Inicio Blog Página 605

Sobre El trasero grande de la muerte de Dorothy Bell Ferrer

 

 

En las literaturas puertorriqueña y caribeña mucho se ha dicho de la figura de la mulata. Ella representa el mestizaje de nuestra cultura. Luego de que Luis Palés Matos (Tun tún de pasa y grifería 1937) fuera leído por Rubén Ríos (La raza cómica 2002) lo más importante del mestizaje es la tensión representada por el guión, en conceptos como el de mulata-antilla o Filí-Melé. Su propuesta es que esa tensión no se resuelve, sino que se vuelve productiva en términos culturales. Se trata de la tensión entre lo blanco y lo negro, entre lo español y lo africano, entre la mente y el cuerpo, entre la razón y el numen, entre lo masculino—el jíbaro—y lo femenino—LA mulata. Pero esa tensión no es entre puntos equidistantes. Guarda en sí la jerarquía social heredada de nuestra historia esclavista, porque en realidad la mulata en sus representaciones culturales en el Caribe es más negra que blanca, más africana que española, más cuerpo que mente, más baile que voz. Es una figura sobredeterminada, de manera que no supera la posición de objeto y no llega a tener voz y, si no es sujeto, no tiene fantasía ni deseo tampoco. Este es un libro que se pregunta por qué caminos transitará el cuerpo de Génesis, su protagonista, para encontrar su deseo, entenderlo y usarlo para gozar o negarse a gozar.

Decir que está sobredeterminada es decir que está desbordada de causas para llegar a ciertos significados, al punto que resulta difícil que se apropie de su subjetividad para decir ella el mundo, para desearlo, para decirse a sí misma, pues el aparato simbólico la atrapa y la fuerza a ciertas posiciones. A la mulata no le queda más remedio que asumir esos lugares mientras trata de zafarse de ellos, pero no puede actuar como si no existieran porque esa cárcel no ofrece muchas salidas para ser. Por ejemplo, el libro abre con el engañoso título del “El hermoso suicidio de Soledad María”. En verdad el personaje a que alude este título no está. Ya murió hace rato y le toca a Víctor organizar solo la casa común después del huracán, recordándola, pensando en haber perdido su objeto de deseo. Nunca nos cuenta el relato por qué Soledad se suicida, pero tal vez haya una pista en su nombre. ¿Es la soledad ausencia de compañía para el baile del deseo? Además del suicidio, ¿qué alternativas encuentran las personajes de esta novela para lograr desear? ¿Logran desear algo más que la muerte para escapar del deseo del otro?

El personaje se lo pregunta a sí misma. Se lo pregunta a sus mentoras: Bethsaida y titi Norma. Se lo pregunta a la madre muerta y a la abuela. La respuesta la busca al experimentar con el sexo y exponerse a la sobredeterminación de ser puta, de ser demasiado, de ocupar demasiado espacio, de ser malcriada, de ser respondona, de ser o no ser violada. En el diálogo con sus ancestras va descartando respuestas que le quitan voluntad y poder de gestión en sus investigaciones para las que es ella y no otro quien utiliza su cuerpo como instrumento.

La respuesta de Bethsaida al bombardeo de significantes que sufre el cuerpo de la mulata es sustituir la coqueta por un piano. Es decir, sustituir la seducción por la producción de cultura. La coqueta es el mueble que las señoras blancas, blanquitas, tienen en sus recámaras; la coqueta que guarda los artificios de la coquetería, porque ellas pueden y deben seducir, buscar convertirse en objeto del deseo, mientras que la mulata que seduce es monstruosa porque amenaza con romper los límites que separan razas, clases y castas. Así, Betsaida, la maestra de música de Génesis, tiene su coqueta en desuso. La ha desplazado al cuarto de música.

