Inicio Blog Página 1609

El Precursor de la Esperanza

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás, Especial para Claridad

Durante la segunda mitad del siglo veinte, hubo un gran precursor de la esperanza que hoy florece por todos los rincones de la América Latina. Fue Salvador Allende Gossens.

Siempre recordaré sus palabras en el último mensaje difundido desde el Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973. Acá en Puerto Rico lo pudios escuchar por la radio cuando ya se anunciaba el final de su presidencia de Chile. Todavía no sabíamos —aunque lo presagiábamos— que sería también el final de su vida.

“Mas temprano que tarde”, decía el primer presidente socialista en la historia de las Américas, “volverán a abrirse en amplias alamedas por donde marchará el pueblo a la realización de sus esperanzas”. 

Nosotros, los independentistas puertorriqueños, le recordaremos como un gran amigo de nuestra causa y auspiciador de la solidaridad internacional con el reclamo de la libre determinación y la independencia de la principal colonia del imperio mas poderoso de la época. Nos amparó desde el primer encuentro que tuvimos con él los integrantes de la delegación unitaria del independentismo boricua en un cónclave en que se pretendía volcar a los intelectuales del nuevo mundo contra la naciente revolución cubana, celebrado en Maracay de Venezuela en 1960. Nuestra delegación a ese evento estuvo integrada por el Dr Gilberto Concepción de Gracia, Luis Archilla Langier, Juan Antonio Corretjer, Lorenzo Piñero Rivera, Gabriel Vicente Maura, Nilita Vientós Gastón, yo les acompañe, pero no pude formar parte de la delegación porque el Presidente Romilio Betancourt, prohibió mi acreditación como delegado cónclave. Como en los encuentros nocturnos de los integrantes de la izquierda, bajo la dirección de Allende, yo no estaba proscrito, pude participar en los mismos y comenzar a conocer y admirar a quien ya desplegaba con gran sabiduría el liderato de los sectores mas avanzados de la intelectualidad latinoamericana.

En 1970, al tomar posesión de la presidencia de Chile, se invitó una representación del independentismo boricua integrado por Rubén Berríos, José Miltón Soltero, Nilita Vientós, Manuel Maldonado Denis y el suscribiente. En varios documentos oficiales de agencias gubernamentales de E.U. consta que el hecho de que se hubiera invitado a una delegación del independentismo puertorriqueño a los actos inaugurales de su presidencia fue uno de los factores mas señalados para ir ahondando cada vez mas el involucramiento de la CIA y otras dependencias del gobierno en Washington en los planes para derrocar el régimen de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende.

El señalamiento del rol protagónico que tuvo el gobierno de Allende en la reapertura del caso colonial de Puerto Rico en Naciones Unidas se volvió a destacar en la capital norteamericana por razón de que fue la delegación chilena la que propuso en el Comité de Descolonización de la ONU que se nos diera audiencia por primera vez a dos delegados independentistas de Puerto Rico ante dicho Comité Especial. Eso ocurrió en 1973, poco antes del golpe de estado de Pinochet, manejado por la CIA. En aquel momento, Cuba no era miembro del Comité de Descolonización. El Partido Socialista Puertorriqueño encomendó al Dr. José Miltón Soltero, viajar a Santiago de Chile para plantear al compañero Presidente Allende que autorizara a su delegación en ONU a solicitar que su Comité de Descolonización, del cual Chile era miembro, escuchara a los representantes del PSP y el PIP en su examen del caso colonial nuestro, acordado el año anterior. Para lograr tal autorización, Allende reunió a los secretarios generales de los partidos que formaban el gobierno de Unidad Popular en el Palacio de la Moneda y allí el Dr. Soltero les explicó ampliamente la razón de nuestro pedido. Todos aprobaron la autorización de Allende para conceder el planteamiento boricua. Fue así que pudo ocurrir la primera comparecencia formal del independentismo puertorriqueño ante la ONU en toda la historia.

Los hechos resumidos arriba bastan para concluir que para todo el movimiento patriótico puertorriqueño el recurso del querido compañero presidente Allende, en el centenario de su nacimiento, es un deber de gratitud particular nuestro que va unido al que compartimos con todos los pueblos latinoamericanos al honrar la memoria del gran precursor de la Esperanza, que ha sido y es para siempre el revolucionario chileno Salvador Allende. ¡Gloria a su recuerdo imperecedero! 

