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Cero elecciones intervenidas en Nicaragua

 

Especial para Claridad

 

Han causado revuelo las declaraciones sobre elecciones de Daniel Ortega Saavedra, presidente de Nicaragua, el pasado 19 de julio en la conmemoración del vigésimo-séptimo aniversario de la Revolución Popular Sandinista que derrocó la dictadura de 30 años de Anastasio Somoza en el país centroamericano. La prensa amarilla ha dicho o insinuado erróneamente que el Presidente Ortega no quiere más elecciones en Nicaragua, pero lo cierto es que lo que no se quiere en Nicaragua son elecciones intervenidas.

Ubicar el contexto histórico y citar las mismas esclarece pues no se trata de que no habrá elecciones, sino que las mismas no serán de resultados manipulados desde afuera ni desde adentro por fuerzas financiadas y controladas desde Estados Unidos. No se trata de que no habrá elecciones, sino que las mismas no serán de resultados manipulados desde afuera por Estados Unidos ni desde adentro por fuerzas financiadas y controladas desde el país del norte.

Somoza fue solo uno de los dictadores en América Latina y el Caribe apoyados por Estados Unidos. Otros entre muchos fueron Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, varios en Brasil, Trujillo en República Dominicana, los Duvalier en Haití, y suma y siga, y ello sin mencionar invasiones, secuestros, como el secuestro el pasado 3 de enero de Nicolás Maduro y Cilia Flores, presidente y diputada respectivamente en Venezuela. El “lawfare” (manipulación del sistema judicial), sanciones y bloqueos históricos y recientes, y la guerra mediática son parte de la caja de herramientas del imperialismo norteamericano.

En el caso de Nicaragua Estados Unidos había impuesto sanciones a Nicaragua en 1985, las levantó con la elección de Chamorro, que conllevó 17 años de gobierno neoliberal y de reversión de los avances de la Revolución Popular Sandinistas, y las reinstauró en 2007 cuando volvió a la presidencia Daniel Ortega.

La guerra de los “contra” impuesta a Nicaragua por Estados Unidos desde Costa Rica y Honduras, las muertes de jóvenes y las condiciones económicas por las sanciones y otros problemas que ello conllevó fueron factores en la elección de Violeta Chamorro.

Ejemplos recientes de resultados electorales con injerencia exterior es cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, personalmente apoya el reaccionario y gana el reaccionario como en los casos recientes de Chile y Honduras. También están los casos en que gana el candidato de avanzada y EEUU niega su triunfo por todos los medios hasta evitar que asuma o continúe en el «poder», como en los casos recientes de Perú y Colombia.

Estos son solo ejemplos de las estrategias de Estados Unidos para evitar el surgimiento de otra ola de gobiernos de centro-izquierda en América Latina y el Caribe, hacer valer su política “Donroe” y continuar su dominio y saqueo de siempre de los pueblos de nuestra región.

Además del contexto histórico y reciente, la cita textual que sigue del discurso de Ortega también aclara el planteamiento del Presidente Ortega de Nicaragua sobre las elecciones.

Cita del discurso de Ortega:

“…Y gracias al comandante Carlos [Fonseca] y a otros hermanos como Tomás [Borges], como el Coronel Santos López que había batallado en el Ejército de Sandino, logra consolidarse, desarrollarse, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, y finalmente logra derrotar a la dictadura, a pesar que la dictadura era apoyada por el gobierno norteamericano, era financiada por el gobierno norteamericano, estaba al servicio de los Estados Unidos.

Pero bueno, ellos hacían sus elecciones y ya en las elecciones sabían quién iba a salir electo, que tenía que ser siempre un somocista, arrodillado ante los yanquis; de lo contrario, no salía. Y así se venían sucediendo gobiernos que llamaban Liberales; realmente eran gobiernos puestos por los yanquis, y manejados por Somoza.

Mientras tanto, el Frente empezaba la batalla, empezaba la lucha, empezaba el combate, en condiciones difíciles, en donde bien cabía la canción: “No se raje mi Compa, no se me ponga chusmón, que la Patria necesita su coraje y su valor”. Y eso necesita la Patria en estos tiempos, de la juventud y del Pueblo, un Pueblo y una juventud que se mantenga firme.

Porque no crean que porque no hay guerra estamos en paz… ¡No! Ellos viven conspirando ahí, organizando, buscando cómo organizar partidos, para que en una elección que ellos se suponen, entonces que esos partidos ganen las elecciones. Y aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al gobierno… ¡Jamás! ¡Jamás! ¡Jamás!

Aquí hemos venido haciendo enormes esfuerzos para que el país tenga Paz, pero recordemos cómo en el año 2018, estando nosotros en acuerdos con los empresarios, con los somocistas, que eran empresarios, teníamos un gran acuerdo ahí por la paz, y venía caminando el Acuerdo, y de repente la puñalada, organizaron el golpe, utilizaron fondos de los Estados Unidos para llevar a jóvenes y adultos, para prepararlos, entrenarlos, armarlos, y derrocar al Gobierno legítimo del Frente Sandinista.

