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Mirada al País: Transporte masivo para las fiestas ¿y para el trabajo?

 

Especial para CLARIDAD

Año tras año cuando se celebran las fiestas de la Calle San Sebastián me sorprende la eficiencia con que se mueve a miles de personas durante cuatro días. Cuando vivía en Rio Piedras me transportaba en el Tren Urbano desde la parada de San Francisco. Ahora viviendo nuevamente en el Viejo San Juan observo la llegada de miles de personas que utilizan las guaguas que ofrece el Municipio de San Juan desde el estacionamiento del Parque Hiram Bithorn hasta la isleta.

Vi en FB un comentario de una participante haciéndose la misma pregunta. ¿Por qué para las fiestas aparecen cientos de guaguas con sus choferes para transportar gente a las fiestas y no así para la jornada laboral diaria? ¿Hay algún estudio de cuánto le cuesta al ciudadano promedio poseer un automóvil?

El único estudio que encontré que tiene datos sobre el costo de poseer un automóvil en Puerto Rico es un trabajo académico de Mayra I. Echevarría Pérez: Primer Informe de Progreso: El costo del auto privado vs. el costo de ATI.[1] Por la referencia a estadísticas del 2004 debe ser de fecha cercana a ese año. Cito: “De acuerdo a la AAA, un auto cuesta $8,431 al año. En este estudio realizado en la 3 Universidades de la Isla, Escuela de Planificación –RP, Universidad Politécnica y Recinto Universitario de Mayagüez, se obtuvo que el costo anual del auto es de $9,312. Esta cifra es equivalente a cerca de $180.00 semanales. El mayor gasto impera en el costo de la gasolina.”

En Puerto Rico hay (había) aproximadamente 2.2 millones de autos y 3.8 millones de habitantes, lo que produce uno de los índices más altos del mundo de autos por habitante (DTOP, citado en Moreno, G, 2003). Echevarria Pérez. Para el 2014 “Según los datos de múltiples censos alrededor del mundo sobre el uso de los vehículos de motor, en nuestro 100 por 35 hay 635 carros por cada 1,000 habitantes. Esto nos coloca en la posición 12 entre más de 200 países y territorios del mundo con más automóviles. La percepción de que hay demasiados carros en nuestras carreteras, por lo tanto, es muy real.”[2]

La situación lejos de mejorar ha empeorado. La Doctora Carmen Guerrero, directora de la EPA en el Caribe, presentó la siguiente revelación en una entrevista exclusiva con la Revista de Medicina y Salud Pública, en la que se refirió a estudios de la Universidad Metropolitana.[3] “En medio de la tendencia a que la isla vaya perdiendo habitantes, Puerto Rico todavía tiene más automóviles circulantes, que personas,..”[4] “La tasa de crecimiento de número de automóviles en Puerto Rico fue mayor que su índice de natalidad entre 1996 y 2000.” Echevarría Pérez.

Cuando Echevarría Pérez hizo este trabajo el costo de la gasolina era de .43 centavos por litro. Hoy es mas del doble a menos que tengamos suerte de encontrar una bomba a .85 centavos. Pero el problema de la falta de un transporte colectivo efectivo no es solo un problema de gasto para el ciudadano promedio. A ello hay que añadirle el impacto ambiental, el mantenimiento de las vias de rodaje, los costos de los accidentes de automóviles que provocan daños físicos en las personas y hasta muerte, lo cual requiere el uso de los servicios médicos ya de por si estresados. Echevarría Pérez señala los impactos negativos del uso del automóvil:

Del Valle (2000) nos dice que la dependencia del automóvil fomenta que se continúen construyendo carreteras debido a los problemas de congestionamiento vehicular. A la misma vez nos enumera varias de las consecuencias tales como: (1) se pierde gran parte de la tierra que podría estar destinada a otros usos, como agricultura o conservación de áreas verdes y recursos naturales, (2) aumenta la contaminación ocurrida por las emisiones de gases de los vehículos de motor, esta a su vez afecta la calidad del aire que respiramos todos los puertorriqueños y afecta negativamente la salud de las generaciones presentes y futuras. Por ultimo, (3) el deterioro de los centros urbanos tradicionales y las consecuencias socioeconómicas que acompañan a esta situación han impactado de forma negativa la calidad de vida de sus habitantes.

