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Proliferan las antenas de comunicación

Telecommunications antenna for radio, television and telephone with cloud and blue sky

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Seis comunidades han acudido hasta ahora a los tribunales para impugnar los permisos de construcción, en estos casos, de torres de comunicación, otorgados por la Junta de Planificación (JP) y la Oficina de Gerencia de Permisos (OGP) bajo el Reglamento Conjunto 2019 y 2020, los cuales han sido declarados nulos por el Tribunal Supremo de Puerto Rico (TSPR).

El licenciado  Jesús Morales Irizarry, representante legal de varias comunidades, indicó a CLARIDAD que, en lo que a él concierne,  hay  seis casos —de los cuales él representa cinco— que están impugnando la otorgación del permiso de construcción por la OPG.  Los  casos en cuestión son en el barrio Montones, en Las Piedras; en la urbanización La Perla del Sur, en Ponce; en la comunidad Las Jaguas, en Gurabo,  en la urbanización las Margaritas, en Salinas, y en la comunidad Cañaboncito, en Caguas. El otro caso es de una comunidad en Ceiba. Mientras, la comunidad Goyito Muñiz, de Aguada, mantiene su caso en el Tribunal de Primera Instancia, tratando de que el tribunal reconozca los argumentos de salud y seguridad.

En el caso de la comunidad de Salinas, indicó que el permiso original fue otorgado en el 2015, pero luego la compañía abandonó la construcción y una nueva compañía compró el lugar y el permiso. Esto es contrario a la ley, que dice que si hay un permiso a nombre de otra persona y esta deja la construcción,  el nuevo interesado  tiene que solicitar otro permiso. En el ínterin, luego de dos desestimaciones a favor de la JP y la OGP,  la comunidad se quedó sin ningún remedio, cuando se supone que tiene tres recursos disponibles. Ahora, según la Oficina  Administrativa de la OGP, el caso fue devuelto a la OGP dado a que tanto OGP  como la JP han dicho que van a continuar usando el RC del 19 y el 20.

“El problema de esto es que, en la realidad, para las comunidades el derecho es algo abstracto. Pero lo que uno ve en las comunidades es que hay estos casos en zonas de deslizamiento, zonas protegidas. El hecho de limitarse a revocar en Derecho por usar el reglamento que no era lo que hace es que devuelve a las comunidades al día uno, que tienen que volver a defenderse. Como no dijeron nada de los otros méritos, la OGP le dice al proponente que lo que tiene que hacer es volver sobre el permiso, como en el caso de Cañaboncito, que hay récord de deslizamiento. Cada vez me convenzo más de la mafia de permisos que denuncian algunos. Las comunidades vuelven al día uno y no se resuelve el problema”.

Expuso que en la División de Revisiones de la Junta Adjudicativa de OGP, que  es la que ve los permisos discrecionales, los empleados son de carrera. Pero la persona que ocupa la posición de juez administrativo de la Junta es de la confianza del gobernador,. Es un puesto que se remueve por ley cada cuatrienio. Esta persona casi siempre decide en favor de las compañías, explicó Morales Irizarry.

Por su parte, Wilson Rivera, portavoz del Frente de Comunidades Contra la Proliferación de Antenas, mencionó a la comunidad Torres del Castillo, en Cayey, como una beneficiada con la decisión del tribunal. No obstante, aclaró que esa determinación  no les aplica a todas las comunidades debido a que las torres se regulan por la Ley 89 del 2000. “A pesar (de que) lo estamos  considerando  con otras comunidades, estamos en el proceso de solicitar que se anulen los permisos”.

El portavoz del Frente reiteró las denuncias de que aun cuando hay casos en los que se han declarado nulos los permisos las empresas continúan con la construcción. Trajo la situación de la comunidad Montones, en Las Piedras, que aun cuando  se declaró  nulo el permiso, la empresa Innovattel  comenzó a trabajar allí. Pese a que la portavoz de la comunidad denunció la situación y llamó a la Policía,  el policía que acudió le dijo que como no era una situación criminal no podían intervenir, aunque sí le  admitió que lo había visto y que estaba dispuesto a declarar.

“El problema aquí va mucho más allá de la ley.  Aquí se gobierna casi por decreto. La OGP no está dando cuentas. La JP aprueba como  ellos creen, como si fuera fast track. Es obvio que la nulidad del reglamento ayuda. Es un elemento más en el caso de la proliferación de antenas”.

En tanto, la medida PS 319 que busca un nuevo proceso con nuevos parámetros para la ubicación y  que las comunidades tengan una mayor participación se encuentra detenida en la Comisión de Innovación, Telecomunicaciones, Urbanismo e Infraestructura del Senado desde noviembre del 2021, confirmó la portavoz de  Las Margaritas, Wanda Janet Ríos Colorado. “Tuvimos dos vistas públicas y todavía está en la Comisión; pero no ha pasado nada”.

Ríos Colorado dio a conocer que en el caso de Las Margaritas, el año pasado la JP le cambió la zonificación de área inundable a los terrenos donde se quiere levantar la torre  y ahora hay dos documentos. En uno dice zona indudable y en el otro no. Esto,  sin cambiar los mapas de zonificación. Reveló que al preguntar en la JP el porqué de los cambios, le dijeron que fue una decisión que se tomó sin notificación. Al cuestionar sobre la participación de los miembros de la JP, la persona que la atendía ni siquiera la dejó terminar y dijo que el miembro de la Junta, ingeniero José Díaz, se inhibió. Díaz es también miembro de Innovattel.

“Las compañías siguen construyendo sin hacerle caso a la decisión del tribunal”, criticó Ríos Colorado.

