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60 años de deportes en CLARIDAD

 

Por Javier Guaní Gorbea/Especial para CLARIDAD

El pasado sábado se llevó a cabo en la sede del periódico CLARIDAD una celebración con motivo de la conmemoración de los 60 años de la primera edición del periódico, el 1º de junio de 1959. Aquella primera edición no contó con una sección deportiva, pero a medida que fue creciendo el periódico, se hizo evidente la necesidad de una sección deportiva donde se exaltara las actuaciones de los atletas puertorriqueños, pues se trataba de la única área donde Puerto Rico es tratado de igual a igual con el resto del mundo.

Hubo que pasar por la persecución y la invisibilidad

Para lograr que saliera publicada, la sección deportiva ha contado durante el pasar de los años con cientos de personas. Por mucho tiempo, nuestros colaboradores no podían revelar que ayudaban a CLARIDAD, pues se exponían a represalias que iban desde persecución política a la pérdida de su trabajo, entre otras. Contra CLARIDAD también se utilizó el método de invisibilidad, negándosele acceso a eventos mediante órdenes gubernamentales que trataban por todas las vías de que no publicáramos artículos que exaltaban nuestra nacionalidad patriótica, que ellos resentían.

Selección nacional en Cuba 1982

Vitales en muchos frentes

CLARIDAD nunca le ha tenido miedo a decir las cosas como son y criticar las barbaridades que haya que denunciar. Entre ellas resaltan los escritos de cuando el exgobernador Carlos Romero Barceló intentó  asaltar los Juegos Panamericanos tratando de imponer que se tocaran los dos himnos en la ceremonia inaugural de 1979. CLARIDAD también fue el único medio que desafió el Gobierno de los Estados Unidos y envió a un periodista a cubrir el desempeño de nuestros atletas en los Juegos Olímpicos de  Moscú en plena guerra fría. Entre otras batallas dadas desde las páginas deportivas del periódico resaltan sus aportaciones para que los equipos nacionales y Tito Trinidad dieran a conocer internacionalmente la situación del bombardeo de la marina de Vieques, solo por mencionar algunas. CLARIDAD también abogó en sus páginas por la igualdad, por que se reconociera el valor del deporte femenino, muchas veces marginado en el país.

Gracias Jaime y Elliott 

 Sería injusto de mi parte intentar nombrar a todos nuestros colaboradores, pues se me quedaría gente afuera. Sí tengo que destacar las aportaciones de los compañeros Jaime Córdova y Elliott Castro. Ellos, cada cual a su manera, lograron que la sección deportiva de CLARIDAD se mantuviera vigente y obtuviera el prestigio y el respeto de la industria periodística deportiva.

Compromiso de la nueva generación

Desde la muerte del compañero Elliott, su hija Elga, otros contribuidores y este servidor hemos seguido la tradición deportiva del periódico con el compromiso de seguir reseñando los logros de nuestros atletas, pero sin que nos tiemble el pulso cuando haya que denunciar una situación de discrimen o de injusticia. Hoy solo quiero agradecer a todos los que nos han permitido llegar a sus casas y nos han apoyado de mil maneras que ya vamos por ¡60 años y una semana!

 

Nemesio Canales en defensa del socialismo: Recuento de dos polémicas

 

Por Rogelio Escudero Valentín/Especial para En Rojo

 

Al Lic. René Torres Platet, sobrino- nieto de Nemesio Canales

Nemesio Canales emprende junto al argentino Julio R. Barcos una gira por América Latina en 1918 con el objetivo de publicar la revistaCuasimodo,órgano de difusión que defendía políticas de avanzada social, orientadas por la naciente Revolución Bolchevique. En su cruzada ‘’ bolivariana y leniniana”, como la bautizó, procuraba utilizar el periodismo literario como arma de combate contra la difusión de ideas contrarevolucionarias por la región. (1)

Analizamos en este ensayo las respuestas de Canales a artículos periodísticos de Enrique Gómez Carrillo y Leopoldo Lugones, dos figuras relevantes del entorno intelectual latinoamericano de aquel entonces.

  1. “Gómez Carrillo y Trotzky”

En su artículo“Gómez Carrillo y Trotzky” (sic) publicado en Panamá en 1920, Canales hace una importante autocrítica. Se trata de una reevaluación de la escritura de Enrique Gómez Carrillo a raíz de que este publicara el artículo“¿Cómo gobierna un apóstol?”, escrito en el que el periodista guatemalteco ataca sarcástica e ideológicamente a León Trotzky. Canales inicia su respuesta argumentativa en forma epistolar:

‘’Querido amigo Gómez Carrillo: Acepte este consejo de alguien que solía leerle a usted, allá en los buenos tiempos de edad del pavo, con verdadera delectación, embobado ante las salsitas parisianas con que usted aderezaba sus sensaciones de arte (de un arte por el arte frívolo y empalagoso que no pasaba de la epidermis)” (2)

Canales la emprende contra el estilo artificioso de Gómez Carrillo sobre todo porque con el mismo este pretendía ridiculizar a León Trotsky, uno de los líderes históricos de la Revolución Bolchevique, proceso revolucionario que nuestro autor procuraba defender con la mejor fundamentación dialéctica. Tal formación, le sirve, precisamente, para destruir, con sagacidad, las ironías y los sarcasmos del periodista guatemalteco. Antes de entrar en el combate discursivo, le ofrece de buena fe un consejo al crítico de Trotsky:

“Puesto que usted, con sus salsitas de estilo y su estudiada y relamida gracia bulervadiera, se ha hecho de una reputación estupenda en España y América, no abandone esa senda florida para ponerse a desbarrar como lo hace sobre las cosas grandes y trascendentales en que está ocupada y concentrada la atención– y las ansias-de la humanidad, porque corre usted el peligro de perder en una semana lo que se tiene conquistado en tantos años de escanciador de ese vinillo dulce de la amenidad tan del gusto del desocupado, despreocupado y aburguesado lector”. (pág. 33)

