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Nulidad del Tratado de París ( cápsulas de un discurso Albizuista V y última)

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari BrásClaridad,

Luego de haber discutido ante el público presente su interpretación sobre el alcance que tuvo la Carta Autonómica de 1897 con relación a Puerto Rico, en la que aseguró que al extenderse por la Corona Española dicha Carta tal acto tuvo el efecto de convertir a nuestro país en nación soberana bajo el único vínculo de su lealtad a la dinastía de los Borbones, Albizu elabora los fundamentos de su teoría sobre la nulidad del Tratado de París. Dice sobre el particular:

“Ahora bien, señores, el reconocimiento de personalidad, ya sea en el derecho civil privado, o ya sea el derecho público internacional; si cualquiera de vosotros tiene un hijo que ha llegado a los dieciocho años de edad, pero que no ha llegado a la mayoría de edad, van a la corte de distrito de Mayagüez, su abogado presenta un expediente de emancipación y el juez dictará la emancipación del menor. Al otro día, después de decretada la emancipación, el padre y la madre se arrepienten y quieren volver con otro expediente para anular la emancipación del hijo, no pueden porque una vez reconocido el derecho de personalidad, es irrevocable. Porque si pudiera ser revocable, no podría existir ninguna relación jurídica de hombres. Es decir, que si yo quisiera hacer con cualquiera un contrato sobre la venta de una finca, si éste pudiera ser revocado, sin considerar el derecho adquirido por el contrato de venta, yo no contrataría nunca. Eso es claro. Y por eso es que el reconocimiento de personalidad en el derecho privado es completamente firme y terminante, porque es la base de la relación jurídica en una sociedad. En el derecho internacional es lo mismo. El reconocimiento de personalidad es irrevocable. Y una vez que se concede, no hay poderes para retractarse. Y así, España no tenía derecho a ceder a Puerto Rico, ni Estados Unidos tenía derecho a adquirir a Puerto Rico en virtud de una cesión. Ningún tratado entre España y ningún poder será obligatorio para Puerto Rico sin el expreso consentimiento del parlamento de Puerto Rico.”

“Si los yanquis creían que tenía derecho a recibir a Puerto Rico como botín de guerra, ¿porqué no sometieron el Tratado de París al Parlamento de Puerto Rico? Era que temían que el parlamento no fuera a aceptar la cesión de Puerto Rico.”

“Pero es más todavía, señores. A la pobre España se le ha dicho que ella cedió a Puerto Rico sin defenderlo. Quisiera que aquí, en justicia a la historia, se sepa toda la verdad. Cuando estalló, los Estados Unidos decían que iban a la guerra con fines humanitarios (como a todas partes; yo no he oído nunca a los yanquis que iban a una parte sino con fines humanitarios). España, al verse declarada la guerra, con gran sensatez, le ofreció a Estados Unidos un armisticio en lo que discutían los términos de paz. “Que cese el derramamiento de sangre;  no sacrifiquéis vuestras vidas, ni sacrifiquemos las nuestras, y no pongamos en peligro la vida de cubanos y puertorriqueños’ y Estados Unidos dijo que sí, pero que ellos habían hecho un sacrificio muy grande con declarar esa guerra, y habían gastado tanto dinero ya, que era necesario una compensación, y que pedían en compensación por su declaración de guerra, la cesión de Puerto Rico como condición del armisticio. No había desembarcado un solo yanqui todavía en Puerto Rico. Entonces las negociaciones se conducían por mediación del embajador de Francia, rotas ya las relaciones diplomáticas, Monsieur Jules Calhous, fue quien comunicó al ministerio de relaciones exteriores de España la pretensión de Estados Unidos. Ellos habían ido con fines humanitarios, pero querían que le pagaran. Y había que pagarles, ¿con qué?, con la personalidad de Puerto Rico, y con sus intereses. Y España dijo que no, y le dijo al embajador francés que resolviera con ellos. Y ellos dijeron que o cedían a Puerto Rico, o seguía la guerra. Y España entonces siguió la guerra.”