En Busca de una Estrella

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás, Especial para Claridad

Así hemos titulado el primer volúmen de la antología del pensamiento independentista en Puerto Rico que ya, por fin, está en circulación, publicado por la Editorial Causa Común (Proyecto Educativo Puertorriqueño). Como compílador de los materiales incluídos, buscaba dos objetivos fundamentales: 1) demostrar la continuidad de nuestra lucha, de mayor antigüedad en nuestra historia que el autonomismo y el anexionismo, que son las que pretenden representar al presente las grandes mayorías del pueblo y 2) señalar que, más allá de las divergencias de toda índole que mantiene al independentismo en una dispersión organizativa muy peligrosa, hay un denominador común que es la base racional para aspirar a que se de un proceso unitario eficaz y victorioso. Para hacerlo patente, aprovecho este espacio para citar algunos párrafos de varios de los autores contemporáneos incluídos en el libro:

1) El último de los que incluímos es quizás el más relevante de todos, porque es el que puso la acción donde puso la palabra, en más de un sentido, por lo cuál lo considero continuador, en el siglo XXI, de la línea revolucionaria Betancina y Albizuista. Recomiendo la lectura de todo su escrito aquí incluído, respondiendo a una petición del compilador. Incluyo aquí solo un pequeño fragmento, suficiente para dar fe de lo que he señalado como segundo propósito de la antología.

Filiberto Ojeda Ríos:

“Sabemos que nuestro proceso tiene que marchar al paso que nos permite nuestra capacidad para resistir las embestidas de los colonialistas, eso lo hemos aprendido de nuestros errores del pasado. Igualmente sabemos que el apoyo de nuestro pueblo es imperativo para lograr un ascenso del trabajo revolucionario, en todos sus niveles y nuestra práctica ya ha demostrado que ese apoyo se puede ir logrando, de manera clandestina, silenciosa y muy disciplinada.

“El Ejército Popular Boricua-Macheteros- instrumentamos nuestra concepción de lucha siempre colocando como principio fundamental la unidad de nuestro pueblo independentista. Consideramos esa unidad como factor imprescindible para la conquista de nuestros objetivos. No se trata de una unidad acordada o negociada con los diversos sectores de la lucha patriótica existentes en nuestro país. Tal unidad, todos sabemos que es imposible bajo las actuales condiciones. No obstante, habremos de apoyar toda gestión política de masas que no entre en contradicción con nuestras aspiraciones independentistas, y que sea de contenido social beneficioso para el pueblo; que esté orientada hacia la preservación de nuestro ambiente, que mejore las condiciones de vida de los trabajadores, en fin la calidad de vida integral de nuestro pueblo.”

 Penúltimos en el libro porque reflejan acontecimientos de reciente realización, en el ámbito internacional, aparecen dos discursos: uno pronunciado por el autor en la Catorceaba Cumbre de los Países No Alineados, celebrada en La Habana el 16 de septiembre de 2006, y otro por Rubén Berríos Martínez ante el Congreso por la Independencia de Puerto Rico el 18 de noviembre de 2006 en Panamá. Debo específicar que incluyo el discurso que me tocó pronunciar en La Habana a los No Alineados porque el evento fue uno de gran alcance, al que asistieron 118 jefes de estado y gobierno o sus representantes y, además, porque nuestra ponencia fue avalada y aprobada por una delegación amplia que incluía representantes del MINH, el Comité de Puerto Rico en la ONU y el movimiento del Perímetro que se organizó a raíz del asesinato de Filiberto en Hormigueros, entre otros. Similar criterio debe aplicarse al congreso celebrado en Panamá y el discurso allí del compañero presidente del PIP.

Discurso de JMB ante los No Alineados (fragmento):

“En Puerto Rico se realiza constantemente el horrendo crimen del colonialismo por parte del gobierno de Estados Unidos y sus agencias represivas. En las últimas décadas del siglo XX, bajo el dominio de la Marina de Guerra de Estados Unidos, se han violado todos los derechos humanos fundamentales de los puertorriqueños.”

“Cuando finalmente, tras más de sesenta años de luchas, obtuvimos la victoria de sacar a las fuerzas armadas tradicionales del suelo borincano, ahora se lleva a cabo una nueva variante del control y dominio militar de Puerto Rico por nuestros invasores. Es la instalación en nuestros puertos, aeropuertos y costas del llamado Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos (United States Department of Homeland Security). Esta es una nueva rama de las fuerzas armadas norteamericanas. Al ubicarnos dentro de la jurisdicción del llamado Homeland Security nos incrustan por puro artificio sostenido por la fuerza bruta dentro de lo que ellos califican como seguridad interna, a pesar de que la jurisprudencia y la realidad sociológica y política de la nación estadounidense han mantenido a lo largo de más de un siglo que Puerto Rico no es ni ha sido nunca parte de Estados Unidos.

