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En Reserva-Mirada que me regaló Alegría un cinco de enero…

 

Especial para En Rojo

 No recuerdo cuando mi amigo y yo empezamos a hablar de su relación con Alegría.

Para efectos de esta historia vamos a nombrarle a mi amigo Tomás, y a su amiga, la yegua, pues…no le podemos cambiar el nombre, porque ningún nombre supera o sustituye el suyo…Alegría.

Lo que sí recuerdo es que desde que mi amigo Tomás comenzó a compartir con ella, empezó a caminar distinto, con un galope más relajado y cuando me hablaba de ella, sus ojos sonreían. “Este está enamorao”, pensaba.

Pero no de la forma que están pensando, sino como cuando uno no puede parar de leer un libro o cuando escuchas una canción en repeat, o cuando te pones las mismas pulseras todos los días. Uno se enamora de las olas, el café, el cielo azul claro, la luna llena, el popcorn, Sarah Kane, David Bowie, Emily Dickinson, las papas fritas, Radiohead, James Baldwin, Silvio Rodríguez, “Marejada feliz”, Pessoa, el peanut butter, pues sí…uno también se enamora de los amigos…

En fin, en mis encuentros a través de los años con mi amigo Tomás, siempre charlábamos de un libro, de la Universidad, de un poema o de una obra de teatro, pero, lo cierto es, que desde hace ya un tiempo, no puedo recordar a mi amigo sin que en algún momento en nuestras conversaciones termine preguntándole:

 Yo: ¿Y cómo está Alegría?

Tomás mira su reloj.

Tomás: Ya mismo baja el sol. ¿Quieres acompañarme a verla?

Yo: Claro. ¿Hace cuánto no la ves?

Tomás: Yo la visito todos los días. (Sonríe) Si no, se enchisma.

Me río con él. Empezamos a caminar por la Fernández Juncos, Tomás se detiene a mirar un árbol de flores amarillas en la esquina de una acera  y aprovecho para mirar a Tomás por unos segundos; flaco, cuello largo, pelo blanco lacio bien recordadito. Miro sus ojos; algo tristones, que denotan su carácter solitario,  taciturno pero tierno. Mi amigo es exquisito, además de tener buen gusto en el vestir, la comida, los libros, la música, en fin un ojo artístico para casi todos los detalles de la vida; es conocedor de las plantas y los árboles. Tomás corta unas flores, las huele y me las entrega.

 Tomás: Se llama Pterocarpo… Vinieron de la India…

  Yo: Estás guapo. Aunque tengas T-shirt, tú siempre eres tan elegante.

Sonríe.

Tomás:  No más que Alegría. (Suspira) Qué porte tiene.

Yo: La primera vez que la vi, me intimidé. Es enorme, con una patada me manda pa’l cementerio.

Tomás:  Sí, impresiona. Uno se siente tan diminuto al lado de ella. Pero qué gracia tiene, ¿verdad?  Toda una acróbata…como tiene el cuello tan largo puede rascarse las patas traseras con los dientes. A veces, cuando descansa, se para con la pata derecha en puntas,  como si fuera a bailar ballet.

De repente observo a Tomás apuntar su pie derecho y doblar su pierna para atrás buscando balance. Sigue imitando a Alegría.

 Tomás: Y se apoya en la parte delantera de la pezuña.

 Seguimos andando y empezamos a cruzar el puente peatonal que cruza de Miramar a Isla Grande. Me detengo a mirar la multitud de carros que pasan por debajo de nosotros a la hora del tapón y cuando miro el puente me doy cuenta que está completamente abandonado y percudido.

 Yo: Creo que esta es la primera vez que cruzo este puente. No hay nadie.

Tomás: Casi nunca que paso por aquí me encuentro con alguien…puede que de vez en cuando un vagabaundo.

Yo: Te envidio, no me atrevo caminar estas calles a estas horas sola.

Tomás asiente con la cabeza.

De repente, Tomás y yo caminamos en silencio por un rato. Bajamos las escaleras del puente, sin que lo hayamos coordinado bajamos las escaleras a un mismo son, un pie, después otro pie, en completa sintonía. Se lo comento:

Yo: Acabamos de hacer un baile sin pensarlo.

Sonríe. Ya estamos en Isla Grande, cada vez más cerca del establo de Alegría. La luz del atardecer empieza a pintar las calles desoladas, la grama salvaje sin cortar,  los vagones/trailers abandonados de un color amarillo anaranjado intenso.

