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Editorial:Recordando el sacrificio en el Cerro Maravilla  

 

El mes de julio, y particularmente el 25 de julio, evocan momentos espinosos de nuestra historia. El 25 de julio del 1898, las tropas militares de Estados Unidos al mando del general Nelson Miles atacaron y desembarcaron por Guánica  para tomar posesión de Puerto Rico, su nueva colonia obtenida como  parte del saldo de su victoria sobre el reino de España en la llamada Guerra Hispanoamericana.  Ese 25 de julio significó el inicio de una nueva etapa colonial para las islas caribeñas de Puerto Rico, las cuales habían sido ocupadas y conquistadas por España en el 1493, tras el segundo viaje de Cristóbal Colón al llamado “Nuevo Mundo”.  A la llegada del nuevo invasor,  Puerto Rico comenzaba el proceso para la instauración de un gobierno autonómico, tras la otorgación por el gobierno de España de la Carta Autonómica de 1897 que fue el resultado de importantes conquistas políticas alcanzadas por nuestro pueblo.

El nuevo amo colonial llegó e impuso sus reglas del juego: un régimen “puro y duro” con claros rasgos de barbarie, que el 25 de julio de 1952- 54 años después de la invasión-  recibió una “lavada de cara” con la instalación de un gobierno electo por el voto directo del pueblo puertorriqueño y la aprobación de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico (ELA), el engendro jurídico que ideó el gobierno de Washington para aliviarse  la presión de la Organización de Naciones Unidas, en un momento de repliegue del colonialismo en el mundo. Tras la fachada,  en lo sustantivo Puerto Rico continuó sujeto a la cláusula territorial del Congreso de Estados Unidos, bajo la cual se gobiernan  todas  las posesiones coloniales del entonces nuevo imperio.  Estados Unidos en ese momento se cimentaba como la principal potencia económica y militar del mundo, tras su papel fatalmente protagónico en la Segunda Guerra Mundial al haber lanzado por primera vez las temibles bombas atómicas, de las cuales era entonces el único poseedor. En su colonia puertorriqueña, Estados Unidos tenía su principal base estratégica y militar para el control del hemisferio americano, y particularmente, de la región de las Antillas y El Caribe, las cuales ha considerado siempre como su traspatio.

Sería precisamente otro 25 de julio, el del año 1978, el cual le quitaría para siempre la máscara al descarnado colonialismo  de Estados Unidos en Puerto Rico. Ya para esas fechas, la podredumbre de la corrupción pública, los vicios y las guerras de poder, comenzaban a apoderarse  de las claques de colonialistas del patio, que bajo el palio de dos partidos políticos- el Popular Democrático (PPD) y Nuevo Progresista (PNP)- se han turnado en el gobierno de Puerto Rico. Era un momento político álgido, con un resurgir vigoroso de la lucha de amplios sectores del pueblo puertorriqueño por la independencia nacional y un cambio social que hiciera justicia y trajera mejores condiciones de vida y trabajo a nuestra gente. Al coloniaje estadounidense- y a sus sucursales del patio- ya se le veían claramente las grietas del desgaste y la decadencia.

En el contexto de aquella lucha que se libraba por las reivindicaciones del pueblo ante unas fuerzas coloniales decadentes y corruptas, alcanza  significancia heroica  el martirologio de Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado, dos jovencísimos luchadores independentistas, que fueron entrampados, maniatados y asesinados a sangre fría por efectivos de la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico frente a dos torres de telecomunicaciones en el Cerro Maravilla, en el área montañosa de Toro Negro. Al feroz asesinato siguió la mentira, y el intento por destruir sus reputaciones imputándoles una falsa intención terrorista,  y aún peor, un operativo oficial para  la defensa y el encubrimiento de los asesinos, orquestado y ejecutado  a los más altos niveles del gobierno de Puerto Rico con la complicidad de personeros del gobierno de Estados Unidos.

La ignominia de un 25 de julio que representa lo peor de la colonia y sus mascaradas, fue  transformada en un tramo luminoso del camino hacia nuestra libertad por el sacrificio de los dos jóvenes patriotas en el Cerro Maravilla. Desde entonces y hasta la eternidad serán siempre recordados con admiración y agradecimiento por los suyos.

