Por Angélica Miranda
Especial para CLARIDAD
Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente, abrazó al primer hombre; echóse a andar.
Del poema Masa de César Vallejo
Empezó el año con la más reciente agresión – de una larga cadena – contra la Universidad de Puerto Rico. Esta es una manifestación de una rampante desestimación de lo que debiera ser una Universidad, que propone cerrar ”programas de baja matricula”, entre ellos filosofía, literatura comparada y educación.
Aclaro que lo que sigue es el resultado de varias conversaciones con amistades y familiares, algunas profesoras de la UPR, que han reaccionado al asunto.
Intentamos entender qué lleva al máximo representante de la más importante institución de educación superior en el país a plantearse una acción que despoja a la Universidad de su sentido y propósito. Dice el presidente que estas generaciones ven al mundo de una manera distinta y que no les interesan las carreras “ de las humanidades y la educación”. Mi reacción visceral es que la visión detrás de tal aseveración es que la función primordial de la Universidad es crear profesionales (que puede serlo), mostrando miopía e insensibilidad ante lo intrínsecamente importante de la educación universitaria, que es formar mejores seres humanos, con capacidad crítica, raciocinio y empatía. [Me remonto a mi experiencia personal, cuando llegar a la universidad literalmente abrió una ventana al mundo: el debate, el choque de ideas, la diversidad, la confrontación, el dogmatismo, la sabiduría, la libertad, toda esa amalgama de experiencias que a veces eran hasta contradictorias me llevaron a ser la persona que soy hoy. Gracias a la formación redondeada que se practicaba en aquella Universidad (que es esta misma, pero pareciera que no) a pesar de mi antipatía por las ciencias naturales, hoy día puedo al menos identificar quién fue Galileo Galilei y unos cuantos más, y de que estoy en las filas de los que no pudieran (ni aunque quisiera) hacer una carrera en filosofía, puedo identificar a Descartes, Marx y Gramsci. ]
El argumento sobre la incongruencia de mantener programas que no tienen “ demanda” suena convincente a prima facie. Una de las explicaciones sugeridas es el de la demografía: somos un país envejecido donde los jóvenes han optado por irse. No se habla mucho, sin embargo, de una razón igual de poderosa : el aumento sistemático del costo de matrícula, a la vez que un aumento insostenible en el costo de vida, que le han imposibilitado a miles de estudiantes proseguir estudios. La propia Universidad hizo un estudio reciente sobre las condiciones de vida de los estudiantes que demostró la precariedad de su situación. Todavía hay sectores que insisten que nuestra Universidad es “muy barata”, olvidando la definición y la esencia de lo que es una Universidad pública. No nos vendría mal remontarnos al origen de nuestra Universidad, donde la coyuntura histórica apuntó a la necesidad de formar profesionales para el bienestar del país, donde la educación fuese verdaderamente asequible para los sectores mayoritarios, notoriamente empobrecidos en aquellos años (y ahora!).
Mucho se ha insistido en que el fin último de todos los asedios a la Universidad es su privatización. Se señala que se ha seguido con la Universidad el mismo patrón que con otras corporaciones públicas (Autoridad de Energía Eléctrica, Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, Autoridad de Carreteras), de debilitarlas, vilipendiarlas (propaganda mediática para convencer de que son ineficientes), venderlas pedazo a pedazo, etc. Si bien es cierto y es una teoría posible, hay quien piensa que ninguna institución privada de educación superior en Puerto Rico tiene ni el capital, ni el interés en comprar la UPR. Estas instituciones están enfrascadas en sus propios problemas de financiamiento y falta de matrícula. El fin es más nefasto: no es venderla, es destruirla, desaparecerla. Es eliminar a los pelús molestosos, o los docentes comunistas que adoctrinan a la juventud, es remover la piedrita en el camino de una comunidad con criterio que le sale al paso en defensa del país, es hacer lo que puedan para impedir la victoria de la idea.
Empezaron hace tiempo, como suele suceder, con acciones que pasaron desapercibidas, hasta llegar al punto de que hoy día están amenazados los conceptos de permanencia (docente y no docenete), de beneficios marginales, de retiro digno y de estudios al alcance de la mayoría. Lentamente formaron una burocracia como el chupacabras, que desvía fondos en sueldos de locura para puestos “de confianza”, que congela las plazas de quienes se retiran para sustituirla por una fuerza laboral sin derechos y, por lo tanto, amordazada, que impuso “medidas cautelares” (hace más de una década) con consecuencias como “presupuestos cero” en las oficinas que se ven entonces obligadas a justificar hasta la compra de lápices, que desatiende la infraestructura física y de funcionamiento que resulta en el deterioro evidente de sus estructuras, etcéter, etcetera, etcetera.
Si se piensa, no debería tomarnos por sorpresa que las autoridades universitarias demuestren su sesgo de desprecio al intelecto y al espíritu contestatario, libre y crítico que distingue a grandes sectores de la Universidad. Se trata, después de todo, de personajes identificados con apátridas que han expresado aspirar a un Puerto Rico sin puertorriqueños.
Hay que admitir que todo esto ha ocurrido sin que se haya fraguado un movimiento ágil de resistencia, sin que se haya detenido este sistemático ataque a la Universidad. El poema que contiene la estrofa que sirve de epígrafe a esta reflexión habla de un cadáver que fuera abordado primero por uno, luego por dos, tres, cientos, miles de hombres urgiéndole a que no se muriera – pero el cadaver, ay!, siguió muriendo. No fue hasta que “ todos los hombres de la tierra le rodearan” que el cadáver se incorporó y echó a andar. Este hermoso, conmovedor, divino, utópico recordatorio del poder de la solidaridad es pertinente en estos momento en que nuestra Universidad necesita su Masa.
Lo que veas entre corchetes es totalmente prescindible.



