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ROMA, mucho mejor en pantalla grande que en NetFlix

Alfonso Cuarón, que no hacía una película en México desde su estupenda Y tu mamá también en el 2001, ha hecho su película más personal tras las producciones de gran presupuesto que realizó en los últimos años: Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, Children of Men y Gravity.

El título de Roma se debe a que la mayor parte de la película se desarrolla en la colonia de ese nombre en el centro de la ciudad de México.

Roma nos traslada al México de 1970 y 71, época de la niñez del director. De ahí la decisión de que la película fuera en blanco y negro. Cuarón se remontó a los recuerdos de su niñez en México para crear esta maravillosa película con ecos autobiográficos sobre una familia de clase media alta y las dos empleadas domésticas que dan servicio a la familia. Una de ellas es Cleo, de origen mixteco, personaje que está inspirado en Liboria Rodríguez, Libo, la nana que cuidó al director desde que éste tenía nueve meses de edad a la que Cuarón dedica el film. La debutante Yaritza Aparicio, con una mirada muy expresiva, que fue la escogida en los castings realizados antes del film, sorprende con una magnífica caracterización del personaje central de la historia.

A mi juicio, lo más importante de Roma es la excelente recreación de la época en que se desarrolla la trama y la magistral puesta en escena de Cuarón, que además de dirigir, escribió el guión, fue director de fotografía, la editó y fue uno de los productores. Los que sólo vean Roma en Netflix se perderán gran parte de la belleza de la película pues para poder apreciarla plenamente se necesita una pantalla grande ya que cada fotograma de Cuarón está impecablemente realizado, usando con maestría la profundidad de campo que nos permite ver diversos asuntos en cada secuencia.

En la casona ocurre buena parte de la trama: la problemática del embarazo no deseado de Cleo, a quien tratan como una más de la familia, el abandono de Sofía la señora de la casa por un esposo médico que la engaña diciendo que va a Canadá por razones profesionales, las travesuras e inquietudes de los hijos del matrimonio, una nena y tres varones, el menor de los cuales es el Cuarón de aquellos años, la abuela protectora y la otra sirvienta, solidaria con Cleo aunque no tan querida por la familia.

A menudo la película sale de los confines de la colonia Roma en escenas que captan estupendamente el ambiente en las calles, la protesta estudiantil que deriva en lo que se llamó el Halconazo en 1971 en que paramilitares asesinaron a estudiantes que recorrían las calles protestando, el cine Metropolitan de la infancia del director, ya desaparecido, donde la familia acude a ver la película Marooned con Gregory Peck que Cuarón citó como su influencia en Gravity, la despedida de año en una finca junto a otras familias donde los vecinos tratan de apagar un fuego en el bosque con cubos de agua, los ejercicios grupales de los que practican las artes marciales entre los que figura Fermín, el sujeto que embarazó a Cleo y que al saber de su embarazo la rechaza y después lo vemos entre los asesinos de los estudiantes, el parto de Cleo en el hospital recreado con abundancia de detalles y otros eventos son plasmados con gran realismo y mucha poesía.

Los temas políticos y sociales permean toda la trama, en particular la división de clases sociales y el machismo de los personajes masculinos. La historia alcanza su clímax en una espectacular secuencia en una playa de Veracruz en la que Cleo, sin saber nadar, desafía las olas para salvar a dos de los niños, posiblemente la misma playa de Tuxcan en Veracruz en que termina Y tu mamá también. Una secuencia impresionante que le da un final impactante a Roma antes del regreso de la familia a la colonia Roma.

Habiendo ganado el Festival de Cine de Venecia, habiendo sido escogida la mejor película del año en la encuesta internacional de Sight and Sound, así como en la selección de las asociaciones de críticos de cine de Los Angeles y de Nueva York, y habiendo recibido tres importantes nominaciones en los Golden Globes, Roma evidencia que Alfonso Cuarón sigue siendo, al igual que sus cuates Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro, uno de los grandes realizadores del cine actual.

JUNTOS

Miren la parejita de la foto, proyecten esa pareja al futuro y sobreimprímanle estas frases: “Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos, pero sigues siendo bella, elegante, deseable. Hace cincuenta y nueve años que vivimos juntos y te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos, porque te amo más que nunca”.

