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Aplauso de pie para Flavia Lugo

Foto Ricardo Alcaraz. Huelga del 1981, de izq. a derecha José Juan Beauchamp, Guillermo Rosado Haddock, Segundo Cardona, Flavia Lugo y Angélina Morfi.

La pasada semana perdimos a una compañera extraordinaria, a una actriz de quilates y a una patriota como pocas. Flavia Lugo viuda de Marichal murió el pasado sábado 30 de julio. Su hija Tere Marichal nos anunciaba su partida así: “Mami y papi ya están juntos. Mami se marchó ayer. Ambos tuvieron una vida llena de amor, de respeto, de arte, de justicia, de solidaridad y lealtad. Nuestra madre fue un ser excepcional. Al final solo queda el amor, la fuerza que transforma el mundo.”

La Junta Directiva y el Colectivo de CLARIDAD se unen a la pena que embarga al mundo académico y cultural ante la pérdida de  la compañera Flavia Lugo. Flavia era una asidua colaboradora de CLARIDAD, gracias por tu compromiso, tu solidaridad y tu firmeza.

A su familia vayan nuestros deseos de mucha fortaleza ante su partida. Un abrazo  grande y solidario para su familia, la de sangre y la extendida.

¡Hasta siempre compañera!

 

El huracán y la subjetividad de Rafael, un hijo de Guayama

 

Rafael Rodríguez Cruz: El huracán y la subjetividad antillana

El mar de las Antillas acoge a “el huracán”. Es la naturaleza manifestándose; es la naturaleza en su esencia, aunque ello nos suene redundante. Ese mar de las Antillas nos dota de identidad(es). Ello también es naturaleza; la nuestra. Nuestra naturaleza “humanística”. Ese mar nos hace puertorriqueños y puertorriqueñas; hijos e hijas del Caribe, y antillanos y antillanas propiamente. Y, a su vez, nos hace seres universales. Esta “dimensión” es inherente a la cultura; a los derechos. Es, precisamente, la dimensión que pude captar a través de la escritura de Rafael Rodríguez Cruz; un hijo de Guayama. Sus padres, Rafael Rodríguez Pacheco y Carmen Cruz Collazo, lo traen a su “patria chica” cuando contaba con cinco años. Sus abuelos maternos Juan Cruz Collazo y Eugenia Colón Cruz, guayameses ambos, transmutaron de la corporeidad –de mediados del siglo XX–   a ser inspiración –musas–,  memorias  –Mnemósine  [Mnemosyne],  madre de las musas–  para el escritor del libro que hoy presentamos.

 El huracán y la subjetividad antillana  es una obra acerca de un pueblo caribeño. Una obra que conjuga lo regional –ampliado a nacional y transnacional– con lo universal. Es un libro que versa sobre la cultura en sus diversas manifestaciones: memoria, identidad, literatura, música, geografía, ciencia, mitología, entre otros. Su autor, Rafael Rodríguez Cruz, dialoga con otros autores. William Shakespeare y José María Heredia se encuentran y conversan en torno a “alguna tempestad” en este espacio cultural que es el libro de un hijo de Guayama. Luis Palés Matos –el hijo de José Antonio Vicente Palés y Anés y Consuelo Matos Vicil–, y el también hijo de Guayama, Rafael Aponte Ledée, cruzan miradas en un barrio negro y pobre de Guayama. En un barrio como el de la infancia de Rodríguez Cruz. <<Todo cabe en lo posible>>, nos recuerda el autor, pensando en su abuelo. El huracán y doña Genara, “la pitonisa del barrio”, tiran las cartas. Sí, el huracán. Un personaje milenario que nuestros ancestros y ancestras decidieron mirar, no obstante, nosotros desde el presente nos resistimos a reconocerle su lugar. ¿Y cuál es su lugar? ¿Qué se observa en esas cartas? ¿Acaso la subjetividad en acción?