Cultura Profética: ‘Sobrevolando’ 25 años de trayectoria musical

 

Especial para EN ROJO

gortiz@claridadpuertorico.com

 En la espera de la llegada del día en que se presenten ante Puerto Rico como parte de su “Sobrevolando Tour”, la agrupación Cultura Profética se reunió con EN ROJO. La conversación sirvió para hablar sobre el proyecto de estos músicos puertorriqueños, que ya alcanza 25 años de trayectoria.

Previo a la pandemia, ya habían visitado varios países latinoamericanos como parte de la gira de conciertos, que titularon igual que su último disco, lanzado al mercado en 2019. El concierto en Puerto Rico, que se celebrará el próximo 13 de agosto en el Hiram Bithorn, será para ellos recapitular en conjunto lo mucho que ha significado ese disco, pero también el camino andado como una de las agrupaciones de reggae más reconocidas de Puerto Rico y Latinoamérica.

Esa noche del sábado 13 va ha ser para “conectar con las vivencias que cada persona que asista ha tenido con nuestras canciones…Esto va a ser un party”, comentó Omar Silva, guitarrista, bajista y corista del grupo.

En 2020, ‘Sobrevolando’ fue merecedor de un Grammy Latino al Mejor Álbum Alternativo. También, recibió una nominación para el premio Mejor Álbum Rock Latino o Alternativo de los Grammy, y otra en los premios Billboard Latino.

Fotos Alina Luciano/CLARIDAD

A juzgar por los integrantes, Willy Rodríguez, Omar Silva, Eliut González y Juanqui Sulsona, a diferencia de otros discos, este ha merecido reconocimientos porque encierra la madurez como músicos y como individuos de cada uno de ellos. Recoge también momentos históricos del país como el paso del huracán María y el Verano de 2019.

En palabras de Omar Silva: “Yo siento que el disco tiene un nivel de madurez y de trabajo intenso en cada canción. La etapa en que estamos como músicos y seres humanos influye. Sí siento que en el universo musical este disco sobresale por muchas razones. Es un disco que tiene mucha información musical y lírica, mucha poesía y mensajes. Es bien amplio para las interpretaciones de cada quien”.

Para Eliut González, además, este disco sobresale porque “recoge una etapa importante de la banda”. “Hacer el disco fue un proceso tedioso. Estábamos pasando por el proceso de cambio del baterista, algo que nos chocó de frente a todos”, abundó. La salida de Boris “fue bien complicada para nosotros emocionalmente porque fue un proceso público”, añadió Willy Rodríguez, vocalista principal de la agrupación.

Este disco contiene “todas las pequeñas situaciones que sucedieron en el proceso de creación”, dijo Eliut. “Sin embargo, el proyecto siempre sobresalió por encima de todos los problemas. Por eso es que el disco termina llamándose ‘Sobrevolando’, agregó Willy.

Temas especiales de ‘Sobrevolando’

El disco tiene de todo un poco. “Hay temas especiales como ‘Fibra humana’. Ese tema para mí es como una obra gigante. A parte de que predice lo que vino a pasar en la pandemia, habla mucho de cómo estamos como sociedad en este momento”, señaló Willy.

“La obra más importante de este disco para mí es la última canción, ‘Batalla del beso’, en la que quise limpiarle la cara a la lucha por la liberación de Puerto Rico proponiéndola como un beso que se quiere dar”, continuó quien también hace coros y toca el bajo eléctrico. “A la gente que ha luchado por la liberación de este país siempre se le ha visto como los locos rebeldes, hippies, terroristas, pero esta lucha siempre ha sido una de amor”, añadió.

“La canción te lo muestra de una manera bien bonita, al punto de que puedes dedicarla a tu pareja sin saber que realmente estás hablando de la lucha de la liberación de un país. Cerrarlo con un discurso de Albizu, para mí hace de esta una de las mejores obras logradas por este corillo”, dijo Willy, autor de la mayoría de las letras de Cultura Profética.

“Con el tiempo y la madurez uno tiene que buscar otras maneras de abordar los temas. Desde ‘La dulzura’ (2010), hemos escogido mejor las palabras de las letras. Sentí que había maneras de aportar socialmente sin que fuera tan evidente y literal”, reflexionó el cantautor.