Ahora imaginen que esas frases son el comienzo de una carta de un hombre a una mujer, una carta de cien páginas que él va ir escribiendo noche a noche, en el curso del año siguiente, mientras ella duerme en el cuarto de arriba de una casita rodeada de árboles, en las afueras de un pueblito del norte francés llamado Vosnon. Doce meses después, la policía local hará el trayecto desde el pueblo hasta allí, alertada por una nota pegada en la puerta de la casa: “Prévenir à la Gendarmerie”. La puerta estará abierta. En la cama matrimonial del cuarto de arriba yacerán en paz André Gorz y su esposa Dorine. A un costado, unas líneas escritas a mano, dirigidas a la alcaldesa del pueblo: “Querida amiga, siempre supimos que queríamos terminar nuestras vidas juntos. Perdona la ingrata tarea que te hemos dejado”.

Poco antes, Gorz había terminado de escribir aquella larga carta a su esposa Dorine y se la había enviado a su editor de siempre, quien la publicó en forma de libro con el título Carta a D (Historia de un amor). En la última página de esa larga carta dice Gorz: “Por las noches veo la silueta de un hombre que camina detrás de una carroza fúnebre en una carretera vacía, por un paisaje desierto. No quiero asistir a tu incineración, no quiero recibir un frasco con tus cenizas. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. En el caso de tener una segunda vida, ojalá la pasemos juntos”.

Dorine era inglesa. Estaba de visita en Suiza con un grupo de teatro vocacional, en el año 1947, cuando le presentaron en una fiesta a André Gorz. Es austríaco, le dijeron, es judío, le dijeron, no tiene un céntimo y escribe, carece por completo de interés. Así se lo describieron formulariamente, cuando ella preguntó quién era. Dorine tenía un pretendiente en Inglaterra, que esperaba su regreso para casarse con ella. Pero después de aquella fiesta, Dorine cambió drásticamente de planes: en lugar de volver obedientemente a su patria se subió en un tren rumbo a París con Gorz. Porque a su lado sintió por primera vez en su vida que pensaba, que sabía pensar, que su cabecita funcionaba a la perfección junto a la de aquel judío austríaco sin trabajo y sin dinero.

No era una ciudad fácil París en 1947: Dorine trabajó de modelo vivo, recogió papel usado para vender por kilo y fue lazarilla de una británica que se estaba quedando ciega, mientras Gorz escribía en una buhardilla. Gorz hacía un relevamiento semanal de toda la prensa europea para una agencia. Dejaba la vida en esos informes, no los veía como trabajo sino como excusa perfecta para desarrollar su misión, es decir entender su época. Por esos informes precisos, potentes, brillantes, atentos a todo, Sartre le ofreció a Gorz la jefatura de redacción de la revista Temps Modernes. Intoxicado de ambición y anfetaminas, Gorz desdobló sus horas en el escritorio: además de hacer la revista se puso a escribir una novela que pretendía ser un magno retrato y reflexión sobre sutiempo. El traidor se llamaba, y llevaba al paroxismo ese mirarse el ombligo sin pausa de los existencialistas franceses (“En tanto individuo particular, él no veía relevancia alguna en que alguien se le uniera como individuo particular. No hay relevancia filosófica alguna en la pregunta Por Qué Se Ama”).

En todos sus libros posteriores, Gorz es el exacto opuesto de esa voz: nunca impostó, nunca se puso en primer plano, nunca se miró el ombligo al teorizar. Nunca escribió otra novela tampoco. Alguna gente lo considera el padre de la ecología política. Vaya a saberse qué significará eso dentro de unos años más de posverdad. Pero aun si la obra de Gorz termina siendo con el tiempo apenas una nota al pie de su época, será porque fue de los poquísimos intelectuales franceses de su tiempo (el que va de la guerra fría a la caída del Muro de Berlín) que no cayó en ninguna de las trampas de la inteligencia, según su propia definición. Ésa fue su virtud, y con los años descubrió que se la debía a Dorine.

En aquella carta postrera, Gorz le dice: “Nuestra relación se convirtió en el filtro por el que pasaba mi relación con la realidad. Por momentos necesité más de tu juicio que del mío”. No fue el único en valorarla de esa manera. Sartre, Marcuse e Iván Illich se enamoraron de ella en distintas épocas. Pero ella prefería a Gorz. Lucky bastard, dirían en inglés.

