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Una nota para un 11 de enero

¨Hay momentos en el reloj que son siglos en el alma¨

Eugenio María de Hostos

El pasado 11 de enero, viernes, con motivo del 180 aniversario del más universal de los puertorriqueños, Don Eugenio María de Hostos, Rafín Baerga Vaquer, Francisco Hernández Ortega y quien suscribe salimos a las seis de la mañana hacia Mayagüez. Hicimos la parada obligada en El Buen Café.

A eso de las nueve de la mañana arribamos a la ciudad cuna de Hostos y de Juan Mari Brás. Pocos minutos después comenzó la actividad protocolar frente al Monumento de Eugenio María de Hostos, en la Plaza de la Fuente, frente a la entrada del Colegio de Elliott Castro.

Pensábamos que ese día la única actividad en el mundo sobre Hostos sería la auspiciada por el Gobierno Municipal de Mayagüez. Como diría Rafín, escuchamos una Conferencia Magistral de verdad. Estuvo a cargo de la eminente historiadora dominicana, Dra. Luisa Navarro. Una conferencia profunda, divertidísima y breve. ¿Qué más se puede pedir? Pues hubo más. Un desfile de hombres y mujeres intelectuales dominicanos dejándonos saber cuán grande ha sido y es Hostos para ellos y para el mundo. El actor Ariel Cuevas nos sorprendió a todos cuando inició su también magistral interpretación del monólogo: Hostos regresa a Mayagüez, de la autoría del Licenciado Alberto Medina Carrero.

No es mi intención abrumarlos con detalles, pero se trató de un acto protocolar sencillamente hermoso, conmovedor. En un momento pensé: “qué pena que no haya participación y representación de jóvenes en una actividad tan educativa como ésta”. Pero, a renglón seguido, un grupo de jóvenes nos dio la respuesta. Estaban allí, con sus uniformes escolares, como alumnos del Instituto de Estudios Hostosianos que también auspicia el Municipio de Mayagüez.

Las sorpresas no cesaron. Reconocieron la presencia del periódico CLARIDAD. El Alcalde, Hon. José Guillermo Rodríguez, reconoció de manera muy especial y personal la presencia de Marta Brás, viuda de Juan.

Lo que organizó el Municipio fue toda una Jornada sobre la vida y obra del Ciudadano de América. El jueves, 10 de enero tuvo lugar el Congreso Eugenio María de Hostos, en la Pontificia Universidad Católica, Recinto de Mayagüez. Este evento transcurrió desde las ocho de la mañana hasta pasadas las cinco de la tarde y participaron más de 15 académicos boricuas y dominicanos.

No podíamos quedarnos para las actividades y fiestas populares de la tarde y noche del 11 en la Plaza Pública. No podíamos ni queríamos. Lo que queríamos era estar de vuelta y a tiempo en la Placita de Roosevelt en Hato Rey.

Llegó la inevitable hora de almorzar y sobrevino el sacrificio que conllevan estas travesías. Fuimos a González Sea Food, frente al mar. Y allí estaba Poy, el feliz propietario, como si hubiese estado esperándonos para seguir conversando sobre Hostos, Juan y Raulito Mari. Los haría sufrir de envidia si entro en los detalles del banquete y las atenciones de Poy. No hace falta.

De regreso conversamos sobre la justeza de reconocer la iniciativa del Alcalde y la labor de su equipo de trabajo. Gracias a Germaine Valentín y a María Matos por su colaboración para esta nota. Para más y buena información sobre esta jornada visite el portal Mayagüez sabe a mangó de la periodista Millie Gil.

Estuvimos ante una jornada de proyección nacional e internacional. Con esta nota en CLARIDAD, periódico de circulación nacional e internacional, se aporta un granito de arena para su divulgación. También ese 11 de enero, una representación de CLARIDAD, encabezada por la Presidenta de su Junta de Directores, Carmen Ortiz Abréu, depositó una ofrenda floral en el busto de Eugenio María de Hostos en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Una última parada en Ricomini de Isabela para tomar café y comprar el brazo gitano mayagüezano. Llegamos a tiempo para el Belén al Galli del alma. La próxima vez invitamos a FOR –Félix Ojeda Reyes– y aprendemos más.

