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Será Otra Cosa Plan de escritura 

 

Especial para En Rojo

Revoloteo mucho entre decenas de notas escritas en trances de prisa, y archivadas en un celular bajo la etiqueta de #Ideas. A veces estas notas son casi incomprensibles, otras veces casi incoherentes, pero un día las pongo todas sobre la mesa y las observo como buscando un inicio, un preludio, algo que me lleve a una historia. Y ahí me doy cuenta de que hay algo que puedo deducir de estas piezas aparentemente inconexas, desentendidas, y es que quisiera escribir una serie de mapas. Mapas de los olores y sonidos y sensaciones de lugares que son mi eterno regreso: Santurce, Mayagüez, Guayama por Carite, Adjuntas, Fajardo, Cabo Rojo, La Habana, Nueva York. Quiero escribir tramos completos de esos lugares que me sirvan de referentes si un día mi memoria languidece. Me debato. Ahora pienso que tengo que seguir escribiendo los arquetipos de ciertas personas sin quienes la vida es y sería extremadamente luctuosa por no decir que habría sido inviable, imposible.

“Abrir un pomo de algo, por ejemplo”, escribí hace muchos años ya acerca de mi padre, un día que temí olvidar ciertos rasgos y trasuntos suyos. “Para él, eso suponía actuar en un ámbito del mundo que apenas conocía; ubicarse en una tarea que lo dejaba al descubierto. Abría entonces el pomo bruscamente para culminar la misión con rapidez y evitar poner en evidencia esa pequeña y fútil incapacidad. Esto, sumado al temblor que siempre tuvo en las manos, culminaba muchas veces en contenidos de salsa completamente desparramados, en platos de comida con formas irreconocibles, en corchos rotos, en cristales despedazados en el piso. Así mismo, si tenía que cruzar un charco, como no estaba muy seguro sobre su capacidad para brincarle por encima, o más bien le tenía una especie de fobia a hacer el ridículo, llamar la atención por la causa equivocada, avanzaba a cruzarlo tal cual, sin preámbulos ni análisis, por el mismo medio y pisando con la misma firmeza con que se pisa el suelo seco. Y, por supuesto, se llenaba de fango. Y luego asumía una actitud de total indiferencia a lo acontecido, restándole así todo el peso del absurdo, toda la importancia. Yo, que me arranco los pellejos de las uñas hasta verme la sangre, creo que en esos actos de ligera desesperación radicaba tal vez la única expresión de su ansiedad”.

II.

Tendría que escribir el mapa de mi gran amor. Lo empecé hace muchos años pero debo añadir una serie de recorridos (internos y ultramarinos), de perplejidades e incertidumbres; de pasiones, impaciencias, los reencuentros de los últimos tiempos y el prototipo de los que nos esperan. Su cuello hirviente es parte de nuestra radiografía linfática, su cuerpo y su resistencia mental son una barricada, el bastión contra el que tropiezan los restos del espanto (el mundo a veces trata de descomponerse).

De tanta hipérbole (poética, planetaria) me he visto obligada a estudiar el Universo desde que esta especie de sol llegó para quemarme. Así he descubierto que, como no podía ser de otra manera, el destino del Sol, está escrito. Dicen los científicos que, dentro de unos 5.000 millones de años, nuestra estrella “agotará su combustible y se transformará en un anillo brillante de gas y de polvo interestelar, lo que se conoce como una nebulosa planetaria, uno de los objetos más bellos del Universo”. ​​Para entonces, ya no quedará nadie en la Tierra para ver este gran final. Todo esto de la muerte del sol lo explican unos científicos en un estudio publicado en la revista Nature Astronomy. Mi amor, sin embargo, insiste en que todo esto no es absolutamente cierto. Hace años me dice que ciertas formas de vida microscópica sí continuarán existiendo. Microbios que producen su propio alimento por quimiosíntesis, y no dependen de la luz solar, por lo que su capacidad de vivir es independiente de nuestra estrella, el astro más grande del sistema solar. Tengo iniciado un mapa del sol y quiero añadir a esta lista un mapa del corazón, el que bombea. Anotado.

 

III.