Cuando ambos acababan de cumplir los cuarenta, Dorine descubrió que había contraído una enfermedad incurable por culpa de una sustancia que le habían inyectado para hacerle radiografías. El pronóstico era negro y la medicina se lavó las manos del caso, así que Dorine encaró por las suyas una cadena de correspondencia con otros aquejados del mismo mal. La información recopilada así no sólo le dio décadas de sobrevida a ella sino que inspiró a Gorz los rudimentos esenciales de aquello que llamaría “ecología política”: ese lugar donde se tocan el pensamiento de Sartre con el de Marcuse y el de Iván Illich y el de Foucault.

Casi veinte años más tarde, Gorz decidió abandonar su puesto al timón en Temps Modernes para dedicarse jornada completa a Dorine. En lugar de ir y venir de París se instaló en aquella casa de las afueras de Vosnon y  se dedicó a hacer la misma vida que su esposa. O, mejor dicho, a hacer para ella las cosas que Dorine ya no podía hacer: “Labro tu huerto. Tú me señalas desde la ventana del cuarto de arriba en qué dirección seguir, dónde hace falta más trabajo”.

El suicide-à-deux de Gorz y Dorine tiene dos antecedentes sobre los cuales han corrido ríos de tinta: el de Stefan Zweig y el de Arthur Koestler. Zweig bebió y dio de beber a su joven segunda esposa un frasco de barbitúricos diluido en limonada en un hotel de Petrópolis, cuando llegó a la conclusión de que ni siquiera en Brasil estarían a salvo de los nazis. Koestler hizo lo propio junto a su esposa de siempre (y su perro de siempre también), en su casa de Londres, huyendo del Parkinson que lo estaba devorando. En ambos casos hubo nota suicida. En ambos casos el rol de la mujer es tristemente pasivo. En ambos casos hay una atmósfera opresiva y amarga que la última escena de Gorz y Dorine logra evitar casi por completo.

En aquella carta postrera, Gorz le hacía una tremenda confesión a su esposa: “Durante años, consideré una debilidad el apego que me manifestabas. Como dice Kafka en sus diarios, mi amor por ti no se amaba. Me diste todo para ayudarme a ser yo mismo y así te pagué”. Gorz había visto una vez a Dorine rematar con toda naturalidad una discusión que estaba teniendo con Simone de Beauvoir con la frase: “Amar a un escritor es amar lo que escribe”. Y sintió vergüenza. Aunque él mismo le había prometido a Dorine, al final de aquella fiesta, la noche en que se conocieron, en Suiza: “Seremos lo que haremos juntos”.

La bravata se hizo cabal realidad la noche en que Gorz terminó de escribir aquella carta y subió por última vez aquellas escaleras y se acostó para siempre en aquella cama, junto a la mujer con la que había compartido, día tras día, sesenta años seguidos. “Afuera es de noche. Estoy tan atento a tu presencia como en nuestros comienzos. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. En el caso de tener una segunda vida, ojalá la pasemos juntos”.

Publicado en Página 12, 23 de diciembre de 2018

Crucigrama:Elena Garro

Horizontales

1. 11 de _____ de 1916; nacimiento de Garro en Puebla, México.

8. _____ Garro Navarro; escritora. Vivió en el exilio tras la masacre de Tlatelolco en 1968. Está considerada como una de las más importantes escritoras mexicanas.

9. Todavía.

10. Conozco.

11. El _____ que fuimos perros (1962); cuento de Garro.

12. Entrega, regala.

13. Nombre de la letra s.

15. Alimento cotidiano.

17. Carta de la baraja española.

19. La _____ es de los tlaxcaltecas (1964); cuento de Garro.

21. Estrujar.

23. ¿Qué hora _____? (1964); cuento de Garro.

24. La casa junto al _____ (1983); novela de Garro.

25. A nivel.

26. Mira.

27. _____ Tse-tung; dirigente de la revolución china.

29. Repara o remedia algo.

32. Tanto.

33. El _____ o fragmento de un diario (1958); cuento de Garro.

36. La vida empieza a _____ tres; (1997); novela de Garro.

37. Elena _____; autora de Los recuerdos del porvenir, 1963; Testimonios sobre Mariana, 1981; Reencuentro de personajes, 1982; La casa junto al río, 1983; Inés. 1995; Mi hermanita Magdalena, 1998 y La vida empieza a las tres; 1997, entre otras.