En “Gómez Carrillo y Trotzky”, Canales incluyó el artículo completo del ensayista guatemalteco antes de someterlo a análisis. Tal decisión marca un giro con respecto a la política editorial de su revista anteriorIdearium, publicación puertorriqueña donde, como nos dice, quería“abrirle plaza aquí a todas las opiniones”, aunque no compartiese las mismas. (3) Así, por ejemplo, en una nota redactada al calce de la reproducción de un artículo de Julio Cejador, publicado enIdearium, aclara que su inclusión en la revista no significaba que sus directores estuviesen “de acuerdo con Cejador, con este sabihondo, pero superficial Cejador”. Este criterio liberal de publicar artículos que le parecían superficiales o reaccionarios, solo por que estuviesen representados todos los puntos de vista, queda atrás en su nuevo proyecto, la revista panameñaCuasimodo. Pretende ahora ser más exigente en su trabajo de editor, en función de sus nuevas inquietudes ideológicas.

 

Nemesio Canales

La inclusión de artículos anti socialistas en su nueva revista respondía a dos circunstancias muy precisas. La primera se refería a traducciones de artículos de opinión que ofrecían, a pesar de su línea burguesa, informaciónútil a los socialistas. La otra circunstancia es la de publicación de artículos contrarios al socialismo producto de la pluma de escritores hispanoamericanos. En este último caso, reproducía el texto completo, como parte de sus análisis discursivos. La disección cuidadosa que hacía de los mismos se debía, sin duda, a su interés de que no se divulgasen por América Latina escritos que, como el de Gómez Carrillo, mostraban “el grado de incomprensión a que han llegado, frente a los sucesos magnos de esta época, algunos de nuestros más encumbrados intelectuales.”.(4)

En su artículo cargadamente irónico y sarcástico, Gómez Carrillo utiliza el procedimiento de presentar supuestas decisiones tiránicas de Trotsky, para provocar la ira y el rechazo de receptores imaginarios (los socialistas madrileños). Así, por ejemplo, ante la información de que existía en Europa un país con un gobierno que había decretado once horas de trabajo para los obreros. Carrillo esperaba que los socialistas madrileños gritaran con enojo: “Hombre, eso es inicuo, eso hace pensar en los tiempos de Fernando VII… Decirnos, por Dios, los nombres de los miembros de ese gobierno para excomulgarlos”. (5)

Los socialistas de Madrid debían ser pacientes. A su tiempo, Gómez Carrillo los complacería con el nombre del “falso apóstol”, sujeto de su escrito. Por ahora, decide aumentar la dosis, de su información vitriólica al recordarles que el dirigente todavía innombrado promulgó una ley que condenaba a muerte a los comerciantes que vendiesen a precios excesivos el carbón y la leña. A este “atropello” debe añadirse que el malhadado gobernante mandó a pasar por las armas a un grupo de aventureros que incitaban a los soldados a revelarse. Para colmo de barbaridades, ese dirigente “bárbaro que así manda a fusilar a los obreros” (p. 33) cayó, en la gran contradicción de expedir un decreto que ordenaba:

“Someter el trabajo a la dirección de los técnicos educados en las antiguas escuelas burguesas. Ese decreto termina con las siguientes palabras: Castigaremos de la manera más despiadada todas las tentativas que se hagan en oposición a estas disposiciones, así como la propaganda sobre el asunto, realizada con estrechez de mira”… (P. 33)

Se daba por supuesto que ante esta información sobre el gobernante déspota, los socialistas madrileños, habrían ido abriendo tanto la boca por la indignación que solo la cerrarían para gritar luego con fuerza:

“Es un retrógrado sanguinario ese hombre… De seguro es un general de sacristía, de esos que odian a los obreros y que quieren esclavizarnos como parias… Decidnos su nombre para sacarlo a la picota…”

Llegado a este punto, Gómez Carrillo decide no hacerlos esperar más:“¿Su nombre? … aquí lo tenéis: Trotzky “. (p. 33)

Luego de calificar de chiquitas, tristes y pánfilas las ironías de Gómez Carrillo, Canales articula respuestas que se convierten en paradigmas dialécticos. Al argumento relativo a la condena a muerte de los comerciantes de carbón y leña que vendían a precios excesivos responde, por ejemplo, con una pregunta retórica que denuncia el crimen de que se especule con el combustible en un país frío, y además bloqueado, como lo es Rusia. Añade en su disección:

“Si todos los países capitalistas, donde impera la clase de civilización deforme que a usted le enamora -cremitas y amenidades arriba; mugres y horrores infernales abajo-hicieran lo mismo contra los logreros de toda laya, ¿no cree usted que habría menos crema arriba pero también menos infierno abajo?”(p. 34)

La realidad es, continúa Canales, que los países capitalistas no castigan, más bien premian a los logreros que “cremitas arriba “trafican con las necesidades de la mayoría. De ahí que la decisión del gobierno de Trotsky, contrario a lo que cree Gómez Carrillo, hablase muy bien de la Rusia Soviética:

“¿Qué mejor elogio de Rusia que el hecho de que, mientras en los demás países el especular con los artículos de primera necesidad no sólo no se castiga, sino que es una profesión honrosa que conduce al millón, allá Rusia en Rusia esa clase de especulación no conduce a otra parte que al presidio o al cadalso, bajo el principio socialista de que vale más la vida de la comunidad que la barriga insondable de un salteador?”(p. 34)

