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La cátedra sin enjundia de la profesora Macarrulla

“Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas.”

Miguel Hernández, poeta y pastor de cabras.

En el año 1981, sentada en el banco de ladrillo que daba al jardín interior, estilo mediterráneo, de la casa de campo de los profesores Macarrulla. Viche y Meche, ingeniero y arquitecta, profesores universitarios, compañeros y grandes amigos de mis padres desde los años terribles después de la revolución del 65. “Es que Amiro es como mi hermano”, solía decir.

Grabadora en mano, me disponía a hacer la primera entrevista de mi vida. No he hecho muchas, pero siempre me ha cautivado ese momento poderoso en el que se encuentran quien se apresta a contar el cuento de su vida, con quien lo escucha con atención perfecta.

Yo acababa de tomar el curso de estética con el profesor Pedro Mir, quien adivinando que tengo mente más narrativa que poética, me aconsejó escribir una novela. Mi familia apoyaba la idea; ponte a eso, que das para contar cuentos. Con mis diecinueve años de inexperiencia, sabía que no tenía mucho que contar. Tener amor por la palabra precisa y el ojo atento a la partícula de polvo que destella dorada en la última luz de la tarde, no es lo mismo que escribir Cien Años. Hay que tener una historia.

Así que fui a sentarme en ese patio interior, entre los geranios, a escuchar a doña Melia Sabater contar la historia de su vida y de la llegada de su familia a Santo Domingo. Con ese español hermoso que sólo hablan los catalanes educados me contó de la guerra civil, cómo los barrios anarquistas de Barcelona resistieron hasta el último momento la invasión de la falange. Doña Melia y don Poncio dejaron las niñas, Mercedes y Melita, bajo la protección de un familiar adinerado y de derechas. Acabaron pasando varios meses en un campo de refugiados en Francia, hasta que recibieron visa para ir a Dominicana. Trujillo les dio asilo a muchos republicanos que se escapaban de la España que pronto sería la de Franco. No lo hacía por instinto humanitario, sino porque le servía para su campaña de blanquear el país y sabía que en el terror absoluto de su régimen a esa gente no se le iba a ocurrir hacer política.

Así llegaron a Santo Domingo, como a México, Caracas, Buenos Aires, La Habana y San Juan, una oleada de maestros, intelectuales, ingenieros, y escritores. A los nueve meses llegaron las dos niñas. Acostumbradas a dormir en sábanas blancas de hilo bordado en la Barcelona bona, nunca habían visto nada como ese cuarto escuálido, cerca del club de los chinos de la Avenida Mella. Medio siglo más tarde, explicaba la tía Meche (así la llamábamos siempre, durante varias décadas de fiel amistad, con el único justificante de parentesco) la alegría pura de yacer en el colchón en piso que sus padres habían puesto por falta de cama; el alivio de tenerlos cerca, en lugar de aquellos parientes que las habían obligado a rezar antes de ir a dormir, para expiar las culpas políticas de sus padres “Recen. Porque a las hijas de los rojos, se les abre la tierra y viene el diablo a pincharlas con un tridente y llevárselas al infierno.”

Los Sabater echaron raíces sólidas en Santo Domingo, cobrando en respeto y afecto de generaciones de estudiantes, lo que no cubrían los sueldos de maestros refugiados. Levantaron cuatro hijos que lograron afluencia y honores. Meche heredó de los padres el amor a la educación y el talento docente. Enseñaba la física con pasión y destreza, y logró mucho en sus gestiones de funcionaria universitaria. Tenía el porte dramático de una actriz de París, que usaba con elegancia en el salón de clase y en las reuniones de la facultad, y al que daba rienda suelta en las discusiones de política en las tertulias de domingo, donde con cocacola y ron, se acababa con el gobierno de Balaguer y se construía un futuro distinto. Cuando se mudaron de la casa de campo a un amplio apartamento frente al mirador, la costumbre de años pudo más, y los amigos siguieron diciendo, “este domingo vamos a cenar en el campo”.

