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La maldición del paraíso: Puerto Rico como mercancía fetichista del imperio estadounidense

The Big Stick in the Caribbean Sea. Caricature on Theodore Roosevelt, 1904, William Allen Rogers.

 

 

Por más difícil que sea de asimilar– pues hay muchas emociones atravesadas por esto que estoy a punto de exponer– pensarnos como puertorriqueños desde y como entes colonizados, es entendernos desde una vil ficción. Por varios siglos ha habido un fantasma que recorre tanto a Puerto Rico como al resto del Caribe: el fantasma del imperialismo1.

Desde la llegada de los españoles al archipiélago en 1493, hasta la invasión de los Estados Unidos en 1898, Puerto Rico no ha podido liberarse del yugo imperialista que ha construido un imaginario falso a través de la violencia y la explotación en todas sus formas posibles.

Con Estados Unidos en el poder, estas políticas de violencia y explotación constante, se han visto reflejadas en la sociedad puertorriqueña desde sus inicios y en distintas siniestras maneras. Esta línea ideológica sustentada y naturalizada por el imperio, fomenta una estructura jerárquica de poder que mantiene sometidos a los individuos al control absoluto del opresor. A través de lo que denomino como ficción imperialista– y ficción definida como una invención producida por la imaginación, en este caso, en beneficio del opresor– se ha creado la imagen falsa de un producto rentable y sobreexplotado para el consumo del imperio y más allá del mismo. Estas formas de ficcionalizar al sujeto colonizado y su experiencia se ha manifestado de diversas formas en la sociedad y cultura puertorriqueña.

Para el periodista estadounidense Stephen Crane, autor de la crónica “A Soldier’s Burial That Made a Native Holiday” (1898)2 publicada en el New York Journal, desde una mirada condicionada por una ideología percibida desde el poder, naturalizada y hegemónica, formula un imaginario desde la ficción como un discurso real de los puertorriqueños en comparación con los soldados estadounidense en un funeral:

The natives began to accumulate in a crowd, and from them arose a high-pitched babble of gossip concerning this funeral. They stretched their necks, pointed, dodged those who would interfere with their view. Amid the chatter the Americans displayed no signs of hearing it. They remained calm, stoical, superior, wearing the curious, grim dignity of people who are burying their dead.

 De la misma forma que durante décadas el gobierno estadounidense ha promovido discursos orales y escritos como los de Crane cargados de racismo, sexismo y xenofobia justificados desde su posición de poder imperial, ha creado y desarrollado nuevas formas de representación del archipiélago para su beneficio propio, escondiendo las causas reales detrás de estas vil representaciones. La expansión por parte del imperio estadounidense a finales del siglo XlX y principios del siglo XX se debió principalmente al desarrollo de su capital a cuesta de los percibidos como “socialmente inferiores”. Con esta idea como eje central, el imperio ha vendido históricamente a Puerto Rico como una mercancía explotada constantemente ante el mundo; como un paraíso hiper-rentable para el poder y todos aquellos que se relacionan con él. Una de las definiciones de “paraíso”3 es la de un sitio o lugar muy ameno. A partir del siglo XX, el imperio estadounidense en una estrategia comercial con fines exclusivos de dominación, empieza a fotografiar distintos paisajes alrededor del archipiélago, exotizando no solo el paisaje natural, sino los cuerpos de los nativos– personas negras y pobres del centro de la isla– y creando condiciones propicias fomentando el turismo desmedido, las violentas prácticas antropológicas y la inversión desmedida dentro y fuera de la región.

De izquierda a derecha. A Row of Pickaninnies,                                                            Porto Rico, 1909 y They Have no Stokings to                                                                Hang, s.a.