De aquí pasa Canales al análisis de otro sarcasmo, el que lanza Gómez Carrillo a Trotsky por la fuerte disciplina a que sometía al ejército rojo. En torno a este punto, contesta que un ejército deja de ser tal cuando no responde a una disciplina fuerte. Esto es así, sobre todo, en Rusia, “nación que tuvo que armar rápidamente un ejército para enfrentarse a la gran burguesía aliada, la que los llevó a guerrear, la que los obligó a pelear con unas y dientes, cuando se les echó encima por todos lados y con toda clase de formidables armamentos”. (p. 34). En ese momento de gran urgencia para Rusia, “los tiburones y panteras de la burguesía europea” (p. 34) acariciaban el deseo de ver la revolución pisoteada y al ejército rojo en desbandada. Si no ocurrióasí se debió, nos recuerda Canales, al “milagro” de un hombre que Gómez Carrillo describe en su artículo como “retrogrado y reaccionario”:

“Tenían muy a pesar que improvisar un gran ejército capaz de defenderse contra todas las grandes potencias coligadas en su contra, y el milagro se hizo, y bajo la genial dirección de Trotzky fueron cayendo como tras otro los Kolchacks, Denikines, Yudeniches los arcángeles del santo sistema del despojo…”(P. 34)

Cierra esta parte de su argumentación con un recordatorio de características que definen tanto a la burguesía como al sistema capitalista:

‘’ ¡Buena es la burguesía para andarse con miramientos ante las ideas! Para la burguesía, para este conjunto monstruoso de ambiciones desapoderadas de mando y explotación que se llama el capitalismo, no hay otra razón que la de la fuerza: ni otro instrumento que la bayoneta y el tanque, y aspirar a hacerse oír de ella por medios no violentos sería el colmo de la idiotez.”

Finalmente, Canales refuta la postura de que el régimen soviético no debió utilizar técnicos de la burguesía. Ya antes en el artículo le había dicho a Gómez Carrillo, que si algo grande tenían los estrategas rusos era precisamente el “haber atemperado su acción a la realidad”. (p. 34) Por eso, le parece insólito que Gómez Carrillo quisiera, amparándose en purismos revolucionarios, que “se prescindiese de los técnicos en la dirección de las industrias”. (p. 34) Como vemos, Canales demuestra que su defensa de Trotsky y de la revolución no obedecía a un entusiasmo forjado en simpatías de última hora. Con gran capacidad reflexiva indica la diferencia que existe entre una táctica y una estrategia:

“¡Hombre! Estaría bonito que por hacerle ascos al técnico burgués se quedase la harina sin moler, el algodón sin hilar y, sobre todo, las balas y cañones, tan necesitados en el frente, sin fundir. Pues no señor; en esto como en todo, los bolcheviques supieron bien pronto donde les apretaba el zapato.”(p. 34)

Si imaginamos como un leitmotiv la imagen de la boca abierta de los estupefactos lectores madrileños del texto de Gómez Carrillo, cabría pensar que este fue cerrando la suya ante la solidez argumentativa de Canales.. Esto último, sobre todo, cuando Canales concluye, al final de su artículo, que es de todo punto imposible comparar a Gómez Carrillo, el así llamado “Príncipe de los Cronistas”, con la grandeza histórica de un Trotsky (o un Lenin):

“”cuya vida representa un esfuerzo perenne y heroico en la cruzada contra el brutal sistema de la competencia feroz y del parasitismo asqueroso – cremitas y amenidades arriba, mugres e infiernos abajo – con el que se avienen tan bien los individualismos, estetismos, bedonismos y dandysmos gomezcarrillescos.” (p.35)

2¡Alto ahí, señor Lugones!

En su defensa del socialismo, Canales se enfrenta también a Leopoldo Lugones, figura central de la literatura hispanoamericana que gozaba entonces de un gran prestigio intelectual. Esto significaba, obviamente, que sus posturas ideológicas tenían gran peso en América Latina. Canales lo entendía así y se apresta a refutar el escrito de Lugones titulado “Ante las hordas”, para evitar el efecto negativo que pudiese tener en la juventud latinoamericana. Desde la presentación del escritor argentino, establece claro este último punto:

‘’Leopoldo Lugones es otra de nuestras grandes, apabullantes reputaciones. Sería, por consiguiente, un crimen el permitirle sin protesta que, usando el grandísimo prestigio de su nombre literario, influya en nuestra juventud intelectual con cosas tan desatinadas y falaces como las que nos endilga en este artículo.’’(6)

En “Ante las hordas”, publicado en La Naciónde Buenos Aires y reproducido por Canales en Cuasimodo, Lugones analiza la supuesta amenaza que representaba para Europa y América“el peligro amarillo”, es decir, la inclinación china hacia el socialismo. Esta simpatía se había hecho evidente, según Lugones, en la participación de chinos a favor del ejército ruso. Tal proclividad de los chinos hacia el socialismo era peligrosa, insistía el crítico y poeta argentino, porque llevaba en su seno un gran potencial destructor. No había que olvidar, nos dice, que “Lenin define el maximalismo como un vasto programa de guerra civil; odio a las instituciones sociales cuya progresiva inadecuación las torna cada vez más tiránicas., infundiendo una especie de funesta simpatía por la conquista destructora”. (7) Lugones temía que aquella “funesta simpatía” china por el socialismo coadyuvase a la destrucción de la recién creada Liga de las Naciones así como con el tratado de paz de la Primera Guerra Mundial.

En su argumentación insistía en que el “peligro” no aparecíaúnicamente en Rusia; Alemania estaba también ya en el círculo rojo. A Lugones no le extrañaba la tendencia de este último país hacia el socialismo porque tampoco debía olvidarse que “el socialismo era un invento alemán”(p. 90-91). Además, esa nación estaba destinada supuestamente a inclinarse hacia la dictadura bolchevique por su bagaje histórico de dictadura monárquica. Para Lugones, “el socialismo congenia más con la monarquía que con la democracia por “ser ambos (monarquía y socialismo) formas del colectivismo despótico”. (p. 91)

Tal propensión alemana hacia el socialismo ponía también a América en peligro por la anunciada emigración de aquel país hacia costas argentinas. Aunque estos migrantes eran enemigos del incipiente gobierno socialista alemán de post guerra, la tendencia histórica de los alemanes a formar sociedades de corte militar los llevaría a crear, seguimos a Lugones, una nueva Alemania en América que terminaría por ser aliada de la socialista europea. Así, esa nefasta fusión sellaría la muerte del panamericanismo que los Estados Unidos fomentaban para el “bienestar” de la América Nuestra.

