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Perros sí, negros no

El hombre de barba anglosajona (candado) sostiene su perro con un brazo mientras señala con un dedo a alguien que pasa. “No, no es odio”, dice, agitado. “Tengo todo el derecho del mundo a pensar que mi raza es superior. Está probado que la raza blanca es más inteligente que la negra. No es odio, no. Quienes no nos permiten expresarnos son quienes sufren de odio. No nosotros”.

Aparte de ser una moda, esa de acusar a los demás de lo que uno mismo sufre (según Trump, no hay en el mundo alguien menos racista y menos misógino que él), este argumento se ha vuelto muy popular en el club de la OTAN: no son los racistas los que odian. Ni siquiera son racistas.

El argumento tiene, sin embargo, algunos problemas.

Primero, aun asumiendo que los blancos son más inteligentes que los negros (luego discutimos cuándo los asiáticos van a expulsar a todos los blancos y por qué los negros han mejorado tanto en sus test de inteligencia en los últimos cuarenta años si, en su raíz, se trata de un problema biológico), eso no garantiza que los racistas no sean la excepción de su raza.

Segundo, podemos asumir que los supremacistas blancos se consideran intelectualmente superiores a los perros. Sin embargo, no por eso los echan de sus casas a patadas. Por el contrario, al menos aquí en Estados Unidos, la gente duerme con sus perros y no pocos los besan en la boca después que el perrito le lamió el pene al perro del vecino.

Pero cuando se discursa contra los negros o se acosa a los inmigrantes de piel oscura (del medio millón de ilegales europeos y australianos, ni una palabra), no se trata de odio sino, simplemente de un reconocimiento objetivo de que la raza blanca es superior. Eso, eso “no es odio”. (La nueva moda de los genios aburridos será: “Sí, es odio, ¿y qué?”)

Los partidarios de construir sociedades amuralladas consideran que esa es la mejor forma de evitar conflictos y de salvar la pureza de sus culturas y de sus identidades. Esta superstición esencialista, muy popular, ignora la fuerza de la historia que todo lo cambia. Basta que una sociedad expulse a todos los “diferentes” para que, dentro de sus orgullosas murallas, físicas y mentales, como en Calataid, comiencen a surgir diferencias, sino de hecho al menos por la percepción de sus habitantes que siempre ven lo que tenemos los humanos de diferente y nunca lo que tenemos en común. Para darse cuenta de esto basta con mirar cualquier familia.

Este argumento no se sostiene más que por el ejercicio religioso aplicado en el lugar equivocado, en el mundo factual, es decir, la creencia de que algo es verdad porque uno cree en ello, y si algo parece ilógico e imposible, mejor aún, porque se necesita poseer una fe inquebrantable, verdadera, probada, salvadora, para ir contra todas las evidencias. El barco se hunde y los fieles del capitán dicen que está tomando impulso o que se prepara para convertirse en submarino.

Un mundo compuesto de sociedades amuralladas no tiene futuro. Es la mejor receta para el conflicto, las guerras y los holocaustos. Si uno se rodea de murallas porque no se entiende con otros pueblos, no es lógico pensar que por esa misma particularidad vamos a poder comunicarnos y entendernos mejor con el resto del mundo, un mundo que ha sido reducido a un pañuelo por la tecnología. Si en la Edad Media algunos reinos menores podían sobrevivir sin mayores contactos con el mundo exterior, si luego los burgos se amurallaron con relativo éxito para su defensa, eso ya no tiene sentido. Una nueva Edad Media es un proyecto imposible, impráctico y peligroso, por lo cual podemos prever que no se trata de un gran ciclo histórico sino de una reacción a una tendencia opuesta y mayor, como lo es la aceptación de la diversidad y el avance de la igualdad a pesar del poder de las elites que siempre se las ingenian para contrarrestar sus pérdidas.

El persistente intento de presentar al nacionalismo como la base de un entendimiento universal es una broma de mal gusto. No es un elemento capaz de unir, ni como utopía ni como realidad, a una sociedad global que debe enfrentar verdaderos peligros a su propia existencia, como lo es la catástrofe ecológica en curso, la amenaza nuclear, o la ultra segregación económica, donde 49 individuos, que no han aportado absolutamente nada a la historia de la humanidad, se llevan la mitad de toda la riqueza de la población mundial.