Tendría que hacer un mapa de la casa. No creo que exista un lugar en el mundo que se sienta más casa que Santurce, cada sábado en la mañana. La luz es siempre radiante. Ir en el auto y volver a una sensación de ser, de pertenecer; a una evocación de la calidez de hace cuarenta años, en aquel tiempo en que no tenía idea de cuánto tiempo podía tomar formarse un cuerpo y una vida como la de aquel nervio de la naturaleza que decía ser mi madre. “Treintinueve”, recuerdo que me dijo, y siguió con sus asuntos. Aquello era suave y era cálido y entrañable. Mi mapa de vida, en construcción.

 

En Reserva El periodismo no es un cuento de hadas

 

Especial para En ROJO

Detienen la programación. Las noticias reportan el caso de una mujer que buscan en una finca del noreste de Puerto Rico. La joven lleva casi 48 horas desaparecida. Se activan protocolos y planes. Llegan todos: Policía, Manejo de Emergencias, personal municipal, expertos en búsqueda y rescate. Se nos dice que la desaparecida padece de una condición de salud mental. Todos están alertas: ciudadanos, medios, familiares, amigos.

La cámara del noticiario se enfoca en la madre de la joven, que grita sin consuelo. La mujer le dice a la prensa que se vaya, que no tienen nada que reportar. La prensa no hace caso; se queda.

Llegan más periodistas. Uno detrás de otro. Una de las reporteras le coloca el micrófono a la señora casi en la barbilla; el otro, la cámara. La mujer grita, se aleja, llora. Una empleada de manejo de emergencias abraza a la desconsolada señora.

Otra escena. Llegan más periodistas: de prensa escrita, televisión, radio… Llevan celulares, cámaras, micrófonos, luces…. La joven mujer aparece. Se enteran todos. “Ahí está, en el carro, con los ojos cerrados. ¡Grábala! ¿La grabaste?, le reclama una periodista al camarógrafo. Los policías exigen espacio: “Necesitamos que se alejen. No pueden estar aquí. Respeto, por favor”.

Nadie se va. Todos se acercan. La prensa se escabulle. Levantan la cinta amarilla que ha puesto la Policía. La mujer se desvanece; se desmaya. La transportan en ambulancia. La joven, repito, padece de una condición de salud mental; que no se nos olvide.

Cambia la escena. La prensa corre a entrevistar a otros familiares. Se acomodan alrededor del padre y de alguien a quien no identifican. Les cuestionan acerca de señales que hayan llevado a esta mujer a escapar. “¿No se dieron cuenta de que algo le pasaba?”, les reclama la prensa. Los familiares contestan hasta donde pueden, lloran… Otro familiar se cansa y responde: “No vamos a contestar esas preguntas. Lo siento”.

Interior de un estudio televisión. Un periodista entrevista a una psicóloga. Primera pregunta que escucho, refraseo: “¿Qué podemos hacer ante situaciones como estas, en que la familia cree, como en este caso, que la depresión son changuerías?”. Apago el televisor. No aguanto más.

En otro lugar, muy posiblemente, en la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce o en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, hay una sala de estudiantes de periodismo llena. Alumnos capaces y responsables estudian la profesión con vocación. Discuten el código ético del oficio. Llegan a la clase indignados, luego de la cobertura que acaban de ver en televisión. Reclaman que lo medios no abordan, con empatía ni profesionalismo, a los familiares de las víctimas en circunstancias dolorosas.

Los estudiantes comienzan una discusión con sus compañeros sobre la relación de la línea editorial de un medio y la ética, a base de sus propios criterios entre lo que es correcto y lo que no lo es. Se cuestionan acerca de los intereses detrás de las coberturas y dudan de si serán capaces de dedicarse a una profesión tan delicada, en que abunda la insensibilidad y, a la vez, tan expuesta. Se preguntan de qué les sirve aprender sobre utopías éticas frente a lo que pasa diariamente en la calle. “¿Qué alternativas tenemos?”, insisten. El profesor no puede responder, al menos como ellos quisieran. Él sabe lo que debería contestar, pero no lo hace, al menos como los estudiantes esperarían: con honestidad.