Lo intentaron. Aquí corrió sangre de jóvenes, de adultos, de mujeres, de niñ@s, se derramó sangre, y al final no quedó más camino que responderles con la contundencia de la ira del Pueblo. Cuando tenían paralizado el país, tenían tranques [tampones en la jerga de Puerto Rico] por todos lados; entonces no hubo más camino que la policía, con los Policías Voluntarios, con los jóvenes, fuesen a destruir esos tranques. Y no quedó un solo tranque.

Ah, y después estaban las quejas, llorando, después que habían asesinado, que habían destruido escuelas, que habían quemado escuelas.

Entonces, aquí tenemos que seguir trabajando para seguir desarrollando las actividades que van en beneficio de los pobres, las viviendas para los pobres; tierras para los campesinos; escuelas gratuitas.

Aquí a partir del Triunfo, el triunfo que tuvimos después del golpe, aquí decretamos por ley, que la educación era gratuita, que no se podía cobrar, ni la de Primaria, ni la de Secundaria, ni la de la Universidad. Y estamos construyendo más escuelas, con todas las tecnologías.

Pero allá están ellos agazapados, ya quisieran ellos ganar elecciones para hacer riales con las escuelas. Pero que se olviden, aquí no volverán a haber elecciones, no volverán a haber elecciones, para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder.

Y vamos a trabajar, con la Asamblea Nacional y con las organizaciones correspondientes, las leyes, porque hay que hacer las leyes que les pongan un muro, un bloque, a los golpistas, a los vendepatrias, y que por mucha plata que les den los yanquis, ¡No Podrán, ¡No Podrán! ¡No Podrán!

Saludamos al Cuerpo Diplomático que se encuentra presente en este Acto. Un aplauso por favor, muchachos. Y para los otros Invitados Especiales que hay, empresarios, etc., que están en labor patriótica.

Y en esta noche queremos, una vez más, ratificar el compromiso que tenemos con la Paz. No nos dejemos provocar, porque nos pueden querer provocar para que caigamos en la provocación, y de ahí viene la violencia.  Pero si hay provocación, inmediatamente acudir a las autoridades, a la Policía, para que los que estén intentando provocar violencia, destrucción, muerte, sean capturados, y luego sean procesados, como se ha tenido que hacer durante varios meses.

Ahí salen quejándose, ahí salen quejándose, desde los Estados Unidos salen quejándose que están detenidos los pobres inocentes, cuando son sinvergüenzas, cuando son realmente delincuentes, cuando son asesinos, y con las pruebas de los asesinatos, ni aun así entienden.

Por eso es que, defender la Paz es una tarea fundamental para garantizar la continuidad del trabajo, de las obras, de los hospitales, de las universidades, de las viviendas, de todos los proyectos que estamos desarrollando y seguiremos desarrollando, aunque el Diablo se nos ponga en frente. Le vamos a hacer las cruces al Diablo, le vamos a hacer las cruces, y ahí va a salir huyendo.

Y estamos en esta Plaza que lleva el nombre de Juan Pablo que estuvo en Nicaragua, y recientemente, el Cardenal estuvo reunido con su Santidad el Papa, el nuevo Papa, que ha mostrado una gran fortaleza para denunciar a los que quieren oprimir a los Pueblos. Y le decimos al Santo Padre: ¡Gracias, Gracias, Gracias, por sus Bendiciones!”

Fin del discurso

Puerto Rico en los Juegos Centroamericanos 2026:Reafirmación de nuestra nacionalidad

Carlos Beltrán. Reproducido de Instagram

Especial para CLARIDAD

“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente como pocas otras cosas lo hacen”. Nelson Mandela

“El deporte se convierte en una herramienta para fortalecer los sentimientos nacionales y de afirmación patria. Cuando hablamos de equipo “Nacional” enfatizamos en el arraigo a nuestra nacionalidad y sentido de pertenencia, no solo al suelo, sino al grupo social y nacional. Y es en la familia donde nace este sentimiento que se extiende a un ámbito mayor, “La Nación Puertorriqueña”.( Algunas reflexiones sobre la importancia de los padres en el desarrollo deportivo de sus hijos e hijas – Claridad)

La importancia nacional de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026

El deporte y la cultura se han convertido en un elemento clave de afirmación Patria, vinculo de unidad, identificación y orgullo nacional. Durante el pasado año, con la gira mundial de Benito Antonio Martínez Ocasio y la participación deportiva a nivel internación de nuestras delegaciones a todos los niveles, escoltadas por nuestro Comité Olímpico y sus Federaciones, han contribuido a fortalecer y exponer al mundo nuestra identidad y orgullo Patrio.  Benito ha llevado nuestra música, cultura e identidad a nivel global y las delegaciones deportivas han ondeado nuestra Bandera, llevando en sus uniformes el nombre de nuestra Nación.