La focalización se desplaza de la coqueta de Bethsaida al fluir de conciencia de la muñeca que representa a Ochún y que está en reposo sobre el viejo mueble cubriendo una mancha de coquetería vieja.  Ochún es deseo y coquetería y observa a Bethsaida esconderse de su deseo al punto de que termina tirándola al zafacón. Bethsaida seduce con el piano y no con el trasero que la puede poner en peligro de muerte, sea esta grande o chiquita. Ochún observa y pide que la miren, que le hablen. Ante la melancolía de la maestra, Génesis sigue buscando su deseo: ¿Qué lo mueve? ¿Por qué no le gustó cuando se tiró al viejo medio borracha? ¿Puede ella seducir cuando todos los hombres la buscan—no a ella–, le hablan—no a ella—la desean de antemano—no a ella? Si seducir implica poner en práctica artilugios, la mulata no seduce pues es ella, su cuerpo grande, cuerpo que ocupa espacio—más allá de su voluntad– la seducción personificada. ¿Cómo hacer las paces con su cuerpo? ¿Cómo zafarse de la mirada del hombre que lo que ve en ella es un cliché?

Todo esto se da en las postrimerías inmediatas al huracán María. Es significativo. Las personas están recogiendo escombros, organizando habitaciones a la luz de las velas. Caminando por el barrio para ver qué ha dejado la tormenta. Yendo a comprar agua o baterías. Sentándose en las barras que tengan planta y cervezas frías a dejar pasar el tiempo. El huracán es símbolo de la catástrofe que vivimos, que es literal y es simbólica. En el carnaval que es el caos inmediatamente posterior a ese evento que nos marcó tan fuertemente los signos se liberan de sus significantes y la comunidad se transforma, pero no igual en todos lados. Algunos encontraron comunidad. Para otros, como Génesis, la realidad es tan dura que no hay comunidad posible. Se esconde de la muerte de la abuela, tiene sexo, colabora cuando puede con una brigada de feministas que se agarran de la seguridad de su discurso para ordenar el mundo. Si después del huracán María algunos grupos de izquierda, a los que me sumo, encuentran la posibilidad de otras maneras de organizar lo social en medio del caos, el libro parece remarcar las idealizaciones de ese discurso alejado de la violencia cotidiana que sobrevive el país.

Dice Michel Foucault en La historia de la sexualidad que esta no existía hasta la era moderna. Que es en el contexto de decirla que se la inventa y ella surge para la reglamentación desde discursos higienistas y racionales de la modernidad jerarquizante. Que para su control es que surge el discurso sobre la sexualidad. En el Caribe, me atrevo a sugerir, ese proceso higienizante limitó la sexualidad al matrimonio heteropatriarcal y lo que quedó afuera de la casa paterna, de la hacienda, en la barraca de esclavos, era otra cosa que se animalizaba a la vez que se reprimía. Pero plantea Mara Negrón que de la animalidad no hay salida y los que vivían dentro de las reglas higienistas de la modernidad siempre fueron, como sugiere la novela de Mayra Santos Febres sobre Isabel Luberza, titulada Nuestra señora de la noche, al lugar otro en busca de la parte propia que habían reprimido y negado.

Escapándose de las muchas cárceles discursivas, El trasero grande de la muerte, publicado por La Secta de los Perros, pone el dedo en la llaga de ciertos debates contemporáneos que se proponen como resueltos, al punto que parece que no aguantan más preguntas. Uno de esos debates es sobre qué es un deseo lícito o más aún, quién tiene autoridad, autorización, autonomía para desear o buscar convertirse en objeto del deseo de otro u otra, de quien su deseo pida por las razones que sea que su inconsciente convierte ESO en un pequeño objeto a. ¿De quién es mi cuerpo? ¿Quién pretende controlar mi placer o mis métodos para acceder al placer cuando nadie sabe qué mueve mi deseo? ¿si cuando quiero gozar yo gozo, y a veces gozo sin querer de maneras que ni yo entiendo?

