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Comité Pro Derechos Humanos con nuevo portavoz

 

 

El Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico anunció la elección de su  nuevo portavoz, el abogado Kevin Miguel Rivera Medina. En comunicado de prensa, el saliente portavoz, el licenciado Eduardo (Tuto) Villanueva Muñoz,  destacó de la labor como jurista de Miguel Rivera el haber liderado varias campañas en favor de los derechos humanos y constitucionales de nuestra patria, haber  presidido la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte, con sede en París, Francia, y dirigir, desde hace más de una década, la Comisión sobre Pena de Muerte del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, institución en la cual es integrante de su Junta de Gobierno y directiva.

“Es un honor que quienes integran el Comité hayan tenido la confianza de descargar en mí esta enorme responsabilidad, y por varias razones. Primero, por la entrega sacrificada a las causas justas de quienes componen el Comité; segundo, porque hay un legado de la portavocía de Tuto Villanueva, quien llevó sobre sus hombros esta labor de manera ejemplar por tantos años, y tercero, porque es una encomienda que había acogido, hasta el momento de su muerte, el compañero Edgardo Román Espada, inyectándole toda su energía y sabiduría”, sostuvo el nuevo portavoz.

“Ahora nos toca honrar un trabajo histórico y renovar votos para continuar en la primera línea de defensa de los derechos fundamentales del pueblo en momentos en que son amenazados por problemas como el desplazamiento, el saqueo de servicios públicos y de sus recursos naturales o el control socioeconómico y antidemocrático que ejerce una Junta Fiscal no electa por la gente”, añadió el licenciado Rivera Medina.

Luego del largo y arduo trabajo por la excarcelación de los presos políticos puertorriqueños y la lucha por la salida de Vieques de la marina de guerra de EE. UU., el Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico se ha destacado por promover el cese de la represión en contra del pueblo y sus organismos de lucha social. Dentro de este marco, educa, moviliza y denuncia de manera amplia y unitaria en foros nacionales e internacionales la persecución y la violación de los derechos a quienes combaten el coloniaje, así como a quienes trabajan por una sociedad equitativa, por la educación pública y accesible, por la protección de los recursos naturales y ambientales y la perspectiva de género, entre otras.

El Clásico:  Mucho más que una fiesta beisbolera

 

 

Especial para CLARIDAD

Al momento de este escrito el equipo de Puerto Rico (el Team Rubio) presenta marca de 2 victorias y 1 derrota habiendo vencido con marcadores cómodos de 9 a 1 y 10 a 0 a los conjuntos de Nicaragua e Israel respectivamente mientras que cayeron 9 a 6 frente a Venezuela.

Al momento, solo les queda un juego de primera ronda frente a República Dominicana que será de vida o muerte para tener la oportunidad de clasificación a la segunda ronda.  Pero más allá del resultado del juego del próximo miércoles, el Clásico prueba nuevamente como el deporte ayuda a crear un sentimiento de patriotismo y orgullo nacional.  Prácticamente todos los jugadores han manifestado como la experiencia de representar a Puerto Rico los ha marcado; y miles de fanáticos se han trasladado a la ciudad de Miami a apoyar a los nuestros que, entre otras cosas, hicieron historia el pasado lunes al lanzar de manera combinada el primer juego perfecto en la historia del Clásico Mundial.

El juego con Dominicana será el grande

La sorpresivas derrotas de República Dominicana y Puerto Rico frente a Venezuela han hecho que el juego del miércoles se convierta en el evento más significativo del año ya que el ganador avanzará y se mantendrá con posibilidades de aspirar al campeonato. Desde ya, varios de los narradores y prensa estadounidense lo han llamado como el súper juego.  Dicen que tiene la posibilidad de abarrotar el estadio de Miami, en el que caben sobre 36 mil fanáticos, y romper todos los records de audiencia de televisión para un partido del Clásico.

Nuevamente el deporte nacional se convierte en el bálsamo de nuestra sociedad en momentos donde todo lo demás en nuestro país parece estar colapsando…  ¡y luego hay quién cuestiona su valor social!

