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Desde la butaca del CENIEC* Una mesa, un camastro y dos sillas: “La piedra oscura”, de Alberto Conejero

Por Teresa Jiménez Román

¡Ay mísero de mí! ¡Y ay infelice!

Pedro Calderón de la Barca

¿Llegaría el gran poeta granadino del siglo XX a escribir una obra titulada “La piedra oscura”? Se conjetura que, cuando menos, la empezó. Cuántas cosas no conocemos sobre García Lorca… En cambio, su verso y su teatro, así como su vida y su muerte, siguen cautivando a todos con estremecedora vigencia.

El escenario de esta puesta en escena es lo primero que el lector ve. Está vacío; vacío totalmente de personas y vacío parcialmente de cosas. Solo una mesita, un camastro y dos sillas (inicialmente de espaldas una a la otra) habitan sobre el suelo. Este último, a cuadros negros y cuadros blancos que para nada son ya tan blancos, se combina con el camastro, vestido con líneas negras y líneas blancas. Al fondo, si es que puede el escenario de una sala experimental tener un fondo, hay una contundente pared rocosa y oscura con la que el título de la obra se conjuga en sombras barrocas que traen a nuestra mente al gran encerrado del teatro de la España del Siglo de Oro: el príncipe Segismundo, quien se declaraba miserable por un encierro absolutamente injusto, si bien dictado por los astros consultados por la corte real.

Iniciada la acción de la obra, este escenario de insumo calderoniano redobla sus claroscuros alrededor de Rafael Rodríguez Rapún (Ernesto Concepción) y del joven soldado encargado de su custodia directa (Pedro Colón). El primero, secretario de la compañía de teatro universitario La Barraca, dirigida por García Lorca, había sido amante del poeta. Rodríguez Rapún estaba encarcelado no ya por los astros celestes que decidían sobre el príncipe de Polonia, sino por el nuevo comando de “astros” que advenían a los cielos políticos de la terriblemente convulsa España del siglo XX, tan “oscura” como la piedra del título. El segundo, un muchachito apenas, tenía la encomienda de vigilar a Rafael sin que mediara palabra alguna entre ellos. Esto, seguramente, porque la palabra abre caminos dialécticos de entendimiento, de futuro, de paz; caminos que, sin duda, se habrían abierto entre un músico (que el joven guardia lo era) y un teatrero (Rafael) en plenitud de comunión artística, y eso no podía permitirse.

En contraste con toda la paz que el diálogo entre los seres humanos puede articular, el acto primero de “La piedra oscura” es terriblemente violento, oscuro por demás. El muchacho, lleno de miedo, de descontrol y de nervios, apuntaba a la menor provocación al herido y casi desangrado recluso. Le exigía silencio al más autoritario estilo de Bernarda Alba a las hijas, a las que tenía igualmente presas dentro de “la piedra oscura” del desentendimiento, la intolerancia y la censura. Rafael, en cambio, dominaba con su palabra el giro dialéctico con el joven en la convivencia obligada tras las rejas. Acaso toda obra que honre al poeta granadino —y esta obra lo honra y mucho— honrará asimismo a la palabra, aunque esta esté continuamente apuntada por el fusil.

Difícilmente hallemos otra obra en la que un personaje que no esté en escena físicamente sea, a la vez, el eje mismo de ella. Esto es justamente lo que ocurre en “La piedra oscura”. Desde el inicio de la obra, el lector va percibiendo espiritualmente al poeta andaluz. Para captarlo, no tenemos sino que escuchar su “voz” (Miguel Diffoot) en fragmentos de cartas y de versos que marcan el inicio de los actos. La percepción presente del personaje ausente del poeta inmortal va in crescendo hasta el momento tan esperado por el lector: el secretario de La Barraca pronuncia el nombre completo de su ya ejecutado amor, “FEDERICO GARCÍA LORCA”, así con todas sus letras. Imposible olvidar aquí el “Yo pronuncio tu nombre en las noches oscuras” que escribiera el poeta —“oscuras” las noches, como la piedra—: ahora es el amante quien actúa los versos que Federico dejó escritos, y Federico pasa de escribir los versos a recibirlos. 