 

 

Ucrania entre la OTAN y la Gran Rusia

 

CLARIDAD

Si le creyéramos a cualquiera de los bandos en la guerra de Ucrania, habría que concluir que en esta tercera década del siglo XXI el nazismo que personificó Adolf Hitler está más vivo que nunca. Desde el lado invasor, Vladimir Putin ha intentado justificar su acción diciendo que busca “desnazificar” a su vecino, mientras quienes denuncian la invasión rusa hacen todo lo posible por pintar a Putin como un nuevo Hitler. Es que, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y más aún desde que se conoció en toda su magnitud la brutalidad del régimen nazi, no hay mejor manera de satanizar a un enemigo que vinculándolo con el nazismo. En el actual conflicto estamos viendo ese uso en las dos direcciones.

Creo que el único parecido que Putin tiene con el sátrapa alemán es el nacionalismo imperial que lo guía. Igual como Hitler soñaba con un Tercer Reich milenario, Putin aspira a una poderosa “Gran Rusia”. Formado como un soldado de la guerra fría, cuando la Unión Soviética era el “otro polo” del mundo bipolar, nunca estuvo dispuesto a aceptar el papel reducido que empezó a tener Rusia a partir de 1991. Desde que llegó al poder hace más de 20 años, su principal objetivo ha sido devolverle el protagonismo que la URSS tuvo por más de 40 años, comenzando por restaurar su dominio en el Este de Europa.

Desde los tiempos de la zarina Catalina II, mejor conocida como “la Grande”, el Este europeo ha sido el patio trasero de Rusia, de la misma manera en que, tras la llamada “doctrina Monroe”, el Caribe y Centroamérica lo es de Estados Unidos. La historia del siglo XX está llena de las acciones de ambos dirigidas a tratar de mantener a raya cualquier incursión “extraña” en su campo de influencia, recurriendo a intervenciones armadas cuando se presenta la amenaza, Tras el colapso de la URSS, el cordón de naciones que se ubican desde el Báltico hasta el Mar Negro se movió ideológicamente hacia el oeste, tratando de alejarse lo más posible del antiguo “patrón”. Desde que Putin llegó al poder ha tratado de revertir ese proceso con una mezcla de negociación y fuerza. Desde las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX, ese cordón de naciones había operado como “buffer zone” de Rusia y el principal objetivo de Putin ha sido tratar de restituirlo.

Parecería lógico pensar que, habiéndose convertido Rusia, a partir de 1991, en un gran estado capitalista, no hubiese tenido dificultad para contemporizar con sus homólogos del oeste. De hecho, la oligarquía que controla su economía se ha entrelazado en relaciones de negocios con su contraparte en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de esta interrelación económica, el antagonismo ha sido la norma desde que Putin consolidó su poder en Rusia. Después de todo, no podemos olvidar que las dos grandes guerras del siglo XX se originaron entre estados capitalistas. En el caso de la Segunda, el único estado no capitalista, la URSS, entró al conflicto porque la invadieron. El hecho de que se comparta el régimen económico no es garantía de solidaridad, más bien lo contrario.

El comportamiento de Estados Unidos y sus aliados europeos a partir de 1991 ha estimulado ese antagonismo. Aunque su alianza militar, la OTAN, creada para un potencial enfrentamiento con la URSS, parecía un anacronismo una vez esta desapareció y el capitalismo se impuso en Rusia, ha sido mantenida y ampliada. En los años ’90, cuando se hablaba de una “nueva era”, se consideró su desmantelamiento, pero ese no ha sido el caso. Uno tras otro, países del antiguo “buffer zone” ruso han ido entrando a la alianza militar, y hasta estados que fueron parte de la URSS, como Estonia y Lituania, ahora están en la OTAN. Esta ampliación sólo se explica como un cerco defensivo frente a Rusia, que esta lógicamente interpreta como una amenaza. Ahora mismo hay misiles apuntando hacia el este desde Polonia y también proyectan colocarlos en Estonia.

La posible entrada de Ucrania a la OTAN fue la razón o la excusa que movió a Putin. Su histórica vinculación de esta a Rusia desde antes de Catalina II, la amplia frontera entre ambos y la gran población rusa que vive en su territorio la hacen muy particular. Sintiéndose amenazado, el líder ruso ha pretendido lanzar un golpe “preventivo”. Desde el otro lado se le acusa de no darle tiempo a la negociación, pero poco sabemos si, efectivamente, los otros negociadores estaban dispuestos a detener el avance de la alianza militar.

Por otro lado, no podemos ser tan ingenuos para pensar que, teniendo la posibilidad de ganar control de Ucrania con la invasión desatada, el objetivo de Putin se limite a una garantía de mantenerse fuera de la OTAN. Su compromiso con la “gran Rusia” lo incita a querer mucho más. En sus discursos previo a la operación militar puso énfasis en la unidad histórica entre Rusia y Ucrania, y hasta culpó a Lenin por darle estatus de república dentro de la URSS. La anexión de todo o parte del codiciado territorio ucraniano definitivamente está sobre el tapete.

El resultado de este último evento dependerá del desarrollo de la guerra y de la resistencia de que sean capaces los ucranianos. Si la invasión resulta avasalladora, la anexión es inevitable. Si la resistencia es grande, Rusia tendrá que buscar una salida negociada.

Durante su larga historia de relación con Rusia, Ucrania nunca ha dejado de aspirar y luchar por una completa independencia. Esa aspiración y el rechazo al eterno interventor, llevó a un sector de la población a darle la bienvenida a la invasión nazi en 1941 y a colaborar con ella. De ahí nacen las declaraciones de Putin de que es necesario “desnazificar” a Ucrania. Se refiere, además, a la existencia de un sector político de extrema derecha que participó en las protestas que en 2014 provocaron un cambio de gobierno. Entonces fue sacado del poder el grupo que la prensa estadounidense definía como “pro ruso”, siendo sustituido por otro muy cercano a Estados Unidos y la Unión Europea. (De ese gobierno formó parte Natalie Jaresko, a quien le dieron la ciudadanía ucraniana el mismo día que juró como ministra.) Esa extrema derecha, sin embargo, no es mayoritaria en Ucrania.