En el salón el profesor trata de justificar cada acción; conoce bien el medio. Está seguro de que hoy a estos periodistas sus jefes los felicitarán. Cada uno  de los reporteros llegará a la sala de redacción de su lugar de trabajo, satisfecho, feliz… Sus colegas los recibirán con elogios por esa cobertura “tan completa”. En unos días, veremos su reportaje grabado en un anuncio de promoción del canal, en el que destacarán la forma tan “profesional” en que “ayudaron a la gente” y de “cómo debemos sentirnos orgullosos de cómo mantuvieron al pueblo informados”. ¿Qué se les dice a los futuros profesionales? Pregunto yo ahora, con seriedad.

¿Quién les dice a estos estudiantes que será cuestarriba competir contra la insensibilidad de la noticia? ¿Cómo se les dice que cada día se les asignará realizar una labor que podría fomentar la deshumanización y los prejuicios? ¿Cómo deben reaccionar ante esta realidad?

No hace falta decirles. Ellos saben, con conocimiento de causa, la realidad a la que se enfrentan; la audiencia también. No son ingenuos. Cada uno reconoce que existe un negocio y un fin ulterior detrás de cada cobertura mediática. Los noticiarios son un espectáculo y cada uno satisface esa función. Los estudiantes entienden que se viven dos mundos muy distintos entre la práctica y la teoría. La pregunta entonces sería: ante esa realidad, ¿qué se hace? Le siguen otras, quizá, más fáciles de responder: ¿Debe un fotoperiodista grabar a quienquiera sin importar quién sea o por lo que esté pasando? Si la persona afectada fuera un familiar de alguien conocido, ¿lo reportarían igual? Si fuera el periodista la persona afectada, ¿aceptaría que la prensa se comportara con total intromisión e insensibilidad? ¿A quiénes verdaderamente afecta cada historia que reportamos? ¿A quiénes beneficia? ¿Qué consecuencias tienen estos actos insensibles y antiéticos? ¿Qué alternativas tiene cada periodista para minimizar el daño que la profesión puede causar?

Como bien dijo una vez la periodista Milagros Acevedo Cruz, tomar buenas decisiones éticas no es analizar una acción luego de realizada. Se trata de evitar cometer esa falta ética, en primer lugar. El deber de informar jamás debe estar supeditado a la falta de sensibilidad o humanidad. Lo correcto es informar, claramente, pero desde la compasión y el respeto.

***

Transcurre un rato más y alguien enciende la televisión otra vez. Escucho al esposo de la mujer que apareció agradecer a todos: a los medios, a las agencias, al país… Al escucharlo, quiero borrar cada palabra que he escrito en esta columna. ¿Para qué indignarse si el esposo está agradecido de ese trato mediático? Me confundo. La prensa no tiene la culpa. La competencia entre medios hace casi imposible la tarea de hacer buen periodismo en este país y en todos los demás. Y aquí, como en todos los demás, el periodismo es difícil, pero se ejerce, y se ejerce bastante bien. Los periodistas de mi país son, en general, profesionales comprometidos y serios. El poder lo ejercen otros y cada periodista responde a ello; no tienen otra alternativa.

El esposo tiene razón y debe agradecer. Claro que debe hacerlo. Su esposa apareció viva. Las agencias trabajaron adecuadamente, dentro de las circunstancias, y ella está bien, dentro de todos los escenarios que pudieron ocurrir.

Me acerco a la televisión otra vez. La cámara se acerca a una periodista y luego enfoca en el esposo de la mujer. La reportera formula una pregunta más: “Entonces, ¿diría que esta historia tuvo un final feliz?”. “Por supuesto que sí”, responde el hombre con emoción en la voz.

¿Final feliz? Pero ¿qué clase de pregunta es esa? Pobre mujer, si ahora es que todo empieza: tratamiento, ayudas, terapias… (La indignación ahora es coraje). Ni el periodismo ni la vida son cuentos de hadas.

 

 

El romance de una noche en Vienna: Reseña de Before Sunrise

 

 

Especial para En Rojo

 Bold Lover, never, never canst thou kiss,

Though winning near the goal yet, do not grieve;

She cannot fade, though thou hast not thy bliss,

For ever wilt thou love, and she be fair!