En cuanto al gasto para el usuario privado, para la fecha en que se publicó el estudio de Echevarría Pérez la data era la siguiente:

Actualmente, la Asociación Americana de Automóviles (AAA) en abril de este año, publicó un estudio donde revela que el costo por milla de un auto es de 56.2 centavos, ó $8,431 dólares al año. Además, nos dice que el componente más costoso es la depreciación del auto, ya que un auto nuevo deprecia $3,782 dólares anuales. El segundo componente es el seguro del auto, cuesta un promedio de $1,603 por año. El tercer componente es la gasolina con $975 dólares anuales. El cuarto y quinto componente es el mantenimiento requerido del auto con un costo promedio de $915 dólares, y el financiamiento de éste con $741 dólares al año basado en un plazo de 5 años a 6% de interés.

Los números que informa el estudio de la AAA eran actuales al 2004. Para Puerto Rico el hallazgo del estudio de Echevarría Pérez demostró que el costo  por milla del uso de un autmóvil privado era de $9,312. Estos números serían aun mayores para el 2022 debido a la inflación que ha sufrido Estados Unidos  de América desde entonces, el problema de la interrupciones de las cadenas de distribución por la pandemia y los desastres naturales y el alza en los costos de mano de obra. Solamente el renglón de la gasolina ha umentado mas el doble del costo para 2004.

El impacto que tienen estos gastos en las familias de les trabajadores puertorriqueñes es significativo si tomamos en consideración que “Los trabajadores en promedio ganan $37,950. 10% de los trabajadores gana $18,190 o menos. 10% de los trabajadores gana $63,560 o más.Nov 22, 2022”[5]

Para el 10% de los trabajadores que ganan $18,190 o menos poseer, mantener y operar un vehículo de motor significa, invertir una cantidad significativa de su salario en ese gasto, un 50%. Con el alza de los gastos de electricidad, agua y comestibles resulta un gasto sumamente oneroso para la familia puertorriqueña trabajadora.

No hay duda que un sistema de transportación colectivo eficiente y confiable, en el cual les puertorriqueñes pudieran descansar para llegar a sus trabajos diariamente, llevar a sus hijes a la escuela, hacer diligencias y acudir a sus citas médicas redundaría en un gran ahorro para las familias permitiéndoles tener dinero para invertir en una mejor calidad de vida y ahorrar, eliminando un estresor económico de sus vidas. Si a este beneficio para el ciudadano le añadimos que estaría ayudando a reducir los contaminantes y emisiones que producen las energias fósiles, reduciendo contaminación ambiental de ruido, y ahorrándole dinero al gobierno en reparación y mantenimiento de las vías de rodaje y en servicios de salud a los perjudicados en accidentes de automóvil, entonces todes ganamos. Si el gobierno no actúa en esa dirección la ciudadanía tiene que exigirlo.

[1] http://academic2.uprm.edu/uprati/interns/group1_final_reports/mayra.pdf
[2] https://www.primerahora.com/noticias/consumo/notas/puerto-rico-en-los-primeros-paises-de-mas-carros-por-habitantes/
 [4] https://medicinaysaludpublica.com/noticias/salud-publica/puerto-rico-tenemos-mas-carros-que-personas-en-la-isla-afirma-carmen-guerrero-directora-de-la-epa/15523
[5]https://www.google.com/search?q=ingreso+promedio+en+puerto+rico&rlz=1C5CHFA_enUS855US855&oq=ingreso+promeio&aqs=chrome.1.69i57j0i13i512l9.6504j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8