 Yo: A esta hora, por unos segundos, las ruinas son bellas.

Tomás asiente pero no contesta.

Yo: Pero vivir todo el tiempo en una ruina es otra cosa. No es tan bonito. Toda la Isla se convierte en una ruina, excepto los edificios que compran los turistas o los airbnb’s…

Me percato de que Tomás no contesta porque está ofuscado; recoge y corta con esmero la yerba que brota de las aceras abandonadas. En ese momento,  recuerdo que es Víspera de Reyes. Me río.

 Yo: ¿Estás cortando yerba para los Reyes Magos mañana?

 Tomás: Debería. Hace rato que no pasan por casa…Le estoy seleccionando la mejor yerba a Alegría. Esto va a ser un manjar para ella, en el establo lo que le dan es heno. Vas a ver cómo se pone.

Yo: ¿Ya les estás dando comida?

Tomás: Ah sí, ¿no te dije?

Yo: No, que raro.

Tomás:  El dueño me seguía preguntando que por qué no le daba comida o por qué no la montaba. Lo notaba bien inquieto con este tema. Yo le seguía diciendo que no quería tener ese tipo de relación con ella…tan transaccional. Le dije que nosotros no éramos dueños de ella, en todo caso, que nosotros nos debíamos a ella.

Yo: Me imagino que no te entendía.

Tomás: Pues no, nadie en el establo lo entiende. Me seguía insistiendo que tenía que establecer cierta jerarquía con ella; porque sino la iba a confundir…

Yo lo que quiero es compartir un rato con ella. (Pausa)  Me dio miedo que no me dejara verla más. (Corta un poco más de yerba con las manos). Ella tampoco lo entendía al principio, pero ya sí. (Sonríe) Ya somos amigos.

Yo: ¿Ah sí, cómo lo sabes?

Tomás: A veces me muerde de cariño, pero le tengo que recordar que no soy un caballo.

De repente Tomás empieza a mover los labios y a mover los dientes de forma lateral.

Tomás: Los labios del caballo son lo más cercano que tienen a una mano, con los labios pueden levantar del suelo una brisna de hierba; toman la hierba con los labios y la trituran con movimientos laterales de los dientes. (Se emociona) Alegría es una comelona, siempre está comiendo, vas a ver….cuando está aburrida hace ruido con los labios chocando uno contra el otro repetidamente, algo muy parecido a lo que hace un bebé humano.

Miro a Tomás y juro que escucho salir de su boca un relincho suave y cariñoso, casi como el principio de una nana.

 Finalmente llegamos al establo. Cuando entramos, los hombres del “staff miran a Tomás de reojo. Escucho una conversación que tienen entre ellos entre dientes:

 Mirada de Hombre 1: Llegó a visitar a su novia.

Mirada de Hombre 2: Será su novio, Alegría es como un macho.

 Se ríen entre ellos. No pueden dejar de mirar a Tomás, pero no es una mirada de curiosidad, es como si observaran un animal extraño que no acaban de entender…Juro que escucho a distancia el relincho de uno de los caballos del establo como queriéndonos alertar de un peligro cercano…

 Tomás: No les hagas caso. Siempre me dicen estupideces.

 La mirada del staff es insistente, a mí me empieza a preocupar.

Yo: ¿Qué cosas?

Tomás: Cosas sin sentido, se creen que son chistositos. Bestialidades. No les hagas caso.

Cuando llegamos al establo de Alegría, me impresiona nuevamente el tamaño de ella, me siento tan pequeña a su lado. Tomás me da hierba para que le demos de comer juntos, ella come con gusto, cuando se acaba la hierba Tomás le empieza a dar de comer heno. Mientras Alegría come, Tomás le canta una canción, le rasca detrás de la oreja y  luego le acaricia el hocico. Tomás me invita a que la acaricie, titubeo por un momento, pero luego, con timidez, también le acaricio el hocico.

 Tomás: Le caes bien. Ella tiene su carácter…No deja que todo el mundo la acaricie.

Yo: Qué mirada intensa tiene.

Tomás: Sí. Difícil de describir.

Me fijo que en el hocico tiene una raya blanca larga y al final un punto, como un signo de interrogación. Inmóvil,  no deja de mirarme, juro que me quiere decir algo. Quiero hablarle,  pero no me atrevo. Sigo mirándola sin poder descifrar lo que me quiere decir.