Este momento en el que Rafael pronuncia el nombre completo del poeta tiene tan cabal importancia que logra marcar en la obra un antes y un después. Esto es, que a partir de este momento comienza, por fin, a fluir verdaderamente la conversación entre este Quijote y este Sancho —salvando las distancias, claro, entre obras literarias de dos que dialogan—, y hasta vemos algún borde risueño en los labios de ambos. Llegan a este diálogo no porque el soldado lo apruebe, al menos no en su respuesta superficial, sino porque la palabra del teatrero opera el milagro estético y conceptual del entendimiento entre dos contrarios. Así es como fluyen de la boca de Rafael cosas muy íntimas sobre Federico y sobre la relación entre ambos: “Yo me entregué… porque lo amé”. El muchacho y el lector, igualmente amante del poeta, escuchan “la historia del cautivo”, como la titularía Cervantes, el gran cautivo de todos; se estremecen con ella y se enternecen.

Hechas estas confesiones a su guardián —“Necesito que tú sepas quién fui y lo que hice”—, Rafael le confía una sagrada encomienda: le encarga que busque a Modesto (Modesto Higueras, 1910-1985, director de teatro) y se asegure de que la correspondencia entre el preso y Federico, guardada en el piso de Alcalá, llegue a salvo a Francia. Por su parte el guardián, desnudado de su impenetrable coraza militar e integrado ya al diálogo más puro con Rafael, le revela a este su verdadera edad, dieciocho años, y más aún, su nombre, Sebastián. Ya los dos tienen nombre dentro de esta “oscura piedra” de la celda inclemente: el diálogo reciente sobre Federico ha removido toda máscara entre estos dos enemigos, los ha conciliado y le ha permitido a cada uno ser quien realmente es.

No deja de ser esta obra justamente como la vida de García Lorca: una auténtica tragedia, pues el héroe —en este caso, Rafael Rodríguez Rapún, alter ego del poeta por medio del amor y por medio de la palabra— camina hacia el final de la obra de frente a la muerte. Entonces será el muchacho quien ocupe la celda abrazado al muro oscuro que sirve de fondo al escenario. Sebastián, el que vigilaba al preso, es ahora el preso, pues las palabras de Rafael —“Si logras ganar esta guerra, ¿cómo vas a vivir con toda esta sangre?”— terminan mostrándole, en el espejo del propio ser, el reflejo de una bestia que asesina por un mendrugo. 

 “La piedra oscura” es una obra sobre la guerra; una obra sobre la censura, que no es sino una guerra en sí misma; una obra sobre cartas que hay que salvar y sobre la poesía del poeta adorado, adorado tanto por el personaje cautivo como por el público cautivado. Por un lado, encarna una micro guerra civil española: recrea dentro de una oscura celda la pugna entre los dos bandos. Un bando no quiere que el otro hable, que se exprese, que sea él mismo, porque ese otro bando amenaza los cánones sobre los que descansa la doxa o pensamiento oficial del bando silenciador: los amenaza con su voz —con su verso— y con su amor “oscuro”, tan oscuro como la piedra del título de esta tragedia, tan oscuro como los “Sonetos del amor oscuro” que tanto vienen a cuento, y tan oscuro como la conciencia de quien hace lo que sea por silenciar ese amor.

Impregnada de la dignidad del amor, esta puesta en escena se destaca por su buen gusto a despecho de la violencia, por su realismo, por su evocación a todo aquello que nunca conoceremos a cabalidad sobre García Lorca. Por todo esto, de la sala experimental unos salieron con ojos de llanto; otros, con una “piedra oscura” oprimiéndoles el pecho; otros, aliviados porque terminó la obra, porque, si no, ya habría sido demasiado… ¿La complacencia mayor para el lector de “La piedra oscura”? Haber “visto” al poeta, que ya había muerto al pie de un olivo en el camino entre Alfacar y Víznar, pero que quedó delineado iluminada y heroicamente por el diálogo que triunfa sobre la censura: “Nadie puede desaparecer del todo”, afirma el cautivo ya para el final de la obra; “mientras prevalezca su voz”, añadimos nosotros. Y todos, cómo no, salieron complacidos por haber visto en carne, sangre y hueso a quien fuera, según el experto en García Lorca, Ian Gibson, el último amor del poeta, Rafael Rodríguez Rapún: “las tres erres”, como Federico le decía.