“Los yanquis desembarcaron en Puerto Rico, y entonces, como veían que para los fines de la cesión de Puerto Rico era casi ridículo pedir que se cediera un país que no habían ocupado, metieron en Puerto Rico quince mil  hombres de todas las armas. Los españoles adoptaron la táctica  de reconcentrarse en San Juan, y se fueron replegando para evitar derramamiento de sangre, y en diciembre de 1898 España volvió a proponer un armisticio, estando las tropas españolas en contacto con las de Estados Unidos en Coamo. Le propusieron un armisticio, y entonces Estados Unidos volvió a decir que para cesar las hostilidades, España tenía que ceder a Puerto Rico; y España, viendo desaparecer su escuadra, roto ya su crédito internacional, desaparecido su ejército en Cuba, no le quedó más remedio que acceder a las pretensiones del enemigo perverso. Y entonces cesó la guerra. Vino el Tratado de París, y de acuerdo con el protocolo diplomático, había una cuestión planteada en virtud de un armisticio…”

“En el Tratado de París hay una cesión pura y simple de Puerto Rico a Estados Unidos; y ese tratado es nulo porque España no podía contratar con referencia a Puerto Rico después de la autonomía sin el expreso consentimiento de Puerto Rico, y eso nunca fue sometido al parlamento de Puerto Rico para su aprobación. Derrumbaron el gobierno autonómico que existía en Puerto Rico, e implantaron el régimen militar que tienen. La ciudadanía tiene la misma validez que tienen todos los actos de los yanquis derivados del Tratado de París. Es lo mismo que si los chinos decretaran que los puertorriqueños son chinos porque el dragón imperial así lo manda.”

Esta teoría sobre la nulidad del Tratado de París por falta de consentimiento por parte de Puerto Rico, fue cónsona con el planteamiento hecho por Hostos cuando regresó a Puerto Rico como presidente de la Liga de Patriotas en 1898. El propio Albizu la expandió en sendos alegatos jurídicos redactados por él en casos de los años treinta. La hizo suya también el Doctor Juan Augusto Perea, ilustre historiador y jurisconsulto mayagüezano quien presidió el primer Congreso Pro Independencia en 1943 y es y sigue siendo la base jurídica de todos los que negamos validez alguna al régimen de dominación norteamericana en Puerto Rico.

FIN

Una tregua en los ghettos ideológicos

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

No vamos a pretender que los partidos políticos existentes en el país se disuelvan. Están pasando todos por una crisis muy seria. Su consuelo es que no es solamente en Puerto Rico. Se trata de un fenómeno casi universal. Es uno de los signos más evidentes del cambio de época al que nos hemos referido antes. Pero en Puerto Rico los mayores cambios sociales y políticos nos llegan con gran retraso.

Los partidos políticos, sin importar el régimen que sea, son un rezago del sistema capitalista-imperial, que comenzó su auge en el Siglo XVIII y está llegando a su inescapable final en los albores del XXI. Ni los partidos ni el sistema capitalista que los propicia van a desaparecer de la noche a la mañana. El cambio de época ya comenzó y su avance es irreversible. Pero no podemos determinar, por nuestras particulares preferencias, adonde nos llevará el cambio. Claro está, los resultados variarán en cada región, y dentro de éstas, en cada nación, por las condiciones específicas del lugar.

Dentro de ese panorama —para cuya observación no hay que ser ni profeta, ni siquiera filósofo—, los puertorriqueños podemos encauzar nuestro proceso propio. Debemos incorporarnos a la obvia situación regional y mundial. Si actuamos lo más consensualmente posible, y evitamos la exacerbación de las contradicciones ideológicas que nos han separado en tribus políticas antagónicas, puede encontrarse una serie de asuntos urgentes que sólo podrían solucionarse mediante el mayor consenso posible.

Los pequeños grupos, intra partidos y fuera de los partidos, no tienen absolutamente ningún poder de regateo parra impulsar metas victoriosas. Lo más que alcanzan es cancelar los objetivos del adversario coyuntural. Y eso sólo equivale a un pataleo. Mientras tanto, el país se aleja más y más de las impetuosas corrientes internacionales en cuya inserción es que podemos encontrar soluciones prácticas a nuestros mayores problemas. Esto es así para sindicatos, organizaciones profesionales, grupos internos en los partidos que aspiran a tomar control de éstos, así como agrupaciones políticas no partidistas que pululan por la periferia del acontecer cotidiano.

Lo primero que debemos tener claro es cuáles son los problemas más urgentes a los que hay que buscarle solución inmediata.

Estos son fácilmente detectables.