Tomás: Siempre se me hace difícil despedirme. Casi siempre me toma como una hora. Voy caminado y cuando viro, allí está ella mirándome.

Yo: Tengo que regresar, tengo una fiesta de Víspera ya mismo.

Tomás asiente. Anochece, al lado del establo las luces de los edificios que rodean la bahía de San Juan comienzan a encenderse. Empezamos a caminar, giramos y Alegría nos sigue mirando.  Tomás vuelve a hablarle. Así sucede varias veces hasta que finalmente agarra las fuerzas para despedirse y retomamos nuestra caminata hacia Miramar.

 Tomás: Se me olvidó enseñarte el árbol de María al salir del establo.

Yo: La próxima vez.

Cuando llegamos al Distrito de Convenciones me percato de que, a lo lejos, una Ceiba enorme y solitaria se destaca entre las calles de cemento desoladas y los semáforos sin electricidad.

 Yo: ¿Cuánto tiempo debe tener esa ceiba allí?

Tomás:  No sé. Mucho.

 Yo: ¿Cuánto tiempo durará antes de que la tumben?

Tomás: No mucho. Ya se vendieron casi todos estos terrenos de Isla Grande a desarrollistas. Se va todo.

Yo: ¿Y el establo de Alegría?

Tomás: Sí, todo.

Silencio.

 Yo: Qué van a construir. ¿Sabes?

Tomás: Hoteles. Apartamentos de lujo. Qué sé yo.

 Me enseña un mapa gubernamental de Isla Grande con todos los lotes vendidos o por venderse enumerados. El del establo es el L8. Tomás cierra la imagen y continúa el camino, se adelanta…de repente tengo un instante de claridad o de ensueño…de esos momentos efímeros, de lucidez o de miedo, las luces de los semáforos me parecen más brillantes, me empiezo a ver desde desde afuera y pienso: “esta calle que piso ahora en varios años ya no será la misma, Tomás no seguirá viendo a Alegría, este país no va a ser nunca el mismo”. Cuando vuelvo a girar la mirada hacia los edificios del Distrito de Convenciones… veo la mirada de Alegría. Todavía no sé lo que me quiere decir. Me atrevo hablarle…

 Yo (murmullo): Alegría.

La Niña Pastori y nuestro gusto por el flamenco.

Niña Pastori en el CBA mayo 2024

 

Especial para En Rojo

 

No sé si el flamenco es tan apreciado en otros países, pero en Puerto Rico tenemos tabernas con espectáculos permanentes, bailes al aire libre y hasta escuelas de flamenco.  Sospecho que, más que un reconocimiento de raíces compartidas, les boricuas nos identificamos con la parte rebelde y angustiosa del cante jondo y con un baile que representa un puntilloso ritmo unido a una expresión de conciencia de ser aquí y ahora, mediante un manejo riguroso del cuerpo y el zapateo. Cuando era chica, mi clase de ballet se dividía entre una hora de ballet y otra de lo que se llamaba “española”, en la que me enseñaron a tocar las castañuelas y bailar flamenco. De mi niñez, recuerdo los conciertos de Joselito y Marisol, quienes cantaban con ese sostenido sentimiento del cante jondo. Imagino que esta experiencia fue compartida por muchas de mi generación. Por eso, quizá, el público que se dio cita el 1 de mayo para la primera presentación de la Niña en Puerto Rico estuvo tan compenetrado con el espectáculo. La Niña no defraudó.

Niña Pastori en el CBA mayo 2024.Fotos Johanna Emanuelli, para CLARIDAD
Niña Pastori en el CBA mayo 2024

Unas 15 canciones o popurrís, intercaladas por presentaciones de sus músicos y de Chaboli, su esposo, no fueron suficientes para apagar la sed del público. Del último disco, Camino (2023), cantó tres canciones. Las demás fueron un recorrido por éxitos de su carrera, a los que añadió El Cantante y Burbujas de amor. Su interpretación de Contigo de Sabina nos hizo olvidar la letra que, en momentos actuales, nos cuesta apreciar como metáfora de un amor profundo porque nos despierta alarmas de violencia.  A pesar de sus muchas décadas en el oficio, o quizá por ello, la Niña logra encariñar al público por su sencillez honesta. Estuvo constantemente integrando al público, no solo para que entonara sus canciones, como suele hacerse, sino para que sintieran que el espacio del escenario no existía para separarnos. En un momento reconoció la presencia de Gilberto Santa Rosa y le agradeció su interpretación de Quién te va a querer.