Está de más decir que esta idea (de que los promotores de las sociedades amuralladas solo defienden sus derechos a vivir según sus propios valores) es altamente hipócrita. Esa ola nacida en el mundo que colonizó el mundo en los últimos siglos, primero con colonias esclavistas y luego con la fuerza del dinero y los cañones, nunca pensó en el “derecho de cada cultura a vivir según sus propios principios”. Por siglos, a todas las culturas que eran diferentes se las consideró inferiores y se les impuso “nuestros principios”, aparte de explotarlos y masacrarlos por millones y millones.

Ahora que unos habitantes de esas excolonias, en un número insignificante en comparación, comienzan a migrar por desesperación al centro económico del mundo, se los criminaliza, se los expulsa y se levantan murallas para mantener al “invasor” lo más lejos posible.

Así que, el repetido argumento de que no se trata de odio sino de defender “lo nuestro”, se parece del todo a los racistas que aman a sus perros, pero no pueden vivir con vecinos negros porque son inferiores.

Para que no se sientan mal están las leyes justas que siempre se cambian cuando dejan de convenir al poder. Actualmente, la ley de Lotería de Visas para la Diversidad de Estados Unidos que beneficia a pocos pero demasiados no blancos, es atacada por el mismo Partido del Muro. Personalmente estoy de acuerdo que es una ley sin mucho sentido, pero observemos que fue inventada a finales de los 80 para beneficiar a los inmigrantes irlandeses, por entonces asimilados a la idea de “raza blanca”.

Claro, los irlandeses no siempre fueron blancos. Durante varias décadas del siglo XIX, fueron el mayor grupo de inmigrantes a Estados Unidos y, porque no eran el tipo de blanco esperado y sus pelos eran de un color horroroso, imperfecto, se los discriminó de formas violentas. Los indios, los mexicanos y los negros ni siquiera contaban como candidatos a ciudadanos (la ley definía ciudadanía en base al color de piel) y en la mayoría de los casos ni siquiera contaban como seres humanos. No era raro leer carteles que aclaraban el derecho de admisión en restaurantes: “Ni perros ni irlandeses”. Hoy el cartel diría: “Perros si, mexicanos no”.

El lado positivo es que no se trata de una mayoría, por suerte, aunque sí de una minoría con un poder político desproporcionado, por desgracia y por las razones que podemos discutir en otro artículo. Una minoría con un poder desproporcionado, como la de todo gran poder.

Kevin Fret vs el Retrato-fantasía

Mataron a Kevin Fret y me ha entristecido bastante. Supongo que tanto como las demás muertes violentas que han ocurrido en este país en los últimos tiempos. No conocía personalmente a Kevin —sí había visto sus videos y escuchado sus canciones, me caía bien—, no sé si era o no un modelo de virtudes pero ni falta que hace para sentir lo que siento. Tenía veinticuatro años y en sus ojos todavía era perceptible el fulgor de una ilusión, sus ganas de vivir e intentar cosas a pesar de todo. Kevin en sus videos y en sus canciones hablaba de las mismas cosas que muchos otros chamacos de este tiempo (tan dominado por las redes sociales y el mercado): ‘tiraera’ (controversia), marcas de productos de moda, sus planes de vida. Decía “malas” palabras; expresaba sus deseos de sobresalir en el ámbito de la música urbana como “el primer ‘trapero’ latino abiertamente homosexual”, le gustaba lucir su maquillaje, presumir su ropa. Lo último que vi suyo fue un video por Instagram en el que ayudaba a su mamá a promover la venta de los jabones artesanales que ella preparaba.