En política, Meche sólo admiraba a Juan Bosch, otro descendiente de catalanes, quien supo mejor contar el país que guiarlo. Cuando a Papá lo nombraron Secretario de Salud en el gobierno de Jorge Blanco, Tía Meche se sorprendió cuando se apareció a la misma hora de siempre a cenar la noche después de la toma de posesión. Le pareció de mucho calibre que alguien subiera a tan alta posición y prefiriera pasar su tarde de domingo con viejos amigos. Cuando se invirtieron las fortunas, y fue el partido de ella el que tomó turno en el poder, devolvió el gesto, y las cenas de domingo siguieron sin interrupción por décadas, cada vez más pobladas por las generaciones siguientes. Los mosqueteros de la tertulia fueron menguando: David Masalles, otro catalán, profesor de química, fue el primero en irse, de cáncer, temprano, antes de su tiempo. Chunchi López, también temprano, también de cáncer, dejando niños pequeños. Carlos López sucumbió muchos años más tarde. Viche murió ya en la senectud, y más tarde Regina, la viuda de David, mujer de alma hermosa y profunda. Papá duró más, y siguió yendo en domingo hasta que la desmemoria fue tal que ya no sabía donde estaba.

Una noche hace muchos años, Tía Meche nos contaba airada que había asistido a un homenaje que le hicieron en la universidad, con motivo de que cumplía un bojotal de años de servicio y docencia. ¿Pero cuál es el problema, Meche?, le preguntaban los amigos. Bueno, es que dieron unos discursos larguísimos y aburridísimos. Sí, pero si son siempre así, los discursos universitarios, no podías esperar otra cosa. Los abundantes elogios habían sido otorgados con mucha elaboración, pero poca elocuencia; pero lo que la había exasperado era que el organizador, al llegar a la conclusión del acto, dijo que lo que más admiraba era la enjundia de la profesora Macarrulla. “¿Cómo se atreve? ¿Será que no sabe que la palabra enjundia significa verbosidad? Si el enjundioso era él. ¿Qué crees tú, que ese hombre es un ignorante, o tal vez quería insultarme? Hazme otro ron con cocacola, Viche. Y a los amigos también, para que discutamos esto.”

En los últimos años la vejez y sus indignidades del cuerpo le habían quitado mucho: la salud, la visión, el oído, la energía para estar en pie. Siempre religiosa, se peleaba a diario con Dios, a quien quería y quería entender. Batallaba consigo misma y su fe, persiguiendo el frágil balance entre la gratitud por la querida familia que la rodeaba y por los éxitos cumplidos, con el pesar de las otras cosas, de la fea banalidad de los golpes de la vida. La vi por última vez en enero, hace seis meses, en un acto en el Museo de la Resistencia, honrando las acciones de los luchadores políticos del siglo veinte. Después de las intervenciones oficiales, Tía Meche dijo que quería compartir unas palabras. Se levantó con dificultad, apoyándose con la ayuda de manos queridas. Al comienzo, la voz frágil de anciana, mentando los recuerdos tristes y dignos del amigo cuyo homenaje nos reunía esa noche. Y con cada frase, se iba enderezando de a poquito, con cada frase la voz poniéndose más sonora y más profunda. Así fue aumentando de tamaño, hasta reencarnarse a sí misma, de pose erguida y gesto de Edith Piaf, para recordarnos aquello que sostuvo toda la vida: que sólo la juventud es capaz de forjar un futuro; que la amistad, la esperanza y la rectitud son fuerzas poderosas, incomprensiblemente capaces de darle forma a nuestras vidas. “Muchachos, cada uno de nosotros puede aportar su granito”. Así, con voz de sirena y de sibila, y sin enjundia alguna, dictó la profesora Macarrulla su última cátedra.

Gracias por tanto

Hace unas semanas fui la primera bateadora designada en esta columna que mí padre publicara semanalmente por cuatro décadas. En ese entonces pensé que seríamos unos sustitutos temporeros, y que como siempre, en el último cuarto, regresaría el cuadro original. Desafortunadamente mi padre no podrá volver a escribir Las Canto como las veo. Pero escribo estas breves líneas entre tanto dolor para reiterar lo que fue el tema principal de aquel escrito, su constancia y consistencia, con tantas cosas: su familia, su barrio, el eterno amado Roosevelt, sus amistades, las comunidades pobres de este país, su Colegio, sus Piratas, sus Yankees, el deporte universitario y su CLARIDAD. Este periódico al cual él dedicó su vida, lo que le regulaba su semana y el cual siempre resaltó por su valor para el país.

A nombre de la familia, GRACIAS por tanto amor y apoyo. Y lo mejor es celebrar su vida y apoyar sus luchas, y sobre todo, apoyar para que siga existiendo CLARIDAD, eso es  lo que él quisiera.