Ante la “amenaza” que se cernía sobre América, Lugones pedía que las naciones latinoamericanas respaldaran decididamente los planes políticos mundiales de los Estados Unidos, país destinado, por la historia, a “salvar” los pueblos de Latinoamérica. Por eso, Lugones señala que nunca se cansaría de repetir que, según“el concepto rivadiano”,“la gran república del norte es quien “por su antigüedad, su civilización y capacidad preside la política del continente americano” (p. 92). Una manera, pues, de ser “políticamente americanista con Estados Unidos” (p. 92) era reglamentar la entrada de alemanes y apoyar el americanismo wilsoniano, que “aduna el más alto destino de América, y el resguardo de la civilización”(p. 91).

Con tal resguardo, se lograría atacar los graves problemas sociales consiguiendo así, entre otras cosas, “que el hombre, rey de la creación, no resulte, por siniestra paradoja esclavo del hombre, sino dueño como cualquiera y como todos y en consecuencia trabajador y usufructuario del bien común de la tierra” (p. 92). Al esbozar el ideario de justicia que impulsaría y salvaguardaría el panamericanismo y también la Liga de las Naciones, Lugones aclara que el mismo no es un ideal comunista, sino una declaración legal formulada hace más de dos mil años por Tiberio Graco, caballero de Roma” (p. 92).

Canales procede en su contestación de la misma forma que con Gómez Carrillo: desmenuza una por una las contradicciones que subyacen en el texto anti socialista sujeto a análisis. Al comenzar su réplica, le aclara a Lugones que la China no representa ningún peligro imperialista porque, para colmo de males, era víctima, en aquel momento histórico, del imperialismo japonés. Añade además que resultaba absurdo decir que la China, pueblo tan atrasado, amenazaba la paz del mundo. Las guerras de conquista de aquel presente, le recuerda al renombrado poeta argentino, eran esencialmente guerras por la adquisición de mercados, empresa imposible para un pueblo sin flotas ni armamentos. En realidad, aclara Canales, los que amenazaban tanto a China como a otros pueblos son los de la casa, los pueblos imperialistas de occidente:

“¿No sabe usted, amigo que… ya no matamos al por mayor sino cuando salimos a la conquista de mercados… por consiguiente, los pueblos que amenazan perpetuamente la paz del mundo no son sino aquellos en los que el industrialismo capitalista (que no puede ser sino guerrero) ha adquirido su más alto desarrollo? ¿Y cuáles son los pueblos de expansión industrialista, esto es, salteadores matones de oficio, en el mundo de hoy? “(8)

Canales articula una respuesta a la pregunta anterior que demuestra su clara conciencia antiimperialista de entonces:

‘’Seguramente que en la lista de estos “avanzados” pueblos aguijoneados de la sed guerrera del capitalismo, no figura la China ¡qué ha de figurar, pero si figuramos nosotros los demócratas y desinteresados angelitos occidentales!”(p.18)

El periodista puertorriqueño le dice a Lugones que, en rigor, el supuesto peligro chino sólo se encuentra en su mentalidad de defensor indirecto del salvajismo militar. Según Canales, la amenaza que denuncia Lugones es una lucubración propia de “militarotes fanteseadores a quienes les conviene tener siempre escondido en el hueco de la manga un peligrito militar cualquiera-verde, amarillo o colorado para hacerse pasar por indispensables”. (p.17)

La defensa que hace Lugones del militarismo aliado, como respuesta al alemán, le parece a Canales insostenible porque pasada la primera guerra mundial debía tenerse claro que tan malo es uno como el otro. La diferencia estriba, en todo caso, en que uno era “el monstruo tragado” y el otro es, ahora, el “monstruo tragador”. (p. 18)

Con respecto al planteamiento de que el socialismo es un invento alemán, responde que siente la comezón de castigar a Lugones “al estilo hispanoamericano”, es decir, siente el deseo de convertirse en un erudito a la violeta para “soltarle a quemarropa una lista que le demuestre que lo que llama socialista tiene, en todo caso, más de francés que de alemán y más de inglés que de francés:

¡Un invento alemán el socialismo”?¿Y Fourier? ¿Y Babeuf? ¿Y Proudhon? ¿Y Owen? ¿Y Beller? ¿Y tantísimos otros que cualquiera podría citar en un santiamén con sólo acudir a la primera enciclopedia buena o mala que haya a mano? (p. 19)

Le recuerda finalmente a Lugones que “el origen de las ideas no le quita ni le añade nada a estas”.

Luego de fustigar al argentino por exigir que se castigase innecesariamente a Alemania, Canales pasa a la sección“Colectivismo y monarquismo”. Señala en la misma que no puede entender el concepto que tiene Lugones del colectivismo dado que:

“Si la monarquía, que en su esencia es la voluntad de uno –del rey_ imperando sobre la de todos le parece colectivista, ¿qué forma de gobierno le parecerá bastante unipersonal para no merecerle el despectivo nombre de colectivismo?”(p. 20)

Cataloga tal mezcla conceptual como “una terrible ensaladilla”. Para eliminarla, rearma las piezas del discurso en forma de contrapunto con las expresiones “Por un lado”–“por otro lado”.