Politologueadores

Los designios de ciertos sectores mediáticos y gubernamentales impulsan a que concibamos a Puerto Rico como un espacio vacío. Como es lógico, no me refiero a un desierto de gentes y cosas, sino a uno de ideas y concepciones. Poderosos intereses conspiran para que sea difícil o imposible concebir más de una alternativa. La privatización de corporaciones públicas, el cierre de escuelas, recintos y programas académicos de la Universidad, la emigración a Estados Unidos, el voto por los dos partidos del último medio siglo, se nos presentan como asuntos inevitables.

Desde que abrimos los ojos y encendemos la radio, la televisión o las pantallas de computadoras o celulares, tenemos un menú muy restringido y uniforme de visiones. La información noticiosa profesional y seria ha prácticamente desaparecido, y el campo ha sido ocupado por las peroratas de “figuras de los medios”, que deshonran a los periodistas al hacerse pasar por ellos, y “talentos” que representan el bipartidismo de siempre con lazos activos con las esferas tradicionales de poder político y económico. A estos se les unen los agentes de un nuevo oficio, los hombres (casi todos) y mujeres que “politologuean” ensartando arengas y preguntas de sainete a sus invitados políticos y empresariales pretendiendo hablar en nombre del pueblo. Es importante señalar, pues forman multitud los engañados, que muchos de los invitados pagan directa o indirectamente por el tiempo en el aire.

La tónica de los que “politologuean” ha invadido la mayoría de la oferta mediática y, en mayor o menor medida, desde el locutor de noticias hasta los abogados, profesores y reporteros que participan de las muchas horas de programación diaria, comparten esta práctica. Todo o casi todo se ha convertido en un espectáculo, pero también en un negocio, y se concibe como un entretenimiento y, simultáneamente, como publicidad.

Los protagonistas del empresarismo mediático justifican militantemente estas formas de gestión. Dentro de sus filas hay fanáticos (con frecuencia comprados de diversas maneras) de las únicas alternativas. Es común ver y escuchar al abogado o al profesor “politoguear” ridiculizando las posiciones divergentes, que apenas tienen representación en sus programas, a grito pelado, con voces alteradas que frecuentemente imitan una mujer, el llanto de un niño, la conducta de un loco o de un desesperado.

El espectáculo creador de opinión pública se realiza en los estudios de la emisora, pero cada día más en concesionarios de automóviles y plantas eléctricas, hospitales, oficinas centrales de planes médicos, megatiendas, hoteles y casinos y distribuidoras de licores. Muchas veces el servicio informativo va de la mano con el vacilón y la fiesta. Por ello hay “escándalos” en lugar de graves noticias, “noticias positivas” seguidas por información del tránsito hermanadas con invocaciones religiosas, recuentos de la comilona y la bebelata de la noche anterior apareados con cínicos clamores al cielo, que serían de mal ver hasta en una asociación de pundonorosas damas cívicas.

Otra cosa caracteriza a esta plaga de la información: la catástrofe que representa su manera de hablar. La falta de elocuencia y rigor viene acompañada por una enorme carencia de sofisticación. Un español casi primitivo cojea sostenido por las muletillas de un inglés exhibicionista y acomplejado, que hace encallar el torrente de palabras cada pocos segundos. A ninguno de estos personajes parece importarle esto y seguramente lo justificarían en nombre de la naturalidad, o de una caricaturesca pertenencia, por herencia o aspiración, a un sector político y, sobre todo, social.

A los medios masivos de comunicación apenas llega la diversidad del país. La casi totalidad de los comentarios y análisis políticos se hacen a dúo. Se representa así exclusivamente el bipartidismo, que de un tiempo a esta parte constituye también una alternativa única. Poquísimos son los programas en los que participan especialistas en algún asunto con un criterio diferenciado de las ortodoxias ideológicas de los partidos colonialistas.

La gran justificación de estas prácticas de manipulación de la opinión pública es la pretendida naturaleza del público. Debido a ella es que muchos habladores a los micrófonos pretenden hacerlo en “arroz y habichuelas”. La expresión siempre me ha parecido atroz: un insulto al pueblo y, también, a uno de sus platos predilectos que, de estar bien hecho, dista de ser simplista o una comida de brutos. La realidad del asunto es que a ciencia cierta no se sabe qué viene primero, si los bueyes o la carreta, si se habla en “arroz y habichuelas” por elección paternalista o porque no se tiene la capacidad de hacerlo de otra manera. En otras palabras, muchos politogueadores padecen, en sus cuerpos y mentes, del mal de la única alternativa. De aquí su pobreza conceptual.