En primer lugar, deben redefinirse nuestras relaciones coloniales con Estados Unidos con miras a rescatar para nosotros el ejercicio de los poderes soberanos que sólo a nosotros, como pueblo, nos pertenece. La idiotez de postular que hay que atacar los problemas sociales y económicos más urgentes, echando a un lado “el problema del status”, es el fundamento básico de las visiones despistadas que ofuscan a políticos y politólogos, con muy raras excepciones. Puede que la insistencia en atender con prioridad este, nuestro gran problema nacional, impida que alcancemos programas comunes por unanimidad. La tribalización ideológica en que han caído los partidos y facciones diversos ha convertido a estas tribus. Busquemos, por tanto, una tregua en las hostilidades entre ghettos y no, al menos por el momento, la ruptura definitiva de éstos, que sería mucho aspirar en las actuales circunstancias. Basta que logremos consenso entre las fuerzas mayoritarias del pueblo, que son suficientes para marchar hacia la solución del status, y de los otros problemas mayores.

Tampoco debemos aspirar a ponernos de acuerdo, por consenso, respecto a la fórmula final que redefina nuestras relaciones con Estados Unidos. Basta con ponernos de acuerdo respecto al procedimiento a seguir para impulsar la solución realista de este vital problema. Ahí podemos coincidir independentistas y estadolibristas de todo el espectro, y algunos estadoistas también.

El segundo problema —quizás primero en la urgencia de enfrentarlo, si no fuera por la incapacidad de encararlo con éxito dentro de las limitaciones del régimen colonial que ahoga siempre las iniciativas remediales verdaderas en el país— es el avanzado estado de deterioro social que sufre el pueblo, por razón de la guerra continua entre las gangas que se disputan el dominio del narco-tráfico tanto en el país como en el trasiego con Estados Unidos. La calidad de vida de los puertorriqueños de todas las clases sociales se ha menguado y seguirá enfermándose crecientemente si no ajustamos la migración y el tráfico de mercaderías entre Puerto Rico y el resto del mundo de acuerdo a nuestras propias necesidades y conveniencias. 

Por ejemplo, de no resolverse primero el control de nuestras costas por nosotros mismos y la abolición aquí de las leyes de cabotaje de Estados Unidos, el resultado final de las gestiones para establecer un gran puerto de Las Américas en Ponce y sus alrededores —formidable iniciativa del extinto alcalde Churumba Cordero que todos respaldamos— será convertir el anhelado mega-puerto en un mega punto para el trasiego de drogas a nivel de Sur América y Estados Unidos. Nótese que Estados Unidos es el primer consumidor de estupefacientes en el mundo.

Si el puerto de Las Américas que se planea en Ponce no está acompañado de la abolición de las leyes de cabotaje en Puerto Rico, éste no tendrá capacidad competitiva en cuanto al comercio normal con los ya existentes o en proceso de instalarse en República Dominicana y otros lugares caribeños. La razón es sencilla. Mientras operen aquí las leyes de cabotaje que Estados Unidos tiene vigentes, éstas obligan a que el tráfico marítimo entre puertos estadounidenses entre sí deberán hacerse en barcos de matrícula y tripulación de ese país. Esas leyes que se nos imponen consideran los puertos en Puerto Rico como si fueran de Estados Unidos. Los fletes que cobran esos barcos son los más altos del mundo entero. La razón de ser de los llamados megapuertos es precisamente que los grandes barcos que transportan mercancía desde Europa, África y el Este de América del Sur hacia Estados Unidos puedan dejar su mercancía en los megapuertos y de aquí se re-embarcan tanto hacia el Este de Norteamérica como hacia Oeste, por la vía del Canal de Panamá. Si este tramo resulta mucho más caro desde Puerto Rico, por la vigencia aquí de las leyes de cabotaje de Estados Unidos, que desde otros lugares caribeños donde no están limitados por esas leyes norteamericanas será obvio que los exportadores de mercadería hacia Estados Unidos preferirían aquellos grandes puertos caribeños donde no rijan las leyes de cabotaje norteamericanas ni el control de costas por el llamado “homeland Security” legislado por Wáshington tras los ataques a las torres gemelas neoyorquinas en el año 2001.

Nuestro megapuerto ponceño se convertiría entonces en un formidable atractivo para el trasiego mayor de drogas y toda su parafernalia hacia su principal mercado que es  el norteamericano. Eso es así porque una vez logran entrar a Puerto Rico, a todos los  efectos legales ya hicieron aduana en Estados Unidos por virtud de la vigencia del Homeland Security Act aquí. Y les será mucho más fácil entrar a los diferentes puertos norteamericanos. Ellos, los que trafican en drogas al por mayor, sí pueden pagar los fletes extraordinarios que determinan las leyes de cabotaje para regir en Puerto Rico.

