luz de una manera distinta”[27].

Esa tristeza también se escucha en el ensordecedor “sonido atroz de lo imposible” que provoca escalofríos cuando se reconoce que “[p]ara el hijo con hambre no me quedan brazos…”[28], y se acepta resignadamente que “[l]a muerte es un tren que nos atraviesa”[29] sin haber logrado descifrar el sueño de la vida, pues “¿[a]caso no es la vida, de todos los sueños, el menos descifrado?”[30]. Cuando la muerte hace su reclamo, la madre acuna en esos brazos que ya no le quedan, al hijo con hambre, pues sabe que “en las fauces del océano habita lo innombrable”[31]. Mientras tanto, la niña, quien también es mujer con alma de madre “[c]ubre con su pequeña mano los ojos de su muñeca, que abren y cierran…”, pues “ella no quiere observe las ruinas de la ciudad donde construyeron sueños”[32], haciendo increíble que una vez era “[i]mposible abandonar esa ciudad donde las palabras se tornaron cosas que se vuelven vida.”[33]. La autora honra esas ciudades perdidas que una vez fueron reales y, de alguna forma, ve perpetuadas conforme a la voluntad original con que fueron construidas, pues fueron sede de sueños de permanencia, no de la aniquilación tantas veces provocada por la intemperancia humana.

“Conversación en la Neblina” será referente obligado en la literatura puertorriqueña, pues estimula el intelecto y pulsa la cuerda más sensible del lector. Su lectura enamora, reta y, pese a lo que sugiere el título, la autora le regala al lector una cálida conversación que se siente como un abrazo. Su libro es de esos que se aferran a esa memoria y recuerdos tan neurálgicos a las inquietudes humanas y literarias de la autora.

Como lector, uno sabe cuando se encuentra ante una expresión literaria a la que no bastará dispensarle una sola lectura, pues el deleite intelectual y emocional que de ella emana, cual buen manjar, exigirá repetidas degustaciones. “Conversación en la Neblina” es una de esas exquisiteces literarias que, le advierto, podría causarle adicción.

[1] (Sopa de Letras, 2020).
[2] “Pájaros”, pág. 14.
[3]  Ibid., pág. 22.
[4]  Ibid., pág. 13.
[5]  “Bizarro”, pág. 67.
[6]  Ibid., pág. 68.
[7]  Ibid., pág. 69.
[8] Ibid., pág. 70.
[9] Ibid., pág. 76.
[10] Ibid., pág. 67.
[11] “Pájaros”, pág. 24.
[12] Ibid., pág. 30.
[13] Ibid., pág. 17.
[14] “Popular Mechanics”, edición de 11 de febrero de 2020.
[15] En el artículo se da el ejemplo del “Large Hadron Collider” (“LHC”), que es el más grande y poderoso acelerador de partículas en el mundo; pesa sobre 38,000 toneladas; tiene una longitud de 27 kilómetros en un túnel subterráneo; y cuenta con partículas guiadas por titánicos magnetos superconductores a velocidades de 11,000 circuitos por segundo, ello a un costo de cerca de de cuatro mil ochocientos millones de dólares ($4.8 billones). Para el referido artículo fue también entrevistado Stephen Holler, físico de la Universidad de Fordham que efectúa experimentos con cristales en sistemas ópticos, y quien explicó que el LHC es realmente monumental, pero que para tan siquiera lograr un atisbo a la posibilidad de viajes en el tiempo, haría falta algún objeto de dimensiones y capacidades muy superiores a las del LHC.
[16] Ibid., págs. 23-24.
[17] Ibid., págs. 25-26.
[18] Ibid., págs. 30-31.
[19] “Dopplegänger”, pág. 33.
[20]  Ibid., pág. 35.
[21]  Ibid., pág. 36.
[22]  “Pájaros”, pág. 30.
[23]  “Vitrales”, pág. 53.
[24]  Ibid., pág. 55.
[25] “Azogue”, pág. 58.
[26] “Nomenclatura Mustia”, pág. 111.
[27] “Estudio de Figura a la Sombra de un Árbol”, pág. 110.
[28] “Elegía Marítima”, pág. 115.
[29] “Inmarcesible”, pág. 117.
[30] “Jardín Profano”, pág. 123.
[31] “Adarce”, pág. 126.
[32] “Algoritmo Demasiado Humano”, págs. 121-122.
[33]  “Invisible”, pág. 131.

Será Otra Cosa- Frente al oído

 

 

Especial para En Rojo

 

I.

Confiar es el verbo exacto. Decidir ir al despacho implica una gran dosis de dolor y confianza.

Una se explaya frente a otra. Una se sienta lo más derecha posible y abre la boca. De la boca sale el cuento. A veces los dientes muerden la lengua y atrapan las palabras fugitivas. Otras veces, los brazos no alcanzan las oraciones que flotan en el aire. Lo importante es que el cuerpo, con su cerebro, su corazón y su garganta, está aquí, sentado frente a la otra, dispuesto a desparramarse.