“Por un lado, nos habla mal del colectivismo socialista, y por otro lado nos habla peor del monarquismo que es su antítesis. Por un lado, nos dice “el hombre sólo por ser hombre es conciudadano de todos los demás hombres “y por otro lado llama traidores a los socialistas, precisamente porque, en obediencia a esas mismas ideas, tratan de echar abajo los muros y los trapos de color que separan a un pueblo de otro.”(p. 20)

Nuestro autor deja fuera de esta lista la contradicción mayor, “la más despatarrante de las contradicciones”, la que se refiere a la dictadura del proletariado .En el apartado que analizamos, Canales hace una lúcida defensa del concepto de dictadura del proletariado. Para ilustrar a Lugones, le señala que la dictadura del proletariado es, en esencia, una eliminación del abuso social. Hilvana los porqués de esa negación en preguntas retóricas que enlaza con la frase abogadil “es o no cierto”:

  1. ¿Es o no cierto que, en una sociedad bien constituida a base de justicia, nadie debe vivir a expensas de los demás, consumiendo sin producir, a excepción de los incapacitados por la edad o invalidez corporal?

  2. ¿Es o no cierto que la única ley que debe pesar igualmente sobre todos, para que no exprima o aplaste a los unos en beneficio de los otros, como sucede hoy, debe ser la del trabajo?

  3. ¿Es o no cierto que, en una sociedad bien constituida a base de justicia, todos los capacitados hemos de poseer la condición de trabajadores? (p. 21),

Termina esta serie con una afirmación que es seguida a su vez por dos preguntas claves:

“Pues si hemos de ser trabajadores, decir dictadura de los trabajadores vale como decir dictadura de todos por todos. ¿Y qué es, a qué se reduce, en realidad, una dictadura de todos por todos? ¿Decir esto no es lo mismo que decir dictadura de nadie por nadie?”(p. 21).

Finalmente, Canales le sugiere al ilustre escritor argentino que no le tema a esa dictadura ya que sólo deben espantarse “los que sienten horror ante la mera posibilidad de que un día sus ilustres personas tengan que doblar el lomo al trabajo, pasando del estado deshonroso y corruptor de parásitos al estado honroso y regenerador de productores en bien de la comunidad”. (p. 21).

Corolario final. Se desprende de las polémicas comentadas que Nemesio Canales cumplió una importante labor de divulgación de un pensamiento social progresista no solo en Puerto Rico, sino en amplios sectores de opinión de la América Nuestra. Su esclarecida visión de mundo le permitía captar contrasentidos en el juego ideológico del discurso imperialista, juego que, ayer como hoy, enmascara las ansias de hegemonía con el velo raído de la democracia.

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i1 Véase Rogelio Escudero Valentín, Literatura y periodismo en la obra de Nemesio Canales,Editorial Sin Nombre, 1989.

2 Nemesio Canales, “Gómez y Trozky”, Cuasimodo(mayo, 1920) p. 33.

3 Nemesio Canales, “Comentario”,Idearium(agosto 1917), p. 52.

4 Nemesio Canales, “Gómez Carrillo y Trotzky”, ibid, p. 32.

5 Ibid. p.33. ( Las citas que siguen pertenecen a este artículo). Nótese que el escrito de Gómez Carrillo está incluido dentro del texto de Canales.

6 Nemesio Canales, “¡Alto ahí, señor Lugones!”, Cuasimodo(dic. 1919) p.17.

7 Leopoldo Lugones, “Ante las hordas”, Cuasimodo(dic. 1999) p. 90 (las citas que siguen pertenecen a este artículo).

8 Nemesio Canales, “¡Alto ahí, señor Lugones!”,ibid. P.19. (Las que siguen pertenecen a este artículo)

#Yotampoco

Por Ana Teresa Pérez-Leroux/ Especial para En Rojo

 

La conversación del #metoo ya le dió la vuelta completa a la cuadra. 

Algunos se han despertado. Los que han sido víctima han descubierto que no están solos y solas. Los que no lo han sido, se han enterado que las víctimas del acoso y la violencia sexual son muchas y variadas. Un profe les pidió a sus alumnos hombres que explicaran que conductas adoptaban para evitar que los violaran.  Hubo risitas, y un chiste, pero no contestación.  Repitió la misma pregunta a las mujeres, y la mayoría levantó la mano.  No caminar sola de noche. No cruzar sola un callejón. Prestar atención en los parqueos. Andar con las llaves en la mano. No dejar que nadie camine detrás de mí. Verificar que la puerta tenga llave. No entrar a un elevador sola con un hombre.  No usar las escaleras.  No beber demasiado. No beber nada que no te hubieras servido tu misma. Los muchachos miraban a las muchachas sorprendidos y algo avergonzados. Nunca se les habría ocurrido que la experiencia del miedo era tan distinta.

Otros han escuchado la avalancha de narrativas, y se quedan inmutables.  Que si es culpa de las mujeres, nos dice la bella y mustia Catherine Deneuve, es que las mujeres de hoy no entienden la diferencia entre un piropo y un ataque. Que si se han pasado de la mano, dice Vinay, un periodista canadiense que aclara que ahora le tiene miedo a subirse a un ascensor solo con una mujer, por si acaso lo acusan de acoso. ¡Bienvenido al club! Son millones las mujeres que también temen subirse a ese elevador. Un amigo me explicó que la denuncia contra Junot Díaz tenía que ser falsa, que Junot no podía ser culpable de acoso porque es muy flaquito  y débil, un fleje, incapaz de intimidar a alguien. ¿De veras? ¿Quién hubiera dicho que había correlación entre machismo y corpulencia?  Lo que dice la mayoría es que es cierto todo, pero ya no hay porque seguir hablando de esto, que tal vez sea hora de cambiar de tema.  Hace unos meses se me ocurrió una idea horrible: que el lenguaje de derechos y la identidad de víctimas de las personas del movimiento #metoo, donde las víctimas de acoso se divorcian de la ley del silencio, han encontrado un clón retórico en el discurso de los del #incel, esa subcultura digital tóxica de machos supremacistas, que dicen que ser célibes involuntarios es una violencia contra sus derechos de tener hembra.  Eso no hay teoría crítica que nos explique el paralelo.

