Especial para En Rojo
Cuando Woody Allen y su crew llegó a Puerto Rico para filmar Bananas (1971), puso a San Juan patas arriba. Es un recuerdo que sigue muy vivo en la memoria de los que participaron en el rodaje frente y detrás de la cámara. Hay que recordar que Allen era (y sigue siendo) un director/productor independiente que trabaja con un estrecho presupuesto y controla todas las facetas de la producción. A Jacobo Morales le tocó el “premio” de ser el punto focal de su subtrama—lo principal era cómo conquistar nuevamente a la novia que lo había acusado de ser flojo políticamente—de ser líder de una revolución en la isla de San Marcos. Disfrazado lo + posible de los barbudos rebeldes que logran llegar al poder (referencias a toda Latinoamérica, pero en especial a Cuba), Jacobo Morales es Exposito y entre sus guerrilleros + importantes está Luis, interpretado por Miguel Ángel Suárez. Ambos tienen excelente exposición en todos los segmentos de la isla. Hay que recordar que en el mundo de la comedia nada es sagrado y todo puede utilizarse para hacer al público reír. La parodia no es falta de respeto sino otra manera de ver el mundo que tanto nos decepciona. Según lo veo, los revolucionarios empeñados en terminar con las dictaduras son reconocidos en Bananas como un factor de cambio que también son criticables. En el recuento que estoy haciendo de mis reseñas de cine, destaco aquí a Woody Allen con dos de los filmes que tanto me conmovieron por su temática y estilo tan particular. En el 2ndo segmento dedicado a Allen, incluyo dos adicionales.
The Purple Rose of Cairo (1985)
La última creación de Woody Allen lleva definitivamente su sello, aunque no participe como protagonista. Como en sus últimos filmes, Mia Farrow tiene un papel protagónico y la historia se sitúa en el pasado. Estos son los años 30 cuando Estados Unidos estaba sumido en la + terrible crisis económica de su tiempo. Había escasez de las necesidades básicas de la población; los precios de los artículos comestibles y de 1era necesidad eran tan altos que solo estaban al alcance de unos pocos; los salarios eran muy bajos comparados con el costo de vida; y existía un desempleo crítico. Allen recoge todos estos detalles de su medio ambiente a través de las situaciones en que se encuentran sus personajes. La fuerza opositora de esta realidad es el cine de la época. En la pantalla no hay pobreza, ni preocupaciones de cómo conseguir dinero para comer. Las películas de Hollywood siempre tratan de gente rica que no parece saber que existe una depresión económica en su país y en + de la mitad del mundo. Ya de entrada, Allen pone su mirilla en las contradicciones de la época.
En el centro de todo esto, está Cecilia (Mia Farrow). Para ella el cine, la vida de los artistas, y el mundo que se presenta en la pantalla es la única forma de darse ánimo para sobrellevar una vida de penuria, explotación y maltrato marital (Danny Aiello como el marido, Monk). Al entrar en una sala de cine donde la realidad se reduce a lo proyectado en pantalla, ella abandona su propio mundo para vivir una fantasía. Ver a aquellos que no sufren, que siempre son jóvenes y hermosos, la hacen olvidar la fealdad y crueldad de su vida familiar. Al utilizar a Cecilia como narradora omnisciente, el público va poco a poco pensando y sintiendo como este personaje. Por eso, el que un personaje de una película (Jeff Daniels como Tom Baxter) se enamore de esta mujer hasta el extremo de abandonar la ficción y adentrarse en la realidad, no es tan descabellado. Todx fanáticx del cine sabe que podría pasar; todxs sentimos cómo una película nos habla directamente a nosotrxs; por eso regresamos una y otra vez a la gran mentira que nos hace sentir fuertes y bien acompañadxs.
Uno de los grandes aciertos de Woody Allen como escritor y director es su caracterización femenina. Todas las mujeres de sus filmes son seres humanos, nunca estereotipos. En este filme, la Farrow interpreta a la mujer atrapada por razones económicas en un matrimonio infeliz y viviendo una vida apagada que emocionalmente rechaza. Todxs estaríamos de acuerdo que no debe seguir viviendo con un marido manisuelto que la atemoriza y que es un vividor ya que depende del mísero salario de Cecilia. Pero ¿a dónde puede ir? Por + que intenta escapar de su situación, la falta de dinero, apoyo emocional o económico de alguna persona o grupo le impiden ir muy lejos. La realidad es muy distinta a la ficción del cine. Por eso vuelve nuevamente a una situación intolerante, pero que al menos le permite tener un techo y un lugar donde guarecerse. Los hombres la manipulan, le mienten, la engañan y ella solo sabe ser ella y darse enteramente. Por eso el único hombre que la puede hacer feliz es un personaje ficticio. Por eso el cine será su único aliciente.
Blue Jasmine (2013)
El gran acierto de Blue Jasmine es sin duda la selección de Cate Blanchett en el papel modificado de Blanche Dubois de Un tranvía llamado deseo/A Streetcar Named Desire de Tennessee Williams. Allen le ha quitado lo patético y condenado al fracaso del personaje para hacerla arrogante, fuerte, manipuladora, extravagante y a punto de un ataque de nervios. Almodóvar debe estar lamentando que la Blanchett no sea hispano parlante para poderla usar en su próximo filme. También el entorno familiar se ha modificado ya que Stella (aquí Ginger, interpretada por la fabulosa Sally Hawkins) ya tiene dos hijos y es divorciada con un novio muy parecido al Stanley de Marlon Brando (Bobby Cannavale). El pretendiente de Jasmine no es amigo de Chili, por lo tanto no puede romper maliciosamente esa relación y la historia del anterior marido (Alec Baldwin) es totalmente creada de los imaginarios del Manhattan de Allen. Jasmine es e/la protagonista por excelencia de Allen con su arrogancia intelectual—en este caso también económica—, intolerancia por los que considera conformistas con su situación doméstica y encima de esto hipocondríaca. Al transferir esta personalidad a una mujer como Jasmine (la Diane Keaton y Mia Farrow mejoradas) la historia conocida toma otro giro. En verdad no hay necesidad de otras historias paralelas, aunque el giro de Ginger, la hermana, está muy bien trabajado.
Los papeles de reparto, desde Alec Baldwin como el marido dadivoso y luego mentiroso e infiel, Bobby Cannavale en su muy particular imitación de Brando, Andrew Dice Clay como el marido buenazo pero tofete de Ginger hasta los posibles buenos partidos que se desmoronan casi solitos son un deleite por su picardía, comentarios y situaciones de todo tipo y alusiones personales (hasta plantear la posibilidad de que un hombre mayor decida comenzar una relación seria con una jovencita). Cuando ya creíamos que el talento de Allen se había agotado con propuestas como Casandra’s Dream, surge una excelente seguidora de Midnight in Paris y You Will Meet a Tall Dark Stranger para redimirlo.