Una va tomando conciencia de ese derramamiento. Intenta mantenerse erguida. Pretende, con todas las garras que quedan, aferrarse a un cuento, al que una se hace todas las noches para dormir. Lo que pasa es que llegó el día en que ya el relato, esa inmensa sábana que se teje por años, tiene tantos y tantos tachoneshuecos que se cuela el frío, y el frío no deja dormir. El insomnio es la peor de las pestes. Horroriza mirar el reloj que marca las 2:30 a.m. e intentar, por dos horas, volver a dormir. Los ojos, dos lupas lectoras, releen todas las viejas historias, las que avergüenzan, las que duelen, las que no se han sabido tejer bien. El mecanismo del cuerpo, resentido por tanta cosa junta, decide levantarse. Nada como el movimiento para acallar el ruido de la azotea del mecanismo. Pero el cuerpo y su azotea se fatigan.

Las garras habrá que limarlas: domesticarlas. Reducirlas para que las palabras fluyan en confianza. El tránsito palabrejo creará otro telar de lenguaje, fortalecido por las preguntas de la otra, que calentarán y ayudarán a dormir.

Leí que la Farmacia Amiga tiene las limas en especial.  Habrá que comprar un paquete de cincuenta.

II.

Al segundo encuentro me presento con mi mejor armadura: las palabras escritas en un papel. ¿Qué sería sin la escritura? Es curiosa la necesidad de una sombrilla de papel. Y le voy dando vueltas a la sombrilla. Juro ser la delicada mujer china de los cuentos. Voy girando y girando esa linda sombrilla de papel.

Lo cómico es que me cojo corrigiendo lo que escribo. Veo mi mano tachando la palabra “boca” y poniendo “lengua”, añadiendo una ese final para que haya concordancia de número en una oración y arreglando una expresión para superarla. Hipercrítica. Hipercrítica de mí y de todos.

Escribir, del indoeuropeo scar-escara-cicatriz-arañazo sobre una superficie.

Vuelvo a las garras. Agarro. Me agarro.

III.

Dos poemas abrieron la puerta al sótano : Ithaca de Kavafis y One Art de E. Bishop. El primero es sobre el viaje, la vida como viaje, el consejo para quien parte: saber que Ithaca  es el pretexto para activar el deseo. Por supuesto, sin deseo no hay vida. Y a esa ciudad cualquiera- Ithaca, Nueva York, Portland, Chicago- se le agradecerá el viaje, la despedida, el crecimiento. El otro poema lo releo para aprender a soltar. Es duramente bello ese poema. Lo he rumiado por siglos. ¿Y si soltar es también una Ithaca?

Luego, una conversa es lo que aconteció. Como compañeras de clase fuimos enhebrando el diálogo. Una puntada por aquí y aparece el libro de Madres e hijas de Freixas, otra por allá y se sugiere el de Beauvoir, Habitación de por medio. La casa es el tema. La casa es el cuerpo materno. La casa es el territorio que se piensa de todos, de todas, aunque no lo sea. La casa tiene miles de puertas y pisos, como el laberinto de mi sueño.

IV.

El oído se transforma en boca que pregunta, que sugiere. Ya lo decía Derrida, otobiografía es la palabra para la autobiografía. Me reconstruyo frente a ella, según sus preguntas. El detalle está en que la oidora -ese oído que se acomoda entre dos signos de interrogación- vela mis huellas, mis inconexiones. Ella es cazadora de las mariposas que, inconscientes, salen a volar. Tiene una red hermosa, la oidora. Tejida con años de lecturas, con siglos de conversación. El palo es de madera fuerte, caoba; el paño, de fibra natural, cáñamo. Con la red atrapa palabras, logra entrever los lepidópteros que se escapan. Lo increíble, y lo hermoso, es la gracia con la que agita la red para cazar las mariposas. Inadvertidamente.

Así, la hora es un tráfico de voces que voluntaria e involuntariamente, que consciente e inconscientemente, que cuidadosa e inadvertidamente van develando voluntades, deseos, olvidos, pesares.

V.

Azuzar la tristeza es un arte tan difícil como soltar. Ella llega y hace fiesta con el corazón.  Suele arribar de golpe y porrazo, con maletas enormes para su larga estancia. Una se jamaquea, sale a pasear, canta a toda voz o baila con fuerza con la ilusión de que en alguna voltereta pueda deshacerse de ella. Muchas veces lo logro y la veo darle espacio a la serenidad y al bienestar. Otras no. Hay quien dice que coqueteo con la tristeza, que estimo su belleza y su color azul iridiscente tan propio del arte.  Hay veces que me aferro a ella con todos mis dientes, como si no la quisiera soltar. Ya no es tristeza, sino melancolía. Y ahí voy desenredándola para saber cómo la llevo tejida, para ver sus puntadas, para hurgar en sus hilos de palabras.