Nuestros Símbolos patrios y la celebración colectiva como pueblo han viajado el mundo con ellos como embajadores nuestros. Nuestro Himno Nacional (aunque sea el de la colonia) y nuestra Mono estrellada, han sonado y se elevan en competencias mundiales o Juegos Olímpicos, regionales o eliminatorias convirtiendo el triunfo de un atleta en la consagración o logro de todo el país.

Las victorias deportivas están rompiendo barreras sociales y nos unen como Boricuas bajo una misma emoción colectiva. Hay un gran Sentimiento de Pertenencia que refuerza el amor por la tierra natal al ver que los colores patrios se destacan a nivel global.

Tanto la gira Mundial de Benito Antonio como el deporte individual y colectivo nos están dando una proyección Internacional y se han convertido en los diplomáticos de los que carecemos por ser Posesión Colonial de Estados Unidos. El deporte y la cultura son los únicos que nos dan esa identidad como Nación.

En estos juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 nuestros atletas son “Embajadores culturales y deportivos” que representan la imagen, el talento y la resiliencia de nuestra nación ante otras culturas. Están mostrando al mundo visibilidad global de nuestro archipiélago ya que permiten que nuestra nación tengan presencia, voz y respeto en este y otros escenarios internacionales de gran magnitud. Nos da cohesión social ayudando a consolidar el orgullo interno frente a desafíos históricos, sociales, económicos y políticos, sirviendo de válvula de escape y unión pacífica, repitiendo en las gradas en cada competencia y deporte en que participamos una de las frases nacionales más utilizadas: “ Yo soy Boricua Pá que tú lo sepas”.

Inauguración Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026

La delegación Boricua, liderados por nuestra abanderada, Nathalis Ceballos, desfiló con orgullo de representar nuestra Nación el pasado viernes 24 de julio en el Estadio Olímpico Félix Sánchez. La Ceremonia de apertura de los XXV juegos, que lleva celebrándose 100 años, se convirtió en una gran fiesta de alegría y confraternización de los 37 países que participan en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. Todo era alegría y orgullo patrio de los países participantes, sus aletas, técnicos, directivos y el público visitante.

Nathalys Ceballos, jugadora de Balonmano y de Río Grande, tuvo el honor de ser nuestra abanderada. El verla con esa bandera en alto significa los sacrificios y la lucha por la igualdad que han tenido nuestras féminas tanto en el deporte como en la sociedad. La mujer puertorriqueña es resiliente, trabajadora y luchadora. Nathalys representa no sólo a la mujer boricua sino también a un pueblo que están pasando por situaciones históricas muy difíciles y demostrando que nuestra unidad, cultura, identidad no se comprometen ni se renuncian a ellas.

Las mujeres boricuas, madres solteras, abuelas, tías, trabajadoras, obreras, profesionales, médicas, científicas, artistas, ingenieras, maestras, periodistas todas han desafiado barreras estructurales para abrir caminos y senderos donde antes solo había obstáculos y murallas. Ellas han sido el eje invisible de nuestra sociedad puertorriqueña.

Nathalys con la bandera boricua en alto es un recordatorio del poder transformador que reside en nuestras féminas boricuas. Mujeres que desde antes de la colonización y en toda nuestra historia como pueblo caribeño han sido artífices del cambio, tejiendo con su valentía un mundo más justo. Nathalys representa, no solo sus logros personales y deportivos, sino también la lucha diaria de nuestra mujer Boricua contra la desigualdad. Su resistencia ante la adversidad y su contribución incalculable a nuestra patria desde Yuiza, Catalina de Caguas, Doña Isabel y Doña María de Bagaaname, Cacicas que gobernaron aldeas, dirigieron ceremonias y preservaron el orden social precolombino. María de las Mercedes Barbudo, Mariana Bracetti «Brazo de Oro», Lola Rodrigguez de Tió,  Ana Roqué de Duprey,  Luisa Capetillo, Lolita Lebrón, Blanca Canales, Doña Isabel Rosado Antonia Martínez y muchas más que son un homenaje y representación de todas las mujeres puertorriqueñas sin excepción. Representan un pueblo, una nación que lucha día a día por un mejor país caminando al lado del hombre boricua.

Resultados y Medallas de los Juegos para Puerto Rico

Al día de este escrito los atletas boricuas han logrado 18 medallas, 3 de oro, 5 de plata y 10 de bronce. Las Medallas doradas llegaron en Polo Acuático masculino y Judo, 81 kilogramos, Adrián Gandía y Tiro con Arco masculino, Jean Pizarro. Los Juegos apenas acaban de comenzar y se extenderán hasta el 9 de agosto. CLARIDAD estará presente para llevar información de los atletas, técnicos, padres, y Turistas Olímpicos presentes en esta justa Centroamericana. Esta semana estaremos visitando la tumba de Eugenio María de Hostos y de Juan Pablo Duarte.