39. Narcotraficantes.

40. _____; municipio sudoriental de Cuba en la provincia de Holguín.

41. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.

42. _____ Mercurio (1965); cuento de Garro.

45. Premio _____ Juana Inés de la Cruz; fue otorgado a Garro en 1996.

46. Los _____ del porvenir (1963); novela de Garro catalogada como la obra de inicio del realismo mágico en Nuestra América.

50. Leva la bandera.

51. Parte que sobresale del cuerpo de una vasija.

54. Memorias de _____ (1937); libro testimonial de Garro.

55. Quinientos en números romanos.

56. 22 de _____ de 1998, fallecimiento de Garro en Cuernavaca.

Verticales

1. Ambicionar, ansiar.

2. _____ (1995); novela de Garro.

3. Quia, interjección.

4. _____ Barreto; pintor puertorriqueño.

5. Símbolo del bario.

6. Planta perenne, de la familia de las rutáceas usada en medicina.

7. Diminutas.

14. Reverberaciones.

15. Un traje rojo _____ un duelo (1996); novela de Garro.

16. Elena Garro _____; autora de La semana de colores; Perfecto Luna; El día que fuimos perros; La culpa es de los tlaxcaltecas; Sócrates y los gatos; y Memorias de España.

17. La _____ de colores (1964); libro de cuentos de Garro.

18. Se atreverán.

20. Perfecto _____ (1958); cuento de Garro.

22. Pierre-Auguste _____; pintor francés impresionista.

28. Cualquier producto intelectual en ciencias, letras o artes.

30. Contracción gramatical.

31. Existe.

32. Detrás.

34. Lengua provenzal.

35. Luis _____ Nieves; escritor puertorriqueño.

37. Sócrates y los _____ (2003); obra de teatro de Garro.

38. Quejido.

42. Símbolo del europio.

43. Segunda nota musical.

44. Interjección militar para ordenar la ejecución inmediata de un movimiento.

46. Sonriera.

47. Tranquilidad.

48. Baile y música de Puerto Rico.

49. _____ Domingo; capital dominicana.

52. _____ hermanita Magdalena, (1998); novela de Garro.

53. Carta de la baraja.

Perdone, Hostos, usted sabe que la ignorancia es atrevida*

Cuando uno es joven come fuego. Y sin embargo, es difícil ver el pan en el horno, haciéndose lento, llenando todo de su aroma alimentario. A muchos nos pasó que, de cabeza en el mar de la historia, nos llenó Betances el imaginario, con su afán armado de independencia. Y pensamos que Hostos, cuyos abuelo le añadió una H a su apellido para desligarse un poco de lo peninsular, pensamos, decía, que Hostos pensó demasiado. Como si pensar no fuera necesario. Como si fuera secundario. ¡Qué disparate!

Hostos, peregrino, salió de Mayagüez muy joven y en España estudió y fue madurando su razón de lucha. Paso a paso, metódico, su radical espíritu científico y racional le valió el deseo de la autonomía, la educación, la independencia.

Como Martí y tantos, en Nueva York se unió a la revolución Cubana por la independencia. Y, como programa, también luchó por la independencia de Puerto Rico. Peregrino, Eugenio María de Hostos pasó a Cartagena enamorado de una muchacha y de América Latina. De Cartagena se fue a Perú. En Lima, fundó el periódico La Patria; defendió a los chinos explotados; combatió una concesión y rechazó un donativo “para la lucha por la independencia de Cuba” del ferrocarrilero, Meiggs, formidable estafador que huyó de San Francisco y en Perú y Chile se hizo rico par de veces negociando con el dinero público. No, Hostos no negociaba con esos triunfantes capitalistas ni aunque necesitaran el dinero, él y su causa .

Del Perú el educador pasó a Chile donde publicó la segunda edición de La Peregrinación de Bayoán y la Biografía crítica de Plácido, el poeta negro cubano, romántico difusor del criollismo, fusilado en Matanzas, Cuba, en 1842. De sus dos años en Chile son también sus conferencias sobre La enseñanzas científica de la mujer, y su Ensayo crítico sobre Hamlet.