Elga Castro Tirado

Catalunya: de la “estadidad” a la independencia

La relación de Catalunya con el gobierno central de España es muy similar a la que tienen los estados de Estados Unidos con el gobierno federal, por lo que podemos decir que ese territorio vive lo que en Puerto Rico llamamos la “estadidad”.

Igual que los estados federados estadounidenses, Catalunya tiene representación en el Congreso de Diputados español. También tiene representación en el Senado, aunque este cuerpo, distinto al de Estados Unidos, tiene muy poco poder. Casi todo el poder político de España se concentra en el Congreso donde en la actualidad hay 47 diputados electos de entre los catalanes. De todas las regiones o comunidades que conforman el estado español, Catalunya tiene la segunda representación más grande en el Congreso. Sólo Andalucía la supera.

También igual que los estados de EU, Catalunya tiene autonomía en muchos asuntos internos y cuenta con su propia legislatura. El Parlamento o Parlament tiene poderes que surgen de la constitución española y de un “Estatuto de Autonomía” que, además de establecer las competencias del gobierno catalán (“Generalitat”), define su relación con el central. Esas competencias o esferas de poder de la Generalitat catalana también se parecen mucho a las de los estados de EU, adentrándose a áreas como la tributación, la seguridad interna, el sistema educativo y el judicial. En este último renglón, como ocurre en Estados Unidos, existe superioridad del poder judicial central que, en el caso de España se divide en dos foros: el Tribunal Constitucional y el Supremo.

Catalunya, por tanto, no es una “colonia” de España. Distinto a Puerto Rico, cuando el Congreso español aprueba legislación que afecta a los catalanes, una nutrida representación de éstos participa en el proceso legislativo y en la votación final. No se trata, como el caso nuestro, de un cuerpo externo con poderes omnímodos en cuyos procesos sólo podemos participar cuando nos invitan a opinar como ponentes de una vista de comisión. Todo lo contrario, entre los 350 diputados que debaten y deciden hay 47 catalanes opinando y votando. Esa representación excluye cualquier calificativo de “colonial” a la relación que en la actualidad existe entre Catalunya y España. Como decíamos antes, Catalunya vive eso que en Puerto Rico llamamos “estadidad” y que se refiere a la relación que desde 1787 existe entre los estados que componen Estados Unidos y el gobierno federal creado en la constitución adoptada ese año.

A pesar de vivir la “estadidad” en Catalunya existe un fuerte movimiento independentista y un aún más fuerte reclamo de que se les reconozca el derecho a la libre determinación o, como allí lo llaman, el “derecho a decidir” si continúan formando parte de España o advienen a ser una nación independiente. Según las últimas encuestas, el 78 por ciento de los catalanes favorecen que se celebre un referéndum de independencia cuyos resultados sean vinculantes para el gobierno central de Madrid y la comunidad europea. Las encuestas señalan que poco más del 45 por ciento se expresa abiertamente por la independencia, mientras otro grupo también grande aceptaría una nueva relación donde se reconozca a Catalunya como “nación” y se amplíen los poderes y competencias del gobierno autonómico.

Estos reclamos persisten a pesar de que la vinculación entre Catalunya y España comenzó hace muchos siglos, desde que por virtud de los matrimonios reales catalanes y aragoneses se vincularon en un mismo reino y posteriormente se juntaron las coronas de Castilla y Aragón. El tiempo transcurre, pero la unidad no se solidifica y los reclamos diferenciadores se mantienen.

La explicación para ese fenómeno político se llama “nacionalidad”. Aunque Catalunya está integrada al reino de España de forma similar a como los estados se integran a Estados Unidos, distinta a éstos, es una nacionalidad muy definida y diferenciada. Todos los elementos sociológicos e históricos que explican la existencia de una “nación” están presentes en el caso catalán. Hay un “territorio” demarcado y definido, en el que habita una población que comparte una historia muy rica, se expresa en un idioma distinto, exhibe rasgos culturales diferenciados y, lo más importante, proclama y defiende su propia identidad.

Es esa nacionalidad – que se manifiesta, sobre todo, por el sentido de pertenencia a un pueblo – lo que explica que el reclamo independentista persista en Catalunya a pesar de su virtual integración a España a lo largo de siglos. La “estadidad” que le dieron o le impusieron no ha mermado esa diferenciación nacional.

La lucha de los catalanes porque se les reconozca su derecho a la libre determinación ha sido noticia de impacto mundial durante los últimos años y lo será aún más dentro de algunos meses. Ante la continuada negativa del estado español, el parlamento catalán ha optado por convocar un referéndum de independencia para el próximo 1 de octubre. A diferencia de esfuerzos anteriores, la consulta es producto de una ley autonómica votada tras intenso debate en el Parlamento. De obtener el voto mayoritario a favor de la independencia, ésta será proclamada inmediatamente.

