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Un estudio que documenta el abuso de la Policía

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La impunidad entre sus miembros, el discriminen contra las comunidades pobres y jóvenes no universitarios, el ocultamiento del número de personas que mueren a manos de sus miembros, ya sea en medio de una intervención o incluso por feminicidios cometidos con su arma de reglamento, es lo que continúa siendo el comportamiento de la Policía de Puerto Rico, según lo revela una investigación del observatorio ciudadano Kilómetro Cero (K0).

De acuerdo al estudio Licencia para matar, entre el 2014 al 2020, en Puerto Rico hubo71 muertes por uso de fuerza policial, un promedio de 10 muertes por año. Esto representa una tasa de mortalidad de 3.1 muertes por millón de habitantes. Tras la revelación del estudio el Negociado de la Policía el capitán Carlos Figueroa Ortolaza, director de la Oficina de Reforma de la Policía, rechazó los hallazgos de la investigación.

En entrevista, el investigador Luis Avilés, afirmó que la Policía confirma esos hallazgos. En esa línea, criticó la postura de la Policía de alegar no ser responsable de que tres policías asesinaran a sus exparejas y de que seis policías se suicidaran. Para ese cuerpo, esos son asuntos íntimos y no institucionales. El doctor Avilés puntualizó que la definición que la Policía tiene de casos de muerte por uso de fuerza policial excluye estos de manera arbitraria, sin considerar que el arma que se usó se la proporcionó la misma Policía, quien debería estar advertida de que la persona tenía problemas de conducta de violencia de género o emocionales.

El estudio de K0 es el primero en Puerto Rico en que se documenta y se analiza en términos estadísticos las muertes por uso de fuerza policial, se identifica a los grupos poblacionales más afectados y se compara con datos internacionales. Las fuentes de información fueron varias, entre ellas, el documento oficial que la Policía llama Subregistro, el cual fue obtenido mediante un mandamus radicado por K0. El doctor Avilés expuso que en este documento se pudo constatar que el Negociado de la Policía solo informa una tercera parte de las muertes por uso de fuerza. Otras fuentes incluyeron entrevistas a familiares y amistades de víctimas, notas de prensa, información de redes sociales y la base de datos de defunciones del Registro Demográfico.

Kilómetro Cero describió como alarmante el dato de que, de las 46 personas que murieron a manos de la Policía, el 43 %  no portaba un arma de fuego.  De esta cifra se excluyeron los feminicidios íntimos y suicidios. Estos datos reflejan una anomalía muy parecida a la de Estados Unidos. El doctor Avilés trajo a la atención que Estados Unidos es el país industrializado del mundo con la mayor cantidad de muertes, 3.0 %, por el uso  de armas de reglamento. La investigación reveló que en Puerto Rico esa tasa es de 2.0 %, lo que nos coloca en segundo lugar después de EE. UU. Agregó que EE. UU., entre armas reglamentadas y no reglamentadas, tiene más armas que personas: 326 millones de habitantes y 393 millones de armas de fuego.

“En un país que está tan armado, cuando la Policía va a parar a alguien porque se comió una luz, va con la sospecha de que está armado. Eso es parte de la anomalía de Estados Unidos. En la medida en que hay tantas armas en esa población, la Policía tiene una sospecha razonable de eso. Ese no es el caso de Puerto Rico. Aquí tenemos 14 armas por cada 100 personas”.

A la luz de estos datos y en ocasión de que en la Legislatura de Puerto Rico se examina un proyecto para liberalizar la tenencia y portación de armas, Avilés lo considera un error porque en la medida en que se liberalice, ocurriría la anomalía que ocurre en EE. UU. con terribles consecuencias para la sociedad.

La impunidad de los policías

La investigación también reveló que existe un contraste entre las convicciones cuando la Policía maneja los casos de violencia de género de sus miembros.  En el 2017, cada vez que se presentó una queja de violencia doméstica, al 63 % de las personas se les arrestó. En el caso de miembros de la Policía, solo al 53 %. De los casos presentados, al 37 % de los no policías se les radicaron cargos, a los policías fue de 24 %.  Las convicciones para  todos los casos de violencia de género para personas no policías fue de 14 %. En el caso de los policías no hubo ninguna convicción.

Avilés expresó que la Policía ha sido irresponsable en el manejo de los casos de violencia de género. Cuando un policía mata a su expareja con su arma de reglamento, argumentan que esa muerte no ocurrió en cumplimiento de sus funciones. El planteamiento de Kilómetro Cero es que al hacerlo con el arma de desempeño de sus funciones, se supone que la Policía sea responsable.