El huracán es hartamente conocido en nuestro mar de las Antillas. La historiografía puertorriqueña así lo documenta. Una mirada a la  Historia geográfica, civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico  de Agustín Íñigo Abbad y Lasierra –obra publicada en el 1788– y una mirada, a su vez, a las “Notas” de José Julián de Acosta y Calbo  –publicadas en el 1866– nos dan luz al respecto. Y es, precisamente, en torno a “el huracán” que Rafael, en esta ocasión, ilumina nuestra cultura puertorriqueña y caribeña, además de nuestro entendimiento. El huracán como parte constitutiva de nuestro entorno geográfico, es decir, de nuestra cultura. El huracán como inspiración para así mostrarnos la vitalidad de su ingenio; su creatividad literaria. Su mirada a “el huracán” (y de manera arbitraria, por mi parte, le he dejado el artículo “el” a “huracán”), en primera instancia, es la de un niño de siete años, y es justamente por ello que este libro adquiere unas dimensiones de “universalidad”; o al menos inicia ese diálogo. Esta mirada podría ser la de muchos niños y niñas, incluso la de adultos, que pertenecen a este ecosistema cultural caribeño, o a otros entornos con escenarios análogos. Esa mirada se amplía con la literatura. La poesía de José María Heredia y Heredia (Santiago de Cuba, 1803 – México, 1839) y la de Luis Palés Matos (Guayama, 1898 – San Juan, 1959) le dan continuidad a esa universalidad presente en la escritura de Rafael Rodríguez Cruz, hasta alcanzar “lo sublime”. Y, a su vez, ambos poetas sirven de inspiración para la escritura de Rodríguez Cruz.  <<¿Y qué es la poesía sino el esfuerzo por plasmar lo universal en imágenes líricas>> (102), en palabras del propio autor. La “espiritualidad antillana” está presente en estos tres escritores. No hay “distancias” en el tiempo. Para el poeta William Carlos Williams (Rutherford, Nueva Jersey, 1883 – 1963), <<Es difícil / obtener noticias de un poema / aun cuando hoy muchos mueren miserablemente / por carecer / de lo que ahí se encuentra>> [en Antonio Monegal Brancós,  Como el aire que respiramos: El sentido de la cultura  (Barcelona: Acantilado, 2022), 155]. Rodríguez Cruz no lo menciona en su libro, sin embargo, me pareció necesario compartir estos versos con ustedes.

El libro se divide en siete partes  –sin contar la Bibliografía–  que dan cuenta de la escritura “viva”, fluida, y, a su vez, filosófica del autor. En “Satanás y la tormentera” se remonta al año de 1960. Época clave para el autor en lo que a su ingenio se refiere. Un niño de apenas siete años hilvanando en su imaginario memorias que le acompañarían toda su vida. Rafael rememora el Guayama de esa época y comparte nombres de personajes del pueblo: Macario, doña Genara –la pitonisa–, Tutti Frutti, Eddie “El Loco”. ¿Quiénes de Guayama recuerdan a alguno de estos personajes? De igual manera, nos presenta a personajes de su familia y es inevitable no sentirse parte de ella. Rafael nos invita, a través de su narrativa, a pasar dos noches en una tormentera, de un barrio de Guayama, con Papá Juan y Mamá Geña. Es a través de la voz de su abuela que el autor nos impresiona con su habilidad descriptiva y nos transporta a otra época, treinta y dos años antes, cuando el huracán San Felipe  –“El Grande”–  visitaría la región, en el 1928. Asimismo, la manera en que está estructurado el libro es una puesta en escena de la creatividad y capacidad analítica del autor. “Satanás y la tormentera”, “Un gigantesco motor de calor”, “El ojo, la doble pared y el foso”, “La tempestad en la obra de José Heredia”, “Huracán y negritud en la poesía de Palés Matos”, “Nuestro mar”, y “El huracán en el siglo XXI”, son todos títulos que suscitan emoción.