Según Lacán, el objet petit a es lo que mueve el deseo y está ligado a la fantasía. Es decir, es objeto pequeño porque no es el Otro sino el otro pequeño que surge de la fantasía de cada cual. Es una proyección, una imagen en el espejo. Vemos en esta novela plegada de espejos rotos, en la que Genesis es origen, la propuesta de una búsqueda que no cesa por saber qué moverá el deseo de este personaje. Sobre ello se debaten incluso las ancestras muertas, que observan los coitos de su descendiente mientras discuten sobre el significado de tal hecho. La novela parece ripostar que está bien ser objeto a veces: “—Coquetear no es un mero “alcanzar”, es dejarse alcanzar también y el sexo es lo más mínimo que uno tiene que alcanzar en la vida” (259). No creo que Génesis al final de este relato se alcance a sí misma. Hacia la parte final de la novela llora y se masturba sin encontrar lo que busca, pero lo importante es que busca.

En términos de técnica narrativa, la propia Bell Ferrer ofrece sus pistas. Dedica el libro al espíritu de Rosario Ferré y me parece buena la clave, visto que la narración se va montando entre distintos flujos de conciencia que van relatando sucesos en distintos tiempos narrativos que no obedecen más que al capricho de la subjetividad que proyecta esas imágenes en su (nuestra) fantasía. A Génesis se la ve primero desde el lenguaje macharrán masculino, tan violento y objetificante. Pero ese lenguaje lleno de complicidades externas no la define, como tampoco la define el lenguaje de la mentora en su debate con la cultura alta y con Ochún, ni el de las feministas que la pretenden convertir en víctima, mientras el personaje se niega a ello y busca hacer las paces con la madre muerta y ser agradecida y reverente con la abuela, con la tía, sin sacrificar su autonomía. Se filosofa desde el cuerpo, plantean los estudios afrodiaspóricos cada vez con mayor claridad, y este libro es una exploración filosófica de ello.

Decía, este libro plantea un génesis de otros temas de discusión muy oportunos en la esfera pública puertorriqueña sobre qué se desea y dónde entra el goce en las fórmulas higienizadas para la disciplina social políticamente correctas de hoy en día. Parece advertir que no hay que olvidarse del goce en la disciplina de los nuevos lenguajes que vamos creando en medio del vacío de orden que significa la crisis. El goce, sobra decirlo, no es igual para todes, porque cada cual tiene su propio motor, su propia a pequeña clavada en el inconsciente. Por la valentía de las preguntas que propone el relato y la complejidad con la que las encara, me parece que es una gran primera novela que abrirá muchas discusiones. Enhorabuena.

Presentación hecha en la Casa de Los Contrafuertes el 20 de diciembre de 2022. De venta en la CLARITIENDA

Claro de poesía: Otra agua desatada

Che Melendes. Ilustración Iván Figueroa

 

La poesía puertorriqueña le debe mucho a Joserramón “Che” Melendes; sorprendentemente, su esfuerzo pasa las más de las veces desapercibido. Al frente del legendario sello editorial QeAse, Melendes es responsable de hitos editoriales como las antologías Poesiaoi: antolojía de la sospecha (1978) y Puño de poesía (1979), y de la difusión de la obra de autores fundamentales de la poesía puertorriqueña: Francisco Matos Paoli, Juan Antonio Corretjer, Anjelamaría Dávila, José María Lima. Es posible que el relativo ninguneo al que se ve sometida la figura de Melendes tenga que ver con su accionar como intelectual público, ese que critica por igual tanto los cenáculos académicos como el anacrónico estatus colonial de Puerto Rico. Lo cierto es que su legado en el contexto de la historia intelectual y literaria de la Isla es imposible de obviar. De todas estas facetas puede que ninguna sea tan trascendental como la de su trabajo con la palabra poética. Melendes practica lo que él mismo define como una ortografía más “lógica” que procura reproducir la naturaleza de la lengua hablada. En La casa de la forma, su descomunal proyecto de 1986, Melendes ejercita esa escritura al tiempo que teoriza sobre ella en el poema. Para el Blanchot de El espacio literario, “[e]scribir es hacerse eco de lo que no puede dejar de hablar”. La obra de Melendes lleva la urgencia del decir a honduras formales y filosóficas inusitadas que le aseguran un lugar especial en la historia de la poesía del continente.

El poeta desata su nombradía

 

Donde fui no supuse lo qe fuera

Me estaban esperando si yegaba.

No tenía más qe opinar más qe cualqiera.

Yo también -qe espgté- supe ser trama.