 

 

Será Otra Cosa-Poeta geóloga, sobre Las horas extra de Mara Pastor[1]

 

 

Especial para En Rojo

1.El 8M

Celebrar el libro Las horas extra de Mara Pastor hoy en el 8M, Día de la mujer trabajadora, no es cosa del azar. Ni gratuita, ni aleatoria; la invitación es más bien una provocación, una suerte de aquelarre, una maldosa cascarita que nos ofrecen la poeta y las editoras de La Imprenta, Nicole Delgado y Amanda Hernández (tan brujas), para pensar un libro de poemas que pone en jaque esta conmemoración que marca la diferencia entre los conceptos mujer, trabajadora y, añado, poeta, como si mujer o mujer poeta no fuera un lugar particular de explotación. Espero, como criminal doméstica certificada (a quien no le prescribe el delito), experta en horarios extendidos, no defraudarlas en la empresa de sopesar el valor capital de estas horas extra.

  1. Poemista* geóloga; libro de islas

*(A veces, en nuestras conversaciones, Mara y yo, escritoras al fin, hablamos de la adquisición de lenguaje de nuestras hijas. Yo le regalo el verbo feliciar, de mi Mariana. Ella el mamá poemista de su Isla.)

Este es un libro íntimamente geológico, atento a la formación y evolución de las distintas materias terrestres que lo componen: cayos, volcanes, bosques, costas, rocas ígneas, acantilados, caracoles, manglares, placas tectónicas y muchas islas. No sé si fue al nombrar a su hija, Isla Estela, que Mara se nos volvió geóloga, pero sus cuarenta poemas persiguen la evolución de la materia. Isla, territorio, libro, poema, palabra, lenguaje en traducción, cuerpo en crecimiento, hija: todos son nombres para la acumulación de sedimentos volcánicos y creativos que lentamente se solidifican.

En Las horas extra hay resonancias de elementos propios del mundo poético de Pastor que ya hemos valorado en sus textos anteriores como Poemas para fomentar el turismo, Falsa heladeríaDeuda natal:el tema de la isla como espacio de continuo expolio, las alusiones a la naturaleza, el escenario cotidiano, el juego de palabras, el uso del humor. Sin embargo, estimo que este libro, tan terrenal, tan geológico, tan asentado en los accidentes de una isla, o de Isla-hija, tiene una hechura sísmica. Al leerlo, siento liberarse la energía acumulada por largo tiempo como el movimiento de una placa tectónica. Habitualmente estos movimientos son lentos e imperceptibles, pero en algunos casos, el desplazamiento libera tal cantidad de energía, que el movimiento brusco entre placas, entre versos, originan el sismo.

Por eso la isla volcánica con su erupción de energía y fuego, quizás sea la metáfora principal del libro. Sabemos que las islas existen debido al movimiento de las placas tectónicas de la Tierra y que aparecen durante el transcurso de muchos años como resultado de algún evento geológico, como una erupción volcánica o el quiebre de un litoral “continental”. Sabemos también, que las islas siempre han sido laboratorios, territorios de experimentación de las más cruentas hazañas de explotación corporativas, científicas y turísticas.

El poemario inicia describiendo el lugar de habitación y enunciación de la voz lírica,/ en “La piedra sobre la que vivo” nos instala en “este pedazo de tierra”, que ahora es ígnea y antes lava del volcán en erupción, para situarnos en sus confines de isla con todos sus accidentes geológicos y poéticos.

No en balde el poema Epígrafe, que no lo es en el sentido literal del término; (aquella cita que se coloca con función prologal), nos alerta de los recorridos conceptuales y poéticos del libro:

 

Dijo Antonio que la isla centro

Era imposible de fijar,

Que reaparecería

Una y otra vez,

Siempre de manera furtiva,

En los poemas de los cosmógrafos.

Esta es una de estas apariciones.

 

Esta Isla tiene pocas palabras.

La primera fue estrella. La segunda, agua.

Todas son de barro y pueden deshacerse.

Todas deben decir nontoxic.

 

Aquí hay una Isla que ve otra isla en el horizonte.

Si no dices que es un cayo, te corrige.

 

Los nombres se repiten.

Los significados no.