Los jóvenes en riesgo

En cuanto a los jóvenes, la investigación delató que la tasa de mortalidad por uso de fuerza policial es mayor entre los varones de 20 a 29 años (5.7 %) y entre las personas que no iniciaron estudios universitarios o técnicos (4.0 %).

Comunidades en riesgo

Kilómetro Cero remarcó de manera categórica que la Policía dirige su violencia letal de manera muy selectiva contra los sectores sociales desfavorecidos. La tasa de mortalidad por uso de fuerza es mayor (3.5 %) en vecindarios pobres, que en vecindarios no pobres (2.5 %). En los vecindarios raciales mixtos, aquellos con menos de un 66 % de su población  que se identifica exclusivamente como blanca, hay una tasa de mortalidad mayor a la de Puerto Rico (4.8 %), indistintamente de si están localizados en áreas pobres o  no pobres.

El doctor Avilés destacó la utilidad del informe porque en la medida en que la Policía se ve vigilada y criticada, tiende a modificar un poco su aptitud. Por ello, K0 sigue insistiendo en que hace falta un organismo civil con capacidad para investigar cada caso de violencia de la Policía, tal como existe en muchos países. “En la medida en que están en la mirilla pública, tienen que rendir cuentas; en la medida en que haya un grupo que exija cuentas, tienen que hacerlo. La Policía quiere seguir escondiendo los muertos, lo mismo que hicieron con María”, concluyó.

Ver informe completo en el siguiente enlace:https://static1.squarespace.com/static/5af199815cfd796ad4930e20/t/6239175bcdd64a29b2f4b7d0/1647908706107/2InformeLicenciaParaMatar+%286%29.pdf

 

 

 

Un nuevo orden público que genera interrogantes

San Juan

CLARIDAD

ccotto@clarridadpuertorico.com

El alcalde Miguel Romero no ha presentado a la Asamblea Municipal ningún proyecto de orden público. Lo que presentó fue un borrador a la prensa, entiéndase, El Nuevo Día, que ha generado mucha controversia no solamente por parte de comerciantes, sino de residentes y entidades que defienden los derechos civiles, afirmó el legislador municipal por el Partido Popular Democrático (PPD) Manuel Calderón Cerame.

En entrevista, Calderón Cerame, denunció que el nuevo código propuesto por el alcalde todavía no se ha radicado de manera formal ante la Legislatura Municipal. “Estamos esperando, pero hace unos días he hecho un reclamo de que el proceso de vistas públicas que se le vaya a dar al borrador o proyecto ya radicado sea uno amplio, participativo, donde vayamos los legisladores municipales junto al alcalde a las comunidades a presentar la propuesta”.

Los  problemas que tienen los comerciantes de Río Piedras quizás son diferentes a los que pueden tener los de la Placita de Santurce o los residentes del Viejo San Juan, por lo que espera que el proceso sea uno verdaderamente  inclusivo donde se escuchen las voces de todos los sanjuaneros y de todos los sectores.

Añadió que en San Juan ya hay un código y no ha habido reclamos para uno nuevo de parte de ningún sector, sino que el reclamo de todos es que se cumplan las ordenanzas municipales, que la Policía Municipal  pueda encauzar  lo que ya el actual código ha establecido. Dio como ejemplo que una de las comunidades más vocales en este tema es la del Viejo San Juan, que hacía unos días se había reunido con  los residentes y su reclamo siempre va dirigido a que la Policía aplique el código a algunos comerciantes, a algunas áreas, que haya patrullaje preventivo y que se implementen las medidas como la de garantía de áreas de estacionamiento, aspectos que actualmente no se están  cumpliendo.

Otro ejemplo de que no se está cumpliendo con el actual código son los eventos sucedidos en la Placita de Santurce. Este lo atribuyó  a que en muchas ocasiones la Policía Municipal o el plan anticrimen que tiene que implementar la Policía junto con el alcalde no está dando resultados. “No  creo que unas medidas restrictivas exageradas que lacere de una manera directa el desarrollo económico y comercial de unas áreas vayan a  funcionar si no hay una Policía Municipal que esté motivada, a la que se le cumplan las promesas que se le hicieron de mejor equipo y de mejores estrategias. La realidad  es que muchos policías municipales están desmotivados para poder aplicar las ordenanzas y el código del orden público que se establezca”.

El otro aspecto sobre el cual llamó la atención fue el efecto a los derechos civiles que implica el borrador del código. “Miguel Romero está planteando que ningún ciudadano ni ninguna persona  pueda sentarse, acostarse u ocupar una vía pública. Eso, de entrada, levanta muchos reparos. San Juan es el centro de gobierno de Puerto Rico a donde residentes de San Juan y de todo Puerto Rico vienen a manifestarse por distintos asuntos. Me parece que lo que está planteando ese código es contrario a los derechos a la protesta, garantizados por la Constitución de Puerto Rico y Estados Unidos”.