Como vemos, la situación en Ucrania es compleja y tiene muchas explicaciones. En el medio de los objetivos imperiales de uno u otro lado está una población que quiere una vida tranquila y que siempre ha aspirado a la plena independencia.  Aunque Rusia vuelva a dominar, esa aspiración no desaparecerá.

“No vine a matar”

 

Lolita vivía sola —desde el 7 de febrero de 1954— en una de las habitaciones de una “casa de huéspedes ubicada en el número 315 de la calle 94 oeste”. Cuando alquiló el cuarto allí dio como dirección la avenida Lexington 1861, pero no indicó que esa dirección correspondía al local de la Junta del Partido Nacionalista.  En realidad, anteriormente había vivido por más de un año en una pensión en la Calle 78, núm. 159 oeste propiedad de Clara Grimsehl.

Luego de los eventos en el Congreso del 1ro de marzo de 1954, la policía registró minuciosamente su cuarto en la pensión de la Calle 94 oeste. Allí, entre otros documentos, encontraron varios poemas y una carta. Dice la noticia reproducida en periódico El Imparcial: “El pasado 23 de enero, Lolita terminó una poesía en español que dice:

Al fin el martirio.

La vida no se ha desperdiciado.

Escucho los ecos de mi propio canto.

En otra escribió:

Cielo, recíbeme,

el momento ha llegado.

Recientemente, escribió una carta a su hija en Puerto Rico, pidiéndole simpatía [sic] y comprensión por lo que ella ‘estaba a punto de hacer’.

La carta fue escrita el día que la Lebrón cumplió los 34 años de edad, y nunca fue puesta al correo.

‘¿Qué derecho tengo a imponerte esto?’ Preguntaba en la carta a su hija. ‘Tú eres una criatura inocente. Pero algún día tu entenderás, y te sentirás orgullosa.

No tengo derecho a marcar nuestras vidas en esta forma, pero tampoco tengo derecho a dejar [de] cumplir mis deberes’.”  Lolita también hizo allí la bandera que llevaría en su misión.

El texto de esta carta nos permite palpar en Lolita, no solamente su disposición de ánimo y su profunda resolución, sino también su batalla espiritual en el momento más crucial de su vida. ¿Qué motivó a Lolita a dejar entre sus pertenencias esta constancia escrita? No cabe duda que reconocía la trascendencia del paso que estaba a punto de dar y que quería hacer constar que sus últimos pensamientos y reflexiones eran para sus hijos, en estas horas de entrega en la nobleza del honor. Sabía que no saldría viva. Lo dejaba todo por la libertad de su Patria. Recientemente había recibido una orden de su Maestro —Pedro Albizu Campos— y, cónsono con su juramento de “dar vida y hacienda” por la independencia, no lo defraudaría.

Días antes le había hecho llegar a su hija de catorce años, Gladys Myrna, un poema que se hizo público el 5 de marzo de 1954:

En la Patria

Para ti yo pulsaría mi guitarra feliz y sonriente

Y haría que danzaran alegres en tu planta horizontes de luz;

Para ti yo traería primaveras rosadas y blancas

para que bebieras el vino blanco de todos los rocíos

y las mieles rosadas de todas las auroras,

y en sus albas te bañaras de amor,

y fueras como ellas hermosa, como ellas pura,

como ellas casta.

Para ti yo sería poetiza,

para que en mi verso el astro de tu amor se reflejara

y naciera para ti mi poema perfecto;

para ti yo sería fuente cantarina

para que llenaras tu núbil copa de fragancias,

y en mi cantaras y te inspiraras.

Para ti yo sería brisa acariciadora

con ternuras de luna y de sol,

con frescura de montañas y perfume de valles;

para ti yo sería mártir,

para que en mi calvario florecieran límpidos horizontes

para salvarte y conducirte impoluta

al Mas Allá…

Si tal poder me fuera dado

sería para ti latido vivo de Esperanza,

esencia de gloria y amor.

Y todo porque nunca como yo

tu fueras triste,

y alegre fueras siempre como un amanecer.

¿Cómo llegó la orden de Albizu a Lolita? ¿Por qué a ella? ¿Por qué no a Pinto Gandía, quien estaba a cargo de la Junta Nacionalista?

Hacía unos meses Ruth Reynolds —quien había viajado a Nueva York especialmente para verla— le había pedido que se vieran a solas, pues tenía un recado para ella. Acordaron reunirse una mañana en una cafetería en Manhattan. Allí Ruth le entregó “un papelito” el cual Lolita leyó emocionada e, inmediatamente, lo picó en pedacitos. El Maestro ponía sobre sus hombros una misión de suprema importancia para los objetivos políticos del Movimiento Libertador. El Imperio confabulaba y pretendía hacerle creer al mundo que Puerto Rico había resuelto su problema colonial. El desenmascarar esa patraña tenía que tener resonancia mundial y había que hacerlo ante un escenario grandioso. Había que, a toda costa y a cualquier precio, llamar la atención del mundo.

Para lograr ese objetivo, la nombraba Delegada General del Partido Nacionalista de Puerto Rico en Estados Unidos y le pedía que fueran atacados cuatro objetivos símbolos del poder imperial en Washington: el Capitolio, la Casa Blanca, el Pentágono y el Tribunal Supremo.  Comenzaba para Lolita su encuentro con la Historia.

Para Albizu la Junta Nacionalista de Nueva York era, tal vez, la más importante de sus trincheras. De hecho, era la Junta que más contribuía económicamente al sostenimiento del Partido. Él estaba al tanto de sus actividades e iniciativas, pues le llegaban informes del trabajo que realizaban allí sus militantes. Sabía del liderazgo ganado por Lolita entre la militancia, la solidez de su compromiso y de su voluntad de temple inflexible. También reconocía el trabajo de las mujeres que siempre sobresalieron en el grupo de Nueva York, entre las que distinguía Lolita; pero consideró a la lareña como la más capaz.