Hay que tener presente que toda la gran ola de violencia y asesinatos que se desarrolla en nuestro país hoy es producto, directo o indirecto, del tráfico de drogas y la inescapable cubierta mediática que los actos violentos de los traficantes en sus guerras por control de los minipuntos obtiene en la radio, la televisión y la prensa escrita aquí. Es precisamente ese entrelazamiento entre la violencia generada por los traficantes de droga y la tremenda publicidad que esos actos conllevan el que establece el patrón de resolver violentamente todos los conflictos, incluso en las relaciones personales entre hombre y mujer o entre parejas del mismo sexo. La violencia doméstica se ha estado nutriendo de la que generan los que trafican sustancias controladas, la cual opera como motor de la nefasta sub-cultura de la violencia delictiva, tan generalizada en el Puerto Rico de hoy que podríamos considerar el problema mayor del país por los efectos devastadores que tiene en la vida individual y colectiva de los puertorriqueños.

El tercer problema, también relacionado con el primero, es la incapacidad estructural de Puerto Rico para encauzar su desarrollo económico dentro de la creciente regionalización y globalización del comercio, las finanzas y la economía en general que define la tendencia universal al respecto. Sobre esto se ha escrito bastante en CLARIDAD y me consta que se seguirá cubriendo adecuadamente este tema. Recomiendo específicamente los escritos del compañero Francisco A. Catalá Oliveras, cuyos análisis económicos son de particular brillantez por ser certeros y estar redactados en idioma sencillo y comprensible por todos y todas los(a)s que no somos expertos en economía.

Hace ya décadas, el compañero José Enrique Ayoroa Santaliz, un adalidad de la prédica y acción para la conciliación entre todos los independentistas, llamaba la atención en un discurso suyo que “nuestro adversario ha logrado convencernos de que unos y otros independentistas de todo el abanico ideológico somos incapaces de laborar juntos hacia la consecución de objetivos específicos en los que, sin embargo, todos estamos contestes.”

“Nuestro adversario ha triunfado hasta hoy, convenciéndonos de ese fatalismo.”

“Nos ha aparcelado, en su beneficio, en tribus idológicas.”

Las tribus ideológicas que nos aparcelaban, al decir del querido compañero Quique, se han convertido en ghettos. Es más difícil hoy, que hace un par de décadas, reconciliar a esos ghettos patrióticos. Pero hoy es más urgente hacerlo, si es que nos interesa salvar a nuestra patria del deterioro social, económico y político en que estamos. ¡Manos a la obra, compatriotas! Todavía nos queda una patria por salvar.

Psiquiatría, Política y Terror

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

Ahora que se cumplen treinta y dos años del asesinato político de Santiago Mari Pesquera —un mártir de la independencia y socialismo— ha surgido un contundente análisis documentado que, entre otras conclusiones de envergadura universal, corrobora con fuerza la prueba que hemos ido entregando al Departamento de Justicia de Puerto Rico para descubrir la conspiración que condujo al asesinato de mi hijo en marzo de 1976.

El análisis y las conclusiones las escribió una brillante y puntillosa investigadora, Naomí Klein, del London School of Economics, bajo el título “la Doctrina del Shock; el auge del capitalismo del desastre” El libro llegó a mis manos por regalo de un amigo y compañero de muchso años compartidos en luchas y esperanzas, con motivo de mi reciente octogésimo cumpleaños.

Lo que sigue no es una reseña del ibro, la cuál amerita que se realice con la mayor particularidad. Sólo voy a referirme a parte de su contenido, como corroboración irrefutable de la hipótesis investigativa que obra en poder de la Secretaría de Justicia del ELA. Serán los encargados de la investigación del caso en esta etapa, incluyendo, por su trascendencia, al Secretario del Departamento y al gobernador de Puerto Rico, quienes, junto al Center for Constitutional Rights de Nueva York, que fue la institución que representó a la familia de Chagui en los primeros esfuerzos por conseguir la revelación del contenido de los papeles del FBI sobre el asunto, deberán tomar las las determinaciones correspondientes para obligar a las agencias del Estados Unidos, y en especial, el FBI, la CIA y la Inteligencia de la Marina de Guerra de esa nación, a descubrir toda la urdimbre de sus manejos del caso, que obra en sus archivos.

