La vocación humana para caminar

En varias regiones de Brasil, el mes de julio es época de peregrinaciones y marchas. En el centro del país, es época de sequía y entre cosechas. Así, campesinos e indios pueden aprovechar este tiempo para las costumbres ancestrales de caminar juntos, sea para algún lugar considerado sagrado, sea para reuniones organizadas por movimientos populares.

Caminar es importante para la salud, pero es más que una necesidad física. Según muchos libros sagrados, el ser humano es, por naturaleza, caminante. A principios del siglo XX en Francia, León Bloy dijo: “todo ser humano es un peregrino del absoluto”. En China, desde siglos antes de nuestra era, el Taoísmo enseña que el término Tao significa “camino”. Tai-Chi-Cuan son ejercicios físicos y espirituales para “una vida larga y saludable”. En la espiritualidad islámica, la peregrinación a Meca es uno de los pilares de la fe. Desde hace siglos, en India existen santuarios a los que los fieles gustan de acudir.

En sus inicios, el movimiento cristiano se llamaba “El Camino”. Todavía hoy, en Brasil, se llama caminada al cristianismo insertado en medio de la vida y de la lucha pacífica de la gente empobrecida. Entre nosotros, hasta nuestros días, el pueblo guaraní vive su permanente peregrinación en busca de la Tierra sin Males.

En la Biblia, la peregrinación al templo de Jerusalén estaba vinculada a la celebración de las grandes fiestas del año. Los Evangelios cuentan que Jesús solía peregrinar a Jerusalén y en una de estas peregrinaciones de Pascua, fue detenido y crucificado.

Aunque el Cristianismo originario no tenía templos y consideraba sagrado todo el universo, desde el siglo IV, cristianos peregrinan a las tumbas de los apóstoles y mártires. Hasta hoy, millones de fieles peregrinan a lugares como la Tierra Santa, Santiago de Compostela o santuarios marianos como Lourdes y Fátima, o Guadalupe.

En muchas tradiciones espirituales, caminar es una forma de orar no sólo con la mente, sino también con los pies. Sin embargo, en la Edad Media, San Bernardo de Claraval enseñaba que, de nada sirve caminar con los pies si el corazón no marcha primero. El acto de caminar revela la disposición a cambiar interiormente. Hay que avanzar siempre en la búsqueda de Dios, que no se encuentra en los santuarios de piedra, sino en lo más profundo de cada ser humano, sobre todo de aquellos que aceptan peregrinar a lo más profundo de su propio corazón y reconocer en el otro hermano esta morada de lo divino. Todos somos peregrinos del Amor.

En la peregrinación de la vida, el itinerario supone una profundización en el viaje interior que es como aventura en el desierto, en la soledad de uno mismo, donde el Espíritu nos espera.

Un antiguo mito cuenta que las peregrinaciones surgieron porque el ser humano quiere recuperar la dimensión divina que perdió por no saber utilizarla con amor. Por eso lo busca en santuarios. Pero el Espíritu lo esconde en el lugar que menos sospecha: en lo más profundo del corazón humano. Es bueno hacer peregrinaciones y viajes, pero al mismo tiempo, es importante profundizar la peregrinación a nuestro corazón, al corazón de la comunidad y al corazón del mundo.

El autor es monje benedictino y escritor.

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