La isla se repite, propuso Benítez Rojo, pero cada reiteración, (¿deberé decir réplica?), marca su diferencia. Tantas islas, con mayúsculas y minúsculas, en este poema, tantos juegos, tantas inversiones de palabras. Y ya sabemos que Isla, aquella criatura arrojada que corrige a la madre poeta, será uno de los significantes y significados fundamentales del poemario.

Pastor presta mucha atención a lo minúsculo, a la recuperación de lo cotidiano: a la hija que juega y adquiere lenguaje, a la labor de las avispas, a la sonografista que lee corazones, a los albañiles que reparan su hogar, al huerto de la casa. Podría decirse que estos poemas son casi odas elementales. Y digo casi, porque la voz poética no vuelve épico lo cotidiano como se espera del género. Sería una gran traición hacer heroico lo común: el exceso de trabajo, el día de una madre, la suerte del gato, el fósforo humedecido, la casa despintada, las horas extra de una poeta, el cansancio de un cuerpo madre-poeta. Épico es otro nombre para la mitificación, para la sacralización que exige el sacrificio. Por el contrario, la poeta vuelve extraño lo habitual, sobre todo con el humor, el juego de palabras y la sorpresa para revelar las viejísimas verdades que quedan atrapadas,( ¿o deberé decir entrampadas?) en la cotidianidad.

  1. La mano y el cuerpo que escribe

Nos antojamos en no ver el trazo anterior a la letra, la cicatriz imperceptible que antecede a los versos, las estrofas y las páginas que supone todo libro de poesía. Pensamos como figuración la voz del enunciado poético. Y lo es, claro que lo es, eso me obligo a explicarles siempre a mis estudiantes. Pero en su evolución, esa voz, más bien eco, fue también sismo de experiencia, temblor, fisura, marca, mano que escribe. ¿Cómo traducir la materialidad de esa mano-voz que leemos? La voz poética de Las horas extra, plantada en “este pedazo de tierra” de lo cotidiano se empeña en concretar al cuerpo: mano que escribe, teta que lacta, boca que ama, ojos que ven, mente que no cesa.

Si en Deuda natal y Falsa heladería, asistimos al cuerpo preñado de la hablante lírica situada en una isla endeudada, acá presenciamos su parto y sus continuas negociaciones con la maternidad en el día a día de un archipiélago-paraíso fiscal. Así por ejemplo en el poema El día que naciste se retoma la metáfora de la isla volcánica para describir el parto: “Nueve libras insurrectas/ de llanto y calor/ habían salido de mí como de un volcán.”

El poderoso vínculo materno, situado entre lo carnal y lo político, recorre el libro./ “Has nacido y todo lo demás desaparece” leemos en el poema No estoy intacta. /En Sueño y carne, por ejemplo, la voz lírica logra describir con ternura inconmensurable la siesta de su hija, y cito: “pero observé su siesta y estuvimos/en nuestra propia vía láctea/mirándonos a los ojos”. Otro ejemplo contundente es el bellísimo canto a la lactancia que es el poema Tétame, en el que se da cuenta de esa forma tan biológica y a la vez tan política, personal y cultural de atarnos a la hijetud.

Sin embargo, ya desde el título, la amorosa maternidad no invisibiliza el trabajo, el esfuerzo, el cansancio. Pastor logra desmadrar la ecuación capitalista del cuerpo maternal. La escritura, como la maternidad, es un estado y un lugar. También un trabajo no remunerado. Aquí el lugar es una isla que exige horas extra para toda labor creativa, sobre todo la crianza. El tiempo o su carencia es tema fundamental del libro. Así se superponen diversos tiempos en el poemario: el de la jornada laboral, el de la creación poética, el de la naturaleza, el de la crianza y el juego. Todos supeditados a la explotación capitalista.