 El huracán  de Rafael Rodríguez Cruz también es un tema político. El asunto colonial es omnipresente en la sociedad puertorriqueña. Y los huracanes tampoco se escapan de la dominación y el poder aplastante del imperio. Ello nos lo recuerda el autor. También destaca <<el importante vínculo de los huracanes con la cultura general>> (83). ¿Acaso cultura y política están relacionadas? El barcelonés Antonio Monegal propone que: <<… podemos entender la cultura como actividad intrínsecamente política. Es el sistema mediante el que se construyen, expresan, organizan y negocian diferencias, identidades, relatos, conflictos y formas de convivencia. Reconcilia los desajustes entre el ser humano y el mundo, modula el horizonte de lo posible y nos invita a enunciar anhelos utópicos. Nos sirve para entender y, en consecuencia, para cambiar. Es el terreno donde nos lo jugamos todo>> (2022, 154).

Con todo ello, Rafael Rodríguez Cruz nos propone una reflexión necesaria a través de las páginas de  El huracán y la subjetividad antillana.  Una reflexión existencial. Pasado, presente y futuro se fusionan. En palabras de uno de mis maestros, el escritor Félix Córdova Iturregui: <<El pasado no es algo que simplemente desaparece. Opera en el presente y el presente, a su vez, opera en él. Queda abierto en la misma apertura del presente, siendo el estar abierto del presente el sentido más profundo de lo por venir>> (2020). La historicidad, la consciencia del  ser  –es decir, la existencia humana–  en la temporalidad está presente a través de la escritura de Rafael. La objetividad del huracán, esto es, su “objetividad termodinámica”, más bien la “objetividad” de la naturaleza y la subjetividad humana están en constante tensión. Una interacción que precisamente nos recuerda nuestra espiritualidad. Una espiritualidad que se confunde con la “subjetividad antillana” de la que nos habla Rafael. Una espiritualidad que caracteriza a la escritura de Rafael Rodríguez Cruz. La espiritualidad de la que todos y todas somos parte. Gracias, Rafael, por recordarnos nuestra esencia.

 La autora es doctoranda en Historia, UPR, Río Piedras. El libro esta a la venta en la CLARITIENDA.

*Leído en la presentación del libro El huracán y la subjetividad antillana  (Puerto Rico: Ediciones Gran Sempié, 2022), de Rafael Rodríguez Cruz, el sábado, 30 de julio de 2022, en Guayama. Actividad coordinada por el Museo de Historia y Arte de Guayama, como parte de su Programa Educativo y Agenda Cultural.

 

 

Ver a Bad Bunny en Puerto Rico: Una experiencia cabrona

Especial para En Rojo

 A Elena, porque estas alante

 Son muchas las reacciones que ha habido a la serie de conciertos de Bad Bunny y a la transmisión simultánea de su concierto del jueves en Telemundo y en 13 lugares alrededor de la Isla. Muchas han sido positivas, muchas negativas, incluyendo éstas una diversidad que es raro encontrar. Acá mis reflexiones sobre lo que sucedió el jueves, lo que experimenté en el concierto el sábado en vivo y en general sobre Bad Bunny, de quien soy admiradora y seguidora hace unos años.