Sobrevolando ‘La dulzura’

Según contaron durante la entrevista, si había un disco fácil de ganar un Grammy era ‘La dulzura’ y no ganó nada. Sin embargo, piensan que les abrió las puertas al Grammy de ‘Sobrevolando’. “Este disco recogió la cosecha de ‘La dulzura’”, a juzgar por Willy.

“Cuando la Academia recibió esto (‘Sobrevolando’) ya tenía un referente”. “‘La dulzura’ fue más fácil de digerir, pero con este disco no queríamos recurrir a que fuera fácil y digerible, sino a decir: ‘aquí estamos y tenemos este espacio abierto para ser nosotros’. Eso es lo que se siente en el disco”, expresó el cantautor.

Mucho del éxito de esta última producción discográfica se debe también a que se evidencia cómo se han realizado y se han abierto camino de forma independiente y diciendo las cosas que quieren expresar, sin estar pendiente a la moda musical. “Nosotros somos una alternativa. Hablamos de otros temas mucho más íntimos y elaborados, o los abordamos de manera diferente. Creo que eso ha hecho que mucha más gente se acerque (al  proyecto). Por más que en la industria se sienta que hay algo específico que vende, la gente está hambrienta de algo más. De cierta manera, nosotros llenamos ese vacío”, explicaron.

A través de sus 25 años de trayectoria, este grupo se ha distinguido por la calidad de su música y de sus letras. Han logrado mantener esa calidad, precisamente, porque son genuinos. No intentan repetir, por ejemplo, la clave de un éxito como ‘Saca, Prende y Sorprende’ (2014) solo para gustarle al público.

Recordando los inicios

CLARIDAD definitivamente ha sido una inspiración para este proyecto porque desde antes de que nosotros empezáramos nos movíamos por esa energía»

“CLARIDAD definitivamente ha sido una inspiración para este proyecto porque desde antes de que nosotros empezáramos nos movíamos por esa energía, íbamos al Festival a ver artistas como Roy Brown y Mapeyé expresándose. Teníamos relación con Elliott Castro. Nosotros nos criamos en ese ambiente y en esa energía. CLARIDAD es como un lugar hacia dónde proyectarse”, comentó Willy a la vez que recordó que cuando estaba en escuela superior tocó en una de las ediciones del Festival de Apoyo a CLARIDAD junto a Omar y a una agrupación que se llamaba ‘Pasillo Sonoro’.

Recordaron que cuando comenzaron sintieron rechazo por colegas músicos a quienes admiraban y respetaban. “Al principio fue medio chocante porque no entendían por qué escogimos el reggae y no la música nacional”. Pero ese rechazo fue importante para impulsar el proyecto. “Eso nos hizo explorar cada vez más nuestra propuesta y encontrar por qué para nosotros era tan importante el reggae y cómo en ese género musical íbamos a proyectar nuestro sentimiento como puertorriqueños”, dijo Willy.

“Nosotros tocamos reggae porque fue el género que nos abrazó o que abrazamos nosotros, pero nosotros somos puertorriqueños a los que nos gusta la música variada, desde lo tropical y lo folklórico hasta lo afroantillano, la música electrónica y el rock. Siempre tuvimos la claridad y el deseo de dejar que esas influencias que nos convirtieron en músicos fueran aportadas libremente al proyecto”, explicó Omar.

El concierto del próximo 13 de agosto será mucho más elaborado que cualquiera que presenten en otros países. La magia en el Bithorn también la pondrá la curaduría artística de Pedro Adorno, que en otras ocasiones ha trabajado la puesta en escena junto a Cultura Profética.

“Que sea Pedro Adorno y Agua Sol y Sereno no es casualidad. Nosotros sentimos que venimos haciendo algo paralelo, aunque ellos llevan más tiempo y nos han influenciado también. Pero venimos con movimientos paralelos por mucho tiempo”, comentaron.

Las taquillas están disponibles para la venta en: https://ticketera.com.