 Para Marx (ed. 1990) “Una mercancía parece ser, a primera vista, una cosa trivial y comprensible de por sí” (77), por ende, una complejidad más extensa que se aleja de la idea de algo meramente insignificante. Más adelante en ese mismo párrafo añade “Pero, no bien entra en escena como mercancía, se transforma en cosa sensorialmente suprasensible”. Pensar a Puerto Rico como mercancía del imperio estadounidense, es enfrentarse a un monstruo que nos asedia a todos los puertorriqueños desde una perspectiva crítica decolonial. Pasamos de las tarjetas postales de a principio del siglo XX, en donde el paisaje exótico y la niñez nativa son protagonistas frente al lente del hombre blanco imperialista, y pasamos a la construcción de grandes resorts para la comodidad de los inversionistas, lo que conlleva la gentrificación y la explotación de las comunidades más vulnerables de la sociedad puertorriqueña. Esto precisamente rompe con la idea de la mercancía “como imágenes autónomas dotadas de vida propia, relacionadas entre sí y con los hombres” (79). Esto es lo que Marx llama el carácter fetichista de la mercancía.

A través de la idea de que la mercancía parece tener un valor y poderes propios que ocultan las relaciones sociales y el trabajo humano que realmente lo crearon, se ignoran casi en su totalidad las formas e incluso las condiciones en las que se producen dichas mercancías. Partiendo de esta premisa, se puede desmantelar la ficción imperialista que nos han querido vender del paraíso. La imagen comercial que se tiene a nivel mundial de Puerto Rico es a través de sus paisajes naturales y su cultura “colorida”, muchas veces intervenidas por el filtro del colonialismo que nos hace percibirnos en un paraíso al cual realmente no pertenecemos y no es real. Soy consciente de que en este análisis de la mercancía y su carácter fetichista puede situarse hacia nociones más simbólicas o metafóricas, pero es que nuestro valor como sociedad ha estado atravesado por la explotación con fines capitalistas que ignoran la realidad detrás del objeto al cual se le asigna un valor y nada más. Esto lleva a pensar en que la ficción del paraíso que nos ha vendido por décadas el imperio estadounidense primero, responde a intereses meramente económicos, y segundo, es una estrategia propagandista para despojarnos de quiénes somos, imposibilitando una lucha colectiva en contra del capitalismo. Estas políticas “sólo satisfacen las múltiples necesidades de sus productores, en la medida en que todo trabajo privado particular útil es cambiable por todo otra clase de trabajos privados útiles, o sea le es equivalente” (80).

Si más no es cierto que Puerto Rico se ha visto afectado por las políticas de lucro por parte del imperio estadounidense, también es importante destacar las múltiples luchas de los distintos sectores marginalizados alrededor del archipiélago en contra de estas políticas violentas. Sus voces han sido fundamentales para el quehacer colectivo y revolucionario, que aprende y desaprende para mejores porvenires. Desaprender para entendernos fuera de la ficción imperialista es un ejercicio arduo y de todos los días. Desmantelar al paraíso, a esa mercancía construida desde la explotación y restaurada en una tortura continua, es el mayor acto de revolución que podemos realizar como individuos colonizados con la posibilidad de grandes cambios.

Notas
1 Referencia al célebre pasaje de Karl Marx en El manifiesto comunista (1848).
2 Stephen Crane, A Soldier’s Burial That Made a Native Holiday, New York Journal, August 15, 1898, The Archive of American Journalism, Stephen Crane Collection.
3 Definición de la Real Academia Española
4 Libia M. González López “Capturas: la fotografía y la niñez, Puerto Rico, 1899-1920” del libro La mirada en construcción: ensayos sobre cultura visual. San Juan: Luscinia C.E., 2022.
Referencias
Crane, Stephen. “A Soldier’s Burial That Made a Native Holiday.” New York Journal, August 15, 1898. The Archive of American Journalism, Stephen Crane Collection.
Marx, Karl. El capital. Tomo I. Moscú: Editorial Progreso. Acceso electrónico. https://www.marxists.org/espanol/m-e/capital/karl-marx-el-capital-tomo-i-editorial-progreso. pdf
Rogers, William Allen. “The Big Stick in the Caribbean Sea. Caricature on Theodore Roosevelt, 1904”. 1904. Caricatura política.
https://www.meisterdrucke.us/fine-art-prints/William-Allen-Rogers/738593/The-Big-Stick-in
-the-Caribbean-Sea
Sued, José Orlando, y René Rodríguez-Ramírez, eds. La mirada en construcción: ensayos sobre cultura visual. San Juan: Luscinia C.E., 2022.
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Biblioteca Digital Puertorriqueña. Colección digital. Sitio web. https://upr.contentdm.oclc.org/

