Los recuerdos de nuestros años estudiantiles en la Escuela Superior Dr. Pedro Albizu Campos en Levittown, Toa Baja, permanecen vivos en la memoria colectiva. Allí compartimos amistades, sueños y luchas que nos marcaron para siempre. El cariño que sentimos por nuestra escuela no se limita a las paredes que nos cobijaron, sino que se extiende a la historia que construimos juntos, a la identidad que defendimos y al orgullo de haber sido parte de una comunidad que nunca se rindió ante la adversidad.
La historia de este plantel está íntimamente ligada al nombre que lleva. No fue un título impuesto desde arriba, sino una conquista lograda por estudiantes, maestros y padres que entendieron que Pedro Albizu Campos representaba un ejemplo digno para la juventud puertorriqueña. Albizu, abogado formado en la Universidad de Harvard, donde se destacó como uno de los estudiantes más brillantes de su clase, dedicó su vida a la defensa de la independencia de Puerto Rico. Su carrera académica, marcada por disciplina y excelencia, y su compromiso con la justicia social lo convirtieron en un modelo de integridad y valentía. Para nosotros, su ejemplo de vida respondía mejor que cualquier argumento a la pregunta de qué tenía que ver Albizu con la educación: tenía que ver todo, porque educar también es formar conciencia y carácter.
La lucha por el nombre de la escuela fue intensa y contó con el respaldo de miembros del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), quienes se unieron a nuestro esfuerzo para que se celebraran vistas públicas en el salón comedor de la escuela. Recuerdo la participación de figuras como Rubén Ramos, que presentó la propuesta, y el apoyo de la Juventud Estudiantil Independentista encabezada por Carmen Díaz y Alberto Placeres. La unión de voluntades permitió abrir el espacio democrático para debatir y defender la propuesta con argumentos sólidos.
Como presidenta de la clase graduanda de 1975, me siento profundamente orgullosa de mis compañeros. Ellos demostraron una valentía admirable al resistir los obstáculos que se nos presentaron. Recuerdo con claridad cómo desplegamos una enorme pancarta en el patio interior, exigiendo que la escuela llevara el nombre del líder nacionalista. Fue un acto de firmeza y dignidad que selló nuestra identidad. La administración intentó ignorar la decisión, pero nuestra clase se encargó de dejar constancia con una tarja que aún hoy recuerda a todos que esa escuela es la Albizu Campos. Esa victoria fue compartida por toda la comunidad y nos enseñó que la unión y la resistencia pueden vencer cualquier intento de invisibilizar nuestra voz.
Con el paso del tiempo, aquel esfuerzo estudiantil se convirtió en un precedente. Antes del centenario de Albizu en 1991, ya existían instituciones con su nombre, como nuestra escuela en Levittown y la Biblioteca Pública de Aguas Buenas. Pero fue precisamente el movimiento iniciado en la década de 1970, con estudiantes y maestros como protagonistas, el que abrió camino para que más espacios públicos adoptaran el nombre de Albizu Campos. En el centenario de su natalicio, celebrado en 1991, Puerto Rico rindió homenaje con actividades culturales y políticas, la inauguración del Parque Monumento Pedro Albizu Campos en Ponce, la publicación de bibliografías y hasta la emisión de monedas conmemorativas. Todo ello demuestra que nuestra lucha estudiantil fue precursora de un movimiento más amplio de reconocimiento al líder nacionalista.
Hoy, mientras se anuncia la demolición parcial de los edificios como parte del Proyecto Innova, sentimos la necesidad de alzar nuevamente la voz. Entendemos la importancia de modernizar las instalaciones y garantizar la seguridad de los estudiantes, pero advertimos que las máquinas no deben borrar la memoria ni la lucha que nos dio identidad. La Albizu Campos no es solo un conjunto de estructuras; es un símbolo de resistencia, de comunidad y de orgullo puertorriqueño.
Que quede claro: estaremos atentos. La demolición no puede servir de pretexto para borrar lo que fuimos ni para diluir el nombre que con tanto esfuerzo defendimos. La Escuela Superior Dr. Pedro Albizu Campos debe seguir siendo un faro de conciencia y dignidad para las futuras generaciones