*Centro de Innovaciones Educativas y Culturales (CENIEC)

** Puesta en escena del viernes 22 de marzo de 2019

Sala experimental Carlos Marichal, Centro de Bellas Artes, Santurce

Dirigida por Dean Zayas. Producida por Jhosean Calderas Mercado y Escena Latina

Titeretada 2019

Por Deborah Hunt

¿Para qué hacer arte si no es para reflejar y cambiar el mundo que cada día tenemos que enfrentar? 

Los títeres saben de eso y más. Saben también como hacerlo, con irreverencia creativa y alegría deseante. Y ustedes, nuestro público, son cómplices de esta gesta liberadora. 

Con los títeres creamos, transformamos, denunciamos y celebramos. Con ellos podemos abrir portales a mundos extraordinarios y completos que retan cualquier mirada convencional. Son capaces de transformar la realidad superficial en desafío a la banalidad y criminalidad de las estructuras de poder. Con toda irreverencia, subvertimos el orden para reírnos en la cara de esas visiones tan limitadas. Creamos con la convicción de que un mejor mundo es posible. 

Durante los pasados 11 años, la TITERETADA ha servido de espacio independiente, como una provocación, a muchxs titiriterxs para crear y presentar piezas nuevas de teatro de títeres, para compartir nuestras ideas, sueños e inquietudes y para desarrollar el trabajo titeril dirigido a adultos. Nuestro público siempre ha sido solidario y agradecido de este esfuerzo. Más aún, el aprecio por esta gran diversidad de propuestas ha ido creciendo. 

Lo celebramos con trabajos de mas de 50 titiriterxs que rompen esquemas y trazan nuevas posibilidades creativas, dando el todo. 

En esta TITERETADA celebramos a quienes que se han resistido a través de los siglos y que hoy luchan por una existencia digna, justa y LIBRE. 

Por el resto del mes de abril este es el programa:

12/13/14 de abril 8pm 

Titeretada Noches de Cabaret Puppet Slam

Con Poncili Creacion, Papel Machete, Tere Marichal, Mary Anne Hopgood, Vueltabajo y Matotumba; Columpio Colectivo, Brenda Plumey, Dave Buchen, Jimena Lloredo con Rocio Cancel, Casa Mucaro, Y No Había Luz, Deborah Hunt con Shanti Lalita y Miguel Jerez.

Salón 610

610 calle Condado 2ndo piso, Santurce . 

Tel: 787 414 2082, 787 366 3034

19/20 de abril , 8pm 

Punch Crucificado

Con Jorge Díaz, Agustín Muñoz y Deborah Hunt

Casa Taller Cangrejera,

1550 calle Martin Travieso, esquina Rosario, Santurce

Tel:787 414 2082, 787 448 3159

Esperamos verlos allí. Y en mayo celebraremos el aniversario de Papel Machete.

La huelga de 1948

El regreso de Pedro Albizu Campos  a fines de 1947 provocó un conflicto en la Universidad de Puerto Rico al aumentar, por un lado, el activismo de los estudiantes independentistas, y por otro lado, el conservadurismo del rector Jaime Benítez. El mismo día que llegaba Albizu a Puerto Rico después de once años de ausencia, comenzó una serie de confrontamientos que culminarían en la gran huelga de 1948. La primera etapa del conflicto se inició con motivo del izamiento de la bandera puertorriquenna en la Torre de la Universidad, entonces conocida como Torre Roosevelt.

La bandera monoestrellada era patrimonio casi exclusivo de los Nacionalistas e Independentistas, pues era ilegal el izarla públicamente. Sin embargo, el 23 de septiembre de 1947, el rector Jaime Benítez había dado permiso a un grupo de estudiantes para izarla en conmemoración del Grito de Lares. Benítez había dicho en esa ocasión que siempre que fuera con su autorización podrían volver a izarla en un futuro.