Siempre estuve convencido de ello, pero en los últimos años que he escrito regularmente en la prensa y participado en la radio, me lo han hecho comprobar muchos lectores y oyentes: existe una masa enorme de puertorriqueños sedientos de alternativas de comunicación, cansados de la mediocridad y vulgaridad, del primitivismo cultural que apenas oculta el título de abogado o el historial de puestos políticos de los politogueadores.

A esta altura de la ruina del país, me resulta imposible concebir que alguien esté dispuesto a votar por alguno de los dos partidos principales en las próximas elecciones. Ya sabemos lo que ofrecen: corrupción, incapacidad, medro y colonialismo. Algo similar pienso de los principales medios radiales e informativos, habida cuenta de sus pocas y a veces muy honrosas excepciones.

La tecnología de nuestro tiempo ofrece vías alternas. Es hora de que la rica diversidad del país ocupe estos espacios y contrarrestre la complacencia mercantilista de los propagandistas y falsos profetas de la única alternativa, que nunca es la sola, sino la que prefieren los que nos han traído hasta este punto con la ayuda inestimable y mercenaria de los politologueadores.

Venezuela y la decencia

Por Matías Bosch

Especial para CLARIDAD

Puede ser que en 2003 eras muy pequeño/a y no lo recuerdes. También puede ser que algunos lo hayamos olvidado. Pero en esos días, hace 16 años, nadie sacó un carnet de seguidor o admirador de Saddam Hussein cuando, en muchas partes del mundo, en muchas capitales y ciudades pequeñas, los ciudadanas y ciudadanos repletamos plazas para decirle NO a la invasión en Irak. Por algo muy sencillo: sentido de la decencia y la legalidad.

Porque nadie puede vivir tranquilo en una casa, en un barrio, en un país o en un planeta donde la mentira y la fuerza decidan el destino de la gente. Aquella vez, cuando el Secretario de Estado de Estados Unidos mostró al mundo fotos falsas de falsas armas de destrucción masiva, que hasta hoy nadie encuentra, y se llevó la votación al Consejo de Seguridad de la ONU, el gobierno de Chile, bajo Ricardo Lagos (que de enemigo de EEUU no tiene ni un mililitro en su sangre) votó en contra de la invasión, por una sencilla razón: si los países pequeños no preservan el derecho internacional, ¿entonces a quién le va a interesar hacerlo? Al final masacraron Irak, como siempre ha ocurrido, porque “el poder es para usarlo” ¿no?

Eso no terminó allí. Volvió a ocurrir con Libia y con Siria. Se armaron escenografías. Se pagaron actores. Se financiaron falsas milicias y falsas guerras civiles. Todo para imponer al margen del derecho internacional los bombardeos y el derrocamiento de gobiernos, sólo porque a un poder -que se cree mundial- no le gustan. Hoy, ese mismo poder es el que dice que no tenemos que ponernos de acuerdo en nada: ni en cambio climático, ni en comercio, ni en migraciones, en nada. Lo que es igual: acatar lo que ellos digan, guste o no guste, porque aquí manda el jefe. Eso es lo que está en juego para el mundo hoy, enero de 2019, más allá del problema local (y serio) de si en Venezuela hay desabastecimiento o no.

Por eso creo que no hay que ser chavista, ni madurista, ni rojo-rojito, ni socialista del siglo XXI, para ser decente y repudiar que hoy impongan un presidente falso en Venezuela. ¿Con qué argumentos podrían hacerlo?

En la OEA hicieron lo mismo que con Irak en 2003: decir que un gobierno no es legítimo sin mostrar ninguna prueba válida suficiente, ni ningún argumento jurídico que lo sostenga, para terminar declarando que toda medida es válida, la que sea.

¿Se basan en la verdad? ¿Se basan en el derecho? El poder mundial que bombardeó y mató millones en Irak, Siria y Libia, declara por Twitter cuál es el presidente de Venezuela que ellos quieren y que “todas las opciones están en la mesa”, incluyendo la militar. Unos pequeños países corren a hacer el coro, lo que Lagos no hizo en 2003, con todo y ser profesor de Duke University. Piñera, Bolsonaro, Macri, incluso el nuevo “progresista” de Costa Rica…el mismo país ejemplo de democracia, la nación que no tiene ejército y lugar clave para las negociaciones de paz en América Latina.