Doleme ahora

 

 

Leila Guerriero

Entonces la levanté. Con la mano derecha la levanté de la camilla y me puse su cuerpo de tres kilos sobre el hombro, la acuné, le dije palabras de amor. La levanté igual que cuando estaba viva y maullaba por la casa y se movía como una diva hierática y yo corría jocosamente detrás de ella hasta que la levantaba, la ponía sobre mi hombro derecho, y ella disfrutaba y ronroneaba durante unos minutos hasta que se hartaba y quería bajar. La levanté y la acuné, el cuerpo todavía tibio y flojo, le dije amor, mi amor, aunque ya estaba fuera de este mundo, yacente, yerta, y le besé la cabeza, un fruto liviano y suave, y después de unos minutos volví a dejarla donde la habían puesto y me fui. Y no al otro día, pero sí al siguiente, el brazo derecho empezó a dolerme. Qué extraño, dije entonces, porque no había hecho esfuerzos raros, más bien había estado ocupándome de las tareas de la agonía y del alivio, de la internación y el acompañamiento, del abandono de la vida. Entonces fui al traumatólogo y me dijo que no era grave, que el músculo estaba presionando un nervio, que podía solucionarse fácilmente con unas aplicaciones de equis cosa, y fui en peregrinación hasta su consultorio en viajes tristes dos, tres veces por semana, y recibí un tratamiento efectivo que disminuía el dolor, y mientras el traumatólogo me decía cosas que eran ciertas ―el músculo presiona, el nervio se queja, el cuerpo sabe, inflama para desinflamar― yo empecé a pensar que mi brazo había absorbido el peso de la muerte, que el amor muerto se me había encarnado. Y me pareció bien que me doliera, me pareció bien que su muerte se prolongara en mi vida, en mi brazo ardiente, en el rayo del dolor, y mientras el dolor disminuía pensaba: “Doleme ahora, amor, porque es todo lo que va a quedar, este resto, el dolor de tu falta”. Pensaba, digo, lo que dice ese poema de Donald Justice: “Prolonga ahora el dolor si eso es todo lo que hay que prolongar”.

 

Dialécticas del dialogo entre marxismo y nacionalismo en Borinquen

 

Reseña del libro Marxismo y nación Puerto Rico Siglo XX de la autoría de Carlos Rojas Osorio

 

Maximiliano Dueñas Guzmán

Especial para En Rojo

 

Este libro es de una nostalgia esperanzadora. Nos evoca un pasado—particularmente de esas décadas en que el independentismo intentó fusionarse con el nacionalismo—para alimentar nuestro pensar/hacer justo en este momento en que vivimos un profundo desconcierto producto de la acentuación del ecocidio, la consolidación planetaria de la ideología neoliberal, el genocidio del pueblo palestino, el endeudamiento como principal forma de acumulación del capitalismo y el recrudecimiento del imperialismo canibalista. Con este libro, Marxismo y Nación Puerto Rico Siglo XX, Carlos Rojas Osorio, parece unirse a ese coro de voces que nos están convocando a explorar el caudal de lecciones que nos ofrecen las indocilidades de las décadas del 1960 y 1970.  Otras voces en ese coro son Carlos Pabón con su libro Ilusión y ruinas. Imaginarios de izquierda en Puerto Rico desde los sesenta (2025), Félix Ojeda Reyes con su libro La protesta armada (2025) y Federico Cintrón Fiallo con su ensayo, “La nueva lucha en Puerto Rico: independencia y socialismo (1960-1980)” también del 2025.  Pero la nostalgia esperanzadora, el ánimo utópico, de Carlos Rojas Osorio tiene mayor longevidad. Él nos propone que justipreciemos no solo las luchas emancipadoras de esas décadas, sino las de todo el siglo XX borinqueño.

