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Necesaria la solidaridad con Cataluña

¿Acaso no es posible indignarse, o al menos asombrarse, ante noticias como éstas que llegan desde Cataluña?: La Guardia Civil interviene 1,300.000 carteles y material de propaganda sobre el referéndum del 1ro de octubre; la Guardia Civil allana una imprenta y luego un periódico buscando las papeletas del referéndum; en Madrid un juez prohíbe el uso de un auditorio para un acto de apoyo al derecho a decidir de los catalanes; el Gobierno avisa que celebrar un mitin de inicio de campaña puede ser delito; el sistema de Correos ordena a sus empleados no procesar correspondencia del gobierno catalán; la Fiscalía cita a cientos de alcaldes tras éstos apoyar la consulta y amenaza con ordenar el arresto de los que no acudan a la citación.

Todas estas noticias y muchas más muy parecidas se leen en los periódicos españoles pero, aunque parezca, no son de la era franquista, son de ahora, de los tiempos de internet y wasap. La Guardia Civil (que de lo último tiene muy poco) no es aquella de la que escribió Federico García Lorca antes de que lo fusilaran, sino un cuerpo policial de un país integrado a la Unión Europea. En el país de donde provienen estas noticias se supone que esté en vigor una constitución democrática aprobada en 1978, tres años después de la muerte del generalísimo.

Además de estas informaciones sobre la movilización policial, en los periódicos y en la televisión se leen y se escuchan proclamas que también nos hacen recordar la era franquista, como “la indisoluble unidad de España”. Sólo falta el “viva España” que se gritaba con el brazo extendido a cada momento.

Todo ese escarceo, que huele a estado de excepción, lo provoca un llamado a ejercer un derecho que se supone sea el más elemental de todos los que existen en una sociedad democrática: el derecho al voto. La intención de consultar el parecer de los ciudadanos mediante un referéndum, ha sido tachada como “ilegal” por el gobierno de España que, de inmediato, movió a los tribunales que controla para que emitan decretos invalidando leyes aprobadas en Cataluña. A pesar de esos decretos, las autoridades catalanas han seguido hacia adelante en su empeño por celebrar una consulta donde sus ciudadanos voten a favor o en contra de la independencia. La consulta se mantiene convocada para el próximo 1ro de octubre. Si en el referéndum participa la mayoría de la población y el Sí resulta favorecido, se procederá a proclamar la independencia de Cataluña del reino de España.

Antes de aprobar la ley del referéndum, el liderato catalán hizo múltiples esfuerzos por negociar la celebración consensuada de la consulta, como ocurrió recientemente en el Reino Unido en cuanto a la posible independencia de Escocia. Pero frente a esos esfuerzos de la Generalitat catalana se levantó la “indisoluble unidad” del reino proclamada por el gobierno central de Madrid, regentado por el derechista Partido Popular. Las otras fuerzas políticas, con la sola excepción de Podemos, han cerrado filas con el PP, dejando atrás llamados previos al diálogo lanzados por el actual líder del PSOE, Pedro Sánchez.

A diferencia de los demás partidos españoles, que apuestan a la “indisoluble unidad”, Podemos apoyó el “derecho a decidir” de los catalanes desde un principio y más tarde ha condenado las medidas coercitivas desatadas por el Gobierno. De hecho, el acto en el auditorio de Madrid bloqueado por la orden de un juez fue promovido por dirigentes de Podemos, quienes terminaron celebrándolo en el popular barrio de Lavapiés.

Pero, aparte de Podemos, los catalanes están solos. Tanto en España como en Europa se escuchan muy pocas voces condenando la andanada represiva lanzada por el estado español. Tal parece que no les asusta esta burda imitación del franquismo que se pone en práctica cuatro décadas después de la muerte del generalísimo.