Hasta Haití y República Dominicana, países invadidos, masacrados y saqueados, víctimas de golpes de Estado y tiranías armadas por ese poder mundial, y que hasta hace solo meses apoyaban públicamente al gobierno legal de Venezuela y consumían su petróleo a precio solidario, se plegaron a la coreografía. ¿Tanto valían las ofertas que les hicieron llegar en inglés? ¿Cómo recogerán ahora toda la locura de echar por tierra la verdad, la decencia y la legalidad? ¿Las relaciones internacionales se pueden prostituir sin costo alguno?

No hay ningún argumento válido para el plan en marcha, ni en la legalidad venezolana ni en la internacional. ¿Cómo Maduro va a ser presidente “ilegítimo”, si ganó en elecciones abiertas con participación efectiva de la oposición, y en cambio va a ser “presidente interino” y “legítimo” un desconocido diputado que un buen día se presenta en una tribuna, seleccionado por aclamación de aplausos y twitts en inglés?

La Constitución venezolana sólo permite la sustitución del presidente cuando hay ausencia permanente, cuando hay una sentencia penal definitiva en su contra o cuando se hace un Referendo Revocatorio…figura jurídica que no existe en NINGUNO de los países tan democráticos que condenan la “ilegitimidad” venezolana.

En Venezuela hoy no hay ausencia permanente del presidente, tampoco sentencia penal. Y la oposición venezolana ya ni siquiera se esfuerza en tratar de realizar un Referendo Revocatorio, y menos intentar ganarlo. Es que su guion fue declarado hace tiempo: no reconocieron a Maduro en 2013, menos lo van a reconocer ahora. Desde 2015 decidieron que la Asamblea Nacional tiene como objetivo público y razón de ser la destitución del presidente.

La consumación de este objetivo hoy no se va a lograr con votos en el salón de la OEA o con discursos encendidos del diputado autoeregido como “presidente”, ni tampoco con fuerza democrática: el factor clave sería la insubordinación de las Fuerzas Armadas, el desconocimiento de su deber constitucional, es decir el golpe de Estado, a la que llaman descarada y abiertamente, acompañados sin pudor por la batuta injerencista cuyas masacres ya conocemos de sobra. ¿Qué lucha “libertaria” de este tipo podría mercernos aprecio, o pondremos apoyo para alimentar el viejo relato de que esto es lo que siempre “nos buscamos nosotros mismos”? ¿Nos prestaremos a ver otra invasión -aun de aparente “producción local”- como videojuego en las noticias y luego reclamar respeto?

Repito: usted puede ser madurista, chavista, o todo lo contrario, de derechas o de izquierdas. No le digo caprilista porque de Capriles ya nadie sabe nada. Ni siquiera de Leopoldo López (esa especie de “Mandela venezolano”) y su rubia esposa Lilian Tintori, pasados a la historia en esa notoria tendencia al canibalismo y la vaporización que posee la oposición de derechas venezolana. Usted puede considerar a Maduro lo peor de lo peor, porque no se parece a Chávez o por todo lo contrario. Pero eso no puede hacerle a uno perder la decencia, porque entonces ¿Qué nos queda? Que nos quede lo que nos hizo salir a calle en 2003, que si no los quitan también, lo habremos perdido todo

El autor es director de la Fundación Juan Bosch en República Dominicana

Desde el corazón para los jóvenes

Escribo esta columna pensando en nuestros jóvenes, aquellos que dicen que no leen CLARIDAD siendo independentistas, aquellos que estarán cavilando y con muchas preguntas legítimas sobre lo que pasa en Venezuela. No quiero hablarles con estribillos ni seguir panfletos. Les quiero hablar desde lo más profundo de mi corazón nutriéndome de mi conciencia.

