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Será otra cosa: La solidaridad del año de las papas perdidas

Por Ana Pérez Leroux Especial para En Rojo

Irlanda es verde, escandalosamente verde, más verde que Puerto Plata, o el Yunque, si me pueden ustedes creer. Tiene inviernos muy suaves, al menos así lo consideran en el Norte del Atlántico. Posee también un peculiar ecosistema que incluye vegetación ártica, alpina y mediterránea. Los veranos son lo opuesto: ocupa el tercer lugar en el concurso de los veranos más fríos de Europa. Hay unos pocos días de sol, y el resto, lo que los residentes de allí llaman lúgubremente Irish weather, es decir, “clima irlandés”.

Los irlandeses recuerdan su historia. Recuerdan bien el yugo y el esfuerzo de la independencia, la pobreza y la afluencia. Recuerdan que tenían idioma propio, y tratan de mantenerlo en vida. Los lingüistas irlandeses vigilan con amorosa preocupación cada subida y bajada de los datos demográficos del uso del idioma gaélico.

El chofer de la guagua de Barrat Tours nos va señalando lugares de interés, bordando el recuento con pedacitos de historia, geografía y bioestadísticas. Siempre que cabe el caso, apunta con cuidado cuando una observación se aplica a ‘La república de Irlanda”, o a “Irlanda del Norte, que está bajo el dominio del Reino Unido”. Como turista, debes esperar que te pregunten que si tienes familia irlandesa. Como los caribeños, los irlandeses tienen larga experiencia de diásporas. Una gran porción del turismo consiste en descendientes de irlandeses, desperdigados por el mundo, que regresan a trazar las raíces genealógicas en la superficie gris y mohosa de una cruz de piedra, a pisar las aldeas de los abuelos y a beber cerveza en el bar que comparte el nombre familiar.

Se deleitan en su unicidad, sin olvidar la universalidad de la experiencia humana. No hay serpientes en Irlanda. Excepto, por supuesto, los políticos, te explican con cara seria y sonrisa en los ojos. Aman su historia. Visitan con igual afecto el castillo del rey John, en la ciudad de Limerick, como el dolmen funeral de Poulnabrone. Se trata de un portón hecho de tres lajas enormes de piedra, en la cual enterraban los huesos de los fallecidos. Orientado hacia el oeste, ocupa un lugar prominente, en el medio de un campo pedregoso en la región del Burren. Un desierto de piedras, dicen los residentes locales. En el medio de estos campos están las erráticas, unas rocas gigantescas que se originan a centenares de kilómetros, arrastradas por un antiguo glacial. Las erráticas son ésas, nos dice el guía, que están ahí paradas, en el medio. No son como las otras piedras; llaman la atención.

En ningún momento se olvidan los irlandeses de los millones que murieron en la hambruna de las papas. No olvidan que el país había producido otras cosechas y que los terratenientes las habían exportado por ganancia. Tal indiferencia al sufrimiento ajeno, tal callosidad en la textura del alma, no logran perdonar. En County Clare hay un hermoso y triste monumento en bronce a las víctimas de la hambruna. Un niño con la mano extendida, llamando al portón de la entrada al orfanato. El niño, pequeñito, un escuincle. El portón enorme y amenazador.

Pero hay otro monumento, que expresa otro sentimiento, colocado en el medio de un parque en Middleton, County Cork. Nueve plumas plateadas, gigantescas, curveando hacia los cielos. Conmemora un inmenso acto de humanidad, cuando un grupo de la tribu Choctaw se reunió, en marzo de 1847, para realizar una donación de fondos de ayuda para los irlandeses.

Los Chocktaw fueron forzados a evacuar sus tierras ancestrales en Alabama por el presidente Jackson, también descendiente de irlandeses. Solo dieciséis años antes habían caminado la marcha forzada a Oklahoma que les costó miles de habitantes, víctimas de malnutrición, enfermedad e interperie. Uno de los primeros episodios de lo que luego la historia bautizó con el poético nombre de ruta de las lágrimas. Los Chocktaw sintieron afinidad por los irlandeses, en cuya situación reconocían una experiencia familiar: los pesares de la supresión cultural, la perdida de la tierra, la migración forzada y la falta de alimento. El morir de hambre en un mundo de abundancia, donde las conquistas de unos son los duelos de los otros. Esa generosidad de los más pobres entre los pobres la vimos también hace poco cuando una escuela de niños haitianos mandó una donación a las víctimas del desastre de Fukushima. En el curriculum vitae de la humanidad, estos actos son lo que nos redimen.

La semana pasada, miembros de la tribu Blackfoot ocuparon el Parque de la Reina en Toronto. Queen’s park es un parque en forma de óvalo que ocupa el espacio entre el parlamento provincial, y la facultad de música de la Universidad de Toronto. Es hermoso, con un par de monumentos militares, y una hermosa arboleda de arces y cedros, repleta de ardillas. Es lo que cruzo yo cada día para ir de mi oficina hasta el departamento de estudios hispánicos. Davyn Calfchild, jefe hereditario de la Nación Siksika, hace un ayuno de trece días en el medio de este parque central, en llamado de atención a las penurias de las comunidades indígenas. En el medio de la celebración del 150 aniversario de la nación, las tribus de las primeras naciones observan con consternado silencio cómo Canadá prefiere acoger refugiados del mundo, antes de atender a los domésticos. En una carretera en Nova Scotia, un letrero nos pide que recordemos la historia completa: “Canadá, 150 años. Los Mikmaks: 13,000”. Antes de la construcción del hermoso Dolmen de Poulnabroune, estas tierras de las Américas eran ya cuna de civilización.

Pongamos en medio del ruido cotidiano, la siguiente idea errática, a ver si se nos tropiezan los periódicos y noticieros. La idea es simple y vertical, como las rocas levantadas por los hombres de la edad de hierro. En estos años de las papas perdidas, no nos salvarán ni los grandes, ni los poderosos, ni el petróleo ni el dinero. Sólo la rosa blanca, que en junio como en enero, nos da el amigo sincero: nos tiende una mano franca.