“Para dilucidar finalmente cuales son los derechos nacionales de Puerto Rico, luego de 35 años de examen de nuestro caso y 25 resoluciones y decisiones aprobadas por el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, es que dicho comité ha recomendado reiteradamente que la Asamblea General de la organización internacional incluya como tema separado en su sesión ordinaria la cuestión de Puerto Rico. Esa propuesta fue avalada positivamente ante el comité especial de las Naciones Unidas por partidos y organizaciones que representan diversos puntos de vista sobre la solución del problema colonial nuestro y han coincidido en ese reclamo urgente. Así lo expresó el Comité Especial haciéndose eco del consenso puertorriqueño. Esperamos que la propuesta sea avalada también por el Congreso por la Descolonización y la Independencia de Puerto Rico a celebrarse en la Ciudad de Panamá en noviembre y en el cual participará Don Martín Torrijos, Presidente de la República de Panamá, quien participa también en esta conferencia cumbre.”

Discurso de RBM en el Congreso celebrado en Panamá (fragmento):

“Porque, cuando se deja a un lado coyuntural, lo pasajero, y vemos la historia desde la cúspide de los siglos, Nuestra América, la sufrida, es una sola patria; por donde va uno vamos todos. Tan libre será la América Latina y el Caribe como libre sea Puerto Rico. La historia del siglo XX ha sido la de variaciones sobre el tema de la dependencia. Puerto Rico es solo un caso extremo.”

“Constituye una afrenta a Nuestra América y a la Democracia que a la altura del siglo XXI Puerto Rico sea la última gran colonia que queda en el mundo. La democracia y el colonialismo son antagónicos e incompatibles. No puede haber democracia cuando las leyes básicas, y la vida misma de un país, son determinadas por un país extranjero. Una colonia democrática es un absurdo, una contradicción en sí misma. Una colonia democrática no es otra cosa que una jaula de oropel.”

“Ha llegado el momento de la independencia de Puerto Rico. La soberanía nacional de mi patria, que hasta ayer no era para muchos mas que un reclamo de principios, se convierte hoy en una necesidad imperiosa, en una demanda necesaria para dar a respetar a nuestro continente. De eso se trata este Congreso.”

Antes, el patriota e ilustre abogado de causas Juan Santiago Nieves, nos ofrece un ensayo sobre el tema “La Lucha por la Independencia y la Asamblea Constituyente”. De él tomamos breves fragmentos:

“Puerto Rico es una persona de derecho. Nos toca a los puertorriqueños organizar inmediatamente la persona jurídica nacional y esta tiene que ser en virtud de una Convención Constituyente… Nunca llegaremos a merecer el respeto de un pueblo libre como el americano si seguimos pidiendo qué debe hacerse con nosotros.  …la soberanía nacional es la creadora…. No hay otro camino para salir de esta situación que la celebración inmediata de la Convención Constituyente de Puerto Rico y hasta tanto no se celebre, se estará retardando la liquidación del régimen norteamericano en Puerto Rico. Hay que empezar por donde hay que empezar y es con la organización inmediata de la soberanía de Puerto Rico a través de la Convención Constituyente.” (Todo lo citado lo basa Juan Santiago en Hostos y Albizu Campos.)

Hay muchos otros escritores, incluso de autores contemporáneo(a)s, que valen la pena que todos lean en su totalidad. No sigo citando más fragmentos porque se me acabó el espacio. Confío, sin embargo, que  mis lectores lo lean en el libro que ya anda circulando por CLARI tienda y varias librerías.

La unidad del patriotismo boricua sigue siendo esencial, sin negar la diversidad organizativa y téctica. Sin ella, como bien lo señala Filiberto, nuestro héroe del siglo XXI, no puede haber victoria. La independencia la ha de hacer el pueblo en el pleno desarrollo de su conciencia colectiva. 

“Hacia un pre-encuentro independentista”

JUAN MARI BRAS

Juan Mari Brás, Especial para Claridad

El independentismo puertorriqueño debe buscar su propia reconciliación como paso indispensable para impulsar alianzas estratégicas con los autonomistas y los anexionistas anti-coloniales (estos últimos son pocos pero ya los hay).

Al leer la variedad de fórmulas y planteamientos diversos sobre estos temas, tanto en CLARIDAD como en la prensa comercial y los periódicos y folletines de diversa orientación patriótica, me vino al recuerdo mi visita a un rincón de la Ciudad Prohibida en Pekín, allá para el año 1965. Allí pude leer, en traducción a varios idiomas, un manifiesto de Mao Tse Tung proponiendo un Frente Anti-japonés al Kuomitang (el partido Nacionalista presidido por Shan Kaishek). Tales propuestas las hizo el líder de los Comunistas chinos en los años treinta. Me explicaron mis guías de aquel viaje, refiriéndose a la campaña pro frente unido de Mao, que la misma se fundaba en una realidad insoslayable, la de que China había sido invadida por el imperio japonés y era indispensable juntar las fuerzas de toda la nación contra la pretensión nipona de conquistar y dominar a su patria. Mao señaló siempre, nos decían, que la lucha de clases no cesaría, pero se daría prioridad a la salvación nacional como necesidad urgente de la situación real del país.

