Inicio Blog Página 96

Reactivación de la base de Roosevelt Roads

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Para el profesor de Geografía Política, doctor Carlos Severino Valdés, la concentración de los ejercicios bélicos  en la base naval Roosevelt Roads en Ceiba responde a una tendencia  armamentista de Estados Unidos e incluso una tendencia a nivel internacional.

La semana pasada, la Autoridad de los Puertos de Puerto Rico (AP) anunció que los ejercicios bélicos que al presente lleva a cabo el Ejército de Estados Unidos en los aeropuertos de Ponce y Aguadilla  serían concentrados en la antigua base naval de Roosevelt Roads.

Desde mediados  del 2025, el Ejército ha aumentado su presencia militar en Puerto Rico, así como el uso del campamento militar de Salinas y la playa de Arroyo para llevar a cabo ejercicios bélicos, como parte de la política belicista del presidente Trump. Fue desde la base Roosevelt Roads, en enero de este año, que se efectuó  la operación para el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y la combatiente Cilia Flores. Antes de esto, en agosto del 2023 el ejército de EE. UU. entrenó a pilotos ucranianos en Roosevelt Roads.

El profesor explicó que la remilitarización de la antigua base naval  por Estados Unidos no se  puede separar de una espiral armamentista que tiene tendencias internacionales. Indicó que en casi todas las regiones del mundo, según ha podido constatar en todas las investigaciones que ha realizado en los últimos 10 años, se han aumentado los presupuestos, los gatos y la disposición de fondos para los complejos militares industriales, por lo que no se puede  despachar como simple el hecho de que el presidente Trump tiene la intención de aumentar el presupuesto del gasto militar de EE. UU. a niveles insospechados con efecto inmediato.

El presidente ha planteando que el presupuesto del ahora Departamento de Guerra aumente de $964 mil millones a 1, 5 billones, cifra que el geógrafo describió como  inconcebible. Eso es un aumento de presupuesto de casi 50 %, que sospecha tendrá un impacto dramático en toda la actividad militar en todo Estados Unidos y en todas sus bases militares que hay en distintas partes del mundo y también en Puerto Rico.  “Cómo quede eso plasmado finalmente, no lo sabemos; es muy preliminar”.

Valdés observó que el que se estén haciendo ejercicios bélicos en Ceiba, un lugar que estaba desactivado, sugiere que, con toda probabilidad, en algún momento, se va a reactivar toda la militarización de la base como parte de la estrategia de EE. UU., a diferencia de lo que sucedió en los últimos 20 años.

Al planteamiento de que la reactivación militar de la base desmiente la idea que se tuvo de que debido a la tecnología ya Roosevelt Roads no era importante, destacó que en la actualidad se está ante otro paradigma. Ese nuevo paradigma es el incremento del presupuesto del gasto del complejo militar industrial, la producción de armas, aumentar el Ejército en términos numéricos, lo que a su vez implica un aumento en el reclutamiento, que es otra variable de la ecuación cuando se habló de la tecnología.

El doctor Valdés estima que en este rearme mundial se está viendo la  necesidad de tener grandes ejércitos, que no era lo que se pensaba hace 20 años, lo que significa, reiteró, un cambio de paradigma. Al respecto, señaló que ahora mismo Irán, el cual le ha hecho  un hueco grande a Estados Unidos en el actual conflicto, tiene un ejército de 500 mil soldados, cuando el de EE. UU. no llega a esa cifra. Esto significa que, de  Estados Unidos querer continuar con su política de intervención,  va a tener que aumentar su ejército porque va a requerir acciones por tierra.

Sobre la concentración de los ejercicios militares en Ceiba, de momento, no cree que sea para incursionar en algún país caribeño o latinoamericano. “No lo puedo asegurar. Puede ser como parte de los preparativos a futuro;  pero el movimiento que estamos viendo, yo creo que no es uno suficiente para pensar que va a haber una intervención, por ejemplo, el caso de mayor vulnerabilidad en estos momentos de que se podría hablar, el caso de Cuba”. Aunque descartó esta posibilidad, no descartó que como Estados Unidos no ha podido lograr sus objetivos trazados con Irán, el presidente  quiera aventurarse a hacer una intervención en Cuba.  “Hay que tener presente que ya la racionalidad y la lógica no es lo que mejor explica los momentos que estamos viviendo ni el comportamiento del presidente”.

Hay que señalar que aunque la base Roosevelt Roads cesó operaciones de manera oficial en el 2004, el Memorándum de Entendimiento firmado entre el Gobierno de Puerto Rico y la Marina de Guerra de EE. UU. estipula que Estados Unidos se reserva el derecho de reutilizar las facilidades de la base cuando lo entienda necesario/o pertinente.

En términos administrativos, el profesor Valdés denunció que el  mayor daño y responsabilidad vicaria de la  remilitarización de la base está en los gobiernos que se han sucedido tras el cierre, a los que atribuyó haber sido incapaces de dar paso a un desarrollo, lo que hubiese sido el mayor disuasivo para su remilitarización. “Es como si hubiesen arrastrado los pies con el propósito de llegar al momento en que estamos.  Es inconcebible que se haya gastado tanto dinero en una entidad pública que en tanto tiempo ni siquiera haya podido tener un atisbo de desarrollo importante”. Se refiere a la Junta para el  de Redesarrollo de Roosevelt Roads.