La vinculación teórica y práctica con la efervescencia emancipadora de las décadas del 1960 y 1970 es entonces uno de los contextos del libro Marxismo y Nación Puerto Rico Siglo XX. Obviamente, otro contexto fundamental de esta publicación es la amplia obra del autor, gestión que sobrepasa la producción de más de cuarenta libros y un centenar de artículos en revistas académicas en Puerto Rico, el Caribe, América Latina y Europa.  Entre los temas de su vasta obra que podemos ver reflejados en este libro están los vínculos o ecos filosóficos de las posturas de representantes del pensamiento borinqueño contestatario, particularmente aquellas que se pueden emparentar con las aportaciones de Foucault, y las puntuales reflexiones en torno al postmodernismo.

La lectura de este texto me motivó a identificar una serie de dialécticas (interacciones de oposición e interdependencia entre elementos) que Carlos Rojas Osorio usa para explorar el desarrollo del marxismo a través de las luchas emancipadoras borinqueñas del siglo XX. Hay dos de mayor preponderancia y son las que conforman los objetivos explícitos del libro:

  1. Marxismo y el hacer/pensar independentista puertorriqueño;
    1. Como parte de éste, las controversias en torno al marxismo y la cuestión nacional.
  2. El desarrollo de legitimidad del marxismo en varias disciplinas del saber humano en Puerto Rico: sociología, antropología, ciencias políticas, las humanidades, historiografía y filosofía.

Pero en el resto de la trama que conforma este libro, Carlos Rojas Osorio teje nueve dialécticas adicionales en interacción, en estrecho entrelazamiento, con las primeras dialécticas: 1. Marxismo y literatura; 2. Marxismo y feminismo; 3. Marxismo y sindicalismo; 4. Marxismo académico y marxismo organizativo; 5. Marxismo y raza; 6. Marxismo y ecología; 7. Nacionalismo y diáspora; 8. Marxismo y decolonialidad; y 9. Marxismo y postmodernismo. El libro, entonces, se lee como una serie de diálogos entre estas once dialécticas.  Una reseña del libro que aborde las once dialécticas sería muy extensa, y por lo tanto en este texto sólo hago referencia a algunas de ellas.

Para iniciar este recorrido de las dialécticas dialógicas del marxismo y nacionalismo en Borinquen, Carlos Rojas Osorio nos ofrece un resumen del debate que se suscitó en Europa desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX en torno a cómo los comunistas debían afrontar los anhelos de nacionalidad por parte de diferentes sectores sociales, particularmente los de la clase obrera.  Dada la coincidencia de intereses de los proletariados de todo el mundo en abolir las burguesías nacionales, el dilema era y sigue siendo si los intereses de la clase obrera incluyen el lograr que las nacionalidades tengan su propio gobierno/estado. En otras palabras, el dilema era/es si deben prevalecer los intereses de clase o los de nación, si se debe dar prioridad al ser obrero o al ser patriota. Para Carlos Rojas Osorio el punto de partida de ese debate fue el Manifiesto Comunista, texto del 1848 que incluye la paradójica afirmación (y la cual capta en forma sucinta la dialéctica o antagonismo entre clase y nación): “Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad” (Marx & Engels, p. 46, 1848/2004).

Ya en la exposición de Carlos Rojas Osorio sobre el marxismo borinqueño de principios de siglo XX, se comienzan a divisar algunas de las once dialécticas mencionadas anteriormente. Y en el resto del libro, él nos provee análisis de estudios realizados sobre personas, organizaciones y textos relacionados con las tensiones entre nacionalismo y socialismo en Borinquen, durante todo el siglo XX (hasta el 1993). En este recorrido histórico y temático es que nos podemos compenetrar con los diálogos suscitados entre las once dialécticas.