A fin de tener la bandera puertorriqueña ondeando para recibir a líder Nacionalista, el Congreso de Estudiantes nombró una comisión para que solicitase permiso del rector Benítez para izar la bandera la noche del 14 de diciembre. Tras una búsqueda infructuosa del Rector, la misma comisión de estudiantes decidió izarla en el asta de la nueva Torre Roosevelt. Permanecieron allí de guardia de la bandera solamente José Gil De Lamadrid y Antonio Gregory, porque “descansaban en la palabra pública del rector Jaime Benítez, en el sentido de que la bandera nunca sería arriada”. 

Cerca de las siete de la mañana del 15 de diciembre, el jefe de la Guardia Universitaria, Charles Petterne, “en forma violenta”, bajó la bandera puertorriqueña y volvió a izar en su lugar la americana. Un grupo de estudiantes fue a querellarse ante el rector Benítez del atropello de Patterne, pero éste les recriminó el haber “violado la autoridad universitaria” y les amenazó con aplicar sanciones disciplinarias. Entonces, de acuerdo al periódico El Universal, un grupo de estudiantes presidido por Jorge Luis Landing:…solicitó la devolución de la bandera puertorriqueña, y… cientos de estudiantes en la Torre Roosevelt, bajaron ordenadamente con todos los honores la bandera americana y en su lugar volvieron a izar la bandera puertorriqueña.

También los estudiantes colgaron un gran letrero que decía: “Universitarios Saludan al Maestro Pedro Albizu Campos”, e inscripciones de, “Viva Albizu Campos”. Luego de varios discursos de sus líderes, partieron cientos de estudiantes a recibir al líder Nacionalista al muelle en San Juan. Ese mismo día el Rector telefoneó al gobernador Piñero y éste tuvo que enviar miembros de la Policía Insular a fin de izar de nuevo la bandera americana en la Universidad de Puerto Rico. Como resultado del incidente de la bandera, el Rector suspendió a Jorge Luis Landing, José Gil De Lamadrid y Juan Mari Brás, a quienes no se les permitió tomar los exámenes finales en esos días. Aunque el Fiscal Federal Phillip Herrick declaró que arriar la bandera americana no es delito federal, a pesar de que una comisión de estudiantes visitó al Rector con cinco mil ciento diecinueve firmas solicitando que se readmitiera a los suspendidos; y por encima de las protestas de algunos profesores, los estudiantes permanecieron “expulsados definitivamente de la Universidad”. 

El caso judicial tardó meses en decidirse, pero entretanto, los estudiantes suspendidos volverían a participar en la segunda etapa del conflicto universitario que también surgió por una negativa del Rector.

Fragmento del relato sobre la huelga universitaria de 1948 de Ivonne Acosta en el libro La Mordaza 

Bye, bye Pesquera

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La salida de Héctor Pesquera de secretario del Departamento de Seguridad puede representar un aspecto positivo para que por fin comience a progresar la reforma de la Policía, coincidieron en señalar dos activistas de los derechos civiles a CLARIDAD.

El director ejecutivo de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, siglas en inglés), capítulo de Puerto Rico, licenciado William Ramírez Hernández atribuyó a Pesquera haber sido un obstáculo para la reforma de la Policía. En primer lugar, por su actitud para con los mismos miembros del cuerpo: “Si tú tienes una Policía que desde el punto de vista laboral no es tratada bien, no te va a responder a una reforma. A eso sumamos que Pesquera nunca ha creído en la reforma, no ha sido cooperador cuando se hacen los señalamientos ni los reconoce. Creo que con su salida, la reforma podría comenzar a ver un poquito de luz porque no hay el obstáculo que ha habido, que es él”.

Además de señalar a Pesquera como un obstáculo para la reforma, Ramírez Hernández expresó que ACLU no cree que el Departamento Sombrilla de Seguridad sea un organismo que funcione. “Esa idea de que puede haber una persona “Superman” a cargo de todos los departamentos de seguridad se ha demostrado que no funciona. Ahora mismo, cuando hablamos de la reforma, yo veo a Pesquera como jefe de la Policía, no lo veo como director de un departamento de seguridad sombrilla”. El Departamento Sombrilla de Seguridad incluye a la Policía, Ciencias Forenses, Cuerpo de Bomberos, Sistema de Emergencia 911, Manejo de Emergencias y Administración de Desastres y el Cuerpo de Emergencias Médicas e Investigaciones Especiales.