Por su parte, la organización Madres Contra la Guerra (MCG) rechazó de plano la concentración de las operaciones militares en Ceiba y, por consiguiente, la remilitarización de la base. En declaraciones, la portavoz de la organización, la doctora Sonia Santiago, manifestó que esa determinación “confirma lo que por años hemos advertido: Puerto Rico continúa siendo utilizado como plataforma militar estratégica del Gobierno de Estados Unidos en detrimento de nuestro ambiente, nuestra soberanía y la seguridad de nuestras comunidades”.

 

Añadió que la reactivación y el fortalecimiento de las operaciones militares profundizan el rol de Puerto Rico como enclave de guerra, ajeno a los intereses y voluntad del pueblo puertorriqueño. La organización también alertó sobre el impacto ambiental de las actividades militares y de que los informes militares han documentado la presencia de áreas contaminadas dentro de la base, que incluyen vertederos, zonas de combustibles y residuos peligrosos, cuya limpieza ha sido lenta e insuficiente. (Par más información vea: “Un recorrido por Roosevelt Roads”, Claridad, agosto 20 de 2025).

 Madres Contra la Guerra hizo un llamado a las comunidades, organizaciones sociales, ambientales y de derechos humanos a “unirse en defensa de la vida, la paz y la desmilitarización de Puerto Rico”.

 

 

 

 

Las comunidades como agentes de cambio en las luchas ambientales

A la derecha, Pedro Valle Carlo, presidente del Comité Caborrojeño Pro Salud y Ambiente, junto a Dafne Javier Montalvo, su esposa y miembro del Comité (a la izquierda). En el centro, el periodista Luis Joel Méndez González. Foto por Gabriel López Albarrán | Centro de Periodismo Investigativo

 

Los grupos comunitarios han echado mano de las redes sociales para amplificar sus denuncias, compartir información de interés noticioso, desarrollar su propio contenido o hacer alianzas con creadores de contenido y reporteros ciudadanos para lograr cambios en lugar de ser entes pasivos ante el pobre manejo del medio ambiente.

 

Por Luis Joel Méndez González | Centro de Periodismo Investigativo

Las comunidades siempre han sido parte clave de las luchas ambientales en Puerto Rico, porque son comúnmente las primeras que se enteran cuando algún proyecto va a afectar su calidad de vida.

Un buen ejemplo es la lucha contra la Marina de Guerra en Vieques a principios de los 2000. Empujados por la expropiación de sus tierras, los abusos y la amenaza a su medio de sustento por parte del cuerpo castrense, los pescadores viequenses dieron algunas de las primeras luchas en altamar. Tras la muerte de David Sanes producto de una bomba, más de una decena de campamentos fueron erigidos por residentes, grupos religiosos, políticos y líderes sindicales en los terrenos de la Isla Nena. Los opositores a las maniobras del ejército norteamericano en sus tierras consiguieron aliados y organizaron históricas marchas multitudinarias, se expusieron a arrestos por desobediencia civil, lograron referéndums y obligaron al Ejército de Estados Unidos a desistir de usar los terrenos para fines bélicos. La comunidad viequense logró multiplicar su lucha, y fue asumida por todos los puertorriqueños, de todos los colores, en todas las esquinas.

La salida de la Marina de Vieques es todavía una de las luchas comunitarias más recordadas.

En años recientes, las luchas ambientales han persistido, con protestas y campamentos, por ejemplo, contra la carbonera de la empresa Applied Energy System (AES) en Guayama, la canalización del Río Piedras en San Juan y las construcciones ilegales como la piscina del condominio Sol y Playa en Rincón. Ahora esas batallas se han trasladado además a las redes sociales, donde, con destrezas investigativas y educativas, muchas comunidades han incorporado la información como parte de su lucha.

Hace cuatro años cubro temas relacionados a medio ambiente y cambio climático para el Centro de Periodismo Investigativo. Varias de mis investigaciones involucran comunidades que tienen presencia en las redes sociales y que me han provisto datos y documentos durante el proceso investigativo.

Cuando apenas daba mis primeros pasos como periodista investigativo, una de mis primeras historias fue sobre la comunidad Islote en Arecibo. Conversé con un residente que nos contó cómo varios miembros de una familia, bien conectada al poder, destruía dunas, bloqueaba el acceso a la costa y se apropiaba de casas de forma irregular con total impunidad. Tiempo después, un líder de la comunidad me compartió una lista de propiedades de las que se había apropiado la familia de manera irregular. Esa lista fue vital para hacer nuestra investigación periodística, luego de darnos a la tarea de corroborar su veracidad con documentos gubernamentales, datos oficiales, entrevistas a vecinos, expertos y agencias de gobierno.

En otra investigación acerca de la comunidad El Maní, en Mayagüez, una internauta fue una pieza clave del rompecabezas. Por años, los residentes del sector costero denunciaron que unas modificaciones en la carretera que atraviesa su comunidad provocaron que sus propiedades se inundaran con cada nuevo evento de lluvia. Intrigado por sus reclamos, revisé todo el expediente de construcción de la Autoridad de Carreteras y Transportación. Fue la internauta quien me conectó con testimonios clave para demostrar y humanizar mi investigación, y por supuesto, evidenciar con fotos y videos el problema, el cual también experimenté cuando fui a visitar la comunidad.

Para cada una de mis investigaciones periodísticas, miembros de las comunidades sobre las que reporté me orientaron, narraron y compartieron documentos cruciales, fotos, videos y testimonios para identificar y corroborar mis hallazgos principales.

Más recientemente, organizaciones ambientales, cívicas y de residentes se han organizado contra el proyecto Esencia en Cabo Rojo. Los grupos han echado mano de las redes sociales para informar sobre cada nuevo hallazgo, denuncia o avance en el proyecto. Han concertado alianzas con creadores de contenido y reporteros ciudadanos que se han hecho eco de sus reclamos. Los promotores de Esencia se encuentran en el proceso de obtener todos los permisos que requiere su desarrollo.