Frente a ese esfuerzo por “autodeterminarse”, se mantiene la negativa del estado central para permitirlo. El referéndum convocado es tachado de “ilegal” y se barajan opciones que van desde la estrangulación económica hasta el encarcelamiento del liderato catalán y la intervención militar.

Los próximos meses, por tanto, desde la península Ibérica llegarán noticias que, entre otros lugares, llegarán hasta Washington. Allí – en medio de la vorágine surrealista que todos los días crea un presidente que parece de ficción – algunos verán en el caso catalán una verdad que siempre ha sido corroborada por la historia. Es una verdad muy sencilla: que cuando una federación incorpora como “estado” a otra nación, el germen de la secesión viene con ella.

Cuando sea grande, quiero trabajar en CLARIDAD

Yo me gano la vida hablando, pero en esta ocasión me resulta dificilísimo hacerlo.

Para empezar, creo que este reconocimiento es innecesario…, no porque no me lo merezca, sino porque estoy convencido de que hay muchos otros compañeros y compañeras que lo merecen más que yo. En diferentes partes de la Isla y aún Estados Unidos hay compañeros y compañeras que sin hacer mucho ruido llevan más tiempo vinculados a CLARIDAD y en situaciones más difíciles que las mías, como son los distribuidores y los porteadores.

Yo no busco los reconocimientos, ni trabajo para lograrlos pero cuando llegan, los acepto con humildad, pero también con mucho orgullo y de todos los que me han dado, éste es el más preciado y el que más nervioso me ha puesto.

Quiero agradecer de todo corazón a los compañeros que han estado en la dirección de CLARIDAD durante los últimos 19 años, por haberme soportado durante todo ese tiempo.

Cuando llegó el momento de mi vida de decidir entre ejercer la ingeniería –que tanto tiempo, esfuerzo, y dinero me costó alcanzar– y el periodismo deportivo en CLARIDAD, tardé quince segundos en tomar la decisión.

Hoy, 19 años más tarde, no me arrepiento en lo más mínimo. Es cierto que he ganado mucho menos dinero, pero me siento muchísimo más rico en satisfacciones de todo tipo.

En cuanto me enteré de que me iban a hacer este reconocimiento , inevitablemente comencé a pasar revista mental de algunas experiencias que han dejado huellas en mi persona.

Quiero hacer un paréntesis para recordar a seis compañeros trabajadores del periódico que se nos han ido en ese tiempo. Me refiero al director Raúl González, a las reporteras Sonia Marrero y Gloria “Picci” Alonso, al fotógrafo Rafael “Changui” Díaz, al emplanador y fotógrafo Luis “Estrella” Sánchez, a “Tim” Munsigñac, de circulación y a ese roble de fortaleza e inspiración para todos que siempre fue Domingo “Mingo” Vega.

En ese tiempo también falleció otro que trabajó en circulación, pero cuya muerte no me dio ninguna pena; Alejandro González Malavé.

Por otro lado, éste es uno de los momentos más felices de mi vida, pues lo comparto con todas las extensiones de mi familia. En términos de sangre, están aquí presentes mis tres generaciones, pues están mis padres, mis hermanas, mi compañera y mi hija, así como las ramas anexas. Pero también están la mayor parte de mis amigos, los que se han convertido en parte vital de mi vida.

Un saludo y agradecimiento especial a todos los “Tritis” y a todos los que sin saberlo, también son “Tritis de corazón”.

Agradezco a mi maestro, Jaime Córdova, todo lo que me permitió aprender de él y su escrito “El ingeniero que encontró el camino”, cuya lectura me causó gran emoción.

La importancia de CLARIDAD siempre ha estado vigente, aunque en este momento, la misma aumenta aún más.

Precisamente por todo lo que representa para nuestra nacionalidad, es que tenemos que apoyar a CLARIDAD, aunque no coincidamos cien por ciento con todas y cada una de las posiciones que se asumen en el periódico en cada edición.

Uno puede apoyar a CLARIDAD de muchas maneras diferentes. Escribir es sólo una de ellas. La manera más sencilla es venir al Festival. una forma más consistente de apoyo comprarlo todas las semanas y después de leerlo, pasarlo a un amigo o amiga. Un paso mayor de vinculación es distribuirlo o anunciarlo, pero sobre todo es defenderlo.