Las mujeres no tienen un techo digno ni seguro

Foto Archivo/CLARIDAD

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

No es solo la violencia física que culmina en la muerte, ni las mujeres que sobreviven a la violencia doméstica,  es que la mayoría de los casos de desahucio en Puerto Rico tienen como protagonistas a una mujer. Así lo demostró la organización Ayuda Legal Puerto Rico (ALPR), la cual dio a conocer que en este pasado año 2022, las mujeres amenazadas con ser desplazadas de sus viviendas representó el 70 % de los casos atendidos y que el 77 % de las solicitantes al programa del Departamento de la Vivienda, conocido como Programa R3 (de reconstrucción y relocalización), fueron mujeres.

En conferencia de prensa, el equipo de ALPR, encabezado por su directora ejecutiva, Ariadna Godreau Aubert; Verónica González Rodríguez, coordinadora de litigio, y Verónica Rivera Torres, abogada comunitaria, compartieron un balance sobre el trabajo del 2022 en el cual proponen enfocarse  para el presente año. Detallaron que del año 2021 al 2022 se registró un aumento de 300 % en los desahucios por impago. “En contraste, en estos últimos años ha habido una falta de rendición de cuentas públicas por los $1.4 mil millones desembolsados para ayudas y cero monitoria pública a los contratistas que trabajan con fondos CDBG-DR”, denunció  la directora de Ayuda Legal Puerto Rico.

Godreau Aubert observó que no es accidente que la  mayoría de los casos de desahucio en Puerto Rico  siempre tienen por protagonistas a mujeres y que del 77 % de las solicitantes al Programa R3, menos de un 10 % que ha conseguido la relocalización son mujeres.

El año pasado también hicieron un censo de alquileres dignos, el que llenaron sobre 400 personas,  en su gran mayoría mujeres. El señalamiento mayor fue que su situación de alquiler se había visto afectada por los desastres, por la falta de empleo, que nunca pudieron negociar un contrato y que jamás tuvieron acceso a información sobre la asistencia de renta.

Estos datos demuestran, según Godreau Aubert, que “las mujeres tienen menos capacidad de poder defender sus techos adecuadamente. Y un tema que no ha estado en boca de todo el mundo es esa intersección de que una de las manifestaciones de la violencia doméstica es que las mujeres están entonces en un mayor riesgo de ser desplazadas de perder sus casas. Con eso en mente parte, de lo que vamos a estar hablando este año es adelantar política pública para reconocer esa violencia económica que afecta el derecho al techo y a otras áreas, como parte del trabajo que queremos hacer”.

Razones de riesgo en las mujeres

La directora ejecutiva de ALPR relató que en Puerto Rico, estadísticamente, la pobreza tiene cara de mujer, así que no es accidente que esos hogares de madres solteras suelan ser más empobrecidos. Citó que, según los datos del Instituto de Desarrollo de la Juventud, algunos factores que tienen  que ver con esta situación son el que las mujeres son las que asumen el cuidado y la crianza de los hijos, resultando en menos posibilidad de movilidad laboral y exposición a otro tipo de violencia doméstica, así como la sobrecarga a las abuelas que crían. De estas últimas situaciones, dijo, llegan muchas ALPR.

“Si lo vemos estructuralmente, es una violencia que se levanta sobre la iniquidad, y al levantarse desde la iniquidad entre el hombre y la mujer, ya de por sí está sobre la mesa, en un país como Puerto Rico, que está en una crisis permanente. A poblaciones que desde el principio partieron con obstáculos, va a serles  más difícil sobrevivir. En el caso de la vivienda, lo hemos visto siempre, por eso hablamos de discriminen y de violencia doméstica, porque son dos ejemplos de la violencia de género. Una persona se puede quedar en la calle simplemente y de entrada por tener más obligaciones. El COVID es un ejemplo de eso y ahora estamos viendo las consecuencias. Muchas tuvieron que renunciar a su trabajo o lo perdieron”.