Lolita estaba sumamente consciente de las limitaciones que imponían las circunstancias. El primer escollo fue imponerse por sobre el liderato de Julio Pinto Gandía, quien ostentaba entonces la presidencia de la Junta de Nueva York, y, la más árida de las tareas, comprometer voluntarios para la misión. El reclutamiento suponía prudencia y mucha, mucha, discreción.

¿Por qué la orden de Albizu no le fue dada a Pinto Gandía? ¿Se le había requerido antes hacer algún otro operativo? No lo sabremos. Recordaba Lolita: “Pinto Gandía no podía dar más de sí. Albizu decía que no tiraba ni un aguacate”.  Evidentemente la situación fue tensa y ahora —a muchos años de distancia de los hechos— se hace imposible, rastrear las personas que influyeron o que fueron determinantes en los planes. Era imperativo —para evitar riesgos y filtraciones en el grupo conspirador— limitar el conocimiento de la información a un mínimo de personas. Entre los confabulados estuvo Pinto Gandía. “Él ayudó”, así lo reconocía Lolita, aunque sostuvo en todo momento que fue ella quien, desde el principio, tomó el mando de la operación.

El 7 de febrero de 1954 la Junta Nacionalista de Nueva York celebró una reunión secreta en la cual “fue nombrada delegada en N.Y. del Partido Nacionalista de Puerto Rico la joven Lolita Lebrón”.  Recordaba Lydia Collazo Cortés: “En 1954, desde Puerto Rico me nombraron sub delegada del Partido Nacionalista en Nueva York, por órdenes de don Pedro. […] La delegada en propiedad era Lolita Lebrón. Hubo confusión con este nombramiento en Puerto Rico porque creyeron que se trataba de Lolita Torresola, quien también fue luchadora por la independencia de Puerto Rico y una trabajadora incansable en la lucha que librábamos. Pero la que fue nombrada como delegada de la Junta fue Lolita Lebrón, quien no duró mucho tiempo en el puesto por los eventos que sucedieron poco después en 1954”.

Recordaba Irvin Flores: “Luego de unas cuantas reuniones supe quiénes nos acompañarían. Y cuando me enteré de que la compañera Lolita Lebrón iría a la misión pensé, y así lo hice saber a mis compañeros, que Lolita sería más valiosa quedándose afuera. Porque nuestra acción envolvería nuestras vidas o la cárcel y ella tenía un gran historial, una gran calidad de líder, de militante a carta cabal; y podía rendir una labor más meritoria sin participar en una misión tan peligrosa. Pero Lolita había sido nombrada delegada plenipotenciaria de la Junta de Nueva York por don Pedro Albizu Campos y ella tenía plenos poderes para decidir esta cuestión y decidió ir”.

Lolita, en el proceso de dar con hombres decididos, dispuestos al más alto grado de sacrificio, se aventuró a ir a Chicago a persuadir a su hermano Gonzalo (entonces miembro de la Directiva de la Junta Nacionalista en esa ciudad) para que le ayudara en el reclutamiento. Con los pocos dispuestos en Nueva York no era suficiente para atacar todos los objetivos propuestos. Incluso, Pinto Gandía se oponía a que ella participara. Sugería que ella podía “atender a la prensa” cuando llegara la ocasión. En el pequeño grupo se manifestaban fuertes y ardientes pasiones. Incluso, luego de una álgida reunión, “ellos fueron a un parque a conversar” y Lolita los siguió y los encaró. Finalmente, audaz y desafiante, se impuso. La encomienda le había sido dada a ella. Es en ese contexto que viaja a Chicago.  Pero la misión en la Ciudad de los vientos no rindió frutos. A Lolita le bastó una conversación para percatarse que allí no podía contar ni con su propio hermano.

El sábado, 27 de febrero, la Junta Nacionalista de Nueva York celebró una actividad para recaudar fondos para el Partido en la residencia del nacionalista Juan Bautista Colón. En la fiestecita se encontraban, entre otros los jóvenes militantes Irvin Flores, Rafael Cancel Miranda, Andrés Figueroa Cordero y Lolita. Los encargados de cobrar la entrada eran la esposa de Oscar Collazo, Rosa Cortés, y otro “militante” que luego resultó ser un agente infiltrado en el grupo.

La operación encomendada a Lolita era una altamente sensitiva. A pesar que en el Partido Nacionalista siempre hubo agentes y confidentes de la policía infiltrados —como lo demuestra la gran cantidad de informes en las carpetas de la División de Inteligencia y las agencias federales— en la planificación del operativo no hubo negligencia alguna. Todo estuvo celosamente planificado, no hubo descuido, no hubo filtración; lo que demuestra la fidelidad, destreza y capacidad de actuar en condiciones difíciles que tenían los escogidos. Aunque, no obstante, el FBI venía hacía meses pisándole los talones.

El último trabajo que tuvo Lolita fue en la fábrica de ropa Stelton Manufacturing, Co. Apenas a una semana del ataque al congreso unos agentes del FBI habían vuelto a visitar al presidente de la compañía, Harold Werner, y le indicaron que la puertorriqueña estaba bajo vigilancia —por subversiva— y le pidió que los mantuviera informados tan pronto ella dejara el empleo. Werner sabía que Lolita estaba en trámites de divorcio, pero no se lo comentó a los agentes.  No era la primera vez que el FBI intervenía con los patronos que la empleaban para procurar su despido. De hecho una ex empleada de la fábrica de Werner divulgó, después de los sucesos, que el FBI había estado “hacía meses” en contacto con ella procurando información sobre Lolita.

Así las cosas, con los pocos elementos dispuestos al sacrificio, hubo que planificar en frío un audaz acto de ardiente significado histórico.