Recuerdo con mucho dolor aún después de 45 años aquel 11 de septiembre de 1973. El triunfo de Salvador Allende en las elecciones Chile en 1970, después de varios intentos, había llenado de esperanza y alegría a los que desde la izquierda en Puerto Rico y en el mundo veíamos la posibilidad de llevar a ejecución una revolución de justicia social sin tener que recurrir a los dolorosos tránsitos de las luchas armadas. Una revolución socialista apoyada por un movimiento amplio de pueblo, usando como arma el voto en las urnas, abría un camino democrático y de paz para luchar contra la desigualdad, la pobreza, la exclusión social. Con apoyo siempre crítico desde los distintos sectores de izquierda abrazamos aquel proyecto político, lo celebramos y le dimos la bienvenida. Yo, a mis escasos veinte años no había conocido la maldad sin límite de las oligarquías latinoamericanas salvo por lecturas. Poco duró aquella esperanza, tres años mas tarde en 1973 el General Augusto Pinochet traicionando la Constitución de Chile, traicionó a su presidente y a su pueblo actuando en beneficio de Estados Unidos (EEUU) y sus intereses económicos a quienes rápidamente reconocieron su proclamación como Presidente de Chile y se ejecutó el plan establecido en la Operación Cóndor. El Secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger había complotado con la oligarquía chilena para crear la escasez de alimentos y confiscar activos de Chile en el exterior. Tal y como ordenó Kissinger, hicieron chillar la economía chilena, para socavar el apoyo al gobierno de la Unidad Popular que presidía el Dr. Allende. El resultado, la dictadura del General Augusto Pinochet con la ejecución y desaparición de miles de chilenos y extranjeros por haber estado asociados con el gobierno de la Unidad Popular. El que no lo haya visto, recomiendo el documental ¨Massacre in the Stadium¨ en Netflix.

Los años 60 y 70 estuvieron plagados de dictaduras apoyadas por EEUU, de violaciones flagrantes de derechos humanos, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones. República Dominicana, Haití, Panamá, Argentina, Brazil, Uruguay, Paraguay, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Venezuela han vivido dictaduras sangrientas ante cuyas flagrantes violaciones de derechos humanos EEUU miraba para otro lado mientras sus intereses y negocios marcharan a su antojo. El alcanzar algún tipo de asomo de gobiernos democráticos ha costado la vida de miles y miles de latinoamericanos que como decía Don Pedro, dieron vida y hacienda por su pueblo.

Hoy en Venezuela, una vez más, se traba una lucha que tiene por un lado a una oposición apoyada abiertamente por EEUU y sus aliados de la OTAN y el Grupo de Lima (menos México) y por otro lado el gobierno presidido por Nicolás Maduro Moros. Hay distintas lecturas de lo que sucede: ¿quién violentó el orden constitucional primero? ¿Fue la Asamblea Nacional o el gobierno bolivariano? Para un resumen documentado de esta discusión los refiero al escrito del Lcdo. Alejandro Torres Rivera publicado en la página del MINH sobre la usurpación del poder en Venezuela. Los refiero a este escrito desde la perspectiva de los que reconocemos el gobierno de Nicolás Maduro Moros, porque de la otra perspectiva abundan los medios. Lean, lleguen a su propia conclusión.

Pero una cosa es el debate jurídico constitucional y otro el humano. ¿Quiénes son los que pierden la vida en los conflictos violentos, en las calles, en las guerras civiles, en las guerras regionales? Habrá quien vería con alegría la ejecución del Presidente Maduro. Fueron muchos en Chile los que brindaron con champaña la muerte del Presidente Allende. ¿Cuántos de estos habrán tenido que enfrentar después de la borrachera la pesadilla de las ejecuciones extrajudiciales y desapariciones de familiares, amigos, vecinos, colegas? ¿Fue Chile un mejor país bajo Pinochet? ¿Se redujo la desigualdad, la pobreza? ¿Quiénes se beneficiaron del cacareado milagro económico que proclaman los neoliberales de la Escuela de Chicago?

Con esas cavilaciones los traigo al hoy de Venezuela. La economía de Venezuela chilla, al igual que chillaba la de Chile en 1973. ¿Cuáles son las causas? No hay que ignorar las sanciones económicas, el desabastecimiento, el acaparamiento, el mercado negro con la moneda venezolana. Como tampoco hay que ignorar la corrupción y la ineficiencia administrativa del gobierno. Todo ha formado una tormenta perfecta que ha estallado en emigración y descontento social, no muy distinto del que experimentamos en Puerto Rico actualmente. En Puerto Rico no hay necesidad de golpe de estado porque el pueblo tiene acceso a EEUU y la economía subterránea del narcotráfico y actividades fuera del alcance del gobierno ayudan a paliar la escasez.

La pregunta que es fundamental contestar ¿la situación que existe en Venezuela justifica la intervención militar de EEUU y otros países de la región? ¿Es esta la mejor solución al problema? ¿Va a traer una democracia verdadera? ¿Cuántas vidas de venezolanos costaría esta solución? ¿Quiénes ponen los muertos?

