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El Clemente con un valor añadido

Deben nombrarlo monumento histórico. El coliseo Roberto Clemente de la ciudad capital San Juan de Puerto Rico es una de las instalaciones deportivas donde se ha personificado grandes encuentros que han aportado a la construcción de la identidad deportiva puertorriqueña.

Es una estructura que en sus paredes guarda los recuerdos del desarrollo de la pasión por los colores patrios, usando el vehículo del deporte. Muchas lágrimas derramadas por derrotas dolorosas. Risas por la alegría que siente al conseguir clasificaciones a eventos mundiales, regionales y olímpicos. Aloja la nostalgia. Retrata las más grandes despedidas a ilustres hombres y mujeres de nuestra cultura. Sin duda es un recinto deportivo de mucha historia con el nombre de una de nuestras luminarias en el béisbol nacional e internacional.

A los que nos gusta laborar en el deporte, entrar al Clemente es abrir la puerta a un museo donde la mente pasa una película de todo lo que se vive desde cada punto cardinal. Se estremece la piel al exponer los sentidos y abre el camino para tertulias interminables.

Es un espacio para reflexionar en el silencio que lo acompaña antes y después de un espectáculo. Te obliga a parar y observar al detalle su alrededor. Hacer un 360 donde los personajes salen de la siquis para cerrar el retrato con una sonrisa. Esta conexión ahora toma un giro memorable, gracias a que el municipio de San Juan bautizó con el nombre de Elliott Castro a la Sala de Prensa del Clemente. A los que me han leído, saben el valor que tiene la figura de Elliott en mi formación periodística. En esa ocasión tan especial, los recuerdos regresaron y el imaginario hizo fiesta.

La estampa de verlo salir por el pasillo de la Administración del Coliseo sería observarlo lleno de nervios, su frente sudada y lo que saldría de su boca es puro lenguaje pueblerino: “Que bandidos y bandidas son ustedes. Charlatanes, los quiero mucho. Muchas gracias por el cariño”. Estoy casi segura de que eso diría al enterarse de tan hermoso reconocimiento póstumo, que le hiciera la ciudad que aloja su lugar de nacimiento, Santurce.

No es para menos. Más que ver a Elliott dirigir trabajos como director de prensa de eventos tan exitosos como lo fue el 10K del Teodoro Moscoso o narrar un partido de una selección nacional, lo más que me disfrutaba era observarlo entre los niños y niñas que recogía de sectores de Venezuela y Capetillo, para llevarlos a un evento. Esos momentos eran los que más disfrutaba Elliott, estar con su gente y entre su gente. Los niños y las niñas de escasos recursos eran su gestión de amor. El alimento que él le daba era la fe y la esperanza, de que sí cada uno de ellos se mantenía en un deporte iban a ser personas de bien. Soñar en ser un deportista, aunque no llegará a convertirse en un olímpico o un campeón mundial, era rescatar una vida de las calles, de la criminalidad y de otros males que nos aquejan en la sociedad. Esta labor era silenciosa, sigilosa y llena de esperanza.

Desde este viernes, 21 de diciembre de 2018, la cuna de la Afirmación Nacional del deporte puertorriqueño tiene un valor añadido con la Sala de Prensa Elliott Castro: “Qué bueno es”.

Nota especial: Carmen Serrano, directora de prensa del municipio de San Juan, gracias por presentar la propuesta a la Ciudad Capital y esta ser aceptada por unanimidad.

Carlos y el Deporte

Decido recordarlo con esa bella sonrisa que siempre me cautivó, sobre todo su dentadura tan blanca que siempre recuerdo desde niña, y emocionado por una gran jugada de pelota. 

Esta semana en vez de escribir sobre la pelea de Pedraza con Lomachenko o de la final de la Copa Libertadores, me uno a la celebración de la vida de Carlos Gallisá. Desde pequeña Carlos estuvo en mi vida, bueno, incluso desde mucho antes, ya que fue el padrino de boda de mis padres, y cuando nací ya era un miembro más de la familia. De Carlos se hablará mucho en estos días y en estas páginas de Claridad, pues por décadas contribuyó al país desde muchas trincheras. Yo solo quiero resaltar su pasión por el deporte, una de las muchas áreas que lo unían a mi padre. 