Yo he ido a tres conciertos de Bad Bunny, dos en Nueva York y uno en Puerto Rico. Las reacciones a éstos son descriptivas de cómo el fenómeno va evolucionando y cambiando, así como sus percepciones. En el 2019 fui sola a verlo en Nueva York en el Madison Square Garden en lo que fue su primera gira grande, X100 pre. Esa vez conseguí boletos sin tener que estar pegada a la computadora y aunque estuvo lleno todas las noches, todavía tenía que explicarle a algunas personas donde iba y a quién iba a ver. Yo descubrí su música gracias a mi esposo que es músico y me la puso. Recuerdo exactamente dónde estaba y cuándo fue y me dijo “chéqueate a este chamaco, es bien bueno y sobre todo bien original y diferente”. Me imagino que “el que sabe, sabe” pues al día de hoy no solo se distingue por su calidad, sino por su originalidad y que todo lo que hace es diferente. Desde entonces sigo su música y me  gusta lo que hace, pero sobre todo me gusta él como artista y persona. Explicar esto no se me hace difícil porque lo he tenido que hacer un montón de veces. Cada vez que alguna amistad “intelectual’’ se entera que me gusta él o “esa música” empieza la Inquisición. Y es que evidentemente en el imaginario de muchos y muchas, ambas cosas no son compatibles. Algo que para mí es bien normal pues durante mis años de estudiar Ciencias Políticas en la IUPI, siempre seguí yendo a “perrear”, a la vez que iba a escuchar y bailar salsa, mi música favorita, y sin dejar de escuchar nueva trova y otros géneros. La explicación, si es que es necesaria una, es bien sencilla, no creo que haya que escuchar música que nos defina ni con la que coincidamos en todo, hay música pa’ bailar y gozar y esto es importante. Pero más allá de esto, es que hay muchas cosas de las letras con las que coincido y me encantan. Aquí uno de los aspectos en los cuales curiosamente coinciden los detractores de Bad Bunny que vienen de una postura elitista/intelectual que no pueden concebir que alguien así mueva masas y les ofende su éxito. Y junto a ellos, los conservadores religiosos se cuestionan algo similar con otro lenguaje. De una manera parecida, conocidos que son cristianos bastante fundamentalistas me acribillan a preguntas, que cómo alguien con valores puede escuchar esta música, que cómo dejo que mi hija tenga acceso a ella, que las malas palabras, que la vulgaridad, que el sexo. En el lado de los intelectuales, la crítica usualmente se cubre con una postura feminista o con el cero valor musical. A la larga, yo veo dos críticas sumamente similares y un desdén al goce y a lo lúdico.

Hace varios meses fui con mi esposo al concierto que hiciera en el Barclays en Brooklyn. Allí lo que había era un junte bolivariano, era un público latinoamericano nuyorquino muy diverso, en cuanto a clase social y procedencia, siendo la mayoría residente de Queens y de origen suramericano, Perú, Ecuador, entre otros. La mayoría absoluta eran mujeres y muchos de los hombres que había estaban vestidos de mujer o eran gay; digamos que demográficamente no es la norma para un concierto de rap. Ya para este concierto nadie en Nueva York o en Puerto Rico me preguntaba quién era Bad Bunny, aunque sí todavía los cuestionamientos de “cómo es que te gusta alguien así’. Yo le he dado mucho pensamiento a esto, qué tengo yo a los ojos de estas personas que no me hace para ellos una fanática de este artista. O qué tiene él que tanto les disgusta. Yo empiezo por pensar que muchos de ellos nunca han escuchado su música. Es obvio que por décadas el rap y el reggaetón han sido vistos con desprecio por muchos en Puerto Rico. Sin duda lo de Bad Bunny va a más porque él ha llegado más lejos, alcanzando lo que ningún artista puertorriqueño había alcanzado antes.  También él ha roto todos los esquemas de la industria musical y el éxito ha sido rotundo hasta ahora en todas sus apuestas.