CLARIDAD es poderoso, pero a la vez es indefenso, pues no se puede defender solo de los ataques que le hacen. Si nosotros no lo defendemos, nadie lo va a hacer y son muchos los que desean que CLARIDAD deje de alumbrar.

De mi parte, les aseguro que soy capaz de revertir todas las cosas buenas que dijeron de mí, contra el que ataca a CLARIDAD. Dicho de otra forma, el que ataca a CLARIDAD es mi enemigo y como tal lo trataré.

Nuevamente, les agradezco este reconocimiento y los invito a que apoyen a CLARIDAD en la forma que sea, que “yo cuando sea grande, quiero ser periodista deportivo de CLARIDAD en un Puerto Rico LIBRE.”

Muchas gracias.

El escrito recoge lo que Elliott dijo o lo que debió haber dicho al recibir el reconocimiento por sus años en CLARIDAD.

El “Cartel” del Carbón

Durante los primeros días de este mes de julio se reinició el proceso de depósito en Peñuelas de las cenizas tóxicas que genera la Applied Energy Sytem (AES) en Guayama. Al igual que ocurrió con el despliegue de fuerzas policíacas y gestiones de represión de la expresión pública en contra de la Junta de Control Fiscal el 1 de mayo de 2017, se llevó un operativo similar en Peñuelas para reprimir las expresiones de protesta y cuestionamiento de sectores de la comunidad que objetan la práctica de disponer de esos residuos peligrosos en una instalación diseñada para desperdicios no-peligrosos. El operativo policíaco, de las fuerzas públicas del estado, se utilizaron en un número dramáticamente desproporcionado en relación a los ciudadanos que protestan en una especie de “espectáculo de fuerza” articulado para proteger los intereses privados de AES, de los camioneros que transportan las cenizas desde Guayama y también de los empresarios del llamado Peñuelas Sanitary Landfill. Esas actuaciones hacen patente y evidente el poder que ejercen representantes del interés privado, del lucro, sobre los legítimos intereses de la seguridad, la salud ambiental y la salud pública del Pueblo. Las actuaciones de la policía correspondían y fueron validadas por la Ley 40 del 4 de julio de 2007 que, irónicamente titularon “Ley para Prohibir el Depósito y la Disposición de Cenizas de Carbón o Residuos de Combustión de Carbón en Puerto Rico”. Notable contradicción la que resultó del uso desmesurado de la fuerza policíaca para viabilizar el depósito de cenizas tóxicas reclamando que hacen cumplir la Ley 40 que, supuestamente, se promovió en el proceso legislativo como una iniciativa para impedir esa práctica. Es evidente que el aparato estatal, legislativo y ejecutivo, opera para asegurar intereses particulares de unas corporaciones e individuos, a través de unas prácticas que son dañinas al Pueblo.

He utilizado el concepto “Cartel” en el título de esta columna teniendo claro las definiciones formales que se le asignan al mismo. El diccionario de La Lengua de la Real Academia Española, define el concepto cartel como “organización ilícita vinculada al tráfico de armas y drogas”. También considera la acepción, en el tema de la economía, como “convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial”. Es evidente que cuando nos referimos a la producción y uso del carbón mineral para la producción de energía eléctrica y al manejo de los residuos tóxicos que esta actividad genera en forma de cenizas tóxicas, no estamos hablando del funcionamiento de actividades “ilegales” como el trasiego de armas ni de drogas narcóticas. Sin embargo, si no se quisiera llamar ‘ilegal’ a la práctica del manejo del carbón, podríamos considerarla como inmoral pues es altamente conocido cómo funciona el mercado del carbón en los EE.UU. y el mundo. Toda persona racional, educada en el campo técnico y con sensibilidad social sabe que la generación de electricidad a base de carbón produce enormes cantidades de gases de invernadero, particularmente dióxido de carbono, y una enorme cantidad de cenizas tóxicas. En EE.UU. se estima que la producción de cenizas tóxicas de combustión de carbón mineral está en el orden de 100 millones de toneladas anuales. AES genera en Puerto Rico cerca de 400,000 toneladas anuales. Muchas empresas hacen esfuerzos “legales” para disponer de estos materiales tóxicos incurriendo en prácticas con el menor costo monetario, es decir, transfiriendo los riesgos asociados a su inadecuado manejo y disposición a las comunidades y a la sociedad en general en forma de degradación y contaminación ambiental. Estos efectos negativos giran contra la salud de los seres humanos, así como de plantas y animales.