Tengo varios recuerdos de pequeña de Carlos en ambientes deportivos. Pero recuerdo particularmente dos; el primero, los viajes al hipódromo que tanto disfrutaba con Papi y otros panas, incluyendo a su gran amigo Genaro “Tuto” Marchand. Y también su pasión por el béisbol. En muchas ocasiones íbamos a su casa a ver un juego de las Grandes Ligas y recuerdo cómo le enseñaba a Sofa, su hija menor, las reglas y los jugadores. Recuerdo particularmente el año en que se proclamaron campeones los Bravos de Atlanta. En años más recientes, se que iba mucho a ver juegos de béisbol con mis padres. Con mucho cariño guardo el recuerdo, y se que mi madre Vilma Ramos también, de el último Clásico de Béisbol en el cual se juntaban a ver los juegos de Puerto Rico. Y hasta estaba ahí cuando mi Papá se pintó el pelo de rubio, como parte de la moda del equipo, y se que las carcajadas fueron épicas. Se que esa noche, de las últimas que compartieron los tres juntos, es un gran recuerdo.

Así, decido recordarlo con esa bella sonrisa que siempre me cautivó, sobre todo su dentadura tan blanca que siempre recuerdo desde niña, y emocionado por una gran jugada de pelota. 

Un abrazo,

Elga

El ingreso de Gallisá

Gallisá optó por una ruta mucho más escabrosa y de mayor provecho para su pueblo. Temprano en su carrera, la militancia independencia lo sacó de cuajo de la abogacía de los grandes bufetes. Participó activamente en el movimiento de renovación del Partido Independentista y en ese proceso se insertó definitivamente en las inquietudes y el pálpito de su pueblo.

Por Juan Mari Brás

Quizás no haya sorprendido a nadie la noticia del ingreso de Carlos Gallisá al Partido Socialista Puertorriqueño. Y es que a un partido revolucionario no se ingresa sorpresivamente como suele suceder en los partidos coloniales. Lo que se hizo ayer fue, en realidad, formalizar una realidad que venía desarrollándose en la práctica desde hace largos meses y que ya ha cuajado.

Por lo mismo que señalamos arriba, la integración de Gallisá al partido de los trabajadores reviste singular importancia, sobre todo en este momento. Se trata de un dirigente que –como muchos de nosotros– llega al socialismo por el camino de la lucha de independencia patria.

Hace unos pocos años, Carlos Gallisá era un joven profesional instalado en las esferas más ventajosas de la abogacía. Pudo haber trepado alto dentro de este sistema, echando a un lado sus sentimientos patrióticos, como han hecho tantos otros abogados. O sin llegar a los extremos de abyección de los renegados, podría haberse conformado con mantener su patriotismo dominguero –participando en alguna que otra gran concentración y contribuyendo con dinero a las organizaciones independentistas de vez en cuando- sin que tales actividades afectaran su ascenso profesional. Salvaba así la conciencia y el bolsillo, como solía decir un viejo amigo mío, muy cínico.

Pero el compañero Gallisá optó por una ruta mucho más escabrosa y de mayor provecho para su pueblo. Temprano en su carrera, la militancia independencia lo sacó de cuajo de la abogacía de los grandes bufetes. Participó activamente en el movimiento de renovación del Partido Independentista y en ese proceso se insertó definitivamente en las inquietudes y el pálpito de su pueblo.

Forma parte de un amplio de militantes y dirigentes de nuevo PIP, el que empezó a fraguarse en el período de 1970 al 1972 y que, con posterioridad a los últimos comicios, no pudieron triunfar en sus intentos de llevar al PIP a adoptar una ideología y unos principios organizativos que ellos estimaban imprescindibles para el desarrollo de la lucha revolucionaria. No fue la primera vez, y probablemente no sea la última, en que el PIP se estremece en grandes conmociones internas y un sector sale del partido por entender que no cabe dentro de sus moldes.