Agosto de 1983, en ninguna parte

En 1939, en el Gran Teatro de Posnan, un bailarín remató su solo con dos vibrantes taconazos y, para su estupor, vio que el suelo temblaba, los vidrios se hacían añicos y la gente huía despavorida de la sala. Era un gran bailarín, y lo sabía, pero incluso a él mismo le sorprendió su potencia, hasta que se dio cuenta de que estaban cayendo las primeras bombas alemanas sobre Polonia.

A los polacos siempre les ha sido difícil diferenciar los hechos individuales de los hechos colectivos en su país. Se dice en Polonia que el reflejo de autodefensa es el sentimiento patrio nacional. “Vivo en un país inventado hace mil años por los alemanes como un tapón, una muralla de defensa que los protegiera de Rusia. Ese muro se hizo reversible y eso determinó nuestro futuro. No tenemos identidad; tenemos sólo ese reflejo de mirar a ambos costados todo el tiempo. Ninguno de nosotros ha sabido ser otra cosa. Este país no olvida nunca su historia, pero la mayoría de las veces no la entiende”, escribió Kazimierz Brandys en 1975, en extrañas circunstancias: después de participar en la Resistencia durante la guerra y de apoyar hasta la obsecuencia al gobierno comunista posterior, había llegado a la madurez en un ostracismo doble: lo despreciaban por igual el régimen y los disidentes y emigrados.

En su juvenil experiencia de la clandestinidad había conocido la mínima distancia que existe entre el heroísmo y la traición. En la posguerra pudo dar fe de cuán baratas se vendían las almas. Así se fue edificando en Polonia, según él, ladrillo a ladrillo, el fenómeno colectivo de la desaprobación de uno mismo: “Uno sentía que no había cumplido su deber con respecto a la realidad, que no participaba en ella con todo el espíritu. Déjenme dar un ejemplo. El año pasado, en la pensión donde estaba, le robaron a alguien un anillo. Mi primera reacción fue cerrar con doble llave mi puerta. No por temor de que me robaran algo, sino de que alguien dejara el anillo robado en mi cuarto. Se puede vivir así. Sería una exageración decir que vivimos desesperados. Se vive en la miseria de la imaginación. El propio destino nos aburre como una novela mediocre y ya leída”.

Brandys había escrito él mismo una novela así, en sus años mozos: una mediocre tetralogía, de tan fervoroso realismo socialista que un jerarca del partido le dijo una vez al oído: “Muchacho, no exagere tanto. Ponga un poco de realismo, además de espíritu socialista”. Cuando por fin se animó a renunciar al partido no fue en 1953, con la muerte de Stalin, ni cuando los tanques rusos entraron en Hungría, sino recién en 1966: los disidentes y emigrados lo despreciaron por su conversión tardía y el régimen lo mandó a purgar su apostasía en remotas aulas de provincia. Según confesión propia, hasta él mismo se había olvidado de él cuando se le avisó, en 1975, que había sido invitado a Oslo, a unas jornadas docentes, una invitación tan menor que el régimen le permitió ir. Al llegar a aquel congreso pidieron a todos los participantes que llenaran un cuestionario de veinticinco preguntas, a modo de currículum. Era un mero formulario a la manera socialista nórdica, pero aquellas preguntas interpelaron a Brandys como un tribunal donde debiera dar cuenta de toda su vida: convirtió un currículum en un acto de confesión.

Durante la guerra, el joven Brandys había hecho entrar a una muchacha en la Resistencia. La chica era una aspirante a actriz que trabajaba en el famoso café Melpómene. Un día se entera de que sus padres han muerto en Auschwitz y empieza a beber y a buscar hacer contacto con la Resistencia. Brandys la tomó, aunque era él mismo un perejil, porque la chica no iba a durar mucho si seguía exponiéndose de esa manera. Le hizo creer que la ingresaba a la organización pero no informó a nadie y mientras tanto le daba mínimas tareas banales que no implicaran peligro. Incluso le dio un nom de guerre para que se lo creyera más: Mewa, que significa gaviota, porque ella amaba a Chejov.

Todo iba inocuamente bien hasta que comenzaron las suspicacias dentro de la Resistencia entre comunistas y nacionalistas católicos. Corría la voz de que había tribunales secretos y ajustes de cuentas. Brandys recibió en un mismo día la orden de comparecer ante los nacionalistas católicos y un aviso de Mewa de que estaba embarazada. Por llevarla fuera de la ciudad, con unos parientes que tenía en el campo, Brandys incumplió las órdenes de plegarse a los nacionalistas católicos. Sobrevivió de milagro a un ajuste de cuentas y a un simulacro de fusilamiento y, en el caos del fin de la guerra, llegó a pie hasta aquella casa de parientes en el campo y volvió a pie a Varsovia con una bebé en brazos, que crió como si fuera suya porque a la madre, a la pobre Mewa, se la habían llevado los nazis a los campos. Esa bebé ya tenía treinta años y estaba casada y hacía su vida en Polonia casi sin hablarse ya con él cuando Brandys se sentó a contestar aquel cuestionario en Oslo en 1975 y se topó con la pregunta: “¿Tiene hijos?”.

Después de asistir mecánicamente a cada jornada del congreso volvía de raje a su habitación a seguir contestando el cuestionario. Cuando llega el momento de retornar decide ocultarlo en un doble fondo de su valija y llevárselo a Polonia. El último día del congreso se le acerca un polaco exiliado, que está en Noruega en viaje de negocios, y que recuerda a Brandys de los buenos tiempos del café Melpómene. Le cuenta que le llevó años llegar a Canadá desde que lo liberaron de los campos pero lo logró junto con su mujer, dice, y saca una billetera y muestra una foto de familia: él, dos hijos sonrientes y una mujer, Mewa. Brandys recuerda al instante una postal que llegó hasta sus manos en Varsovia después de rebotar de dirección en dirección, en los primeros meses de posguerra, y que sólo decía, sin firma debajo: “Estoy viva. Olvídenme”. Eran tantos los que pedían eso en aquellos meses posteriores a la guerra, que Brandys creyó que la postal no era para él.