A su labor pedagógica y ensayística hay que añadir sus esfuerzos por la independencia de Cuba, causa que lleva a todo rincón en el que trabaje. Y trabaja incansablemente. En 1873  está en Argentina donde abogó por la construcción del ferrocarril trasandino, y rechazó la cátedra de Filosofía que le ofreció la Universidad en Buenos Aires, diciendo que su deber le imponía ir a “ser brazo de una idea de la que he sido cabeza y corazón”. Regresa  a Nueva York en abril de 1874.

Justo un año después, en abril de 1875, embarca en Boston en el “Charles Miller” con el General Francisco V. Aguilera, proa hacia la guerra cubana. Es una locura: “He dicho que sí. Voy preparándome para salir pasado mañana. Será un locura, pero es preferible ser loco a vivir entre esta gente”, escribe en su Diario. Aguilera era “el hombre más rico de Oriente”.  Dueño de ingenios y tierras de cultivo, de teatros y ganado,  de quinientos esclavos y fincas rústicas, entrego todo a la guerra por la independencia. Con él se embarca Eugenio María de Hostos. Sin embargo, tuvo la mala suerte (¿la buena suerte?) de que el mal tiempo obligó a la embarcación a recalar en la costa de Rhode Island.

Entonces, regresa a Nueva York, donde recibe honores de Chile y sigue su lucha entre los revolucionarios cubanos y puertorriqueños. Ya en el verano de ese año viaja a República Dominicana. Desde allí le escribe al general Aguilera. Le invita a organizarse y participar en un desembarco en Cuba. Los revolucionaros partirían de Panamá. No se concreta ese plan.

No hay más aventuras revolucionarias. Mientras tanto ¿qué hace Hostos en República Dominicana? En 1879 funda la Escuela Normal dé Santo Domingo. A partir de 1880 es catedrático de Derecho Constitucional, Internacional y Penal y de Economía Política en el Instituto Profesional. En 1881 publica Los frutos de la Normal, dicta conferencias sobre el Manejo de globos y mapas, la Historia de la pedagogía, las Nociones de la ciencia de la pedagogía y las Nociones de Prehistoria.

Un año después imparte un curso de  Derecho Constitucional, conferencias de Nociones de Economía Política, las de Derecho Penal y los Comentarios de Derecho Constitucional. A eso siguen su Tratado de moral, sus Vidas ejemplares y Nociones de Crítica General. Es solo un ejemplo.  En 1898, pobre, relativamente solo en su lucha por la libertad de sus países, que incluyen a Puerto Rico, Hostos se enfrentó a la invasión con igual afán. Pero esa es otra historia.

El asunto es que Hostos, ese formidable intelectual, filósofo, educador, político, considerado como un “reformista” por aquellos jóvenes ilusos que éramos, trabajó tanto por el bienestar de las mujeres y los hombres, tanto por la independencia de Cuba y Puerto Rico, por la modernización de Perú, Chile y Argentina, que no tenía necesidad alguna de aquellas “locuras”, como las llama él mismo, para ser digno de una total admiración.

Entonces, ahora, cuando ya no somos unos muchachos, vuelvo a rendir mis honores y respetos a ese gran ser humano.

*Bibliografía disponible

Nacimiento del nuevo mundo

E.M.H.

A cada paso que la nave avanza,

más fulgurantes muéstranse los astros,

más plácido y vivifico el ambiente,

más solemne el silencio, más augusto

el misterio que a todas las Edades

atrajo hacia occidente…

Allí del sol cuando la luz primera

las sombras disipó, reconquistado

por él para los hombres, pareciera

el Edén: pureza tanta

en aquel suelo, el corazón encanta.

Frente a las naves cual si Edades muertas

dejado hubieran del edén soñado

copia felices cuantos sueños fueron,

de las antes desiertas

olas sobre la cima, aparecieron

uno tras otro paraíso, el índico

el risueño jardín de las Hespérides

y el edén semítico.

Colón embelesado, se encamina,

de aquellas islas a la más cercana;

horizonte risueño y transparente;

una mar hasta el fondo cristalina;

una estrella luciente

cada copa de palma en los palmares;

urente foco el sol, un sol de llamas;

ustorio espejo el cielo;

intolerable reflector el suelo;

cascada de colores el espacio;

la Isla una esmeralda

sobre un manto cubierto de diamantes,

Piedras preciosas por el aire errantes

los pájaros del bosque y la enramada;

Templo solemne la floresta umbría,

fuste sublime de columna trunca,

la ceiba por el rayo destocada;

árboles vistos por el hombre nunca

que ofrecen a la vista en su ramaje

hojas y flores de plural linaje.