Tempus fugit; las horas escasean, se esconden, desaparecen, y, casi como el conejo de Alicia en el país de las maravillas, vemos a la voz poética buscarlo: “Encontrar mucho tiempo /en donde ya no queda.” Hay un balance maromero entre el amor maternal y el cansancio del cuerpo madre que se presenta en esta libreta de jornal que es el libro. La poesía y la maternidad se igualan por ser labores que exigen la donación de tiempo. No les aplican leyes laborales, tampoco contratos que estipulen el tiempo de prestación de servicios, los periodos de descanso compensatorio, las horas de almuerzo o el coffee break. Para ser poeta, para escribir, para lograr esa actividad ajena al tiempo laboral, contabilizado y remunerado es necesario tener tiempo. Entre la excesiva terneza de los poemas percola la angustia de “la mamá poemista”, que no encuentra tiempo para escribir porque tiene que resolver un mundo de “Cosas en vez de poemas”: “Tengo un poema/en el baño/ mientras conduzco/con los chupones de extracción en los pezones,/en un semáforo…).”

El poemario es una lupa que nos acerca al agobio y la fatiga del cuerpo oficioso de la madre-poeta. De aquí que el libro esté poblado de cantos a múltiples trabajadores: sonografistas, albañiles, meteorólogas, metalurgistas, dependientas, ornitólogos y traductoras. Y, sobre todo, a la escritora, pues una es su mundo, su lenguaje y su teoría. Una es su elección, su responsabilidad y su culpa. Una es su trabajo, su cansancio y su tiempo extra. También es su Isla-hija, esa que se repite y te repite, y la que quien, frente a una isla, la volcánica, te aclara, no madre, eso es un cayo.

  1. Exijamos la justa liquidación de las horas extra

Cansa repetirlo, (pero a eso hemos venido, ¿no?). Nuestra noción patriarcal y capitalista del cuerpo femenino oculta la producción de la fuerza de trabajo bajo la cobertura de un destino biológico, toda vez que diseña la maternidad como trabajo de amor y sacrificio. Quizás ha sido la historiadora italiana Sylvia Federeci, en su clásico libro Calibán y la bruja, quien con más contundencia, y desde el análisis neomarxista, ha reconocido la esfera de la reproducción como fuente de valor y explotación en el capitalismo. Mujer ha sido y es una función-trabajo, nos dice la historiadora. Las mujeres hemos sido las productoras y reproductoras de la mercancía capitalista esencial: la fuerza de trabajo. La labor no retribuida de las mujeres en la esfera doméstica es el pilar sobre el cual se construyó la explotación de los trabajadores asalariados. La división entre el trabajo doméstico o reproductivo y el trabajo productivo es la base para la domesticación de lo reproductivo y el expolio del cuerpo femenino en el capitalismo como botín público, incluso.

¿Qué decir de la osada “mamá poemista”? Parecería que las madres no pensamos, mucho menos escribimos. Si acaso, estamos escritas. La oposición madre/escritura está tallada en los pilares de la cultura. El tema del cuerpo maternal-escritora agotado, que le roba al sueño tiempo de escritura, y que para colmo, siente culpa de soñar un tiempo de creación, es un importante tópico literario, que yo deseaba estuviera ya passé. Vivimos bajo el espejismo de que es una discusión zanjada.

Pero aquí estoy hoy, en este pedazo de tierra ígnea, enternecida con la belleza de Las horas extra de Mara, reclamando su justa remuneración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Texto presentado el 8 de marzo de 2023 en Librería La Esquina, Río Piedras.

 En Reserva-A la cuerda

 

Dalila Rodríguez Saavedra

Especial para En Rojo

Apretaba la cuerda con una fuerza anticipadora. No era necesario expulsar tantas energías que luego iba a necesitar, echaría de menos la materialidad corpórea, porque después de tanto, y de todo, hasta ahora, la mente sí lograba aquello propuesto. La idea inmadura de la existencia como una cadena con “escisiones etéreas» le causaba vergüenza elaborarla. Aunque fuera en la intimidad de su caletre. Avanzaba por el cable a una velocidad de inconsciencia hasta reparar que sí, que era él quien sujetaba la carabina y que los dedos largos y delicados, en parte morados de tanto apretar, eran suyos. Entonces sí, estaba aquí. El presentimiento era del orden actual. Maniobraba —pero sería más propio decir ordenaba— las escenas que le habían conducido a la adrenalina enjundiosa en la que estaba metido.