Con tres conciertos vendidos a capacidad decidió proyectar el primero en vivo en trece lugares públicos y gratis a través de la Isla. Luego vino la movida de Telemundo, sin precedente, ya que no solo iba a ser en vivo, sino que por el lenguaje de sus canciones quedaba por ver cómo iba a censurarse. Se estima que entre las tres actividades cerca de un millón y medio de personas experimentaron el concierto el jueves entre las 10:30 PM y las 2 AM que terminó. Probablemente la última experiencia colectiva en la que el país experimentó todo lo mismo a la vez fue esos días posteriores al Huracán María o cuando el terremoto de enero del 2020. Sin duda muchos de los que lo vieron en televisión fue para matar la curiosidad de ver finalmente a ese muchacho del que todos hablan pero que no suena en la radio ni se presenta en televisión. Ese fue el debut para una población que aún se entera de las cosas y personas por medios tradicionales; para ellos y ellas esa fue la primera noche que vieron a Bad Bunny y probablemente quedaron impactados al ver en el mismo Telemundo de la Casa de Juanma y Wiwi y El Show de Raymond, escuchar “cabrón 15 veces en un minuto en la intro del concierto, o escuchar “chocha”, que aunque tenía el beep, se escuchaba al público gritando a viva voz. Creo que fue genial darlo en lugares públicos ya que mucha gente se quedó fuera y experimentar el concierto con otra gente, bailar y gritar es una experiencia única, la experiencia colectiva tiene mucho peso. Pasarlo por Telemundo fue otra cosa, creo que habrá muchos análisis al respecto pero creo que ofreció la posibilidad al país de ver este fenómeno. Quien no lo quería ver pues espero que no lo haya visto, pero quien quiso puedo verlo. Lo que se me hace un poco difícil entender es el odio visceral y/o total desprecio de quienes no lo vieron con los que lo vimos y nos amanecimos. Levantarme al otro día a leer tantas cosas al respecto me dejó atónita. Yo lo vi entero y me lo disfruté a pesar de la censura aleatoria de Telemundo. Mi madre y mi hija lo vieron conmigo hasta que aguantaron. Con mi hija de 10 años es que más aprendo lecciones. Ella no le impacta escuchar “cabrón’’ pues no es la primera vez que escucha la palabra, y hemos tenido la discusión en casa sobre las “malas palabras” muchas veces. Ella los comentarios de índole sexual no los entiende aún y cuando los entienda, pues tendremos esa conversación. Sí sabe, en parte gracias a Bad Bunny, lo importante que es el consentimiento, y por eso le encanta “Yo perreo sola”. Con “Andrea” tuvimos una buena discusión sobre la violencia de género en Puerto Rico. Viendo el concierto me comentó lo chévere que subiera un muchacho a bailar y que lindo que Bad Bunny bailara con él. También comentó que le gustaba la diversidad del cuerpo de bailarines, que había personas con físicos diferentes, no exclusivamente flacos, e incluso un chico vestido de mujer. Cuando Bad Bunny presentó a Villano Antillano, mi hija quedó fascinada, nunca había visto una trapera trans y estaba muy contenta. Para mí todas estas cosas son más valiosas que el hecho de que escuchara “cabrón” muchas veces en Telemundo. Claro, cada cual cría a sus hijos con valores y prioridades diferentes, en casa prohibido están las series hiperviolentas que son permitidas en tantos otros hogares pero no el reggaetón.

Aunque me disfruté muchísimo el concierto en la tele y viendo los videos que la gente ponía en redes sociales, seguía con mi obsesión de ir. Quería ver a Benito aquí en Puerto Rico en vivo. Gracias a Twitter conseguí un boleto a super última hora el sábado en la noche. Lo que viví en el Choliseo esa noche nunca lo voy a olvidar. No es exageración cuando describieron el concierto como un mega party. El estar bailando sin parar por más de tres horas fue genial y me lo gocé un montón.