Alma de aquel paisaje el ser humano,

lo sublima su aspecto soberano.

Del edén en la playa,

al borde mismo donde rompe la ola,

Adanes se ven mil; Eva, una sola…

El yerbicida como solución y nuestra medicina envenenada

Esta víspera de Reyes, los niños no encontraban pasto fresco para sus cajitas. Alrededor de Puerto Rico, las carreteras lucen a muerte. Pasto envenenado, tierra cada vez menos fértil, aguas menos puras, envenenadas poco a poco. Todo en el nombre de la conveniencia, la economía. El yerbicida como solución.

Luego de largas décadas de ser ignorada, despreciada, ridiculizada, la medicina popular de Puerto Rico y de todos los pueblos originarios del mundo comienza a inspirar respeto. Laboratorios alrededor del planeta hoy estudian la etnobotánica médica por los grandes beneficios que las plantas silvestres (matojos y yerbajos) siempre nos han ofrecido. Para comenzar, reconocemos que su uso:

no cuesta dinero,

tampoco contamina el medio ambiente,

nos educa sobre nuestros ecosistemas,

abarca la nutrición y otros factores preventivos,

fortalece las comunidades,

une las generaciones,

es un sistema holístico e

integra remedios ya comprobados a través de milenios de uso (estudios longitudinales empíricos supervisados y aprobados por generaciones de madres y abuelas). En el caso de Puerto Rico, nuestro sistema de medicina tradicional, botánica, popular, verde, reúne conocimientos milenarios de tres continentes.

Irónicamente, justo en el momento del despertar mundial en cuanto al valor de la medicina botánica tropical, los puertorriqueños hemos optado por envenenar las plantas silvestres medicinales que siempre nos han servido de antisépticos, fungicidas, analgésicos, afrodisíacos, diuréticos, laxantes, tónicos cardíacos, estimulantes, digestivos, tranquilizantes, aliados contra el cáncer, la diabetes y la artritis, para no mencionar su papel como alimentos súper nutritivos, entre muchas otras funciones.

Recuerdo cómo eran mis primeros domingos de residente en Cayey. Salía de mi casa temprano para recolectar parchas y verdolaga, puñados enteros de fresas silvestres y varias de las guayabas que siempre caían de los árboles que bordeaban la carretera. ¡Sabor, salud, bienestar y una póliza gratuita de seguridad alimentaria!

Hoy, miro nuestros caminos y carreteras quemadas, y francamente, a pesar de los aires navideños y una u otra parranda, estoy de luto. La tristeza me arropa y me desvela un sentido de urgencia. Durante los últimos 17 años, el uso de yerbicida (mayormente a base de glifosato) ha ocasionado una merma en la vitalidad de MUCHAS de las plantas silvestres que nos han servido de medicina durante largas generaciones. Incluso, en algunos lugares ya han desaparecido. (Un ejemplo dramático, es el de Aibonito, Cayey, Orocovis y Barranquitas, en donde abundaba tanto la mostaza silvestre, hoy reconocida por su poder para combatir el cáncer.)

La mostaza silvestre de nuestras montañas (Brassica spp) -en inglés, mustard greens- es reconocida por su aportación a la supervivencia y buena salud de los afroamericanos del sureste de los EE.UU. Este “matojo” de hojas grandes y picantes, es rica en antioxidantes como la quercetina y la pro-vitamina A. La quercetina apoya la salud cardiovascular, fortaleciendo los capilares y bajando los niveles de colesterol malo (ldl). También es un poderoso anti-inflamatorio en casos de reacciones alérgicas. La pro-vitamina A apoya el sistema inmunológico. La mostaza también cuenta con una riqueza de otros compuestos (glucosinolatos) muy activos contra el cáncer. Éstos y otros antioxidantes que contiene nos combaten los efectos del estrés. La mostaza también concentra en sus hojas proteína, fibra, calcio, cobre, magnesio, manganeso, vitamina E, y una amplia gama de vitaminas B, incluyendo B6, B2, ácido fólico (B9) y ácido pantoténico (B5).