Los nacionalistas chinos le hicieron muy poco caso a los planteamientos sobre frente unido de los comunistas. Pero éstos seguían una política de unidad en la lucha anti-japonesa. Unilateralmente, el impetuoso movimiento comandado por Mao evitaba en todos sus movimientos tácticos cancelar u obstaculizar esfuerzos del gobierno Nacionalista para combatir contra los invasores japoneses. El éxito de la visión estratégica de Mao fue la combinación, nunca abandonada en el curso de la lucha anti-japonesa, de seguir fortaleciendo la base de masas del avance de los comunistas, simultáneamente con la continuación de la política unitaria anti-japonesa. El resultado histórico ya se conoce muy bien. Los chinos pudieron expulsar a los japoneses de su territorio, y pocos años después del triunfo aliado en el Pacífico, en agosto de 1945, los comunistas —que nunca dejaron de avanzar en su gran marcha hacia el poder— pudieron derrotar al Kuomitang y tomar control de la China (en 1949).

Claro está, se trata de una civilización y una cultura muy afincada en largos milenios de historia, que le han acumulado a los chinos una sabiduría  muy superior a la de todo el Occidente. 

Nosotros los puertorriqueños, y en particular los independentistas, que comprendemos la porción más lúcida del pueblo, no podemos subestimar la gran capacidad de maniobra acumulada por varias generaciones de luchadores, que a su vez, por las circunstancias particulares del largo coloniaje que hemos sufrido, nos ha conducido a ensayar y realizar las más variantes formas de lucha. En la actualidad se nos presentan diversas propuestas de reconstruir el forcejeo libertador boricua. Si aplicamos un viejo refrán criollo, “a Dios rogando y con el maso dando”, en nuestras circunstancias de hoy, para el independentismo, significa que busquemos la más amplia unidad de los distintos agrupamientos que componen la defensa de la nacionalidad puertorriqueña; y al mismo tiempo reforcemos el nivel organizativo del movimiento independentista todo lo que se pueda. Individualmente o mediante grupos de tertuliantes será muy poco lo que podamos lograr. No hay sustituto a la organización en las luchas de los pueblos por sus reivindicaciones sociales.

Por eso es muy importante que empecemos a conversar y deliberar sobre el común denominador del independentismo, que es el que puede juntarnos en la práctica para ganar el poder de regateo que solo la fuerza de la organización provee. De ahí que debemos mantener, y en todo lo posible incrementar la identidad colectiva, en la palabra y la acción, del movimiento independentista. No tenemos que fundirnos orgánicamente en una sola entidad, lo cuál es una meta casi imposible al corto plazo.

Es cierto que, al habernos enfrentado a dos dominaciones coloniales sucesivas tan prolongadas, nos hemos convertido en la colonia mas antigua del mundo. Y eso lleva a muchos a pensar que los que insistimos en buscar la independencia como objetivo prioritario estamos estancados en categorizaciones de otros tiempos que ya requieren un nuevo alineamiento de fuerzas. Podríamos estar de acuerdo con lo esencial de ese enfoque táctico. Pero adviértase que estamos hablando de un realineamiento “de fuerzas”. Es necesario, por tanto, contar con una fuerza dada para poder entrar en alianzas que nos permiten avanzar hacia nuestras metas. De eso es que se trata.

Causa Común Independentista (Proyecto Educativo Puertorriqueño), organización fundada por un millar de militantes en Cabo Rojo en 1989, en los casi veinte años que cumplirá en abril del año próximo, nunca ha priorizado en su propio engrandecimiento como grupo. Sus énfasis han estado en promover encuentros y organizaciones más amplias (Encuentro Hostosiano del 11 de enero de 1993, Congreso Nacional Hostosiano que se concretó como resultado del Encuentro, y Movimiento Independentista Nacional Hostosiano, MINH en que se fusionaron dos entidades patrióticas y varios grupos especializados —como la propia Causa Común y el Comité Puerto Rico en la ONU— para darle cauce adecuado a la lucha en un período histórico que con mucha razón podemos llamar nuestro “período especial”.) En esa misma dirección unitaria, hemos llevado a cabo seminarios educativos con la participación de compañero(a)s que contribuyeron con gran enjundia a esclarecer aspectos fundamentales de nuestra situación “especial”. Recuerdo uno que celebramos durante varios días en la Casa Aboy y otro en el Ateneo Puertorriqueño. De igual manera, realizamos un seminario en Aguadilla a fines de 1993 en el cuál acordamos proseguir con el experimento jurídico iniciado por Fufi Santori. Y así lo hemos hecho, a lo largo de años, con la contribución de muchos, con el resultado de haber triunfado en todas nuestras defensas en los foros administrativos y judiciales para hacer prevalecer la realidad de la existencia de una nacionalidad puertorriqueña que no es producto de ninguna ficción jurídica sino de una clara plasmación histórico-social, que es la nación puertorriqueña.