Los datos de la edad promedio de las mujeres amenazada de ser desplazas, según ALPR, es entre los 50 a 53 años. Godreau Aubert pronosticó que habrá  un recrudecimiento en el tema de las mujeres  porque cada vez los casos son más precarios: “El techo es la última manifestación. Vamos a estar viendo un alza en los casos que tienen que ver con desahucios cada vez más rápidos, incluso antes de llegar a un tribunal, que es un uno de los grandes riesgos, junto a un recrudecimiento”. Reconoció que en ALPR no pueden incluir el volumen de casos que se producen, pero que era importante alertar sobre ellos.

En ese aspecto, la ALPR busca  incidir también en la banca, por lo que el año pasado enviaron a las instituciones financieras un protocolo para cuando hay codeudores hipotecarios. Contó que hubo  instituciones, principalmente, el Banco Popular, que  contestaron en la afirmativa, por lo que ahora esperan que esa reacción se convierta en implementación.

Godreau Aubert indicó que producto del trabajo hecho con defensoras y sobrevivientes de violencia doméstica, el pasado año se  dieron  cuenta de que la Ley 54 no aborda la manifestación de violencia económica, a pesar de que ha sido una manifestación clara de violencia doméstica que todo el mundo reconoce.

“Nos  dimos cuenta de que a la hora de buscar herramientas y lograr remedios para las sobrevivientes no era tan fácil. Hubo consenso entre las organizaciones de mujeres de que hace falta una enmienda a la ley 54 para ser más puntuales con la violencia económica. A esos efectos, este pasado año se logró aprobar el PC 1311 y el PS 265 que reconoce la violencia económica. Un ejemplo de este tipo de violencia es que en muchos casos el codeudor deja de pagar la hipoteca y es la mujer la que enfrenta el desalojo. Cuando a una madre la desahucian, ni el tribunal ni el Departamento de la Familia le exigen responsabilidad al padre para con los hijos. Eso no lo contempla la ley de ninguna manera. Uno de los problemas mayores es que se ve lo desconectado que está el tema de la vivienda de todo lo demás. Nos hemos dado cuenta de que en estos procesos de desahucio no tienen ninguna comunicación ni con el Departamento de la Familia,  esa es una de las cosas que estamos tratando de que tenga más coherencia ese proceso legal”.

Al presente, cuando  una madre enfrenta un proceso de desahucio, el DF está presente en el lanzamiento; pero su gestión se limita a quitarle los hijos a la madre. Más allá de eso, no hay ninguna otra asistencia. Por parte del poder judicial no hay ningún mecanismo para ese proceso.

 

 

 

 

 

UTUADO La historia a la basura

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

En un acto que puede catalogarse de ignorancia, menosprecio por la educación y la cultura el alcalde de Utuado, Jorge Pérez Heredia, del Partido Nuevo Progresista (PNP) tiró al vertedero una colección de libros donada por el profesor e historiador, jesuita Fernando Picó y una colección del doctor Pedro Hernández Paraliticci, autor del libro Utuado, Notas para su historia (1983) y considerado el historiador oficial de Utuado. Este había donado su biblioteca y documentos.

La información fue confirmada a CLARIDAD por la legisladora municipal, Astrid Raquel Cruz Negrón, del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), quien denunció que tanto las colecciones de ambos historiadores como otros documentos que se encontraban en la Biblioteca Pública del Municipio fueron botados a un vertedero. Añadió que no se sabe que el alcalde haya donado los libros al recinto de Utuado de la Universidad de Puerto Rico, sino que eso “se hizo de la noche a la mañana sin mucho anuncio lo que se tiene de información es que se botó todo lo que había en el edificio, no hubo proceso de traspaso nada”.