(Para ver videos de eventos, atletas, técnicos, padres, familiares y acompañantes visitar: ( (5) Prensa Pitirre – YouTube)

Carlos Iván Beltrán Valdéz -al Salón de la Fama del Beisbol

Y es en la familia donde nace este sentimiento que se extiende a un ámbito mayor, “La Nación Puertorriqueña”.( Algunas reflexiones sobre la importancia de los padres en el desarrollo deportivo de sus hijos e hijas – Claridad)

“Se puede llegar lejos sin olvidar de donde uno es”(Carlos Beltrán)

Carlos Beltrán fue firmado por el escucha de los Reales de Kansas City Johnny Ramos, quien lo firmó como prospecto en 1995. Jugó, además, con los Astros de Houston, Metropolitanos de NY, Gigantes, Cardenales, Yankees y los Ranger de Texas.  Es uno de los jardineros centrales más completos de su generación, Beltrán es el sexto miembro del Salón de la Fama procedente de Puerto Rico, uniéndose a Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Roberto Alomar, Iván Rodríguez y Edgar Martínez (que nació en Nueva York, pero creció en la isla). También se convierte en el tercer jugador en entrar en el Salón con una gorra de los Mets en su placa, uniéndose a Tom Seaver y Mike Piazza.

Algunos de los puntos clave en su discurso de aceptación fueron los siguientes señalamientos:

«Detrás de cada jugador, hay un grupo de personas «,  «Así que, pensando en mi carrera, no hay duda de que no podría lograrlo solo. Antes de hablar sobre el béisbol, quiero hablar de la gratitud. Ninguno de nosotros puede lograr nada solo.»

Durante su discurso de aceptación decenas de aficionados con banderas gritaban a coro: «¡Puerto Rico! ¡Puerto Rico!» Beltrán sacó una pequeña bandera patria del bolsillo de su chaqueta, la agitó en el aire y pronunció su discurso tanto en español como en inglés, alternando entre ambos idiomas.

En su discurso se refleja su amor por Puerto Rico, su aprecio por su familia y su respeto por decenas de personas que le ayudaron a llegar al gran escenario de Cooperstown como el nuevo miembro del Salón de la Fama del béisbol.

CLARIDAD se une al pueblo Boricua en las felicitaciones a Carlos, su esposa, padres, familia y personas que ayudaron a Beltrán a llegar al Salón de La Fama.

 

 

Siguen las iniciativas para conversar sobre la independencia en el Congreso

Washington (United States), 01/10/2020.- The US Capitol Building in Washington, DC, USA, 01 October 2020. The US Senate continues to meet with US Supreme Court Nominee Amy Coney Barrett ahead of her confirmation hearings later this month. (Estados Unidos) EFE/EPA/ALEX EDELMAN

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

En un seguimiento a las gestiones para que el Congreso de Estados Unidos se decida a atender el estatus de Puerto Rico, una coalición de organizaciones independentistas de Puerto Rico y de la diáspora solicitaron al presidente del Comité de Recursos Naturales, Bruce Westerman, una reunión para discutir el futuro político de Puerto Rico.

En la misiva, las organizaciones que suscriben y solicitan la reunión —Plan B Independencia, Coalición por la Descolonización y Soberanía de Puerto Rico, Puertorriqueños Unidos en Acción, y Friends of Puerto Rico Impact—, plantean a Westerman su interés en presentarle una propuesta para establecer una vía legislativa para una transición ordenada hacia  la independencia y soberanía de Puerto Rico. Junto con la carta se entregó copia del proyecto de ley proindependencia que anteriormente se le presentó  al congresista Tom McClintock y un boletín The Critical Thinker, que publica el grupo Puertorriqueños Unidos en Acción (PUA), el cual se ha estado distribuyendo en el Congreso, informó su portavoz.

Entre los argumentos presentados para solicitar la reunión, los grupos plantean creer que el estatus territorial continuo de Puerto Rico ya no beneficia los intereses de Estados Unidos ni de Puerto Rico, por lo que el Congreso debería comenzar a considerar de inmediato una legislación que prevea una transición ordenada de Puerto Rico hacia la independencia y la soberanía. Llaman a su atención que, en particular, lo concerniente al crecimiento económico dependiente que ha emergido en Puerto Rico es debido al “arreglo” territorial actual. Subrayan que cada vez más Puerto Rico depende de las transferencias de fondos federales para salud, asistencia nutricional y fondos de desastres.

También presentan a su atención que, en el plano internacional, resolver el estatus de Puerto Rico evita el riesgo político a  Estados Unidos de tener que gastar de manera innecesaria capital diplomático para defender el estatus político actual aprobado por la ONU.

La carta firmada por el licenciado Manuel Rivera, portavoz de PUA; Jaime Inclán, portavoz de Friends of Puerto Rico, y el licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez, de Plan B, finaliza señalando al congresista que “ha llegado el momento de dejar atrás las medidas temporales y las intervenciones fiscales recurrentes y abordar directamente el problema político subyacente”.