Con el “piquete” que lo caracterizaba, Kevin siempre habló desde su lugar, nunca pareció pretender ser quien no era. Al contrario, se mostraba orgulloso de ser genuino, elemento que, según él, era la virtud que lo distinguía, que lo diferenciaba de los demás. Mostrándose crítico ante su vida, la sociedad y el intangible mundo cibernético, terminaba siempre destacando la “genuinidad” como un lujo que no todos nos podemos dar. Desde su lugar, como sujeto marginal, criado en Cantera de Barrio Obrero y en el ir y venir entre Puerto Rico y Estados Unidos, atacó durante el tiempo que pudo la hipocresía de la sociedad —tal como la experimentó—, que se alarga, que se extiende a nivel fantasía en las redes sociales. Podemos decir con esto que Kevin denunciaba lo que en términos de Javier Marías (1951) –sí, el escritor, traductor, crítico, miembro de la Real Academia Española y antiguo profesor de la Universidad de Oxford–, es el “retrato-fantasía” (Cuando los tontos mandan. Barcelona: Alfaguara, 2018; p.105). Aquella imagen que construimos de nosotros mismos para exhibirla en las redes como “composición idealizada” que, según Marías, es “un síntoma de la evolución de nuestras sociedades”. Una construcción que, al parecer, responde a una necesidad narcisista de cumplir con el ideal, aunque sea el dictado por la norma; una construcción con la que pretendemos lavarnos de las culpas y las frustraciones —que las hay de todo tipo, fundadas e infundadas—, elevando nuestro deseo (nuestra fantasía) por sobre el de los demás, y a como de lugar conseguir que el cuento, nuestro cuento, acabe bien. Sabemos lo que resulta de esto, ¿no?: intolerancia a la diferencia. Cualquiera que se oponga a ese “retrato-fantasía”, cualquiera que se interponga, que impida la correspondencia de la “realidad” con ese retrato, será un enemigo.

Con la muerte de Valerie Ann, que tuvimos tan presente en estos días de “fiesta” navideña —que ya por fin terminaron— me sucede lo mismo: una sensación de frustración y de pena inmensa. Fue una muy triste y trágicamente inolvidable Navidad para todos los que la quisieron, su familia, sus amigos, y para los nos queda humanidad en el pellejo. Así como muchos han culpado a Valerie de su propia muerte, así también culpan a Fret. Muchos aprovechan la oportunidad que les otorga el internet para enarbolar sus modelos de perfección moral y “verdad”. Opinan sobre cómo debemos ser las mujeres, sobre a dónde podemos ir o no, con quién y cuándo para que no nos maten; sobre cómo debe ser un hombre, un santo varón, un machito de verdad para que no merezca morir a manos de otro. Si me duelen estas muertes, la muerte de estos dos jóvenes al parecer con tantos planes y deseos de vivir, aún me duelen más los comentarios que dejan en las redes muchos de los que quedamos vivos, creyéndonos más merecedores de las bondades del Señor… Al que se meten en la boca cada vez que quieren sentirse más dignos que el “otro”, ese Señor sobre el que no han entendido nada; ese que en lugar de la Ley del Talión profesó la Ley del Amor. Entré a fisgonear en la página de Facebook de Fret, la que en estos momentos figura como homenaje a su corta vida, y me topé con muchos comentarios de odio: demasiados, demasiados, demasiados… De entre los que quisiera destacar dos. El primero viene del perfil de una señora, al parecer madre y abuela: la señora MD. Ella responde a un Facebook live del joven con el siguiente comentario: “Por eso lo mataron, por vulgar y amenazar a otros de esa calaña. Wao”. Y el otro es del perfil de un joven llamado Emmanuel R: “Pato muerto abono para mi huerto”. Tuve la intención en esta nota de dar los nombres y apellidos de ambos seres, porque si hacen públicos sus comentarios llenos de odio es porque no les importa que los demás conozcan su sentir, ni siquiera las madres, los familiares, los amigos del muerto. Pues yo pretendía tomarles la declaración tal cual y pasarla pa’ lante con sus respectivas señas. Pero estando las cosas como están, me limitaré a añadir que, tanto la señora MD como el joven Emmanuel R, exhiben iconografía religiosa (cristiana) en sus páginas sociales. Emmanuel, no en balde, tiene a un Cristo cargando la cruz, y la señora MD a una virgen vestida de la bandera puertorriqueña cargando al niñito. Sus comentarios provienen del lugar que sabemos: del odio a la diferencia, del complejo de superioridad moral, de la insensibilidad crasa y en el nombre de Cristo. Amén. Por eso, así como no enarbolo la bandera de nada ni le doy “forward” a las cadenas de oración que envían por Messenger, ni creo en el “ojo por ojo” —ni en poner la otra mejilla tampoco—, prefiero no hacer con estos energúmenos lo que ellos con los que no comparten su ideal ni su nada. No quisiera continuar la cadena de juicios, prejuicios y desprecios basados en la simple, pero por eso, sumamente dañina relación de oposiciones binarias: blanco-negro, bueno-malo…. Prefiero hablar de literatura y tratar de acercarme más al “otro” a través de ella.