El lenguaje  propuesto es bastante insensible desde su punto de vista, como el prohibir de forma expresa que una persona pueda acostarse en una acera, en un banco público o viva en una luz. Calderón Cerame expresó que a nadie le gustaría que hubiera gente sin hogar, pero la política del alcalde no puede ser meramente invisibilizar a las personas que no tienen hogar.

El legislador municipal recalcó que se supone que el alcalde radique primero el proyecto a la Asamblea Municipal, lo que todavía, reiteró, no ha hecho. Una vez radicado, se supone se proceda a las vistas públicas. “Mi  llamado a la presidenta de la Asamblea Municipal y al propio alcalde es a que abramos este proceso lo más amplio posible”. Indicó que es meritorio  que se hagan vistas públicas en Rio Piedras, en la Placita de Santurce, en el VSJ, inclusive, en Puerta de Tierra.

Sobre esto último reparó en que cómo se les iba a imponer un  horario hasta la 1:00 de la mañana a los comerciantes locales, que se las han visto negras durante la pandemia, pero los que están regulados por la Compañía de Turismo puedan seguir haciendo actividad hasta  horas de la madrugada.

 

 

En memoria: La huella de tu existencia

Mandatory Credit: Photo by John Riley/AP/Shutterstock (7237126a) ROBERT RABIN ARREST After 381 days of protest, Vieques activist Robert Rabin, makes a peace sign as he and his wife Nilda Medina are led off by U.S. Marshals into Camp Garcia on the island of Vieques, Puerto Rico, early Thursday morning . Federal agents arrived before dawn Thursday and peacefully began removing protesters, including two U.S. lawmakers, who have blocked the U.S. Navy bombing range for more than a year on Vieques Island PUERTO RICO VIEQUES NAVY

 

 

Se ha adelantado Roberto

Rabin en un largo viaje,

muy ligero de equipaje

con paso seguro y cierto.

Su vida fue un libro abierto

de amor a nuestra querencia,

de trabajo y de conciencia

sin atavismos ni trueques

dejando muy clara en Vieques

la huella de su existencia.

 

El pueblo puertorriqueño

todo, le está agradecido

de haber sido bendecido

con sus esfuerzos y empeño.

Perseguiremos el sueño

que dicta nuestra conciencia

con valor y vehemencia,

de justicia y libertad

que deja con dignidad

la huella de su existencia.

 

Quiero cantarle al hermano

(poniendo todo mi empeño)

viequense, puertorriqueño

pero también bostoniano.

De su legado me ufano

de rectitud, consistencia,

de vertical exigencia

que es digna de imitar.

Jamás se podrá borrar

la huella de su existencia.

 

Roberto Rabin Siegal

indiscutible boricua

de una manera conspicua

te hago un verso decimal,

rudo como matorral

pero con plena conciencia,

para celebrar la esencia

de tu vida inspiradora;

es antorcha redentora

la huella de tu existencia.

 

A Bob, mi hermano y compañero de sueños

Tony Mapeyé Rivera

29 de marzo de 2022

 

 

La mitad de la población de Shanghai  quedó confinada por los nuevos casos de COVID-19

 

Luego de dos semanas consecutivas de aislamientos masivos en distintas ciudades donde aparecieron casos de covid-19, el gobierno chino dispuso el más grande confinamiento tomado hasta ahora. La mitad de la mega urbe Shanghai tendrá restricciones de circulación, contacto social y cierres de transporte por dos semanas, tras confirmarse 60 casos.

La decisión fue tomada en el marco de la política de “tolerancia cero” al covid, que implica la contención de la población afectada ante la mínima cantidad de contagios confirmados. Hasta ahora, en todo el país hay 1.275 casos confirmados y 5.134 asintomáticos.

Esta vez, las duras medidas recayeron sobre Shanghai, el centro financiero y la ciudad china más poblada de ese país, con 24,9 millones de habitantes. Allí, las autoridades sanitarias detectaron 50 casos domésticos, 10 importados y 3.454 presuntos asintomáticos.

Ante la posibilidad de que los contagios se expandan, se decidió que la mitad de la población, unas 12,5 millones de personas, entren en confinamiento.

Sin transportes ni actividades presenciales

Los cierres serán escalonados en dos fases y se prolongarán hasta el 5 de abril. Los distritos que quedan al este del río Huangpu, que divide la ciudad, entraron en confinamiento desde hoy lunes y hasta el 1 de abril. En esta última fecha le tocará el turno a los distritos situados al oeste del río, hasta el 5 de abril.

Se trata del mayor confinamiento de población en un núcleo urbano desde el inicio de la crisis sanitaria y se estima que la medida afectará tanto en la economía china como en la internacional, por su estatus de centro financiero y logístico.