En cada oreja llevo parados las contradictorias voces de mi conciencia, un angelito y un diablito, al igual que en los muñequitos. El angelito, voz optimista, se alegra del progreso, y promete que los historiadores del futuro llamarán a nuestra década el momento del recuento. El diablito es el cínico que echa ducha fría a toda conversación, y me dice bajito, recuérdate de la tercera ley de newton, la de que a toda acción le corresponde una reacción igual en sentido opuesto.  Que la danza eterna entre el bien y el mal se sigue bailando, y si ahora se ponen las cosas mejor, se pondrán peor mas adelante.

En el 2017 llegó el #metoo a las universidades. Me preocupaban las historias. No por las salvajadas que se oían, que ahí no había nada capaz de sorprender a una mujer de mi edad, sino por las explicaciones que daban las muchachas por sus previos silencios.  “Pensé que era culpa mía, que algo mal había hecho.”  “Lo volví a llamar porque no quería ser maleducada”, este último lo dijo una en el juicio de Jian Gomeshi. Gomeshi era un locutor de radio que golpeaba y trataba de asfixiar a las muchachas con las que salía. El alegaba gustos alternativos; sus jefes le creyeron hasta que vieron fotos de costillas rotas de otras empleadas. La cosa acabo en dos juicio, el del jurado y el del internet.  No hubo condena penal, porque los textos intercambiados al día siguiente evidenciaban un intercambio normal entre perpetrador y víctimas.  También testificaron acerca de los temores comunes: a perder el trabajo, la oportunidad, la reputación, la beca, las conexiones.

No he sufrido trauma personal. Tal vez haya sido buena suerte. Tal vez los baños de romerillo, que dicen que espantan los malos espíritus. Tal vez porque el currículo de cada mujer dominicana incluye saber defenderse. Mi abuela Mamacele y Mamá creía que la inmunidad se puede aprender: nos enseñaron a evitar gente peligrosa, y a medir el potencial de violencia del otro. Y a contestar. Si te tocan, suelta una bofetada, “…pero de las que hacen dar la vuelta en redondo.” Acude a tu familia, “que te vamos a defender”.  Mamacele, campesina de un campo del Cibao, aseguraba que las peleas se pueden resolver “con que no te quedes dao”.  Papá tenía otro enfoque: me pidió que si salía tarde, anduviera siempre con Tobi. Tobi era un dobermán orejudo y guapetón que yo había criado de cachorrito, de 70 libras de músculo y colmillos de dos pulgadas, pero temperamento timorato. Le dije a Papá que Tobi ofertaba una imagen impresionante pero menos defensa personal que una guanábana madura. “No importa”, me contestó Papá “las imágenes protegen mas que la realidad.”

Sin experiencia de ser víctima, las conversaciones del #metoo nos resultan arduas. Las historias publicadas por todas partes me recordaban cosas vistas de primera mano: las microagresiones, los pequeños ultrajes. El profesor que se molestaba cuando una muchacha defendía un argumento. El que te decía un piropo cuando ibas a preguntar sobre bibliografía. El que miraba los pantalones de una compañera de arriba abajo.  El que hace chistes verdes en una conferencia. El compañero de clase que sugiere que estas mal de la cabeza porque no quieres salir con él, y te habla en voz baja y amenazante. El decano que disfrutaba de gritarles a las jóvenes mujeres profesoras.   Llegue a sentir que somos todas víctimas, aunque no estemos das, como diría mi abuela; porque todos estamos envueltos: acosadores y acosados, los que son testigo y los que miran al otro lado. Comencé a oír las historias de mis propias estudiantes, y entendí de que en el siglo veintiuno, los trogloditas son igual de trogloditas que en la prehistoria, aunque el estilo tenga hoy en día menos caché.

Las discusiones con las amigas de la universidad me dejaban confusa. Cuando contaba los métodos tercermundista de mi abuela, me decía que eso parecían una salvajada. Tampoco les gustaba que  se tocara el tema de la autodefensa—les parecía que era culpar a la víctima. Yo me enojaba: no es culpar víctimas, es que somos maestras, y nos toca educar mujeres para que no lo sean.  Yo y Elena, una estudiante de otro programa, nos pusimos en plan de acción y nos leímos el código universitario. De cabo a rabo. Encontramos que en los nuevos reglamentos sobre el acoso sexual se hablaba de todo menos del acoso profesor-estudiante. Diseñamos una petición de que se clarificara la política de conflicto de interés y su aplicación a las relaciones entre estudiantes y maestros. Nos pareció que demarcar explícitamente los límites de lo personal en el salón de clase, le pondría los frenos a alguno que a otro. “¿Para qué?”, le preguntaron a Elena los de la unión de sindicatos estudiantiles, y se negaron a circularnos la petición.  “Eso es muy difícil de clarificar”, me discutía la abogada de la asociación de profesores.  “Además, aquí no pasan esas cosas, casi nunca”.  Lo cierto es que como activistas, fuimos un fracaso: recabamos pocas firmas, no nos recibieron ni los de la administración, ni los líderes del profesorado, ni los del estudiantado. Sin embargo, algo aprendimos: que a la gente no nos gusta hablar de las verdades desagradables.  Ese problema es mas general, y mucho mas difícil.