En el Centro de Periodismo Investigativo hemos validado con datos, documentos, testimonios y voces expertas lo que hemos publicado en nuestra serie investigativa Lo que hay detrás de Esencia, en términos generales, abarca el impacto ambiental, contributivo e inmobiliario del proyecto

Cada uno de los ejemplos de historias mencionadas muestran cómo las comunidades están en el centro de las luchas ambientales.

Los grupos comunitarios han aprovechado los recursos disponibles para denunciar impactos ambientales, sociales, económicos, culturales o de salud que consideran nocivos para sus sectores, que generalmente están en una situación de pobreza o desigualdad. Aprovechan las redes sociales para compartir documentos, evaluaciones científicas, denuncias, que a su vez son recogidas, validadas y contrastadas por los medios de comunicación. Es a veces la única manera que tienen para intentar balancear los grandes presupuestos de relaciones públicas y analistas pagos en medios de comunicación que el Gobierno o los desarrolladores con frecuencia contratan para que se favorezca su proyecto o iniciativa, en lugar de invertir en garantizar que las preocupaciones de los residentes sean atendidas y que se les incluya en los procesos de diseño de este tipo de construcciones.

Las comunidades no quieren ser víctimas, sino agentes de cambio que buscan proteger y manejar sus recursos naturales ante la amenaza de que su calidad de vida sea afectada solo para beneficiar a desarrollos privados.

En la Semana del Planeta Tierra, creo importante recordar que es el trabajo de los periodistas discernir cuál es la información veraz, contrastándola de todas las maneras posibles antes de publicar, y escuchar a expertos y a la comunidad afectada sobre los beneficios reales de este tipo de desarrollos.

 

 

Tropiezos señalan fallas de estrategia de Estados Unidos

.

 

NCM

Estados Unidos fue sorprendido, en la sede de la Organización de Naciones Unidas, en Nueva York, con la elección de Irán como vicepresidente de la 11va conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación nuclear, que busca el desarme y garantizar el derecho de todos al uso pacífico de la energía atómica.

La elección de Irán fue promovida por las delegaciones de las 121 naciones del Movimiento de Países No Alineados, lo que viene a ser el tropiezo más reciente de EEUU ante el despliegue diplomático iraní.

Los éxitos diplomáticos de Irán junto a la resistencia de Cuba -ambas naciones sitiadas navalmente- apuntan a fallas en la estrategia de guerra del Pentágono para renovar y apuntalar el dominio mundial. Pero esos casos no son los únicos.

Dichas dificultades en los dos frentes principales de la guerra se suman a los problemas con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la creciente influencia de Rusia y China y hasta la resistencia a las presiones por parte del pequeño estado del Vaticano.

La Casa Blanca, sin embargo, insiste en que lleva las de ganar en esta etapa de la guerra y asegura que su bloqueo naval del estrecho de Ormuz logrará generar el colapso de la industria petrolera iraní esta misma semana. Además, ha amenazado con sanciones a todos los países que negocien con las líneas aéreas de Irán.

Por su parte, Irán está gestionando establecer un sistema de seguridad regional en el Oriente Medio que no cuente con la participación de EEUU. A esos fines, la cancillería iraní ha llevado a cabo una gira de visitas a Paquistán, Omán y Rusia, para acuerdos de control compartido del estrecho de Ormuz, así como realizado consultas con varios estados de la zona.

Ayer mismo, en San Petersburgo, el canciller iraní Abbas Araghchi se reunió con el presidente ruso, Vladimir Putin, quien ha dejado claro su respaldo a la “lucha con valentía” de la República Islámica y el apoyo ruso para que se restablezca la paz en Oriente Medio.

Se desconoce cuánto tardaría en entrar en pleno vigor el sistema de control de seguridad del estrecho por parte de Irán y Omán, respaldado por Rusia y coordinado con otros países del golfo pérsico. Tampoco está claro lo que pasará con el bloqueo naval de Estados Unidos en el golfo de Omán, pero ese panorama no elimina la posibilidad de que EEUU intente reanudar ataques devastadores contra Irán, para lo cual se sigue acumulando el poderío de la Quinta Flota, que está siendo reforzada con más portaaviones y más soldados.

Washington sigue sin conseguir un respaldo sólido de la OTAN y no han tenido mucho efecto las amenazas y presiones, como plantear que España sea suspendida de la alianza militar y retirar el respaldo al dominio de Inglaterra sobre las Islas Malvinas. De igual forma, Italia sigue sin hacer caso a las presiones de la Casa Blanca.

Con el Vaticano la situación es peor. Allí, las operaciones de inteligencia cada vez más documentadas y lo reclamos de los católicos nacionalistas estadounidenses de que esta es una “guerra santa” se han estrellado en la barrera del Papa León XIV, quien insiste en que esta guerra que sigue dejando miles de víctimas inocentes no tiene nada de santa y que el imperativo cristiano es lograr que prevalezca la paz.

Mientras tanto, se acumulan los informes de prensa sobre los daños causados por los ataques defensivos de Irán sobre las bases militares estadounidenses en la zona, donde los daños, las pérdidas de radares y decenas de aeronaves se calculan en miles de millones de dólares. Además, Irán asegura haber recuperado 15 misiles de EEUU que no estallaron al caer y que ahora están siendo sometidos al proceso de ingeniería a la inversa para seguir reforzando su propio sistema de misiles.

Al otro lado del mundo, en el Caribe, tampoco el panorama es muy positivo para el otro bloqueo estadounidense, que Washington insiste en que provocará la caída de Cuba.

