Para W. H. Auden: “la trascendencia de la poesía, como la de cualquier otro arte, está en su capacidad de decir la verdad, de desencantar y desintoxicar”. Con su descomunal equilibrio entre crudeza y ternura, la obra poética de e. s ortiz-gonzález se propaga en la imaginación lectora con la levedad de las ondas en la superficie del agua, de una precisión que fuerza el pensar en constelaciones o en el prodigio de la infinitud. Contrario a mucha de la poesía que se publica en Puerto Rico, la de ortiz-gonzález no busca conmover con inventarios de desventuras y mucho menos persigue dimensionar las aristas de ninguna causa. Si hubiera que ponerle nombre a la “verdad” que anuncia su poesía, habría que hablar de la verdad desintoxicante del lenguaje al salirse de su cauce normativo y estallar en formas que son extraordinarios hallazgos estéticos. En otras palabras, es una verdad que perdura. ¿Se le puede pedir más a un poeta?
Cuando los sistemas políticos van en decadencia, se empeñan en mantener las prácticas que hacen sentir importantes a sus llamados líderes, pero también provocan el mayor rechazo de sus pueblos. En Puerto Rico está sucediendo eso, a pesar de que los caciques del bipartidismo aparentan no sentir el soplido de los vientos, ni el rechazo creciente que la población les manifiesta de diferentes maneras. El asunto de las escoltas del Gobernador, ex gobernadores y ciertos oficiales de los gobiernos de turno en Puerto Rico lleva décadas provocando debates y despertando pasiones, como sucede en estos días, mientras en la Asamblea Legislativa se dilucida nuevamente la controversia sobre si deben o no limitarse los servicios de escoltas policíacas a ciertos altos funcionarios públicos.
Este no es un debate nuevo. Hace varias décadas, por un debate similar, el ex gobernador Aníbal Acevedo Vilá y la ex gobernadora Sila María Calderón, ambos del Partido Popular Democrático (PPD), renunciaron al servicio de escoltas, mientras otros dos ex gobernadores ya fenecidos- archirrivales políticos entre sí-se unieron para ir al Tribunal a defender su derecho a tener escoltas pagadas por el pueblo de Puerto Rico, aduciendo que era “un derecho adquirido” inherente al alto cargo ocupado por ambos. Los sujetos de aquel litigio judicial fueron los ex gobernadores Rafael Hernández Colón, del PPD y Carlos Romero Barceló, del Partido Nuevo Progresista (PNP), dos gobernantes de larga trayectoria, pues se alternaron el poder a través de veinte años, durante un período de grandes cambios en la vida de nuestro pueblo. El Tribunal en aquel entonces les dio la razón. Valdría preguntarse ¿cómo no se las daría, si nuestros jueces y juezas son nombrados por un gobernador o gobernadora de turno? El saldo fue que el pueblo de Puerto Rico hubo de seguir subvencionándoles el servicio de escoltas hasta la muerte de ambos varias décadas después.
Aunque el servicio de escoltas adiestradas esté entre las prerrogativas de los mandatarios y otros altos funcionarios en el mundo entero, en el momento actual que vive Puerto Rico, la pertinencia y viabilidad de las escoltas a altos funcionarios públicos tiene que ser cuestionada. Sobre todo, porque la situación fiscal y económica del País no está como para esos excesos. El gobierno de Puerto Rico está en medio de un proceso de quiebra fiscal, impuesto por la Ley PROMESA y la Junta de Control Fiscal (JCF). Ya mismo se debe empezar a pagar por los planes de ajuste de deuda (PAD), aún queda deuda por reestructurar, y la inmensa mayoría de nuestro pueblo siente el azote del racionamiento en los servicios públicos, y de la precariedad y empobrecimiento que todo este proceso de austeridad fiscal le está significando en su vida diaria. Aún peor, si desde el Gobierno se reducen los servicios públicos esenciales de educación, salud y seguridad y se exprime en todo sentido a los trabajadores y trabajadoras que los dispensan, si se le recortan fondos a la Universidad de Puerto Rico y se les aumenta el costo de los servicios a sus estudiantes, si se asfixia al pueblo con tarifas cada vez más altas por energía eléctrica, agua potable y peajes, entre otros servicios, y se congelan los planes de pensiones de los servidores públicos activos. En fin, si la vida del trabajador y trabajadora del servicio público, y de la población que depende de dichos servicios, es cada vez más precaria y empobrecida, ¿cómo puede, entonces, justificarse el gasto de millones de dólares anuales en servicios de escoltas policíacas para un puñado de altos funcionarios que no corren peligro inminente, ni están bajo amenaza real?