Pero más allá de la carta en el boletín que el PUA ha distribuido en el Congreso y dejó al republicano Westerman, desde la óptica de sus autores se exponen los riesgos políticos que representa para el Partido Republicano no atender el asunto del estatus de Puerto Rico en estos momentos. Se comienza por sugerir  que el Partido Demócrata dominaría de manera cómoda por un largo tiempo si Puerto Rico fuese estado. A esos efectos, exponen el hecho de que en las elecciones en Puerto Rico de noviembre del 2024, en un voto simbólico el 73.34 % de 986,936 puertorriqueños seleccionó a Kamala Harris como candidata a la presidencia por el Partido Demócrata.

Otro dato traído a su consideración es que el actual comisionado residente forma parte del caucus demócrata y que la actual gobernadora, mientras fue comisionada residente, también se  alineó con los demócratas.

El análisis del PUA, cuyo autor es el licenciado Rivera,  plantea que los republicanos deben de rechazar la estadidad, ya que representa un riesgo para ellos. Al respecto, presenta la teoría de que los 3.5 millones de puertorriqueños le darían un representante congresional a Puerto Rico, que se presume demócrata, y la votación por Harris es un símbolo de esto. Ante ese escenario, los propulsores de la presente gestión en el Congreso les advierten a los republicanos que la estadidad para Puerto Rico es el arma para el dominio demócrata en el Congreso y que los demócratas no desean que los republicanos resuelvan el estatus político de Puerto Rico en el Congreso.

El portavoz del PUA argumenta que la “pregunta fundamental es si el Partido Demócrata necesita cinco votos adicionales en la Cámara de Representantes y dos en el Senado”.

En esa línea, proponen que “la  solución para detener la agenda del partido demócrata es la  transferencia de poderes soberanos a Puerto Rico para que el pueblo pueda decidir libremente una nueva relación con los Estados Unidos. El partido republicano puede lograr este objetivo presentando legislación en el Congreso mientras ambas cámaras estén dominadas por el Partido Republicano”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Del grito a la estrategia

Especial para CLARIDAD

Decía César Andreu Iglesias que la revolución no se convoca, se organiza. La frase desmonta la idea de que el cambio político se reduce a la logística de una marcha o a la fecha de unas elecciones. Convocar es necesario, pero no suficiente. Lo que transforma un país no es el momento espectacular de la protesta, sino la capacidad de convertir esa energía en proyecto, en estructura y en rumbo fijo.

En Puerto Rico, donde las crisis se suceden como estaciones —deuda, huracanes, privatizaciones, Junta de Control Fiscal– la tentación de vivir de marcha en marcha y de elección en elección es fuerte. Pero si el país quiere un cambio verdadero, tiene que asumir que la política no se agota en los partidos ni en el voto y que sin organización estratégica y trabajo sostenido, toda victoria se evapora.

Las grandes movilizaciones de los últimos años han demostrado que la sociedad puertorriqueña no está resignada. Desde las protestas contra la Junta de Supervisión Fiscal y los recortes, hasta las manifestaciones masivas de 2019 que forzaron la renuncia de un gobernador, la calle ha sido un espacio de poder real. Sin embargo, el patrón se repite: se convoca, se marcha, se logra un gesto, se celebra en redes sociales, y luego se vuelve a la normalidad sin haber construido estructuras que sostengan el conflicto y lo conviertan en cambio institucional.

La socióloga Frances Negrón-Muntaner ha descrito la respuesta comunitaria tras el huracán María como “autogestión democrática”: vecinos organizando brigadas, redes de alimentos, sistemas de energía compartida ante la ausencia del Estado. Esa experiencia muestra que la ciudadanía puede gobernar de facto cuando el gobierno falla. Pero también evidencia que, si esa autogestión no se articula en un proyecto político estable, queda confinada a la emergencia y no reconfigura el poder.

Reducir la participación ciudadana al acto de votar cada cuatro años es una forma de despolitizar a la sociedad. Diversos análisis sobre participación en Puerto Rico insisten en que el voto es apenas una de muchas herramientas posibles: asambleas comunitarias, consultas públicas, plataformas digitales, organizaciones sectoriales. Sin embargo, el sistema de partidos ha funcionado como un embudo: toda la energía social se canaliza hacia campañas electorales que prometen cambio y terminan administrando el mismo modelo colonial, endeudado y desigual.

La imposición de la Junta de Supervisión Fiscal por el Congreso de Estados Unidos dejó claro que el gobierno local no controla las finanzas del país y que la autonomía del Estado Libre Asociado era, en gran medida, una ficción. En ese contexto, ganar elecciones es apenas el primero de muchos pasos; sin una estrategia para confrontar las estructuras de poder que están por encima del gobierno electo, la victoria electoral se convierte en administración de la crisis.

La historia de las izquierdas y del independentismo en Puerto Rico muestra que este dilema no es nuevo. Carlos Pabón Ortega, al reconstruir los debates del Movimiento Pro Independenci el Partido Socialista Puertorriqueño , el Partido Independentista Puertorriqueño y otros movimientos, documenta cómo se discutía una y otra vez si la vía debía ser electoral, insurreccional, sindical, comunitaria o una combinación de todas. Las tensiones entre “revolución o democracia”, “lucha armada o resistencia cívica”, “vieja izquierda o nueva izquierda” reflejan un problema de fondo: cómo construir poder duradero en un país sin soberanía plena, con un Estado subordinado y una economía dependiente.