Cruz Negrón comentó que muchas de las investigaciones del Fernando Picó fueron realizadas en Utuado con los archivos de la parroquia de Utuado y otras fuentes por lo cual siempre dejaba los documentos del resultado de sus investigaciones a la biblioteca pública y a la del recinto de Utuado la Universidad. Añadió que aunque de su parte denunció la acción en la emisora local WUPR 1530 e incluso hay un editorial por parte de la gerencia de la emisora censurando la conducta del alcalde, lamentó que las denuncias no hayan tenido eco en la población de Utuado para movilizarse “porque son muchas las cosas que están pasando en el pueblo”. El alcalde Pérez Heredia tampoco consultó con la Asamblea Municipal para el cierre definitivo de la biblioteca la cual se encontraba cerrada ya hace varios años. Lo que se sabe es que el alcalde quiere el edificio para poner una Junta de Inscripción Permanente (JIP). El edifico es uno relativamente nuevo y está en excelentes condiciones lo que único que ha tenido que hacer el municipio es limpiar y pintarlo.

Por su parte en un comunicado en su página electrónica Pérez Hereida atacó tanto a su compañero de partido y ex alcalde, Waldemar Quiles, y a la gerencia de la emisora de radio WUPR 1530 por rechazar el cierre de la biblioteca. El Alcalde se defiende de que él no cerró la biblioteca porque esta ya llevaba ocho años cerrada y defendió que una JIP da otros servicios que no son solo la inscripción electoral, que en el edificio se habilitará una oficina de Rehabilitación Vocacional. No obstante en ninguna parte el Alcalde indica qué hizo con los libros, y documentos que albergaba la biblioteca. No reconoce que los haya botado, ni donado a ninguna entidad o biblioteca.

En entrevista por separado el profesor e historiador José (Che) Paraliticci, primo del doctor Hernández Paraliticci, confirmó a CLARIDAD la acción del Alcalde y aseguró que en los espacios culturales e historiadores en todo Puerto Rico hay gente molesta con este proceder.

 

 

 

Cuando bajan de los cerros

 

Por Guido Leonardo Croxatto

«¿Qué ideal, hermano Cámac, inspira a nuestros dominadores y tiranos que consideran a cholos e indios de la costa y de la sierra como a bestias, y miran y oyen, a veces, desde lejos y con asco, su música y sus danzas en las que nuestra patria se expresa tal cual es en su grandeza y su ternura?» -José María Arguedas, «El Sexto»

“Hay que evitar que los terroristas lleguen a Lima”, se escucha decir a dirigentes del oficialismo y la prensa conservadora. Los “terroristas” son campesinos y trabajadores humildes (como la empleada doméstica asesinada en Puno) que se sienten estafados con la prisión “preventiva” de Castillo. En muchas provincias peruanas las fiscalías especializadas en derechos humanos han pasado a ser fiscalías antiterrorismo.

Han sido asesinadas ya en Perú sesenta personas, todas de sectores humildes que salían a protestar y a reclamar la renuncia de la presidenta. El gobierno se ha mostrado indiferente ante el caos y no ha dicho una sola palabra. Los gobiernos de América Latina tampoco parecen advertir la magnitud de la tragedia. La policía corta los caminos para que los “cholos” (los indios) no puedan llegar a Lima. Para que no “bajen” a la ciudad.

Desde que asumió Castillo, un maestro humilde, como quienes hoy salen a protestar en el sur del país, fue asediado por los medios. Castillo cortó apenas asumió el gobierno la pauta oficial en la prensa peruana. Los medios hegemónicos (Grupo El Comercio, dueño de Perú 21, La República) dejaron de recibir financiamiento. Desde ese momento, y al unísono, todos los medios se dedicaron a atacarlo sin pausa.