A base de ese claro historial de esfuerzos unitarios, hemos decidido convocar un conversatorio del liderato y la militancia patriótica, de todos los grupos y las no agrupaciones, para empezar a discutir cuál será la mejor manera de prepararnos para la nueva realineación de fuerzas que ya es inevitable. Se anunciará por diversos medios la fecha, sitio y hora de este conversatorio; pero queremos anticipar que todos y todas están invitados e invitadas. Me perdona BLA la especificación de géneros pues creo que eso es parte del nuevo discurso que debemos asimilar por encima de escrúpulos semánticos. 

La independencia: única opción realista

JUAN MARI BRAS

Juan Mari Bras

La independencia es el camino más conveniente, el más necesario para que Puerto Rico pueda integrarse a plenitud al nuevo proceso internacionalista que se va configurando como definitorio del siglo veintiuno y, sobre todo, es la única opción realista para la redefinición de las relaciones entre nuestra nación puertorriqueña y Estados Unidos de América. 

Mientras mas pronto se convenza el país de esto, que ya es un hecho irreversible, mayor será nuestra posibilidad de sobrevivencia, individual y colectiva. No se asuste nadie, pero tampoco se despiste, intentando evadir la realidad inminente. Vivimos una coyuntura crucial en nuestra historia. O somos, o no somos. El cuestionamiento Shakesperiano a nivel psicológico, en su famoso Hamlet, ya ha pasado a formar parte de un cuestionamiento sociológico. Sociología y Psicología se juntan en el inmediato devenir para apuntar irremediablemente al futuro de los puertorriqueños. Solo Hostos, por sabio y bueno, pudo atisbar esa inevitable congruencia futura desde el hondón del siglo diecinueve.

Y ya desde el hoyo, no menor, del siglo veinte, el martiniqueño Frantz Fanon, pudo anticipar la plenitud de la alborada caribeña y latinoamericana del siglo veintiuno. Dijo en una de las notas de su “Los Condenados de la Tierra”, lo siguiente: 

“Los Estados Unidos, con la operación anticastrista, abren en el continente americano un nuevo capítulo de la historia de la liberación laboriosa del hombre. América Latina, formada por países independientes con representación en la ONU, y con moneda propia, debería constituir una lección para Africa. Esas antiguas colonias, desde su liberación, sufren en medio del terror y la privación la ley de bronce del capitalismo occidental.”

“La liberación de Africa, el desarrollo de la conciencia de los hombres han permitido a los pueblos latinoamericanos romper con la vieja danza de las dictaduras, en que se sucedían iguales regímenes. Castro toma el poder en Cuba y lo entrega al pueblo. Esta herejía es resentida como una calamidad nacional por los yanquis y los Estados Unidos organizan brigadas contrarrevolucionarias fabrican un gobierno provisional, incendian las cosechas de caña, deciden por último estrangular despiadadamente al pueblo cubano. Pero va a ser difícil. El pueblo cubano sufrirá, pero vencerá. El presidente brasileño Janio Quadros, en una declaración de importancia histórica, acaba de afirmar que su país defenderá por todos los medios la Revolución cubana. También los Estados Unidos van a retroceder quizá un día ante la voluntad de los pueblos.  Ese día lo festejaremos, porque será un día decisivo para los hombres y las mujeres del mundo entero. El dólar, que en resumidas cuentas, no está garantizado sino por los esclavos repartidos por todo el globo, en los posos de petróleo del Medio Oriente, las minas del Perú o del Congo, las plantaciones de la United Fruit o de Firestone, dejará de dominar entonces con todo su poder a esos esclavos que lo han creado y que siguen alimentándolo, con la cabeza y el vientre vacíos, con su propia sustancia.” (Ver nota 9 en la página 89 del texto citado, Tercera edición en Español, Segunda reimpresión, 2007, Fondo de la Cultura Económica, México, subrayados nuestros).

Ese día del retroceso norteamericano ha empezado a llegar. No nos equivocamos. Todavía no ha llegado del todo, pero ya comenzó el proceso irreversible de las rectificaciones de Estados Unidos sobre la voracidad de la política imperialista de más de dos siglos completos de su historia. 

