Marcos A. Quiñones Otero
Desde pequeños nos enseñan a enfrentar nuestros miedos para poder avanzar. En Puerto Rico, para algunos sectores, la planificación parece haberse convertido en ese “cuco” al que se le teme, muchas veces por desconocimiento o porque no se comprende realmente su importancia y función. Sin embargo, cuando se conoce y se entiende la planificación, se descubre que no es un obstáculo para el desarrollo, sino una herramienta esencial para lograr un territorio más organizado, justo y resiliente.
Las recientes declaraciones del Secretario del Departamento de Desarrollo Económico no quedan en el aire. Al señalar que la Junta de Planificación ha llevado al país a la quiebra, reflejan precisamente ese miedo y desconocimiento hacia esta disciplina. Reducir la planificación a una barrera burocrática ignora décadas de análisis territorial, pensamiento estratégico y trabajo técnico orientado al bienestar colectivo y al desarrollo ordenado del país.
Muchos hemos aprendido que la planificación no es un capricho ni un proceso innecesario. Es una herramienta vital para pensar el presente y proyectar el futuro del territorio. Así como un niño mira debajo de la cama antes de dormir para asegurarse de que no haya nada escondido, la planificación analiza riesgos, impactos y conflictos antes de tomar decisiones que afectan comunidades, recursos naturales y generaciones futuras. Y como ocurre con ese miedo infantil, cuando se conoce y se entiende la planificación, el miedo desaparece y se reconoce su valor.
Además, la planificación no ocurre en aislamiento. Es un proceso interdisciplinario y dinámico que integra distintas perspectivas, actores y herramientas técnicas para comprender las complejidades sociales, económicas, ambientales y territoriales del país. Se mira desde distintas perspectivas y se analiza con mútiples herramientas. Considera desde el desarrollo económico y la infraestructura hasta la justicia ambiental y ambiental, la vulnerabilidad climática y la protección de recursos naturales.
Por décadas, la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico ha sido uno de los principales espacios donde se enseña esta disciplina. Se comprende como se integran conocimientos de las ciencias sociales, naturales y ambientales para comprender el territorio de forma integral. Esto para tener una mejor toma de desiciones considerando a todo el país y no solo algunos tantos.
Precisamente por esa capacidad de analizar, cuestionar y ordenar el uso del suelo con criterios técnicos y sociales, la planificación puede generar incomodidad en sectores que prefieren procesos rápidos y desvinculados del análisis profundo del territorio. Pero un país sin planificación es un país que improvisa su futuro. Sería un país que responde a los problemas pero no los previene o mitiga. Eso sería un verdadero «cuco».
Por eso, Puerto Rico necesita entender que la planificación no es enemiga del desarrollo. Al contrario, es una herramienta esencial para construir un país más sostenible, resiliente y justo. Cuando dejamos de verla como un “cuco”, comenzamos a verla como lo que es realmente. Es un proceso de cambio y orientación para un mejor Puerto Rico.
El autor es , es geógrafo, planificador y consultor en manejo de emergencias y desastres.