 

Cinco años sin Elliott

 

Especial para CLARIDAD

Cinco años han pasado desde que Papi se fue.  No se por qué cinco es un número significativo, o quién decide cuáles aniversarios importan más que otros. A mi me duele igual en el segundo o en el cuarto, igual que en días aleatorios que no tienen que ver nada, y claro, también en su cumpleaños y días “especiales”. Pero para mantenerme en el tema, en este quinto aniversario voy a pensar en cinco cosas que me gustaría contarle a Papi que han pasado en estos años de ausencia, muchas de las cuales me hubiera gustado compartir con él y no he podido.

  1. El rostro del deporte puertorriqueño es femenino.

Papi siempre peleó por igualdad de derechos para el deporte femenino y las atletas puertorriqueñas. Ya fuera en términos de cobertura, igualdad salarial, auspicios, etc. Me encantaría contarle cómo Adriana, Jasmine, Amanda Serrano, el equipo de baloncesto femenino son figuras tan importantes de nuestro deporte a nivel nacional e internacional. Igual que siempre celebró el que la líder máxima del deporte puertorriqueño fuera Sara Rosario.

A veces cierro los ojos y trato de imaginarme su voz narrando esos 12 segundos de la carrera dorada de Jasmine en Tokyo y su euforia posterior. O me lo imagino celebrando con las 12 magníficas su pase olímpico. O su orgullo de ver cómo Adriana sube en el escalafón internacional. O ver su cara brillar al ver a Amanda triunfar y cubrir portadas de revistas y periódicos.

 

  1. El deporte sobrevive María.

El Huracán María azotó la Isla par de meses después que Papi falleciera en el 2017. Muchas veces he pensado en lo mucho que hubiera sufrido en esos meses e incluso años posteriores al huracán cuando el país entero colapsó y la actividad deportiva cesó. El trabajo llenaba su vida y horas y no haber podido narrar ni cubrir deportes le hubiera afectado mucho, no solo económicamente, sino emocionalmente.

Ahora ver que poco a poco el deporte ha resurgido en la Isla me da alegría y pienso en todo lo que hubiera luchado por esto. Y cuán contento hubiera estado esa primera vez que se abrió una cancha nuevamente, la primera vez que se prendieron las luces de un estadio, el primer juego en una cancha, etc. 

  1. La pandemia no destruyó el deporte

Mami y yo pensamos muchas veces en cuánto le hubiera afectado la pandemia a Papi. El encierro, aislamiento, el distanciamiento, la máscara en la cara tapando su sonrisa, la sustitución de lo “presencial” por lo remoto, todo esto era simplemente un antídoto a lo que era Elliott Castro. Y si le añadimos el parón en la actividad deportiva a nivel global, no me lo puedo imaginar. Y a veces pienso que hubiera estado muy pesimista de cuándo y cómo iba a regresar la actividad deportiva, tanto a nivel internacional, como aquí; a nivel local con el problema de María y mil otros obstáculos adicionales.

Y de nuevo, cuando comenzaron los Juegos Olímpicos, el primer juego de béisbol con público de Grandes Ligas, todo esto le hubiera dado inmensa alegría. Estas últimas dos semanas me he gozado más el Mundial de Atletismo, no solo por los logros de la delegación de Puerto Rico, incluyendo la medalla de Jasmine, sino porque era de sus eventos favoritos y desde niña me enseñó a seguirlo y apreciarlo.

  1. El auge del periodismo deportivo femenino y joven

Cada vez que veo una periodista deportivo nueva me alegra mucho y pienso en lo contento que estaría Papi. Igual que cuando veo jóvenes, irrespectivamente del género, pienso en cómo se gozaría estar rodeado de jóvenes trayendo su propia voz y manera de hacer las cosas.  Mientras a la vez estaría disfrutando su rol de mentor y compartiendo su conocimiento. Y claro, honestamente, también estaría super perdido con todas las nuevas plataformas y tecnologías y me río pensando esas conversaciones. Cada vez que uno de estos nuevos periodistas me cuenta que Papi fue quien le dio la primera oportunidad, me da mucha alegría y pienso que realmente esas semillitas van a seguir germinando por tiempo. En cuanto a las periodistas, de veras que él creía que era importante tener más voces de mujeres en el periodismo deportivo y creo que estaría muy feliz de estar rodeado de estas colegas.