Ya, para ofrecer mis conferencias sobre plantas medicinales, a veces tengo que viajar para conseguir manchas SANAS de las que siempre se daban silvestres y hermosas en todas partes: la salvia (Pluchea symphytifolia) para dolor e inflamación; el blero (Amaranthus spp.) como suplemento nutritivo alto en aminoácidos; el llantén (Plantago major) medicinal conocida por su acción contra el cáncer, úlceras del estómago y diversas afecciones de la piel; la plenetaria (Peperomia pellucida) medicina para los riñones y la vejiga y entre nuestros mejores diuréticos; el recao (Erynguim foetidum), tónico digestivo anti-viral que alivia dolores de menstruación y regula la presión sanguínea; el anamú, “la yerba que el cabro no masca” (Petiveria alliacea), fungicida por excelencia, estimulante metabólico, anticancerígeno y hipoglucémico (baja el azúcar en la sangre); la malva (Malachra capitata) combate el estreñimiento, la inflamación y las fiebres; y la escobilla o escoba blanca (Sida spp.) recién reconocida por su acción bactericida (hasta arrasa con el impétigo), y sus efectos como antidepresivo, estimulante mental y depurador de la sangre; entre TANTOS otras plantas. Y nosotros, aquí, en esta isla bendecida con tanta medicina silvestre, nos empeñamos en envenenarla con yerbicida.

El glifosato, en solución con otros compuestos químicos “no activos,” hace que este yerbicida sea agudamente tóxico para todas nuestras plantas medicinales y alimenticias (a menos que éstas sean genéticamente modificadas para ser “Roundup Ready”). Y cuando se envenenan los pastos, sus raíces dejan de agarrar el suelo, aportando así a más y más deslizamientos de tierra. Estos deslizamientos representan un problema de grandes dimensiones e inversiones para los municipios. El glifosato también envenena los peces, las aves, los insectos beneficiosos, bacterias importantes en el suelo y otros organismos que hacen que nuestras tierras sean fértiles y sanas. Todo esto representa la negación de nuestras posibilidades de generar una sustentabilidad radicada en las comunidades.

Supuestamente, este veneno complejo sólo interfiere con el metabolismo de las plantas. Pero la ciencia independiente (no auspiciada por la industria) nos recuerda que vivimos gracias a un sinfín de bacterias beneficiosas que representan nuestra habilidad para asimilar nuestros alimentos y combatir enfermedades. Cuando estas buenas bacterias se ven afectadas por el glifosato, producen amoniaco y otros compuestos malsanos en nuestra sangre. Y estos compuestos, producidos como reacción al envenenamiento de bacterias beneficiosas en el ser humano, están asociados al autismo, el Alzheimer, defectos de natalidad, y varios tipos de cáncer. No es casualidad que estos males siguen ocurriendo con más frecuencia ya que el uso de yerbicida se ha vuelto común en la agricultura convencional.

La situación es especialmente preocupante porque este veneno se va filtrando a los abastos de agua subterránea, y nuestros sistemas de purificación de agua, diseñados para eliminar bacterias, NO filtran este tipo de contaminante. Así que si regamos yerbicida, beberemos yerbicida. Y si bebemos yerbicida, creamos las condiciones propicias para las enfermedades más malignas y temidas. El glifosato aparece en la sangre de gran parte de la humanidad; inclusive en bebés recién nacidos.

Creo que el machete y el trímer son mejores alternativas aunque “cuesten” más. Sí, porque a pesar de tantos estudios que exponen lo peligroso que es el glifosato, seguimos justificando su uso por razones económicas. Díganme ¿cuál es la economía si destruimos nuestra salud y la del medio ambiente, la base de nuestro potencial para seguir como pueblo? En este caso y en todos, nos urge contabilizar el costo oneroso de toda tanta destrucción ecológica.

Los manufactureros de los plaguicidas agrícolas gastan millones en promociones, pero también han tenido que gastar en pleitos legales ya que la ciencia comprueba cada día más la correspondencia directa entre la exposición al glifosato y el cáncer y otras enfermedades.