Le llevó años ganarse a Brandys el respeto de disidentes y emigrados, pero lo consiguió por fin con su libro Variaciones postales, que hoy es un clásico y que Adriana Hidalgo anuncia que publicará en estos días en nuestro país: fue por eso que me acordé de aquel cuestionario en el doble fondo de la valija que Brandys se llevó de Oslo a su monoblock polaco de provincia, donde le eliminó las preguntas y le sumó el encuentro con el polaco exiliado y después logró que alguien sacara el manuscrito de Polonia y lo llevara hasta París. De título le había puesto La irrealidad, pero cuando salió acá en Sudamericana, en agosto de 1983, se llamó: En Polonia, es decir en ninguna parte, la famosa frase inicial del Ubú Rey, y apostaría lo que no tengo a que la mano invisible que realizó ese exquisito cambio fue la del gran Enrique Pezzoni, puedo incluso verlo sentado en su escritorio de la editorial, en la casona de Humberto Primo y Defensa, a la luz de una lámpara, lápiz en mano, mientras afuera se extinguen con lentitud exasperante aquellos últimos días de la dictadura, antes de las elecciones de 1983.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Trump: manotazo de ahogado en el Caribe

A Donald Trump lo acechan tiempos difíciles. Sus bravatas de campaña siguen en el plano de la retórica y no se traducen en hechos. Lo esencial de su promesa: el retorno de los empleos que emigraran a China y otros países de bajos salarios ha caído en oídos sordos de los CEOs de las grandes transnacionales estadounidenses que pagan en aquellos países la décima parte del salario que deberían oblar en Estados Unidos para obreros que, además, trabajan más de ocho horas diarias y están expuestos a muchos más accidentes de trabajo.[1]

El muro que dividiría la frontera entre México y Estados Unidos tiene remotas posibilidades de concreción, y no sólo por su fenomenal costo cinco o seis veces superior al que anunciara Trump en su campaña. Aparte, fue condenado públicamente por el Papa Francisco y Angela Merkel en su reciente visita a México. El escándalo del “rusiagate”, aunque sea una farsa montada por sus enemigos dentro de Estados Unidos se yergue como una letal amenaza a su permanencia en la Casa Blanca. En el Congreso suenan tambores de guerra reclamando un juicio político al nuevo presidente. Tampoco lo ayudan los oscuros negocios de su yerno y la clara incompatibilidad de intereses entre su emporio empresarial y su función como presidente.

La ruta de escape ante tantas tribulaciones internas ha sido la usual en estos casos: un gesto de reafirmación de su autoridad en la escena mundial, para demostrar que el gigante todavía está allí y que en cualquier momento puede pegar un zarpazo brutal. Un bombardeo sin sentido –y con sorprendente mala puntería- a un aeropuerto en Siria como para decir “aquí estamos” en un escenario cada vez más dominado por la presencia de Rusia e Irán o arrojar sin ton ni son la “madre de todas las bombas” en una zona remota y despoblada de Afganistán. Por último, un amenazante desplazamiento de la Flota del Pacífico hacia las proximidades de Corea del Norte en represalia por sus experimentos misilísticos, movida que quedó sólo en eso Japón ni bien Tokío y Seúl advirtieron al bocón de Washington que la capacidad retaliatoria de Pyongyang podría provocar enormes daños en varias ciudades de Japón y Corea del Sur.

Y ahora Cuba, esa vieja y enfermiza obsesión que frustró a once presidentes norteamericanos y que ahora está a punto de cobrarse una nueva víctima en la persona del magnate neoyorquino. Con su nueva política, atizada por la mafia no sólo anticastrista sino sobre todo antipatriótica de Miami, esa que no tiene reparo alguno en provocar sufrimientos a su pueblo con tal de promover su ilusoria agenda contrarrevolucionaria, Trump comienza a desandar el camino iniciado por Barack Obama. Lo hace, hasta ahora, de manera parcial: las embajadas quedan abiertas, muchas operaciones comerciales seguirán su curso y los cubano-americanos continuarán visitando la isla. Pero esta estúpida regresión a los tiempos de la Guerra Fría, a un pasado que ya no volverá, ocasionará nuevas complicaciones para el ocupante de la Casa Blanca. Por una parte, porque reavivará las llamas de la tradición antiimperialista de Martí y Fidel, profundamente arraigada en el pueblo cubano que cualesquiera sean sus opiniones sobre la Revolución rechaza visceralmente las ambiciones coloniales de su vecino. Por otra parte, al reinstalar trabas a las relaciones económicas entre las empresas norteamericanas y Cuba Trump abrirá un nuevo frente de conflicto al interior de Estados Unidos. Y esto es así porque son muchos los empresarios –en la agricultura, comercio, hotelería, aviación, informática, etcétera- que consideran a los trogloditas de Miami una rémora impresentable e irrepresentativa de la gran mayoría del exilio económico cubano cuyas absurdas pretensiones les cierran una atractiva fuente de negocios y favorecen a sus competidores de otros países.

Habrá que ver lo que pueda ocurrir con la nueva política de Trump cuando estos poderosos actores locales de la política norteamericana presionen sobre la Casa Blanca para defender sus intereses. O cuando el estadounidense común y corriente se dé cuenta de que de ahora en más podrá seguir viajando sin restricciones a Corea del Norte, Sudán, Siria e Irán, países incluidos como “estados fallidos” por el Departamento de Estado, pero no a Cuba. Lo más probable será que se fastidie y que piense que tenían razón los 35 profesionales de la Asociación Psiquiátrica Americana cuando dieron a conocer una carta abierta en el New York Times asegurando que el nuevo presidente “muestra indicios de una severa enfermedad mental.