 

 

  1. La lucha sigue

Para quienes lo conocieron saben que la lucha era esencial para Papi, parte de su día a día y que ésta incluía muchos aspectos, desde la independencia de Puerto Rico, a mayores derechos para los trabajadores, derechos para las mujeres, mayores servicios básicos para la población, entre otros. Sin duda estos cinco años han sido bien jodíos para el país, y no hubieran sido fáciles para él, como no lo han sido para los residentes de la Isla. Pero al igual que me recuerdo de él cuando veo un lanzamiento brutal de Sugar Díaz o a Jasmine rompiendo su record personal, pienso en él con alegría cuando la gente sale a la calle a protestar a LUMA o a favor de los derechos reproductivos de las mujeres. Siempre puede haber más gente en las protestas o haber más, pero el hecho de que los atropellos no se reciban con silencio y aceptación es algo que me enseñó de niña, al igual que mi Mamá, y sería uno más en la calle luchando.

Como dijera hace cinco años en el Comité Olímpico frente a su féretro, creo que la mejor manera de recordarlo es emulándolo en sus actos, sus valores y en las cosas que nos gustaban de él. Saludo a todos y todas sus colegas que siguen reportando el deporte, los de la Descarga y todos los demás; también a toda la gente de CLARIDAD que siguen semanalmente sacando este periódico. Muchas veces trato de pensar en lo que haría Papi, y a veces la pego y otras veces no, pero tenerlo presente es mi forma de recordarlo cada día, hoy a los cinco años y en adelante.

La comunidad de Puerta de Tierra continúa luchando contra el desplazamiento

CLARIDAD

gortiz@claridadpuertorico.com 

Uno de los impactos negativos que ha tenido la Ley 22 en Puerto Rico en términos sociales es el desplazamiento de comunidades y la falta de accesibilidad a la vivienda. Así lo han asegurado economistas, pero también las personas perjudicadas por este asunto: residentes en diferentes comunidades a lo largo y ancho de toda la isla.

Aunque antes de la implementación de la Ley 22 – la que les otorga exención contributiva a inversionistas extranjeros – hace unos 10 años ya se evidenciaba el desplazamiento en distintitas comunidades, esta ley ha acelerado ese proceso y ha provocado que quienes lo realicen sean personas adineradas extranjeras. Por lo tanto, a juzgar por la economista Martha Quiñones, las luchas o guerras de clases dentro de Puerto Rico que están de fondo en estos procesos de desplazamiento, ahora también son luchas de clase entre gente de la isla y extranjeros inversionistas que llegan atraídos por los beneficios de la Ley 22.

Es de conocimiento público que en la Legislatura existe una fragmentación respecto a la posibilidad de que la Ley 22 se enmiende. Según ha expresado el economista Heriberto Martínez, hay un grupo de legisladores que quiere eliminarla, otro que quiere hacerle cambios sustanciales y otro que quiere que permanezca como está. La visión del gobernador Pedro Pierluisi es la de ese último grupo que no quiere que se derogue. Ante este panorama, Martínez no prevé que se pueda articular una propuesta única que satisfaga a todos los sectores. Entonces, esa división mantiene la posibilidad de enmienda en la nada.

Esto a pesar de que el Departamento de Desarrollo Económico y Comercio comisionó un estudio que evidencia que esa ley, de continuar vigente, debe cambiar.

Un ejemplo de una comunidad que ha sido desplazada es la de Puerta de Tierra en San Juan. Para denunciar esas invasiones de terreno, han conformado la organización comunitaria Puerta de Tierra No Se Vende. Una de las portavoces del colectivo es la abogada y activista Laura Mía González, quien además ha sido testigo de lo que acontece en ese barrio porque fue residente.

Pero el desplazamiento en esa comunidad sanjuanera lleva 20 años. Según la portavoz, data de cuando el gobierno decidió implosionar el residencial Las Acacias porque vivía gente pobre que no podía tener el privilegio de vivir en la entrada de la isleta de San Juan, lugar con un valor de bienes raíces bien alto. Así, tumbaron 600 apartamentos de ese residencial y sacaron a las familias que vivían ahí, según recuerda la abogada y activista.