Yo era el cliché de la doña. En muchas ocasiones calculé que le doblaba en edad a la mayoría de las personas a mi alrededor. En la fila infinita para comprar el merchandising era la que buscaba el peluche de corazón emblemático de Un Verano sin Ti para su hija, una camisa para su esposo y sin espejuelos no podía ver los precios. Creo que los pasos noventosos que tiré que eran la norma en Laser o Reggae Roots debían parecer de antaño para los movimientos que tiraban mis vecinos de los cuatro puntos cardinales, que a su vez eran un retrato de la diversidad del público que colmó el Coliseo de Puerto Rico. Los del frente eran un grupo de panas treintones que fueron a joder, fumaron de distintas maneras pasto y lo que hacían era vacilar. Al lado tenía un grupo de chamacas todas mujeres que fueron a cantar y bailar sin sentarse un segundo. Al otro lado tenía una pareja que fueron a bailar entre ellos y así estuvieron toda la noche sin separarse un segundo. Por cómo se sabían todas las canciones de todos los artistas invitados que fueron asumo que son mega fan de todos los reguetoneros del país. Detrás tenía una pareja de lesbianas que tampoco se despegaban y estuvieron bailando toda la noche. Más adelante había otra pareja no tan joven, bastante recatados y por su vestimenta parecían de una clase social más alta. Este aspecto fue uno que me sorprendió bastante pues aunque hace años que no vivo en Puerto Rico vengo mucho y salgo y voy a muchas actividades, musicales, políticas, deportivas y usualmente tienden a ser bastante homogéneas. De hecho, uno de los motivos por los cuales me encanta El Escambrón es porque me parece una playa muy democrática por su diversidad. Pues este concierto era así, había de todo: “raperitos”, blanquitos con look de Guaynabo, chicas vestidas como si fueran a un baile, muchas vestidas con traje de baño, trans, muchos gays y muchos jóvenes con tenis blancos, que parecía el uniforme (nota estilística, a lo Fufi Santori, en esto la pegué y por suerte me fui con tenis blancos). Suena a cliché pero las diferencias se esfumaron una vez prendió la pantalla gigante con la intro que creo rompió récord Guinness por la cantidad de “cabrones” dichos por minuto. El ruido del público fue ensordecedor y cuando salió Benito Antonio Martínez Ocasio rapeando, literalmente el Coliseo vibró. Eran las 10:30 en punto y empezamos todas y todos a brincar y gritar y así estuvimos hasta la 1:53 AM. Que rico es gozar, joder, gritar, bailar sin importarte nada, que libre te sientes, que sabroso es estar feliz porque estas feliz porque sí, porque te gusta la música, porque la cantas con el del lado o el del frente, porque tiras un paso con la vecina y te sientes en una nube y solo tomaste agua. A veces no entiendo por qué es tan difícil entender algo tan simple.

Además de lo lúdico, el concierto tuvo otras cosas geniales. Como invitada especial, por tercera noche consecutiva trajo una exponente del trap femenino de una escena nueva boricua, esta vez fue RaiNao. También subió nuevamente para bailar con él a un chico del público. Todas estas cosas lo que hacen es abrir espacios. Yo que colaboro con la prensa deportiva, hablamos todo el tiempo de lo importante que es la representación y los espacios que se abren con solo tener más voces femeninas. Cuando vino la cantante de Buscabulla a interpretar “Andrea” al final dijo “gracias Benito por ser un aliado de la mujer puertorriqueña”. Y aunque sé que el concierto no era un mitin feminista reconozco  que Bad Bunny ha abierto muchos espacios sobre el género con su vestimenta, sus videos, sus letras y sus posturas. Luego, antes de cantar “El Apagón”, habló por siete minutos sobre la diáspora forzada, la crisis energética, la clase gobernante, el bipartidismo, la contaminación en las playas y el potencial de esta generación. Yo no soy ilusa y no salí con la falsa expectativa de que los 18,000 personas de allí saldrían a votar por un partido político diferente o incluso a activarse políticamente, pero de nuevo, es refrescante escuchar algo diferente con interlocutores y un lenguaje atípico en nuestra Isla. A quienes lo critican a veces me gustaría preguntarle qué es lo que les molesta tanto. De la derecha fundamentalista entiendo que es el contenido sexual explícito en un país donde muchos de los problemas se podrían evitar hablando de sexo más temprano en las escuelas y en los hogares puertorriqueños, pero hablando de sexo seguro y consentido. A quienes lo critican desde otras esferas más “progresistas” por ser “basura musical o cultural” o por ser “anti mujer” pues no se bien qué pretenden. Creo que quisieran que “Andrea” dijera “que le den respeto y nunca se lo quiten” pero que quite “chinga cabrón se comenta”. No se muy bien cuál es la aversión a hablar de sexo y de goce. La discusión sobre cultura popular es más compleja y realmente es cíclica, pasó con el rock, la salsa, el bolero, no hay nada nuevo acá. Yo no pretendo convencer a nadie que no le gusta, pero lo que no quiero es que me jodan o juzguen porque me gusta.