Andreu Iglesias, como ideólogo del movimiento obrero e independentista, insistía en que la conciencia política no se fabrica con consignas, sino con organización, educación y discusión rigurosa. Su advertencia sigue vigente: si la revolución se organiza, entonces la tarea central no es solo convocar, sino crear estructuras donde esa organización sea seria, informada y vinculante.

Hoy, cuando surgen intentos de romper el duopolio PPD–PNP mediante alianzas como la que articulan el Movimiento Victoria Ciudadana y el Partido Independentista Puertorriqueño, se abre una posibilidad de cambio de reglas de juego. Pero incluso estas nuevas coaliciones corren el riesgo de repetir el mismo error si se limitan a la lógica electoral. El país necesita algo más que una nueva combinación de siglas: requiere un proyecto de país discutido con todos los sectores, que trascienda la obsesión por el estatus como única pregunta y aborde con igual seriedad la justicia social, el modelo económico, la democratización del Estado y la reconstrucción ecológica.

Ganar las elecciones puede ser un hito importante, pero si no se acompaña de mecanismos de participación continua —consejos ciudadanos, presupuestos participativos, control social sobre las agencias, procesos de rendición de cuentas— el gobierno alternativo terminará gobernando de espaldas a la misma gente que lo llevó al poder.

La politóloga Marcia Rivera ha subrayado que la participación transformadora exige “capacitar a la ciudadanía para comprender los procesos de política pública y los mecanismos reales de incidencia”. Eso implica que el cambio no puede descansar únicamente en líderes carismáticos o en campañas bien diseñadas. Requiere una ciudadanía que entienda cómo se aprueba un presupuesto, cómo se negocia una reestructuración de deuda, cómo se fiscaliza una privatización, cómo se defiende un derecho en los tribunales y en la calle.

Mientras esa comprensión no se masifique, la relación entre pueblo y gobierno seguirá siendo delegativa: se vota, se espera, se decepciona, se marcha y se vuelve a votar. Romper ese ciclo demanda una cultura política donde la gente no solo protesta, sino que propone, negocia, vigila y sanciona.

La experiencia reciente de movimientos como Queremos Sol, que han presionado por un modelo energético público, renovable y democrático, o de organizaciones feministas y ambientales que han logrado detener proyectos dañinos, demuestra que la incidencia más allá de los partidos es posible. Pero también revela que el Estado y los partidos tradicionales tienden a absorber, neutralizar o ignorar esas demandas si no existe una correlación de fuerzas que los obligue a cambiar. De ahí la importancia de construir poder social organizado: sindicatos renovados, juntas comunitarias fuertes, colectivos estudiantiles, redes profesionales comprometidas con el interés público. Sin esa base, cualquier gobierno alternativo se verá aislado frente a la presión de los intereses económicos y de las estructuras coloniales.

Hablar de un rumbo fijo para Puerto Rico significa asumir que el país no puede seguir reaccionando solo a la crisis del momento. La deuda, la Junta, la precariedad laboral, la migración masiva de jóvenes, la destrucción ambiental y la privatización de servicios esenciales son piezas de un mismo modelo. Un proyecto de cambio verdadero tiene que definir con claridad qué tipo de economía se quiere, qué relación se busca con Estados Unidos y con el Caribe, qué papel tendrán las comunidades en la gestión de recursos, qué garantías se ofrecerán a quienes hoy viven en la periferia social. Esa discusión no puede quedar encerrada en programas de partido redactados por comités técnicos; tiene que ser un proceso público, conflictivo, donde se escuchen y se confronten visiones, y donde el resultado se traduzca en compromisos verificables.

La revolución que se organiza no es una metáfora romántica, sino una exigencia práctica. Organizar significa poner sobre la mesa las contradicciones internas de los movimientos, las limitaciones de las alianzas, los riesgos de cooptación, las tensiones entre reforma y ruptura. Significa reconocer que el cambio no vendrá de un solo espacio: ni de la calle sola, ni de las urnas solas, ni de las instituciones solas. Vendrá de la articulación entre todas esas dimensiones, sostenida en el tiempo. Por eso, después de cada marcha, la pregunta no puede ser solo cuántos fuimos, sino qué vamos a hacer mañana, con quién nos vamos a sentar, qué estructura vamos a fortalecer, qué decisión concreta vamos a disputar.

Puerto Rico está en una encrucijada histórica. La pérdida de confianza en el bipartidismo, la evidencia brutal de la subordinación colonial y la emergencia de nuevas fuerzas políticas y sociales abren una ventana que no estará abierta para siempre. Si esa oportunidad se reduce a una alternancia de partidos sin transformación de fondo, el país habrá desperdiciado una generación de lucha. Si, en cambio, se asume que ganar unas elecciones es apenas el primer escalón de una escalera larga —y se construyen, peldaño por peldaño, las instituciones, las prácticas y las culturas que sostienen una democracia real— entonces la frase de Andreu Iglesias dejará de ser consigna y se convertirá en método: la revolución no se convoca, se organiza. Y organizar significa discutir, planificar, construir, sostener y gobernar.