Por ejemplo, me parece oportuno recordar Las semanas del jardín (1997), novela del español Juan Goytislo (1931-2017). En esta novela —muy compleja en su estructura— se nos propone por medio de veintiocho narradores reconstruir la identidad de un poeta republicano y homosexual desaparecido a principios de la Guerra Civil Española (1936-1939). Sabemos que ser abiertamente republicano y homosexual durante el ascenso del fascismo en España significaba casi siempre, una muerte segura —así como le pasó a García Lorca—, porque tu preferencia sexual e ideológica eran contrarias al plan de perfección según el cual se pretendía construir una sociedad homogénea y un estado totalitario y dictatorial, entiéndase sin cabida para la diferencia ni la contestación. Sin embargo, en esta novela observamos tanto en su argumento como en su estructura, un interés por destacar la importancia de la identidad personal o individual como elemento de resistencia al olvido frente a los intentos por parte del régimen fascista de homogeneizar caracteres y borrar lo que de acuerdo a su ideología fuese una “conducta o práctica contraria a la naturaleza y al orden moral” (95). En la versión que ofrece uno de los narradores de la novela sobre la identidad del poeta, dice que este fue sometido a un tratamiento médico con el que lo curarían, lo harían olvidarse de quien fue, de su “vergonzosa inclinación a mojamés y gañanes, malas amistades, ideas torcidas”. Un tratamiento que consistía en “el saneamiento y regeneración eugenésica” que, aplicado a un pueblo, “exige que se actúe sobre la totalidad de los individuos que lo constituyen, a fin de crear una casta étnicamente mejorada, moralmente robusta, vigorosa en el alma. Una eugenesia que libere a los seres dañados de sus taras y los devuelva, mediante la higiene física y mental adecuada, a la incubadora que los haga germinar y florecer como en un vivero, acorazados contra la corrupción del medioambiente, en el depósito sagrado de los principios que alientan nuestra Cruzada” (42). Con esto no pretendo indirectamente catalogar de fascistas a doña DM y a Emmanuel R., sino directamente de neofascistas. Así como muchos se la pasan repitiendo como mantra que “la envidia mata”, no olvidemos que el fundamentalismo, en sus diversas manifestaciones, también.

P.D. Investiguen por Internet sobre la eugenesia, digo, si no saben bien lo que es y les interesa. No se conformen con la definición de Wikipedia, aunque a veces es buena.

Será otra cosa: Nosotros, ellos, la nieve

Debe ser por el frío que me paraliza acá en el Bronx, o por el hecho de que el gobierno federal está medio cerrado, pero las imágenes de la cumbre en Davos se han alojado, obstinadamente, en mi cabeza. Pienso en nieve, montañas y pinos. Pienso nieve, nieve, nieve. Es uno de esos paisajes que son preciosos solo si una está lejos o tiene mucho dinero, porque la nieve en abundancia evoca “vacaciones” para los que tienen mucho y miseria para los que tienen muy poco, y el deporte del esquí, así como las estructuras que se erigen a partir de él, es, como el polo o el golf, un deporte donde suelen estar representados mayormente aquellos que pueden pagar por equipo, maquinaria, hotel y viaje.

Cada año, emigran por un rato a Davos, Suiza, los jefes de estado y los billonarios, a veces en sus aviones personales, a veces en primera clase de un avión comercial.  Algunos son ambas cosas, jefes de estado y billonarios. Otros solo billonarios pero amigos, donantes o “influencers” de los políticos. Aunque hay, como en cualquier parte, enemistades, en general se trata de una comunidad donde los ricos se encuentran, se amigan, se enamoran, se casan,  se apadrinan los hijos y las suertes unos a otros, se nombran a juntas corporativas y filantrópicas unos a otros, y juntos hacen chavos y toman decisiones sobre el resto del planeta.