 

No conosco la bida por su nombre.

No conosco la uida por su braso.

Donde fui conosí cuatro o seis ombres.

Muchos no comprendieron mis abrasos.

 

Como no soi de aqí boi a otros sitios.

Como no soi de ayá buelbo a mi casa.

Como no tengo casa me estoi qieto.

 

Si alguna bes bisita lo qe e escrito

de todo lo que tube (o tubo) i pasa,

puede qe se conserbe este soneto.

 

El fuego que es el agua

El fuego, esa otra agua desatada

en qe nadan las sélulas del biento

(permita el fuego a Eráclito otro cuento

aguado i a otro poema su nada):

 

El agua, ¿qién lo duda?, está insendiada:

¿Cómo apaga su opuesto sino siendo

lo mismo (por la polaridad entiendo)?

El agua es lus elada.

 

Dibina red de causas la mirada

solidarisa al mundo, buelta al siendo

rotundo de la alqimia delatada;

 

i sabemos por eya -lus qe nada

su saco omiótico- qe la birtú debiendo

al mundo su fulgor es la enramada.

 

 Lei de mi berso es ebitar lo fásil

 Lei de mi berso es ebitar lo fásil:

forjar en un diamante una qimera.

(Qe gustara al futuro o a las fieras

me tiene sin cojones.) En bolátil

persebsión -qe ni el sueño te asegura-

cojer un par de sílabas al buelo

i, desde la raís de tus abuelos

rebentar para fruta la montura.

 

(Mi biejo si no entiende es cosa suya.

De todas formas, la cosa no es tender

ese puente fatídico: entender.

 

Lo contrario: una fruta qe se enguya

como una fruta beya ¡a qé supiera!:

forjar en un diamante una qimera.)

 

 Ars operandi finalis

¿Porqé escribo yo tanto la poesía?

¿Qé qiero saber yo de este instrumento

qe se me buelbe inútil en las manos

cuando solo me yeba asta sí misma?

 

¿Cuántos espejos guarda la gramática,

los asentos, la tinta, la madera

del escritorio, del papel, del lápis,

cuántos nombres conoce este materno

sentido de nombrar de la palabra?

 

¿Cuánto puede desirse de desirse?

¿Cuál narsiso estrabió su ojo suisida

aogado en la beyesa de sí mismo

estrabiado del mundo qe le mira?

 

¿Dónde está el mundo aora desde este cuarto?

¿Dónde está la mujer qe amara tanto,

qe imprimiera endecasílabas carisias

si no rosara tanto estos dos dedos?

 

¿Qé se me está perdiendo mientras ablo

de eyo, de su nostaljia o de su ausensia?

¿Adónde se fue el mundo aqella tarde

qe embuelto en un jilgero de palabras

me complasí en el árbol del lenguaje

a sentarme a contar sus marabiyas?

 

Esta patria es más chica qe mis dedos:

me cabe en la estensión de dos falanjes

inmensamente repetidas, repetidas.

 

Mi boca está tapiada de asusenas.

El animal que imbentara los signos

yase escondido en su corona fresca.

 

Yo enterré las palabras más inútiles

las qe no eran palabras por sí mismas

i e dado la bida a costa de su muerte

a aqeyas qe esperaban en proyegto.

 

Mi bida se a basiado de sentido

se a yenado de formas, resipientes

sin contenido i se an creído su suma

un nuebo contenido continente.

 

Yo no soi nadie ya, yo no soi nadie.

Solo qedan las palabras de desirlo.

   (De La casa de la forma, 1986)

 

 

 

Cine en grande: Three Thousand Years of Longing, Tár, Bardo

En Rojo

No quiero terminar el año (un 2022 que nos ha arrancado tantos seres queridos) sin comentar tres filmes extraordinarios que, por supuesto, no recibieron la publicidad que las mega producciones acapararon. Tanto Three Thousand Years of Longing como Tár y Bardo son filmes difíciles por su intensidad, estilo, temas diversos y esparcidos, y movimiento exasperante. Pero todos acaparan nuestra atención de principio a fin, nos vuela la cabeza cada una de las actuaciones que permanecen siempre en el centro del escenario sin dejarnos pensar en otra cosa que no sea esa imagen y sonido que llena la pantalla. Tuve la suerte de ver cada una en una sala de cine, aunque ya estén disponibles en la pantalla casera.