De hecho, en la lista publicada de funcionarios con escoltas y los gastos incurridos por dicho concepto, sobresalen varios datos. Un gasto exorbitante por pago de horas extras que asciende a $1.3 millones anuales, y que no es solo escandaloso sino indicativo de una severa falla en el manejo y supervisión del uso de dicho servicio por los funcionarios concernidos. El gasto total entre nómina regular y hora extras asciende a $4.4 millones anuales, según publicado. Sin embargo, en los documentos entregados a la Asamblea Legislativa y publicados, hay varias omisiones flagrantes. No constan los gastos por concepto de escoltas de la Oficina del Gobernador, ni tampoco los relativos a los miembros y altos oficiales de la JCF, a quienes también el pueblo de Puerto Rico les paga por dicho servicio. Es importante que se siga insistiendo que se entregue la lista completa de quienes se benefician del servicio de escoltas y los gastos totales, tanto en nómina regular como por concepto de horas extras. Solo así se tendrán los elementos de juicio para poder evaluar el mérito de que ciertos funcionarios públicos de esta colonia en decadencia tengan el beneficio de escoltas.
Uniéndose a los reclamos del magisterio, trabajadores de las más diversas agencias de gobierno se tiraron a la calle el pasado viernes, 18 de febrero, en reclamo de aumento de sueldo y de un retiro digno.
Una primera manifestación protagonizada por trabajadores del sistema de salud, denominada el White Flu, se llevó a cabo en la mañana. La marcha salió cerca de las 9 de la mañana del Capitolio hasta llegar frente a La Fortaleza.
La segunda marcha convocada para el resto de todos los empleados públicos y trabajadores del sector privado comenzó a congregarse desde las 11 de la mañana frente al Parque Hiram Bithorn, en Hato Rey. Entre los presentes se encontraban trabajadores y dirigentes de la UAW; la Federación Central de Trabajadores (FCT); el Programa de Solidaridad Pro Sol UTIER; la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU), trabajadores activos y jubilados de la UTIER, de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE); maestros y maestras activos y jubilados; ciudadanos solidarios; estudiantes de la Universidad de Puerto Rico y otros.
La marcha salió cerca de la 1 de la tarde presidida por una amplia pancarta que leía, “El Pueblo antes de la deuda”.
Entre los asistentes se encontraban los cinco trabajadores de la Autoridad de Carreteras y Transporte (ACT) que fueron objeto de un arresto violento por parte de efectivos de la Fuerza de Choque el día anterior mientras realizaban un paro frente al Centro Gubernamental Minillas. Luis Díaz Alejandro, presidente del Capítulo de la ACT afiliado a Pro Sol UTIER, a preguntas de CLARIDAD, desmintió expresiones del director ejecutivo en el sentido de que la Unión se negaba a dialogar. Explicó que esas expresiones eran falsas y que la Unión solicitó una reunión debido a que la gerencia les concedió un diferencial de $1,200 mensuales a los ingenieros administradores de proyectos, aun cuando se supone que la ACT está en quiebra. Mientras, al resto de los trabajadores se les niega una reclasificación, a pesar de que han tenido que asumir tareas que van más allá de sus clasificaciones. Esto debido a que tras la implantación de tres programas de retiro incentivado el número de trabajadores ha bajado.
Díaz Alejandro no dejó pasar la oportunidad y cuestionó “con qué moral la Policía de Puerto Rico puede exigir justicia salarial y retiro digno cuando ellos rompen las líneas de piquete. Nosotros emplazamos a la Policía de Puerto Rico a que esto no debe suceder. Cuando ellos cerraron la calle del Cristo y Fortaleza reclamando sus derechos, allí nadie, nadie, fue a interferir con ellos”.
Es que, de hecho, unos de los primeros grupos de trabajadores públicos que se expresaron bajo la modalidad del flu fueron los policías con el “Blue Flu”, en alusión al color de su uniforme.