Ningún presidente en la historia de Perú fue requisado la cantidad de veces que Castillo, a ninguno se le pidió la entrega de las cámaras del Palacio de Gobierno (la casa de Pizarro) como a Castillo. La aristocracia limeña, centralista y racista como pocas, no podía tolerar a un maestro rural (a un “cholo”) de presidente. Esto no exime a Castillo de sus errores (ni las defecciones internas que ha padecido su gabinete, como la de la misma Boluarte, que hasta ayer nomás era leal y de izquierda y repentinamente lidera un gobierno asesino). Pero explica el por qué de su destitución. No son sus errores (ningún presidente peruano tomó alguna de sus medidas más importantes, como fue el caso de Lugo o de Dilma Rouseff, ambos destituidos de forma irregular y sucedidos por gobernantes corruptos, que han perseguido a la oposición, encarcelando a Lula, por ejemplo) sino su identidad cultural la que explica que hoy Castillo esté preso. Y esa identidad, esa marginalidad, es la que explica las protestas en las calles.

No es raro escuchar que en Perú se responzabiliza a Evo Morales de las muertes. En Puno, la región donde más asesinatos hubo, se quiso destituir al rector de una universidad pública que había reconocido a Evo Morales, que reivindica la nación Aymara, con un título académico.

Nuevamente, el problema son los “indios” (incultos, con su “hedor” desagradable frente la civilización prolija que huele “bien”, como ironiza Kusch en América Profunda) que bajan de los cerros y de los pueblos “jóvenes” (eufemismo que se emplea para no hablar de las villas miseria).

Los que reclaman en Perú son campesinos, estudiantes y trabajadores empobrecidos, como en Arequipa, todos del cono norte, proletario. De la ciudad pudiente, cuyo centro histórico no registraba aun muertos, como en Puno o Ayacucho (región célebre por los artistas populares que se expresan a través de retablos), de donde provienen los movimientos de izquierda. Los retablos de Ayacucho suelen expresar movimientos combativos. En Ayacucho ha habido decenas de muertos. La policía no improvisa. No hay muertos en Lima ni en Arequipa. La policía sabe bien donde ir a matar.

Mientras mueren peruanos, se escucha decir a la presidenta que es hora de encarar “las grandes reformas que el país necesita”. Los muertos no comparten su idea: la acusan de usurpar el poder y pactar su gobierno con los sectores más reaccionarios de Lima, que son quienes la sostienen. Los pueblos campesinos, las mujeres altoandinas, reclaman otra cosa muy distinta: una nueva constitución que finalmente los exprese. Que los reconozca.

A quienes desde el Congreso reclaman por las muertes y piden la renuncia de Boluarte, se los tilda, como a Sigrid Bazán, de “azuzadores”. Cuando la propia policía organiza en los barrios más pudientes de Lima “marchas por la paz”, luego de asesinar a sesenta peruanos sin inmutarse, nadie habla de “azuzadores”. Ha habido asesinatos a corta distancia, rompiendo cualquier “protocolo”. Ha habido francotiradores en Puno. Se pueden ver videos de mujeres rogando a los gritos que paren de disparar: “Miserables, no disparen”, se escucha decir, entre ruegos y llantos, a varias mujeres.

Es notable el silencio de la progresía latinoamericana. No es momento para quedarse callado. En Brasil hubo un intento de golpe de Estado sin muertos. En Perú ya van sesenta muertos producto de una destitución ilegitima y un gobierno de facto que reprime a su pueblo. La OEA no ha tenido en este caso la premura que ha sabido tener en otros.

Se puede ver a la policía rodeando edificios sin orden de allanamiento. Se suspenden a diario eventos culturales en los que exponen canta autores de izquierda. La policía “descubre” libros de Marx y de Lenin en determinados departamentos, empleando esos libros como “prueba” de “terrorismo”. Se deslegitiman las protestas con el tipo de “disturbios”, muchos de ellos generados, como en el célebre caso del asalto al Banco de la Nación (julio del 2000, en la «Marcha de los cuatro suyos», antigua división del incanato), desde el propio poder: por la misma policía, para desdibujar el reclamo pacífico pero firme del pueblo peruano.