Notas:

[1]Cf. https://www.huffingtonpost.com/2012/03/08/average-cost-factory-worker_n_1327413.html [2] https://www.excelsior.com.mx/global/2017/02/16/1146714

Reproducido de www.rebelion.org

OSCAR EN LA ONU: “Servirle a una causa justa y noble jamás es un sacrificio, aunque ello signifique ofrendar la vida por ello”

Honorables miembros del Comité Especial de Descolonización de los Estados Unidos; Para mí es un gran honor estar frente a ustedes y expresar mi más sincera gratitud por cada una de las resoluciones que ha aprobado este augusto cuerpo respaldando el derecho de Puerto Rico a su independencia , a ser una nación soberana, y por la excarcelación de sus prisioneros políticos. También quisiera aprovechar la oportunidad para agradecer a los ciudadanos venezolanos y a sus presidentes Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro, al presidente Daniel Ortega y los ciudadanos de Nicaragua, al presidente Evo Morales y los ciudadanos del plurinacional Estado de Bolivia, al presidente José “Pepe” Mújica y al presidente Tabaré Vázquez y a los ciudadanos de Uruguay, al presidente Rafael Correa y al presidente Lenín Moreno y a los ciudadanos de Ecuador, al presidente Fidel Castro Ruz y al presidente Raúl Castro Ruz, y a los cinco héroes cubanos René González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González Llort y a los ciudadanos de Cuba por el respaldo que les han dado a la noble y justa causa del derecho de mi amado Puerto Rico a ser una nación independiente y soberana y de formar parte de la comunidad de naciones.

El 17 de mayo de este año fui por fin excarcelado. Si hubiese sido el 29 de mayo, hubiese pasado en prisión 36 años, casi la mitad de mi vida. Durante esos años, las resoluciones aprobadas por este Honorable Comité fueron siempre fuente de fortaleza y esperanza para mí. Las leía y encontraba preciadas expresiones de solidaridad y compasión, y me fortalecían la certeza de que algún día Puerto Rico dejaría de ser colonia y pasaría a ser un estado libre y soberano como los que representan ustedes aquí.

He pasado las pasadas cinco décadas sirviendo a la que creo es la más justa y noble causa a la que puede servir cualquier puertorriqueño. Hacerlo ha sido un acto de amor y ha sido cumplir con el deber ciudadano. Creo que servirle a una causa justa y noble jamás es un sacrificio, aunque ello signifique ofrendar la vida por ello. Digo esto para dejarle saber a todo el mundo que para mí, servirle a una causa noble y justa ha sido la experiencia más liberadora que haya experimentado y que, a pesar de todas las cosas horribles que se me hicieron mientras estuve en prisión, he regresado a casa con la cabeza en alto, y con mi honor, mi dignidad y mi espíritu más fuertes que cuando ingresé en prisión. Gracias al respaldo que este Comité le ha brindado a los prisioneros políticos puertorriqueños, y al apoyo de cientos de miles de amantes de la libertad y la justicia en Puerto Rico, en la diáspora puertorriqueña y en muchas naciones del mundo, ya no hay más prisioneros políticos puertorriqueños en los gulags del gobierno estadounidense. Desafortunadamente, hay muchos otros prisioneros políticos dentro del Complejo Industrial de Prisiones de los estados unidos. Y hay una puertorriqueña, Ana Belén Montes, que optó servir a una causa justa e ir a prisión por no hacerle el trabajo sucio a la Agencia Central de Inteligencia de los estados unidos. Sirve una condena de 25 años y está batallando contra el cáncer. Pero según el gobierno estadounidense no hay ningún prisionero político en sus cárceles.

Mientras que el gobierno estadounidense alega no tener prisioneros políticos en sus gulags, o terroristas en su nómina, asevera que en los países con cuyos gobiernos no simpatiza hay muchos. Me pareció interesante que sus socios en el crimen en Puerto Rico me criticaran por conversar con el presidente Maduro el día de mi excarcelación, y reclamaran la libertad de quienes ellos consideran prisioneros políticos en Venezuela. Estoy seguro que los prisioneros que los Estados Unidos considera prisioneros políticos jamás contemplarían la idea de solicitarle a los Estados Unidos que se excarcelen todos los prisioneros políticos de los estados unidos y de Guantánamo. Y mucho menos que se procese criminalmente a los terroristas en su nómina que han asesinado independentistas en Puerto Rico, o que se detenga la práctica del crimen del colonialismo y se le permita al pueblo puertorriqueño ejercer su derecho inalienable a la libre determinación y a ser una nación libre y soberana.

¿Cuáles han sido las consecuencias del colonialismo sobre Puerto Rico y su gente? Permítanme compartir con ustedes algunos de los efectos más nefastos que he podido observar desde mi llegada a mi amado terruño. Hoy día hay sobre cinco millones de puertorriqueños viviendo en la diáspora, mientras que menos de tres millones y medio viven en la isla. Encontré a un Puerto Rico bajo el yugo de una Junta de Control Fiscal impuesta por el gobierno de estados unidos, con pleno poder para decirles a los colonialistas que administran la colonia lo que pueden o no hacer, sobre todo en cuanto al pago de la deuda de $72 billones contraída con bancos e inversionistas. Y he observado un acelerado proceso de aburguesamiento – gentrificación, en su anglicismo directo –con la construcción de condominios cuyas unidades se venden a más de un millón de dólares.