Ninguno de los seleccionados conocía la capital federal. Entonces decidieron encomendarle a Rafael Cancel Miranda la tarea de examinar el terreno de la acción. El patriota mayagüezano viajó a Washington, dos días antes del operativo, para “explorar la situación de cómo llegar allí”. “Fui solo y desarmado haciéndome pasar por turista, y me senté en las butacas de las galerías del público”. […] “La misión mía iba a ser esa: la de ir a explorar, traer mapas y esas cosas. Pero al regresar pensé que yo debía ser parte porque conocía el territorio y por otras cuestiones; porque creía en lo necesario de la acción”.

Rompiendo el alba salieron cada uno de sus respectivos apartamentos.  En una concertación de valor, esa mañana —lunes, 1ro de marzo de 1954— se encontraron en la estación central del tren en Nueva York. Allí el pequeño comando de patriotas puertorriqueños compró boletos de ida a la Capital Federal, pues sabían que no había vuelta atrás. En el trayecto —recordaría muchos años después Lolita— “algunos sacaron unas fotos familiares” y ella los reprendió: “¡Dejen eso!”. Quería evitar que la nostalgia los embargara. No hacía falta provocar recuerdos ni dejar aflorar sentimentalismos.  Era difícil encontrar una sonrisa en aquellos asientos pues la adrenalina soldaba en los patriotas el ardor de la resolución. Los cuatro sabían de la magnitud del peligro que enfrentaban …y de la gloria que les esperaba. La Patria lo exigía todo. Saberse condenados a muerte era lo menos importante, quien estaba condenada a muerte era la Patria. Contra la fuerza del engaño de los Estados Unidos —y de su abnegado súbdito colonial— demostrarían que en Puerto Rico había una nación firme y que el mundo no lo podía seguir ignorando más. Mientras, el tren continuaba su ruta hacia la historia.

Horas después arribaron a la estación ferroviaria de Washington y, supuestamente, almorzaron allí en la cafetería …y luego se fueron a pie hasta el Capitolio.  En el juicio los patriotas puertorriqueños alegaron que el almuerzo no fue en la estación de trenes, como alegaban los fiscales; dijeron que lo habían hecho en un restaurante italiano, pero ninguno recordaba el nombre del lugar.

El grupo llegó a las escalinatas del Capitolio bajo una pertinaz llovizna. Se detuvieron por un momento y uno de ellos, el más joven, sugirió dejar el operativo para el día siguiente. Lolita se opuso y les dijo: “Yo voy, el que quiera que me siga”. Y siguió subiendo. Ninguno titubeó y la siguieron.

“Ella subió esas escalinatas —recordaría muchos años después Cancel Miranda— y yo vi a esa mujer, y no me canso de decirlo, que llevaba no solo la bandera nuestra, llevaba la dignidad nuestra por las escalinatas donde tantos se han arrastra’o y arrodilla’o y han ido a lismonear ante los gringos. Ahí iba esa mujer puertorriqueña, lareña, subiendo esas escaleras segura de que iba a morir. Porque ella a lo que fue, fue a dar la vida”.

Años más tarde Lolita le confesaba a Francisco Matos Paoli: “Yo fui designada por el Maestro ‘la Delegada General del Partido Nacionalista de Puerto Rico en los Estados Unidos’, y fue en esta posición que dirigí el ataque. Un compañero, quien se puso a mis órdenes me ayudó a organizarlo. Yo escogí la fecha porque había leído en esos días acerca de la Conferencia Interamericana en Caracas. Fue idea mía lo de la fecha. Lo de yo ir personalmente, también. Yo podía dirigirlo sin ir, pero dudaba que se efectuara según yo quería y, aparte de eso, fui totalmente infundida del deseo potentísimo de ir al frente. (Después vi que, si yo no hubiese ido, no se hubiese llevado a cabo el 1ro de marzo; quizás, al otro día.)”.

Free Puerto Rico Now!

Al llegar a la entrada, el portero de la galería, W.S. Elgin, les preguntó si portaban “cámaras o anteojos”, objetos prohibidos en la galería, y ellos contestaron en la negativa. Entraron a las 2:20 p.m. y se sentaron en la “southwest gallery” de visitantes, contigua a la de la Prensa; cada uno con su particular torrente de adrenalina y el pecho henchido de emoción.

En el preciso momento en que los legisladores comenzaban la votación del proyecto para permitir la importación de trabajadores agrícolas mexicanos (“Wetback” Bill) Lolita desplegó la bandera puertorriqueña, empuño la pistola que llevaba en la cartera, dio la orden y comenzó también el tiroteo. Desde la galería de los espectadores se escuchó un rotundo grito de mujer: Free Puerto Rico Now!. Eran las dos y media de la tarde.

El congresista de Tenesí (Percy Priest), quien estaba sentado en la fila frente al representante de Alabama, Kenneth A. Roberts, dijo: “Alguien dispara petardos”. En ese momento el de Alabama sintió una sensación quemante en la pierna y gritó “¡Estoy herido!”. Cayó sobre sus manos y piernas y gateó hasta la próxima fila de asientos donde Priest le aplicó un torniquete.  “Después del primer disparo se produjo un pandemónium en el hemiciclo de la Cámara. Algunos representantes corrieron hacia las puertas, otros se escondieron bajo sus mesas y otros fueron en ayuda de los heridos”. “Pasado el tiroteo se notó que una de las balas se había incrustado en el techo de la Cámara, cerca del Sello de Estados Unidos”. “Los disparos fueron hechos desde la galería de los visitantes que se eleva a la izquierda de la tribuna del Presidente de la cámara”. Al ser detenida, Lolita gritó “Quiero libertad para Puerto Rico”.

El Representante republicano por Pensilvania, Louis E. Graham, dijo a la prensa: “Estoy seguro que vi a cuatro personas disparar. La mujer estaba disparando al techo, pero estoy seguro que los tres hombres disparaban hacia abajo, al hemiciclo”.  Doña Lolita siempre nos dijo que ella nunca disparó a matar, disparó hacia el techo. Luego de su arresto dijo: “Yo no vine a matar, vine a morir por mi Patria”. Rafael Cancel Miranda narra el momento: “Irvin disparó, yo lo vi disparando. Lolita tiró al techo. A Andresito no le funcionó la pistola. Y yo, pues, disparé para abajo. Vacié la pistola mía, que era una P-38”.