Three Thousand Years of Longing
Director: George Miller; guionistas: George Miller y Augusta Gore; autora: A.S. Byatt; cinematógrafo: John Seale; elenco: Tilda Swinton, Idris Elba, Erdil Yasaroglu, Aamito Lagum, Sabrina Dhowre Elba, Nicolas Mouawad, Ece Yüksel, Burcu Gölgeder, Matteo Bocelli, Lachy Hulme, Megan Gale,

Con una actora como Tilda Swinton nunca se sabe qué esperar, pero siempre tenemos la certeza de que su personaje va a destacarse por su profundidad y su manera distinta de ver las cosas. Para ella no hay un papel sencillo ni una sola manera de ver las cosas. Todo lo contrario sucede, como en este hermoso filme de George Miller (director de los cuatro Mad Max), donde lo monstruoso y lo inverosímil se convierten en una historia de amor interminable porque desafía el tiempo y el espacio humano. El filme tiene de todo: riqueza y esplendor, magia y realismo histórico con matanzas, traiciones e indiferencia. La protagonista es Alithea Binnie (Tilda Swinton), una investigadora inglesa muy interesada en la arqueología y las historias escondidas de culturas lejanas. Viaja a Estambul para presentar su estudio más reciente y encontrarse con otros investigadores que no necesariamente comparten su visión de lo explorado. Alithea disfruta de estar sola, ya sea en su casa o caminando por los bazares de esta ciudad. Así descubre un frasco que compra para analizar su procedencia. De ese frasco surge el Djinn (Idris Elba) quien se convierte en su cuentero.

El Djinn es un hombre hermoso que ama apasionadamente y quiere complacer a sus “dueñas” con los tres deseos reglamentarios; esto incluye su nueva “dueña”, Alithea. Para que ella entienda quién es, el Djinn le cuenta su trayectoria de amores frustrados. Comienza con la Reina de Sheba (Aamito Lagum), a quien le concede dos deseos, pero el 3ero, su liberación, no sucede por transferir su amor al Rey Salomón. Su 2nda dueña es Gülten (Ece Yüksel), una de las concubinas del sultán Suleiman, que lo olvida y queda nuevamente atrapado. Cientos de años después, aparece Zefir (Burcu Gölgeder), esposa de un mercader turco, a quien el Djinn le concede amor y conocimiento, pero cae en un estado de indiferencia que no le permite liberarlo. Este presente con Alithea, parece ser la última oportunidad del Djinn de que le concedan su último deseo. Es hermoso ver lo que conlleva esta última etapa de su vida y cómo el longing/anhelo del título se convierte en una historia de amor eterno.

Tar
Director y guionista:Todd Field; cinematógrafo: Florian Hoffmeister; elenco: Cate Blanchett, Noémie Merlant, Nina Hoss, Sophie Kauer, Julian Glover, Allan Corduner, Mark Strong, Zethphan Smith-Gneist, Mila Bogojevic.

Al igual que Tilda Swinton en Three Thousand Years of Longing, Cate Blanchett es una actora que desde que nos deslumbró en Elizabeth (1998), nos sigue sorprendiendo por la fuerza y complejidad con que delinea sus personajes. En Tár, su centralidad es aún mayor por su interpretación de Lydia, una de las mujeres más destacadas en el mundo de la música clásica y directora de la orquesta Filarmónica de Berlín. Sin duda, le tomó tiempo y esfuerzo, pero ahora que está en la cima, tiende a olvidar todos los obstáculos que tuvo que superar y las humillaciones que experimentó para que su talento fuera reconocido. Ahora ejerce influencia y poder que pudiera utilizar para equiparar esas fuerzas internas. Desde el comienzo nos atrae su seriedad, dedicación, responsabilidad como un ejemplo de lo que una mujer destacada y poderosa puede alcanzar y abrir puertas para otrxs. Sin duda, Lydia intimida a estudiantes, ayudantes, compañeros de orquesta y hasta a su compañera/esposa Sharon (Noémie Merlant). Su ritmo de vida comienza acelerado y nunca se detiene, dejando atrás a cualquiera que trate de detenerla.