Estudiantes tratan de salvar su recinto
Un grupo de estudiantes del Recinto de la Montaña, de la Universidad de Puerto Rico (UPR-U) en Utuado, llegó hasta la manifestación. Nadia Dorado Sánchez expresó: “Estamos en una situación sumamente precaria en que nos dicen que si no hacemos nada para salvaguardar el recinto lo van a cerrar. Ya el sistema (UPR) está en que no quiere darnos ni un centavo más. Sin embargo, no se dan cuenta de que nuestro recinto ofrece educación al área central de la isla y que un 90 % de los estudiantes son los que no pueden entrar a otros recintos. El Recinto de Utuado nos da la oportunidad de tener esa experiencia universitaria”.
En un esfuerzo dirigido a salvar su recinto, la estudiante contó que la comunidad universitaria está trabajando en una propuesta para convertirlo en uno ecoamigable, con energía renovable para que sirva de modelo a los demás recintos. Esperan que la presidenta, Mayra Olavarría, firme mediados de marzo un contrato que diga que el recinto va a ser ecoamigable, para que este permanezca, independientemente de la administración que venga después.
El dinero está en cuentas ocultas
Entre los asistentes se encontraba la economista y planificadora ambiental Martha Quiñones Domínguez. A preguntas de CLARIDAD respecto a los aumentos a los policías, maestros y bomberos, anunciados por el gobernador luego de aducir que no había dinero, Quiñonez apuntó que es evidente que hay dinero, que lo que sucede que este se encuentra en unas cuentas ocultas que el Gobierno no quiere decir, por lo hay que pedirle que sea transparente.
Recalcó que el aumento a los empleados públicos es una inversión social, por el retorno que esto tiene en la economía, y recalcó que esa es la evaluación que debe hacer la Junta de Control Fiscal (JCF) y no lo hace.
Una Hacienda politizada
Jessica Otero Santana, presidenta de la local de la UAW del Departamento de Hacienda, no dudó en afirmar que la politización entre rojos y azules es el orden del día en Hacienda. Esto pone en duda el que se llegue a concretar un llamado plan piloto de retribución como sucede cada cuatro años cuando llega un secretario nuevo. Sobre los salarios, puso de ejemplo su propia posición, que con una maestría en relaciones laborales su salario base es de $1,400.
El cabro velando las lechugas
“Tenemos al cabro velando las lechugas”. Así se expresó Miguel Rivera, presidente de la local de la Junta de Calidad Ambiental (UAW) sobre su agencia, que está bajo la tutela del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA).
El técnico de emergencias ambientales describió que la agencia se ha visto disminuida desde que la pasaron al DRNA, lo que era la Junta, y que no es funcional. “Nosotros somos una agencia fiscalizadora de Recursos Naturales, el cabro no puede velar las lechugas”. Rivera describió la situación de la JCA como una precaria y que la única área que se mantiene funcionando al 100 % es la de muestreo en las playas porque es la que le conviene a Recursos Naturales. Si no, no podría abrir los balnearios.
Por una verdadera reforma laboral
Un grupo de trabajadores del sector privado representado por el Movimiento de Solidaridad Sindical también dijo presente. José Rodríguez Vélez, presidente, indicó que en estos momentos el reclamo de los trabajadores del sector privado es que se apruebe el nuevo proyecto de reforma laboral que derogue la que se aprobó en el 2017. El proyecto se aprobó en la Legislatura y se encuentra bajo la consideración del Ejecutivo aun cuando tiene algunos defectos. La Asociación de Industriales, ASORE, el Centro de detallistas y otros grupos patronales han intercedido para que el gobernador no lo firme.
Foto Alina Luciano
Para el sector trabajador algunos de los puntos fundamentales de la reforma son el bajar el periodo probatorio de nueves meses a tres, el bono de Navidad, que el trabajador no tenga que trabajar 350 horas y llevarlo a como estaba nuevamente antes del 2017. Ahora mismo, si un trabajador comienza a trabajar con un nuevo patrono, tiene seis días de vacaciones, mientras que antes eran 15. Lo mismo ocurre con los días de enfermedad. Además, está el asunto de quién tiene el peso de la prueba en caso de despidos, que se la impusieron al trabajador cuando antes era del patrono.