La buena noticia es que, en cuanto al pueblo catalán se refiere, el evidente intento de intimidar hasta ahora no ha dado el resultado que busca el gobierno, que no es otro que limitar la participación en la consulta. Según una encuesta divulgada por el diario La Vanguardia el pasado domingo 17 de septiembre, el 70% de los electores se propone votar y, de éstos, el 60% votaría por la independencia. Si ese porcentaje se mantiene y el referéndum no es impedido por la fuerza, la proclamación unilateral de la independencia que se propone hacer el liderato catalán podría ser realidad.

¿Hasta dónde llegará el gobierno español? Mariano Rajoy ha dicho más de una vez de forma tajante que en Cataluña “no habrá referéndum”. Para poner en práctica su dictamen el primer paso fue acudir a los tribunales que controla su partido, como el Constitucional, para que declare inválida la legislación aprobada por el parlamento autonómico catalán. Como esto no le ha sido suficiente, porque que el liderato catalán se plantea la desobediencia civil, procedió a las acciones policiales ya mencionadas con un evidente propósito intimidatorio. También están amenazando con la inhabilitación – que supondría perder el empleo – a los funcionarios públicos catalanes responsables de organizar la consulta.

Si la intimidación y las amenazas no funcionan, ¿cuál será el próximo paso? Otra noticia que circuló fue que los colegios de abogados de Cataluña se están preparando para “atender detenciones masivas”. Esperan que el gobierno central ordene el arresto de cientos o miles de personas buscando impedir que el referéndum se pueda celebrar. Si eso ocurre, España sería el primer estado supuestamente democrático que encarcela a gentes por el “delito” de querer ir a votar o por permitir que otros voten.

¡Vaya democracia!

TOPOGRAFÍA: Los ojos de Fernando Cros

Ya estábamos en el carro cuando le dije a Fernando: “no te vayas a volver loco”, a lo que él contestó riendo: “No, si yo aviso, yo aviso. ” Era el año de 1993, y el Museo de Arte Contemporáneo organizaba la retrospectiva de la obra de Roberto Alberty Torres, conocido como Boquio (1930-1985). Fernando Cros fue el curador de la exhibición. Durante meses, en su pequeño carro, recorrimos la zona metropolitana visitando a los coleccionistas y examinando el estado de las obras. Ibamos a ver, experiencia importante tratándose de Fernando. Así nos fuimos conociendo. Y así serían nuestros diálogos. Yo le hacía una pregunta directa, con cierta irónica aspereza, y él contestaba con franqueza y humor. Luego seríamos colegas en la UPR en Río Piedras. Mucho tiempo después, al encontrármelo y notar su delgadez, me puso al tanto de su enfermedad y, otra vez, con la misma franqueza y el buen humor de siempre, volvimos a hablar, en esta ocasión, de la probabilidad de muerte. Recuerdo haberle dicho en un tono entre afirmación y pregunta que él ya estaba preparado para esa experiencia. Se mostró tranquilo. Y así, como tantas veces, seguimos conversando. Ahora Fernando ya ha entrado en la curiosa lista -donde predominan los muertos- de los homenajeados en el Baquinoquio, el acto de recordación festiva de la vida y obra de Boquio celebrado anualmente en el Cementerio de Carolina. Esta actividad, a la que también se le ha llamado “misa profana”, se celebrará este año el sábado 7 de octubre.

Tal vez una cosa no tenga nada que ver con la otra. Pero hay casualidades que inspiran a pensar. Fernando tenía los ojos grandes y azules. Los que lo conocieron pueden dar testimonio de su mirada (y también de su risa). Y da la casualidad que su poesía invita a ver más allá del aquí sin salir de aquí. Por eso, al leer sus textos, es inevitable pensar en sus ojos.