Con su valoración de personas y organizaciones socialistas e independentistas de inicios del siglo XX, Carlos Rojas Osorio nos incita a ver las otras dialécticas en dialogo con las tensiones entre clase y nación. Así, por ejemplo, tanto Ramón Romero Rosa como Nemesio Canales defendieron los derechos de la mujer y el primero fue consistente crítico del racismo, aún dentro de las organizaciones obreras (p. 28). En el 1912, se fundó el Partido de la Independencia—entidad basada, según nuestro autor, en el socialismo cooperativista—y que contó entre sus fundadores a Luis Llorens Torres, Manuel Zeno Gandía y Rosendo Matienzo Cintrón. En el programa de este partido se reclamaban “los mismos derechos económicos y políticos para ambos sexos” y se afirmaba que “el trabajador es más importante que el capital” (p. 43). Para Rafael López Landrón, otro de los fundadores del Partido de la Independencia, había coincidencia entre las luchas de la mujer, la sindical y la anticolonial (p. 46).

Carlos Rojas Osorio nos reseña con precisión que la lucha feminista en Puerto Rico se inicia con el quehacer de Luisa Capetillo. El libro de Luisa Capetillo, Mi opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer, publicado en el 1911, se considera el “primer libro puertorriqueño del discurso feminista” (p. 69). Pero en su quehacer feminista, Luisa Capetillo encarnó muchas de las otras dialécticas propuestas por Carlos Rojas Osorio: fue digna representante de la tradición de obrerismo intelectual pues fue lectora en fábricas de tabaco, práctica que la familiarizó con el anarquismo, el marxismo y obras destacadas de la literatura mundial; y a través de sus textos propulsó la oposición al capitalismo, al patriarquismo y al racismo. Otras representantes de la dialéctica marxismo y feminismo— particularmente en la tensión por legitimar al marxismo en la academia—que Carlos Rojas Osorio examina del siglo XX borinqueño son: Marcia Rivera, especialmente su enfoque sobre la mujer en la historia del Caribe; Margarita Ostolaza quien fusiona ideas de Foucault con marxismo para avalar dos perspectivas interrelacionadas: la primera es que las crisis de la lucha independentista se superarán con la incorporación de la lucha feminista y, la segunda, que la opresión de la mujer es más fundamental que las de clase y raza en el sostenimiento del capitalismo; y Norma Valle Ferrer quien contribuye a superar la falsedad de la inexistencia de la mujer en la historia de Puerto Rico con sus dos libros, Luisa Capetillo. Historia de una mujer proscrita y Las Mujeres en la Historia de Puerto Rico, textos en que se entrelazan las opresiones de raza, sexo, clase social y colonialismo.

Con su estudio de las figuras más reconocidas de las insubordinaciones boricuas del siglo XX, Carlos Rojas Osorio continúa hilvanado las once dialécticas.  Así, por ejemplo, en su apreciación de Julia de Burgos, destaca las contribuciones de la poeta al nacionalismo, a las reivindicaciones proletarias y a la lucha feminista. En su consideración de Juan Antonio Corretjer, asiente la afirmación del poeta nacional cuando dice: “La unidad nacional es hija de una contradicción; se origina en una sociedad dividida en clases, cuya lucha misma ha hecho nacer la nación” (p. 95).

Con su análisis de las historias del Partido Comunista, el Movimiento Pro Independencia (MPI) y el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y otras organizaciones marxistas, Carlos Rojas Osorio llega a una de las dialécticas centrales del libro: “la gran polémica acerca del marxismo y la cuestión nacional” (p. 10).  En el desarrollo de estas organizaciones y sus relaciones entre sí que el autor detalla, se evidencian repetidos momentos de confluencia entre lucha obrera y lucha independentista, pero también experiencias de antagonismo entre las dos aspiraciones. Una de las manifestaciones más contundentes de las confluencias está en el hecho que para la policía y otras agencias represivas no existía gran diferencia entre nacionalistas y socialistas/comunistas (p. 325).  A modo de ejemplo, César Andreu Iglesias y otros líderes del Partido Comunista fueron arrestados tanto en el 1950 como en el 1954 después de acciones armadas del Partido Nacionalista. Pero la cruenta oposición entre ambas corrientes se observa particularmente en el seno de las organizaciones que buscaron fusionar socialismo e independentismo. La disolución del PSP es posiblemente el ejemplo más notorio de esta contradicción. En su examinación de los documentos de la debacle del PSP, Carlos Rojas Osorio evalúa las razones del conflicto entre las dos tendencias para concluir que según los teóricos por él citados las diferencias no tenían “que conducir a un enfrentamiento irreconciliable” (p. 355).