Y se sabía, por abundantes escritos sobre el personaje Dr. Ewen Cameron, psiquiatra, y sus experimentos para reducir a tábula rasa el cerebro de determinados tipos de seres humanos y poder re-programarlos para que actuén según las instrucciones que le den sus manipuladores. La relación entre la CIA y el doctor Cameron fue descubierta a finales de los años setenta mediante acciones bajo el “Freedom of Information Act” de Estados Unidos.

La autora de este libro, Naomi Klein, realiza una investigación exhaustiva que conduce sin lugar a dudas a sus conclusiones sobre aspectos fundamentales de la hipótesis en que monta su libro. Estos son: )1) la amplia utilización experimental del shock como instrumento de manipulación del cerebro humano, llevándolo a cancelar prácticamente toda memoria para poder comenzar el uso de ese cerebro, y por tanto de esa persona, para los fines represivos que tenga quien sirve a determinados intereses; 2) la relación sucesiva, del shock individual propuesto por Cameron y la teoría del profesor Friedman, de la Universidad de Chicago, en actividades de la inteligencia norteamericana para imponer en los países que interesaran sus objetivos estratégicos. Friedman fue el padre de lo que se conoce como el neoliberalismo. Este consiste en plantear que para que pueda operar en toda su pureza el liberalismo del padre de la economía política del capitalismo Adam Smith, hay que eliminar por completo la función reguladora del estado en las relaciones entre capital y trabajo. De ahí vienen todas las propuestas de privatizaciones de cuanto servicio público haya en cada sociedad, incluyendo la producción, la salud pública, las construcciones de viviendas de carácter social. También se plantea la eliminación de la función del estado como regulador de permisos, concesiones, protección de costas, etc.

Para poner en función esa combinación del shock, inventado por Cameron con el neoliberalismo del profesor Friedman, escogieron unos escenarios experimentales, que fueron los países del cono sur de Sur América. Empezaron por Chile, donde tomaba auge el gobierno de la Unidad Popular presidido por el Dr. Salvador Allende, que había empezado por nacionalizar las minas de cobre, que son los mayores depósitos de ese metal en todo el mundo de entonces.

Por eso reclutaron al General Augusto Pinochet, un mercenario de las fuerzas armadas chilenas, que no vaciló en traicionar a su superior, el presidente que lo había designado, y convertirse en su asesino para tomar el poder, en un operativo orquestado por la CIA, que le permitió cumplir su vocación de ladrón en 17 años de tiranía. 

Aplicaron en toda su crudeza y brutalidad la técnica del shock individual en centenares de personas en uno de los procesos represivos más escandalosamente infames en la historia hemisférica. Simultáneamente, pusieron en práctica la teoría económica del shock ideada por Friedman. Para hacerlo, se valieron de sendos grupos de los discípulos del profesor del neoliberalismo, en lo que se conoció como los “Chicago boys”, que eran economistas monitoreados por Friedman.

La misma combinación de shock individual y colectivo la aplicaron en Argentina y Uruguay, para llevar al poder a sucesivas bandas de militares que pusieron en práctica, monitoreados por Estados Unidos, el salvaje terrorismo de estado que caracterizó los años de dictadura y tiranía de esos dos países.

En los años del decenio de los setenta, incluyendo los de la presidencia de Carter, se mantuvo en toda su ilegalidad la combinación represiva y política del shock con el neoliberalismo. Por eso Carter pactó con Romero Barceló su impunidad ante los crímenes de Maravilla.

Si se juntan los hallazgos historiográficos de la profesora Klein con los documentados y pruebas que le hemos entregado al Secretario de Justicia en distintas épocas, y en particular el último documento que le suministramos hace menos de un año, se verá por cualquier investigador razonable que aquí se trató de una aplicación del shock para reprogramar a un enajenado y convertirlo en gatillero del crímen de Santiago Mari Pesquera, por el que eventualmente se le declararía culpable de asesinato en segundo grado, con el único propósito de cerrar el caso y dejar impune la participación, en la conspiración y realización del crímen, a los originadores del acto, quienes actuaban directamente bajo la dirección de agencias represivas norteamericanas. No es casualidad que ese asesinato ocurre cuando el Partido Socialista Puertorriqueño había empezado a prender en la conciencia de sectores muy amplios del pueblo puertorriqueño, hasta el punto de que en su segundo congreso, celebrado en el Coliseo Roberto Clemente, estuvo presente una multitud de más de diez mil personas. Debe advertirse que uno de los hallazgos que plantea la profesora Klein en su libro es que parte de la estrategia del shock diseñada por Estados Unidos en los años setenta, frente al hecho de que Salvador Allende ganó el poder mediante unas elecciones democráticas, según las definiciones del término por el gobierno norteamericano, consiste en atacar el shock preventivamente, antes de que una causa como el socialismo pueda triunfar electoralmente, para evitar la repetición del caso de Chile. Por eso decidieron asesinar a mi hijo mayor en el momento en que apenas comenzaba nuestra campaña en que se me designó candidato a gobernador tras el exitoso congreso del Coliseo Roberto Clemente.