El hablante de los poemas de Fernando mira la realidad (o la imagen que queda de ella en el recuerdo) y, a la vez, mira el vacío. Los textos llevan a los lectores a una visión. Si los ojos “reales” captan la realidad exterior, la mirada interior se dirige hacia lo que –por definición- es invisible e innombrable. Ese es el vacío original y radical de la nada y del silencio. En el poema, “Mi pequeña muerte” constatamos esa percepción: “Esa orilla y esa sombra es la que veo, / alejada, extrañada de mí, muy cerca de mi nada / y de la seca y espinosa nada de los otros.”

Por lo mismo, en los poemas, el acto de mirar y de reflexionar sobre lo mirado son actos inseparables, incluyéndose a sí mismo el yo que mira. En el poema ya citado, volvemos a verificar la experiencia de los ojos: “Me veo envejecer en la cara extraña de los otros, [. . .] y yo sentado aquí, como un viejo maestro / sumo, como un pesado olmeca, mirando el fluir / del siempre eterno río, que va a la antigua orilla”.

Pero estemos claros. Fernando no aceptaba la cómoda y transparente identificación entre la voz de sus poemas y la más íntima realidad de su ser.

Por eso me parece muy significativo que el primer poema de su libro póstumo, Sobre la huella, cuestione la identidad o realidad del responsable de la escritura, o mejor dicho, la equivalencia entre el autor y el hablante del poema. Se trata de una posición teórica muy pensada por Fernando, manifiesta en su obra y articulada en varias comparecencias públicas. Veamos, como ejemplo, el poema “Quién es el que canta”: “¿Quién anda ahí? ¿De quién es la sombra / que marca y sobrevuela la blanca superficie / de la página? ¿Quién es la abeja ilustrada / que introduce su aguijón para extraer / el rumor dulce de la lengua en la que canta? / ¿Hasta dónde se remonta con el polen de la imagen / impregnándole las alas? ¿Quién es ese insecto / extraño que fabrica la dulzura de las mieles, / con el zumo escurridizo que germina en esta tierra / del silencio y la palabra?”

Justamente, la pregunta por ese “quién” vuelve escurridiza o borrosa la identidad del autor. Curioso recurso: es el poema, compuesto por preguntas, el que pregunta por su autor. Y sugiere, preguntando, que ese autor es una sombra, una abeja ilustrada, un insecto extraño que marca la página. El poema afirma el acto de cuestionar invitando a los lectores a preguntarse por la “consistencia” de la identidad o realidad autorial.

Pero dejemos que él mismo abunde en este punto. En entrevista con el poeta José Luis Vega, Fernando explica la diferencia entre el yo del poema y el autor: “creo que el lenguaje es un recuerdo que puede aludir a los sentimientos, a las experiencias del pasado ‘retenidas’ por la memoria, a los deseos y a las obsesiones que todo el mundo lleva dentro, pero nunca es eso que sufrimos, pensamos, miramos o deseamos, porque el lenguaje es un conjunto de signos abstractos y arbitrarios que nos ‘sirven’ de una manera muy inexacta, como herramienta o como emblema [ . . .] mis emociones están antes del lenguaje y el poema no puede describirlas, porque es incapaz de transmitirlas de la manera en que las sentí o las experimenté [. . .] el poema lo concibo como una realidad lingüística, como una construcción [. . .] y nunca como el retrato de una conciencia o de una subjetividad autobiográfica.” (Revista Cayey # 97).

En el programa radial “1-2-3 probando: con Rosa Luisa Márquez y Antonio Martorell”, Fernando insiste: “El poeta no habla de sí, sino que finge hablar de sí y de los otros. Y lo que hace es trabajar con las palabras. [. . .] A partir del romanticismo, se creía que la poesía no era un género de ficción. Pero después del surrealismo, la poesía aparece como un género de ficción como la novela y el cuento. De modo que lo que hay en la mayor parte de los casos es ‘fantasía melódica’. No hay otra cosa.” (Revista Cayey # 97).