Así cayó la dictadura genocida de Fujimori: cuando después de una marcha se prueba que el incendio del Banco de la Nación no fue de quienes protestaban, sino por infiltrados del propio gobierno. Las similitudes con la situación actual son estridentes. El gobierno se esfuerza por deslegitimar a los cholos diciendo que son “terroristas” pero su reclamo es pacífico, aunque firme y claro: renuncia del gobierno, nueva constitución, asamblea constituyente. Construir una nación pluriétnica, como en Bolivia y como se pedía en Chile (donde también se acusa de terroristas a los pueblos originarios y no a quienes los han asesinado y desplazado históricamente de su tierra, impidiéndoles incluso hablar su lengua). Ese es el camino de los pueblos hermanos de América Latina.

La reacción represiva no puede ser tolerada. Están asesinando a los hermanos peruanos. Nuestros pueblos están defendiendo su dignidad. Quieren hablar su lengua. Quieren constituciones que los representen. No (jueces, dirigencias, ni legislaciones) que los repriman. Quieren algo que nuestros gobiernos no les han sabido brindar. Por eso salen a la calle. «Cuando los cerros bajan» es el título de una canción chicha (Cuando Chacalón canta, los cerros bajan) que expresa el alma del pueblo peruano. Como las novelas indigenistas de Arguedas o la poesía de Mariano Melgar (poeta e independista peruano, arequipeño), los “cholos” están marcando un camino que aun nuestros Estados centralistas, racistas, coloniales y eurocéntricos, no logran divisar. La crisis social es más profunda de lo que parece. No es “política” ni es económica. Es una reivindicación cultural de pueblos históricamente silenciados y negados que han resuelto en Bolivia, Chile, o Perú, salir a la calle. “Bajar” de los cerros.

Reproducido de www.rebelion.org

Será Otra Cosa: Entre Marco y Todaro

 

Especial para En Rojo

Despedí el 2004 en la Plaza de San Marcos de Venecia. Tenía diecinueve años y era mi primera vez en Europa. Ahorré en aquel entonces todo lo que pude para venir a encontrarme con una tía que me acompañaría parte del viaje luego de prometerle a mi madre que estaría de regreso el día cinco de enero para pasar Reyes con ella. Sería mi primera vez tan lejos de casa y también la primera vez que me subiría sola a un avión.

Tan pronto tocaron las doce campanadas un hombre joven, pero mucho mayor que yo, me haló del brazo y me besó en la boca entre las columnas de San Marcos y San Teodoro, aquellas entre las que todavía, hasta entrado el siglo XVIII, se encontraba el patíbulo público de la ciudad. Sí, el hombre invadió mi espacio físico y usó, un poco, la fuerza para agredirme, en el antiguo cadalso, con un beso y un «¡Auguri! ¡Me chiamo Giacomo!». Así es que estuve alguna vez, literalmente, «entre Marco y Todaro» (Teodoro en dialecto véneto), expresión veneciana que alude a ese momento crucial en que se está en aprietos y urge tomar una decisión que te salve del peligro.