Todo lo anterior me hace recordar que, cuando los compatriotas Nacionalistas denunciaron las prácticas de aplicación de rayos envenenados contra Don Pedro Albizu Campos en su celda de la cárcel La Princesa, muchos de nosotros —los pipiolos de entonces— pensábamos que eso era una exageración de los amigos Nacionalistas. Así se lo argumentaba yo al querido compañero y amigo Carlos Carrera Benítez, cuando nos reuníamos en tertulias familiares en Wáshington, donde ambos residíamos a la sazón. Nunca olvidaré que Carlos me advertía entonces que esa denuncia no debía ser una exageración, porque el gobierno yanqui siempre ha perseguido al independentismo puertorriqueño, y especialmente a su máximo exponente, que era Don Pedro, sin ninguna clase de limitación de índole moral en sus métodos represivos. La historia le dió la razón a los Nacionalistas. Ya es un hecho comprobado que esa aplicación mediante radiación al cuerpo de Albizu prisionero en La Princesa, se dió de manera experimental para el uso de la aplicación de laser desde la Base de Isla Grande, Puerta de Tierra, hasta la celda en el segundo piso de la cárcel, en el viejo San Juan, donde tenían recluído a Albizu y un pequeño grupo de Nacionalistas que lo acompañaban.

No caigan los patriotas de ahora, del grupo que sean o de ninguno de ellos, en el mismo equívoco en que caimos tantos en los años cincuenta respecto a la denuncia Nacionalista sobre la aplicación de rayos laser a Don Pedro.

Mi dolor por la muerte del hijo mayor es uno muy personal, y no hay nada que pueda eliminarlo, ni ahora ni en el infinito o la eternidad de la muerte. Pero debe advertir que ese crímen reviste una trascendencia política que todo nuestro pueblo debe comprender a cabalidad, porque está estrechamente relacionado con la estrategia colonialista del imperio yanqui, que nos mantiene aún, a estas alturas del siglo XXI, siendo la principal colonia del imperio más poderoso de la época. 

La Nueva gran superpotencia: la opinión pública mundial

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

El Padre Miguel D’Escoto Brockman preside la Asamblea General de Naciones Unidas —que es el órgano más representativo de la organización mundial— desde el comienzo de la sesión de 2009  hasta fines de septiembre de 2010, cuando comienza la sesión correspondiente al próximo año. La amplitud de miras que expresa en su visión del momento crucial por el cual atraviesa la humanidad en la actualidad, junto a la firmeza con que defiende a las grandes mayorías explotadas del mundo, le han ganado el respeto y reconocimiento que hizo posible su elección al alto cargo que está por terminar su mandato. De esa amplitud de misas surgió su idea de que la nueva gran superpotencia será la opinión pública mundial.

Hace unos días, tuve el honor de recibir una copia de su libro “Antiimperialismo y no violencia”, publicado en su primera edición por “Ocean Sur, que es un proyecto de Ocean Press, e impreso en México en 2009. Tuvo la gentileza de escribir una nota manuscrita que dice así: “Para mi gran amigo y hermano de la lucha por la independencia de Puerto Rico y la integración de toda nuestra América Latina y el Caribe-Juan Mari Brás. Fraterno, (firmado), Miguel D’Escoto.” Esa dedicatoria me honra sobremanera, porque es una reiteración de su apoyo a nuestra lucha por la independencia, y refleja la plena comprensión de que ésta se inscribe en la aspiración de todo el movimiento patriótico boricua de que nuestra futura república se una al impetuoso movimiento por la integración de nuestra América y el Caribe, que será la gran patria común de todos nosotros.