El otro reclamo que Solidaridad Sindical está impulsando en estos momentos es el de los meseros de restaurantes. Estos apenas cobran $2.13 la hora y dependen de las propinas para completar su sueldo. Rodríguez reparó en que es sabido que el
84 % de estos patronos viola la ley al ponerlos a trabajar en otras tareas que no generan propinas, como limpieza luego del cierre, y a compartir las propinas con otros trabajadores que no son meseros, incluso con empleados administrativos.
Rodríguez admitió que hay mucho trabajo por hacer en el sector privado, en donde solo el 2 % está organizado. En vista a la marcha, tanto la celebrada en la mañana como la de la tarde, se expresó confiado en que es buen momento para que los trabajadores del sector público y los trabajadores del sector privado se unan en una clase obrera que se está levantando.
Entre una y otra consigna, los miles de trabajadoras y trabajadores activos y retirados discurrieron por el expreso, primero hacia el lado sur, para bajar y tomar el lado norte y, de ahí, a la avenida Roosevelt hasta llegar frente al edificio que alberga las oficinas del JCF en la Milla de Oro, en Hato Rey. Hubo quienes se quedaron en el camino por lo largo del trayecto, pero la mayoría llegó hasta el final. Una vez en el cruce de la Muñoz Rivera y la Chardón, varios de los líderes sindicales, entre ellos, las líderes magisteriales, Liza Fournier, de UNETE; Migdalia Santiago, de EDUCAMOS, y
Migdalia Santiago de Educamos. Fotos Alina Luciano
Mercedes Martínez, de la Federación de Maestros, exhortaron al magisterio a continuar con su militancia a favor de un retiro digno y a reciprocar la solidaridad recibida de los otros sectores laborales con sus mismos reclamos.
Quien se haya interesado en la historia de Puerto Rico sabrá que el 23 de febrero de 1933 el jefe de la policía de Puerto Rico, Elisha Francis Riggs fue ejecutado por un comando Nacionalista. Lo que poca gente sabe es que esa tarde hubo otro enfrentamiento entre simpatizantes del Partido Nacionalista y la policía.
Sabemos que el coronel Riggs, de una familia de banqueros y financistas, había servido a su país en el escenario de guerra en Rusia. Cuando Kerenski salió con el rabo entre las patas, Riggs y sus muchachos de inteligencia -otros llaman a eso espionaje-le habían abierto el camino desde la embajada norteamericana en Perogrado. Al final de la Pimera Guerra Mundial estaba en la Comisión del Armisticio en Austria. Se dice que su experiencia en inteligencia militar -recuerden que algunos llaman a eso espionaje- tuvo algo que ver con la muerte de Augusto César Sandino.
Aparte de los acólitos de la iglesia del poder, Riggs no era visto con buenos ojos. Había reprimido a los trabajadores de la caña desde que se organizaron para exigir sus derechos. Pero la gota que colmó la copa fue la Masacre de Río Piedras -unos meses antes de su muerte- que fue en la práctica una declaración de guerra contra el Partido Nacionalista.
Entonces, aquella mañana del Domingo de Ramos, recién llegado de Santo Domingo, recién salido de misa, de camino al Escambrón Beach Club -esa es otra historia- Elías Beauchamp completó lo que no pudo ejecutar Hiram Rosado cuando su arma mascó la bala. Llevados al cuartel de la calle San Francisco los nacionalistas fueron masacrados. Rosado fue llevado a un hospital -sorprendidos los policías de que estuviera vivo- donde preguntó cuantos balazos lo habían herido y le pidió a una enfermera que lo dejaran morir de una vez. Ya era pasado el mediodía.
En Utuado, ese mismo día, a eso de las tres de la tarde murió Angel Mario Martínez a manos de la policía. Resultaron heridos Pedro Crespo -amigo hermano de Ángel- y el jefe de la policía, Francisco Vélez Ortiz. Si usted busca la prensa del momento -a excepción de El Imparcial– o los informes de la policía y el Libro de Novedades del cuerpo castrense -porque era el ejército de Riggs- los responsables del hecho fueron aquellos jóvenes.