Puesto que estoy harto familiarizado con el efecto de este proceso de aburguesamiento sobre los pobres, sé fuera de toda duda, que estos condominios de lujo no se están construyendo con ellos en mente. Los pobres están siendo desplazados; una vez se construyen estos lujosos edificios, sólo pueden vivir en ellos los ricos y los super-ricos. En Culebra, Vieques y en las costas de Puerto Rico, donde se encuentran las playas más hermosas, la construcción de edificios de lujo ya casi ofusca la vista de la naturaleza. Los colonialistas que administran la colonia ofrecen incentivos a los contratistas que las construyen y a los compradores extranjeros, mientras que les niega incentivos a los dueños de pequeños negocios y de viviendas más modestas. Por el contrario, ellos lo que reciben es aumento de impuestos. De manera que lo que este proceso hace es forzar a la gente pobre a mudarse, y muy probablemente a considerar la emigración a la diáspora. Esto causará la despoblación de Puerto Rico, que ha sido un objetivo del gobierno de Estados Unidos desde que invadieron y ocuparon a Puerto Rico. Ya en 1900 estaban forzando a los puertorriqueños a emigrar a lugares remotos como Hawaii y los estados del sureste. Tras la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos orquestó otra ola migratoria. Mucha de la tierra que la gente pobre se vio obligada a abandonar se utilizó para propósitos militares (bases militares) y para construir hoteles de lujo para fomentar la industria turística. La ola más reciente comenzó hace 17 años. Más de un millón de puertorriqueños se han mudado a la diáspora, ocasionando la más grande fuga de cerebros en la historia de la isla, puesto que la mayor parte de los emigrantes son profesionales: médicos, ingenieros, maestros, arquitectos, enfermeros y otros profesionales de la salud. Si la escuela de Medicina de Puerto Rico gradúa 100 médicos, el 85% tiene que emigrar. No hay empleos para los profesionales jóvenes. Su única opción es emigrar.

Supongan que una baja en población así ocurra en sus países. Cualquier país que pierda dos terceras partes de su población, incluyendo su mejor talento en términos de recurso humano, no puede vislumbrarse con una economía fuerte y una óptima calidad de vida para sus ciudadanos. En Puerto Rico ya comienzan a verse los efectos negativos de la última ola migratoria. Ya vemos una creciente población de envejecientes que cada vez se hace más pobre, y cada vez tienen menos servicios sociales y médicos. Su futuro luce verdaderamente tétrico. Al mismo tiempo, la población de edad reproductiva se está yendo de Puerto Rico, y los extranjeros están comprando condominios de lujo, o en urbanizaciones para la clase alta cerradas. Si alarmante es la despoblación de Puerto Rico, más lo es lo que la Junta de Control Fiscal está obligando a hacer a los administradores coloniales. Para empezar, para agosto se cerrarán 169 escuelas. Muchos maestros perderán su forma de ganarse la vida, y las comunidades, especialmente las más pobres, perderán sus escuelas. Tras bastidores, los colonialistas arrecian más y más con su agenda de privatización. No se convencen de que la privatización ha jugado un rol principal en la desastrosa debacle económica que afecta a Puerto Rico, una de las peores en su historia.

Además de cerrar 169 escuelas, están amenazando el futuro de la Universidad de Puerto Rico. El objetivo de la Junta de Control Fiscal es quitarle al presupuesto de la Universidad casi medio billón de dólares. También quieren aumentar la matrícula y forzar a la Universidad a cerrar algunos de sus once recintos y a vender parte de sus tierras, algunas de las cuales se han estado utilizando para llevar a cabo experimentos. Pareciera que lo que se propone la Junta es privatizar la Universidad. Todo el dinero sustraído de la educación pública se utilizará para llenar las arcas de los bancos y los inversionistas. Mientras que los puertorriqueños estarán más pobres y miserables, los colonialistas y la industria bancaria estarán más ricos. Por lo que vemos que Puerto Rico se empobrece más y más, y a la vez su población nativa decrece y decrece.

A pesar de que el futuro de Puerto Rico pareciera ser lúgubre, muchos puertorriqueños piensan que es el mejor momento para adelantar un proceso de descolonización. Sabemos que la mayor parte de los puertorriqueños aman a Puerto Rico, nuestra identidad, nuestra cultura, nuestra lengua, nuestros orígenes. Vemos el potencial que tiene Puerto Rico para convertirse en una nación fuerte y en un buen aliado de la economía caribeña y latinoamericana. Tenemos los recursos humanos y otros recursos básicos para convertir a Puerto Rico en el jardín del Edén que podría ser. Porque éste es un buen momento, le solicitamos a este Comité que eleve el asunto de la descolonización a la Asamblea General y le pida que cumpla con su responsabilidad de terminar con el colonialismo de Puerto Rico a manos de los Estados Unidos. El colonialismo es un crimen contra toda la humanidad. Si los Estados Unidos es la nación respetuosa de las leyes que alega ser, le corresponde descolonizar a Puerto Rico de acuerdo a los estatutos de la ley internacional que prohíben el crimen del colonialismo.

Tengo la esperanza de que harán todo lo que esté a su alcance para acabar con el estatus colonial que aqueja a Puerto Rico, y para ayudarnos a hacer de Puerto Rico la nación que puede ser, y para integrarse a la comunidad de naciones. Muchas gracias.

En resistencia y lucha siempre.

Ponencia en el Comité Especial de las Naciones Unidas sobre la situación en cuanto a la implementación de la Declaración concediendo la independencia a los territorios coloniales. Vista sobre Puerto Rico. 19 de junio 2017. La ponencia fue ofrecida en inglés, la traducción es de la compañera Sylvia Solá Fernández.

Versión en inglés

United Nations Special Committee on the Situation with regard to the Implementation of the Declaration on the Granting of Independence to Colonial Countries and Peoples

Hearings on Puerto Rico

June 19, 2017

Honorable members of the United Nations Special Committee on Decolonization:

It is a great honor for me to be able to stand before you and to express my heartfelt

gratitude for every resolution this August body has passed supporting Puerto Rico’s right to be an independent and sovereign nation and the excarceration of the Puerto Rican political prisoners. I would also like to take this opportunity to thank the Venezuelan citizens and their President Hugo Chávez Frías and President Nicolas Maduro, President Daniel Ortega and the citizens of Nicaragua, President Evo Morales and the citizens of the Plurinational State of Bolivia, President José “Pepe” Mujica and the President Tabaré Vázquez and the citizens of Uruguay, PresidentRafael Correa and President Lenín Moreno and the citizens of Ecuador, President Fidel Castro Ruz and President Raúl Castro Ruz, the Five Cuban Heroes René González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero and Fernando González Llort and the citizens of Cuba for the support they have given to the just and noble cause of my beloved Puerto Rico’s right to bean independent and sovereign nation and to be part of the community of nations.