“Ella tiró al techo. […] Lolita nunca ha sido mujer de armas. Aquella fue la primera vez que tuvo un revólver en sus manos”.

Dos periodistas que se encontraban en el palco de la prensa advirtieron la poca destreza de los “atacantes”: Les parecía que las pistolas fueran muy pesadas para ellos; simplemente dispararon al azar; si el grupo hubiese procurado que cada bala contara, la cuota de congresistas heridos hubiese sido horrible en esos momentos.  No sabían los periodistas (imposible saberlo) que la intención de los patriotas puertorriqueños era llamar la atención mundial sobre la situación colonial de su Patria. “La misión —recordaba, años más tarde Cancel Miranda— llevaba, como motivo principal llamar la atención del mundo hacia la realidad colonial de Puerto Rico precisamente en el momento en que Estados Unidos estaba proclamando que Puerto Rico era un estado soberano”.  También lo señala Irvin Flores: “Nosotros, con esa acción, daríamos un mentís a Estados Unidos en sus propósitos en las Naciones Unidas donde dijeron que Puerto Rico era un país libre”.

Terminado el tiroteo, declararía más tarde en el juicio el policía del Capitolio John L. Brunner: ”cuando llegué a la galería de visitantes y la detuve la señora Lebrón había tirado la pistola, pero agarraba fuertemente la bandera”. Dijo que le quitó la bandera en el pasillo, inmediatamente después del tiroteo y que no ofreció resistencia. Declaró que Rafael “estaba tranquilamente de pie y tampoco ofreció resistencia”. Sin embargo “[Andrés] Figueroa se resistió a deshacerse del arma”.

La policía identificó a los boricuas: “Lolita Lebrón, de 34 años de edad, residente en el número 315 Oeste de la Calle 94”; “Andrés Figueroa Cordero, de 29 años de edad, de la ciudad de Nueva York (no se tiene dirección exacta)”; “Rafael Cancel Miranda, de 25 años de edad, residente en el número 125 Sur, Calle 1” e “Irvin Flores, de 27 años de edad, residente en el número 108 Oeste de la Calle 103”. Irvin “fue arrestado en la Estación Unión después del tiroteo”.

En la cartera de Lolita la policía encontró una nota: “Ante Dios y el mundo mi sangre clama por la independencia de Puerto Rico. Yo doy mi vida por la libertad de mi país. Ese es un grito de victoria en nuestra lucha por la independencia. Quien por más de medio siglo ha tratado de conquistar esa tierra que pertenece a Puerto Rico.

Yo declaro que los Estados Unidos de América están traicionando los sagrados principios de la humanidad con la subyugación continua de mi país, violando sus derechos a convertirse en una nación libre y un pueblo libre con la bárbara tortura de nuestro apóstol de la independencia don Pedro Albizu Campos”.

Al dorso de la nota aparece “garabateada” la siguiente nota: “Asumo responsabilidad por todo”.

El teniente de la policía Lawrence A. Hartnett, quien interrogó a Lolita después del tiroteo, dijo que ella había declarado: “Estoy dispuesta a dar mi vida por la causa de la libertad de Puerto Rico. Estoy dispuesta a aceptar cualquier castigo que se me dé, ya sea vida o muerte”.

Los periódicos y revistas de la época conservan aún la tensión y el estruendo de la hazaña y el sabor de la heroica proeza. Las fotos, que con resonancia histórica se publicaron al día siguiente, mostraban los rostros de los patriotas puertorriqueños con la firmeza en su gesto y las caras frenéticas de los policías del Capitolio. Mostraban a un espigado y desafiante Rafael Cancel Miranda; a un Andrés Figueroa Cordero de aspecto tímido, a un Irving Flores de mirada iluminada en ojos amables y a Lolita Lebrón con una serenidad majestuosa que resaltaba la hermosura de sus labios. Los cuatro exhibían, como único uniforme, su valor y la integridad de cargar con la responsabilidad de sus propios actos.

El cometido de los patriotas puertorriqueños, esa vertiginosa tarde, logró su objetivo mediático. “El evento —afirma certeramente el historiador Amílcar Cintrón Aguilú—  desenmascaró las intenciones de Estados Unidos, al desnudarse la condición colonial de Puerto Rico. Condición que resultaba ser un escándalo, porque la Isla estaba bajo el control político, económico, militar de la metrópoli estadounidense mientras se presentaba al mundo como una vitrina de la democracia”.  El fogonazo resplandeció en todo el orbe, el mundo ya no podía seguir ignorando.

Extracto de un libro en preparación.

Una visita a los patriotas presos por los sucesos del 54

De izq. a derecha: Rafael Cancel Miranda, Andrés Figueroa Cordero, Lolita Lebrón e Irving Flores.

Nota: Esta fue la primera entrevista que se le hizo a los nacionalistas en prisión, antes de que cobrara auge la lucha por su excarcelación. En ocasión de un aniversario más del ataque al Congreso de Estados Unidos en 1954 la estamos publicando nuevamente.

 

EXCLUSIVO DE CLARIDAD

 Por Len Holt

Leavenworth, en Kansas, es un lugar escogido.

Localizado en una planicie donde los “Buffalo Bills” una vez masacraban búfalos e indios y donde los fuertes vientos de marzo (a temperaturas bajo cero) mecen los autos en la carretera, estos llanos casi desolados son ideales… para una prisión… si es que uno desea convertir hombres en vegetales.

La prisión federal se extiende en una diez cuerdas de terreno e incluye fabricas y talleres al igual que dormitorios. Su apariencia de mazmorra durante el día se transforma en la de una tumba iluminada durante la noche por virtud de filas de focos. He visto muchas prisiones, incluyendo Alcatraz, pero ninguna compara en sobrecogimiento y fealdad con Leavenworth.