Los túneles y puentes que conectan a las dos partes de la Shanghai estarán cerrados y tampoco funcionarán taxis y el transporte público. Los trenes no se detendrán en las estaciones de Shanghai y las compañías y las oficinas volverán a trabajar de forma remota.

Solo funcionarán las instituciones esenciales, así como el servicio de entregas a domicilio y las agencias sanitarias implicadas en las jornadas de pruebas masivas de coronavirus.

Colapso de abastecimiento

Minutos antes de que comience a regir el confinamiento, numerosos ciudadanos se agolparon en supermercados locales para hacer acopio de víveres. En las redes sociales se publicaron imágenes de largas colas a la entrada de supermercados y estantes vacíos tras las compras masivas. Incluso hubo escenas de peleas por hacerse con determinados víveres.

Durante el confinamiento estará permitido pedir comida o suministros a domicilio, pero los repartidores solo tendrán permitido el acceso hasta la puerta de las urbanizaciones, no podrán entrar en los edificios.

Se ordenó que las empresas implementen el trabajo desde casa para sus empleados, excepto en los casos de compañías «que garantizan la vida y la operación de la ciudad», entre las que se encuentran las del sector energético, de telecomunicaciones o de suministro de alimentos.

Los vehículos privados no podrán circular por las calzadas «a no ser que sea necesario». Además, se establecerán controles en las vías de acceso y salida de la ciudad, donde solo aquellos residentes con una prueba PCR negativa en las últimas 48 horas recibirán permiso para abandonar Shanghai.

Miles de asintomáticos

El rebrote producto de la variante ómicron llevó al límite la gestión de Shanghai, hasta el momento una de las urbes cuya lucha antipandémica había recibido más elogios en el país.

El alto número de asintomáticos detectados en este rebrote, más de 10 mil durante los últimos ocho días, dificultó las habituales labores de rastreo y cuarentena.

Según la política vigente china de «cero covid «, todos los contagiados, incluidos los asintomáticos, y sus contactos cercanos han de aislarse en hospitales o centros habilitados, lo que añade presión al sistema hospitalario local.

Reproducido de: www.pagina12.com.ar

 

Otros Betances: una teoría de la libertad y la revolución

 

 

La concepción de la “libertad” en Ramón E. Betances era inseparable de la idea de la “revolución”. Esa es una de sus peculiaridades más visibles. En ese sentido, convergía más con los separatistas anexionistas que con los liberales reformistas y los autonomistas.   La revolución para la libertad poseía su especificidad. Su formulación había sido resultado de una compleja praxis política realizada entre los años 1856, cuando regresó a Mayagüez y se insertó en la vida pública de la ciudad en medio de la epidemia de cólera morbo, y 1875 cuando discutió con Gregorio Luperón y Eugenio María de Hostos en Puerto Plata un proyecto conspirativo para continuar “lo de Lares”, el cual nunca cuajó. He discutido el primer extremo de ese proceso con mucho detalle en un estudio biográfico y microhistórico en torno a Ruiz Belvis durante su estadía como síndico, abogado litigante, juez de paz e inversionista en el campo de la educación en la ciudad de Mayagüez que publiqué en 1994[1].

La revisión cuidadosa de la Insurrección de Lares informa que los mecanismos básicos de su teoría eran la sociedad secreta, el agente revolucionario, el tráfico de armas, la propaganda mediante proclamas y la prensa clandestina, y la guerra como culminación de la acción de aquellos elementos. La vinculación del abajo social, representado por esclavos, jornaleros, jíbaros, arrimados, arrendatarios, sin tierra, entre otros, se presumía forzosa o inevitable. Era, en realidad, un ejercicio discursivo con poca probabilidad de concretarse. La impresión de “optimismo” o de “elitismo iluminista” que a veces muestra su discursividad de 1867 y 1868, respondía a la concepción premoderna de la masa como un agente secundario inerte o subsidiario en el proceso de cambio. La sutil nota voluntarista de aquella concepción era comprensible por el hecho de que el ideólogo consideraba que, a la altura de la década de 1860, las condiciones materiales y espirituales para la revolución estaban dadas. El activismo y las circunstancias debían combinarse para asegurar un levantamiento popular grande o pequeño de carácter insurreccional que, respaldado por una invasión militar mínima, asunto de cual debía encargarse Segundo Ruiz Belvis, facultara la generación espontánea de focos de combate sostenibles que garantizaran la posterior generalización de una guerra contra los españoles y sus aliados criollos.