El verano del 2022 en casa ha tenido un soundtrack en Nueva York, Barcelona y Puerto Rico, Un Verano sin Ti ha acompañado a mi familia en estos meses trayéndonos alegría y eso lo aprecio. Haber podido estar en vivo en este concierto es una experiencia que nunca olvidaré. Como dije, me lo había disfrutado mucho en Nueva York en las dos veces anteriores pero verlo en Puerto Rico fue otra cosa. Ahora tengo boletos para verlo en Yankee Stadium en agosto, ya les contaré cómo cierro el verano como lo empecé.

 

Otra ejecución policial

 

La organización Kilómetro Cero (Km 0) calificó como una ejecución extrajudicial la muerte de Javier Antonio Cordero Nevares a manos de la Policía este lunes 1.0 de agosto en horas de la noche en la urbanización La Riviera en San Juan.

Según han reseñado los medios, el joven de 16 años fue ejecutado luego de una persecución. Este recibió alrededor de quince (15) heridas de bala por parte de siete  agentes y un sargento de la Policía de Puerto Rico. El menor de edad estaba desarmado y los oficiales dispararon sobre sesenta (60) veces.

En comunicado de prensa, la organización sin fines de lucro cuyo propósito es monitorear el desempeño de la Policía denunció que lamentablemente la muerte de  Cordero Nevares no se trata de  un caso aislado en Puerto Rico. Precisó que este año la Policía ha matado al menos a tres jóvenes de 21 años o menos y hay otros casos de disparos policiales que Km 0 no ha podido confirmar si han resultado en muertes. Desde el 2014, 84 personas han muerto por uso de fuerza policial; 18 de estas han sido jóvenes de 21 años o menos.

“Exigimos que el Negociado de la Policía de Puerto Rico revele de inmediato cuáles son los nombres y números de placa de los policías relacionados con este caso, como está obligada a hacerlo cada vez que un policía hace uso de su arma de reglamento. También exigimos investigaciones administrativas y criminales externas e independientes, con participación ciudadana, y que el Departamento de Justicia de Puerto Rico presente cargos criminales contra todos los agentes que abusan de la fuerza y del poder, violan las políticas constitucionales de la agencia, ejecutan castigos ilegales contra la ciudadanía y exhiben negligencia crasa en el desempeño de sus funciones. El trabajo de la Policía no es matar a nuestros jóvenes”, manifestó Km 0.

Añadió que la expectativa mínima es que las acciones de la Policía de Puerto Rico cumplan con los parámetros constitucionales. Las propias políticas de uso de fuerza de la agencia exigen que todo uso de fuerza sea proporcional, escalonado, razonable y con un objetivo legal.

Kilómetro Cero expuso que se supone que toda instancia en que un/a integrante de la Policía enfrenta una sospecha de conducta criminal, negligente, o cuando mata a una persona en cumplimiento de sus funciones, tiene que ser investigada por un ente externo e independiente y no por la misma Policía ni por el NIE.

La organización se reiteró en abogar por que se lleven a cabo investigaciones administrativas y criminales independientes sobre toda conducta delictiva de parte de agentes a cargo de la seguridad pública, a través de una entidad autónoma desvinculada de la Policía, con amplia participación ciudadana y peritaje técnico, como ocurre en cientos de ciudades y países en todo el mundo. Las investigaciones criminales deben ser efectuadas por una fiscalía especializada en delitos de funcionario/as de seguridad pública o una División de Derechos Civiles como la que existió en el pasado en el Departamento de Justicia. Además, que  se presenten cargos criminales a los agentes que abusan de la fuerza, violan las políticas constitucionales de la agencia, ejecutan castigos ilegales contra la ciudadanía y exhiben negligencia crasa en el desempeño de sus funciones.