En la introducción del libro, el autor nos confiesa que, inspirado por la labor del filósofo cubano—Pablo Guadarrama González—, su objetivo original era “estudiar la presencia de la filosofía marxista en Puerto Rico” (p. 15) pero que en el proceso de su investigación se percató de la riqueza multidisciplinaria de esta perspectiva y de su fecundo vínculo con la praxis política. Por estas razones, la mayor parte del libro está dedicado a las dialécticas de legitimación del marxismo en la academia borinqueña, particularmente en las disciplinas de las ciencias sociales, las humanidades, la historiografía y, lógicamente, la filosofía. Así Carlos Rojas Osorio nos presenta una exégesis de las aportaciones académicas de marxistas tal como: Manuel Maldonado Denis en ciencia política; Ángel Quintero Rivera , Juan Manuel Carrión y José Luis Méndez en sociología, Carlos Buitrago Ortiz en antropología; Félix Córdova Iturregui y José Luis González en las humanidades; Gervasio García, Francisco Moscoso, José Manuel García Leduc, Rafael Bernabe y Antonio Gaztambide Géigel en historiografía; George Fromm, Ángel Villarini Jusino, Virgilio Colón León, Eliseo Cruz Vergara, José Echeverría Yañez, Samuel Silva Gotay, Miriam Muñiz Varela, Francisco José Ramos, Rafael Aragunde y Joserramon Mélendes en filosofía.

En varias ocasiones a través del texto, Carlos Rojas Osorio analiza con entusiasmo perspectivas que abogan por articular las resistencias a las opresiones de raza, clase y nación. Yo entiendo que es imperativo amalgamar estas luchas con la defensa sistemática del ambiente. ¿Cómo se da esta amalgamación en diferentes coyunturas? Esto es el reto tanto de las/os teóricos que buscan fusionar el marxismo con teorías de decolonialidad y de la praxis política del movimiento anti-capitalista borinqueño y global en el siglo XXI.

Aunque la mirada de Carlos Rojas Osorio al siglo XX borinqueño pueda inspirar nostalgia por tiempos pasados, es evidente a través de todo el libro que él está particularmente interesado en rescatar el valor del marxismo para nutrir las insubordinaciones de la actualidad. En este sentido, este libro puede ser leído como una extensión de sus aportaciones en torno al postmodernismo y sus efectos desmovilizadores. En repetidas ocasiones en el texto, el autor nos recuerda la famosa frase de Foucault en la que este autor, en los momentos más álgidos del postmodernismo, reconoció que Marx—la influencia subversiva de su pensamiento—había desaparecido, pero que este valor contestatario del marxismo “reaparecerá un día” (p. 527). Ciertamente, las aportaciones del libro, Marxismo y Nación Puerto Rico siglo XX, contribuyen a subvertir esa actualidad desconcertante que mencioné al principio de esta reseña. En palabras de César Andreu Iglesias, líder comunista borinqueño durante varias décadas del siglo XX:

“Las victorias están llenas de pasadas derrotas. Y, además, nunca es derrota completa la que nos ayuda a descubrir el camino a seguir”. César Andreu Iglesias, (Los derrotados, 1956)

 

 

 

La guerra siempre presente: Pressure

 

En Rojo

Pressure

Director:Anthony Maras; guionistas: David Haig y Anthony Maras; autor: David Haig; cinematógrafo: Jamie Ramsay; elenco: Andrew Scott, Brendan Fraser, Kerry Condon, Chris Messina, Damian Lewis, Jojo Macari