On the 17th of May of this year, I was finally excarcerated. Had it been the 29th of May, I would have been in prison for 36 years – almost half of my life. During those years, the resolutions that this Honorable Committee passed were always a fountain of hope and strength for me. I would read them and would find in them precious expressions of solidarity and compassion, and it would make me feel that some day Puerto Rico would be decolonized and a free and sovereign nation like the ones you represent here.

I have spent five decades serving what I believe is the most just and noble cause any Puerto Rican citizen can serve. Doing it has been an act of love and fulfilling my duty as a citizen. And because I believe that when one serves a just and noble cause, it is never a sacrifice, even if it means giving one’s life doing it. I say this to let people know that for me, serving a just and noble cause has been the most liberating experience I have had, and that in spite of all the horrible things done to me during the years I spent in prison, I have come home with my head high, and my honor, my dignity and my spirit stronger than the day I was sent to prison. Thanks to the support this Committee has given to the Puerto Rican political prisoners and the support of hundreds of thousands of freedom and justice loving people of Puerto Rico, of the Puerto Rican diaspora and of many nations in the world, there are no more Puerto Rican political prisoners in the gulags of the u.s. government. Unfortunately, there are many other political prisoners inside the Prison Industrial Complex of the u.s.a. And there is one Puerto Rican woman, Ana Belén Montes, who chose to serve a just cause and go to prison rather than to do the dirty work of the u.s. Central Intelligence Agency. She is serving a 25 year sentence and

battling cancer. But according to the u.s. government there aren’t any political prisoners in the u.s.a.

While the u.s. government alleges there aren’t any political prisoners in its gulags or terrorists on its payroll, it claims there are many in countries it doesn’t like. I found it interesting that its partners in crime in Puerto Rico condemned me for speaking with President Maduro the day I was released from prison and asking him to release the prisoners in Venezuela they consider to be political prisoners. I am certain that the prisoners the u.s. government considers to be political would never entertain the idea of asking the u.s. government to release all the political prisoners in u.s. or in Guantánamo. And much less would they ask the u.s. to bring to justice the terrorists on its payroll who have killed independentistas in Puerto Rico or to stop practicing the crime of colonialism and allow the Puerto Rican people to exercise its inalienable right of self-determination and allow Puerto Rico to be an independent and sovereign nation.

What has u.s. colonialism done to Puerto Rico and the Puerto Rican people? Allow me to

share with you some of the most deleterious problems caused by colonialism in Puerto Rico that I have observed since my arrival in my beloved homeland. Today there are over five million Puerto Ricans living in the diaspora, while there are less than three and a half million living in Puerto Rico. I found a Puerto Rico under the control of a Fiscal Control Board imposed by the u.s. government that has the power to dictate to the colonialists who help to administer the colony, what to do, especially when dealing with the payment of the $72 billion debt Puerto Rico owes to the banks and hedge funds. And I have seen an accelerated gentrification process constructing condominiums costing one million dollars or more.

Since I am familiar with what gentrification does to poor people, I know the luxury condominiums are not being built for them. The poor people are displaced; once the expensive housing is built, only the rich and super rich can live there. In Culebra, Vieques and around the coast of Puerto Rico, where the beaches are the most beautiful, the construction of luxury building is already overtaking the landscape. The colonialists who administer the colony give incentives to the builders and to buyers who are foreigners, and denies providing incentives to small businesses and small home owners. On the contrary, the small businesses and small home owners are taxed to the maximum. So what gentrification is doing is forcing poor people to move, and most likely to emigrate to the diaspora. This will cause more depopulation in Puerto

Rico it has been the goal of the u.s. government, since it invaded and occupied Puerto Rico, to depopulate it. By 1900 it was already forcing Puerto Ricans to emigrate to far away places like Hawaii and the southwestern states on the mainland. After World War II the u.s. government started another forced emigration wave. More of the land that the poor Puerto Ricans were forced to abandon was used for military bases and for the construction of luxury hotels to foment a tourist industry. And the last wave began 17 years ago. More than one million Puerto Ricans have moved to the diaspora, causing the biggest brain drain in Puerto Rico’s history, because most of the emigrants are professionals, such as doctors, engineers, teachers, architects, nurses and other health workers. If the School of Medicine in Puerto Rico graduates 100 doctors, 85%

of them have to emigrate. There aren’t jobs for most young professionals. Their only option is to emigrate.

Imagine if such a loss of population were occurring in your countries. Any country that

loses two-thirds of its population, including its best-developed human resource, cannot see itself having a strong economy and good quality of life for its citizens. And in Puerto Rico we are starting to see the negative effects of the last wave of emigrants. We are already seeing a larger aging population that is becoming poorer and poorer and with less medical and social services available to them. The future for them looks bleak. And at the same time young people of reproductive age are leaving Puerto Rico, and more foreigners are buying the expensive condominiums or living in enclosed upper class communities.

If the displacement and depopulation of Puerto Ricans is an alarming problem, what the

Fiscal Control Board is making the colonialist administrators of Puerto Rico do is more

worrisome. For starters, by August 169 schools will be closed. Teachers will be losing jobs, and communities, especially the poorer ones, will be losing their schools. Behind the scenes the colonialists are pushing more and more their privatization plans. They aren’t satisfied that privatization in Puerto Rico has played a major role in bringing the economy to its worse conditions in Puerto Rico’s history.

But beside closing 169 schools, it is threatening the future of the University of Puerto

Rico. The goal of the Fiscal Control Board is to take away close to half a billion dollars from the University’s budget. At the same time, it is looking for ways to raise the tuition and to force the University of Puerto Rico to close some of its eleven campuses and to sell much of its property, especially land that it has been using for experiments in the past. What the Fiscal Control Board seems to be doing is trying to privatize the University system. All the money that will be taken away from the public education system will be used as payment to fill the coffers of the banks and hedge funds. While Puerto Ricans will be poorer and more destitute, the colonialists and the banking industry will become richer. Thus Puerto Rico is being made poorer and poorer and at

the same time depopulated of its native population.