El otro componente de su teoría era una lectura cuidadosa de la época. Durante la década de 1860 al 1869, se habría de aprovechar un escenario internacional plagado de crisis políticas que debían facilitar la consolidación de pactos con otros poderes extranjeros interesados en minar la presencia española en el Caribe y el Pacífico. La debilidad de España, su desenfreno neoimperialista fracasado en el cono sur, la emergencia de Estados Unidos como un poder respetable antes y después de su guerra civil, el retroceso de las prácticas del Antiguo Régimen a nivel internacional en ciertos escenarios de vanguardia en Europa, convencieron a un intelectual de formación francesa como lo era el caborrojeño de lo apropiado de la ocasión. La crisis del orden azucarero internacional por las inflexiones del mercado desde 1850, le decían que la revolución era factible en aquel preciso momento. El investigador se encuentra ante una conceptualización que debía mucho a las luchas separatistas que se desarrollaron entre 1808 y 1826 en una Hispanoamérica de la cual ciertos sectores de la intelectualidad antillana militante se sentía parte.

Aquella estrategia requería el apoyo de una burguesía criolla, fuese azucarera o cafetalera, para su financiamiento y legitimación social. En el caso de Puerto Rico, la burguesía azucarera estuvo menos dispuesta a colaborar que la cafetalera por el hecho de que la situación de una y otra en el mercado hispano e internacional no era la misma. El contexto en el cual Betances Alacán formuló su teoría, estaba dominado todavía por un esclavismo institucionalmente en crisis y un régimen de trabajo servil, ambos validados por una monarquía absoluta que cada vez significaba menos en la política internacional. Sobre el papel, la década de 1860 al 1869 era ideal para concretar un proyecto revolucionario exitoso. Su “optimismo” estaba bien fundado. El caso de Cuba después del Grito de Yara, el cual condujo a una guerra larga inconclusa, podría ser una prueba al canto de que no se equivocaba. Pero el teórico no estaba en posición de considerar los efectos de azar o los reacomodos imprevisibles de los agentes activos en procesos de ese tipo. Lo que sucedió después de Lares fue otra cosa. Betances Alacán no podía contar con que los liberales reformistas primero (1867), ni los separatistas anexionistas después (1868), fuesen a respaldar el esfuerzo insurreccional que, si bien debía iniciarse en Camuy, terminó por comenzar en Lares y fracasar militarmente en San Sebastián.

Entre 1874 y 1876 las condiciones materiales y espirituales en Puerto Rico cambiaron. El mercado laboral fue reformado desde arriba en 1873 para gloria de España. La promesa de que una reforma (la abolición) produciría el capital necesario para modernizar la industria azucarera (indemnización), canceló cualquier posibilidad que el separatismo independentista hubiese albergado de entrar en un entendido con los sectores liberales reformistas en el futuro. La abolición de la esclavitud y de la libreta de jornaleros, sin que ello implicara la institución del trabajo libre pleno, arrebató dos importantes argumentos que los separatistas independentistas habían esgrimido contra España hasta aquella fecha. El hecho de que Betances Alacán fuese un duro crítico de la abolición de la esclavitud en 1873, asunto que nunca se debate con propiedad ante la munificencia del festejo público abolicionista, es demostrativo de ello[2].

Lo más sorprendente fue que, a pesar del cambio en el escenario social, Betances Alacán insistiera en enfrentar el problema de la revolución en la década de 1890 con los mismos instrumentos ideológicos de la década de 1860. Un elemento que debe tomarse en consideración a la hora de emitir un juicio sobre la referida actitud es que el cambio en el escenario era resultado de condiciones y fuerzas fuera de su control. La Gran Depresión (1876-1896) acabó por alterar las reglas del mercado internacional de un modo dramático. Como se sabe, la respuesta europea a aquella debacle estructural fue la “rapiña africana” de la cual la Conferencia de Berlín en 1885 puede verse como un programa o guía de acción; y el intento de establecer su control sobre el gigantesco mercado chino. La respuesta de Estados Unidos fue la expansión ultramarina hacia el Caribe y el Pacífico desde la década de 1890 bajo el auspicio de un republicanismo renovado que terminó por fundar un nuevo imperialismo. Ese proceder marcó a Puerto Rico hasta el presente. El multiforme imperialismo moderno que dominó el panorama internacional hasta después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se consolidaba. Las tácticas de la revolución debieron haber sido revisadas a la luz del nuevo diseño social y de mercado local e internacional. Pero el Betances Alacán de 1876 no parece haber hecho los ajustes interpretativos necesarios. Ver a su país desde el exilio, ya sea desde las Antillas o desde Francia, producía un efecto distinto al que podía provocar verlo desde adentro.