La Niña Pastori es la cantante de flamenco más premiada, recibiendo el Grammy al mejor album de flamenco en el 2023, luego de cuatro anteriores Grammy.  Y, claro, no faltó el baile, para lo que integró a su equipo a una bailaora a quien le dejó el protagonismo en ese campo, aunque ella también dio sus pasos y vueltas. Como explicó, por dedicarse a criar a sus dos vástagos, había abandonado las giras. Por suerte, no para siempre, porque ahora, madura, se siente con suficiente energía para volver a los escenarios. Y en este retorno, por fin pudimos verla en nuestra tierra.

e.s. ortiz-gonzález

 

 

El mundo es una embajada

El mundo es un embajada

de palomas y tigres

aparte, el ruiseñor.

En su vuelo está el origen,

y la apertura entre reinos.

Cuando hunde el pico

en la fuente lo hace tal y como

las vestales consultan

el oráculo,

y con ojo poseso

dan a conocer el presagio.

Toda vez que un ruiseñor

se acerca a la fuente

me quedo quieto, y cuando

ya convencido apuesto que al fin

la muerte hace presencia

en sus alas,

de un salto levanta vuelo.

Queda el agua esparciendo

mi rostro

en ondas concéntricas.

El canto que escucho

es el de la renuncia.

 

 

Ante el Foro, 500 A.C.

 

Ante este Foro comparezco

para solicitar el poner fin a mi vida.

Mi hogar disfruta de una economía

próspera. Mis bestias y esclavos

están bien cuidados.

Mi reputación no

tiene malgasto alguno,

y este Foro ha escuchado

mi prudente consejo cuando se debate

el porqué de una ley.

Las Furias nunca han sufrido enojo por

algún impropio proceder de mi parte,

puesto que mi mano

nunca fue esquiva para

quien suplicara hospedaje.

Vivir, sin embargo, se me ha vuelto

aborrecible. He bebido

la copa de la vida, y en mi vejez

no deseo otra que no sea la de mi muerte.

Ante ustedes, con mano abierta comparezco.

Mis arreglos fúnebres

están listos.

Cubran mis cabellos

de flores.

Sea dispensada

la dulce cicuta.

 

 

 

 

Como en el 68, ¡El movimiento estudiantil contra el colonialismo y la represión!

 

Andreu Pagés*

La irrupción de las estudiantes de la Universidad de Columbia en Nueva York ha provocado una oleada de movilizaciones y ocupaciones de universidades mediante acampadas en decenas de campus en Estados Unidos. Las exigencias de los jóvenes, a las que también se han sumado parte importante del profesorado, son claras: el alto el fuego permanente en Gaza y el fin del genocidio del Estado de Israel contra el pueblo palestino. En concreto, exigen también a las autoridades universitarias la desinversión y ruptura de relaciones académicas y de colaboración con el Estado sionista. Reivindican el boicot académico, es decir, el fin de todo tipo de relaciones con las instituciones académicas de Israel, en tanto que son parte indispensable de la maquinaria reproductora del aparato político y militar y, sobre todo, de legitimación y normalización ideológica del genocidio. También denuncian la complicidad del Gobierno de Biden. No podemos olvidar que Estados Unidos es el principal proveedor de armas para Israel, pues utiliza Israel como portaaviones en Oriente Medio. Como en el 68 contra la guerra de Vietnam, el movimiento estudiantil pasa a la ofensiva por denunciar las políticas imperialistas y colonialistas contra los pueblos del mundo.

Otros países se han contagiado. En México, Costa Rica, Francia, Reino Unido, Estado español y Alemania miles de estudiantes han sacado las tiendas para ocupar edificios universitarios en solidaridad con Palestina. Después de más de 6 meses de esta brutal escalada en la historia de la ocupación del territorio palestino, con más de 40 000 asesinatos y 2 millones de personas atrapadas en Gaza, las estudiantes han dicho basta al genocidio, a la complicidad y a la normalización.