A su alrededor nada era conocido. Había imaginado la magnitud del espacio que habitamos y con su natural ensoñación brotaron los colores del centro puro de la tierra. Pensó en el arcoíris montañoso de la isla Mauricio cuando la Tierra se le antojó Madre. La asociación pasó a un plano indiferente. Sólo hay una, se oyó pronunciar tras el rebote de luz en su retina provocado por el brillo del metal mientras se deslizaba. Sus dedos intentaban asir la amarra quemándose por veloces nanosegundos en marcha. ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué ella y no otra? Por qué tantas elecciones desenfrenadas (incluso antes de nacer), sin apenas tiempo de reflexionar y permitirse otro ritmo. No sentía sus pies. Esa prolongación había desaparecido, aún así, podía ver el ocre denso de sus tenis pintados de fango —tierra, otra vez—, conjunto que ansiaba volver a pisar. Caminar cuando se vuela es estulticia suprema. Asume cada pensamiento como resultado de una autocompasión inédita que además provocaba algo que aflojaba sus miembros. Seguido por gélidas oleadas internas. Pero no en sus manos, esas no las podía sentir. Solo veía las manchas de mugre, cuales cerezas negras incrustadas en sus uñas atenazando el presente. La suciedad lo impulsó insistente al recuerdo de su madre. Recordó su cabello azotado por el viento y el aroma a aceite de romero como una onda expansiva de olor y dolor.

La postura del vehículo que habita, hoy piel pero mañana quién sabe porque la grandeza de la inmortalidad se le había instalado en alguna parte, le daba igual. Pudo sin embargo, contemplar otra vez sus manos bonitas de músico alegre que nace para obsequiar lo inefable. Sintió paz de no haber sido el pianista que ella quería. Los talentos se descubren cuando hacen falta y acostumbrarse a alguno era inútil. Intuía que la valentía en cambio iba por encima de cualquier virtuosismo. Su cuerpo, el vehículo, viajaba como parábola en medio de los riscos cuzqueños. La inmensidad de la Señora Tierra le sedujo de un modo tan intenso que se fue adecuando a la experiencia.

Sus expresiones fueron desarraigándose entre nuevas materialidades, el modo de pender del cable no era igual que al inicio. La visión combinada de lo panóptico con la luminosidad detallada aceleró sus pulsaciones. Tuvo el valor vertiginoso de observar las colinas como parte del límite evocador de otro mundo (porque sí, es posible otra mirada). Y la certeza de que nunca volvería a atravesar las entrañas espesas del camino: la antigua y reveladora ruta del inca.

El recién estrenado superpoder de mirada panóptica se iba coordinando con la postura de ave-cóndor. Ciertas interrogantes anticlimáticas se agudizaron. ¿Si caigo aquí la evanescencia será capaz de arrullarme? Minutos de quietud le fueron reafirmando que la gravedad simplemente son horas leves. En esencia soy un cobarde, incluso cuando aceptarlo en estas circunstancias amerita un enfoque heroico.

Ve la carabina con su rendija entreabierta. Un frío óseo reta el vértigo al doblar su cabeza para mirar hacia abajo. Esto es lo más cercano a morir que he estado. La muerte es como un pliegue seductor agazapada en plena conciencia. Si la cuerda me libera habré vivido mejor.

Un temor descarnado arrestó sus sentidos desde un pitido vacío. En cambio el miedo amigable le obsequió la lírica del silencio y la concupiscencia. Su figura semi encorvada debajo de la cuerda esbelta hizo un ademán primario de penetrarla con gesto de un roce leve. El presagio de liberación lo arrobó con una erección fría, una inusitada posibilidad de sentirse vivo.

La cultura y su dimensión colectiva

Reflexionar en torno a la cultura es adentrarnos a universos distintos y de manera simultánea. ¿Acaso es esto posible? Pensemos, por un instante, en la complejidad de este concepto que, desde la palabra misma –y a través de sus acepciones–, ya nos advierte de sus entramados, conexiones y tensiones diversas. Sí, es un concepto complejo. Lo es desde los intentos de su definición –y a partir del 1871 el ser humano se ha ocupado de esta ardua tarea desde una perspectiva más amplia y antropológica que daría paso al cuestionamiento y, tal vez, al solapamiento de significados– hasta sus imágenes y expresiones en una sociedad determinada. Ciertamente, ello está relacionado: palabras e imágenes. El espacio de encuentro de esta correlación es un tiempo –o varios– y algún escenario. Y a esto le añadimos el elemento de la existencia humana.