Resulta que, según refiere el historiador Fernando Picó -cuya fuente es uno de esos libros de novedades- el jefe de la policía en Utuado, Francisco Vélez Ortiz y el guardia Antonio Marrero, al pasar frente al cafetín Osiris frente a la plaza de Utuado, vieron a varios nacionalistas reunidos allí. Desde la calle parecieron notar que Crespo estaba armado y procedieron a intentar ocuparle el arma. En esta versión de las autoridades, cuando se intentó detener a Crespo este disparó contra el jefe Vélez Ortiz y contra el Guardia Marrero “sin lograr herir al Jefe, causándole una herida en el dedo anular de la mano derecha”. Es decir, no logró herirlo pero le causó una herida. Ante este fantástico hecho el Jefe Ortiz “teniendo que hacer uso de su pistola” golpeó con la culata del arma a Crespo. A todo esto, Angel Mario Martínez disparó a Vélez por el lado derecho de la cara saliendo el proyectil por el lado izquierdo. Entonces el Jefe y el guardia Marrero -placa #283- repelieron el ataque. Angel Mario murió a causa de las heridas. Todos los balazos por la espalda. Crespo sufrió una herida en el brazo derecho. Por supuesto, Picó, que es uno de nuestros historiadores más importantes y cuyo trabajo es paradigma de minuciosidad, no intenta en este libro aclarar esos sucesos en específico, sino presentar los bajos fondos de la sociedad utuadeña en las primeras décadas del siglo pasado. De ahí que los Libros de Novedades se convierten en un relato formidable de la economía subterránea, el alcoholismo, las luchas obreras y políticas en esos años.
Más allá de los documentos que la propia policía redactó, otros datos y testimonios muestran un ángulo diferente. El propio alcalde de Utuado, Santiago González, responsabilizó a los policías a quienes acusó de hostigar y registrar ilegalmente a ciudadanos. Marisa Rosado y Aponte Vázquez complementan la narración de los eventos con un contexto muy particular. En un reciente recorrido histórico por lugar, el amigo Iván Collazo señala varios testimonios de personas que estuvieron allí el día de los hechos. Según Collazo, la refriega ocurrió fuera del Osiris. Pasaban los nacionalistas en el auto de Crespo. No fue un buen día para recoger pasajeros en Arecibo. A eso se dedicaba. Lo acompañaba su amigo Ángel. La policía, exacerbada por la muerte de Riggs, los detuvo. Eran miembros del Partido Nacionalista. Eso bastaba según aquellas mentes. El jefe golpeó con la culata del revólver a Crespo. Este cayó al suelo. El jefe sacó su arma de reglamento. Ángel se lanzó al suelo. Allí recibió los tiros en la espalda y fue herido en el brazo Crespo. Resumo el testimonio de testigos oculares. Añado que fueron llevados al cuartel, no a un hospital. Similar a lo que ocurrió en San Juan unas horas antes. Una vecina del cuartel, al ver como entraban los esbirros con el cadáver y el herido al edificio, insistió en brindar ayuda a éstos. Enfermera, dijo. Insistió. Sin duda le salvó la vida a Crespo. Parecería que la intención era rematarlo allí, sin testigos.
Ese remate no es algo que carezca de fundamento. Lo hicieron en el cuartel de la calle San Francisco esa mañana. Lo vio el ominoso periodista Ramírez Brau. En Utuado querían repetir ese libreto. Había animosidad. Pero venía desde hacía meses. Años. No solamente los nacionalistas se la tenían jurada a Riggs. También Utuado era lugar de confrontación entre la agrupación política y la policía. El propio Jefe Vélez Ortiz había participado en varias refriegas que culminaron a tiros. Así, El Imparcial, informó el 27 de enero de 1936, que el joven nacionalista, Luis Baldoni, intercambió tiros con la policía y fue herido no sin antes herir al jefe de la policía y a otros guardias. Según la nota del periódico, Baldoni actuaba en “defensa de la bandera” luego de que se llevaran a cabo dos actividades simultáneas del Partido Socialista (anexionista) y el Partido Liberal. Se reseña que los “liberales” permitieron que la enseña nacional tocara el suelo y Baldoni los recriminó. Se inició una pelea a los puños y la policía llegó desde el primer jab. Baldoni, sosteniendo la bandera con una mano, disparó a los guardias y al Jefe con la otra. Picó refiere el incidente del 27 de enero pero los protagonistas son Pedro Méndez y Luis Cruz Pérez, quienes tratan de arrebatarle una bandera a un liberal. Resultan heridos en la balacera dos nacionalistas, el jefe de la policía, un guardia y un testigo. No se menciona a Baldoni en esa reseña. Pudo ser uno de los heridos. ¿El testigo?