In spite of the fact that the future of Puerto Rico looks very bleak, many Puerto Ricans believe this is the best moment to wage an effective decolonizing process. We know that the majority of Puerto Ricans love Puerto Rico, our national identity, our culture, our language, and our origins. We see the potential that Puerto Rico has to become a strong nation and an asset to the economy of Caribbean and Latin American countries. We have the human resources and the other basic resources to transform Puerto Rico into the Edenic garden it has the potential of being.

Because this is such a moment, we are asking this Committee to take the issue of the

decolonization of Puerto Rico to the General Assembly and ask it to fulfill its responsibilities to bring to an end the colonization of Puerto Rico by the u.s. government. Colonialism is a crime against all of humanity. If the u.s. government is the nation of laws it claims to be, then it behooves it to decolonize Puerto Rico by adhering to the tenets of international law that prohibit the crime of colonialism.

I hope you will do whatever you can to bring to an end the colonial status of Puerto Rico, to help us make Puerto Rico the nation it has the potential of being, and to be part of thecommunity of nations. Thank you.

En resistencia y lucha siempre,

No entreguemos nuestra Universidad a tecnócratas financieros

Hay una relación estrecha entre la soberanía, la consciencia nacional y una educación de alta calidad. Epicteto, filósofo griego de la escuela estoica, vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Una de sus enseñanzas célebres fue: “solo los educados son libres”. Por eso España no permitió escuelas hasta el Siglo 19 y nunca una universidad. Los Estados Unidos nos dieron medio siglo de enseñanza en inglés y un sistema de instrucción pública, no de educación. La universidad que permitieron durante la primera mitad del Siglo 20 fue limitada y de una orientación mayormente técnica, aunque de alta excelencia. En la segunda mitad de ese siglo se expande la visión de la Universidad de Puerto Rico (UPR) a una enfocada en la educación en artes liberales siguiendo la tradición de las mejores universidades estadounidenses y europeas.

Hoy nos encontramos en una lucha por la supervivencia de las instituciones públicas de educación superior en el país, en particular la UPR. El modelo educativo de artes liberales que se instituyó en la UPR está bajo asalto y es atacado por la Junta de Control Fiscal (JCF), políticos, comentaristas de los medios de comunicación, y los partidos políticos. Los dos partidos principales y los dos candidatos independientes en el 2016 prometieron reducir sustancialmente la UPR y sus propuestas indicaban que entrarían hasta en los currículos para “hacerlos relevantes a la realidad del mundo actual”. Hay una actitud de menosprecio a las artes, humanidades, y literatura. Estas son vistas como innecesarias y poco relevantes a la economía moderna del conocimiento. Esta vertiente antiintelectualista ha tomado gran fuerza en los Estados Unidos y Puerto Rico. Se idolatra la educación técnica y se le ve como algo superior a la educación en artes liberales. Pero no debemos olvidar la advertencia de Ortega y Gasset: “Este nuevo bárbaro es principalmente el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también”.

Con una mejor calidad educativa, donde se logren ciudadanos envueltos en un proceso de aprendizaje a lo largo de toda su vida, la población se puede adaptar más fácilmente a los cambios resultantes por adelantos en ciencia y tecnología. En la medida en que los cambios tecnológicos resulten en cambios en la productividad de los trabajadores, una población con una educación sólida en áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, con una educación en cultura humanística que fomente la creatividad y la innovación, se convierte en factor crucial para un desarrollo económico sustentable que llene las necesidades del país.

La Educación Superior y la Economía del País

Varios estudios económicos proponen que la educación superior terciaria promueve el crecimiento económico en las economías desarrolladas, particularmente en aquellos países que están más cercanos a las “fronteras tecnológicas”. Según el economista Phillipe Aghion y sus colaboradores en Londres, París y Harvard, los años de educación superior terciaria están correlacionados al crecimientoeconómico del país. Esto se debe a inversiones complementarias en investigación y desarrollo que llevan a un crecimiento en la innovación y creación de conocimiento científico/tecnológico, aumento de patentes e invenciones, y una mejora en la infraestructura para educación, investigación y desarrollo logrado por instituciones universitarias del estado con un alto grado de autonomía en su gobernanza.

Aunque reconocen que la evidencia empírica no es la más robusta, proponen que es la educación terciaria o superior la que va a crear el ambiente innovador que lleva al crecimiento socioeconómico. La educación secundaria es extremadamente importante y vital, pero sin la terciaria, lleva a un ambiente de imitación donde los empleos requieren más trabajo físico y un capital humano menos educado con sueldos más bajos.

Un estudio económico reciente de Raj Chetty, de la Universidad de Stanford, demostró que la educación universitaria pública, particularmente a las minorías y los pobres, es el factor socioeconómico más importante en la movilidad social en los Estados Unidos.

Joseph Stiglitz, Premio Nobel en Economía, nos dice en su libro “The Learning Economy”, que la educación superior es extremadamente importante para el desarrollo económico de las economías modernas. Un pilar de este desarrollo son las universidades del estado. Países con recursos naturales limitados y relativamente pequeños como Suiza, Singapur, Nueva Zelanda e Irlanda les deben buena parte de su impulso económico a las mejoras en la calidad de la educación y a la mayor igualdad en el acceso a la educación para sus habitantes, tanto los nacionales como los inmigrantes.

Desde el punto de vista de una economía de país soberano, la prioridad de la educación tiene que ser desarrollar la capacidad propia para producir bienes, servicios y conocimientos, no para servir a capitales externos que están de paso, y que sólo ubican industrias de enclave, sin mucha relación con el resto de nuestra economía. Además, esta visión educativa promueve la creación de un capital intelectual nativo (patentes, invenciones, programados, tecnología, etc.) que produce riqueza para los puertorriqueños, y lleva a la creación de buenos empleos en la economía nacional.

Sin embargo, hay mucho debate sobre esta visión, sus propuestas y soluciones.