La próxima vez que se me antoje arreglar el mundo, me pondré a recontar la historia de como Minerva Mirabal rechazó los avances del tirano Leonidas, con una bofetada que dio inicio a una compleja serie de eventos que acabarían con la  mas terrible de las dictaduras latinoamericanas. Dicen los que saben más de la cosa que eso no aconteció así, que hubo desaire pero no bofetada. No importa. ¡Que importa que la anécdota sea o no sea real! Tampoco importa que sea completamente inverosímil.  Lo que sí cuenta es que la historia del aletazo mortal de la mariposa es verdadera, con esa suerte de verdad poderosa capaz de sembrar futuro.

 

Poemas de Clara Lair

 

LULLABY MAYOR

Duerme mi niño grande, duerme, mi niño fuerte:

que el juego del amor rinde como la muerte.

Alas le dé a tu sueño el éter de quimeras

que ha dejado en tu rostro tan dolientes ojeras.

Clama le dé a tu sueño el mar de los sentidos

que ha dejado tus brazos tan largos y tendidos.

Duerme, mi niño grande; duerme, mi niño fuerte:

que el juego del amor rinde como la muerte…

(¡Allá afuera es la luna y el marullo del mar

en la fragua del trópico brillando por quemar!

¡Allá afuera es la esencia-veneno del jardín,

y los pérfidos astros

avivando, encendiendo azabache, alabastros

en carne negra y blanca: la caldera sin fin

del trópico

trasmutando los cuerpos al corto cielo erótico!)

Duerme mi niño grande; duerme, mi niño fuerte:

que el juego del amor rinde como la muerte.

(¡Allá afuera es el negro camino de miasmas

y mi sombra acechando tu sombra entre fantasmas!

¡Duerme callado y ágil, vigílame la puerta!

¡Que se va si despierta!)

Me quedaré a tu lado quieta, casta e inerme,

mientras tu alma sueña, mientras tu cuerpo duerme.

Quizá ningún empeño

de mi cuerpo y alma

te dé lo que ese sueño…

Quizá la vida fuerte

es nada ante la calma

que te dará la muerte…

(¡Marullo del mar, cállate; sepúltate coquí!

¡Qué así, dormido o muerto, quién lo aleja de mí!)

Duerme mi niño fuerte; duerme mi niño grande:

el sueño de la vida con la muerte se expande…

(¡Porqué no amará a otra, que ni a mí misma amará!

¡Qué la tierra por siempre sus brazos se desquiciará!

¡Ay si no despertara!)

FRIVOLIDAD

Y así dije al amado»Marcharemos unidos.

Será tu nombre el eco de todos los sonidos.

Me trazará el camino la huella de tus pasos.

Me abrirá el horizonte la curva de tus brazos.

Le gritaré a la vida: ¡rompe, destroza, daña!

Yo tengo mi refugio: ¡su pecho es la montaña!

Le gritaré a la vida: ¡hunde, flota al azar!

Yo tengo mi oleaje: ¡sus ojos son el mar!

Y lo seguí al afán y a la ilusión del puerto.

Y lo seguí al vacío y al tedio del desierto.

Lo seguí sola y siempre, horas malas y buenas,

en la luz, en las sombras, en flores, en cadenas…

Y lo creí tan fuerte que le fui mansa y suave…

¡Él, el roble potente y yo, la pobre ave!

Y lo creí tan bravo que le fui fiel, sencilla…

¡Él, el mar tumultuoso y yo la quieta orilla!

¡Ay, uní lo infundible, y estreché lo disperso,

y quise hacer del cieno un lago limpio y terso…!

Mis ojos hechos llanto, mis labios hechos trizas…

¡Y su voz implacable pidiendo más sonrisas!

Mi cuerpo en el cilicio sangrando su querella…

Y su voz implacable diciendo: ¡sé más bella!

Mi alma en el infierno aullando su condena…

y su voz implacable diciendo: ¡sé más buena!

¡Carne fácil y blanda a todos los arrimos!

¡Carne blanda y traidora con uñas en los mimos!

Para todas los mismos rápidos arrebatos

Lúbrico cual los perros…falso como los gatos…

Y ahora digo al amante: óyeme, pasajero,

no me preguntes nunca hasta cuándo te quiero.

Si una noche de luna o una copa de vino

nos reúne en la misma revuelta del camino…

No me digas de sueños ni de sombras macabras

háblame solamente palabras, y palabras…

Júrame por la arena que acoge todo paso,

y lo graba o lo borra al azar, al acaso…

Júrame por la espuma que chispea y que brilla,

y que dura un instante de una orilla o otra orilla…

¡Ah, gato sin escrúpulos que a otras faldas se enreda

cuando ya todo es dado, cuando ya nada queda!

No me brindes los mimos de tus uñas, que ahora

sólo quiere collares de esta gata de Angora…!

Tú frívolo, yo frívola…Soy tu igual, camarada.

¡No has de quitarme todo para dejarme nada!

*Clara Lair nació el 8 de marzo de 1895 en Barranquitas (Puerto Rico) y falleció el 26 de agosto de 1973

Vida de este Gonzo

 

Por Juan Forn

El uso de testimonios orales por parte de biógrafos e historiadores es una práctica de larga data, pero en 1970 George Plimpton pateó el tablero cuando se le ocurrió construir enteramente una biografía con testimonios orales de distintas personas. El libro se llamó Edie, y contaba la vida de Edie Sedgwick, niña bien neoyorquina devenida modelo y fetiche de Andy Warhol, luego drogadicta terminal, luego evangelista, luego causa perdida y por fin cadáver prematuro. Norman Mailer celebró el novedoso formato y dijo que era el primer libro que retrataba los años sesenta tal como estos pedían ser retratados. En plena era del Nuevo Periodismo, del periodismo “de autor”, la biografía coral surgió casi como su contracara: la invisibilidad del autor resultaba más eficaz a la hora de retratar a personajes muy públicos, de los cuales se decían muchas cosas, muy contradictorias entre sí.