Repito: Fernando miraba y miraba. Veía el transcurrir de la vida, los efectos del tiempo en los seres y las cosas. Por eso también (interiormente) llegaba a ver, ¿sentir?, la nada, el vacío. No temió. Entendió, aceptó y aspiró a ser parte de esa nada original. Y se fue con ella en diciembre de 2010. Nosotros todavía tenemos la “presencia” de la “fantasía melódica” de sus palabras. Él mismo lo escribió en su poema “Reflejo del sobreviviente”. Ante las muertes de los otros, el hablante se pregunta y se responde: “qué fuerza te ata a esta tierra [ . . .] Quizás sólo sea el canto; la seca resistencia de un nombre que te nombra, ante el hueco oscuro de un silencio antiguo.”

A pesar de la objeción del poeta a identificar el hablante del poema con el autor, nos preguntamos, ¿qué diferencia hay ahora entre el Fernando real, la persona con la que varias veces conversamos y reímos, ahora muerto, (irreal), y la voz de sus poemas? ¿No podemos pensar que ahí está su respiración? ¿Leer no será estar con él otra vez?

El autor es profesor de la UPR en Río Piedras.

La razón de mi agradecimiento

Poco antes de su infame asesinato, el fundador y jefe del Ejército Popular Boricua nos envió una carta que he conservado como reliquia en paño antiguo. En ella dice: “siempre he estado por saber de tu raíz familiar por la razón que se desprende de nuestros apellidos. Pero nunca he podido establecer un vínculo, aunque a decir verdad, tampoco he tenido la oportunidad de investigar a fondo. Quizás haga falta un Félix Ojeda o un Estrade para saberlo”.

Lamentablemente, Filiberto Inocencio Ojeda Ríos (1933-2005) murió con el deseo de averiguar si estábamos emparentados. “Nuestra cepa de los Ojeda –confiesa en la carta que conservo—es de un campo de Naguabo que lleva el nombre de Brazo Seco. En realidad era un lugar hermoso, a pesar de su nombre”. (Brazo Seco forma parte del llamado Barrio Río y según el informe del Censo de 1930 unas 788 personas vivían en esa demarcación).

Aquí y ahora debo informar que mis progenitores, los dos, también nacieron en la misma comarca, en el oriente de la patria, donde la isla se eleva “como una rosa roja en su color más intenso”. Don Félix y don Inocencio, nuestros respectivos padres, estaban emparentados, eran primos y mantuvieron siempre una correcta amistad.

El 23 de septiembre de 2005, cuando se conmemoraba el 137 aniversario del Grito de Lares, apostados en un campo del sector Plan Bonito, en Hormigueros, agentes del FBI asesinaron a Filiberto. “Murió desangrado”, informa el querido amigo Luis F. Abreu Elías y seguidamente añade que el FBI entregó una escena alterada, prohibiéndole al Departamento de Justicia de Puerto Rico entrevistar a los asesinos.

Semanas antes del infame asesinato recibí la visita de un emisario suyo. Irradiando buenas vibras el enviado me decía: “El Viejo quiere verte”. Recuerdo que contesté: cuando sea, como sea y donde sea.

He podido concluir que Filiberto nos quería entregar, para pronta publicación, un diario del general Antonio Valero de Bernabé (1790-1863), el puertorriqueño amigo de Bolívar, una de las grandes figuras de la independencia de nuestra América. Pero Valero, “cuya vida fue una odisea de martirios y una epopeya de victorias” –al decir de Mariano Abril, su biógrafo, también sobresalió en la guerra de independencia de España contra la ocupación francesa a principios del siglo XIX.

En 1827, cuando se hacía inminente la guerra entre España e Inglaterra, Bolívar concibe su proyecto de llevar la guerra a la región del Caribe. Interesaba El Libertador arrancarles la isla de Puerto Rico que serviría de escala para llegar a La Habana. Y Bolívar posó sus ojos en Valero, pues el boricua “sería uno de los libertadores de su país natal,” en palabras del propio Bolívar.