 

Entre la policrisis y las alternativas: los nuevos horizontes de la economía crítica

 

Especial para CLARIDAD

Vivimos en una época de múltiples crisis. Mientras intentamos recuperarnos de una pandemia, enfrentamos guerras que alteran los mercados energéticos, una inflación persistente que reduce el poder adquisitivo de las familias, fenómenos climáticos cada vez más intensos y una revolución tecnológica que transforma la forma en que trabajamos y producimos. Pensar que cada uno de estos problemas puede resolverse de manera aislada es ignorar la complejidad del mundo en que vivimos. A este fenómeno lo llaman policrisis (Tooze, 2025), un escenario en el que múltiples crisis interactúan entre sí y se refuerzan mutuamente, limitando la capacidad de los gobiernos para responder mediante instrumentos tradicionales. No se trata simplemente de tener muchos problemas al mismo tiempo. Lo verdaderamente preocupante es que estos conforman un sistema de interdependencia donde cada crisis modifica las condiciones de las demás. La guerra y la energía ofrecen un ejemplo ilustrativo. Una escalada militar en Oriente Medio puede afectar el tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz, elevando el precio del petróleo. Ese incremento repercute sobre los costos del transporte, la producción agrícola y la industria, alimentando presiones inflacionarias que obligan a los bancos centrales a endurecer su política monetaria afectando la inversión y el consumo, desacelerando el crecimiento económico. A su vez, una economía más débil limita la capacidad fiscal de los Estados para financiar la transición energética o responder a desastres climáticos. Lo que comienza como un conflicto geopolítico termina convirtiéndose en una crisis económica, social y ambiental de alcance global. Mientras tanto, el cambio climático intensifica huracanes, sequías e incendios forestales que destruyen infraestructura, reducen la producción agrícola y aumentan los costos de reconstrucción. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial y la automatización transforman el mercado laboral, generando nuevas oportunidades, pero también incertidumbre sobre el futuro del empleo. Y en Puerto Rico es necesario reconocer que muchas de las limitaciones de Puerto Rico tienen raíces estructurales coloniales vinculadas a su condición política, a su inserción en la economía estadounidense, y la imposición de la Junta de Control Fiscal.

Esta perspectiva representa una ruptura con la visión fragmentada que dominó buena parte del pensamiento económico durante el siglo XX. Desde la economía neoclásica, los problemas suelen analizarse como fallas específicas de determinados mercados de forma simple, estudiar las crisis como fenómenos separados, una recesión, una crisis financiera, una guerra o un desastre natural. La economía crítica enfrentando la policrisis obliga a observar las conexiones entre economía, política, ecología y seguridad internacional en un sistema complejo que constituye la condición fundamental del mundo contemporáneo. El término ha ganado relevancia en el debate académico y político porque describe un escenario donde la inflación, el cambio climático, las tensiones geopolíticas, la desigualdad, la migración, el endeudamiento, la inseguridad alimentaria y las transformaciones tecnológicas no pueden entenderse de forma aislada. Cada una influye sobre las demás, creando un entorno de incertidumbre permanente. Cuando el mercado intenta subordinar todas las dimensiones de la vida colectiva, emergen tensiones que generan respuestas sociales y políticas destinadas a restablecer ciertos equilibrios frente a las vulnerabilidades creadas por décadas de integración económica global basada en cadenas de suministro extraordinariamente frágiles (M.  Aponte, 2023).

Frente a este panorama, la economía crítica sostiene que estas crisis no son simples accidentes coyunturales, responden a estructuras económicas, políticas y ambientales profundamente interconectadas. El crecimiento económico, no puede analizarse únicamente mediante indicadores como el Producto Interno Bruto o la inflación. También deben considerarse la distribución de la riqueza, la calidad institucional, la sostenibilidad ambiental y las relaciones de poder que influyen en las decisiones económicas. Los modelos tradicionales siguen siendo fundamentales para comprender cómo funcionan los mercados, los incentivos o la política monetaria. Sin embargo, la economía crítica plantea que esos instrumentos resultan insuficientes cuando las crisis se superponen y afectan simultáneamente múltiples dimensiones de la sociedad. Uno de los principales desafíos consiste en evitar respuestas fragmentadas o simples. En especial cuando se ofrecen respuestas y soluciones fragmentadas en un sistema complejo. Para Morin (2023), los sistemas sociales no pueden comprenderse mediante análisis lineales o reduccionistas; las relaciones entre sus componentes generan propiedades emergentes que transforman continuamente el conjunto. En la economía mundial actual ningún fenómeno económico puede interpretarse al margen de las dinámicas geopolíticas, ambientales o tecnológicas que lo condicionan.  Combatir la inflación sin considerar el impacto sobre el empleo, impulsar el crecimiento ignorando el deterioro ambiental o promover la inversión sin atender la desigualdad puede resolver un problema inmediato mientras agrava otros. Desde la economía crítica la policrisis exige políticas públicas capaces de reconocer estas interdependencias y transversalidades.