Rusia ha logrado hacer llegar cientos de miles de barriles de petróleo a la mayor de las Antillas y China sigue supliendo grandes cantidades de arroz e instalaciones para el desarrollo de energía fotovoltaica, además de que a la isla se mantienen llegando suministros de México, Colombia y flotillas con auxilios médicos y de otros tipos. Pero el desarrollo más espectacular se conoció en días recientes y se debe al ingenio científico y tecnológico de los propios cubanos.

Esta misma semana, Cuba anunció que logró desarrollar el sistema para refinar su petróleo nacional -pesado y superpesado- de manera que las refinerías cubanas lograrán suplir internamente una parte importante de su necesidad de energía. Ese desarrollo asesta un golpe al bloqueo naval estadounidense, que está perdiendo aceleradamente su impacto geopolítico, aunque todavía la amenaza de planes para un ataque devastador sigue tomando forma en el Pentágono.

La situación para la flota estadounidense en el Caribe ahora es muy distinta de cuando se decretó el bloqueo total de Cuba, a pocos días del golpe devastador de dos horas contra Caracas, con el que EEUU tomó prisioneros al presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores. La propia Venezuela insiste en que se devuelva a los prisioneros, encarcelados en Nueva York, en tanto el gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sigue movilizando el apoyo interno y logrando avances diplomáticos con sus países vecinos.

En México y Brasil crece el ardor revolucionario democrático y la izquierda gobernante en Colombia aparece favorita para ganar los próximos comicios. Una situación similar se está desarrollando en Perú, donde el candidato de la izquierda va camino a disputar en mayo la segunda vuelta electoral a la derecha.

Esa circunstancia, día a día, va atrapando la flota estadounidense, rodeada cada vez más por países que se están tornando más rebeldes, de manera que los sitiadores van quedando sitiados.

 

 

NCM Noticias es un sistema global de distribución informativa que no está afiliado a ningún otro interés, sea económico, institucional o político, ni es subsidiario de organización, entidad o gobierno alguno. La Política editorial de NCM Noticias es exclusivamente la difundida en sus editoriales y promueve el pacifismo, la justicia y la libertad de los pueblos sin ataduras doctrinales. Los medios, agencias y demás sistemas que difunden notas de NCM Noticias lo hacen con completa libertad y tienen sus propios puntos de vista y sus propias políticas editoriales.

 

 

 

Del mundo líquido al gaseoso: La cultura snack

 

Por Frei Betto

La metáfora líquida, que tuvo tanta repercusión a partir de la publicación de Tiempos líquidos, de Zygmunt Bauman (1999), ya no es adecuada para describir la actual coyuntura social y cultural. Ya no hay nada “fijo”: valores, ideologías, proyectos, etc. Muchos cambian de opinión, religión o iglesia como quien se muda de ropa. ¿Conoce a algún adolescente que se culpe por haber cometido un pecado?

Mientras que mi generación, la del 68 –yo estaba en los veinte en la década de 1960—, soñaba con cambiar el mundo, muchos jóvenes de hoy naufragan al navegar en las redes digitales y consideran que la política es “un asco”. Esta pérdida de solidez de la modernidad ya estaba presente en la reflexión posmoderna, como muestra la obra Todo lo sólida se desvanece en el aire, de Marshall Berman (1982).

Hoy en día, la “liquidez” está presente en todos los aspectos de la vida: en los objetos que utilizamos, contaminados por el virus de la obsolescencia; en las relaciones con el prójimo, muchas veces fluidas y ocasionales; y en la propia relación que mantenemos con nosotros mismos, como el miedo a estar solo y/o refugiarse en el silencio. Todo cambia de un momento a otro. Somos cada vez más mutables, como el agua, que siempre se amolda al recipiente que la contiene. Nada parece fijo para siempre.

Otrora, las personas estaban rodeadas por pocos medios de comunicación. El ritmo de la vida y, por tanto, del consumo, era diferente. Fluía en cámara lenta. Había tiempo para leer el periódico, oír la radio, visitar a los amigos. La televisión era el gran vehículo hegemónico, en torno al cual se reunía la familia. Al acuñar la expresión “aldea global”, Marshall McLuhan se refería exactamente a eso.

Los nuevos medios digitales introducen ahora la Cultura Snack (Carlos Scolari. La marca editora, 2020). La veloz competencia para captar la atención del público hace que aparezcan una infinidad de piezas textuales breves –clips, tuits, memes, trailers, webisodios, teasers, cápsulas informativas, Tik Tok, spoilers…— que se reproducen en las redes de manera viral. Es el arte de lo breve para consumir a “mordidas” aleatorias.

Por eso la metáfora de la “modernidad líquida”, popularizada por Bauman, ya no sirve para describir el momento actual. La idea del filósofo polaco partía de la transición de una sociedad sólida –signada por estructuras estables e instituciones duraderas— a una fluida, caracterizada por el cambio constante y la aversión a todo tipo de fijación. En ese escenario no se buscan soluciones permanentes: se prefiere la adaptación continua. De ahí la recurrencia de la palabra “innovación”.

En la modernidad líquida, ser flexible se convirtió en estar siempre listo para cambiar de opinión, ambiente u objetivo. La metáfora resultaba pertinente para pensar una modernidad todavía marcada por una lógica de flujo, desplazamiento y progreso.

Esa imagen presupone, además, una trayectoria lineal: el líquido sigue un camino, aunque irregular, con dirección y destino. Pero en el siglo XXI, con la introducción de las herramientas digitales, la dinámica social parece menos un río y más una nube de partículas que chocan en múltiples direcciones, caóticas, fragmentadas a imprevisibles.