Un guardia en una alta torre frente al edificio principal me detuvo hablándome por un altavoz.

“¿Quién es usted?”

“Un abogado de Puerto Rico”, dije mientras mi aliento se condensaba en el aire, “un ayudante del Lcdo. Juan Mari Brás”.

“¿A qué viene?”

“Vengo a ver los patriotas puertorriqueños que están aquí prisioneros”.

“¿Lleva armas?” El reflejo del sol delataba su rifle.

“No… “Me sorprendió la candidez de aquellos acostumbrados a oprimir otros seres. El guarda era sincero. esperaba que yo dijera voluntariamente si tenía o no un arma, y de hecho no la tenía. Me pregunté a mí mismo cómo me vería.

Después de subir 42 escalones, pasando tres grupos de puertas cerradas con electricidad, el alguacil me dirigió por un corredor de una cuadra de largo, cuyo techo se elevaba a la altura de tres pisos, hasta un salón de reuniones con un plafón igualmente alto. Este salón se usa para los servicios religiosos de los musulmanes negros y los judíos. Mientras probaba mi magnetófono (una precaución contra mi pobre español que todavía resiste los esfuerzos del  maestro de Isabela), me pregunté cómo lucirían estos tres hombres después de 13 años de cárcel y por cuánto tiempo sería yo capaz de soportar el frío que hacía en ese cuarto.

El primero en llegar fue “Rafaelito” (Sr. Rafael Cancel Miranda, de Mayagüez). Su estatura se destaca más con su andar derecho y su aire casi militar. Su negra caballera está ahora salpicada de gris. Entró sonriendo y nos dimos un cálido apretón de manos. La frialdad del cuarto se redujo.

Llegó luego el Sr. Irving Flores, de Aguada, que mide unos 5 pies y 6 pulgadas y quien tiene una suave mirada que parece tragarse el panorama de un golpe.  Después que nos hubo saludado noté que volvió la cara y se limpio algo en el ojo. (Más tarde supe que era yo su primera y única vista en estos trece años: su familia nunca ha tenido dinero para viajar hasta Kansas.)

El último en llegar fue Andrés Figueroa Cordero, de Guayama. Bajito, tofe, un macho que cree y practica la idea de que la lucha de independencia no terminó cuando cerraron las puertas de la cárcel. Se negó a aceptar el racismo de la prisión federal de Atlanta, Georgia, y tuvieron que trasladarlo a Leavenworth. Se frustró de esta forma una decisión previa de mantener estos tres hombres separados.

Nos entrevistamos mutuamente durante cuatro horas —olvidándonos de las comidas para no perder tiempo. Les interrogué extensamente sobre el arresto y juicio en Washington, D.C., en 1954. Ellos querían saber, por su parte, sobre la lucha de independencia en la Isla. Al principio sus recuerdos eran vagos, se hacía difícil reconstruir los detalles ocurridos hace trece años, pero gradualmente las cosas volvieron a su lugar y comenzaron a producirse los detalles hasta en lo más mínimo.

Era muy poco lo que podía yo decirles sobre la lucha de Independencia que ellos no supieran ya, pero mis respuestas mejoraron a medida que me iban ellos preguntando sobre personas en específico o comunidades particulares.

“¿Y toda esa tierra que le están regalando a la Phillips Petroleum? ¿La resistencia al Servicio Militar ha calado en los obreros o sigue mayormente entre los muchachos de la Universidad? ¿Qué planes tiene el MPI(Movimiento Pro Independencia) para organizar el pueblo contra el plebiscito? ¿Cómo Stokely Carmichael pronuncia su nombre? Hemos oído que Juan(Mari Brás) estuvo enfermo. ¿La Sra. (Lolita) Lebrón, está bien? ¿Se beneficiará ella con este caso? Oscar Collazo envía sus saludos.”

Ya nos comunicábamos. La frialdad de aquel salón se había olvidado por completo. Horas y horas se apretaron en conversación y preguntas: el tiempo era precioso. Cuando la entrevista se concentraba en una persona, los dos incluidos devoraban los paquetes de CLARIDAD que les llevaba y que servían para refrescarles la memoria.

Finalmente, toda pregunta que se nos pudo ocurrir con relación al caso había sido formulada. Fue entonces, cuando pregunté si tenían algún mensaje para el pueblo de Puerto Rico…, que el tono de la charla se hizo casi murmullo, como si participáramos en un rito sagrado:

“Hermanos…”

“Han transcurrido trece años,” dije, “¿cómo ven ustedes ahora la demostración en el Congreso en 1954?”

“Nos sacamos un premio”, fue la contestación. “Deseábamos forzar la atención pública hacia nuestro status colonial. Deseábamos refutar a aquellos que se dedican a vender la idea de que Puerto Rico ama el ser colonia… y que los puertorriqueños son niños dóciles que no pueden vivir sin la explotación de Estados Unidos.

“Nuestros propósitos se cumplieron. Creíamos que íbamos a morir en el proceso de demostrarlo, pero aún estamos vivos. Ese fue nuestro premio. No somos suicidas, aún cuando  en aquella ocasión nos arriesgamos a morir.”

Cualquiera que hubiera presenciado estas sesiones habría concluido que Estados Unidos no ha logrado aún su propósito de encarcelar estos hombres a pesar de las murallas, los rifles, los cerrojos eléctricos, los uniformes grises y los números.

Es que un espíritu libre no puede ser encerrado con mentiras, ni con cárceles, ni con plebiscitos, ni con planes para hacer de los “entandars” norteamericanos la medida de un buen puertorriqueño.

El autor es abogado de derechos civiles y activista.