Para hacer avanzar ese proceso, hasta llevarlo a sus consecuencias más cruciales para el mundo, y en particular para el Caribe y América Latina, de cuya gran región formamos parte los puertorriqueños, es preciso, en primer lugar, que nuestro pueblo acelere su toma de conciencia para reclamar la descolonización plena. Eso solo, se alcanza juntando fuerzas para reclamar la independencia, que es el estado natural de todas las naciones del mundo, incluyendo la nuestra. La independencia no significa separación, sino todo lo contrario. Es la integración de Puerto Rico al contorno del que formamos parte y al mundo entero. Por eso no debemos permitir que nos llamen separatistas a los puertorriqueños. Ese es epíteto despectivo que nos endilgan los enemigos de la independencia y los colonizados más despistados, para evitar que se nos reconozca como lo que hemos sido y somos, en la realidad. Llevamos más de siglo y medio abriendo caminos al pueblo boricua para el reclamo de todas sus mayores reivindicaciones. Negarlo es sucumbir a la enajenación histórica. No ha habido lucha victoriosa de este pueblo, total o parcial, que no sea el resultado de un forcejeo iniciado por el movimiento independentista, desde mucho antes de que éstos cuajaran como reclamos universales del país. Ejemplos destacados han sido el repudio al servicio militar obligatorio, la defensa de nuestros derechos civiles y humanos más importantes, incluyendo los derechos sindicales, la protección del ambiente y de los recursos naturales del país, la expulsión de la Marina de Guerra norteamericana de Culebra y Vieques, y muchísimos otros.

Debemos educarnos y a la vez seguir educando a las grandes mayorías del pueblo para que entiendan que con la independencia, y únicamente con la independencia, es que podemos entrar en cuantas alianzas, tratados, convenciones, confederaciones y relaciones bilaterales convenientes y necesarias para el verdadero desarrollo económico y social de nuestra patria.

Las llamadas alternativas de libre asociación, en sus diferentes variantes, no tienen la menor posibilidad de realización con Estados Unidos mientras sus sostenedores mantengan el reclamo atado a la obsesión fetichista de retener la ciudadanía de Estados Unidos, como condición permanente de los presentes y futuros puertorriqueños. Por eso, el único camino que tienen verdaderamente realista, los llamados libreasociacionistas, es juntar fuerzas con el movimiento independentista en su conjunto, al margen de toda tribal consideración electorera, para reclamar la plena soberanía, que es lo que en el mundo entero se llama independencia. Por eso es que la tendencia a internacionalizar los grandes pasos en la economía y la vida social y política del mundo, se llaman así, internacionalización, que significa acción concertada entre las naciones, que seguirán siendo la unidad social básica que los hermana a todos, con el debido respeto a todas las identidades nacionales que comprenden la humanidad.

En segundo lugar, debemos tener claro que es obligación moral de todos los pueblos caribeños y latinoamericanos, priorizar en sus políticas exteriores a la solidaridad y el apoyo activo a la lucha por la independencia de Puerto Rico. No es un favor lo que estamos reclamando a nuestros hermanos del contorno del que formamos parte, tanto como ellos. Es el reclamo de un deber inescapable a todos ellos, sin excepción. Y no basta con recibir y referir a sus organismos secundarios de solidaridad internacional la atención de los grupos de luchadores boricuas que les visitan en los distintos países. Eso lo agradecemos, pero les decimos con toda la franquesa que requiere la hermandad que no basta. Por eso debemos destacar el apoyo que nos dio el presidente Daniel Ortega en la llamada cumbre de las Américas celebrada recientemente en Trinidad, cuando enfatizó que no podía estar conforme con una Cumbre en que faltaban dos países indispensables para completarla, que son Cuba y Puerto Rico.

En tercer lugar, y tan importante como la segunda, es la necesidad de incorporar a nuestra lucha, con obligaciones recíprocas para nosotros, a todo el pueblo de Estados Unidos, comenzando por los hispanos, los afroamericanos y otras llamadas allí minorías étnicas, pero sin excluir al resto del pueblo americano, que como todos los del mundo entero, aspiran también a librar a la humanidad de las esclavitudes en todos sus disfraces. En esa búsqueda de apoyo, tienen una obligación mayor los boricuas residentes en las distintas comunidades de Estados Unidos. Ellos tienen, junto a todos los derechos como nacionales puertorriqueños, también todos los deberes, como es el de promover activamente en sus contornos inmediatos la independencia de Puerto Rico y las metas relacionadas con esta lucha, como es la de la libertad inmediata e incondicional de nuestros presos políticos.