La web no es un nuevo medio, sino un metamedio que acoge formatos, lenguajes y prácticas inéditos: de blogs a webisodios, de memes a narraciones. Esa nueva ecología mediática es cuna tanto de microtextos instantáneos como de megahistorias capaces de diseminarse por múltiples plataformas. Es la cultura snack, signada por la brevedad, la fragmentación, la remezcla, el exceso de información, la movilidad y la velocidad. Es el culto a la concisión llevado al extremo.

Si la liquidez simbolizaba el movimiento constante, el estado gaseoso alude a la dispersión radical de contenidos e interacciones. Los “textos” son como moléculas agitadas: múltiples, independientes y en constante colisión.

En ese ecosistema, pequeños cambios, como el surgimiento de una nueva aplicación o un nuevo formato puede desencadenar transformaciones a escala global. El coronavirus, un “meme biológico”, demostró el poder de algo diminuto para causar impactos masivos.

Un amigo me dijo que solo creería en la eficiencia de la Inteligencia Artificial (IA) el día que lo sustituyera en la academia y él, en casa, perdiera peso… Si bien ese ejemplo bordea el absurdo, lo cierto es que la IA tiende a atrofiar el raciocinio, la cultura y la creatividad de muchos usuarios.

Les estamos traspasando a las máquinas habilidades humanas que llevó milenios perfeccionar. Tal vez la epidemia mundial de obesidad tenga que ver con la pereza para mover el cuerpo, ya que los vehículos pueden transportarnos de un punto a otro del espacio, y equipos como los robots, son capaces de dispensarnos de los trabajos manuales.

El riesgo más inminente quizás consista en ignorar que un bloque de granito, tan consistente al tacto, es resultado de una danza de moléculas. En él, los átomos están en un constante movimiento que vibra continuamente en torno a posiciones de equilibrio a causa de la energía térmica. Si se observa al microscopio, el bloque es una danza continua de vibraciones. La danza es tan organizada que en el nivel macroscópico nos parece sólido.

Es lo que vemos en la coyuntura actual, cuyo mayor ejemplo es la política de Trump, que ignora el derecho internacional, las leyes y los tratados, incluso cuando se trata de socios históricos de la Casa Blanca como la OTAN. Trump actúa según sus caprichos intervencionistas y no existe ninguna instancia que lo detenga. Ante eso, personas físicas y jurídicas se sienten estimuladas a hacer lo mismo. Esa conducta se compara equivocadamente con “la ley de la selva”, expresión paradójica, porque en la selva hay ley y existen reglas.

Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau ya nos alertaron de que la naturaleza no es puro caos, violencia y ausencia de reglas. Los ecosistemas funcionan con patrones, equilibrios y restricciones bastante estructurados. En la selva existen relaciones relativamente estables entre depredadores y presas, competencia por los recursos, cooperación, simbiosis y nichos ecológicos. La selva no es falta de orden, es otro tipo de orden. Y los salvajes, los indígenas, casi siempre son más civilizados que quienes no habitan en la jungla.

El concepto darwiniano de “selección natural” como mera sobrevivencia del más fuerte es bastante criticado. Por lo general, sobreviven los más adaptables, cooperativos o integrados al ambiente. De ahí la importancia de evitar que este estado gaseoso desemboque en plasma, el cuarto estado de la materia, lo cual daría por resultado el apocalipsis de la civilización. El antídoto es la globalización de la solidaridad en pro de la paz como fruto de la justicia.

 

Reproducido de www.cubadebate.cu

Bloqueo energético: el rostro humano de una política obsoleta

Por Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

La voz desde Washington: un testimonio inesperado

La visita de los congresistas Pramila Jayapal y Jonathan Jackson a Cuba constituye un hecho singular en el panorama político estadounidense. Ambos, representantes de distritos con tradición progresista, recorrieron hospitales, escuelas y comunidades para constatar los efectos del bloqueo energético. Su declaración fue contundente: impedir la entrada de petróleo durante más de tres meses equivale a un bombardeo económico contra la infraestructura nacional. La imagen que transmitieron es la de un país sometido a una presión desproporcionada, donde la vida cotidiana se ve interrumpida por la falta de combustible y electricidad, y donde la población enfrenta un sufrimiento que no puede justificarse bajo ningún argumento de seguridad nacional.

Las escenas que relataron son desgarradoras: incubadoras apagadas en hospitales, niños sin transporte escolar, pacientes de cáncer sin acceso a tratamientos vitales, familias sin agua ni alimentos refrigerados y una producción agrícola reducida a apenas el 10 % de las necesidades de la población. Tras escuchar voces diversas —familias, líderes religiosos, empresarios, organizaciones de la sociedad civil, embajadores latinoamericanos y africanos, incluso disidentes— concluyeron que existe consenso en un punto esencial: este bloqueo ilegal debe cesar de inmediato. La fuerza de su testimonio radica en que no se trata de un discurso ideológico, sino de una constatación directa de la realidad que enfrentan los cubanos.

Jayapal y Jackson subrayaron además señales de apertura en Cuba: la liberación de más de dos mil prisioneros, reformas económicas que permiten inversión privada, el crecimiento de pequeñas y medianas empresas y la invitación al FBI para investigar un hecho violento. Para ellos, los obstáculos al progreso ya no están en la isla, sino en la persistencia de una política estadounidense anclada en la Guerra Fría. Su llamado fue claro: abrir negociaciones reales que garanticen la dignidad del pueblo cubano y beneficios compartidos para ambas naciones. Este planteamiento introduce un elemento novedoso: la posibilidad de que desde el propio Congreso se impulse un debate sobre la pertinencia de mantener una política que ha fracasado en sus objetivos declarados.

