Optimistas bien informados

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El poeta uruguayo Mario Benedetti escribió que “un pesimista es sólo un optimista bien informado”. Esa frase describe con precisión la tensión que vivimos en Puerto Rico: sabemos que la corrupción, la desigualdad y el abandono son reales, que la deuda y la Junta de Control Fiscal nos atan las manos, que la migración vacía nuestras comunidades y que los gobiernos de turno han convertido la administración pública en un botín político. Pero también sabemos que, pese a todo, seguimos de pie. El pesimismo es el diagnóstico, la conciencia de la crudeza, mientras el optimismo informado es la decisión de no rendirse, de transformar la indignación en acción.

Ese optimismo informado es el que nos ha permitido sobrevivir huracanes que nos dejaron en la oscuridad, terremotos que sacudieron nuestra tierra, pandemias que nos aislaron y gobiernos que nos traicionaron. Es el mismo espíritu que llevó al pueblo a las calles en el verano del 2019 para derrocar a Ricardo Rosselló, y que hoy enfrenta la corrupción y el mal manejo del gobierno de Jenniffer González, cuyo desprecio por la transparencia y la justicia social ha profundizado la crisis. El pueblo sabe que no puede confiar en quienes administran el país como si fuera su finca privada, y por eso se organiza, denuncia y resiste.

Las luchas ambientalistas son ejemplo vivo de ese optimismo informado. Comunidades enteras han defendido playas, reservas naturales y bosques contra proyectos que pretendían vender nuestro patrimonio al mejor postor. Han denunciado la destrucción de nuestras costas y han logrado detener intentos de privatización que buscaban despojarnos de lo que nos pertenece. Esa victoria ciudadana demuestra que la esperanza no es ingenuidad, sino rebeldía organizada.

El futuro inmediato nos exige nuevas batallas, una de ellas será la aprobación en la legislatura de un plan para atender el cambio climatico cuya discusión se pospuso este año por una decisión política que favoreció a los grandes empresarios. Una vez más quedó claro que los intereses económicos siguen imponiéndose sobre la vida y el bienestar colectivo. Esa traición no puede repetirse. Puerto Rico necesita un proyecto ambiental que proteja nuestras costas, nuestros bosques y nuestras comunidades, no un plan diseñado para enriquecer a unos pocos mientras se destruye el patrimonio de todos.

Las luchas que nos esperan no serán fáciles… habrá que enfrentar a quienes se benefician del saqueo, a quienes prefieren la ganancia inmediata sobre la supervivencia de las generaciones futuras. Pero si algo ha demostrado nuestro pueblo es que no se rinde. Así como sacamos a Ricardo Rosselló, como resistimos huracanes y terremotos, como denunciamos la corrupción y defendimos nuestras playas, también lograremos que el cambio climático se enfrente con justicia y con dignidad.

Nosotros, los optimistas bien informados de Puerto Rico, sabemos que la realidad es dura, pero también sabemos que la esperanza combativa es la única fuerza capaz de transformarla.