Pienso a menudo en ese suceso, en sus implicaciones, en mi ambigua reacción ante el atrevimiento del casanova. Me pregunto, después de algunas otras experiencias incómodas como aquella, o confusas y aterradoras, como la última, que pasó en verano, si yo hubiese reaccionado de la misma manera medio risueña de no haber tenido Giacomo el aspecto de estatua clásica que le descubrí, cuando logré salir del pasme para mirarlo a la luz romántica de las farolas de la plaza. Me pregunto si hoy, yo hubiese estado dispuesta a «aceptar», sin defenderme, lindo o feo el hombre, aquella imprevista felicitación, con la misma ¿naturalidad? ¿sumisión? ¿ingenuidad? ¿desconcierto? con que la recibí el primero de enero del 2005, como la típica expresión de eso a lo que antes se le llamaba ¿cortejar? Y es que, con los diecinueve años de entonces, las cosas se veían diferentes, mucho más al estar lejos de casa y en una atmósfera carnavalesca y misteriosa como la que de noche adquiere Venecia, sobre todo en épocas festivas. Allí, como en un «ritornello», mitos y leyendas resucitan para recordarnos el principio, el fin, o el nunca acabar. Allí, en la que fuera la Antigua República de la Serenísima, se miran disformes, a través de la neblina, los cuerpos iluminados sombríamente por la luz opaca de las farolas. La luna resplandece reflejada en el Gran Canal, dando la ilusión de existir un otro cielo bajo el agua, y los rostros se tornan máscaras, algunas de largas narices, que por momentos parecen sugerir la mentira y el horror oculto tras la bella apariencia de la emblemática ciudad flotante. Otras, tan sólo son fachadas melancólicas y espectrales, que en su deambular silencioso por las calles recuerdan a algún arquetípico personaje de la Comedia del Arte. Insomnes, acostumbrados a la tradición del carnaval, alargan la fiesta de jueves a martes y ya el lunes se les ve como a Pierrot, con los ojos bordeados de negro y con una lágrima al parecer resbalándosele en la mejilla, como lamentándose de su suerte. Pero también se ven algunos tantos, tan antiguos como el mundo, filosóficos y bufones cual Pulcinella, pasearse de bar en bar, de ‘bacaro’ en ‘bacaro’ como pollos optimistas que convencidos de vivir en el mejor de los mundos posibles, practican la consolación y apuran la vida aprovechando los recursos disponibles para ello. Antes fue el vino, la ‘grappa’, el ajenjo, el opio, el láudano; a estas hoy se suman nuevas sustancias con las cuales hacer más «soportable» la vida (o insufrible del todo), y más animadas las fiestas.

He vuelto a Venecia. Diecinueve años después.

Para ser más exacta, he vuelto dieciocho años y trescientos sesenta días después. A decir verdad, ha sido otra, aunque siempre la misma, la que ha vuelto. Por aquellos años toleraba mejor las multitudes festivas y «acéfalas», como diría el emblemático bohemio español Alejandro Sawa al describir, en uno de los fragmentos de su libro póstumo, la fiesta masiva de las carnestolendas por las calles de Madrid. También me faltaba mucho por aprender, quizás tanto como ahora, aunque entonces llevaba mucho menos golpeadas las rodillas y el corazón. Por ejemplo, no pensaba demasiado en lo difícil que era ser mujer en un mundo de hombres, porque las cosas venían, o vienen dadas, eran como eran, son como son, y también porque todavía vivía en casa con papá y mamá y para algunas de nosotras, mientras estamos metidas entre las faldas de una madre, en el tibio nido de un hogar, lo doloroso suele doler un poco menos. Para protegerte, las alas de una madre se extienden tanto a veces que llegan a taparte los ojos impidiéndote ver que aquello que te parece desigual entre ella y tu papá, entre tu hermano y tú, en efecto lo es. Desconocía también el juego de las máscaras, eso de que una cosa casi nunca es lo que a simple vista parece ser sino que, para bien y para mal, es algo más, mucho más. Ahora ya no hay madre que me tape los ojos; cuando murió se me abrieron como los de un múcaro, supongo que como respuesta de mi instinto de conservación.

En esta ocasión el toque de campanas del Nuevo Año no lo escuché en Venecia ni tampoco, por suerte, tuve a ningún casanova a mi lado a la espera de robarme nada. Le dije adiós al viejo año con bastante sosiego, y con un beso afectuoso y fraterno en cada mejilla, con el abrazo solidario y reconfortante de los amigos, le di la bienvenida al nuevo. Despedí el 2022 igual a como deseo que todas nosotras pasemos el resto del 2023: entre amigos y amigas, sintiéndonos protegidas, en paz y a salvo de no estar nunca, ni una vez más, «entre Marco y Todaro». Que así sea.