Luego, en 2015, ocurrió la demolición del residencial Puerta de Tierra, que contaba con 486 unidades de vivienda. Cuando rehicieron el residencial, regresaron unas 89 familias, recuerda la licenciada González. Recientemente, se construyó un nuevo complejo de vivienda mixta subsidiada por el gobierno a donde solamente fueron a vivir 4 familias naturales de Puerta Tierra.

Por lo tanto, en esa comunidad, durante 20 años, se ha estado dando lentamente el proceso de desplazamiento vinculado estrechamente a los residenciales públicos, resume la portavoz.

Después del paso del huracán María, cambió el tipo de desplazamiento pues comienza a darse aceleradamente la llegada de inversionistas apoyados por los decretos de la Ley 22.

“En un periodo de tres años, desde el 2018 al 2021-2022, inversionistas de la Ley 22, han comprado unos 30 edificios en Puerta de Tierra. Estos edificios estaban abandonados, otros  tenían comercios y otros estaban habitados”, declaró públicamente la licenciada González.

El problema con esas compras por parte del capital extranjero de personas millonarias es que los usos que los usos solicitados y concedidos son exclusivamente turísticos, no se pueden utilizar esos edificios para alquileres a largo plazo ni para vivienda asequible para la gente de la comunidad. La consecuencia nefasta de esto es que “en esas cuadras no vive nadie”.

Las compras “se han convertido en una ola que viene de Condado y Viejo San Juan con el propósito de convertir una zona turística para personas adineradas”, a juzgar por la abogada. Estas inversiones de capital extranjero no mejoran los espacios para que la gente de la comunidad se beneficie de ellos.

Por lo tanto, quienes más se están afectando con los decretos de la Ley 22 son las comunidades desplazadas, específicamente las personas que han desplazado de algún edificio o complejo residencial con la promesa de que se les iba a dar un apartamento en el complejo remodelado. Concluye la licenciada Laura Mía González que para esas personas no es bonita la jugada. Para ella, el progreso no se mira a partir del remozamiento de un barrio si no es beneficioso para la comunidad y sí para inversionistas extranjeros.

 

Será Otra Cosa: En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada

 

Especial para En Rojo

(1)  En polvo

Hace años muy pocas personas optaban por la cremación, y no había procedimientos muy civilizados u ordenados para hacerlo. Cuando en septiembre de 1985 fuimos juntos, mi esposo y yo, a buscar las cenizas de su padre al crematorio nos encontramos con un lugar que parecía más bien un taller de mecánica. El encargado salió de una oficinita cargando con una insólita caja de cartón y antes de entregarnosla le sacudió unas poquitas cenizas que quedaban sobre la tapa. Nos montamos en el carro, un Isuzu Imark de dos puertas sin aire acondicionado que a mí me pareció entonces el coche fúnebre más apropiado para un sujeto como mi difunto suegro, el artista Roberto (Boquio) Alberty, y enfilamos al primer «baquinoquio».

Por insistencia de la tía Haydée, Carlos depositó las cenizas de Boquio en la tumba familiar en el cementerio de Carolina, donde desde aquel día se reunieron anualmente, con muy pocas excepciones, amigos y conocidos en una jornada de arte, música, poesía y jolgorio en su memoria y la de otra gente de la que hubo que ir despidiéndose cada año. El último «baquinoquio» fue el del propio Carlos Alberty en el 2019. La pandemia, el cansancio y posiblemente la ausencia de muchos de los contemporáneos, ha desalentado la celebración, aunque me temo que podría resucitar en cualquier momento.

Para el difunto Carlos, por otro lado, hubo la opción de una sepultura, propiedad de la familia materna, en otro cementerio que sonaba muy romántico, justo al lado del mar, en Isla Verde. En ese sitio hubieran quedado sus cenizas, sino hubiera sido porque el desorden de las iguanas playeras espantó a sus hijos que prefirieron dejar en la sala de nuestra casa la hermosa caja de madera que le obsequiaron sus colegas universitarios como última morada.

La caja es bastante amplia, debo decir, y ya mis hijos han sugerido depositarme eventualmente a mí en el mismo lugar. Como la dejaron conmigo, en una mesita baja frente al televisor, la miro de reojo con aprensión. Que no se entusiasmen demasiado, no tengo planes de mudarme a ese reducido recinto por los próximos treinta años.