Siempre hay un party pooper, claro está. En el 2011, por ejemplo,  Bill Clinton les dijo, casi casualmente, inspirado a saber por qué mezcla de culpa, lucimiento e introspección, que las grandes civilizaciones tienden a ser arruinadas por la codicia de los poderosos. Este año, Seth Klarman, que corre el fondo Baupost, uno de los fondos buitre que compró bonos de COFINA, les ha enviado una carta a los asistentes, una carta cuyo tono el New York Times describe como “desolador” y que advierte sobre los peligros de las “tensiones”, “divisiones” y “fricciones” socioeconómicas y políticas. Pero no porque estas tensiones, divisiones y fricciones sean malas en sí mismas, sino porque constituyen una amenaza para lo verdaderamente importante, que es el clima estable en donde los inversionistas hacen sus inversiones. “Social cohesion is essential for those who have capital to invest” reza la carta. En el 2011 Klarman había dicho, “Whatever investment success we achieve will take place against a troubled backdrop”, pero nada, supongo que todos tenemos derecho a cambiar de parecer.

De modo que la desigualdad es un problema, según Klarman, y le molesta, pero no porque esté mal el empobrecimiento creciente de tantas personas sino porque les resulta inconveniente a los inversionistas, por aquello de que la gente se ofende y protesta, con panderos o en chalecos amarillos.

Por cierto: acá en los EEUU, los periodistas y comentaristas usan la palabra “oligarca” para referirse a un billonario ruso, y la palabra “billonario” para referirse a los estadounidenses. Pero yo acá, mirando las fotos y noticias sobre este señor Klarman, no puedo evitarlo y pienso nieve, nieve, nieve, oligarca, oligarca, oligarca…

Por cierto también: el fondo que Klarman dirige y que posee bonos de COFINA tiene también conexiones de lo más interesantes con la industria de escuelas chárter y con grandes donativos para adelantar medidas en referéndum y candidatos políticos en elecciones en los estados. Nieve, nieve, nieve, oligarca, oligarca, oligarca…

Pensar en nieve me lleva a pensar en pingüinos, por supuesto. Los pingüinos hacen muchas cosas encantadoras, y una de ellas es organizarse, pegaditos, cuando enfrentan tormenta, para así protegerse y calentarse unos a otros. Tiene sentido–juntos generan más calor y aumentan sus posibilidades de sobrevivir el embate del frío y el viento.

Ante la tormenta que representa el capitalismo desenfrenado que es el corazón de la economía global de la deuda, solemos juntarnos como pingüinos en comunidades, uniones, instituciones. Pero el capital, como la física, tiene su lógica, sus leyes, su particular forma de entropía. Le gustan los individuos. No le gustan, para nada, los colectivos que desafíen el principio central de la codicia. Opera dividiendo, oscureciendo, exprimiendo y consolidando.

Primero nos divide. Así como cuando separa a las familias de una comunidad plantada en un canto deseable de real estate, e insiste en repartir títulos de propiedad, para que cada familia venda por su cuenta y se salga más rápido que el todo. O cuando separa a la Universidad de Puerto Rico en once recintos, cada uno (¡olvídate del #oncerecintosunaupr!) con la carga de probar que: (1) merece existir como recinto y (2) tiene los recursos para hacerlo a pesar de los recortes brutales impuestos por la Junta. El capital convierte a  las comunidades en una sumatoria de individuos y a las instituciones en un conjunto de sucursales. Siempre a oscuras, claro. El mismo grupo de Klarman, Baupost, se cambió convenientemente el nombre a “Decagon” para comprar deuda de Puerto Rico. Y, ¿cuánto trabajo no han pasado grupos como los incansables periodistas del CPI, para que les entreguen los documentos más básicos, para obtener una mínima posibilidad de transparencia? ¿Cómo es que de repente tenemos misteriosos filántropos pagando salarios de “voluntarios” en las más altas esferas del departamento de Educación?

