Narrando la tortura en It Was Just an Accident

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Nota: Este escrito llegó a la redacción la noche antes de los sucesos en Irán

Especial para En Rojo

 

It Was Just an Accident (dir. Jafar Panahi; Irán, Francia y Luxemburgo, entre otros; 2025), que ganó la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes y que está nominada como mejor película internacional en los Óscares, tiene una narrativa simple que gradualmente adentra en unos giros emocionales complejos e inesperados. Aunque discuto en detalle la secuencia inicial, esta no revela nada sobre la historia principal. La película comienza con una escena cotidiana. La cámara se enfoca en el interior de un carro una noche. El padre de familia conduce y la esposa ocupa el asiento pasajero. Sonriente, ella le da una nuez a su esposo. Aunque el hombre permanece con una expresión algo fría, se nota el cariño en el gesto y en la sonrisa de la mujer. Segundos después, suena la música de la radio y la hija de 9 años irrumpe llena de energía en la escena desde el asiento trasero. El director, Jafar Panahi, nos permite disfrutar la ternura de la escena familiar cuando la hija insiste juguetona en subir el volumen de la radio y el padre se resiste por el escándalo. La madre posiblemente intuye que el padre le cederá a su hija por el amor que le tiene. Pero la armonía visual del momento se interrumpe cuando el carro brinca y se oyen los aullidos de un perro que el padre acaba de atropellar.

El accidente mancha la escena, aunque Panahi nunca nos permite ver lo ocurrido. El director demuestra que no es necesario presenciar el espectáculo sangriento para denotar cómo altera la paz familiar. La cámara se mantiene en la expresión resignada del padre mientras este se baja del carro, mueve el animal de la carretera y regresa al volante. Los cambios en la iluminación nos llevan desde la oscuridad acogedora del interior de un carro durante un paseo nocturno a la luz roja de los focos del exterior que acentúan la expresión afectada del padre mientras limpia la carretera. Cuando el padre regresa y prende el carro, la niña le pide afectada que apague la música. Ella dice con un tono de juicio sutil que el padre mató al perro. La madre le recuerda que el animal salió de la nada y que es posible que dios así lo quería. Pero la hija insiste que el padre, y no dios, fue el que lo mató. Esta escena familiar representa las complejas discusiones filosóficas de la película que giran en torno a la justificación de la violencia y sus consecuencias en sobrevivientes y victimarios.

La escena termina cuando el carro comienza a fallar y el padre busca un taller para arreglarlo. De aquí en adelante la película sigue a un grupo de sobrevivientes de la tortura del gobierno que creen haber encontrado a su torturador. De hecho, cada sobreviviente cuenta su historia desgarradora. Panahi demuestra la fuerza de la narración oral al reconstruir cada experiencia traumática a través del lenguaje y el performance, evitando así las complicaciones de una representación visual. Cada sobreviviente tiene un rol claro en la sociedad iraní: Vahid (Vahid Mobasseri), el mecánico; Salar (George Hashemzadeh), el librero; Shiva (Mariam Afshari), la fotógrafa; Goli (Hadis Pakbaten), la novia en traje de boda; y Hamid (Mohamad Ali Elyasmehr), el inadaptado a causa de su estrés postraumático. Los diferentes personajes cuentan experiencias basadas en las historias que le hicieron algunos prisioneros políticos al mismo Panahi. Este estuvo preso entre el 2022 y el 2023 en Irán por propaganda en contra del gobierno. Cada personaje expresa su propia y complicada relación con su trauma. La película es una recopilación de anécdotas que documentan los horrores del régimen y que Panahi tuvo que rodar en secreto para escapar de la censura y de la ley. No obstante, la película combina momentos cómicos con elementos de carga emocional dándole diferentes texturas a la narrativa. Los graciosos tropiezos de los personajes a través de la ciudad buscando evidencia sólida de la identidad del torturador se anclan en la realidad cruda de sus sufrimientos en la prisión. La película, que en parte se torna en un road movie, también retrata el bullicio y la diversidad de espacios en Teherán, tornando la ciudad en un personaje principal.

La película tiene ecos de la trama de la obra de teatro de Ariel Dorfman, La muerte y la doncella. En esta, Paulina, una sobreviviente de un régimen basado en la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, se topa con su torturador, el Dr. Miranda. Ella lo secuestra para enjuiciarlo y decidir si lo matará mientras su pareja, Gerardo, sirve de abogado defensor. En La muerte y la doncella la historia de Paulina domina la acción, pero Panahi usa una serie de narraciones para considerar como la sociedad iraní lleva sobre sus hombros el trauma y los crímenes de un gobierno que continúa persiguiéndolos. Paulina lucha por justicia cuando la democracia ha vuelto al gobierno, pero los personajes de It Was Just an Accident tienen más que perder porque el gobierno que los torturó sigue en el poder. ¿La esperanza por la justicia será tan inútil como la espera por Godot? El magnífico final de la película no responde a esta pregunta de manera simplista, sino con una humanidad y empatía abarcadoras.

Alquilen It Was Just an Accident en cualquier plataforma de streaming y vean la que considero la mejor película del 2025.

 

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