Mi opinión es que no. Que los que vendrían al poder apoyados por EEUU vendrán con ansias de venganza, de agarrar el poder por el poder mismo, que entregarán las riquezas petroleras de Venezuela a las grandes transnacionales petroleras, que la riqueza petrolera, al igual que sucedió en las décadas de los sesenta y setenta sería usurpada por una oligarquía insensible a las necesidades del pueblo. Ya lo vivió el pueblo venezolano, hasta la CIA (CIA World Fact Book, Venezuela, Demography) reconoce que bajo el gobierno de Hugo Chávez la pobreza se redujo en un 27%.

No hay respuestas fáciles, no hay que ignorar casos de violaciones de derechos humanos, ¿pero en que país del mundo no se cometen violaciones de derechos humanos todos los días? ¿Están mejor los pueblos Sirio, Iraquí, Afgano, Libio hoy que antes de las intervenciones de EEUU? ¿Desaparecieron las violaciones de derechos humanos o se han agravado?

La violencia una vez se desata es muy difícil de controlar. Por eso yo te invito a ti, lector joven, a que con tu inteligencia y las herramientas que hoy día tienes a tu alcance para informarte, ponderes, reflexiones y analices. ¿De qué lado quieres la suerte del pueblo de Venezuela echar? ¿Del lado del diálogo, la negociación, la toma de decisiones por el pueblo? ¿Del lado de la intervención extranjera de EEUU, de la guerra regional, de la muerte y destrucción asegurada de miles de venezolanos, colombianos, brasileños que vienen de las estratas mas humildes e ingresan a las fuerzas armadas y organizaciones paramilitares para obtener ingresos para sus familias?

Te pido que hagas una apuesta por la paz, que la apoyes, que te expreses, te manifiestes y ayudes a construir una Patria Grande libre de pobreza, democrática y solidaria. Tengo mis esperanzas puestas en ti.

Perros sí, negros no

El hombre de barba anglosajona (candado) sostiene su perro con un brazo mientras señala con un dedo a alguien que pasa. “No, no es odio”, dice, agitado. “Tengo todo el derecho del mundo a pensar que mi raza es superior. Está probado que la raza blanca es más inteligente que la negra. No es odio, no. Quienes no nos permiten expresarnos son quienes sufren de odio. No nosotros”.

Aparte de ser una moda, esa de acusar a los demás de lo que uno mismo sufre (según Trump, no hay en el mundo alguien menos racista y menos misógino que él), este argumento se ha vuelto muy popular en el club de la OTAN: no son los racistas los que odian. Ni siquiera son racistas.

El argumento tiene, sin embargo, algunos problemas.

Primero, aun asumiendo que los blancos son más inteligentes que los negros (luego discutimos cuándo los asiáticos van a expulsar a todos los blancos y por qué los negros han mejorado tanto en sus test de inteligencia en los últimos cuarenta años si, en su raíz, se trata de un problema biológico), eso no garantiza que los racistas no sean la excepción de su raza.

Segundo, podemos asumir que los supremacistas blancos se consideran intelectualmente superiores a los perros. Sin embargo, no por eso los echan de sus casas a patadas. Por el contrario, al menos aquí en Estados Unidos, la gente duerme con sus perros y no pocos los besan en la boca después que el perrito le lamió el pene al perro del vecino.

Pero cuando se discursa contra los negros o se acosa a los inmigrantes de piel oscura (del medio millón de ilegales europeos y australianos, ni una palabra), no se trata de odio sino, simplemente de un reconocimiento objetivo de que la raza blanca es superior. Eso, eso “no es odio”. (La nueva moda de los genios aburridos será: “Sí, es odio, ¿y qué?”)

Los partidarios de construir sociedades amuralladas consideran que esa es la mejor forma de evitar conflictos y de salvar la pureza de sus culturas y de sus identidades. Esta superstición esencialista, muy popular, ignora la fuerza de la historia que todo lo cambia. Basta que una sociedad expulse a todos los “diferentes” para que, dentro de sus orgullosas murallas, físicas y mentales, como en Calataid, comiencen a surgir diferencias, sino de hecho al menos por la percepción de sus habitantes que siempre ven lo que tenemos los humanos de diferente y nunca lo que tenemos en común. Para darse cuenta de esto basta con mirar cualquier familia.