Si, como decía, los lectores de esta nota están interesados en la historia insular, probablemente recuerden ese nombre: Luis Baldoni. Sí. Ese es el mismo técnico de laboratorio que encuentra una carta firmada por el médico Cornelius P. Rhoads olvidada al lado de un microscopio. En ella el científico patrocinado por la Fundación Rockefeller se acredita el haber contaminado pruebas que le hace a sujetos puertorriqueños con el propósito de inocularles células cancerosas. Pero esa es otra historia. Lo traigo a colación porque se trata de situaciones que se relacionan al estado de ánimo de los nacionalistas un lustro después.
Ese cafetín. ¿No les llama la atención el nombre? Osiris. El dios de las regiones fértiles del Nilo. Divinidad de los muertos y la resurrección. Me tomé la molestia de imaginarlo y -para complementar- buscar alguna descripción. La encontré en la pluma del periodista Francisco Ramos. “Crónica de la Montaña”. Puerto Rico Ilustrado. 19 de mayo de 1928. Cito:
Yo, en tanto me quedo en un café, cuyo nombre es un símbolo mitológico: Es el Osiris, el mejor de nuestros colmados, propio para una ciudad de más auge. Hay aquí algunos tipos que ofrecen interesantes apuntes psicológicos. En una y otra mesa husmean perezosamente varios jóvenes enjergados. Conversan. Es otra lluvia espantosa la que vierten labios afuera estos chicos. Cursilerías, nimiedades, rechiflas que solo el chaparrón que se desploma nos hace tolerar. Alguno que otro injerta sus chascarrillos mas o menos graciosos a la conversación, y surge, lógicamente, una risa espontánea que tamborilea al compás de la música rítmica de la lluvia cuyo diapasón aumenta cada instante.
Más allá, es un viejo de cabeza blanca y de sendas barbas. Fuma un habanero de elaboración criolla y mira hacia afuera abstraído en la lluvia incesante que cae y salpica el acento de la acera. No es un viejo torpe. Le he conocido anteriormente y sé que a falta de erudición magulla ciertas originalidades que coinciden con algunos viejos catecismos de filosofía. Pero hoy está mudo, fumando opíparamente. Yo lo miro. Intento turbar su reposo; mas me contengo ante el magnífico ambiente que me ofrecen unos limpiabotas que hablan desde la acera, frente a nosotros. Esta charla ingenua de los que viven sin aliciente alguno en la vida me interesa. Oyéndolos uno no sabe qué apreciar más, si la factura barata de sus frases reunidas con la más elemental cultura, o si el dolor de pensarnos hasta cierto punto responsables del estado ignominioso en que medran estos adolescentes que no conocen más altar que el mísero cajón con el cual centavas, ni más placer en la vida que hundirse en los abismos de los vicios que afeitan el poco pudor que su condición de humanos les hace retener.
Francisco Ramos. Crónica de la Montaña, Puerto Rico Ilustrado, 19 de mayo de 1928.
Ocho años después, aquel 23 de febrero de 1936 el “mejor de los colmados” se convierte en parte del escenario de una tragedia. ¿Estarían allí, enjergados todavía, aquellos jóvenes ahora adultos maduros, haciendo chistes? ¿Sería testigo aquel viejo filósofo de cafetín? ¿Los zapateros?
El guardia Marrero, a quien los testigos señalaban como el que disparó con saña sobre la espalda de Angel Mario fue trasladado días después del crimen a Aguadilla. En marzo regresó al pueblo a testificar en un caso no relacionado. Pensaban que el asunto estaba olvidado y que el terror había triunfado. Marrero se disponía a entrar a un negocio, Utuado Music Shop. Las balas de un pistolero solitario se lo impidieron. Pero esa es otra historia.