Ramírez coincide con la idea del presidente de la Cámara de Representantes de que es tiempo de revisar esa estructura. Johnny Méndez declaró tras la salida de Pesquera que la Legislatura revaluará el departamento sombrilla. “ACLU le da la bienvenida a que revisen el error que cometieron cuando se creó esta superagencia. No existe un secretario que pueda tener todos esos conocimientos. Pesquera ha sido un obstáculo para la reforma porque ni cree en la reforma, ni acepta cuando se le critica dónde no está funcionando la Policía. Los mismos policías no lo quieren allí y lo ven como un obstáculo a sus derechos laborales. ACLU está consciente de eso”.

Por su parte, ante la renuncia de Pesquera, la directora ejecutiva de Kilométro Cero Mari Mari Narváez expresó que es positivo que finalmente haya salido. “Lamentablemente fue una salida bien tardía. Estuvo a cargo de la emergencia de seguridad después del huracán, y eso no lo vamos a olvidar nunca. Debería rendir cuentas por toda esa negligencia crasa que exhibió. Más allá del huracán, la crisis de seguridad, el Departamento de Seguridad, ha sido un fracaso que ha afectado la reforma. Lo dice el monitor de la Policía y otros que han examinado la situación”.

Sobre el comportamiento de la Policía, adjudicó a Pesquera haber empeorado una situación que es sistémica, de una cultura que hay que transformar. “Pesquera nunca apoyó la reforma de la Policía, nunca fue creyente de la necesidad de una reforma. Espero que la persona que nombren, por lo menos, pueda demostrar un compromiso institucional con la transformación de la Policía y sea una respetuosa de los derechos ciudadanos y de la profesionalización de la Policía de Puerto Rico”. 

Mari Narváez planteó que la persona que se designe debe tener un concepto moderno de lo que es una policía. Advirtió de que mientras se siga nombrando personas que vean ese cuerpo como uno militarizado, como un asunto de “ley y orden”, con un acercamiento hacia la seguridad que se centra en las armas, en gastar dinero y recursos, en adiestrar para la represión, en reprimir derechos y para la discriminación —según clase social y el color de piel—, no habrá cambio.

“Hay que romper con esos patrones, hay que tener una persona que sepa que tiene que ser una Policía respetuosa de las desigualdades, de los derechos de las personas. Una Policía que pueda eventualmente ser más comunitaria, que se reconozca como uno más de esa comunidad, no como una persona con exceso de poder sobre otro, sino como un funcionario que puede trabajar junto con las comunidades para lograr una mejor calidad de vida”.

Ante la expectativa de cuál será el comportamiento de la Policía con la salida de Pesquera la víspera del 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, y tras la fuerte represión desplegada por el cuerpo policíaco contra los ciudadanos que han participado en las manifestaciones en los dos últimos años, los entrevistados reaccionaron: 

“ACLU está consciente de la razón que asiste a los policías al denunciar y exigir el respeto de sus derechos como trabajadores. Esperamos que también la Policía entienda que cuando ellos dicen algo y buscan justicia y el pueblo los respalda, deben respaldar al pueblo cuando se tira a la calle a protestar lo que ellos protestan”, propuso Ramírez Hernández.

Mientras, Mari Narváez declaró: Esperamos que este año se haya tomado nota sobre lo acontecido en los dos últimos años —aunque no tengo muchas esperanzas, ni tengo porqué tenerlas — pero que la salida de Pesquera signifique que podamos tener un primero de mayo sin violencia policiaca, sin arrestos masivos y discriminatorios contra jóvenes estudiantes. Que no haya agresiones indiscriminadas, que no tengamos que ver que a la gente que en general se manifiesta pacíficamente les corten el paso. La gente tiene derecho a transitar por las calles. Esperamos que tenga un efecto concreto en cómo la Policía maneja las protestas del primero de mayo y las otras que pueda haber”.

Escuelas chárter: Un desastre para la educación especial

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvzaquezlopez@claridadpuertorico.com

Una gran cantidad de madres, padres, maestros y comunidades escolares en general, han rechazado contundentemente el modelo privatizador que representa la escuelas chárter. Lo demuestra el hecho de que varias escuelas (hasta el momento 14 de 30) ya han retirado sus propuestas para implementar los cambios en el modelo administrativo de sus respectivos planteles. Esto, luego de que el Departamento de Educación (DE) anunciara la posibilidad de que para el próximo semestre 30 planteles serían convertidos en escuelas alianza o chárter. 