Imagino que los francotiradores incautaron el Diario y lo tienen depositado en alguna oficina de la capital federal. Las organizaciones culturales de Puerto Rico están obligadas a recuperar y publicar el valioso manuscrito del general Valero. Sugerimos una edición de lujo, dedicada al fundador y jefe del Ejército Popular Boricua, pues el culto a los héroes debe de ser “la religión de los pueblos”.

*

Nunca conocí a Filiberto. Nunca estreché su mano. Nunca nos dimos un abrazo en señal de afecto o cariño. Pero guardo entre mis papeles una multiplicidad de documentos –de su puño y letra— cuando él se desempeñaba como sub-jefe de la Misión de Puerto Rico en Cuba (MPI) y delegado alterno de la Organización de Solidaridad de los pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), la entonces llamada Tricontinental, fundada en La Habana en enero de 1966. Esos escritos muy pronto se darán a conocer.

Claridad, el periódico de la independencia, reproduce a continuación, de manera íntegra, la carta de Filiberto fechada el 25 de julio de 2005 –día cuando algunos puertorriqueños conmemoraban el llamado “estado, libre, asociado”:

25 de julio de 2005

Puerto Rico

Compañero Félix Ojeda

Río Piedras, PR

Querido compañero:

A veces la vida da muchas vueltas y acerca a algunos seres humanos, aun estando distantes y en actividades desconectadas unas de las otras. Te digo esto porque llevo, en mi vida revolucionaria más de 40 años sabiendo de ti, de tus estudios, de tus logros y de los extraordinarios aportes que has realizado para difundir la verdadera historia de nuestro pueblo en lucha, y muy particularmente aquellos aspectos relacionados con las vidas de, en primer lugar, Betances, al igual que de Hostos y muchos otros.

Estando yo en Cuba, en el 1965, activo como sub-jefe de la Misión Permanente de Puerto Rico en Cuba y Delegado Alterno de la Organización de Solidaridad para los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), era informado de tu participación en Praga como representante de la FUPI en la UIE. Naturalmente, siempre he estado por saber de tu raíz familiar por la razón que se desprende de nuestros apellidos. Pero nunca he podido establecer un vínculo, aunque a decir verdad, tampoco he tenido la oportunidad de investigar a fondo. Quizás haga falta un Félix Ojeda o un Estrade para saberlo.

Viviendo yo en el Viejo San Juan a finales de la década del 1940, en una calle que daba hacia la Norzagaray, si mal no recuerdo, había un taller de reparación de maquinillas que pertenecía a Andrés Ojeda. No sé por qué pensé que a lo mejor tu ramal tenía esa procedencia, o quizás la de Juanita Ojeda en Jayuya. Bueno, simple curiosidad. Nuestra cepa de los Ojeda es de un campo de Naguabo que lleva el nombre de Brazo Seco. En realidad era un lugar hermoso, a pesar del nombre. De todos modos, aún tengo esa curiosidad.

Al pasar de los años he tenido el placer de cruzar caminos con persona cercanas a ti, que siempre me han hablado (por cierto con mucho orgullo y afecto) de cómo estás y de tus logros, que han sido muchos y muy destacados. Por el nombre común pues yo me he sentido orgulloso. Recientemente le hice un regalo a un alto funcionario de América Latina que consistió en un libro tuyo que lleva por título Peregrinos de la libertad, y para evitar complicaciones, en la dedicatoria lo firme “F. Ojeda” (naturalmente con una explicación al destinatario).

Tus trabajos históricos, al igual que los de otros amigos investigadores e historiadores han sido muy útiles para profundizar la conciencia puertorriqueña de nuestro pueblo, al igual que para lograr una mayor objetividad en los trabajos y escritos que nosotros hacemos. Unos, para establecer estrategias estrechamente vinculadas a nuestra realidad histórica, y otros para instrumentar líneas de acción revolucionaria.