Una vez divididos, es fácil exprimir: los estudiantes desplazados se convierten, convenientemente, en clientes de un sector privado, subsidiado por el estado federal (la beca Pell) o local (el “costo por estudiante” de la reforma educativa); los retirados pierden su garantía de ingreso y en su lugar reciben un “portafolio” de “inversiones” individual, del tipo “tenga usted, compre acciones y que le vaya bien, o tal vez no, su retiro depende ahora de la popularidad del último iphone o de un par de tenis”; los empleados negocian sus condiciones por separado y en implícita competencia con los que otrora fueran sus pares y aliados; cada quien erige la mejor barrera (física o psíquica) que pueda para protegerse, porque la policía no está; y todas compramos, gastamos, invertimos en todo, todo, todo, porque nada es bien común y todo es mercancía, venta, producto. Nieve, nieve, nieve.

Con la consolidación viene la ironía: se alían, se compran, se juntan y se convierten en una cosa que, a diferencia de nuestra comunidad, nuestra institución, nuestro estado o nuestro país, es de repente “demasiado grande para fracasar”, “too big to fail”. Entonces, venden “instrumentos financieros” y nos venden también la idea de que tenemos que salvarlos y subsidiarlos, para que puedan seguir encontrándose, amigándose, enamorándose, casándose, apadrinándose los hijos y las suertes unos a otros, nombrándose mutuamente a juntas corporativas y filantrópicas y, cómo no, haciendo chavos y tomando decisiones juntos, comiendo caviar y bebiendo champán, sobre nosotros y el resto del planeta.

La herencia meas actual de Gandhi

Cada año, el día 30 de enero en la India y el mundo entero, recuerda el martirio de Mahatma Gandhi y una vida consagrada a la paz y a la justicia. Su lucha pacífica a través de Satyagraha, (el camino de la verdad) y ahimsa, (no a la violencia), trajo la independencia política para la India e inspiró a líderes como el Obispo Desmond Tutu y Nelson Mandela en África del Sur. Motivó al pastor Martin Luther King en su lucha contra el discrimen racial en Estados Unidos y la lucha de Dom Hélder Cámara contra la dictadura en Brasil en los años ‘60 y ‘70. Es un principio de espiritualidad humana y social abierto a toda la humanidad, religiosa o no.

Actualmente nuestras sociedades se han se vuelto más intransigentes y violentas. De repente, en el Brasil de Bolsonaro resucitan los fantasmas del comunismo y sectores rurales, apoyados por el gobierno, reabren la temporada de cazar a los indios. Por eso, se vuelve urgente recordar la herencia de Mahatma Gandhi. Algunos de sus pensamientos recorren el mundo entero y proponen una nueva manera de actuar: “Comience por usted mismo el cambio que desea para el mundo”. “Usted puede considerarse feliz solo cuando lo que piensa,dice y el modo en que actúa están en completa armonía”. Ése es el verdadero y profundo camino.

En América del Sur, necesitamos apoyar al gobierno y al pueblo de Venezuela, aplastado por una guerra de publicidad deshonesta y violenta. El gobierno, electo por la mayoría de los ciudadanos, en elecciones que los organismos internacionales consideran válidas es llamado ‘dictatorial’. El bolivarianismo es considerado comunismo violento y obsoleto.

El bolivarianismo es un proceso social y cultural, basado en las culturas ancestrales de los pueblos indígenas y con muchas comunidades cristianas de base. En la América Latina ese camino ha asumido como método la no violencia de Ghandi y el ejemplo de muchos hombres y mujeres que consagraron su vida a la justicia y la liberación de los pueblos en su camino de paz. La articulación de los movimientos sociales en frentes populares y la resistencia a gobiernos totalitarios actualiza la lucha de Ghandi a la humanidad existente. La búsqueda de una vida que sea verdadera y plenamente vivida es para todos y todas el objetivo con el cual Jesús de Nazaret define su misión: “Yo vine para que todos tengan vida y vida en abundancia”. (Jo 10, 10).

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

Crucigrama: Iris Zavala

Horizontales

1. _____ cuestión caribeña; libro de Zavala publicado en 2011.