Al fin de cuentas, las aguas están llegando a sus niveles. Gallisá, como muchos de sus compañeros que salieron del PIP en 1973, ha encontrado en el Partido Socialista la canalización organizativa de su ideario. En verdad, ellos no podían triunfar en el PIP porque –aunque no lo entendieran así en el instante de la pugna interna- lo que estaban planteando era la conversión del Partido Independentista en un partido revolucionario de la clase obrera. Y el embrión de ese partido ya estaba fundado.

El PIP seguirá el curso histórico que le trazaron sus fundadores, como partido que refleja en ideología, composición, actitudes y estilo de trabajo, todas las posibilidades –virtudes y vacilaciones- de la pequeña burguesía patriótica. El PIP ha sido, es y tiene todos los indicios de seguir siendo exactamente eso: el partido de la pequeña burguesía patriota. Nada menos que eso –que es decir bastante- pero nada más.

Gallisá, como muchos otros de sus compañeros en el PIP del ’72, se ha abrazado a la ideología del proletario. La tribuna parlamentaria para la cual lo eligieron los independentistas puertorriqueños ha estado al servicio de la clase obrera. Su práctica profesional se ha tornado en verdadera abogacía proletaria. Es legislador de los trabajadores y abogado de los obreros. Nada más lógico, entonces, que su ingreso al partido de la clase obrera. Por eso, desde el punto de vista del desarrollo de Carlos Gallisá como dirigente obrero, su decisión de integrarse al PSP es un gran acierto.

Para el Partido Socialista Puertorriqueño, por otra parte, el ingreso de Gallisá abre una nueva dimensión a su expansión e influencia como colectividad proletaria. Incorpora a sus filas a uno de los dirigentes independentistas-socialistas de mayor resonancia en el Puerto Rico contemporáneo. Se nutre de una experiencia acumulada poro el compañero que le amplía la perspectiva a nuestro partido, en el momento en que nos proponemos avanzar decisivamente hacia el cumplimiento de metas superiores. Alcanza una tribuna parlamentaria, con anterioridad a cualquier posible participación del partido en comicios electorales, que nos permite ensayar las posibilidades del uso revolucionario de esa tribuna y medir su efectividad en el contexto de la lucha presente.

Fragmento de la columna que se publicó en CLARIDAD en ocasión de Gallisá afiliarse al PSP.

¡Hasta siempre, Carlos!

Por María de Lourdes Guzmán

Especial para CLARIDAD

La Patria está de luto. Nuestro mentor Carlos Gallisá ha partido a otra dimensión. El Movimiento Unión Soberanista expresa su profundo dolor por la partida de uno de nuestros fundadores y mas fieles colaboradores.  Carlos Gallisá fue uno de los fundadores del Instituto Soberanista que recorrió todo el país ofreciendo charlas educativas sobre la viabilidad y la urgente necesidad de la Soberanía. 

Cuando en el Instituto Soberanista se acordó crear un movimiento electoral, Carlos participó de ese proceso junto a otros compañeros y compañeras, logrando la inscripción del MUS como partido electoral, que fue certificado el 20 de marzo de 2012. Carlos pasó a formar parte de su Junta de Directores, la que posteriormente se convirtió en Consejo Directivo. Luego de su paso por diferentes organizaciones, Carlos entendió la necesidad de incursionar en un proyecto político que ofreciera una nueva propuesta para atraer sectores que convergieran en la necesidad de buscar la descolonización para el país mediante el logro de su soberanía política. Así, se creó un movimiento descolonizador que agrupara a independentistas y seguidores de la libre asociación y se hizo un llamado a todo aquel que de buena fe deseara luchar para sacar a Puerto Rico de la crisis. Carlos entendió necesario haciendo política de manera diferente promoviendo forjar, por medio del MUS, una gran alianza, uniendo sectores diversos, a la que se llamó “Unidad en la Diversidad”, reconociendo lo inútil que había resultado, hasta entonces, el atrincheramiento impuesto por años en los partidos de estatus. Carlos era enemigo del atrincheramiento. Luego de la participación en el MUS en las elecciones de 2012, Carlos promovió que la organización no volviera a inscribirse como partido electoral. Su consejo fue siempre no solo acertado sino ineludible. El MUS se convirtió en un movimiento político educativo cuyo principal objetivo es continuar educando por la soberanía del país. Entre otros proyectos, creamos la Academia Soberanista David Noriega, de la cual Carlos fue pilar y conferenciante incondicional. 