En este contexto, diversos especialistas proponen ampliar la agenda económica hacia estrategias de largo plazo. Entre ellas destacan la diversificación productiva para reducir la dependencia de pocos sectores económicos, la transición hacia energías renovables para disminuir la vulnerabilidad frente a los combustibles fósiles, el fortalecimiento de las instituciones públicas, la inversión en educación, ciencia e innovación y la construcción de sistemas de protección social más resilientes. Es concebir las políticas públicas como instrumentos capaces de orientar procesos de transformación económica mediante inversiones estratégicas en innovación, infraestructura, salud y transición energética. En un contexto de policrisis, esta visión adquiere renovada relevancia. La pregunta ya no es únicamente cuánto debe intervenir el Estado, sino cómo puede coordinar esfuerzos públicos y privados para construir economías más resilientes y sostenibles.

Estas discusiones resultan particularmente pertinentes para Puerto Rico. La isla enfrenta simultáneamente una elevada dependencia energética, vulnerabilidad climática, restricciones fiscales, emigración sostenida y limitaciones institucionales asociadas a su condición política. Analizar cada uno de estos desafíos por separado conduce inevitablemente a diagnósticos incompletos. La policrisis y la economía crítica invita a comprender cómo interactúan la dependencia de combustibles fósiles importados, la fragilidad de la infraestructura eléctrica, la exposición a fenómenos meteorológicos extremos, la transformación demográfica y  los retos estructurales coloniales que enfrenta Puerto Rico ante las políticas de la Junta de Control Fiscal.

Esto no implica atribuir todos los problemas a un único factor estructural. La literatura contemporánea sobre desarrollo económico muestra que el desempeño de las sociedades depende de la interacción entre instituciones, políticas públicas, innovación tecnológica, capital humano, inserción internacional y capacidad estatal. Sin embargo, la policrisis obliga a reconocer que estos elementos ya no pueden abordarse mediante estrategias sectoriales aisladas. La planificación económica debe incorporar la complejidad como principio organizador.

Quizás el mayor desafío consiste precisamente en abandonar la búsqueda de soluciones únicas. La inflación no puede entenderse exclusivamente como un fenómeno monetario cuando también responde a interrupciones en las cadenas globales de suministro o a conflictos geopolíticos. El crecimiento económico pierde significado si aumenta la vulnerabilidad ambiental. La competitividad industrial resulta insuficiente cuando depende de sistemas energéticos inestables. La resiliencia, más que la eficiencia inmediata, emerge así como uno de los conceptos centrales para pensar el desarrollo en el siglo XXI. La policrisis no constituye simplemente una acumulación de problemas. Desde la economía crítica representa un cambio de paradigma que cuestiona las categorías tradicionales con las que se ha pensado la economía durante las últimas décadas. Frente a esta nueva realidad, la economía crítica no ofrece respuestas definitivas, pero sí una invitación indispensable para comprender que el futuro dependerá menos de la capacidad para resolver crisis individuales que de la habilidad para gobernar un sistema mundial caracterizado por la incertidumbre, la interdependencia y la complejidad.

El debate no consiste únicamente en identificar los problemas, sino también en imaginar alternativas. La economía crítica propone abrir espacios para discutir nuevos modelos de desarrollo que combinen crecimiento económico, sostenibilidad ambiental, innovación tecnológica, equidad social y fortalecimiento institucional. Es complementar los enfoques tradicionales con una visión más amplia de los desafíos contemporáneos, donde la Universidad de Puerto Rico juega un papel importante en construir ese desarrollo para un Puerto Rico diferente.

En un mundo cada vez más interdependiente, la policrisis y la economía crítica nos recuerda que las soluciones aisladas rara vez son suficientes. Comprender la complejidad de las relaciones entre economía, política, sociedad y medio ambiente constituye uno de los grandes retos de nuestro tiempo. La pregunta ya no es únicamente cómo superar la próxima crisis, sino cómo construir economías capaces de resistir, adaptarse y prosperar en medio de un escenario global marcado por la incertidumbre. La lección es que no basta con reaccionar cuando estalla la próxima emergencia. Debemos construir una economía capaz de anticiparse, adaptarse y recuperarse. Eso requiere pensar más allá del corto plazo y abandonar la idea de que cada problema tiene una solución independiente. El siglo XXI nos enfrenta a un cambio de paradigma, una Economía que integre diversas disciplinas en una sociedad compleja. La pregunta ya no es únicamente cómo hacer crecer la economía, sino cómo construir una sociedad más resiliente, más equitativa y mejor preparada para un mundo donde la incertidumbre parece haberse convertido en la nueva normalidad. Ese es el verdadero debate que Puerto Rico no puede seguir posponiendo.