Las razones para ofrecer resistencia son diversas; sin embargo, la razón fundamental para oponerse a la privatización es que una gran mayoría de los estudiantes de estas escuelas pertenece al Programa de Educación Especial. 

Aunque el modelo chárter propone la creación de escuelas especializadas en deportes, ciencias o matemáticas — lo que puede sonar ideal de primera intención— se deben considerar y cuestionar las consecuencias que tendría este cambio para los estudiantes que se benefician de los servicios del Programa de Educación Especial y la importancia que para ellos tienen estos servicios, especialmente para los niños en grados elementales. 

La semana pasada, Eva Ayala cuestionó durante una entrevista con este medio qué sucederá con los niños de educación especial que no puedan competir en esas disciplinas (deportes, ciencias o matemáticas). Además, reclamó el que se quiera encajonar a los estudiantes de Educación Especial dentro de los mismos parámetros del resto de los estudiantes, lo que en conclusión sería discriminar contra esa población y segregarla.

Para esta edición y con motivos de resaltar la importancia que representan los servicios de Educación Especial (EE) para los niños y las niñas de nuestro país que se benefician de estos, CLARIDAD conversó con la maestra en la Escuela Ramón Marín Solá, en Guaynabo, Verónica Betancourt. 

“El maestro de escuela elemental es la base de los y las estudiantes. Como maestra de Educación Especial yo tengo que crearles confianza en sí mismos. Trabajar la autoestima es primordial, pues a veces vienen trastocados por equis situación que les hace pensar que no van a poder logra ciertas cosas. Mi propósito es enseñarles a que tengan unas herramientas para que dispongan de ellas en el futuro”, dijo Betancourt quien ha sido maestra de Educación Especial para el Departamento de Educación por 19 años.

La transición a la escuela intermedia es un proceso bien difícil para muchos de los estudiantes de educación especial y es una de las razones para que haya tanta deserción escolar durante esa etapa, explicó. Una vez el estudiante pasa a la escuela intermedia no cuenta con el mismo apoyo que tenía en la escuela elemental y muchos de ellos, por miedo a que se burlen, no quieren ir a un salón recurso o no quieren que el maestro los identifique. 

“En la intermedia, muchos de los servicios de las terapias no los hay, lo que provoca que mis estudiantes bajen su nivel porque no tienen esa continuidad del servicio. Eso causa que la tasa de deserción en intermedia sea mayor. El maestro de ese nivel tiene a veces ocho y diez grupos, pero pienso que, a pesar de estas y otras dificultades, deben ser más sensibles y más a tono con el estudiante de educación especial”. 

Betancourt, explicó que aunque a nivel elemental los estudiantes de Educación Especial ya han recibido unas herramientas para ser más independientes, todavía hay cosas que les falta al llegar a la intermedia. 

Ante esto destacó la importancia de los cursos prevocacionales en las escuelas intermedias, que, sin embargo, están siendo eliminados. Concluyó que si además de esto el maestro de intermedia no le muestra apoyo al estudiante y no hay una continuidad en los servicios de educación especial, muy probablemente el estudiante terminará desertando la escuela. “Si a mí el maestro de intermedia no me tiene enamorado de la educación, yo no voy a llegar escuela superior jamás”, dijo Betancourt en voz que imitaba la de un estudiante. 

“Tenemos, como yo le digo a mis papás, que darle las herramientas que necesitan, por ejemplo: que sepan decir cómo se llaman, cuál es su número de teléfono y dirección, que sepan su fecha de nacimiento y a quién llamar en caso de una emergencia, que puedan llenar una solicitud de empleo”. 

El Programa de Educación Especial propone hacerle justicia a una población infantil que requiere de apoyos significativos para afrontar los retos que le impone la sociedad.  Es imperativo que escuchemos y apoyemos las voces de las madres, padres, maestros y comunidades escolares que exigen para sus hijos la oportunidad de vivir una vida plena. Que sin discrímenes, todos los niños y niñas reciban una educación gratuita y digna.