John Keats, “Ode on a Grecian Urn” (1819)

 

Me considero un romántico empedernido. No tengo cura. De hecho, cada San Valentín inspira diferentes reacciones románticas en mí. Estas reacciones han fluctuado entre el romanticismo barato de flores con regalos cuando había novia al romanticismo Sturm und Drang de un joven Werther que llora borracho por su soledad frente al Estudiante escuchando la música de José José. Rechacé ese día de corazones rosados con flores y perritos de peluches porque es precisamente una excusa capitalista para consumir. Todos los sabemos. Convivo hace más de quince años con la mujer más chula, retante y maravillosa del mundo. San Valentín no ha representado nada para nosotros, aunque algunos años ha servido de excusa para hacer una salida a un restaurante bueno (no siempre se puede) y darnos unas copas. Somos felices el uno con el otro y no necesitamos que el Cupido de Walgreens nos lo recuerde. Nuestra relación es compleja y ha enfrentado sus retos. Con todos los tropezones, nos miramos a los ojos y ambos regresamos a aquel viernes, 8 de agosto de 2003, en que nos reencontramos en el Refugio. Esa noche hablamos de nuestros planes de viaje, las tesis de maestría en el Departamento de Inglés y lo que esperábamos del futuro, entre muchos otros temas. Bastante atrevida, ella me buscaba la mirada. Inseguro de nacimiento, yo bajaba la vista porque no creía lo que me estaba pasando. Al despedirnos, ella me besó en los labios. Aunque yo tenía alguito de experiencia, me derretí cuando sus labios mordieron juguetonamente los míos. Ese día lo supe. Pasaría el resto de mi vida junto a Edna. Es obvio que no se lo dije. Para muchos es descabellado pensar de esa manera por un primer beso. Pero todavía busco el tenue sabor a parcha que sentí aquella noche en su boca. Se los digo, romanticón hasta morir. Como esta semana es San Valentín, hoy reseño una de mis películas románticas favoritas, Before Sunrise (dir. Richard Linklater, EEUU y Austria, 1995).

Aunque Before Sunrise es la primera parte de una trilogía sólida que incluye Before Sunset (dir. Richard Linklater, EEUU y Francia, 2004) y Before Midnight (dir. Richard Linklater, EEUU y Grecia, 2013), la primera siempre será la más bella para mí. Esta película emana un romance que no solo enamora a cualquiera, sino que también tiene referencias constantes al cine. Before Sunrise se concentra en una conversación entre Céline (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke), que recuerda a la naturalidad y energía del intercambio entre Wallace y Andre en My Dinner with Andre (dir. Louis Malle, EEUU, 1981). Céline y Jesse se conocen en un tren en Europa, cuya genealogía visual se remonta al impredecible mundo de los trenes en The Lady Vanishes (dir. Alfred Hitchcock, Reino Unido, 1938) y Murder on the Orient Express (dir. Sidney Lumet, Reino Unido, 1974). A pesar de que Céline iba a París, Jesse la convence de bajarse en Vienna, la ciudad donde Harry Lime (Orson Welles) se esconde de la ley en The Third Man (dir. Carol Reed, Reindo Unido, 1949). Jesse invita a Céline a caminar toda la noche por esa ciudad de ensueño porque en la mañana tomará un vuelo de regreso a los Estados Unidos. Ese deambular por una Europa de parques y puentes, de personajes raros y miradas fugaces entre enamorados revive la aventura romántica de A Little Romance (dir. George Roy Hill, Francia y EEUU, 1979). El director y libretista, Richard Linklater, usa esa ciudad tan llena de cultura clásica y de destellos de historia del cine como el escenario donde Céline y Jesse conversarán hasta el amanecer.

La sinergía del grupo creativo que incluye a Linklater, Kim Krizan, que escribió el libreto junto al director, Hawke y Delpy se nota en la naturalidad y la espontaneidad tan palpable de los intercambios entre Céline y Jesse. Las conversaciones ponen en duda la separación entre los personajes y los actores. De hecho, uno de los momentos más bellos se lleva a cabo cuando Céline y Jesse entran a una cabina para escuchar “Come Here” de Kath Bloom. Ella se sienta al lado de él en un espacio muy pequeño. La cámara nos permite observar un juego de miradas que se encuentran y se evaden con la timidez de dos personas que no se conocen, pero que sienten una bella afinidad. La sutileza de la cámara de Lee Daniel, el cinematógrafo con el que Linklater también ha colaborado en Dazed and Confused (1993) y Boyhood (2014), retrata cada gesto íntimo sin perder de vista la ambientación clásica que los rodea. Esa noche llega a su apasionado y esperado desenlace en la estación del tren, precisamente donde Céline y Jesse decidieron bajarse para caminar sin rumbo hasta el próximo día.