Lamentablemente, estas mismas corporaciones llevan largos años “educando” a los que asesoran a los municipios y a nuestros líderes a nivel nacional. Ahora nos toca a nosotros educarnos y educar a los que manejan la seguridad de nuestras carreteras. Llamemos a nuestros alcaldes; hablemos con los vecinos. Enviemos cartas. Expliquemos por qué envenenar NO es una solución. Si guglean glifosato peligro para la salud, demandas glifosato y temas afines, descubirirán páginas largas y videos completos sobre los efectos del yerbicida más comúnmente utilizado en nuestros municipios. NO podemos seguir complaciendo a las corporaciones que se enriquecen a costo de nuestra vitalidad. Se nos va la vida de nuestro territorio físico y se nos va la salud física del pueblo, poco a poco.

Para los que pueden escuchar una presentación en inglés, la ciencia más reciente y contundente se presenta aquí, y nada más con escuchar los primeros ocho minutos, aprenderán un montón de los investigadores científicos de más renombre en este campo: https://www.nextworldtv.com/page/32438.html

Pero oigan, también podemos ser educados por la naturaleza. Hoy, frente a mi casa, donde había tanta vida, alimento y medicina alegres, ahora sólo hay plantas envenenadas, aves muertas (¿las que anidaban entre los pastos?). ¿Y cuánta muerte hay que no vemos dentro del suelo, minando la biodiversidad que apoya toda la vida en el planeta!

Puerto Rico resistente, Puerto Rico progresando en salud y bienestar. Estas son visiones que todos compartimos. Por la salud de nuestra gente, de nuestras aguas. Por la cultura de una medicina verde ancestral. Por la vida. No más yerbicida.

La autora es investigadora y educadora etnobotánica con 35 años de estudio/experiencia, y 25 años de experiencia usando las plantas medicinales de Puerto Rico.Ha escrito entre otros los libros ¡Hasta los baños te curan! Plantas medicinales, remedios caseros y sanación espiritual en Puerto Rico, Sembrando y Sanando en Puerto Rico . Para clases, conferencias, meditaciones y recorridos etnbotánicos, ver: BotaniCultura.com o escríbele a: botanicultura@gmail.com.

Nuestra verdolaga (Portulaca oleracea) es una de las plantas silvestres más reconocidas en el mundo entero por su alto contenido de ácido graso Omega 3. Los Omega-3, asociados mayormente con el consumo del pescado, ayudan a bajar el colesterol ldl (“malo”), ejercen un marcado efecto antidepresivo y nos protegen del çáncer. Gracias a su alto contenido de las vitaminas antioxidantes A,C, y E, el consumo de la verdolaga también nos protege de los efectos del estrés. El fósforo que contiene nos fortalece los huesos, dientes, riñones y corazón mientras apoya los procesos mentales y la absorción de vitaminas. El magnesio regula la presión sanguínea, fortalece las encías y nos ayuda a asimilar el calcio. Desde la China hasta las Antillas, la verdolaga se utiliza como planta “fresca” útil para tratar las inflamaciones. Como fuente de fibra, la verdolaga picada y hervida en agua salada (con todo y caldo) es un sabroso remedio para el estreñimiento. El bacalao guisado con verdolaga es un plato tradicional que refleja conocimientos milenarios sobre la bondad de nuestra tierra.

Nuestra margarita silvestre, también conocida como piquete, pequeque y alfilerillo (Bidens spp.) es aquella planta súper común con flores parecidas a las de manzanilla. Conocido en Curazao como afrodisíaco, el caldo de nuestra margarita silvestre se toma también en México como bebida nutritiva y energizante de valor social. De hecho, esta planta es tan rica en nutrientes que a falta de leche materna, nuestras abuelas se inventaban unos “bibis” para que los infantes se la consumieran. (El bebé chupaba una tela saturada y puesta como mechita en un vasito del guarapillo o caldito de las flores). Ese líquido los alimentaba y les evitaba la diarrea. Las mamás también se bebían caldos de hojas y flores para restaurar su fuerza y producir más leche materna. Esta misma planta alimenticia tiene propiedades médicas sorprendentes. Combate Herpes simplex I y 2, controla el azúcar en la sangre, combate las infecciones urinarias y protege tanto el hígado como el sistema neurológico. Para disfrutar del piquete, simplemente echa las hojas en agua hirviendo con sal marina por unos 20 minutos. Échale ajo machacado y un chin de aceite de oliva al caldo y disfruten de sus hojas fibrosas de sabor resinoso. Como suplemento, podrás agregar las hojas frescas o secas a sopas, guisos y batidas para aprovechar esta fuente excelente de calcio, potasio, magnesio y clorofila.