Lo que motiva todos estos comentarios es que te estoy enviando copia de un documento que he preparado y que estamos a punto de difundir en América Latina y en Puerto Rico. Tu aporte, al igual que el de Paul Estrade, José Ferrer Canales (a quien le había dedicado el trabajo desde antes de su fallecimiento), Marisa Rosado y otros, como podrás ver al dar lectura a nuestro documento, ha sido fundamental. Esa es la razón de mi agradecimiento, que es inmenso.

Por lo demás, como no tengo la dirección de Estrade, y si no es un abuso de confianza, te voy a solicitar encarecidamente que le envíes lo que incluyo con su nombre, que es esencialmente lo mismo y una carta agradecida.

No pierdo las esperanzas de poder conversar contigo en algún momento. Quizás el documento te pueda dar, más o menos, una indicación de las motivaciones políticas, además de la satisfacción del abrazo revolucionario agradecido correspondiente y el intercambio sobre muchos asuntos que nos competen como patriotas y luchadores.

Mientras tanto, va, con afecto revolucionario y patriótico, el abrazo espiritual y los mejores deseos para ti y para todos tus familiares.

Filiberto Ojeda Ríos

(firmado)

Lo que trajo Frank Báez que trajo el mar.

Como deberían saber, Ediciones Aguadulce ha publicado un libro de crónicas del escritor dominicano, Frank Báez (Santo Domingo, 1978). Recientemente fue uno de los escritores nombrados por el Hay Festival en su edición de Bogotá 39 de 2017 como uno de los mejores narradores menores de cuarenta años en América Latina.

Báez nos visitó camino a Medellín para presentar el libro mentado, Lo que trajo el mar: crónicas, en Libros AC. En Colombia participó en el Festival del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo organizado por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Se trata entonces de un esfuerzo y producto caribeño. Ediciones Aguadulce es una editorial independiente dirigida por la poeta Cindy Jiménez que editó, diseñó e imprimió en la isla este libro viajero.

Frank Báez llega a la redacción de En Rojo con una camisa de estampados color pastel que parece un jardín. Hace un calor de madre como corresponde a nuestra insularidad. Sin embargo, viene tranquilo, fresco. Como si llegara del mar. Percibo un gesto leve de curiosidad cuando entra a la oficina. No es para menos. Aquí hay un calendario chino que recuerda a una oscura novela china tropical, una foto de Fidel castro en uniforme de béisbol, afiches con el rostro del Che, obras de Rafi Trelles, Homar, Dennis Mario, y unos cinco elefantes coloridos sobre mi cabeza, que son herencia que dejó la directora del semanario cuando laboraba culturosa.

–Este es un semanario cultural y político– le aclaro.

–Ya veo– comenta, riéndose.

Su formación es en sicología. Curiosamente, su primer libro se titula Págales tú a los psicoanalistas (Editorial Ferilibro, Santo Domingo, 2007), con el que obtuvo el Premio Internacional de Cuento Joven de la Feria Internacional del libro. Pero su oficio es escritor. No solo porque hace su propia obra, sino que creó una revista digital, Ping Pong, cuyo propósito es dar a conocer la obra de autores emergentes de su país, y es editor de la revista Global. Pero, hablamos de la crónica y el poeta señala que le gusta el género porque, aparte de lo subjetivo que es todo ejercicio de escritura, en la crónica se trata de crear una subjetividad con una clara pretensión de honestidad. Eso aunque sabemos que, como lectores o escritores, las voces objetivas son sospechosas y modificables.

–Ser poeta es, de suyo, casi la creación de un personaje. Una ficción.

–Eso es la literatura– responde.

Y es eso, sin duda, un objeto, un mecanismo hecho de palabras.

AUTORRETRATO

Rodé al año y medio por las escaleras

hasta el segundo piso.

A los seis casi me ahogo en una piscina.

A los siete me arrastró la corriente de un río.

Me golpearon con un palo, con la culata de un fusil,

con una tabla. Me propinaron un codazo en la cara

y otro en el estómago, rodillazos,

machetazos, fuetazos.