Sin embargo, la represión de los gobiernos, consecuentes con sus políticas de complicidad, no se ha hecho esperar. En Estados Unidos, Francia o Alemania, la policía ha intervenido las acampadas –y en muchos casos han impedido que se lleven a cabo– con cargas, multas y toda una serie de prohibiciones. Una continuidad de lo que ya habíamos visto contra las movilizaciones populares en solidaridad con Palestina. En algunos casos han llegado al punto de prohibir que pueda hablarse en árabe, lo que denota el carácter racista e islamófobo de sus políticas. Los gobiernos se justifican alegando un supuesto contenido antisemita de las protestas cuando saben perfectamente de la diferencia fundamental entre esto y el antisionismo. Por eso atacan también a los judíos antisionistas que se manifiestan, porque son la evidencia contundente de que la lucha contra el holocausto es hoy la lucha contra el genocidio del pueblo palestino.

Sin embargo, como en muchos casos, la represión no ha hecho más que hacer crecer el movimiento, ganar más apoyos y que las acampadas cada vez lleguen a más ciudades del mundo. En este sentido, el movimiento estudiantil de la Universidad de Barcelona está convocando a ocupar el Edificio Histórico a partir de este lunes 6 de mayo. Exigen la ruptura de relaciones académicas de la universidad con las instituciones sionistas, pero también con todas las empresas cómplices del apartheid con las que se tienen convenios de colaboración. También denuncian al Gobierno del Estado, que ha mantenido el comercio de armas con Israel, y al Gobierno de Catalunya, que mantiene también todos sus vínculos.

Es fundamental todo el apoyo a esta iniciativa para que pueda ser también un precedente hacia otras universidades y, en general, hacia la movilización más contundente del movimiento de solidaridad. A lo largo de la historia, el movimiento estudiantil ha tenido un rol fundamental y ha sido punta de lanza para procesos de movilizaciones generalizados: contra el imperialismo y el colonialismo, contra el patriarcado, contra las dictaduras y la represión y, en general, en defensa de los derechos y libertades. Hoy tiene una nueva oportunidad para hacer historia.

 

 

Tomado de Lucha Internacionalista

 

 

Las realidades inocentes y sangrientas de Sasquatch Sunset y Civil War

 

Especial para En Rojo

 Veo cada película como una entrada a un mundo que se rige con sus propias leyes. Algunos se asemejan al nuestro porque nuestra realidad es su base. No quiere decir que nuestras realidades son las mismas, sino que son construidas por diferentes creadores. En un ejercicio que hago con mis estudiantes de español al principio de cada año, los invito a considerar cada esquinita de su realidad. Pensando su mundo como una expresión teatral, los invito a considerar su cuarto, la utilería que lo adorna, cada recoveco de su casa, su calle y las estructuras que la demarcan, y los personajes que pueblan la escena. Aunque les pido que no lo expresen por su nivel de intimidad, los llamo a que identifiquen las emociones que sienten en cada lugar. Al transitar mi propio mundo, juego con los sentimientos que emanan de la oscuridad romántica y amenazante de The Third Man (dir. Carol Reed, Reino Unido, 1950), la alta tensión divertida del Nueva York de The Taking of Pelham 1 2 3 (dir. Joseph Sargent, EE. UU., 1974) y la explosión de la felicidad musical de Les demoiselles de Rochefort (dir. Jacques Demy, 1968, Francia). Estas realidades se contradicen, pero se encadenan las unas con las otras como los empates imperfectos entre los planetas de Valerian and the City of a Thousand Planets (dir. Luc Besson; Francia, China y Belgica, entre otros; 2017). Hoy exploraré dos dimensiones muy particulares que cuentan entre mis experiencias favoritas de cine en lo que va de año, Sasquatch Sunset (dirs. David y Nathan Zellner, EE. UU., 2024) y Civil War (dir. Alex Garland, EE. UU. y Reino Unido, 2024).