3. 27 de _____ de 1936; nacimiento de la escritora y educadora Iris Zavala Zapata.

7. Asistir.

9. Quiera.

11. Época.

12. Iris Milagros _____ Zapata; crítica literaria y ensayista; graduada de la Universidad de Puerto Rico; obtuvo un doctorado en Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca. Fue profesora en universidades de Puerto Rico, México, EE. UU., Países Bajos, Italia, Alemania y España.

13. Escuchar a _____; libro de Zavala de 1990.

14. Metal precioso.

15. Contra la música _____ dentro: la transculturación, la tropología y el enigma; ensayo de Zavala publicado en la revista La Página en 2008.

17. Mango.

18. Repugnancia.

19. Ondas marinas.

22. El bolero: historia de _____; libro de Zavala de 1991.

24. Segunda nota musical.

25. Prefijo que suele significar ‘adentro’ o ‘al interior’.

27. Símbolo del rubidio.

28. Artículo neutro.

29. Terminación verbal.

30. Recipiente de cocina con mango.

34. Reverberaciones.

37. Se dirige.

38. El modernismo y otros _____ de Rubén Darío; libro publicado por Alianza en 2009; selección, prólogo y notas de Zavala.

40. Lengua provenzal.

41. Pontífice.

42. Juntar.

44. Reza.

45. _____, comuneros y carbonarios; libro de Zavala publicado en 1970.

48. Insignia que llevan en el pecho los familiares y dependientes de la Orden de San Juan.

49. Mensaje breve escrito.

51. Pequeña mancha en el rostro u otra parte del cuerpo.

52. Saludable.

53. Parte del molino de viento.

55. El sueño del _____; novela de Zavala de 1998.

57. _____ rapto de América y el síntoma de la modernidad; libro de Zavala de 2001.

58. Alejarnos, apartarnos.

59. Existe.

Verticales

1. _____ de Dama de la Orden del Mérito Civil de España; distinción otorgada a Zavala en 1988.

2. Que nadie muera sin _____ el mar; poemario de Zavala de 1983.

4. El libro de Apolonia o de las _____; novela de Zavala publicado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña en 1993.

5. _____ Torresola; uno de los dirigentes de la revolución en Jayuya.

6. Hilera de caballerías que van atadas.

7. _____ M. Zavala Zapata; autora de ‘Kiliagonía’, ‘Nocturna mas no funesta’, ‘The Intellectual Roots of Puertorrican Independence ‘, ‘Fin de siglo: Modernismo, 98 y bohemia’, ‘Masones, comuneros y carbonarios’ y ‘El sueño del amor’.

8. Batracio.

10. _____ Morales Ayma; presidente boliviano.

11. Siglas de grupo de liberación vasco.

15. Río de Italia.

16. Interjección usada para arrullar a los niños.

18. Inundó.

20. Discursos _____ la ‘invención’ de América; libro de Zavala de 1992.

21. Fin de siglo: Modernismo, _____ y bohemia; libro de Zavala de 1974.

22. Antigua ciudad de Mesopotamia.

23. _____; primera novela de Zavala publicada en 1980.

26. Nocturna mas _____ funesta; segunda novela de Zavala publicada en 1987.

27. Dios egipcio.

31. Tacaño.

32. Iris M. Zavala _____; tiene, entre otras condecoraciones, el Lazo de Dama de la Orden del Mérito Civil de España (1988), la Medalla del Instituto de Cultura Puertorriqueña (1994), la Medalla del Ateneo de Puerto Rico (1998), el Premio Pen Club y el Premio de Ensayo María Zambrano de la Junta de Andalucía (2006). Es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Málaga (2004), donde ubica el Fondo bibliotecario Iris Zavala.

33. Blanqueas con cal algo.

35. Relatar.

36. Se dan al ocio.

39. Del verbo operar.

41. _____; ciudad natal de Zavala.

43. The Intellectual _____ of Independence: Anthology of Puerto Rican Political Essays; libro de Zavala y Rafael Rodríguez.

46. Suyo.

47. Símbolo del sodio.

50. Soasa.

52. Señal de socorro.

54. Decimosexta letra del alfabeto griego.

56. Símbolo del molibdeno.