El padre D’Escoto pronunció unas palabras de aceptación tras su elección por la Asamblea General el 4 de junio de 208. En las mismas se anticipa su fórmula para presidir “el año de la reconciliación” en la ONU. Agradeció a su Nicaragua, “y a mi patria grande, los países de América Latina y el Caribe, por su generoso endoso por aclamación.”

Comenzó advirtiendo que la ONU tiene que ser precisamente eso “Naciones Unidas —no naciones dispersas y menos naciones sometidas”. La unidad que el mundo exige, dijo, “es una unidad nacida del amor”.

“Pero las Naciones Unidas somos todos, y debemos seguir siendo todos, comprometidos individual y colectivamente con el respeto a los principios y normas de conducta establecidos en la Carta. No tiene ningún sentido suscribir la Carta y proceder a actuar como que no nos obliga; como que obliga a otros, pero no a nosotros.”

“El año 2009”, señaló, “ha sido designado como el año internacional de la reconciliación. Acatemos ese llamado a plenitud. La reconciliación no nos obliga a olvidar el pasado, ya que eso puede ser imposible. A lo que nos obliga es a no permitir que recuerdos de atropellos en el pasado se conviertan en obstáculos para el logro de nuestra unidad de aquí en adelante. Debemos, pues, estar atentos, a no desgastarnos mutuamente en estériles recriminaciones,”

El presidente de la Asamblea General de la ONU termina su alocución, al momento de ser elegido para el alto cargo, con las siguientes palabras: “los vientos de unidad están soplando más fuertes que nunca al sur del Río Bravo. Este 23 de mayo recién pasado, tan solo hace doce días, se suscribió en Brasilia el Acta Constitutiva de UNASUR, la Unión de Naciones de América del Sur.”

“Efectivamente, este es un acontecimiento que nos alegra muchísimo y nos anima a seguir luchando, con mayor ahinco aún, por la unidad que no sólo mi América Latina y Caribe necesita, sino, también, el mundo entero y nuestra organización. Entre más unidas sean las naciones, la ONU podrá con mayor éxito lograr que las guerras, el hambre y la pobreza sean para siempre erradicadas de la Tierra.”

En su discurso inaugural, al asumir la presidencia del ’63 Período de sesiones de la Asamblea General, el Padre D’Escoto Brockman hizo un recuento bien franco y pormenorizado de los asuntos de mayor importancia que debe enfrentar el organismo que pasó a presidir bajo el imperativo general de democratizar a la ONU. “La presente coyuntura en nuestro mundo es aún más seria que la de hace 63 años cuando se creó las Naciones Unidas. No obstante, no estamos fatalmente condenados a seguir hundiéndonos hasta perecer en el pantano del egoísmo demencial y suicida en que nos encontramos, “afirmó como base para todos sus planteamientos. Estos estuvieron particularizados en todos los aspectos de esa coyuntura, con la única excepción de que no hubo referencia alguna a la total erradicación del colonialismo en todas sus formas y manifestaciones, que ha sido un objetivo constante de Naciones Unidas a contrapelo de los intereses imperiales remanentes de Estados Unidos y algunos estados europeos. Esa omisión no guarda coherencia con la franqueza y lucidez con la que trata los demás temas de importancia. Si se van a especificar los aspectos fundamentales de la crisis por la que atraviesa el mundo actual, es incomprensible que una persona tan sensible como el Padre D’escoto haya omitido el tema del colonialismo remanente en el planeta. Sobre todo, cuando el padre está plenamente consciente de la situación colonial de Puerto Rico cuya subordinación a Estados Unidos que por virtud de un tratado de transferencia de poder de España a Estados Unidos, en 1898, que debió ser nulo desde sus inicios con relación a mi patria. Como se demuestra en la dedicatoria que me escribió con su puño y letra en el libro que me obsequió sobre Antiimperialismo y no violencia,  el padre es solidario con nuestra lucha de independencia nacional y nos considera parte de la América Latina y el Caribe que él, al igual que nosotros, entiende como su patria grande. ¿A que se debe esa omisión, para mí inexplicable? ¿Será que él también cayó en la trampa de darle una tregua a Barack Obama, aún antes de su elección como presidente, porque su discurso al que me estoy refiriendo fue pronunciando en 25 de septiembre de 2008? Mi aprehensión se funda, además, en que el Padre tuvo que suspender indefinidamente el foro que bajo su presidencia, iba a celebrar, en su carácter de presidente de la Asamblea General, sobre los temas de democracia, colonialismo y derechos humanos, para los cuales había invitado al ex gobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá, a mí y al dirigente sindical Denis Rivera, respectivamente. Los tres ponentes habíamos aceptado su invitación. Hasta hoy, no se nos ha explicado la razón de esa insólita suspensión.

