En Rojo
Aunque creo que todos los días de nuestras vidas debemos dedicarlos a trabajar por la paz, el mes de agosto es un mes muy particular cuando debemos intensificar esa lucha por la paz mundial. El 6 de agosto de 1945 a las 8:15 de la mañana, Estados Unidos lanzó la 1era bomba atómica nuclear en la ciudad japonesa de Hiroshima. Tres días después, el 9 de agosto, lanzó una 2nda bomba en la ciudad de Nagasaki. En muertes directas se estima en más de 200,000 personas entre las dos ciudades y contaminaron con radiación a números incontables de niños, mujeres y hombres de todas las edades que no eran soldados sino ciudadanos y habitantes comunes y corrientes.
A pesar del genocidio que significó este acto, los militares y el gobierno de los Estados Unidos lo justificaron como la única manera de acabar con la agresión militar del Imperio Japonés y la guerra del Pacífico que ya había reclamado más de 111,000 vidas de soldados y civiles estadounidenses desde Pearl Harbor en 1941 hasta este momento. Las estadísticas de las muertes en esta guerra debieran ser una fuerza disuasoria, aunque nuestra realidad en Irak, Afganistán, Pakistán, Yemen, Siria nos indica que no es así. En total, Japón perdió casi 2 millones de combatientes. Si contamos los heridos entre Estados Unidos y Japón la cifra es de casi 350,000 según The Pacific War Online Encyclopedia.
En esta columna de cine, exploro algunos filmes que pusieron su mirilla en esta prolongada guerra y específicamente en el lanzamiento y explosión de la 1era bomba nuclear.
La complejidad de la guerra del Pacífico, como se conoce popularmente, se exploró muy bien en varios filmes ya clásicos como From Here to Eternity de 1953, basado en el libro del veterano de esta guerra, James Jones. El filme, situado en 1941 poco antes del ataque a Pearl Harbor, ganó 8 Oscares a pesar de la brutalidad de sus escenas, irónicamente no contra “el enemigo” sino en el trato de los soldados rasos por los sargentos y otros oficiales. The Outsider de 1961 traza la experiencia como soldado de un indígena norteamericano, Ira Hamilton Hayes interpretado por Tony Curtis, que a pesar de ser un excepcional soldado y ser uno de los sobrevivientes del ataque de Iwo Jima, fue discriminado y olvidado una vez termina la guerra en 1945. Años después Johnny Cash grabó y popularizó “La balada de Ira Hayes” como un tributo a este “Native American”.
En 2006, Clint Eastwood culminó un proyecto fílmico muy complejo y ambicioso sobre la guerra del Pacífico: tomó la batalla de Iwo Jima para presentar a los combatientes de ambos lados—Estados Unidos y Japón—como seres humanos que como soldados no cuestionan sus órdenes sino que las obedecen. Flags of Our Fathers dramatiza los sentimientos y acciones de los soldados estadounidenses y Letters from Iwo Jima recoge la misma experiencia del lado japonés. Anteriormente en 1998, el controvertible realizador Terrence Malick filmó la 2nda novela de la trilogía de James Jones, The Thin Red Line, con un elenco privilegiado que incluyó a Jim Caviezel, Sean Penn, John Cusack, Adrien Brody, Nick Nolte, John C. Reilly, Woody Harrelson, John Travolta y George Clooney.
Shohei Imamura fue uno de los grandes directores del cine japonés que no tuvo el mismo impacto u obra extensa del maestro fílmico de una generación anterior, Akira Kurosawa. Sin embargo, su cine de corte político confrontaba los temas que parecían estar ausente de las discusiones del momento, entre estas el impacto de la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki en la psiquis de los habitantes del Japón. Black Rain/Lluvia negra, refiriéndose a las cenizas, lluvia radioactiva y agua que cayó de una a dos horas después de la explosión, recrea la historia de una joven que con sus tíos huye de la ciudad de Hiroshima para alejarse al campo y evitar la contaminación de radiación directa. Cinco años después esta joven comienza a ver los síntomas de radiación en su cuerpo. Interesantemente, este filme de 1989 se exhibe en la zona asiática mientras otro filme con el mismo nombre, proveniente de Hollywood y situado en Tokio, protagonizado por Michael Douglas y Andy García, narra una historia detectivesca sobre la mafia japonesa. La bomba atómica, Hiroshima y Nagasaki no son referentes en el filme de Ridley Scott. Imamura vuelve a traer el trauma de la explosión nuclear en un segmento de 11 minutos del proyecto de 2002 titulado, September 11. Casi sin sonido de voces o ruidos exteriores y en una cueva llena de polvo y cenizas, se arrastra un cuerpo envuelto en un saco. Es una metáfora visual para reaccionar al ataque de las torres gemelas en Nueva York sin olvidar por un momento lo que sucedió en 1945.
Hiroshima, Mon Amour del director francés de la Nouvelle Vague, Alain Resnais, con un guion de la escritora de vanguardia, Marguerite Duras, nos presenta tan temprano como 1959 una historia de amor entre ella y él—ambos sin nombres propios—que se desarrolla en Hiroshima 14 años después de la destrucción de su gente y la ciudad. En la reconstrucción de la ciudad se incluye irónicamente un museo de la paz y “ella” participa en la filmación de una película sobre la paz en Hiroshima. Este filme es excepcional aún tantos años después por su deslumbrante fotografía en blanco y negro de Michio Takahasi y Sacha Vierny, su estilo de corte de escena y diálogos de pocas palabras que se repiten continuamente, la inclusión de referentes de la ocupación alemana de Francia, y visuales de las bombas lanzadas por los aviones de los Estados Unidos y su impacto en las ciudades japonesas.
A los 70 años de este desastroso evento, a través del mundo, pero especialmente en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki y en Los Álamos en el estado de Nuevo México donde se construyó y detonó la bomba, se reclama el desarme nuclear y la abolición de las armas nucleares. En este mes de agosto nosotrxs nos unimos a este reclamo teniendo siempre, siempre presente el genocidio que día a día, minuto a minuto se comete en Gaza mientras los gobiernos que pueden detener a los criminales gobernantes de Israel, observan, esperan quizá para otro acto como el de 1945.