Filmes sobre guerras pasadas debieran servir para recordarnos y alertarnos de lo que significó antes y hoy cuando grupos y naciones deciden poner todos sus recursos en la destrucción del otro. Cuando rebuscamos la historia de los países, todos parecen tener este ímpetu para afianzar su poderío, su capacidad de decidir los destinos ajenos. Cuando lxs historiadorxs detallan las incidencias de batallas, por + equipadxs que estén los grupos en pugna, sobresale el número de muertos, soldados o civiles. Puede haber planificación grandiosa, pero eso no salva vidas, son estrategias para ganar o avanzar en un plan nacional, territorial, fronterizo ideado por los dirigentes que miran a distancia. Una de las batallas + celebradas en la historia militar de la 2nda guerra mundial es D-Day/Operation Overlord que comenzó el 6 de junio y duró hasta el 21 de agosto y fue decisivo para reconquistar Francia y virar el avance alemán. Aunque no se menciona porque el foco de toda discusión y decisión en el filme es Normandía, la estocada principal la había dado la Unión Soviética durante el “Eastern Front”, en la batalla de Stalingrado con un saldo humano nunca visto.

El personaje principal de este drama es James Stagg (interpretado como solo sabe hacerlo Andrew Scott), el meteorólogo principal en el centro de mando de los estrategas de esta operación militar que requiere una confidencialidad absoluta para que los alemanes no tengan el lugar exacto de la invasión. Para eso se necesita total confidencialidad de todos los que componen el equipo y tomar la decisión lo antes posible para que la información no se filtre. El otro punto neurálgico para el grupo es no repetir el accidentado ensayo, “Exercise Tiger” de abril 19, 1944 donde 749 soldados estadounidenses murieron en fuego amigo y por ataques alemanes. El filme incluye pietaje dramatizado de este fracaso militar tanto para reafirmarse que esto no puede volver a suceder como para visualizar el impacto en las jóvenes tropas que participaron.

La historia de Pressure comienza 72 horas antes y en ese espacio de tiempo tienen que decidir que la fecha del 5 de junio es la correcta para la invasión de Normandía. Aunque la decisión está tomada por la “alta gerencia Militar”, Dwight D. Eisenhower y Bernard Montgomery (lo siento, pero rehúso usar todas las escalas militares) utilizan el análisis meteorológico de Irving Krick para asegurar que el oleaje y vientos no van a entorpecer los miles de soldados preparados para la invasión. Traer a James Stagg como el consultor óptimo era, según ellos, la manera de asegurarse que su decisión era la correcta. El conflicto comienza precisamente cuando Stagg rehúsa dar el visto bueno a lo que todos los otros daban por sentado. Mientras Krick era un estudioso de los patrones del comportamiento atmosférico, Stagg estudiaba la data de la presión barométrica en tiempo real. No importaba la decisión a tomar, sabían que las muertes y heridas en combate iban a ser enormes, pero trataban de evitar que no se pudiera abrir ese camino para reconquistar el territorio ya afianzado por los alemanes. Los recelos, rivalidades, roces de poder se dan en medio de las sesiones de análisis y acción.

El título, pressure/presión, es un verdadero resumen del corazón del filme: presión atmosférica bajo análisis (algo que puede cambiar su rumbo en cualquier momento), ordenar una invasión a sabiendas del gran número de bajas que causará, saber que uno es el responsable de tantas vidas perdidas, tomar decisiones que pueden resultar en + muertes, fracasos o un revés en la avanzada de la guerra. Estos son los dilemas de los personajes principales: Eisenhower (Brendan Fraser) y Stagg. Andrew Scott como Stagg ocupa el centro de la historia con su extrema seriedad, callada actitud y capacidad de tomar todo en serio como si cada palabra suya pudiera causar una catástrofe (lo que era cierto). Mucho se ha escrito de Normandía y ha sido recreado en varios filmes y series, pero específicamente de ese 1er día de la invasión, lxs refiero a The Longest Day (Gerd Oswald y Darryl F. Zanuck 1962) y por supuesto al + impactante, Saving Private Ryan (Steven Spielberg 1998) que sigue siendo el + realista. Mientras en Pressure la planificación del evento es el centro, en Private Ryan es el evento de principio a fin; es el diario/testimonio de los que enfrentaron el poder militar de los alemanes y murieron en las playas o siguieron adelante marchando sobre los cuerpos dejados atrás por el momento.