Este argumento no se sostiene más que por el ejercicio religioso aplicado en el lugar equivocado, en el mundo factual, es decir, la creencia de que algo es verdad porque uno cree en ello, y si algo parece ilógico e imposible, mejor aún, porque se necesita poseer una fe inquebrantable, verdadera, probada, salvadora, para ir contra todas las evidencias. El barco se hunde y los fieles del capitán dicen que está tomando impulso o que se prepara para convertirse en submarino.

Un mundo compuesto de sociedades amuralladas no tiene futuro. Es la mejor receta para el conflicto, las guerras y los holocaustos. Si uno se rodea de murallas porque no se entiende con otros pueblos, no es lógico pensar que por esa misma particularidad vamos a poder comunicarnos y entendernos mejor con el resto del mundo, un mundo que ha sido reducido a un pañuelo por la tecnología. Si en la Edad Media algunos reinos menores podían sobrevivir sin mayores contactos con el mundo exterior, si luego los burgos se amurallaron con relativo éxito para su defensa, eso ya no tiene sentido. Una nueva Edad Media es un proyecto imposible, impráctico y peligroso, por lo cual podemos prever que no se trata de un gran ciclo histórico sino de una reacción a una tendencia opuesta y mayor, como lo es la aceptación de la diversidad y el avance de la igualdad a pesar del poder de las elites que siempre se las ingenian para contrarrestar sus pérdidas.

El persistente intento de presentar al nacionalismo como la base de un entendimiento universal es una broma de mal gusto. No es un elemento capaz de unir, ni como utopía ni como realidad, a una sociedad global que debe enfrentar verdaderos peligros a su propia existencia, como lo es la catástrofe ecológica en curso, la amenaza nuclear, o la ultra segregación económica, donde 49 individuos, que no han aportado absolutamente nada a la historia de la humanidad, se llevan la mitad de toda la riqueza de la población mundial.

Está de más decir que esta idea (de que los promotores de las sociedades amuralladas solo defienden sus derechos a vivir según sus propios valores) es altamente hipócrita. Esa ola nacida en el mundo que colonizó el mundo en los últimos siglos, primero con colonias esclavistas y luego con la fuerza del dinero y los cañones, nunca pensó en el “derecho de cada cultura a vivir según sus propios principios”. Por siglos, a todas las culturas que eran diferentes se las consideró inferiores y se les impuso “nuestros principios”, aparte de explotarlos y masacrarlos por millones y millones.

Ahora que unos habitantes de esas excolonias, en un número insignificante en comparación, comienzan a migrar por desesperación al centro económico del mundo, se los criminaliza, se los expulsa y se levantan murallas para mantener al “invasor” lo más lejos posible.

Así que, el repetido argumento de que no se trata de odio sino de defender “lo nuestro”, se parece del todo a los racistas que aman a sus perros, pero no pueden vivir con vecinos negros porque son inferiores.

Para que no se sientan mal están las leyes justas que siempre se cambian cuando dejan de convenir al poder. Actualmente, la ley de Lotería de Visas para la Diversidad de Estados Unidos que beneficia a pocos pero demasiados no blancos, es atacada por el mismo Partido del Muro. Personalmente estoy de acuerdo que es una ley sin mucho sentido, pero observemos que fue inventada a finales de los 80 para beneficiar a los inmigrantes irlandeses, por entonces asimilados a la idea de “raza blanca”.

Claro, los irlandeses no siempre fueron blancos. Durante varias décadas del siglo XIX, fueron el mayor grupo de inmigrantes a Estados Unidos y, porque no eran el tipo de blanco esperado y sus pelos eran de un color horroroso, imperfecto, se los discriminó de formas violentas. Los indios, los mexicanos y los negros ni siquiera contaban como candidatos a ciudadanos (la ley definía ciudadanía en base al color de piel) y en la mayoría de los casos ni siquiera contaban como seres humanos. No era raro leer carteles que aclaraban el derecho de admisión en restaurantes: “Ni perros ni irlandeses”. Hoy el cartel diría: “Perros si, mexicanos no”.

El lado positivo es que no se trata de una mayoría, por suerte, aunque sí de una minoría con un poder político desproporcionado, por desgracia y por las razones que podemos discutir en otro artículo. Una minoría con un poder desproporcionado, como la de todo gran poder.