Cuando les tocó el turno a mis padres, ya la cremación era habitual en muchas familias. Hay muchas razones para la popularidad de este procedimiento, pero creo que principalmente tiene que ver con la actitud ante la muerte. He observado dos extremos entre las variedades de velorios que se destacan de los comunes y corrientes: el funeral como espectáculo (el muerto parado, sentado, en ambulancia) y el funeral discreto (pocas horas de velorio, si alguna; cremación y ceremonia privada), como si morirse fuera un acto vergonzoso. No sé a qué conclusión lleguen la antropología y la sociología. Para mi papá, que lo estuvo pensando muchos años, la cremación era parte de su actitud de desprendimiento de lo material, y juro que cuando murió, justo después de exhalar literalmente su último suspiro, aquel cuerpo quedó vacío. Mi mamá, por su parte, no quería morirse, así que habló poco del asunto, pero en algún momento accedió unirse a mi papá cuando ya fuera inevitable. Y así fue.

No recuerdo de quién fue la idea, y si acaso llegamos a acordarlo, pero esperamos a que mi madre muriera para disponer de las dos cajas en el mismo lugar, bajo la misma lápida. A pesar de los vaticinios de algunas huérfanas, asistentes al primer velorio, mi madre no lo siguió enseguida como suele pasar con las parejas longevas; su pena después de seis décadas de matrimonio no fue suficiente como para aniquilarla, o sus ganas de vivir fueron más fuertes, no lo sé, pero hubo que esperar catorce años para la morbosa reunión. El proceso fue a plazos incómodos, la senilidad tuvo clemencia de su cuerpo – los desmemoriados no sufren por su pasado, no lo recuerdan con fuerza suficiente – y aquel corazón destartalado resistió todo ese tiempo presintiendo la presencia del marido en su cuarto, inventándole una vida paralela, lejos de ella, en otra casa, ausente e ingrato (hace tiempo no lo veo, ¿sabes algo de tu padre?), pero vivo. Mientras tanto, las cenizas del abuelo permanecían en lo alto de un estante, en la biblioteca donde pasó la mayor parte de sus días, aislado y feliz en su solitaria vida interior. Finalmente, el tiempo agotó sus energías una mañana de sábado, después de uno de los temblores de enero del fatídico año del 2020. Así, discretamente, sin fanfarria alguna, todavía fresca y perfumada de su baño mañanero, paró de respirar y se murió.

Este agosto, cuando por fin mis hermanas han perdido el miedo a viajar, quedamos en reunirnos para la colocación de los restos. He tenido noticias de esparcimientos de cenizas frente a una panadería, bajo una ceiba del vecindario, arrancadas por el viento contrario en alta mar, dispersas en el estacionamiento del Yunque y hasta integradas a performances caníbales. Yo hubiera preferido dispersarlas en algún lugar familiar, pero los espacios habituales se han transformado tanto, todo cambia de formas tan impredecibles en este país, que prevaleció la idea de la lápida en la pared para custodiar las dos cajas de cenizas.

He pensado entonces con nostalgia en los hermosos cementerios que he visto en mis viajes, las escenas luctuosas de algunas películas, y he echado de menos un parque, un jardín, un espacio público para celebrar la muerte, que es también celebrar la vida. Así fue como llegué al tema de los cementerios.

(2) En sombra

Hace unas semanas leí en el Washington Post la historia de una mujer riquísima que acabó en una fosa común de la Isla de Hart, la llamada «isla olvidada» o «isla de las lágrimas» donde se dispone de los cadáveres sin reclamar desde la segunda mitad del siglo XIX, en la ciudad de Nueva York. El artículo de Mary Jordan destaca que últimamente ha crecido la cantidad de inquilinos de esta isla-cementerio, no tanto por la última pandemia que tan duro asoló esa ciudad sino por la indiferencia de mucha gente por los ritos funerarios. No es que Valeria Grifith, de quien trata la historia, no tuviera donde caerse muerta, es que vivió una ancianidad muy solitaria, sin herederos, y al final nadie procuró despedirse de ella ni disponer de sus restos. Así también, según Jordan, han llegado otros individuos, algunos tan célebres como excéntricos, a sumarse a la población de cadáveres de esta isla-cementerio; también se encuentran allí, entre los más pobres y desolados individuos, «una bailarina, una enfermera, un ingeniero de programación, un instructor de scuba y un aclamado compositor de música».