Saber que Before Sunrise es parte de una trilogía pone en evidencia cómo Céline y Jesse se reencontrarán. Esta película no tiene una trama que podría dañar un spoiler porque su fuerza se basa en los intercambios juguetones y conversaciones profundamente personales que tienen Céline y Jesse. Ese mundo que Linklater y Daniel retratan solo es único porque Céline y Jesse pasearon por allí. De hecho, la película termina con el amanecer en los diversos lugares en donde estuvo la pareja. Sentimos la ausencia de ese romance fugaz en una ciudad que se siente eterna por sus siglos de belleza arquitectónica e historia. Así como en el poema romántico “Ode on a Grecia Urn” de John Keats, la magia de Before Sunrise se resume en la angustia de un romance limitado a una noche, pero cuyo encanto perdurará por siempre.

Así como Céline y Jesse, camino de la mano de Edna desde la lenta muerte de un atardecer hasta esa mañana que nunca podrá separarnos.

 

Sinodalidad al servicio de la Humanidad

 

Especial para En Rojo

En este marzo de 2023, el Papa Francisco cumplirá diez años como Obispo de Roma y Papa, es decir, Patriarca de las Iglesias de comunión católico-romana en todo el mundo. En este aniversario, el invita a que toda la Iglesia sea organizada sobre la base de la sinodalidad. De hecho, durante los primeros siglos, la Sinodalidad era la forma normal de la Iglesia ser.

Etimológicamente, sinodalidad significa «caminar juntos». En Brasil y otras diversas regiones de nuestro continente, desde 1970, estimuladas por la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, (1968), algunas Iglesias locales se han abierto à las comunidades eclesiales de base (Cebs), o sea, comunidades en que la fe cristiana es vivida a partir de las luchas pacíficas por la vida y la liberación del pueblo más empobrecido. Estas diócesis más abiertas llegaron a ser conocidas como «Iglesias del Camino». Aunque no se definían como sinodales, vivían la Sinodalidad como «camino» de inserción en el mundo social y político, basado en una Espiritualidad Ecuménica Liberadora.

El principal enemigo de esta Sinodalidad desde abajo fue el propio Vaticano, que, hasta que Francisco fue elegido obispo de Roma, no apoyó el camino de las Cebs y las diócesis que se organizaron a partir de ellas.  Hasta entonces, las Iglesias locales que se insertaban proféticamente en el camino liberador del pueblo oprimido sufrían persecuciones y eran marginadas.

Hoy, a pesar de la propuesta del Papa de una nueva inmersión en el Evangelio, en América Latina y Caribe, muchas diócesis y parroquias favorecen un devocionalismo barroco y superficial. En visita al sur de Italia, el Papa Francisco se refirió al estilo de muchos clérigos jóvenes como nostalgia de la época de sus abuelas. De hecho, muchas diócesis y parroquias vuelven al modelo de la Cristiandad. Quieren una Iglesia centralizada, con jerarquía poderosa. Dividen el mundo en sagrado y profano. Para ellos, el centro de todo es el culto y la rigidez de las normas morales.

Ese estilo de Iglesia tradicional predica la fe en un Dios, como Señor todopoderoso que legitima el poder y divide a las personas en creyentes e incrédulos, santos y pecadores. Es un dios narcisista que necesita ser complacido para salvar almas. Según los Evangelios, Jesús luchó contra este tipo de religión.

Muchos religiosos, sacerdotes e incluso obispos acogen la propuesta de la Sinodalidad, porque el Papa lo ha ordenado. Sin embargo, no se dejan penetrar por su espíritu. Pretender la sinodalidad en una Iglesia basada en el poder jerárquico es intentar la cuadratura del círculo.

Esta propuesta de Sinodalidad no concierne solo à la Iglesia.  Caminar juntos y construir estructuras participativas es un reto espiritual, pero también social y político para toda la sociedad. Más que en otras épocas, en diversos países, la Democracia es puesta à prueba por grupos de élite y gobernantes que admiran el autoritarismo y alaban las dictaduras militares. Por eso se hace más urgente el llamamiento del Papa Francisco en su carta encíclica Fratelli Tutti: el reto de construir una fraternidad universal que asegure la Paz y la Justicia ecosocial para todos, con la Vida en primer lugar.  Bajo otros nombres y con otras denominaciones, el proyecto de Sinodalidad para las Iglesias puede y debe ser válido para toda la sociedad como camino hacia un nuevo mundo posible.