En estos días, el pie grande es una leyenda de terraplanistas que creen que las vacunas alteran el ADN. Sin embargo, en Sasquatch Sunset, nosotros somos un misterio para una familia sasquatch que sobrevive en lo más profundo de un bosque estadounidense. Su mundo es uno rodeado de árboles y estos coexisten con los animales del bosque, que muchas veces los observan con curiosidad. La familia, formada por la madre desafiante (Riley Keough), el padre y macho alfa (Nathan Zellner), el hijo mayor que insiste en contar las estrellas (Jesse Eisenberg) y el juguetón hijo menor (Christophe Zajac-Denek), sobreviven buscando y cazando comida, construyendo cada noche un techo para guarecerse, y transitando el bosque. El lenguaje entre ellos es de gruñidos, expresiones faciales y movimientos corporales. No obstante, nos acostumbramos gradualmente a sus métodos de comunicación mientras paseamos por esa realidad alterna. Los Zellner, que dirigen la película con David Zellner también fungiendo de escritor, y los actores logran expresar una serie de emociones intensas que van desde el dolor de la pérdida hasta la fascinación con algún animal recién descubierto. De hecho, el bosque es un mundo extenso que la familia explora a diario. Los cuatro van formando una idea de su mundo, hasta toparse con elementos que no cuadran dentro de su dimensión natural: una casa de campaña, un radio, una carretera pavimentada. La película sumerge al espectador en el mundo de los sasquatch donde un mojón tiene un uso más allá del inodoro y el olor de un dedo es un placer exquisito. La maravilla de la película es descubrir lo raro de nuestras construcciones a través de sus ojos, tornando lo cotidiano en un elemento inexplicable. Chemi González, un colega cinéfilo y miembro de mi comunidad de Facebook, dice: “me parece que el 2024 esta trayendo de vuelta un cine más inequívocamente polarizante… y ya era fokin hora.” Aunque pienso que todavía esto está por verse en lo que falta del 2024 y espero que tenga razón, Sasquatch Sunset es una de esas películas que se adora o se rechaza. Si usted no está preparado para compartir su espacio con las vivencias únicas de una familia sasquatch, continúe deambulando por su calle pavimentada.

Por otro lado, Civil War construye una realidad aterradora precisamente porque apunta hacia un posible futuro. Texas y California, a los que se refieren como el Western Front, declararon una guerra de secesión en contra del presidente de los EE. UU. y la unión. La realidad política del país no está clara para el espectador. Así como reconocemos a Texas como un estado predominantemente republicano y a California como un pilar demócrata, la película evade explorar los bandos en el conflicto. Leemos al presidente (en un cameo de Nick Offerman) como un Donald Trump que llama a las armas y a una dictadura, aunque justifica la violencia al igual que Joe Biden en su apoyo a Israel durante el genocidio contra Palestina. La película no identifica partidos políticos, pero notamos conexiones con nuestra realidad: un presidente que ha sumido al país en una guerra civil, las amenazas del ultranacionalismo, y el horror de las milicias blancas y del militarismo en general, entre otras. Leemos el combate a través de la mirada objetiva y la cámara de los periodistas que sacrifican sus vidas para tomar la foto perfecta y/o conseguir una entrevista exclusiva. Como afirma Ricardo Vargas-Molina, otro cinéfilo de mi comunidad de Facebook, es “… interesante el paralelismo entre el soldado y el corresponsal de guerra […] en la idea de la frialdad como requisito para participar de ese horror y en sus estragos emocionales.” Esta relación con el horror de la guerra marca a cada uno de los periodistas que sigue la historia. El grupo incluye a Lee (Kirsten Dunst), una fotógrafa experimentada que ya ha capturado los horrores de otras guerras; Jesse (Cailee Spaeny), la joven fotoperiodista sin experiencia que sigue los pasos de Lee; Joel (Wagner Moura), el afable escritor que depende de la bebida para poder dormir y seguir riendo; y Sammy (Stephen McKinley Henderson), el lobo viejo que insiste en unirse al grupo en lo que posiblemente será su última historia. Los cuatro se adentran en el corazón del conflicto en un viaje que se asemeja al descenso al infierno de Willard (Martin Sheen) en busca de Kurtz (Marlon Brando) en Apocalypse Now (dir. Francis Ford Coppola, EE. UU., 1979). Aunque Garland nos trae una película sólida, esta carece de la complejidad de maravillas previas como Ex Machina (EE. UU. y Reino Unido, 2015) y Annihilation (EE. UU. y Reino Unido, 2018).

Desgraciadamente en la isla, no creo que puedan ver la belleza bizarra de Sasquatch Sunset en la pantalla grande por la falta de visión de Caribbean Cinemas (no se le puede pedir peras al olmo). Pero les recomiendo que vean Civil War en la pantalla grande. Como dice mi amigo, Néstor Segundo (nombre que usa en Facebook), sobre la película, “Me puso a pensar en la posibilidad de que algo así ocurra en [la isla por] escasez energética o de comida.” Cuando un pueblo se ahoga en la necesidad, la violencia irremediablemente se asoma.