La importancia de esta declaración radica en que proviene de voces dentro del propio Congreso estadounidense. No son diplomáticos extranjeros ni activistas solidarios, sino legisladores que representan a ciudadanos de Estados Unidos. Su testimonio rompe con la narrativa oficial que justifica el bloqueo como medida de presión legítima. Al describirlo como “castigo colectivo” y “bombardeo económico”, introducen un lenguaje que conecta directamente con las categorías del derecho internacional, donde tales prácticas se consideran violaciones graves de los derechos humanos y del principio de soberanía de los Estados.

Además, la presencia de Jayapal y Jackson en Cuba refleja un cambio en la sensibilidad política de ciertos sectores progresistas en Estados Unidos. Ambos han estado vinculados a luchas por la justicia social y los derechos civiles, y trasladan esa perspectiva a la política exterior. Su visita no solo documenta el sufrimiento humano, sino que también abre la posibilidad de un debate interno sobre la pertinencia de mantener una política que ha fracasado en sus objetivos declarados. En este sentido, su voz se suma a la de académicos, organizaciones de derechos humanos y sectores empresariales que consideran el bloqueo una política anacrónica e ineficaz.

La declaración de los congresistas se inscribe en un contexto de tensiones crecientes entre Estados Unidos y el Sur Global. Mientras Washington insiste en medidas coercitivas, países como México, Brasil y China han mostrado solidaridad con Cuba mediante envíos de petróleo, alimentos y paneles solares. La voz de Jayapal y Jackson se suma a ese coro internacional que reclama el fin de una política anacrónica. La paradoja es evidente: mientras la comunidad internacional rechaza casi unánimemente el bloqueo en la ONU, la clase política estadounidense insiste en mantenerlo, ignorando el costo humano y el descrédito que genera.

El bloqueo como acto de guerra prolongada

Lo que los congresistas observaron este 2026 es la consecuencia directa de una política que se arrastra desde hace más de seis décadas. El embargo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde 1962 ha sido definido por Cuba como un acto de guerra en tiempos de paz. Desde la cancelación de la cuota azucarera en 1959 hasta la Ley Helms-Burton de 1996 y las 243 medidas adicionales del gobierno de Donald Trump, la estrategia ha sido privar a Cuba de recursos materiales y financieros para generar malestar social y debilitar el apoyo a la Revolución. La continuidad de esta política demuestra que no se trata de un mecanismo coyuntural, sino de un instrumento estructural de presión.

Fidel Castro lo describió en 1994 como una “guerra económica universal” contra toda gestión cubana en el mundo. Las pérdidas acumuladas superan los 147 mil millones de dólares, afectando sectores estratégicos y limitando el acceso a alimentos, medicinas y tecnologías. La comunidad internacional ha rechazado en múltiples ocasiones esta política en la ONU, calificándola de ilegal, anacrónica y violatoria de los derechos humanos. Sin embargo, las sucesivas administraciones estadounidenses han insistido en mantenerla, alegando razones que van desde la nacionalización de propiedades hasta supuestas violaciones de derechos humanos.

El bloqueo no es un embargo técnico, sino un entramado de sanciones que busca aislar diplomáticamente a Cuba y castigar a terceros países que comercien con ella. La persecución de navieras, aseguradoras y bancos ha encarecido los costos de transacción y ha obligado a recurrir a intermediarios, elevando artificialmente los gastos de las empresas cubanas. Pese a ello, la isla ha resistido, sosteniendo programas sociales universales, avances en salud y educación, y una política exterior basada en la cooperación y la solidaridad. La paradoja es que, a pesar de las pérdidas multimillonarias, Cuba ha logrado sostener indicadores sociales superiores a los de muchos países de la región.

La lógica del bloqueo responde a un memorándum de 1960 del funcionario Lester Mallory, que proponía privar a Cuba de recursos para provocar hambre y desesperación. Esa estrategia, diseñada en plena Guerra Fría, se mantiene vigente más de sesenta años después. La persistencia de esta política demuestra que no se trata de un mecanismo coyuntural, sino de un instrumento estructural de presión. La continuidad histórica del bloqueo revela que su objetivo no es la defensa de intereses económicos, sino la imposición de un cambio de régimen.

Las consecuencias han sido devastadoras: escasez de alimentos, medicinas y combustibles; dificultades para acceder a tecnologías de punta; deterioro de la producción nacional; y afectaciones monetarias y financieras que han limitado el desarrollo económico. El bloqueo ha impactado incluso en la emigración, al generar condiciones de vida más difíciles y obligar a muchos cubanos a buscar alternativas en el exterior. La dimensión humana de estas consecuencias es lo que los congresistas estadounidenses pudieron constatar en su visita, y lo que la comunidad internacional denuncia cada año en la Asamblea General de la ONU.

Sin embargo, la resistencia cubana ha sido notable. A pesar de las pérdidas multimillonarias, el país ha logrado sostener programas sociales universales, erradicar la pobreza extrema, reducir la mortalidad infantil y alcanzar altos índices de desarrollo humano. Estos logros, obtenidos en condiciones de hostilidad permanente, refuerzan la narrativa de que el bloqueo no ha logrado sus objetivos políticos. La voluntad de resistir y de buscar alternativas ha sido una constante en la historia de la Revolución, y constituye uno de los elementos que explican la capacidad de Cuba para enfrentar el cerco energético actual.