Los cuerpos hacen su último viaje en ferry, lo que me parece muy apropiado y poético. He leído de otros casos parecidos, como el cementerio veneciano de San Cristóforo, al que llegan los cuerpos en góndolas, o el cementerio marino de la Isla de Cabuya en Costa Rica, al que hay que llegar atravesando un pedazo de mar con el agua a la rodilla.  Ese último viaje a través de las aguas alivia la sensación de desamparo que provoca la idea de la muerte. Muero por un entierro vikingo: agua, aire y fuego; solemnidad.

Otra cosa linda que descubro es que desde 1977 Hart Island cuenta con una base de datos para identificar los individuos, y no cobran por desenterrar al muerto para mudarlo a otro lugar (supongo que recuperar espacio entre el millón de cuerpos que acoge ahora mismo ese territorio). Leo en el artículo que hay también un proyecto para «desenterrar» historias, sacar del anonimato los cuerpos enterrados allí en fosas comunes. Entro al mapa interactivo y al azar me topo con Marcos Rodríguez, de quien sólo se sabe que tenía 37 años al morir en 1990 hace exactamente 32 años, 162 días, 9 minutos y 40 segundos que escribo esto. El dramático reloj va dando cuenta del tiempo que lleva este nombre sin historia, a la espera de que alguien entre a dar cuenta de su vida. Sigo curioseando y me distraigo un buen rato imaginándoles biografías a los nombres, conmoviéndome con las notas dolorosas de quienes han hallado a alguien, muchos hijos abandonados reconciliándose con los irremediablemente ausentes.

(3) En nada

El lugar es otra cosa. La tumba, el panteón, el cementerio, el mausoleo. Cada vez importa menos. A mí me entristecen los cementerios de Puerto Rico, pero no porque sean tristes, sino porque parecen urbanizaciones, el sol es inclemente, y los funerales son a las horas de más calor, por una razón inexplicable.

Leo sobre los mausoleos y recuerdo que esta manía de hacerse construir monumentos fúnebres para dejar constancia del paso sobre la tierra es vasta y antigua, desde el primer mausoleo de Halicarnas hasta el del pobrecito de Lenin, que prefería quedarse con su mamá y su hermano en San Petersburgo y no le hicieron caso, y ha seguido en la Plaza Roja, ahora hecho atracción turística en forma de muñeco extravagante. Las historias de monumentos son muchas y variadas, tan alucinadas como intenso sea el terror a la misma muerte.

Bregar con el cuerpo es otra cosa. Yo lo tengo decidido hace tiempo. A pesar de estar convencida de que allí, en el cuerpo muerto, no hay nada, me da cierto escalofrío pasar a fiambre comida por los gusanos. Prefiero el fuego.  Mariana Enríquez, una célebre aficionada a los paseos lúgubres, escoge como destino final la tumba de Mendoza Paz, fundador de la Sociedad Protectora de Animales, en la Recoleta: «Es una aguda pirámide sin cruces ni ningún símbolo cristiano. Dice: «Aquí no hay nada. Solo polvo y huesos. Nada.» Tiene una puerta con barrotes. Arrojar cenizas ahí dentro será fácil.» («La muerte y la doncella», Alguien camina sobre tu tumba. Viajes a cementerios) A mí también me encantaría que luego de pasar por el fuego, me arrojaran a un sitio así.

Ahora que la gente va y viene, se muda, se aventura, y podemos morir lejos de nuestros más entrañables deudos, sin duda la cremación resultará más habitual entre nosotros. Nos entregan la caja mortuoria con un certificado de cremación para pasar sin problema por las aduanas. Podemos cargar con nuestros muertos, llevarlos y traerlos, dividirlos para que habiten en distintas casas o los dispersen sobre el mar, sobre un lago, en una avenida concurrida o un abismo solitario. También podemos escoger un lugar entre todos los deudos, marcarlo con una piedra, y poner algo así como «llegué hasta aquí, aquí te espero», o, como en la tumba de Mendoza Paz: «aquí no hay nada», y después regresar en su nombre a la vida que nos quede.