En relación con todo lo apuntado arriba, tengamos presente que estamos viviendo en un momento de gran peligro para la nación puertorriqueña y todos los boricuas, y a su vez de grandes esperanzas para revertir el curso destructivo que en el orden social está sufriendo el país, si aprovechamos la coyuntura favorable que plantea, no solo que Estados Unidos ha comenzado el proceso inevitable de su decadencia imperial, sino el hecho de que sus nuevos gobernantes han manifestado que intentan cambiar la política exterior de esa país para detener el deterioro de su imagen ante el mundo. Hagámoslo saber, con el apoyo de todos los que nos defienden como pueblo, que la completa descolonización de Puerto Rico, mediante el reconocimiento pleno de nuestra libre determinación —que significa no intervenir para nada en las decisiones iniciales que tomemos los puertorriqueños— será la mayor prueba de fuego del propósito enunciado por el presidente Obama de realizar esas rectificaciones

La soberanía es de la sociedad (Parte II)

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás, Especial para Claridad

A varios políticos y politólogos boricuas, quienes se han pasado horas tratando de descifrar para sus clientelas respectivas el concepto soberanía, les vendría bien estudiar al jurista de mayor prominencia universal que ha dado Puerto Rico al mundo —que es Eugenio María Hostos— para comprender mejor la sencilla definición de tal principio.

Para Hostos, según sus Lecciones de Derecho Constitucional (Santo Domingo, 1887) “el sujeto principal del Derecho Constitucional es, la sociedad. Pero, ¿qué es la sociedad?”

“Ante todo, para el Derecho Constitucional, es una realidad permanente, que fue ayer, que es hoy, que será mañana, que fue, es será siempre, mientras nuestro planeta no pierda la capacidad de coadyuvar a la existencia y a la conservación de la especie human.” (Edición del Fondo Editorial de la Universidad Mayor de San Marcos; Municipio de Mayagüez; Instituto Hostosiano de Mayagüez, Puerto Rico; Lima, Perú, noviembre de 2006, p. 58.) Y más adelante especifica:

“…Para la Ciencia constitucional la Sociedad es una realidad viviente, una vida, un ser organizado con todas las condiciones de organización que se observa en toda la escala biológica.”

………………

“Esa capacidad de dirigir su propia actividad jurídica es la que directa e indirectamente lo hace sujeto de todas las ramas de la jurisprudencia, la que establece la correlación entre el régimen de la sociedad y del estado, y la subordina de tal modo la organización del Estado a la naturaleza de la Sociedad, que el Derecho Constitucional, encargado de exponer los fundamentos de aquella, no puede exponerlos sino contando con ella, y atendiendo escrupulosamente a la naturaleza real de esa entidad.” (pp. 58-59).

Luego, para señalar con precisión la diferencia entre sociedad y estado, que es esencial a su pensamiento constitucional, que lo diferencia tanto del pensamiento europeo como del americano, hasta el enunciado suyo de lo que hemos llamado ‘la escuela sociológica del derecho en América’, añade lo siguiente:

“LECCION VI. Régimen social y político. Discrepancia entre ellos.”

“Según acabamos de ver, el Estado contribuye con medio y relaciones de derecho al régimen general de la Sociedad; pero en la vida del organismo social, la actividad jurídica es una entre muchas actividades naturales, y mas es lo que todas ellas juntas influyen en el régimen político que lo que el régimen político jurídico puede influir en el social.”

“La Sociedad se rige por leyes esenciales de su propia naturaleza, según el desarrollo de su vida y mediante la experiencia que ha aprovechado o aprovecha. Así, todo el conjunto de tradiciones económicas, religiosas, jurídicas, todo el conjunto de sus costumbres mentales, afectivas, volitivas; todos los constituyentes de su carácter, la regien con más fuerza que las instituciones artificiales con que coopera el estado a dirigirla.” (p. 63).

Fuen en mis primeros encuentros con la idea hostosiana de conviocar una Asamblea Nacional del pueblo puertorriqueño, tras la invasión de nuestro país por Estados Unidos en 1898, que pude trae a la consideración del entonces naciente Movimiento  Pro Independencia, la fórmula concebida por Hostos, como portavoz de la Liga de Patriotas, para buscar la aunidad de todos nuestro pueblo en la deliberación sosegada de una Asamblea Nacional y poder así enfrentarnos a los nuevos invasores, de pueblo a pueblo, en ejercicios de la inrrenunciable potestad soberana de la sociedad puertorriqueña. A Hostos no lo siguieron los políticos del ’98, divididos ya entre Muñocistas y Barbosistas, que fueron los caudillos de dos tribus partidarias que, desde entonces, han mantenido al país en un interminable debate entre sordos, infecundo y anacrónico. Guardando las distancias que en todo sentido me separaan de Hostos, debe decir que tampoco el MPI de los primeros años aceptó mi propuesta, como bien lo señala el compañero Carlos Gallisá en su reproducción de un fragmento de trabajo de Juan Angel Silén publicado en reciente edición de “En Rojo”. Puedo decir, con orgullo, que desde entonces hasta ahora, nunca he cesado de proponer alguna variante de la idea hostosiana de la Asamblea Nacional en las instancias de deliberación en que me ha tocado participar. Por eso, he sido defensor, en el seno de la Comisión Constitucional del Colegio de Abogados, de lo que ahora llamamos la Asamblea Constitucional de Status como la única fórmula unitaria para buscar la reconciliación de todas las tendencias sobre el futuro patrio que aquí llaman ideologías, y que por puro anacronismo colonialista, todavía no acaba de entenderlo una gran parte del pueblo, incluyendo a sus políticos y politólogos.