Nos reencontramos en el mes de abril del año 2012, cuando el entonces Comisionado Electoral del MUS, Lcdo. Julio Fontanet, me llamó para auscultar mi disponibilidad para entrar en la contienda electoral como candidata a Comisionada Residente por el partido. Ante mi indecisión inicial, Julio me dijo: “llama a Carlos”. Carlos me dio el empujón que necesitaba para aceptar el reto. De más está decir que, a pesar de ser novata en estas lides, Carlos me dio el apoyo y la seguridad que necesitaba para llevar a cabo la encomienda, convirtiéndose esa experiencia en una de las mas gratificantes de mi vida. Aun cuando conocía a Carlos de muchas luchas, este proceso afianzó nuestra amistad. Carlos se convirtió en mi mentor, consejero y más fiel aliado. Siempre resaltó en el su afabilidad, humildad, honradez, rectitud, sinceridad e inteligencia. 

Finalizadas las elecciones del 2012 y poco después del fallecimiento del querido, Lcdo. David Noriega, procedía constituir el nuevo Consejo Directivo del MUS. Una noche, saliendo de una de las reuniones del Consejo, Carlos me dijo: “tu debes ser la presidenta”. Le dije: “Carlos, yo nunca he dirigido una organización política”. A lo que me contestó: “Te ayudamos”. Decidí aceptar el reto una vez más, pues sabía que de su mano podía hacerlo. No podía defraudarlo. El nunca me defraudó. Carlos estuvo ahí para mí y para la organización siempre que lo necesitábamos. Poco después y aunque nunca he podido ni podré calzar sus zapatos, me convertí en su “sustituta” en el programa radial Fuego Cruzado, responsabilidad que he compartido con el querido amigo Manuel de J. González, uno de sus más entrañables “hermanos”. La confianza que depositó en mi a lo largo de nuestra amistad me ha honrado enormemente. Haberlo conocido, haber compartido con el como correligionarios, haber sido su amiga y compañera de luchas, representó un privilegio como pocos. Nunca podré olvidarlo. Jamás podré agradecer todo lo que hizo por mí y por la organización que hoy, honrosamente, presido. 

El país ha perdido a uno de sus hijos más ilustres. El MUS ha perdido a uno de sus más leales colaboradores. La lucha ha perdido una de sus más extraordinarios guerreros. Yo siento que he perdido una partecita de mi corazón. Hoy más que nunca y en memoria de su sacrificio y dedicación a la lucha por la independencia de nuestro país, tenemos que redoblar nuestro compromiso para continuar ese objetivo hasta lograrlo. Nunca te olvidaremos. Hasta siempre, Carlos. Hasta Hasta siempre, Carlos.  Hasta siempre, mi Comandante. siempre, mi Comandante.

La autora es presidenta del MUS. del MUS.

Honrar, honra

“En el mundo ha de haber cierta cantidad de luz, como ha de haber cierta cantidad de decoro. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”

-José Martí-

El Movimiento Ñin Negrón siente una profunda tristeza y dolor por el fallecimiento del compañero Carlos Gallisá Bisbal, uno de los imprescindibles y siempre presentes en la lucha  por la descolonización e independencia de  Puerto Rico.  Carlos Gallisá Bisbal fue siempre una viva expresión del puertorriqueño íntegro, militante, rebelde, indomable, luchador, humilde, que se entregó con pasión y dedicación a defender y crear espacios para avanzar la liberación de nuestra nación, de las cadenas oprobiosas del colonialismo.  Se entregó en cuerpo y alma a la tarea de crear instancias y acciones que sentaran los pilares para construir una nación justa, digna, libre.

El Movimiento Ñin Negrón se suma al dolor que embarga la nación y expresamos nuestra condolencias y solidaridad para con la familia del compañero Gallisá.  Hay que honrar a nuestro hermano en la lucha, reafirmando el compromiso de acción para avanzar la independencia nacional y descolonización de nuestra nación, de su nación. Es la mejor manera de honrar su largo historial de lucha, amor sin claudicaciones por su gente y su país.