La denuncia actual del gobierno cubano

En enero de 2026, el gobierno cubano anunció que la isla era objeto de un “bloqueo petrolero” tras la imposición de aranceles adicionales a países que suministraran crudo. La interrupción total del abastecimiento agravó los apagones y la inestabilidad del sistema eléctrico, afectando la vida cotidiana en todos sus aspectos. Esta medida busca cortar las fuentes de ingresos y debilitar la imagen internacional de Cuba, pero también ha generado muestras de solidaridad desde otros países y organizaciones. La denuncia del gobierno cubano se inscribe en la continuidad histórica del bloqueo, pero introduce un elemento nuevo: la utilización del suministro energético como arma de presión.

La escasez de combustible repercute en la salud, la educación, el transporte y la producción de alimentos, mientras el gobierno acelera la transición hacia fuentes renovables y el aprovechamiento del crudo nacional. El cerco llega en un momento paradójico: Cuba gana espacios en un mundo multipolar, pero se convierte en objetivo central de la política estadounidense en el hemisferio. La paradoja es que, mientras la comunidad internacional reconoce la necesidad de diversificar las fuentes de energía y avanzar hacia modelos sostenibles, Estados Unidos utiliza el petróleo como instrumento de coerción política.

Convergencia de testimonios y realidades

La declaración de los congresistas estadounidenses no es un hecho aislado: se suma a décadas de denuncias sobre el carácter ilegal y deshumanizante del bloqueo. Lo que ellos observaron en hospitales, escuelas y hogares cubanos es la consecuencia directa de una política que, desde los años sesenta, ha buscado rendir a la isla por hambre y desesperación. El presente se enlaza con el pasado: las mismas estrategias de presión, ahora recrudecidas con un cerco energético, siguen teniendo como objetivo quebrar la resistencia de un pueblo.

El gobierno cubano, consciente de esta continuidad, ha denunciado el “bloqueo petrolero” como una nueva fase de la agresión. La interrupción del suministro de crudo no solo afecta la vida cotidiana, sino que pretende cortar las fuentes de ingresos y aislar diplomáticamente a la isla. Sin embargo, la respuesta ha sido acelerar la transición hacia energías renovables y fortalecer alianzas con países del Sur Global, mostrando que la resistencia no es pasiva, sino creativa y adaptativa.

La comparación con el Período Especial de los años noventa es inevitable. En aquel momento, la caída de la Unión Soviética provocó una contracción del PIB del 37 %, y la sociedad cubana enfrentó apagones prolongados, escasez de alimentos y transporte paralizado. Hoy, aunque las condiciones son distintas, el impacto del bloqueo energético evoca esa memoria colectiva. La diferencia es que Cuba cuenta ahora con una base productiva más diversificada y con aliados internacionales que han mostrado solidaridad frente al cerco.

La solidaridad internacional se ha expresado en múltiples formas: envíos de petróleo desde México y Rusia, donaciones de alimentos y paneles solares desde China, y caravanas de ayuda humanitaria organizadas por movimientos sociales de Estados Unidos, Europa y América Latina. Estos gestos no solo alivian la crisis, sino que también refuerzan la legitimidad de la denuncia cubana en el escenario internacional. La llegada del convoy “Nuestra América” en marzo de 2026, con cientos de activistas y toneladas de ayuda, es un ejemplo de cómo la sociedad civil global desafía las políticas coercitivas.

En la Asamblea General de la ONU, la resolución que exige el fin del bloqueo ha sido aprobada en 29 ocasiones con apoyo casi unánime. Sin embargo, la política estadounidense se mantiene inalterable. Esta contradicción entre el consenso internacional y la persistencia de Washington refleja el carácter unilateral de la medida y su falta de legitimidad. La voz de Jayapal y Jackson, al sumarse a ese reclamo, introduce un elemento nuevo: la posibilidad de que desde el propio Congreso se impulse un cambio.

El impacto social del bloqueo es profundo y multifacético. En el ámbito de la salud, ha impedido la adquisición de medicamentos y tecnologías de punta, provocando la muerte de pacientes que podrían haber sido tratados con equipos disponibles en Estados Unidos. En la educación, ha limitado el acceso a materiales y recursos, afectando la calidad de la enseñanza. En el transporte, la escasez de combustible ha paralizado servicios básicos y ha dificultado la movilidad de la población. Estos efectos, documentados por organismos internacionales, confirman que el bloqueo constituye una violación masiva de los derechos humanos.

Resistencia cubana

Frente a esta hostilidad prolongada, Cuba ha desarrollado una estrategia de resistencia basada en la creatividad y la solidaridad. La inversión en biotecnología y en la producción de vacunas propias ha permitido al país enfrentar epidemias y contribuir a la salud global. Durante la pandemia de COVID-19, Cuba produjo vacunas nacionales y envió brigadas médicas a decenas de países, demostrando que la cooperación puede prevalecer incluso en condiciones de asfixia económica.

La educación universal y gratuita, la igualdad de género, la reducción de la mortalidad infantil y el alto índice de desarrollo humano son logros que han resistido el embate del bloqueo. Estos avances, obtenidos en condiciones de hostilidad permanente, refuerzan la narrativa de que el bloqueo no ha logrado sus objetivos políticos. La voluntad de resistir y de buscar alternativas ha sido una constante en la historia de la Revolución, y constituye uno de los elementos que explican la capacidad de Cuba para enfrentar el cerco energético actual.

La cultura también ha sido un espacio de resistencia. La masificación del deporte, el acceso universal a la educación artística y la promoción de la identidad nacional han fortalecido el tejido social frente a la adversidad. En este sentido, la resistencia no se limita a la supervivencia material, sino que se expresa en la defensa de valores y principios que forman parte de la cultura nacional.