Es con la presencia del “ser” en mente que nuestra reflexión se originó: universos distintos paralelos. No es ficción. Es nuestra realidad existencial. Y ello es posible precisamente por la existencia humana. Cada persona es un universo. Compartimos experiencias, cierto. También expectativas. Pienso en el “tiempo histórico” “koselleckiano”. No obstante, una singularidad espiritual [y universal] –una dimensión interna y extensa– nos conforma y ello interacciona con nuestra dimensión externa; con lo cultural. Nuestra corporeidad tiene funciones de frontera. A ambos lados está lo que caracteriza a la humanidad: dentro y fuera. También arriba y abajo. La cultura es un “todo complejo” –así inicia Edward Barnett Tylor su definición del 1871 previamente aludida– que se fragmenta según las experiencias y expectativas que integran al universo de cada ser.

¿Qué representa la cultura en cada sociedad o país del mundo? Múltiples imágenes, símbolos, ideas, significados, comportamientos, sentimientos. ¿Y cuántas personas habitan en un país determinado? Es que en la complejidad de la cultura nos podríamos desorientar y no encontrar la brújula de la comprensión. La cultura nos podría distanciar unos de otros, así como unirnos. De igual manera, nos podría limitar o, por otro lado, expandir nuestra mirada. En la vida siempre nos encontramos con estas ambigüedades e incertidumbres. No es exclusivo del ámbito cultural. Se extiende a otros escenarios sociales. ¿Religión? ¿Política? Ambas integran el amplio espectro de la cultura en una sociedad. La cultura es inmensa, al igual que su fuente de origen: el ser.

Dicho todo esto, ¿cómo definir la cultura puertorriqueña? Podríamos realizar el ejercicio de preguntarle a cada puertorriqueño y puertorriqueña y las contestaciones serán distintas. No lo dude. Recientemente, estuve en una reunión de los centros culturales que se mantienen activos en Puerto Rico y fui testigo de ello. Los mismos que continúan su lucha por existir en medio de la precariedad económica, la corrupción política y la falta de solidaridad y voluntad que intenta imperar en la sociedad colonial. Mientras escuchaba a las y los diversos líderes culturales, reflexionaba acerca de la fragmentación en la cultura. Y es que la cultura tiende a ello. Ya he argumentado al respecto. No obstante, ahí están ellas y ellos. Unidos por un propósito: la cultura puertorriqueña. Trascienden la fragmentación y se centran en el todo. En lo colectivo.

A pesar de la complejidad aludida, cuando la cultura nos remite a la solidaridad y a la unión es que logramos reconocer la dimensión colectiva de la cultura. Es en esta remisión que se difuminan las distancias y las limitaciones de la propia cultura. Es parte de su dialéctica “natural”. Esta naturaleza no se puede suprimir. No obstante, nos puede servir de estímulo para centrarnos en lo constructivo y creativo inherente a la cultura. Y a ello apuestan los líderes de los centros culturales. Me refiero a las y los líderes que escuché en la reunión que tuvo lugar en Ponce, el domingo, 5 de marzo del presente año. Esto es evidente por el simple hecho de existir todavía.

Por último, es necesario preguntarse, ¿a qué apuestan las personas que tienen alguna injerencia en las esferas de poder de cada municipio y en el gobierno en general? Aquellas y aquellos que miran a la religión –no a la espiritualidad– como una extensión de su poder y apenas pueden mantener una conversación seria, estructurada y puntual acerca del ámbito cultural en Puerto Rico y de lo propiamente puertorriqueño. Las mismas personas que piensan que pueden censurar símbolos y expresiones de la cultura porque simplemente no están alineados a su credo religioso. El fundamentalismo se disfraza de buen servicio público. Ponce lo ha experimentado recientemente. La realidad es que todo el País a diario. Es nuestra responsabilidad rechazarlo y denunciarlo como ya se ha hecho en diversos foros y espacios. A este rechazo y denuncia me uno.

Arelis es doctoranda en Historia, UPR-Río Piedras.