Los mundos violentos de Predator: Badlands

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Especial para En Rojo

 

Predator: Badlands (dir. Dan Trachtenberg; EE.UU., Australia y Nueva Zelanda, entre otros; 2025) demuestra lo entretenido que es ver personajes sufrir lo indecible para salir victoriosos al final del camino. Y no estoy incluyendo spoilers. Los triunfos del protagonista vienen acompañados de consecuencias funestas. Además, espero que a estas alturas estemos tan familiarizados con el género cinematográfico de supervivencia que sepamos que los protagonistas tienen que sobrevivir al final. Bueno, no siempre es así, porque la promesa que nos hace un director cuando trabaja efectivamente dentro de un género es que innovará sobre la fórmula. Aunque el abuso de esta fórmula puede cansar a muchos públicos, como lo que ha pasado últimamente con el género del cine de superhéroes, hay sólidas representaciones fílmicas de supervivencia.

No hay nada como ver la confrontación final entre Ripley (Sigourney Weaver) en su armadura metálica y la reina-madre de los aliens en Aliens (dir. James Cameron, Reino Unido y EE.UU., 1986). Muchas veces las fuerzas antagónicas nos recuerdan monstruos míticos de cuentos infantiles, como es la manada de lobos que caza a Ottway (Liam Neeson) y a sus compañeros después de un accidente aéreo en Alaska en The Grey (dir. Joe Carnahan, EE.UU. y Reino Unido, 2012). En otras historias, lo que atenta en contra del héroe es una expresión de los problemas sociales, como en The Raid: Redemption (dir. Gareth Evans; Indonesia, Francia y EE.UU., 2012). Rama (Iko Uwais), un agente de la policía indonesia, pelea dentro de un edificio inmenso de vivienda pública contra un ejército criminal que se adueña del lugar. Esta lucha por la supervivencia en el género no se limita a los humanos, como lo demostró King Kong (dirs. Merian Cooper y Ernest Schoedsack, EE.UU., 1933), que sucumbe al final ante la explotación de la ciudad de Nueva York. El simio gigante sería el rey de la jungla, pero la osadía de enamorarse de Ann Darrow (Fay Wray) fue un obstáculo que no pudo superar. El héroe en Predator: Badlands sufre lo indecible para salir airoso independientemente de las consecuencias.

 

El director de Predator: Badlands, Dan Trachtenberg, expande en el universo de la película original, Predator (dir. John McTiernan, EE.UU. y México, 1987), donde un pelotón militar estadounidense se enfrenta al guerrero alienígena (Kevin Peter Hall). Al final, Dutch (Arnold Schwarzenegger) derrota al cazador afirmando así su problemática supremacía de hombre blanco. Comenzando con su primera secuela en la franquicia, Prey (EE.UU., 2022), Trachtenberg lleva la historia a lugares únicos al localizar la acción en las colonias americanas prerrevolucionarias. El director también desafía el triunfo de la testosterona ochentosa por su enfoque en Naru (Amber Midthunder), una joven indígena que lucha contra el depredador (Dane DiLiegro). Pero este es tan solo un obstáculo más para Naru, que también enfrenta un grupo de cazadores franceses y el prejuicio de los guerreros de su comunidad que la minimizan.

En la secuela más reciente, Trachtenberg adentra en la cultura yautja, de donde provienen los cazadores alienígenas. El depredador (Dimitrius Schuster-Koloamatangi) se vuelve la presa cuando tiene que viajar a un mundo inhóspito para conseguir un trofeo que lo redimirá ante su hermano y lo llevará a enfrentar a su padre. El depredador busca matar el Kalisk, el superdepredador más poderoso de su universo. Pero la flora y la fauna del planeta son una corrupción de las coloridas glorias de Pandora en Avatar (dir. James Cameron, EE.UU. y Reino Unido, 2009) y sus secuelas. El depredador necesita la ayuda de un androide (Elle Fanning), que ha sido abandonada en el planeta y que ha perdido sus piernas, para batallar contra las poderosas defensas de cada planta y criatura que pulula en ese infierno. La imagen del depredador que explora el planeta con el androide a sus espaldas es un elemento mítico del cine que refleja al samurai y a su cría en la serie de películas que comenzó con Lone Wolf and Cub: Sword of Vengeance (dir. Kenji Misumi, Japon, 1973). Por otro lado, la naturaleza peligrosa de ese mundo que el depredador necesita doblegar se siente genérica. Cada espina venenosa y lagartijo explosivo son armas obvias para el guerrero, haciendo su reto bastante predecible y afectando el impacto del antagonista principal, el planeta en sí. Donde todo representa una amenaza, ningún peligro sobresale. Predator: Badlands es una adición decente a la franquicia con muchos detalles interesantes para cualquier fanático del género y de la serie, aunque sus innovaciones no sobrepasan los logros de Prey ni de la excelente película animada, Predator: Killer of Killers (dirs. Dan Trachtenberg y Joshua Wassung, EE.UU., 2025).

Me gusta mucho cuando un personaje cuestiona mis concepciones de lo posible. Por esto, Naru siempre será para mí más impresionante que el Dutch de Schwarzenegger y que el cazador de Badlands. Naru es tan impredecible como el gato negro en la joya animada, Flow (dir. Gints Zilbalodis; Latvia, Bélgica y Francia, 2024). Este animal aparentemente indefenso se enfrenta a un evento apocalíptico donde los humanos han desaparecido y solo quedan los animales. El gato de Flow nos demuestra que la única manera de sobrevivir al final es luchando por comunidad, una acción que resalta la esperanza de nuestras conexiones y nuestra inevitable dependencia del otro.

Pueden ver Predator: Badlands en la pantalla grande para entretenerse un rato, pero les recomiendo altamente Prey y Predator: Killer of Killers en Hulu.