Todo sugiere que, bajo aquellas condiciones, algunos sectores del liberalismo reformista y el autonomismo dentro de Puerto Rico revisaron de modo original las tácticas de la resistencia en la búsqueda de la meta de la “libertad” y del “progreso”. Aquella reflexión no alteró la actitud que adoptaron en 1867: insistían en prescindir de la revolución tal y como la habían pensado los separatistas independentistas como Betances Alacán. Es bien probable que algunos de los defensores de aquellas posturas considerasen que la Confederación Antillana, pensada con el propósito de asegurar la independencia ante potencias foráneas agresivas, no fuese una opción viable o posible, tal y como se deriva de las memorias de los hermanos Francisco Mariano y José Marcial Quiñones. Un texto narrativo de Salvador Brau Asencio escrito a principios del siglo 20 y difundido en la Antología puertorriqueña de Rosita Silva publicada en 1928 por la Imprenta Venezuela de San Juan, confirma en parte esta intuición. En aquel poco comentado texto, el autor se burlaba con fina y agresiva ironía de la idea de la confederación antillana, ideal betanciano del siglo 19, que había vuelto a expresarse como una opción deseable en el marco de las protestas contra la Ley Foraker del 1900 y el desarrollo del unionismo desde 1903[3].

Betances Alacán reconoció el giro que estaban tomando las cosas, pero interpretó los avances del reformismo liberal y los autonomistas en 1876 como una “traición” o un repliegue hacia la moderación, tal y como había hecho con los diferendos de 1867. Las pasiones de la militancia se impusieron a la evaluación sosegada de las eventualidades en el pensador de Cabo Rojo. La decisión de los reformistas y los autonomistas atenuó los reclamos políticos ante España en lugar de conducirlos al separatismo independentista revolucionario. A pesar de que unos y otros tomaban en consideración la situación de Cuba y los roces entre España y Estados Unidos en la región, diferían en cuanto a la concepción de la “libertad” posible. Por eso, me parece, el regreso del absolutismo en lugar de propiciar una alianza liberal amplia e inclusiva, segregó a los liberales no revolucionarios de los que afirmaban serlo. A fines de la década de 1880, la incomunicación entre ambos sectores ideológicos era innegable y Betances Alacán no podía más que afirmar: “por el momento no espero nada ni en una ni en otra colonia. Los autonomistas han matado la revolución”[4].

La incomunicación aludida se sostenía sobre el hecho de que los liberales reformistas y los autonomistas hacían una evaluación más sobria de España y mostraban más tolerancia ante sus políticas autoritarias. Su argumento era que una cosa era rechazar la opresión hispana, manifiesta en gobernadores como José Laureano Sanz, Romualdo Palacio o Manuel Ruiz Dana, y otra muy distinta rechazar la hispanidad compartida. Sus protestas no debían ser confundidas con antiespañolismo ni, mucho menos, con un acto de sedición. Aquellos sectores se habían hecho a la idea de que España era una “Madre Patria” y un modelo de civilización, y no una “Madrastra Patria” y un ejemplo de barbarie como en varias ocasiones afirmó Betances Alacán a sus corresponsales o a la prensa francesa. Exteriorizaban además un optimismo político que resultaba incomprensible para los separatistas independentistas y anexionistas por igual. Para los liberales reformistas y los autonomistas un cambio en España, ya fuese hacia una monarquía limitada o hacia la república, significaría beneficios políticos, económicos y culturales para Puerto Rico sin que tuviesen que apartarse de ella o tomarse riesgos mayores como la violencia.

Los beneficios del “progreso” a los que aspiraban se daban en el marco de un pragmatismo que justificaba la tolerancia. Concretamente buscaban asegurarse el derecho a enviar diputados a cortes en proporción a la población, las garantías de participación que sancionaba una Diputación Provincial que fuera escuchada por la Capitanía General, los Ayuntamientos electivos como base del poder en un orden descentralizado y la posibilidad de una reducción de las tasas aduaneras que redundara en beneficio de algún sector de la burguesía criolla colonial. Todo ello se podía conseguir al lado de España. Por lo regular, confiaban en que los espacios de participación dentro de la colonia ofrecían alternativas reales para el cambio y había que aprovecharlos.

Estaban de acuerdo con los separatistas independentistas y anexionistas en que el destino de Puerto Rico estaba atado al de Cuba, provincia de la cual éramos como un apéndice; y reconocían que, si España cambiaba la relación con aquella, se vería en la necesidad de cambiar la relación con nosotros. En esto, me parece se equivocaban. La abolición de la esclavitud se adelantó en Puerto Rico y se retrasó en Cuba en parte por la necesidad de España de asegurarse la fidelidad de los sectores liberales reformistas que habían apoyado la abolición en Puerto Rico y, en parte, para enajenar a los puertorriqueños de la causa separatista. Por eso, en cierto modo, los liberales reformistas y los autonomistas fueron abiertamente antiseparatistas y usaron argumentos similares a los de los conservadores, integristas e incondicionales para enfrentar al adversario común de la hispanidad.