El perro del vecino me mordió un brazo.

Me cortaron una oreja haciéndome el cerquillo.

Noqueado. Abofeteado. Calumniado.

Abucheado. Apedreado.

Perseguido por sargentos en motor. Por dos cobradores.

Por tres mormones en bicicleta.

Por muchachas de Herrera y del Trece.

Me han atracado treinta veces.

En carros públicos. Taxis. Voladoras. A pie.

Alguien me dio una bola y me dijo I am gay.

Me robaron un televisor, un colchón,

seis pares de tenis, cuatro carteras,

un reloj, media biblioteca.

Se llevaron varios manuscritos y cometieron plagio.

(Con lo que me han robado pudieran abrir

una compraventa en Los Prados).

Me fracturé el brazo derecho, el anular,

la cadera, el fémur y perdí cuatro dientes.

El hermano Abelardo me dio un cocotazo que todavía me duele.

En la fiesta de graduación me cayeron a trompadas y botellazos.

Luego publiqué un libro de poesía y una vecina lo leyó

y escéptica dijo que era capaz de escribir

mejores poemas en media hora, y lo hizo.

Accidente con un burro en la carretera.

Intento de suicidio en Cabarete.

Taquicardia. Hepatitis. Hígado jodido.

Satanizado en Europa del Este. Pateado por mexicanos en Chicago.

En Montecristi una mesera me amenazó de muerte

(ahora mismo, clava alfileres en un muñeco idéntico a mí).

Los vecinos sueñan conmigo baleado.

Los poetas con dedicarme elegías.

Otros con rociarme gasolina en la cabeza

y arrojar un fósforo y ver mis rizos en llamas.

Otras con llevarme a la cama.

Y hace semanas un policía me detiene y me pregunta

si yo no era el poeta que había leído poesía

aquella noche y le digo que sí y el policía

dice que son buenos poemas

y hace una reverencia o algo así.

El libro contiene textos que comenzaron a publicarse hace una docena de años. La idea inicial era crear un libro de viajes. Uno de esos viajes, el que correspondía al periplo Santo Domingo–San Juan, no logró realizarse al incendiarse el ferry que cubría la ruta marítima. Luego, el libro fue tomando forma con reseñas, reportajes, textos biográficos, ensayos, que se publicaron en revistas, suplementos y sitios de internet.

Le cuento a Báez que me emocionó “Mi padre y La isla del tesoro”. Mi padre me enseñó a leer y a escribir. El padre de Frank, el sociólogo Franc Báez Evertsz, le mostró al poeta la maravilla de las letras y, además, a nadar, a cuidar animales, a ser honesto, a ser libre.

“Los libros en casa, la biblioteca, la figura de mi padre en su cuarto de trabajo, el modo en el que me leía, eso me marcó. Nunca se me ocurrió que los libros o la lectura fueran algo que me traería problemas. Al contrario. La lectura es algo que me causa placer. Una de mis pasiones, gracias al ejemplo y enseñanza de mi padre, es la lectura.

Yo tendría catorce, quizás, quince años cuando me leyó un poema de Dylan Thomas que cambió mi vida. Pero, igual me pudo cambiar la vida Miguel Hernández, porque las lecturas eran amplias y con un gran criterio. También se alimenta uno de la música, el cine, hay tantas cosas, tantos escritores con los ue se siente uno cómodo y afín”.

–¿Qué hay después de las crónicas? Me atrevo a preguntar.

–Creo que narrativa. Después de tanta verdad quiero volver a la imaginación, donde puedo cambiar nombres y donde hay más posibilidades.

–¿Y la poesía?

–La poesía es siempre. La poesía siempre está ahí. Es el laboratorio en el que no hay prisa. Lo que me gusta de la poesía es que en ella hay más riesgo, que es más experimental y atrevida. Los géneros te permiten esos cambios naturales.