El negocio del carbón involucra miles de millones de dólares de ganancias para las empresas que los realizan. Ese lucro descarta el impacto sobre la sociedad humana en cuanto a la producción de gases de invernadero, contaminación de aire, aguas y terrenos y cambios en el clima. Ese ‘negocio’ del carbón está organizado fuertemente en distintas instituciones como la American Coal Ash Asociation, America Road and Transportartion Builders Association-Transportation Development Foundation y otras similares que abogan y cabildean sobre legisladores, congresistas y ejecutivos, tanto a nivel del Congreso de EE.UU. de la Agencia de Protacción Ambiental (EPA), de nuestra legislatura colonial y de jefes y ejecutivos de agencias del gobierno de Puerto Rico. En conjunto, estos actores sociales, sistemáticamente organizados, económica y políticamente poderosos, promueven sus ‘negocios’ como si fuera un tipo de ‘cartel’. El “éxito” de sus gestiones los ha beneficiado monetariamente de forma sustancial. Pero el resultado de esos procesos ha generado daño ambiental y problemas de salud a una gran cantidad de comunidades como es el caso de Salinas y Guayama. Ese mismo tipo de “estructura organizacional” es la que está operando para depositar las cenizas tóxicas en Peñuelas, a pesar del reclamo de una gran mayoría de sectores y personas en Puerto Rico, incluyendo la militante comunidad de Tallaboa.

En días recientes leía una reseña que daba cuenta de que en el 2016 se estableció un récord de líderes y activistas ambientales que fueron asesinados en 24 países distintos. La organización Global Witness estima que, al menos, 200 activistas-ecologistas fueron asesinados por sicarios y para-militares al servicio de empresas multinacionales. El 60% de esas muertes, dice la organización, ocurrieron en Latinoamérica. Citando a Global Witness, “murder is the sharp end of a range of tactics use to silence defenders, including dead threats, arrests, sexual assault, abductions, and aggressive legal attacks”. Uno de los líderes prominentes que recibió amenaza de muerte en diciembre de 2016 es la activista Jakeline Romero, una destacada líder de la etnia indígena Wayuu, quien se ha estado expresando públicamente en contra de abusos de corporaciones y grupos para-militares de la región de La Guajira en Colombia. En esta región ubica la empresa minera Carbones El Cerrejón la cual, entre otros impactos ambientales, ha ido desviando cauces de cuerpos de agua superficiales para su operación minera e industrial privando a las familias indígenas Wayuu del agua necesaria para su sostenimiento. Se alegó que la privación del agua por parte del Cerrejón, produjo en el 2016, decenas de muertes, incluyendo la de 40 menores de edad. Tengo el recuerdo de que el carbón que quema AES en Guayama proviene de esa mina de El Cerrejón. Si así fuese, la operación de esa carbonera en Puerto Rico se relaciona, desde el inicio, con un régimen de explotación del pueblo de La Guajira, de un terrible impacto a la estructura y funcionamiento de la etnia Wayuu y a una alegada multiplicidad de asesinatos de líderes obreros, de soborno y corrupción a funcionarios públicos y de un gran impacto ambiental en el territorio colombiano. Da la impresión que la explotación del carbón, desde su minería, su uso y disposición de residuos tóxicos, sigue un perfil de operación de dudosa legalidad y moralidad.

Si no hubiesen suficientes razones científicas y técnicas para objetar el uso del carbón y el manejo de sus cenizas tóxicas, existe un imperativo moral para objetar el mismo por los daños y gravámenes que genera la práctica histórica de las corporaciones internacionales que se lucran con este mineral. La comunidad en Peñuelas y el Pueblo de Puerto Rico en general, debe luchar para detener esa práctica contaminante y predeciblemente corrupta en el manejo y disposición de cenizas y del uso del carbón como combustible. Es fundamental que aquellos funcionarios, legisladores y actores sociales, que practican principios éticos y morales elevados y que promueven el uso del carbón como un combustible beneficioso, se eduquen sobre lo que implica el mismo. Aquellos que conociendo de estas circunstancias y aún persisten en promoverlo, hay que denunciarlos y combatirlos públicamente. Las calles de Guayama y de Peñuelas deben ser el escenario para dramatizar esa protesta y articular la lucha contra estos “carteles corporativos”. La coyuntura actual exige que mostremos nuestra militante solidaridad y apoyo a los luchadores de Peñuelas.

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