Varios eventos ocurridos a mediados de la década de 1880 habían alentado el optimismo de los liberales reformistas y autonomistas y profundizaron su distanciamiento del separatismo. Los mismos pueden resumirse en tres acontecimientos claves. La primera, 1884, cuando se legalizó la discusión pública del autonomismo por medio de una decisión del Tribunal Supremo del Reino. La segunda, 1886, cuando se celebró la Junta o Asamblea de Aibonito de 1886 en la cual se debatieron los efectos de la Gran Depresión (1873-1896) en la colonia. Y la tercera, 1887, cuando se llevó a cabo la Asamblea de Ponce que concluyó con la fundación del Partido Autonomista Puertorriqueño sobre la base de un programa moderado que rescataba la asimilación como prerrequisito de una autonomía administrativa poco exigente.

Sólo avanzada la década de 1880, las tácticas agresivas del boicot, el ostracismo y la exclusión alrededor de la sociedad secreta “La Torre del Viejo”, comenzaron a imponerse en un segmento más riguroso de aquel grupo ideológico. Debo aclarar que el hecho de que el boicot desembocara en la violencia no los hacía “revolucionarios” en el sentido en que Betances Alacán definía ese concepto. Si hago una lectura de la experiencia de 1887 desde al autonomismo, la creación de la “Sociedad del Boicot” sugería que la idea de la “revolución” tal y como la había pensado Betances Alacán entre 1856 y1875 había sido, en efecto, dejada atrás. El boicot, ostracismo o exclusión que se impuso como táctica, apelaba a la tradición irlandesa de Charles Cunningham Boycott (1880) en su lucha contra el dominio de los ingleses. A pesar de que ése era el referente inmediato de la práctica, también poseía antecedentes estadounidenses, manifiestos en el boicot a la Ley del Sello (1765) o al te chino (1773) en el contexto de la separación de l as 13 colonias.

El Epistolario histórico (1999) de Félix Tió Malaret (1855-1932), editado por René Jiménez Malaret, y algunos testimonios de Román Baldorioty de Castro, han confirmado la voluntad no-violenta y el carácter de resistencia pasiva que los autonomistas radicales comprometidos imprimieron a aquel activismo innovador. La única vinculación de aquel proyecto con el separatismo independentista y con Betances Alacán proviene de unos apuntes casuales del autor. Éste sugería, tras reconocer que el autonomismo estaba siendo “promovido” por el mismo gobierno español para frenar el separatismo en Cuba[5], que en Puerto Rico el movimiento estaba siendo penetrado subrepticiamente por elementos separatistas. El boicot, activismo que autorizó la razia de los compontes, fue promovido en Ponce por “elementos separatistas que se aprovecharon de esa asamblea de puertorriqueños amantes de la libertad de su nativa tierra (la Asamblea de Ponce) para hacer propaganda a favor de una sociedad secreta que venía funcionando desde hacía ya algunos meses, ideada, según se dijo, (énfasis mío) por el nunca bien llorado patriota Don Ramón Emeterio Betances, residente, para entonces, en Santo Domingo”[6].

La afirmación se apoyaba en un rumor y estaba llena de imprecisiones. El médico vivía en París por esa fecha y nada sugiere que tuviese conocimiento del boicot hasta el momento en que se internacionalizó la noticia sobre los compontes. El tono del texto de Tió y Malaret demuestra cuán alejados estaban los autonomistas de Ponce del separatismo independentista y, a la vez, corroboraba la intención oculta de responsabilizar por las consecuencias inesperadas del boicot, los compontes, a la “gente de Betances”. Las aclaraciones del autor en el sentido de que “odiábamos a la España colonial, pero queríamos a la España peninsular” o “trabajábamos secretamente por la redención de nuestro país, pero queríamos a España”[7], son importantes para calibrar las posturas políticas del movimiento al cual representaba y las pocas posibilidades de una alianza con el separatismo a la altura de 1887.