Ahora, en vísperas de una nueva discusión del caso colonial de Puerto Rico por el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, es preciso tener claro que la soberanía sobre Puerto Rico la tiene y la conservará siempre el pueblo de Puerto Rico, o sea la sociedad puertorriqueña, que es la fuente de todos los poderes en cualquier concepción verdaderamente democrática del asunto.

Esa concepción está muy clara en el Derecho Internacional vigente en el mundo de hoy, como lo señalamos en el artículo de la semana pasada.

Que hay un gobierno que a lo largo de ciento diez años ha estado usurpando nuestra soberanía como sociedad, como pueblo, no cancela la justa ubicación de esa soberanía, porque ésta es inalienable —que quiere decir que no puede alienarse nunca— e imprescriptible —que significa que nuestros derechos soberanos sobre Puerto Rico no prescriben jamás —.

La ventaja que tiene el planteamiento en este momento histórico consiste en que —por primera vez en mucho tiempo— las Naciones Unidas comienza una nueva etapa de su desarrollo como organización internacional. Este año, la ONU entrará en un esfuerzo extraordinario por salir de la crisis en que la sumió la pretensión de la Administración Bush Cheney y sus acólitos de desafiarla como orgnismo creado para buscar un estado de paz entre los pueblos del mundo. Hay tres temas básicos en que se ha de fundar ese esfuerzo de la ONU por reconstruir su función niveladora. Estas son la total eradicación del colonialismo en todas sus formas y manifestaciones; el respeto de todos y todas al ejercicio pleno de la soberanía de todas las sociedades nacionales existentes en el mundo entero; y el respeto a los derechos humanos, tal como se definen en la Declaración Universal de los derechos del hombre proclamada por la Asamblea General de la ONU desde 1948.

Hasta el presetne, Estados Unidos no ha aceptado la plena vigencia del Derecho Internacional en ninguna de las tres cuestiones arriba descritas. Llegó el momento en que no le costará más remediop que aceptarlo, por una única razón. Ya se acabó la hegemonía de Estados Unidos sobre el mundo. No quiere decir que Estados Unidos dejará de ser una potencia de gran influencia en el planeta durante el presente siglo. Pero tendrá que atenerse a la competencia con otras potencias que empiezan a compartir influencias en el orden económcio, político y social con el gobierno de Wáshington. Al interior de los propios Estados Unidos se ha empezado a tomar noticia de este hecho tan evidente. 

Esta misma semana, una publicación de las principales del sistema en el orden mediático, la revista Newsweek, publica una historia de portada titulada “the Post-American World”. Sería bueno que nuestros políticos y politólogos de las discusiones contidianas se lean esta historia, que no es escrita por ningún izquierdista ni enemigo de Estados Unidos, para que puedan ubicarse en las realidades del mundo que empieza a nacer casi al final de la primera década del siglo XXI.

Yo apuesto al Derecho Internacional en esta nueva coyuntura. Quédense atrás los cabilderos de vocación u oficio que todavía andan por los pasillos burocráticos de Wáshington buscando endosos para sus pequeñas metas o ambiciones personales.

A los independentistas, de todos los grupos y desagrupaciones, les invito a incorporase a la invariable corriente que marca el nuevo esfuerzo por reconstituir la ONU en una organización que vale la pena mantener. Recuerden, sobre todo, que la unidad de los puertorriqueños en el reclamo de que la Asamblea General ventile en toda su amplitud y a fondo, el caso de Puerto Rico, es la fuerza principal con la que respaldaremos ese reclamo. No la echen a perder por los pequeños objetivos electorales que les puedan colocar en obsesiva oposición a nuestros compatriotas de las diferentes variantes del autonomismo. No es hora de atender minucias. Vayamos todos, con aplomo y optimismo, a reclamar lo que nos pertenece a todos, sin excepción: el derecho inalienable del pueblo puertorriqueño a la libre determinación y la independencia, declarando en decenas de resoluciones y decisiones de los últimos treinta y tantos años; y que ahora, por primvera vez, puede fructificar en echar a caminar un verdadero proceso de descolonización. Lo exigen las generaciones puertorriqueñas que van a vivir a plenitud durante el siglo que en realidad es ahora que comienza. Pensemos en grande y actuemos al nivel de altura de ese pensamiento. Nada ni nadie podrá detener la virtualidad práctica de la plena soberanía de Puerto Rico.