He solicitado una entrevista con el padre, que debe celebrarse días antes de que entreguen la presidencia de la Asamblea General a su próximo incumbente. Espero que en la misma se nos haga una explicación coherente con el resto de su muy lúcida explicación de los problemas que tiene ante sí la humanidad, incluyendo su propuesta de una lucha no violenta. 

Estoy de acuerdo con su enfoque sobre la lucha futura es hoy la fuerza apabullante que ejercen los grandes intereses, minoritarios en el mundo, contra las grandes mayorías empobrecidas bajo la explotación propiciada por el sistema capitalista-imperialista actual. Ciertamente, si la violencia es el instrumento de las minorías dominantes en el planeta, la no violencia debe ser la consigna de las grandes mayorías que somos los pueblos y personas super-explotadas que nos condenan a la servidumbre y la pobreza. Solo así podremos alcanzar la fuerza que convierta la opinión pública mundial en la “la nueva gran superpotencia”, al decir de mi querido amigo y compañero de luchas y esperanzans, el Padre Miguel D’Escoto.

“La lucha de independencia en perspectiva Antillana” (cápsula de un discurso Albizuista III)

JUAN MARI BRAS

 

“Vamos a entrar en esa cuestión. Cuando se dice que Puerto Rico fue una colonia por 400 años, después de la invasión norteamericana, no se dice la verdad; se dice una falsedad. Puerto Rico fue una colonia hasta el año 1897, en que se impuso el reconocimiento de nuestra personalidad internacional en virtud de la carta autonómica. La carta autonómica fue impuesta no por los hombres de la vía media, sino que fue impuesta por la revolución de Cuba en virtud de un pacto entre los antillanos, pacto concebido por el inmenso Betances y redactado por el apóstol Martí en Montecristo, por el cual se establecía que los puertorriqueños y los cubanos, en una santa alianza, lucharían hombro a hombro en vías de la independencia de ambas nacionalidades; y ese pacto fue secundado por los dominicanos, y fue secundado indirectamente por los haitianos, y por todos los amigos de la causa de la independencia.”

“La táctica fue empezar por Cuba, destruir el ejército español en Cuba, y después de venir a Puerto Rico. En Cuba murieron 2,500 puertorriqueños defendiendo la independencia de Cuba y Puerto Rico. Cuando cayó Maceo, que era teniente general del ejército cubano, fue Rius Rivera (el hijo más ilustre que a mi juicio ha tenido Mayagüez), Rius Rivera fue el hombre escogido para empuñar la espada de Maceo. Y para que Mayagüez conozca la integridad y carácter de Rius Rivera, voy a hacer una pequeña digresión. 

Cuando se iba a redactar la constitución de Cuba, se quiso hacer una excepción a favor de Máximo Gómez, general teniente en jefe del ejército cubano, y de Rius Rivera, puertorriqueño, y teniente general, para que ellos dos pudiesen ser presidentes de la República de Cuba. Y los dos dijeron que no se podía permitir nunca que la representación suprema de un pueblo pudiese ser obtenida por un hombre no nacido en esa tierra, aunque ese hombre hubiese sido el libertador de ese pueblo. Y se hizo entonces, señores, un empréstito para pagar a las tropas libertadoras, y a Rius Rivera se le llamó al Ministerio de Hacienda del gobierno de Cuba y se puso en su poder un cheque por $64,000.00, y él preguntó de qué se trataba y le dijeron que esa era su compensación por su contribución a la independencia de Cuba, y él lo calificó, indignado, como una ofensa, como lo era, y dijo: ‘Yo vine a ofrecer mi vida y mi hacienda por la independencia, y a mí no se me debe nada.’ Y rehusó. Y ese cheque y ese dinero están en la hacienda pública de Cuba a disposición de la Sucesión Rius. Ese ejemplo no lo traigo aquí para los viejos, sino para la juventud que se levanta, que recuerde que el honor no está en el mercado a ningún precio, y que el sacrificio de los hombres por la causa de la libertad, no se puede tasar nunca en dinero, en recompensas ni halagos de ninguna naturaleza.”

Próxima cápsula: “El Nacionalismo en Puerto Rico”.