La cooperación internacional ha sido otro pilar de la resistencia. Programas como PetroCaribe, el ALBA y la colaboración médica han permitido a Cuba insertarse en dinámicas regionales de solidaridad y complementariedad. Aunque muchos de estos programas han sido debilitados por las sanciones estadounidenses, su legado demuestra que es posible construir alternativas al modelo hegemónico.

La transición hacia energías renovables es una muestra de cómo Cuba busca adaptarse a las nuevas condiciones. La instalación de parques fotovoltaicos y el aprovechamiento del crudo nacional son pasos hacia la diversificación de la matriz energética. Aunque insuficientes para cubrir toda la demanda, estas iniciativas reflejan la voluntad de encontrar soluciones propias frente al cerco.

Epílogo: continuidad y ruptura

El artículo revela tres planos complementarios: la mirada externa de congresistas estadounidenses que constatan el sufrimiento humano y llaman a un cambio de rumbo; la memoria histórica de un bloqueo que se ha prolongado por más de seis décadas y que Cuba define como un acto de guerra; y la denuncia actual del gobierno cubano frente al cerco energético que agrava las condiciones de vida de la población.

Lo que comenzó como un embargo azucarero en 1959 se ha transformado en un cerco energético en 2026, pero la voluntad de Cuba de resistir y buscar alternativas sigue intacta. La declaración de Jayapal y Jackson añade un elemento inesperado: desde dentro de Estados Unidos se reconoce que esta política es cruel, obsoleta y debe terminar. La paradoja es que, mientras la comunidad internacional reclama el fin del bloqueo, la clase política estadounidense insiste en mantenerlo, ignorando el costo humano y el descrédito que genera.

Hoy la crisis energética se traduce en un país prácticamente paralizado. La falta de combustible ha dejado a miles de ómnibus y camiones fuera de servicio, lo que impide que los trabajadores lleguen a sus centros laborales y que los estudiantes asistan regularmente a las escuelas. El transporte público funciona de manera intermitente y las familias deben caminar largas distancias o recurrir a medios alternativos, lo que incrementa el desgaste físico y emocional de la población. Esta situación recuerda los años más duros del Período Especial, pero con un agravante: ahora el cerco energético es deliberado y forma parte de una estrategia de presión política.

Los apagones prolongados han alterado la vida cotidiana. En muchas provincias, la electricidad solo está disponible unas pocas horas al día, lo que afecta la conservación de los alimentos y la preparación de las comidas. Las familias deben improvisar fogones de leña o carbón, lo que incrementa los riesgos para la salud y deteriora el medio ambiente. La falta de refrigeración ha provocado pérdidas en la producción agrícola y en el comercio minorista, reduciendo aún más la disponibilidad de alimentos. La población enfrenta un círculo vicioso: escasez de combustible, apagones, deterioro de la producción y encarecimiento de los precios.

La crisis también golpea al sistema de salud. Los hospitales carecen de electricidad estable para mantener en funcionamiento equipos vitales como incubadoras, respiradores y máquinas de radioterapia. Los médicos deben enfrentar la angustia de ver cómo pacientes con cáncer o bebés prematuros corren riesgos innecesarios por la falta de energía. La escasez de medicamentos, agravada por las restricciones financieras, ha obligado a suspender tratamientos y a depender de donaciones internacionales. La paradoja es que un país con capacidad científica para producir vacunas y medicamentos propios se ve impedido de acceder a insumos básicos por el bloqueo.

En el ámbito económico, la falta de combustible ha paralizado industrias y ha interrumpido cadenas logísticas. La producción nacional se ha reducido drásticamente y las exportaciones han caído, lo que limita la entrada de divisas. El turismo, uno de los principales motores de la economía, se ve afectado por la escasez de combustible para la aviación y por las recomendaciones de algunos países a sus ciudadanos de evitar viajar a Cuba. La crisis energética se convierte así en un obstáculo para la recuperación económica y en un factor que incrementa la vulnerabilidad del país.

La vida cotidiana de las familias refleja la magnitud del problema. Sin transporte, sin electricidad estable y con alimentos a altos precios, la población enfrenta un desgaste constante. La inflación, alimentada por la escasez y la depreciación del tipo de cambio, ha reducido el poder adquisitivo de los salarios. La emigración se convierte en una opción para quienes no ven perspectivas de mejora, lo que genera un impacto adicional en la estructura social.

Frente a esta realidad, la resistencia cubana adquiere un nuevo significado. No se trata solo de mantener programas sociales o de sostener indicadores de salud y educación, sino de sobrevivir en condiciones de asfixia deliberada. La creatividad popular, la solidaridad comunitaria y la cooperación internacional son los pilares que permiten enfrentar la crisis. La llegada de ayuda humanitaria desde México, Rusia, China y otros países demuestra que la comunidad internacional reconoce la injusticia del bloqueo y busca aliviar sus efectos.

La conclusión es clara: el bloqueo constituye un acto de guerra prolongado que ha fracasado en sus objetivos políticos, pero que ha causado un sufrimiento incalculable. La resistencia cubana, basada en la creatividad, la solidaridad y la defensa de valores nacionales, ha permitido al país sostener logros sociales y enfrentar nuevas formas de agresión. La voz de los congresistas estadounidenses, al sumarse a este reclamo, abre la posibilidad de un cambio. El desafío es transformar esa posibilidad en realidad, trazando un nuevo rumbo que garantice la dignidad del pueblo cubano y beneficios compartidos para ambas naciones.

El autor es periodista, Investigador de temas históricos y escritor cubano.