El negocio de la guerra: un gran reto para la paz en Ucrania y el mundo 

 

El anuncio en estos días de un nuevo paquete de ayuda para la guerra en Ucrania- aprobado por el Gobierno de Estados Unidos- es una reafirmación de la tendencia que se inició con la Segunda Guerra Mundial, y ha continuado su avance expansionista imparable a lo largo de la segunda mitad del siglo veinte y lo que va del siglo 21. Esto es, ” la guerra” como uno de los negocios de mayor alcance y lucro en el mundo entero, e indudablemente como el reto principal a cualquier esfuerzo de diálogo hacia la resolución pacífica de los conflictos entre grupos humanos, países y regiones del mundo.

Desde enero del 2022 cuando comenzó el más reciente conflicto armado de impacto mundial en Ucrania, la administración de Joe Biden y el Congreso de Estados Unidos han destinado la suma de más de $76.8 mil millones en asistencia a Ucrania en su combate frente a Rusia, principalmente para equipo militar, armamentos y apoyo logístico.

Según datos del centro de análisis económico de Alemania, Kiel Institute for the World Economy, en sólo un año (2022-2023)  la suma de ayuda principalmente militar destinada a Ucrania fue cuatro veces más que la totalidad de la ayuda militar que el gran imperio del Norte envió a sus principales aliados en el mundo durante el 2020, cuando  Afganistan recibió $4 mil millones; Israel, $3.3 mil millones; Jordania, $2.6 mil millones; Egipto, $1.5 mil millones, Etiopia, $1.2 mil millones e Iraq, $1.2 mil millones.

Las exorbitantes apropiaciones militares enviadas por Estados Unidos a Ucrania, para una guerra delegada de la cual Estados Unidos no es oficialmente parte, no tienen precedente en la historia guerrerista reciente de dicho país, y superan con creces la inversión de los países e instituciones de Europa y de la OTAN en un conflicto que les toca a estos mucho más de cerca. Gran Bretaña, segundo país en aportaciones, apenas llega al equivalente de $5 mil millones, lo cual resalta la importancia de vida o muerte que le ha dado Estados Unidos al desenlace de este conflicto.

Pero, lo más irónico y triste de toda esta situación es que, como siempre, los pueblos asolados por la guerra llevan la peor parte, mientras a su alrededor hay todo un entramado comercial que multiplica sus ganancias a costa de las muertes, los horrores y los rigores que sufre la gente. Y mientras en Ucrania el pueblo se enfrenta a la realidad devastadora de una guerra en su suelo, y hay crisis de refugiados esparcidos por toda Europa, familias divididas, un país hecho pedazos y el riesgo de una guerra nuclear con consecuencias inimaginables, son los cuatro grandes conglomerados del complejo militar industrial de Estados Unidos los principales beneficiados de esta guerra: Lockheed Martin, Raytheon, Boeing y Northrop Grumman, la concentrada  red de contratistas del Pentágono que no sólo fabrican armamentos grandes y pequeños a gran escala, sino también se encargan del apoyo logístico y de las labores de reconstrucción tras los conflictos. Estos han producido los armamentos de mayor demanda y costo entre los enviados a Ucrania. Como resultado del conflicto, las acciones de esta compañías se han disparado en los mercados financieros. El precio de las acciones de Northrop Grumman creció en un 40 porciento en 2022, y las de Lockheed, en un 37 porciento en el mismo período. Los activos de Northrop se situaron en $44.2 mil millones en marzo de 2023, con un crecimiento de 5.6 por ciento sobre el año anterior, mientras Lockheed reporto activos de $54.6 mil millones e incremento de 6.04 porciento para el mismo período. Esto es sólo una muestra del expansivo poder del negocio de la guerra, y una explicación para la falta de voluntad y compromiso  del Gobierno de Estados Unidos con promover el diálogo y la paz en Ucrania.

 

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