Son como estaciones de descanso sin descanso.

Exacto. Escribir para descansar de escribir.

Mejor que el sexo

Lo mejor es cuando

le pones seguro a la puerta

y sólo están tú y el poema

y no tienes más remedio que preguntarte

si eres tan bueno como te dijeron el otro día

o tan malo como dicen siempre.

O cuando uno escribe un poema

tan intenso que acabas viniéndote

con los pantalones puestos.

O cuando sientes que estás escribiendo uno

que van a leer tus tataranietos

y piensas que ellos van a sentir

lo que una vez sentiste

y creo que es Joyce quien dice

que se siente como si el otro al leer

estuviera inventando las palabras

del poema nuevamente.

Así como el guitarrista del metro

de Chicago que tocó una hermosa melodía

y luego golpeó su guitarra

contra el piso hasta hacerla añicos,

he roto papeles y poemas

para mi propio deleite.

Y escribir es como caminar.

Cada palabra que escribo

es un paso que voy dando.

¿Hasta donde he llegado?

¿He encontrado mi hogar?

Yo quiero invitarlos a leer Lo que trajo el mar, de Frank Báez, para que descansen de leer. Quizás se pregunten porque aderezo esta breve conversación que transcribo con poemas, si la razón para el encuentro es la publicación de un libro de crónicas. La respuesta es sencilla. Si quieren leer las crónicas busquen el libro.

La política y las protestas

Los calendarios avisan que en esta semana, iniciamos una nueva estación del año. En el hemisferio norte será otoño. En el sur, debe comenzar la primavera. La única cosa no garantizada es que la naturaleza agredida se acuerda de eso y tenga fuerza para renovarse. Em la Amazonia brasileña, justamente, em ese jueves 21, se reúne el Foro Social Amazónico, por la defensa de la floresta. La gran prensa defende el agronegocio, las empresas de mineria y el interés del capital. Sin embargo, todas las personas de buena voluntad saben que, si todo continúa así, em poco tempo, de toda la floresta amazónica, no quedará piedra sobre piedra, o mejor, ni la fauna, ni la flora.

A pesar de que em grande parte de América Latina y Caribe, las estaciones no si distingan mucho, setiembre representa siempre un momento de cambio. Desde tiempos muy antiguos, la humanidad ve los cambios de la naturaliza como apelo divino para que, junto com el universo, entremos también en profunda renovación de nuestras vidas. En esses días, las comunidades judías celebran el Hosh Hashanah, fiesta del Año Nuevo que agradece a Dios que recrea de nuevo el mundo y renueva su alianza con todas las criaturas. Indígenas y afrodescendientes tienen fiestas equivalentes.

En 1962, en Roma, el papa Juan XXIII pidió a Dios que la reunión de todos los obispos católicos en el Concilio Vaticano II fuera para la Iglesia una nueva primavera. De hecho, Dios lo atendió, al menos en parte. Es que ni Dios puede vencer la barrera levantada por los eclesiásticos acomodados y por los funcionarios de la religión temerosos de perder sus privilegios. Ahora, más de 50 años después, el papa Francisco propone que la Iglesia Católica se renueve en el cuidado con la naturaleza y el servicio solidario a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, víctimas de la cruel desigualdad social. Si las Iglesias locales comprendieran esa propuesta y los grupos católicos, congregaciones y diócesis aceptaran esta propuesta, tendríamos una nueva primavera eclesial que podría ser útil a todas las Iglesias cristianas y a toda la humanidade. Por ahora, ya será una acción primaveral anticipar la naturaleza y comenzar el trabajo de primavera en nuestro modo personal de ser y de vivir. Como escribió el apóstol Pablo: “El ser humano renovado vive cada día y siempre un trabajo de renovación permanente a la imagen de aquel que lo creó” (Col 3, 10). Es Dios quien suscita en el mundo una tierra renovada y promete: “Hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5).