 

 

Crucigrama Sergio Ernesto Ortega Alvarado

 

 

 

Horizontales

  1. Sergio _____ Ortega Alvarado; compositor, pianista, poeta, político chileno y militante del Partido Comunista. Embajador Cultural de Unidad Popular, cargo que compartió con Víctor Jara.
  2. Himno de _____ Unidad Popular; fue compuesto por Ortega.
  3. Símbolo del iridio.
  4. 2 de _____ de 1938; nacimiento de Ortega, autor de «Venceremos».
  5. Recé.
  6. Así como _____ matan negros; poema de Pablo Neruda musicalizado por Ortega.
  7. Palabra zulú para designar a grupos de hombres armados.
  8. Agarraré.
  9. Municipio francés en el departamento de Ardennes.
  10. El pueblo _____ jamás será vencido; himno compuesto por Ortega.
  11. Príncipe o caudillo árabe.
  12. Pedro _____ Valentín; Poeta Nacional de la República Dominicana.
  13. Existe.
  14. El chacal _____ Nahueltoro; película de Miguel Littín musicalizada por Ortega.
  15. Edgar Allan _____; escritor, poeta, crítico y periodista estadounidense.
  16. _____; ciudad natal de Ortega.
  17. Carta de la baraja.
  18. Preposición.
  19. Reverberaciones.
  20. _____ Morales Ayma; expresidente de Bolivia.
  21. Te atreves.
  22. Poner emplastos.
  23. Terminación de infinitivo.
  24. Símbolo del magnesio.
  25. Apócope de mamá.
  26. Consuelo Isabel _____ Tapia; escritora y líder revolucionaria puertorriqueña.
  27. Escuché.
  28. Usted, abrev.
  29. Del verbo abrir.
  30. Burro.

 

Verticales

  1. 15 de _____ de 2003; fallecimiento de Ortega en el exilio en París.
  2. En la mitología escandinava, genio o espíritu del aire.
  3. Raspar.
  4. Disparo.
  5. Cesta o cajón del andarivel.
  6. _____; tema electoral del Presidente Salvador Allende compuesto por Ortega y cantado en todos los países.
  7. Fulgor y muerte _____ Joaquín Murieta; poema épico de Pablo Neruda para el cual Ortega compuso una ópera.
  8. Nombre de la letra b.
  9. Interjección usada para preguntar, llamar o advertir.
  10. Gemís con hipo.
  11. Mil cincuenta y uno en números romanos.
  12. Pedro _____; novela del escritor mexicano Juan Rulfo para la cual Ortega compuso una ópera.
  13. Símbolo del indio, elemento químico.
  14. Afirmación.
  15. Conozco.
  16. El monte y el _____; poema de Neruda musicalizado por Ortega.
  17. Costumbres.
  18. Composición lírica, pl.
  19. Séptima letra del alfabeto griego.
  20. Adjetivo demostrativo.
  21. Sergio Ernesto Ortega _____; compuso los himnos del Partido Radical, de las Juventudes Comunistas y de la Central Unitaria de Trabajadores. Fue autor de poemas, cantatas, óperas, canciones y bandas sonoras.
  22. _____ Ernesto Ortega Alvarado; en su exilio, dirigió la École Nationale de Musique de Pantin, Francia. Tras su deceso, sus restos fueron llevados al Cementerio General de Chile.
  23. Ya parte _____ galgo terrible; poema de Neruda musicalizado por Ortega.
  24. Forma de pronombre.
  25. Sergio _____ Alvarado; musicalizó la película «La communion solennelle» del francés René Féret y visitó la Unión Soviética como Jurado del Festival de la Canción Clavel Rojo.
  26. Bernardo O’Higgins Riquelme, 1810. Poema sonoro _____ el Padre de mi Patria; poema de Neruda musicalizado por Ortega.
  27. El _____ en los tiempos del cólera; novela de Gabriel García Márquez.
  28. Mugido.
  29. Relato de _____ náufrago; obra de Gabriel García Márquez musicalizada por Ortega en septeto de saxofones.