“La Policía de Puerto Rico  ha demostrado que ni siquiera bajo reforma es capaz de intervenir legal y adecuadamente con la ciudadanía, especialmente con los grupos más vulnerables. Sus esfuerzos deben concentrarse en las investigaciones criminales y esclarecimientos de casos y deben reducirse sus intervenciones con la ciudadanía. El aumento presupuestario de al menos 26 % que se ha otorgado a la Policía desde la llegada de la Junta de Control Fiscal debe reinvertirse en el bienestar de nuestras comunidades más marginadas, lo que se considera una verdadera medida de prevención del crimen”.

Entre otros señalamientos, Km 0 recalcó que es necesario la creación de un sistema de respuesta de emergencias (911) que no envuelva automática y exclusivamente a la Policía para atender casos de grupos vulnerables como son las personas con la salud mental comprometida, habitantes de calle, asuntos de la niñez, entre otros. Esta respuesta debe envolver a especialistas en trabajo social y profesionales de la salud. “En Kilómetro Cero abogamos por desplazar recursos económicos de la Policía hacia este sistema de respuesta social”.

 

 

 

 

Euro Copa Femenina Histórica

 

Especial para CLARIDAD 

La Euro Copa de fútbol femenina que acaba de finalizar en Inglaterra fue histórica por muchas razones. La más obvia fue que la ganó el país anfitrión, Inglaterra, en lo que es su primer gran triunfo en este deporte que inventaron desde que ganaron, también en casa, el Mundial masculino en 1966. Pero el impacto va mucho más allá de esto, sino que tiene que ver con el auge del fútbol femenino en Europa y a nivel mundial y el espacio que van rescatando para sí.

Cuando comenzó la Euro Copa estaba en Barcelona y ya era noticia principal en los periódicos regulares, sobre todo por el auge que ha tenido este año el fútbol femenino en España y las esperanzas que había con la selección española. Ahí aprendí que se había vendido muy bien en la televisión pero lo más sorprendente fue la cantidad de boletos que se vendieron en Inglaterra, muchos de los juegos estaban vendidos completamente. Claro que no estuvo exento de críticas ya que muchos de éstos fueron en estadios pequeños cuando pudieron haber sido en estadios mayores.

En términos competitivos fue muy nivelado el torneo, sobre todo en las etapas posteriores. La final fue entre la anfitriona Inglaterra, y la selección alemana. Todos conocemos ese dicho en el mundo del fútbol “el fútbol es un juego simple, juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania”. La frase, dicha por el futbolista inglés Gary Lineker cuando éstos perdieron contra Alemania en el Mundial del 1990, se usa mucho pues las selecciones alemanas son muy poderosas. Y esto no se limita a la masculina, pues la selección femenina también lo es. En la Euro Copa son las máximas galardonadas con ocho campeonatos de los 13 celebrados. Pero esta vez las anfitrionas, ante un repleto Estadio Wembley, se alzaron con la victoria, en un partido reñido que ganaron 2-1.

Los números del torneo son impresionantes. La asistencia total de la Euro de Holanda en 2017 fue de 240,055 personas y en Inglaterra 2022, se duplicó a 487,683 personas, cuando se le suman 87,192 asistentes en Wembley a la final y queda en 574,875. En la televisión también se rompieron fronteras. En muchos países participantes se retransmitieron los partidos en televisión regular. E incluso se pasaron en Estados Unidos, México y otros lugares fuera  de Europa. En Inglaterra hubo récord con 17.5 millones de televisiones encendidas y viendo el partido en la BBC; mientras que otros 5.9 millones lo disfrutaron por streaming. Mientras tanto, en Alemania, fueron 17.9 millones de televisiones a la hora del partido. Además en Inglaterra hubo fiestas para ver el partido en plazas y en general el seguimiento fue masivo.

Esto se da en un momento importante, donde el fútbol femenino libra varias batallas en distintos puntos geográficos por igualdad salarial y sobre todo por ser reconocido por su valor propio, sin ser comparado constantemente con el fútbol masculino. Pero esta Euro Copa derribó una barrera adicional, ya que este año la competencia de Champions League ya había roto récords. Esperamos que este sea el comienzo y no la cúspide de este crecimiento.