Hunter Thompson sin duda calificaba en esta categoría. ¿Por qué? Porque, en los años sesenta, tiró un ácido en la ponchera de la realidad estadounidense, puso a todos a alucinar y les hizo ver en ese trip lisérgico que el American Dream era una pesadilla de la que nadie quería despertar. Tom Wolfe había dicho famosamente que el Nuevo Periodismo era el arte de convertirse en la mosca en la pared. Hunter Thompson le contestó que el periodismo gonzo prefería ser la mosca en la sopa. Hay quienes dicen que Hunter fue el mejor periodista político de su tiempo. Hay quienes dicen que fue el mejor prosista de su tiempo. Y hay quienes dicen que un ácido nos queda rebotando adentro entre diez y quince años hasta que se extinguen sus últimos efectos. Estados Unidos aguantó esos quince años con los dientes apretados hasta que prescribió el ácido que Hunter le había tirado en la ponchera, y entonces se sumergió en los años reaganianos, con Thompson exitosamente desactivado.

Hunter iba a cumplir sesenta y siete años cuando se suicidó en 2005. “Veintitrés más que los que necesitaba, veintitrés putos años de parodia”, había comentado poco antes. Les ahorro la cuenta: 2005 menos veintitrés da 1982, y Reagan había asumido la presidencia a fines de 1981. “El día en que Hunter muera, todos nos haremos instantáneamente viejos”, repetían cuando eran jóvenes todos sus cofrades de generación. Pero se pusieron viejos mucho antes de que él muriera y perdieron rápido la paciencia con aquel bufón que seguía en su trip de los sesenta.

Hunter venía de Louisville, Kentucky. Las tres grandes industrias de Louisville son las destilerías, las tabacaleras y los laboratorios farmacéuticos. Y, como es leyenda, no hay escritor que se haya metido adentro tanto alcohol, tanto humo y tantas drogas como Hunter Thompson. Algo que no le importaba que se supiera; al contrario: “Soy el único ciudadano estadounidense que no tiene nada que ocultar. Soy el presidente que Estados Unidos necesita”, declaró una vez. Y cuando le preguntaron cómo podría ser presidente con todo lo que se había metido adentro, él respondió: “No hay otro ciudadano de este país que haya experimentado semejante combinación de sustancias. La sabiduría obtenida en el proceso es también única. Y me capacita en forma única para la tarea de presidir Estados Unidos”.

Una de las ironías de la carrera de Hunter fue que viviese lo suficiente para ver desdibujarse todos los finales espectaculares que anticipó para sí mismo (morir andando en moto con los Hell´s Angels, o de sobredosis en Las Vegas, o cubriendo una campaña presidencial, o describiendo la retirada estadounidense de Vietnam). El intento bombástico de Johnny Depp por darle a su ídolo un gran final, con aquel cohete en forma de peyote que envió los restos de Hunter al espacio exterior delante de trescientos invitados (costo total del funeral: tres millones de dólares), es un mal chiste. Yo prefiero mil veces como final para Hunter el libro de Carroll: una biografía coral que es el texto más gonzo que leí en mi vida, entendiendo por gonzo aquello que Hunter Thompson hacía como nadie.

Elizabeth Jean Carroll, más conocida como Betty Jean, o simplemente E. Jean Carroll, fue una de las pocas buenas plumas femeninas que logró abrirse camino en la Rolling Stone, territorio tan chauvinista o peor que el rock & roll que supo celebrar, así que Betty Jean emigró pronto de ahí a las revistas Playboy, Esquire y Outside, donde escribió piezas legendarias sobre la diferencia de los sexos. Invitada por la revista Elle, firmó durante veinte años la columna para mujeres más popular y más premiada de su país, llamada “Ask E. Jean”, una combinación de consultorio sexual, sentimental y existencial, hoy convertida en página web, tan legendaria como el paso de Betty por el periodismo. Pero mi momento favorito de su carrera es esta biografía que hizo de Hunter Thompson en los años ´90.

¿Cómo puede ser buena una biografía publicada diez años antes de la muerte de su biografiado? Solo el tiempo permite contestar esas preguntas, y el tiempo contestó: mirando retrospectivamente la vida de Hunter Thompson, esos últimos diez años (como los diez años previos) fueron sólo más de lo mismo. Cuando Hunter se suicidó, Jann Wenner, el dueño de la Rolling Stone, encargó (y después firmó) una enorme biografía coral llamada Gonzo, que publicó con bombos y platillos. El libro tenía el doble de páginas que el de Betty Jean y había contado con muchos más recursos de producción; sin embargo, sólo resultó una pálida versión alargada del libro de ella.

Corrían tiempos distintos a éstos cuando Betty Jean Carroll publicó su biografía, y su manera de tratar el chauvinismo de Thompson fue celebrándolo paródicamente. El libro trabaja en dos niveles: por un lado, tenemos los capítulos biográficos, con el formidable armado coral de los distintos testimonios que consigue Betty Jean, y por el otro, tenemos un relato en primera persona de una tal Laetitia Snap, ornitóloga cautiva en el rancho del “doctor” Hunter Thompson, obligada a escribir la biografía de su captor. Betty Jean logra hacer un libro trágico y cómico a la vez y exhibe una endiablada habilidad verbal en ambos registros: las distintas etapas de la vida de Thompson pasan vívidamente frente a nuestros ojos en los capítulos testimoniales y la triste realidad de sus años finales es retratada con el pulso hilarante y frenético con el que el propio Hunter se retrataba a sí mismo en sus libros. Betty Jean Carroll construyó para su querido amigo un libro sin igual, que aprovecha lo mejor que tienen la literatura y el periodismo, y que pinta de cuerpo entero a ese practicante de ambos géneros que fue Hunter Thompson, en su genialidad y en su decadencia, en sus defectos y en sus hallazgos.

Tomado de Página 12, 5 de mayo de 2019. El autor es fundador del suplemento RADAR.