La Educación Superior, las Artes y Humanidades y el ciudadano

La educación técnica tiene que estar balanceada con educación en artes y humanidades. Las destrezas de comunicación y escritas son vitales para el profesional del siglo 21. El pensamiento crítico se aprende leyendo y analizando la literatura y bellas artes, estudiando filosofía y lógica, además de matemáticas y ciencias. No debemos confundir el pensamiento analítico/cuantitativo que se aprende en ciencias y matemáticas con el pensamiento crítico que se adquiere mediante la reflexión y análisis profundo del significado de las ideas.

El científico Gregory Petsko, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, publicó un editorial en la revista Nature donde pedía que los estudiantes de ciencia e ingeniería tuvieran una educación técnica integrada con las artes liberales ya que esto era muy importante para la creatividad, la redacción y la comunicación de los científicos. Recientemente la Asociación Americana de Colegios de Medicina promulgó cambios el examen de admisión a las Escuelas de Medicina de los Estados Unidos para que incluya integración de conocimientos en artes, literatura, ética, sociología y sicología en busca de una educación que produzca médicos con una mayor visión humanista. Eric Schmidt, pasado Consejero Delegado de Google, disertó en Londres durante el 2011 sobre la importancia de la educación en artes liberales para los potenciales empleados en computación e ingeniería de su empresa. El fallecido Steve Jobs se enorgullecía de la gran capacidad y educación en artes de sus ingenieros y diseñadores, que los llevaba a crear y diseñar los productos de avanzada y gran estilo que convirtieron a Apple en la corporación más valiosa del mundo.

La filósofa Martha C. Nussbaum, ganadora del premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en 2012, en su libro “Not For Profit” nos presenta una visión donde las humanidades en la educación son un elemento imprescindible para la formación del ciudadano en la democracia. Nos dice en su libro que se ha perdido el enfoque de la educación, como si el fin principal fuese que los educandos se desarrollen únicamente como entes económicamente productivos, en vez de desarrollarse como ciudadanos con conocimiento amplio y empatía a la sociedad y el mundo que los rodea. Esto resulta en que se reduzca nuestra capacidad para criticar la autoridad, se reduzca la empatía por los marginalizados y los diferentes, y no nos permite desarrollar las competencias necesarias para trabajar con los problemas altamente complejos en el ámbito global. Esto ha sido expresado por muchos expertos en educación en los Estados Unidos, como por ejemplo Derek Bok, pasado presidente de la Universidad de Harvard que dijo al New York Times: “Las Humanidades tienen mucho que contribuir a la preparación de los estudiantes para la parte vocacional de sus vidas.” Añadió: “Hay mucho más en una educación en artes liberales que solo mejorar la economía. Ese es uno de los peores errores que cometen los que hace política pública – no ver más allá de eso”.

En febrero de este año, Peter Salovey, Presidente de la Universidad de Yale, habló al Foro Económico Mundial en Davos sobre la importancia de la educación en las humanidades como una de las formas de sensibilizar al ciudadano para combatir la desigualdad social. Es notable que en los últimos años la Universidad Nacional de Singapur invirtió millones de dólares y recursos en implantar el currículo de artes liberales de Yale en sus programas académicos.

Sobre la UPR

La misión principal de la UPR es una de servicio al Pueblo de Puerto Rico; basada en la más fuerte adherencia a los principios de la democracia y mediante la más amplia libertad de cátedra e investigación para ampliar el saber de los puertorriqueños y el mundo mediante la enseñanza y la investigación, siempre al servicio de la comunidad, promulgando los valores éticos y cultivando la cultura.

Esto es algo que urge recuperar en nuestra institución donde las políticas de pasadas administraciones, y las propuestas actuales, particularmente de la JCF, tratan la UPR como mera ‘corporación’ buscando eficiencia financiera, sacrificando los valores prescritos en la Ley de la UPR y desmantelando la institución. En general presentan una visión sesgada de la educación que promueve ‘soluciones’ orientadas por visiones tecnocráticas proponiendo una estructura universitaria comercial cuyo principal objetivo es el crecimiento económico y a la Universidad de Puerto Rico primordialmente como uno de los motores de la economía. Las bellas artes y las letras subsistirían con las dádivas que los tecnócratas y financieros universitarios tengan a bien darles.

Nuestra función, la misión y los objetivos de la Ley Universitaria nos obligan a proveer soluciones, a proveer el análisis riguroso y objetivo necesarios para ayudar a solucionar los problemas de las comunidades que nos rodean y los problemas del país en general. Esta es nuestra obligación ética, moral y legal. Es obligación ineludible de todos los universitarios.

En la UPR aspiramos a que todos los puertorriqueños tengan igual acceso a una educación de calidad mundial, en todas las etapas de su formación y para toda la vida, que posibilite el aprendizaje óptimo de los conocimientos, destrezas y disposiciones que Puerto Rico necesita para competir y prosperar en el siglo 21.

La educación universitaria en la UPR busca forjar ciudadanos con una visión de cultura, de paz, y de salud que se traduzca en una mejor calidad de vida para todos los puertorriqueños. Tiene que proveer una educación balanceada entre el conocimiento técnico necesario para la vida en el siglo 21 con las artes liberales, las bellas artes y las humanidades para fomentar el pensamiento crítico necesario en la formación del ciudadano democrático que sirva a su comunidad. Debe propiciar la creación de un capital intelectual nativo que produzca riqueza para los puertorriqueños, que se quede y reinvierta en Puerto Rico, que lleve a la creación de empleos de alta calidad en nuestro país.

Técnicos que trabajen duro por poca paga y menos beneficios sociales, consuman mucho, y nunca cuestionen ni reten la autoridad o al poder.

O ciudadanos emprendedores, con alto grado de pensamiento crítico, capaces de la autogestión, con conciencia social, dispuestos a retar el dogma cuando sea necesario, productivos, capaces de una vida saludable, con un ingreso justo y digno.

Esa es la batalla que se libra hoy por la UPR y por la educación superior pública del país. No entreguemos nuestra Universidad a tecnócratas financieros.

*El autor es doctor en biofísica y catedrático de la Escuela de Medicina de la UPR. Las opiniones en este artículo son suyas y no representan la posición oficial de la UPR ni de Claridad.

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