La apelación al recurso del boicot confirmaba el reconocimiento, de acuerdo con Tió Malaret, de que “no podíamos hacerlo (vencer a los españoles) por medio de la fuerza, por medio de una revolución armada” como aspiraba Betances Alacán[8]. En ese sentido, el boicot significaba el reconocimiento de la debilidad de la resistencia antiespañola en Puerto Rico y el rechazo a la “revolución”. Los métodos de “resistencia pasiva”, “legítima defensa”, la “solidaridad” y “fraternidad” nacional y social o de clase, al lado del reconocimiento de la inutilidad de la “revolución” en el sentido que el separatismo independentista la definía, eran la innovación táctica más visible. En general, el boicot parecía más afín a las luchas económicas propias del anarquismo individualista o pacifista que al separatismo independentista o anexionista decimonónico en general. La resistencia pasiva, como se sabe, tuvo sus teóricos más significados en figuras como el estadounidense William Harvey y el intelectual ruso Lev Tolstoi durante uno de los peores momentos de la Gran Depresión (1873-1896) del capitalismo internacional. En general, la discursividad del boicot patrocinado por los autonomistas tenía un fuerte contenido social y práctico. Ello ensanchaba su distancia del separatismo y ponía en entredicho su retórica, propensa al tono mesiánico sacrificial y a la concepción de la libertad como un telos, promesa o destino de la historia. Para un separatista la guerra era, a fin de cuentas, un escenario idóneo para la formación de hombres dignos.

No se puede pasar por alto que, al igual que el separatismo independentista y confederacionista y, luego, el nacionalismo, el boicot aplanaba los intereses económicos de los colonos identificándolos con los de la burguesía criolla, el capital agrario y comercial puertorriqueño. El lenguaje del boicot adelantaba actitudes populistas capaces de vincular a los productores directos con el capital sobre la base de una cultura común, pero no resolvía su situación de explotación o sumisión al capital fuese este nacional o foráneo. Un problema historiográfico irresuelto es que el memorialista citado, Tió Malaret, y su más meticuloso intérprete, Germán Delgado Pasapera[9], insistieron en que la finalidad última del boicot era la independencia. Pero el argumento no se sostiene, sino sobre la base de la impresión o intuición de uno y otro. La propuesta les sirve a ambos para explicar que, por causa de ese fin estratégico y por el uso esporádico de la fuerza a que indujo el mismo, se pudo justificar el ciclo represivo de los compontes.

El burgués revolucionario tuvo en aquel momento un signo interesante en la figura de José Tomás Silva, empresario y dueño de la “Casa Silva” ubicada en Aguadilla muy cercano, por cierto, a las organizaciones separatistas independentistas y anexionistas en el exilio, en particular a Betances Alacán, y a los autonomistas. Silva, quien vivió en París durante muchos años, era un comerciante, banquero y economista de profesión, con quien Betances Alacán se asoció en 1890 con el fin de fundar una empresa centrada en la producción de aguas nitrogenadas sobre la base propagandística de sus propiedades salutíferas. Silva figuró en el testamento de Betances como destinatario de sus manuscritos, detalle que corrobora la confianza que el médico le tenía. Al parecer Betances contaba con el apoyo de figuras como Brau Asencio y Manuel Elzaburu Vizcarrondo para la empresa pero la colaboración no se concretó. Cuánto influyeron las diferencias políticas en la actitud de aquellos es un asunto que debería estudiarse con más profundidad. El Betances Alacán empresario también es un tema que espera y merece ser discutido con propiedad.[10]

Nota: El artículo es un fragmento del libro Mario R. Cancel (2021) El laberinto de los indóciles. Cabo Rojo: Editora Educación Emergente: 170-182

[1] Mario R. Cancel Sepúlveda (1994) Segundo Ruiz Belvis: el prócer y el ser humano (Bayamón: Editorial Universidad de América/ Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe/ Municipio de Hormigueros): 21 ss.
[2] Haroldo Dilla y Emilio Godínez Sosa (1983) Ramón Emeterio Betances (La Habana: Casa de las Américas): 190-193.
[3] Mario R. Cancel Sepúlveda, notas (25 de noviembre de 2012) “El cuento de Juan Petaca” en Lugares imaginarios URL: https://lugaresimaginarios.wordpress.com/2012/11/25/el-cuento-de-juan-petaca/
[4] Haroldo Dilla y Emilio Godínez Sosa (1983), Op. Cit.: 288.
[5] Félix Tió Malaret (1939), Epistolario histórico. René Jiménez Malaret, ed. (La Habana: Editorial letras Cubanas) 30.
[6] Ibid.: 31.
[7] Ibid.
[8] Ibid. 32.
[9] Germán Delgado Pasapera (1984) Puerto Rico sus luchas emancipadoras (Río Piedras: Cultural): 385 y 387.
[10] Véase las cartas a José Tomás Silva en Félix Ojeda Reyes y Paul Estrade, eds. (2013) Ramón Emeterio Betances. Obras Completas. Vol. V. Escritos políticos. Correspondencia relativa a Puerto Rico. Op. Cit.: 229-238; y Amado Martínez Lebrón (5 de junio de 2015) “Betances, un empresario sin dios” en 80 Grados– Columnas URL https://www.80grados.net/betances-un-empresario-sin-dios/.