Pero ¿qué sucede cuando Lydia utiliza el poder para desplazar a otrxs, intimidar a lxs que trabajan para ella, echar a un lado los sentimientos de jóvenes que la admiran y la aman, favorecer a ciertas personas por su sentir romántico? A pesar de ver una figura tan prestigiosa caer, la energía que imparte la velocidad visual y el sonido privilegiado de estas orquestas compuestas de tanto talento, seguimos hipnotizados por Lydia y su capacidad de transformar su situación presente, al parecer cerrado, en otra visión de ver el mundo de la música. Es fascinante cómo Tár puede hacernos parte de este torbellino que solo recesa cuando la música y la imagen se detienen.

Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades
Director: Alejandro G. Iñárritu; guionistas: Alejandro G. Iñárritu y Nicolás Giacobone; cinematógrafo Darius Khondji; elenco: Daniel Jiménez Cacho, Griselda Siciliani, Ximena Lamadrid, Iker Sánchez, Andrés Almeida, Francisco Rubio, Rubén Zamora.

Tuve la oportunidad de ver a Bardo en la última tanda (solo dos porque su duración es de 2 horas 39 minutos) en el Fine Arts de Miramar antes de su entrada a NetFlix el 16 de diciembre. Y, como ya hemos experimentado con Guillermo del Toro (The Shape of Water y Pinocchio) y con Alfonso Cuarón (Roma), Bardo es la voz e imagen de la vida y las experiencias de González Iñárritu. Es tan personal como colectiva de un ojo observador que nunca pierde contacto con su realidad y la de tantos otros que no tienen manera de expresarlo. La historia se mueve como los pensamientos en un presente que puede ya estar apagándose; por eso el tiempo es huidizo y sin aparente secuencia. Como sucede en Birdman: Or the Unexpected Virtue of Ignorance (2014) el vuelo de la imaginación cambia la realidad que percibe el protagonista y lxs espectadorxs. Iñárritu parte de la perspectiva de su nacionalidad como mexicano. No puede ver su presente sin revivir un pasado común y una historia que siempre incluye sus ancestros—lejanos y cercanos—y la violenta relación con su gran vecino del Norte.

Como sucede en Tár, la imagen y el sonido que narran los pensamientos de Silverio Gama (Daniel Jiménez Cacho) tienen una velocidad que apenas se detiene: el desierto por donde Silverio parece volar, el tren nocturno que poco a poco se queda sin pasajeros, la fiesta de celebración por el premio recibido donde se reúnen familiares, amigos y extraños y el movimiento imparable—como Birdman—a través de su propio cuerpo y mirada. La entrada y salida de los estudios donde se pauta una entrevista en el programa más popular de la TV mexicana es un ejemplo de la velocidad y confusión de tiempo de Silverio con una cámara televisiva que no se detiene, un público que se expresa según los indicadores y el estilo agresivo y burlón de su anfitrión. También están los momentos en que se detiene la prisa y con ángulos y cortes de cámara, nos adentramos a la conversación siempre pospuesta con su padre, los debates con sus dos hijxs, uno adolescente y otra profesional, y la pena nunca superada de un hijo muerto al nacer. En entrevista en El País, Iñárritu señala que “bardo” en la cultura budista significa estado intermedio o estado de transición: “No significa juglar, por favor, no partí de ahí, sino del estado de la incertidumbre. Comparto con el personaje que la memoria no tiene verdad, sino convicción emocional”.

Crucigrama Efraín Barradas

Especial para En Rojo

Horizontales

1. _____; ciudad natal de Efraín Barradas, escritor, profesor y crítico de literatura y arte.

8. Apócope de mamá.

9. Observar.

10. Asistir.

11. Desde la _____ orilla: ensayos, notas y prólogos dominicanos; (2021) libro de Barradas publicado por Ediciones Cielonaranja.