Publicado en Claridad el 12 de marzo de 1967. – Año VII, Núm. 137

 

 

 

Conflicto Rusia – Ucrania: una segunda mirada

 

 

A medida que se extiende la ocupación rusa en Ucrania –y digo “ocupación” para usar el término aplicado a las invasiones que cuentan con la bendición de los poderes establecidos: ocupación de Irak, de Libia, de Siria, de los territorios palestinos, etcétera- se multiplican los interrogantes sobre la naturaleza y significado de esta operación. De partida se impone desechar por completo las supuestas “verdades” y “evidencias” aportadas por la prensa occidental desde sus naves insignias en Estados Unidos y Europa porque lo que difunden esos medios es una descarada propaganda. Claro, desde un punto de vista estrictamente militar es cierto que Rusia “invadió” a Ucrania. Pero como “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, recordaba von Clausewitz, ese despliegue militar debe ser calificado e interpretado en función de las premisas políticas que le otorgan su sentido. Esto es lo que trataremos de hacer a continuación.

Y esas premisas son muy claras: Rusia adoptó esta medida excepcional, y que en abstracto merece una condena, como respuesta a treinta años de ataques iniciados tras el derrumbe de la Unión Soviética. Hace ya un tiempo que Vladimir Putin con su habitual contundencia le dijo a los líderes occidentales: “ustedes no se contentaron con derrotar a Rusia en la Guerra Fría. Ustedes la humillaron”. La lucha política (y militar) no es un ejercicio abstracto o un concurso de gestos o frases retóricas. Por eso lo que en un cómodo plano de la intelección las cosas se presentan con una claridad absoluta y sin fisuras en la fragorosa lucha en el barro y sangre de la historia la “invasión” de marras aparece con un significado completamente distinto: como la reacción defensiva ante un hostigamiento interminable e injustificado. Una vez desintegrada la URSS Rusia disolvió el Pacto de Varsovia, estableció un régimen político al estilo de las democracias europeas, restauró con métodos mafiosos un capitalismo profundamente oligárquico, abrió su economía a los capitales extranjeros e incluso jugó con la idea de incorporarse a la OTAN. Sin embargo, pese a todo ese esfuerzo de adaptación al consenso ideológico-político occidental Rusia igual siguió siendo considerada como un actor aberrante en el sistema internacional, al igual que en los tiempos soviéticos, como una enemiga de la cual hay que protegerse y, al mismo tiempo, evitar que se proteja porque si la seguridad internacional es algo no negociable para Estados Unidos y sus aliados europeos tal privilegio no se le reconoce a Rusia.

La operación militar lanzada contra Ucrania es la consecuencia lógica de una injusta situación política, o el punto final ante lo que Boaventura de Sousa Santos diagnosticara como “la absoluta ineptitud de los líderes occidentales” para darse cuenta que no hay ni habrá seguridad europea si ésta no se garantiza también para Rusia. Ineptitud de un liderazgo europeo merecedor también de otros calificativos: miopes, corruptos, ignorantes y sumisos hasta la ignominia frente al hegemonismo estadounidense que no dudará en librar nuevas guerras en Europa o en su antejardín del Oriente Medio cuantas veces convenga a sus intereses.

Esta falencia a nivel de liderazgo los ha llevado primero a despreciar o subestimar a Rusia (expresando una difusa rusofobia que no pasa desapercibida para muchos rusos) y después a demonizar a Putin, proceso en el cual Joe Biden llegó a excesos inimaginables en el campo de la diplomacia. En efecto, en plena campaña electoral y para demostrar su actitud dialoguista lo caracterizó como el jefe de una “cleptocracia autoritaria”. En una nota publicada poco después del golpe de estado del 2014 Henry Kissinger, criminal de guerra pero a diferencia de Biden profundo conocedor de las realidades internacionales, escribió en cambio que “Putin es un estratega serio, en línea con las premisas de la historia rusa” pese a lo cual en Occidente ha sido objeto de una sistemática subestimación. Y remata su razonamiento diciendo que “para Occidente, la demonización de Vladimir Putin no es una política; es una coartada para cubrir la ausencia de una política.” En ese mismo artículo, altamente recomendable para la izquierda posmoderna cada día más confundida, tanto en Latinoamérica como en Europa, el ex Secretario de Estado de Nixon aporta una reflexión necesaria para comprender la excepcionalidad de la crisis ucraniana. Es que para los rusos “Ucrania nunca podrá ser un país extranjero. La historia de Rusia comienza en lo que se conoce como Kievan-Rus”. Y es por esto que aún tan agrios disidentes del sistema soviético como Alexander Solzhenitsyn y Josep Brodsky “insistían en señalar que Ucrania era una parte integral de la historia rusa, y por lo tanto de Rusia.” Ninguno de los líderes de Occidente parecen tener la menor idea de este legado histórico, decisivo para comprender que Putin haya trazado la “línea roja” de la OTAN precisamente en Ucrania.

Estas referencias, que parecen alentar una actitud escapista o negacionista ante el horror del momento actual son imprescindibles para comprender el conflicto y, eventualmente, resolverlo. Por eso conviene leer lo que en 2014 escribiera un internacionalista estadounidense, John Mearsheimer, cuando Washington montó en conjunción con las bandas nazis el golpe de estado que derrocó al legítimo gobierno de Víktor Yanukóvich. En ese artículo el profesor de la universidad de Chicago dijo que la crisis ucraniana y la recuperación de Crimea realizada por Putin es “culpa de Occidente”, de su torpe manejo de las relaciones con Moscú. Añadía también que cualquier presidente de Estados Unidos habría reaccionado con violencia si una potencia como Rusia hubiera precipitado un golpe de estado en un país fronterizo, digamos México, depuesto a un gobierno amigo de Washington e instalado en su lugar a un régimen profundamente anti-americano. (Why the Ukraine crisis is the West fault”, en Foreign Affairs, Vol. 93, Nº 5, Septiembre-Octubre 2014).

En suma: las apariencias no siempre revelan la esencia de las cosas, y lo que a primera vista parece ser una cosa –una invasión- mirada desde otra perspectiva y teniendo en cuenta los datos del contexto puede ser algo completamente distinto.

Reproducido de www.pagina12.com.ar