13. Para leer en puertorriqueño: acercamiento a la _____ de Luis Rafael Sánchez; (1981) libro de Barradas publicado por Editorial Cultural.

15. Ejecutáis una acción.

17. 1968: _____ emblemático y puerta al futuro; (2018) escrito de Barradas publicado en Claridad/En Rojo.

18. Antes de Cristo.

19. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

20. Breve nota sobre la poesía de _____ Vitale; (2019) escrito de Barradas publicado en 80grados.

22. Mente, mirada, mano. Visiones y revisiones de la obra de Lorenzo _____; (2007) libro de Barradas publicado por Ediciones Huracán.

24. Consuelo _____ Tapia; patriota puertorriqueña. Autora de «Con un hombro menos».

26. Dueño.

28. La necesaria innovación de _____ Lydia Vega: preámbulo para lectores vírgenes; ensayo de Barradas publicado por la Universidad de Massachusetts/Boston.

29. Donad.

31. Ente.

32. Anillo.

34. De _____ Mateo a Santurce un paso no es: Sobre un libro de crónicas santurcinas; (2019) escrito de Barradas para Claridad/En Rojo.

35. Símbolo del radio.

37. Conozco.

38. _____ cimarrones de Nelson Sambolín coronados de pájaros neobarroqueños; (2021) escrito de Barradas para 80grados.

39. Río de Italia.

40. Para devorarte otra _____: Nuevos acercamientos a la obra de Luis Rafael Sánchez; (2017) libro de Barradas publicado por Ediciones Cielonaranja.

41. Preposición.

46. Acción y efecto de loar.

47. Myrna Báez: homenaje _____ pieza olvidada; (2018) escrito de Barradas para Claridad/En Rojo.

48. Herejes y mitificadores: muestra de _____ puertorriqueña en los Estados Unidos; (1980) libro de Barradas y Rafael Rodríguez publicado por Ediciones Huracán.

49. Símbolo del oxígeno.

50. _____ Barradas; fueron sus padres Juanita Feliciano González y Efraín Barradas Mejías. Estudió en la UPR-RP y obtuvo la maestría y el doctorado en lenguas romances en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en la Universidad de Massachusetts, entre otras.

Verticales

1. Pita _____; escritora mexicana. Autora de «Las amargas lágrimas de Beatriz Sheridan».

2. Anda a gatas.

3. Garantía.

4. Memorias teatrales: Sobre un libro _____ Rosa Luisa Márquez; (2021) escrito de Barradas para Claridad/En Rojo.

5. Localidad de Navarra perteneciente al municipio de Esteríbar.

6. Flor de lis.

7. Labras la tierra.

12. Soplará el viento a rachas.

14. Efraín _____; autor de «Apalabramiento: diez cuentistas puertorriqueños de hoy», «Desde la otra orilla: ensayos, notas y prólogos dominicanos», «Breve nota sobre la poesía de Ida Vitale» y «El Santo Domingo de Miguel D. Mena».

16. Usted, abrev.

21. _____ Roca; revolucionario cubano y presidente de la Asamblea Nacional (1976-1981).

23. Partes de un _____. Ensayos y notas sobre literatura puertorriqueña en los Estados Unidos; (1998) libro de Barradas publicado por la UPR.

25. 6 de _____ de 1947; nacimiento de Barradas, autor de «1968: Año emblemático y puerta al futuro», «Para devorarte otra vez: nuevos acercamientos a la obra de Luis Rafael Sánchez» y «Partes de un todo».

27. Océanos.

30. Ahora.

33. Donde, poéticamente.

36. El Santo Domingo _____ Miguel D. Mena; (2022) escrito de Barradas para Claridad/En Rojo.

39. Vicente _____ Matos; escritor puertorriqueño. Autor de «Vientos y espuma».

42. Adornar.

43. _____ revista Orígenes, 1944-1956; (1978) tesis de Barradas para la Universidad de Princeton.

44. _____ entendernos: inventario poético puertorriqueño – Siglos XIX y XX; (1992) libro de Barradas publicado por el ICP.

45. Del verbo ociar.

¡FELIZ 2023!